Los personajes de Mai Hime no me pertenecen...
Capítulo 16
Natsuki
Duele demasiado
La navidad había pasado de largo, en casa apenas hubo celebración de ningún tipo, en silencio transcurrieron los días con mi mirada fija en el calendario, contando los días para volver a ver a Shizuru. Aunque sus ojos en la despedida me mostraron mi mayor temor, me negaba a perder la esperanza de volver a verla. Me engañaba creándome a mí misma falsas interpretaciones. Quizás encontraría la forma de volver, quizás aquella mirada era por la separación, quizás lo deje todo por escapar conmigo como habíamos fantaseado en numerosas ocasiones, durante aquellas fiestas me las había ingeniado para pensar en todos aquellos quizás que se podrían dar pero no se dieron. En año nuevo, se habían presentado en casa Tate y Mai, para celebrar el fin de año conmigo. Mi mente no estaba para celebraciones, algo en mi interior había abandonado mi cuerpo cuando Shizuru cerró aquella puerta y por más que intentaba animarme con las palabras de aliento de Mai, era imposible. No había recibido ninguna llamada en todos aquellos días y nadie se había podido poner en contacto con ella, su número no contestaba. ¿Acaso era posible que alguien pudiera desaparecer sobre la faz de la tierra sin dejar rastro?
"Anímate, en unos días empiezan de nuevo las clases y os volveréis a ver." Comentó Tate sentados los tres en el sofá.
"Algo me dice que empezaran las clases sin ella." Dije abatida completamente, mi imagen estaba seriamente deteriorada.
"¿Sigues sin recibir noticias suyas?" Preguntó Mai preocupada pues ella era su mejor amiga y jamás se pasaron un solo día sin hablar.
"Nada, su teléfono ya ni siquiera comunica. Llamaba aunque fuese para oír su voz en el mensaje de contestador y ya ni eso me han dejado." Mi mirada se perdía en el techo, mi mente me traicionaba y vagaba por su cuenta. "Se ha ido, se ha ido y me ha dejado. ¿Qué clase de 'te amo' justifica eso?"
"Ve con calma. Aún no sabemos si volverá o no. Las clases empiezan en tres días, si aún no ha vuelto pensaremos en el abandono, mientras tanto… seguro que estará ocupada." Trataba de tranquilizar Tate pero en realidad tanto Mai como yo sabíamos que no volvería, era imposible volver sin haberse comunicado en dos semanas por muy ocupada que este.
"No perdamos la esperanza. Volverá y si no lo hace, es que algo se lo impide." Repuso Mai que más que tranquilizarme lo único que consiguió fue alborotar aún más mi mente pues ya se sabe que cuando algo se desconoce, más conspira uno para alcanzar alguna teoría absurda.
"¿Y si su padre la tiene retenida?" Cuestioné de sopetón, sobresaltando a la propia Mai.
"Genial, ¿has visto lo que has conseguido?" Intervino Tate. "No te adelantes a los hechos. Deja que empiecen las clases, si de aquí a tres días no vuelve yo personalmente te acompañaré hasta Kioto y la traeremos de vuelta." Trató de poner algo de cordura en todo el asunto.
"Está bien, tienes razón. Si no vuelve, iré a por ella y la traeré yo misma. Y si le tocan un solo pelo…" No era capaz de relajar la voz interior que me gritaba que estaba pasando algo.
"Tranquilízate Liam Neeson, ya tendremos tiempo de planear alguna venganza. Ahora intentemos animarnos un poco que es año nuevo."
Llegaron las ansiadas y esperadas clases, todos los campus volvían a abarrotarse de jóvenes caminando de un lado para otro con prisas, algunos se saludaban y deseaban feliz año ya que se habían marchado a sus prefecturas o regiones por vacaciones. Tate y yo habíamos ido directamente al campus de Waseda a esperar, por más que Mai insistía en que nos llamaría para avisarnos sobre la presencia de Shizuru. Esperamos frente al edificio de su facultad pero ni rastro de ella. Era como si de repente se la tragara la tierra. No podía creer que aun sabiendo que no volvería no me lo haya dicho. Por más que trataba de pensar en la razón por la que permaneció en silencio durante toda la última velada sin decir nada, no podía imaginármela. ¿Qué puede llevar a alguien hacerle sufrir a otra persona de este modo? ¿Por qué no contarme sus inquietudes o sus miedos? Tal vez su progenitor la haya amenazado de alguna forma. Y si así fuera, ¿acaso no era también elección mía? ¿Por qué no hacérmelo saber? Miles de preguntas me taladraban en la cabeza mientras permanecía de pie frente a la puerta cerrada de la facultad de economía.
"No ha vuelto." Dije mientras dos lágrimas descendían por mis mejillas.
"Saldremos a Kioto cuando tu estés preparada." Miré a mi amigo y lo abracé, necesitaba sentir y saber que todo iba a salir bien pero nadie era capaz de pronunciar esas palabras.
Aquel mismo día preparamos el equipaje, era un equipaje muy ligero. Por más que nos negáramos, Mai se ofreció en acompañarnos y se negó a ir en motocicleta por lo que tuvimos que pedirle la camioneta a mi tutor que nos la cedió encantado. Sabía que no me encontraba bien aquellos días y tenía la certeza absoluta de que era por cierta jovencita de mirada escarlata, que le había presentado llevándola a casa. No era capaz de tocar el tema porque no se sentía preparado y porque no sabía que consejo otorgarme. Al acabar las clases de Mai, salimos directamente rumbo a Kioto por la autopista de Tomei, habría sido más rápido ir en el Shinkansen pero debíamos pensar en algún plan sin precipitarnos. Durante casi seis horas de camino, haciendo las paradas precisas para no retrasarnos más de lo que llevamos de retraso, pues en dos semanas de ausencia una persona podía abandonar perfectamente la región, el país e incluso el continente, llegamos a la deseada Kioto. Completamente perdidos, comenzamos a vagar por las calles de aquella ciudad. Por mucho encanto que había por esa región, no fuimos a hacer turismo ni mucho menos. Únicamente pensamos en cómo llegar a la casa donde residía su progenitora, si no se encontraba ahí por lo menos era la única persona capaz de ayudarnos. Mai poseía una postal que le había mandado Shizuru el año pasado por estas mismas fechas. Gracias a la dirección, comenzamos nuestra búsqueda reduciendo a más de la mitad los lugares en los que buscar. Tomamos prestada una guía telefónica y comenzamos a buscar por el apellido de soltera a la madre de Shizuru, antes de presentarnos en su casa debíamos avisar y cerciorarnos de que Fujino se encontraba ahí. Tras muchos intentos sin éxito, desistimos y decidimos presentarnos personalmente para salir de toda duda. Al llegar a la residencia de la madre, no había rastro de nadie, una señora salió a nuestro encuentro asegurando que hace dos semanas la señora de la casa había abandonado la vivienda y se había mudado a otra región. No daba crédito a lo que oía. ¿Qué necesidad había de montar todo aquel alboroto por no aceptar la nueva relación de tu hija? ¿Tan grave era el asunto como para cambiar completamente de vida? De nuevo nos cruzábamos ante otra incógnita más. ¿Cuántas personas estaban detrás de todo esto? ¿Acaso ambos progenitores se habían aliado únicamente para poner fin a nuestra relación? Una relación que se acabó con una simple despedida. Habíamos malgastado todas aquellas horas para nada, habíamos conducido durante toda la noche para esto, para oír que su progenitora había abandonado la región de Kansai, el día que fue su hija a visitarla. Estábamos como al principio.
Abatidos, volvimos en aquella camioneta y condujimos las seis horas que nos restaban del viaje de vuelta en absoluto silencio. No era capaz de articular palabra, las lágrimas amenazaban con salir y me las tragaba junto con lo que me quedaba de cordura. Miles y millones de preguntas me bombardeaban para intentar entender y justificar el comportamiento de Shizuru, de sus padres y de todo lo que ha pasado en general los últimos meses. En mi interior únicamente llegué a la madre de todas las preguntas. ¿Si sabias que iba a acabar todo esto así, por qué insististe en empezarlo? ¿Por qué te empeñaste en entrar en mi vida? ¿Por qué no simplemente te dedicaste a rechazarme como había hecho todo el mundo? Cuando llegamos a Tokio pedí que me dejaran en casa, no quería pisar de momento el campus, necesitaba tomarme unos días para meditar. Me encerré en mi habitación, la misma que acogía numerosos recuerdos míos y de Shizuru, y lo único que me dediqué a hacer durante el resto del mes fue llorar y desgarrar aquel vacío que había dejado mi alma.
"¿Cómo te sientes?" Me preguntó Tate en una de sus visitas.
"Como si alguien me atravesara el pecho con su puño y me arrancase el corazón aun palpitando. Así me siento." Mi mirada que enfocaba un punto en el vacío, perdida desde que fijamente me quede con los ojos clavados en la puerta el día de la despedida. Un silencio se instaló entre mi mejor amigo y yo, últimamente no sabía que decirme, ni cómo tratarme.
"Si puedo hacer cualquier cosa por ti, no dudes…" Intentó ayudar a su modo.
"¡Mátame! Únicamente deseo morir, ¿Por qué imagino que no podrás traerla de vuelta?" Sin levantar la voz y sin apenas soltar ninguna lágrima, porque derramé todas las que llevaba por dentro, vivía mis días de principios de año.
Al comenzar el segundo mes sin Shizuru, decidí retomar de nuevo las clases para distraer mi mente rota. Cada paso que daba en aquel campus, multitud de recuerdos atravesaban mi corazón. Recordaba cada palabra, cada gesto y cada acción nítidamente. Era imposible deshacerme de su rostro, me había empeñado en dejar huella en ella cuando lo único que hacía era grabar su esencia en mi interior. Me había convertido en una sombra de lo que solía ser. Mis amigos preocupados no sabían cómo actuar, con Mai ya no sabía de qué hablar pues ella también sufría en silencio por la pérdida de su amiga. Al principio intentaba buscar consuelo en mí pero no tenía nada más que ofrecer. Se lo había entregado todo a Shizuru incluido las ganas de vivir. Me sentía completamente incompleta, el aire cargado de nostalgia me pesaba en el pecho, lo percibía enrarecido, me quemaba por dentro, el hecho de saber que por más que la buscara o por más que la esperara, ella jamás volvería, jamás respiraría el mismo aire que yo, que nuestro camino se había bifurcado mucho antes de no volver, se había bifurcado cuando tomó la decisión de irse sin decírmelo y aunque posea mi alma jamás volverá aunque sea para devolvérmela. Mis días desde que regresamos de Kioto habían sido grises, se había llevado todo lo bueno que había en mi interior, se lo había llevado absolutamente todo menos a mí.
A mediados de Febrero la universidad de Waseda le había asignado una nueva compañera de apartamento a Mai, fue en ese momento cuando nos enteramos de que Shizuru Fujino a finales de año había pedido el traslado a otra universidad. Con las esperanzas más que rotas y el corazón más que desgarrado fue cuando me sorprendió mi tutor en mi habitación a punto de arrebatarme la vida.
"Nadie merece esto. Tu vida vale mucho más. Si ella ha elegido marcharse tú lo debes aceptar." Me gritó Yamada arrebatándome un fragmento del espejo de mi habitación hecho añicos.
"Pero duele demasiado." Grité llorando, el dolor atravesaba cada célula de mi cuerpo, necesitaba silenciar la voz de Shizuru de mi mente que repetía una y otra vez 'te amo'.
"Por supuesto que duele, si no doliera no es amor. Pero si tanto la amas debes dejarla ir." De un momento a otro rompió a llorar junto a mí y quedamos completamente abrazados mientras lágrimas caían cual cascadas de nuestros ojos.
"No puedo seguir viviendo aquí, todo me recuerda a ella, su olor está en todas partes." Dije tras un largo silencio, con la voz rota y desgastada de tanto llanto.
"A veces que hayas encontrado al amor de tu vida no significa que debáis estar juntos. Si necesitas poner tierra, mar y aire de por medio para olvidar, adelante. Ve a donde tengas que ir, solo recuerda que una vida vale mucho más que alguien que ha decidido marcharse." Permanecimos abrazados durante toda la noche sin decirnos nada más, había tomado una decisión.
Al día siguiente, comuniqué mi decisión tanto a Mai como a Tate, me iría de Japón sin saber a dónde ir, no me importaba el destino sino aligerar mi carga. Aquella misma mañana entregué la solicitud de traslado en la universidad de Todai y en un breve periodo de tiempo, me ofrecieron una beca como alumna de intercambio en la universidad de Oxford en el Reino Unido, lógicamente era una oportunidad que no podía rechazar. Con el corazón destrozado, intentaba no cavilar demasiado en todo aquello que dejaría atrás. Una vez en el aeropuerto de Narita, únicamente con una maleta en la mano en la que recogía todo mi pasado, tanto mi tutor, como Mai y Tate no dejaban de llorar ante aquel repentino viaje sin retorno. Los tres sabían perfectamente que era una decisión tajante y definitiva al igual que necesaria. Sabían que aquel amor que profesaba por Shizuru, si no lograba ponerle remedio únicamente acabaría consumiéndome en la oscuridad del vacío que había dejado su marcha.
"No nos olvides, estaremos aquí esperando tu regreso." Decía Tate con lágrimas en los ojos, pues nos habíamos conocido desde niños y fuimos inseparables desde que nos vimos por primera vez.
"Cuida de Mai, es una gran chica." Sonreí entre lágrimas, aquel año llegué a la conclusión de que detestaba las despedidas.
"Iremos a visitarte en vacaciones si decides no volver." Apuntó Mai que me abrazó profundamente. "Se fuerte, te vendrá bien ese aire británico."
"¡Kuga! Ni se te ocurra marcharte sin decir adiós." La voz de Nao sonaba por toda la terminal, venía corriendo con el corazón desbocado hacia nuestra dirección. Con todo aquel ajetreo no paré en la cuenta de ella. "¿Tengo que enterarme por mi hermana que te vas? ¿Qué clase de amiga eres?" Había dicho una vez que se acercó a nosotros y comenzó a tomar aliento.
"Lo siento Nao, últimamente he estado algo perdida." Me disculpé sinceramente, no había tenido en cuenta sus sentimientos por andar enfrascada en los míos.
"Cuídate." Diciendo aquello se fundió conmigo en un abrazo. "Espero que encuentres aquello que te falta y que seas muy feliz." Comencé a notar sus lágrimas en mi cuello y su abrazo se hacía más intenso. "Jamás te olvidaré." Por fin se separó dejando al descubierto su llanto silencioso.
"Jamás os olvidaré a ninguno de vosotros." Por fin agregué yo. "Quiero que seáis felices y continuéis con vuestras vidas. Os llevo en mi corazón donde sea que vaya." Miré a mi tutor que seguía ahogado en llanto, era la primera vez que nos separamos desde la muerte de mis padres y era el que más sufría con mi decisión. "Tate, cuida de Yamada." Dije antes de dirigirme a mi tutor. "Eres el padre que siempre he deseado tener y jamás olvidaré todo lo que has hecho por mí, papa."
Cuando llegó la hora de embarque subí a aquel avión sin mirar atrás, intentando rehacer una vida rota desde cero. Tokio era la ciudad en la que nací y la que me vio crecer, amaba a sus habitantes como si fuesen parte de mi misma y a la hora de despedirme de ella mirando su increíble cielo y sus maravillosas luces desde la ventanilla del avión, no dude un instante en bajar la persiana decepcionada. No quería permanecer ni un segundo más con el fantasma de Shizuru a mi lado.
Continuará…
N/A: Releyendo el final me ha embargado una sensación de nostalgia indescriptible, rememorando el momento en el que escribí esta historia y sobre todo, no se si lo he comentado esta vez pero esta historia es muy biográfica, prácticamente solo he cambiado los nombres y algún que otro detalle... Muchísimas gracias por leerla si es la primera vez o releerla si ya lo habíais hecho anteriormente, guardo un especial cariño por este Fanfic en concreto. Un saludo y hasta la próxima fantasía.
