Capítulo 2

Tras aquél incidente el resto de la semana pasó tranquila e incluso rápida. Él mismo se había auto impuesto atender un poco más al caminar para así evitar otro problema como aquél. Mejor prevenir que lamentar. Cuando al fin el viernes se hizo presente, Kei pudo arrojar de una vez por todas su mochila al suelo sin culpas y tenderse despreocupado en la cama. Se tomó unos minutos para reflexionar sobre esos cinco días y todo lo que había sucedido y vivido. No habían sido unos días excelentes, pero tampoco fue todo tan trágico, mas bien fue algo balanceado.

Se intentó mentalizar de que no estaba allí precisamente para pasarla genial, sino para recibir su título, conseguir un buen empleo y seguir una vida tranquila, nada más. Su meta era estudiar y no debía desviarse de eso. Si hacía amigos, iba a fiestas, conseguía pareja, conocía Tokio o lo que sea sólo era un extra, nada imprescindible. Lo importante era mantener su mente despejada y cumplir con sus estudios, además de que de ello dependía que le mantuvieran la beca, claro estaba.

Aun así, en aquél momento poco le antojaba empezar con las lecturas que les habían dado en un par de sus clases. Tenía todo el sábado y domingo libres, podría acabarlas cualquiera de esos días.

Se quedó tumbado al menos por una media hora, ya eran pasadas las 6 de la tarde, y tenía algo de hambre. Hasta ese momento no había podido siquiera ir a la torre de Tokio, es mas, lo único que conocía por ahora era el camino de la estación de Tokio hasta el campus de la universidad. ¿Estaría mal si se tomaba esa tarde para al menos hacer una visita rápida a algún lugar?

Kei podía ser muy reservado, serio y todo eso, pero al fin y al cabo aún era un joven que venía a Tokyo de un pueblo chico. Por más que tratase de mantenerse indiferente al cambio, y quisiera llevar esa armadura de "Yo sólo debo estudiar", la curiosidad le picaba bien adentro, y tras meditarlo un poco se decidió por ir a dar su primer paseo. Y qué mejor lugar para comenzar que ir directamente al tentador distrito de Akihabara.

Tsukki no era un otaku ni mucho menos, pero tenía un leve lado geek que hacía de aquél lugar un buen destino para pasar el rato, además, tenía la excusa de que su tableta ya estaba algo vieja, y que quizás podría encontrar alguna mejor a un buen precio. Bajó del tren y ya al salir de la estación sintió un leve cosquilleo en su estómago por la emoción. El cielo estaba algo oscuro, por lo que todos los negocios de por sí tenían sus grandes carteles encendidos y todo el distrito brillaba para él. Frente a la estación estaba el Sega principal, uno de los más grandes de todos con cientos de máquinas de juegos y premios para disfrutar, y aunque le tentó correr hacia allí se contuvo.

A su derecha pudo avistar el café inspirado en Evangelion, otro de los lugares que esperaba poder visitar más adelante, sólo porque de niño se hacía ilusiones con ello. Seguramente ya no tendría el mismo efecto, pero aun así no le costaba nada pasarse algún día. Lo mismo sucedía con el mecha gigante que adornaba la isla de Odaiba, era algo obligatorio para hacer. No lo quería admitir, pero tenía una larga lista de "Cosas para hacer en Tokio" anotada en uno de sus cuadernos, y al menos con esa visita ya había tachado una de ellas.

Siguió por la calle que rodeaba el centro de juegos, para caminar por la avenida principal de Akihabara, esa misma avenida que tantas veces había visto en sitios de internet y programas de televisión. Era raro estar allí, y ya no sólo pensaba en ese Distrito, sino en su situación en general. El bullicio a su alrededor, las tiendas repletas de un sin fin de cosas interesantes, las personas que caminaban a su lado, los carteles de neón. Él en aquella universidad, la carrera que varias noches sin dormir le había robado al no terminar de decidirse por si era la correcta, las horas de desvelo que le llevaría seguramente más adelante el tener que estudiar y acabar trabajos, y todo lo que le deparaba el incierto futuro. Todo aquello pasó por su mente en cuestión de segundos, haciendo que un ligero escalofrío le recorra por toda su espalda. Él estaba allí, de verdad lo estaba. Y ante ese pensamiento no pudo evitar sonreír de la emoción.

—¡Hey, Lentes! —sintió exclamar tras de sí, y aunque él sólo era uno de entre los millones de personas que llevaban lentes, algo le hizo saber que esa expresión se dirigía a él, y aquello al instante le borró esa sonrisa que acababa de aparecer.

Genial.

Se volteó inseguro, no sabía exactamente a quién pertenecía la voz, pero tenía el ligero presentimiento que no sería bueno descubrirlo. Y al ver a la persona que le sonreía a su espalda, agitando bobamente la mano como saludo, supo que el presentimiento era cierto. ¿Por qué algo dentro de él le advertía que no sería bueno relacionarse con él? Y más importante, ¿por qué otra parte de sí mismo le decía exactamente lo contrario? Quizás sólo estaba exagerando, pensando demasiado en algo sin sentido... Después de todo, era un desconocido para él, no debería sentir ni rechazo ni apego. Sin embargo… algo sentía.

—Uhm... ¿Hola? —fue lo único que atinó a decir, pues no conocía el nombre de aquella persona, ni tampoco tenía intenciones de saberlo. ¿Por qué justo allí? ¿Estaría sólo? ¿Se cruzaría una vez más con aquél tipo? Tsukishima miró a su alrededor inconscientemente, y aquello no pasó desapercibido por el mayor.

—No ando con Tendō si es lo que te preocupa —le dijo, aliviando en parte al rubio—. Qué buena coincidencia, ¿no crees? Tokio es tan grande, y henos aquí, cruzando nuestros caminos.

¿Buena? Sólo era una coincidencia, ni buena ni mala, una entre tantas. ¿Por qué decía aquello? ¿Por qué le sonreía como si de verdad estuviera alegre por aquél encuentro sin importancia? Como si fueran amigos de toda la vida. —Supongo… —respondió, encogiendo ligeramente los hombros.

—¿Paseando por la gran ciudad? —preguntó al tiempo que dejaba a sus ojos recorrer rápidamente la zona, que a diferencia del menor, ya conocía bastante bien. —Es tu primera vez aquí, ¿cierto? —¿Tan obvio es?, pensó. —Se te nota desde lejos, mírate, es obvio que estás alucinando con todo esto, tienes esos ojitos brillantes de recién llegado—le dijo en un tono algo burlón, pero sin buscar ofender, sólo bromear un poco.

Kei asintió dudando de sus palabras. ¿Brillar? No creía que sus ojos emitieran algo semejante, pero no se lo contradijo. Después de todo era cierto: —Una semana en Tokio, primera vez en Akihabara —respondió.

—¡Oh! Eso es genial —exclamó el de cabello negro—. Te mostraré un poco el lugar si quieres. No hay nadie mejor para guiarte por Akihabara que alguien que ha pasado al menos un 80% de su tiempo libre aquí durante al menos 14 años.

—Eh... No es necesario, gracias… —dijo sólo por educación, ya que por dentro sólo se preguntaba por qué estaba metiéndose donde nadie lo llamaba, por qué no paraba de hablar, y por sobre todo, por qué no seguía su camino y le dejaba solo— Ya es algo tarde, supongo que volveré en otro momento. —Con aquello esperaba huir, si se marchaba en aquél momento ya no tendría que fingir estar cómodo con la charla e ir de paseo con aquél tipo, pero al parecer el otro no se lo dejaría tan fácil.

—Vamos un rato a jugar y volvemos juntos, yo también me estoy quedando en la residencia. —Y tras oír aquello supo que ya no se lo quitaría de encima.

A regañadientes le siguió, con sus manos en los bolsillos y usando monosílabos ante cualquier pregunta o comentario del otro. Pero no pudo mantener su cara antipática demasiado tiempo al cruzar las puertas mecánicas del local. Si no corrió en aquél instante como un niño fue únicamente porque tenía compañía, pero deseaba hacerlo. Sus ojos fueron de un lado a otro, grabando en su mente el mayor detalle posible.

Su expresión cambió sin quererlo, y el de cabello negro pudo darse cuenta de inmediato, sonriendo triunfante. —Vamos, vamos. Que no nos queda mucho tiempo —le dijo dándole una pequeña palmadita en la espalda, a lo cual el rubio asintió sin ninguna queja.

Kei le seguía como un alumno a su maestro en una visita guiada a algún museo, le tentaba ir a muchas de las máquinas por las que iban pasando, pero también le daba curiosidad ver a dónde estaba dirigiéndose el mayor. ¿Qué tipo de juegos le agradarían? ¿Coincidirían? No es que quisiera saberlo o le interesara conocer un poco más a su acompañante, sólo que era más divertido competir con alguien en lugar de con el mismo juego… O al menos eso se decía a sí mismo mientras seguía la dirección a donde el otro miraba disimuladamente.

—¡Bingo! —soltó de repente Kuroo mientras se metía por uno de los pasillos a un grupo de máquinas de tonos azulados. Conocía perfectamente el logo y el título que figuraban en los carteles sobre las mismas, aunque aún no había jugado esa versión de la saga, pues apenas había salido unos meses atrás, y obviamente a su pueblo llegaría con suerte luego de un año. Así que la idea de jugarlo en aquél momento le hacía ilusión.

Se sentaron en dos de las máquinas uno al lado del otro, y tras meter la moneda ambos aparatos se activaron, conectándolos en una misma partida. Era un arcade de peleas, Blazblue, con muy buenos gráficos, una buena cantidad de ataques fuera de lo común y personajes carismáticos.

El problema fue que ese momento de felicidad duró muy poco ya que la partida terminó demasiado rápido con él como perdedor y un Tetsurō que no paraba de festejar su victoria. Tsukki no quería admitirlo, trataba de disimularlo lo más posible, pero lo cierto era que detestaba perder. Le sonrió a la par que metía nuevamente unas monedas en su máquina. —Uno más, ¿sí? —inquirió intentando sonar amistoso, pero sus ojos demostraban claramente lo contrario y eso al pelinegro le hacía mucha gracia.

—Claro, claro. Te enseñaré una vez más cómo jugar —continuó provocándolo, sabiendo cómo sus palabras apuñalaban el orgullo del rubio y le irritaban aún más. Pero la diversión del mayor fue disminuyendo al notar que a cada segundo que pasaba, más difícil le era el esquivar los ataques contrarios, y mucho más difícil era hacerle daño. —Ya, Tsukki, déjate matar —murmuraba mientras su vista no se despegaba de su pantalla, y sus dedos presionaban los botones a una velocidad fuera de lo común.

—¿Y perder la oportunidad de que "me enseñes cómo jugar? Ni hablar… —respondió sarcástico, también súper concentrado en todo lo que hacía.

Ninguno quería ceder, los golpes iban y venían, la vida de cada uno de sus personajes poco a poco iba bajando. El labio inferior de Tsukki estaba ligeramente enrojecido por la presión que hacía al morderlo, pero no le importaba, no bajaría la guardia por nada del mundo. Kuroo por su parte murmuraba maldiciones, estaba claro que tampoco quería perder, y que la repentina habilidad del menor le había tomado por sorpresa.

Pero como siempre el fin llegó, y las palabras "You Lose" aparecieron en una de las pantallas.

—¡Sí! —exclamó el menor, haciendo con su puño y brazo una celebración por su victoria, acto que no pasó desapercibido por el mayor, quien enseguida se olvidó del malhumor por la derrota y soltó una carcajada. Tsukishima enseguida se percató de su error, y aunque tratase de volver a una expresión neutral, no pudo evitar que apareciese un leve rubor en sus blancas mejillas por su infantil actuación.

—Te dejaré saborear la victoria por hoy, pero exijo tener mi revancha pronto, ¿qué dices?

Quizás fue el carisma del de cabello negro, su cálida sonrisa o simplemente que el hambre le hacía actuar fuera de lo normal, pero ante aquellas palabras Kei no pudo hacer más que sonreírle y asentir. Sí, acababa de comprometerse a repetir aquello y estaba consciente de ello, e incluso a gusto con esa decisión.

—Por lo pronto deberíamos volver… —mencionó tras corroborar en su móvil la hora. El contrario asintió, y ya a los pocos segundos estaban nuevamente rodeados por la abrumadora Akihabara.

—¿Comemos algo de camino? Yo invito, como ofrenda por mi derrota —dijo haciendo una leve alabanza que sólo hizo que el ceño del rubio se frunciera. No veía correcto aceptar aquello de alguien que no dejaba de ser un extraño para él, pero no rechazó la oferta de ir a comer algo. Claro que él mismo pagaría sus propios gastos.

Pararon en una tienda de hamburguesas justo frente a la estación de trenes. Y aunque conversar no fuera la habilidad principal de Tsukishima, para su propia sorpresa se vio manteniendo un diálogo amistoso con el otro estudiante. Así se enteró que Kuroo iba en segundo año de la carrera de Abogacía, aunque sólo estaba allí porque sus padres siempre se lo habían inculcado. Si fuera por él viviría de su pasión, que según le contó, era la música. Incluso alardeó de que tenía una banda con compañeros de la universidad, y que eran muy buenos, enfatizando muchas veces la palabra "BUENOS". Ahí también se enteró que justamente los chicos con los que andaba aquella vez, incluso el que le había empujado, eran los miembros de su banda.

Al mencionar aquello, no se pudo evitar que saliera a conversación el incidente de ese día. Kuroo una vez más se disculpó en nombre de su amigo, y al menos para Tsukishima aquellas palabras le parecieron sinceras, por lo que le agradeció y le dijo que no se preocupara. —Tendō no es tan malo como parece. Tiene un mal carácter, pero llevo años conociéndolo y puedo decir que es un buen amigo mío.

Kei no era quien para negar aquello, así que sólo asintió a sus palabras, aunque aún desconfiaba de si una persona que empuja así a otra pueda ser realmente "buena".

—Tocaremos en una fiesta la semana que viene, ¿por qué no vienes? Pásame tu teléfono y te mando los datos del lugar, ¿sí?

Aunque estaba seguro de que no asomaría su cabeza en aquella fiesta, accedió a darle su número, era mejor que tenerlo insistiendo en que se lo dé. —No te prometo que iré, pero al menos lo tendré en cuenta…

Tetsurō rio y asintió. —En fin… Creo que ahora sí es hora de volver, ¿no? Vamos, te acompaño a la estación.

—¿Ah? — Tsukishima lo miró confundido. —¿Me acompañas? ¿No se supone volvíamos juntos? —Obviamente ser acompañado por Tetsurō no era de su preferencia, pero volver solo ya tan de noche tampoco. Si se había quedado más de lo esperado era únicamente porque sabía que al menos volvería acompañado. No tenía exactamente "miedo" pero era precavido, los asaltos a estudiantes descuidados no eran tan comunes, pero sí sucedían de vez en cuando.

—La verdad es que debo hacer algo esta noche y no volveré a la residencia… —se explicó. El rubio no dijo más, sólo bufó y caminó arrastrando los pies en dirección a la estación, con el aún muy animado Kuroo liderando el paso, tratando de volver a sacarle conversación como minutos antes. —No te quedes enojado, Tsukki —le pidió una vez llegaron. ¿"Tsukki"? no sólo le había engañado sino que ahora se había tomado tanta confianza como para usar un diminutivo con él? Era el colmo. —Fue lo único que se me ocurrió para convencerte de que no te vayas, y funcionó de maravilla. La pasamos genial al menos, ¿no?—alzó el pulgar de su diestra en señal de que todo estaba bien, y Tsukishima no pudo más que suspirar resignado y cruzar el molinillo hacia el tren.

—Al menos me voy sabiendo que soy mejor que tú, supongo que es algo —acabó por decir, ya de espaldas, esbozando una leve sonrisa que el otro no llegaría a ver.