Capítulo 4

La fiesta era exactamente lo que esperaba que fuese: alcohol y descontrol. Hormonas descontroladas, algunas sustancias que no pretendía probar, y una mezcla de olores que no eran para nada agradables. ¿Qué demonios estaba haciendo allí? No encajaba de ninguna manera, desentonaba y tanto él como todos a su alrededor lo notaban. Chasqueó la lengua, reprendiéndose mentalmente por haber decidido aparecerse allí. ¿Por qué le había hecho caso a aquél tipo? Es más, ¿dónde estaba él metido? No es que muriera por estar con él, pero aparte de los otros dos, que aún no habían llegado, era al único en toda la universidad que conocía.

Se coló en aquella casa estilo americano repleta de jóvenes adolescentes que sólo querían pasarla bien. Empujó a unos cuantos a medida que se hacía paso hacia el patio trasero, donde al menos el aire era más agradable, y no estaba constantemente recibiendo empujones de gente que quería pasar de un lado al otro.

"En 10 minutos llegamos", le escribió Hinata al móvil, y Tsuki sintió que sería una eternidad.

—Genial… —pensó, aunque nada de genial tenía eso, es más, cuando llegasen les pediría largarse de allí. Aunque tuviese que sobornarlos diciéndoles que los invitaba a su cuarto a ver una película, cualquier sacrificio era válido para irse.

—Tsu~ki —sintió en su oído derecho, y el repentino calor del aliento ajeno sobre él le hizo erizar la piel al instante.

—Kuroo, no sigas haciendo eso por favor, es un poco molesto… —mencionó dando un paso adelante y girándose para quedar cara a cara con él. Cosa que fue un verdadero error, porque en cuanto sus ojos se posaron en la figura del mayor, todas las hormonas acumuladas y dormidas de su adolescencia tardía se hicieron presente al mismo tiempo para joderle un poco la existencia.

Desvió la vista al notar que sus ojos estaban a punto de delatarle, ¿por qué el condenado debía lucir tan bien y usar ropa tan ajustada? Era lo malo de los tipos guapos como él, no pueden andar por ahí sin demostrar con cada paso que son superiores en todos sentidos, e intentando siempre que todas las miradas se fijen en ellos. Era molesto, y mucho más lo era ser parte de los bobos que quedan prendados de ellos.

—Te llamé antes y con la música no me oíste, ¿qué otra cosa podía hacer? —se defendió siguiéndole la corriente, aunque la sonrisa que esbozó al ver la actitud del otro sólo indicaba que entendía perfectamente la posición ventajosa que tenía—. ¿Por qué no vamos a que te preparen algo para beber? —Volvió a acortar las distancias, y rodeó al rubio por el cuello, buscando un poco más de privacidad. — Te puedo mostrar el lugar si quieres, arriba tienen unas esculturas bastante interesantes…

—¿Esculturas, ja? ¿Fue lo mejor que se te pudo ocurrir? —preguntó en un tono burlón, haciendo su mejor esfuerzo por que no le afecte tanto la cercanía del contrario, ¡hasta el perfume que llevaba era de su agrado!

—No seas tan detallista, Tsukki, sólo sígueme y ya… —volvió a insistir, como un niño caprichoso que quiere que le dejen salir a jugar.

—¿Y por qué deb-…?

—¡Tetsurō! —Una voz gritó, interrumpiéndolos por completo. —¡Hey, ya deja de seducir novatos y ven! ¡Si no te apuras comenzamos sin ti!

Kuroo bufó, como si de verdad le molestara ser llamado precisamente en aquél momento, pero aún así se separó del de lentes y fue en dirección al llamado. —Será la próxima… —Mencionó antes de irse, dandole una palmada en la espalda. — ¡Voy~! —le contestó, haciendo que el otro alzara su pulgar en señal de aprobación.

Tsukishima reconoció enseguida de quien se trataba, era precisamente la persona que en ese momento más le desagradaba del campus, el único a decir verdad. Precisamente el tipo que en su primer día de clases le hizo una escena sólo por chocar con él, Tendō Satori, quien por lo que había averiguado, era estudiante de algún tipo de Ingeniería y con Kuroo y otros del campus tenían una banda de rock que todos idolatraban.

—¡Tsukki! ¡Aquí! —sintió una voz familiar llamarle, y al mirar hacia el lugar una mano en alto se balanceaba de lado a lado intentando llamar su atención; al menos los otros dos ya habían llegado…

No se hubiera imaginado jamás el alegrarse por verlos pero de verdad que lo hacía, se sentía algo estúpido por lo que acababa de pasar, y quería de alguna forma no pensar tanto en ello, restarle toda la importancia posible.

—¿Ya tocaron? ¿Nos lo perdimos? ¿Y la comida? —preguntó el otro chico, de cabello negro, que observaba curioso a su alrededor, sin intentar disimular la curiosidad que todo allí le causaba.

Pero Tsukishima no llegó a contestar ninguna de sus preguntas. Las luces repentinamente bajaron, y una batería comenzó a sonar no muy lejos de allí, seguido por varios gritos y ovaciones detrás. Sintió en ese instante que tomaron de su mano y le tiraron hacia allí, la música poco a poco se hacía más fuerte en sus oídos, y la voz que le siguió, de la cual podía distinguir perfectamente a quien le pertenecía, por un misterioso motivo causaba estragos en su interior.

Baby I'm preying on you tonight.

Finalmente alcanzaron al improvisado escenario montado justo detrás de la piscina de aquel enorme patio. Eran cinco chicos los que estaban allí, dos guitarras, un bajo, teclado y finalmente la batería. No los conocía, al menos no a todos, y al parecer de todos los que allí estaban era el único que no lo hacía. Todos disfrutaban de ellos, y poco a poco sus cuerpos iban moviéndose prácticamente hechizados por la música. Los ovacionaban, gritaban, y cantaban a la par de ellos la letra de la canción que él acaba de escuchar por primera vez en su vida.

Hunt you down eat you alive.

Él obviamente no hacía nada de aquello. No era su estilo el bailar desenfrenadamente en una fiesta con adolescentes ebrios que tienen el libido a mil, tampoco era el estilo de música que escuchaba, y mucho menos quería quedarse allí hasta que acaben, sólo quería marcharse a su casa. En su mente esos pensamientos estaban presentes, sabía qué quería y qué debía hacer, entonces, ¿por qué en lugar de dar media vuelta hacia la salida, sus piernas se movían y poco a poco le acercaban a ellos, atravesando a la multitud sólo para lograr acortar la distancia lo más posible? ¿Por qué sus ojos buscaban los miel contrarios, deseando ser vistos sólo ellos entre toda esa multitud?

Just like animals, animals…

Y así fue para su sorpresa. Los felinos ojos castaños del contrario se posaron en él, desde el comienzo de la canción hasta el último segundo, sin despegarse, sin interesarse en nada más que él. Y eso en el fondo le gustó. ¿Por qué le agradaba la idea de tener toda la atención del pelinegro? ¿Era por egocentrismo? No, esa mo era su forma de ser, justamente a Tsukishima no le interesaba ser notado por nadie. Al menos hasta ahora. Hasta que él apareció.

No apartó la vista del mayor en ningún momento, su voz erizaba los vellos de su piel, y su figura tan atrayente en aquellos pocos minutos que pasaron le tenían completamente extasiado, no podía pensar en nada más que en él.

Like animals.

Ya cuando la canción terminó, el rubio quedó completamente desconcertado. Demasiado había pasado esa noche y era imposible asimilarlo de inmediato. Se sentía sofocado, aturdido, confundido. Y por alguna razón también excitado. No una excitación sexual, era mas bien una carga de adrenalina que se había apoderado de él. Su corazón latía aún más acelerado de lo normal, y aunque podía saber que Hinata y Kageyama le hablaban alrededor apenas podía entender lo que decían.

Pero para su suerte, la música volvió a sonar, y tuvo la excusa perfecta para no escucharlos ni contestarles nada. Claro que esta vez, hizo un esfuerzo enorme por no volver a cruzarse con esos ojos de nuevo.

.

.

Aquella no era su primera presentación, pero se sentía diferente a cualquier otra que haya tenido, ¿por qué? No lo sabía, y no tuvo tiempo de pensarlo mucho pues poco después de posicionarse, sintió los golpes de los palillos de Tendō y supo que la música no tardaría en llegar, y con ella su entrada.

Cantó la primera estrofa entre ovaciones y aplausos, y eso le encantó, pero había algo más que estaba robando completamente su atención y que le hacía querer lucirse como nunca. Casi al instante, pudo sentir cómo algo le llamaba entre el grupo de adolescentes que tenía frente a él, algo que quería ser encontrado aunque no estuviese seguro de qué era.

Pero lo supo ni bien lo encontró, no tuvo dudas de ello. Esos ojos dorados que brillaban más que cualquier otra cosa entre esa multitud de desconocidos sin rostros ni nombres. Cuando su mirada se cruzó con la contraria, algo dentro de su interior se encendió, y aunque en ese momento intentara mirar hacia otro lado, ya le era imposible.

¿Qué demonios le estaba pasando? ¿Qué tenía de especial ese chico que cada vez que le veía sentía esa ansiedad y necesidad de acapararlo sólo para él? Lo podía disimular la mayor parte del tiempo, porque el otro básicamente le ignoraba, pero ahora que lo tenía allí en frente y que no le quitaba los ojos de encima era imposible dejar pasar aquel deseo casi salvaje de querer apodarse de él en todos los sentidos posibles.

Si no le había saltado encima como león a su presa era porque sus compañeros lo matarían por arruinar el show, pero en cualquier otro escenario estaba casi seguro que lo habría secuestrado incluso contra su voluntad, y ni él sabía lo que sería capaz de hacerle. Lo quería para él, poseerlo, y al contrario de lo que sintió el rubio, aquello sí tenía su lado sexual. Su libido se había disparado al infinito, su cuerpo estaba reaccionando únicamente ante la mirada miel de aquél chico, ¿cómo sería entonces si lo tocaba? ¿Cómo se sentiría la blanca piel del rubio bajo su propio tacto? Quería averiguarlo, necesitaba hacerlo.

Serénate, hombre. Se repetía mientras luchaba por seguir con la letra y actuar como siempre, pero aquella situación era muy lejana a cualquier otra que haya experimentado.

La canción había acabado pero su cuerpo aún vibraba de emoción. La conexión con el menor se había cortado en cuanto su vista se apartó y de alguna forma había recuperado algo de control sobre sí mismo, pero la agitación y la reacción de su entrepierna tardarían un poco más en irse. Por suerte nadie podría realmente notarlo, sólo él, era la ventaja de tener esos jeans tan ajustado.

Respiró hondo y volteo a ver a sus compañeros que estaban felicitándose entre ellos por el show. Les había salido contenidamente bien, eso seguro, el público aún pedía más y eso le daba una sensación de ser una estrella. Y aquello apenas comenzaba para la banda, puedo siguieron con otras dos canciones más, que fueron igual de bien recibidas.

Así que nada tenían que enviadiarle a las demás estrellas de rock, tenían un público que los amaba, hacían lo que más les gustaba en el mundo, y también tenían a sus bien merecidas "groupies". Adolescentes dispuestas a todo con tar de ganarse un revolcón con alguno de ellos. Tetsurō no era un santo, más de una vez había conseguido una noche fácil gracias a la música y a su carisma natural, pero esa noche no le apetecía el sexo casual con ninguna desconocida. El único deseo claro de esa noche lo conocía perfectamente, y también sabía que no se le cumpliría, así que cualquier otra opción quedaba descartada.

—¿Seguro? No puedes negar que es una belleza —inquirió Tōru, el tecladista, mientras señalaba a una rubia que prácticamente devoraba al vocalista con la mirada.

—Por hoy paso —repitió—. Iré a beber algo, quédatela tu si quieres...

—Ja, como si me fuera a conformar con tus sobras... —dijo, aunque el pelinegro tenia el presentimiento que acabaría por ir a por ella. Rio por lo bajo y se giró en dirección al bar, ordenando al llegar un vodka con naranja y hielo. Necesitaba refrescarse un poco, recuperar la compostura de una vez.

—¿Rechazando una conquista? ¿Qué sucede, Kuroo, estás indispuesto? —le preguntó

su compañero con una sonrisa, aunque el tono que usó distaba mucho de ser amigable.

—Sólo no estoy de ánimos… —respondió tratando de restarle importancia.

—Uhm... —claramente la respuesta no le convenció, porque una de sus cejas se arqueó y su mirada se fijó aun más en él. Era pertubador. Daba la sensación de que si no salías de ahí, aquella persona podía leer tu alma, tus pensamientos. Kuroo Conocía a Tendō desde hacía años, pero aún al día de hoy, había veces que se sentía intimidado por esa mirada y lo que sea que le pasase por la mente al pelirrojo mientras la tenía. —Supongo que no puedo obligarte —acabó por decir, encogiéndose de hombros al parecer convenciéndose que no había ninguna razón oculta. Se había salvado, al menos de momento.

—¡Has estado bien hoy! Nos ha salido genial, ¿verdad? —mencionó, antes de que el otro llegara a dar media vuelta para seguir su camino.

—¿Lo crees? —Tendō se detuvo y sonrió, con un aire malicioso en su expresión— También has estado bien, Kuroo, el chico rubio se ha mojado por ti, siéntete orgulloso de eso —dijo antes de marcharse, y Kuroo no tuvo ninguna palabra para responder.

Mierda.

Si lo había notado después de todo.