Capítulo 1

Qué problemáticas que eran las mudanzas.

Tsukishima había llegado hacía ya tres días a Tokio. Tras meditarlo un largo tiempo se decidió por estudiar allí, por mas que eso significara abandonar su pueblo natal, a su familia y a sus amigos. Logró ingresar a una buena Universidad para estudiar Diseño gráfico, y gracias al apoyo de sus padres y a la media beca que le habían otorgado por sus buenas notas, consiguió arrendar uno de los cuartos individuales en la residencia estudiantil propia de la institución. La otra opción era elegir uno compartido, pero sentía que acabaría por odiarlo, y eso influiría en su desempeño…

Si bien en su cuarto ya estaban las dos cajas que empacó con sus pertenencias, su valija, y que el lugar estaba completamente amoblado y listo para vivir, era ya Domingo y sólo una de esas cajas había sido completamente vaciada y acomodada. Y siendo sincero, dudaba que terminara con la otra antes de irse a dormir. Y esto no fue dado a que haya pasado esos tres días conociendo el lugar, yendo hacia el centro de la ciudad a pasear o que conoció gente y pasó todo el rato con ellos, simplemente se le había pasado el día leyendo, escuchando música, durmiendo, y jugando de a ratos con su móvil. No quería admitirlo pero en cierta forma se sentía algo inseguro allí. Su vida acababa de tener uno de los cambios más grandes de todos los que tendría, y si bien él era una persona sensata, más racional que emocional, sentía algo de nostalgia al pensar que viviría completamente solo a partir de ahí.

"¿Qué tal el nuevo apartamento? ¿Ya te acomodaste? ¿Qué tal los compañeros de piso?"

Eso le había escrito su hermano por la mañana y aún no le había respondido. Akiteru ya se había graduado de la Universidad, y como había conseguido un buen empleo, logró seguir viviendo en Tokyo bajo sus propios medios. Cuando se enteró que Kei se había decidido por seguir el mismo camino, se había emocionado e incluso le había dicho que ante cualquier problema llamara y él le ayudaría en lo que pudiese, hasta podía darle un lugar para dormir si en la residencia no se sentía cómodo. Claro que el de lentes tenía a su hermano como última opción, pero siempre era bueno tener al menos un conocido en aquella enorme ciudad, y en el fondo le estaba agradecido por la propuesta.

En lo que fue hasta entonces su estadía allí ya había intercambiado saludos con algún compañero de piso cuando cruzaba al baño o a buscar algo al comedor, pero no mucho más. Kei no era conocido por ser el mas hablador del planeta, su poca sociabilidad y a veces antipatía le hacía algo difícil comenzar relaciones, pero tampoco es que toda su vida vivió solo y aislado. En la secundaria tenía un pequeño grupo con el que compartía su tiempo, el problema era que ahora no conocía absolutamente a nadie, y tener que empezar de cero le resultaba molesto. Prefería en un principio mantenerse alejado del resto en lugar de entablar conversaciones sin sentido sobre cómo estaba el clima, o lo bien que lucía la residencia.

El edificio era agradable, completamente preparado para estudiantes, teniendo todo lo necesario. En su pasillo, por el lado de en frente tenía habitaciones compartidas, de dos, tres o cuatro personas, mientras que de su lado, eran todas habitaciones individuales, un poco más pequeñas. Al final del corredor, se encontraba un baño compartido y también las escaleras divididas para subir o bajar. En la otra punta, una salida de emergencia que conectaba con las escaleras que daban hacia afuera.

Su cuarto era agradable, una cama de plaza y media, un buen ropero, un escritorio para su laptop y una tele no demasiado grande colgada en una pared. No necesitaba nada más, y a decir verdad, era bastante parecido a lo que tenía en su casa así que en ese sentido estaba más que satisfecho.

A eso de las once de la noche, tras acabar un sándwich y ver que ya no quedaba nada entretenido en YouTube o Instagram, se decidió por tirarse en la cama y esperar a que su poco deseado primer día como universitario comience de una vez.

"Todo ok. Gracias por preguntar. Cualquier cosa te aviso…", respondió antes de cerrar sus ojos y dejar el aparato enchufado a la corriente sobre su mesa de noche.

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Su primera clase fue sorprendentemente entretenida. No recordaba la última vez en que había prestado atención de aquella forma a un profesor, pues siempre atendía lo necesario para luego poder estudiar, pero esa mañana escuchaba a consciencia porque de verdad le interesaba cada palabra de lo que decía. Por esa razón cuando terminó, no pudo evitar lanzar un suspiro de resignación antes de juntar sus cosas y marcharse rumbo a la cafetería.

Se colocó sus auriculares y encendió su iPod. Al instante, un tema que le encantaba comenzó a sonar y de alguna manera mejoró su humor. Caminó a paso lento por los pasillos que le separaban de su destino, sin prestar demasiada atención a quienes le rodeaban. Grave error. Antes de poder darse cuenta y evitarlo, su cuerpo sintió el choque repentino con otro, y si bien le agarró desprevenido, gracias a sus reflejos logró al menos no caer al suelo. —Lo sien-… —fue a decir, a la par que alzaba la vista para disculparse con la otra persona, pero antes de llegar a terminar la frase, se vio empujado por dos fuertes brazos.

—Fíjate por donde vas, lentes —alcanzó a oír, en lo que su trasero daba contra el suelo. Sus auriculares se habían descolocado, y aparte de aquella voz, otros murmullos llegaron a sus oídos, junto con algunas risotadas. Recién ahí, desde el piso, logró ver a la otra persona, la cual estaba rodeada por otros 4 chicos. Todos mayores, o al menos eso parecían. Y justamente con quien chocó tenía una mirada que no daba muy buena espina.

Mierda.

Algo dentro de él, seguramente su estómago, se revolvió por la situación. Aun así disimuló cualquier indicio de miedo o rabia, serenándose y asintiendo en silencio. Claro que pese a sus intentos, una pizca de molestia se filtró por su mirada y no pasó desapercibida por el otro, quien lo tomó enseguida como un desafío. —¿Tienes algún problema?, ¿eh? —lo retó, alzando una de sus coloradas cejas y llevando ambas manos a su cintura, esperando expectante a que el otro actúe.

—Ya, Tendō —habló quien estaba a su derecha, colocando una de sus manos en el hombro contrario—. Déjalo, no vale la pena hacer un alboroto. Si te suspenden de nuevo nos jodes a nosotros también.

El aludido dudó, pero al final acabó por encogerse de hombros y asentir. —Eres demasiado blando, Tetsurō. Así nunca aprenderán —dijo antes de volver a seguir su camino, con el grupito siguiéndole por detrás.

Kei no iba a agradecerle ni mucho menos, sólo quería marcharse de allí de una vez y dejar de hacer un espectáculo para los que les rodeaban. Pero aun así, le dirigió una única mirada al pelinegro que lo "salvó", quien al notarlo susurró un "Lo siento" que el rubio sólo entendió porque llegó a leerlo de sus labios. Asintió, y una vez sus miradas se desviaron, se empujó con sus brazos para pararse y seguir. Recién ahí pudo notar que su vello se había erizado ante la situación, ¿tan nervioso lo había puesto todo aquello? No lo sentía así en su mente, pero su cuerpo claramente había reaccionado.

Chasqueó su lengua una vez antes de avanzar, por esa razón y tantas otras detestaba la interacción con las personas. Demasiado complicado, demasiados factores a tener en cuenta para que realmente todo salga bien, o mal.

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—¿Estás… bien? —preguntó un chico de cabello naranja, tras acercarse al rubio un poco dudoso sobre si era lo correcto. Lo había visto minutos antes, toda la escena, y aunque en ese momento no hizo nada al respecto, de verdad estaba preocupado por lo que sucedió. —Se ha pasado un poco al reaccionar así —agregó, logrando finalmente que el rubio volteara a ver a quien fuera que estaba intentando dialogar con él.

—Si… "Un poco" —murmuró, bajando nuevamente su vista a la comida, siguiendo con lo suyo, esperando que con aquello la charla amistosa tuviera fin. Pero sintió como la silla a su lado se movía y aquél chico se sentaba en ella, apoyando su bandeja en la misma mesa que él. ¿En serio? ¿No había tenido suficiente ya? La cara del rubio esta vez no ocultó el malestar, pero el chico de cabello naranja a su lado parecía pasar completamente de ello.

Después de todo, el comedor es un espacio libre, no tengo derecho a decirle nada…, se repetía mentalmente, evaluando la posibilidad de levantarse y buscar algún otro lugar.

—La clase de Takeda sensei ha estado bien, ¿no crees? —comentó recuperando su alegría al corroborar que el otro estaba bien.

—¿Ah? —¿Ese chico cursaba con él? No recordaba haberlo visto, bah, no había visto realmente a nadie aparte de su profesor. Pero al parecer él sí lo recordaba, y su clase ese día justamente había sido con ese profesor, así que todo encajaba correctamente. —Sí. Ha sido interesante…. —respondió con vaguedad aunque siendo sincero. Era bueno saber que no fue el único que pensó lo mismo.

—¡¿Verdad que sí?! —los ojos del chico se abrieron de par en par, así como su sonrisa se ensanchó a la par que asentía con emoción. —Y la que viene de seguro será igual, y la siguiente. ¡Ahh! Al fin podré dormir esta noche, los nervios me tenían muy mal —comentó aliviado, dándole una buena probada al plato de pasta que tenía frente a él—. Por cierto, soy Hinata Shōyō, mucho gusto —dijo dejando el tenedor en su bandeja, extendiendo su mano al contrario, aún con una sonrisa en sus labios que tenían algo de salsa por encima.

El de lentes suspiró, sabiendo que no tenía demasiadas opciones. —Tsukishima Kei —dijo al fin, aceptando su saludo. Al parecer, por más que lo deseara, uno no podía simplemente pasar completamente del mundo que le rodeaba.