Dimension Highschool DxD – Bosque a las afueras de la ciudad.
- Ughh... ¿q-que pasó? – se quejó Adlet, reincorporándose lentamente.
Estaba un poco aturdido y mareado, pero pudo sentarse. Con calma abrió sus ojos, sólo para toparse con los intensos rayos solares, que lo obligaron a entrecerrarlos.
- ¿Donde... estoy?- murmuró por lo bajo.
No reconocía los alrededores.
- ¿Un bosque? – pensó al verse rodeado por un gran número de árboles. ¿Logramos salir de las ruinas? Lo ultimo que recuerdo es...
En eso la imagen de cierta peliblanca vino a su mente.
- Fremy... ¡FREMY! ¡FREMY! ¿ESTAS AQUÍ?
El pelirrojo no obtuvo respuesta, más que el canto de las aves y el movimiento del viento.
- Tampoco veo a Hans o a los otros...
Adlet inspeccionó sus manos por un momento. La marca de la flor de seis pétalos, aún en el dorso de su mano derecha.
- Entonces... yo era el séptimo – dijo mientras rememoraba las palabras de Tgurneu.
"Como estaba estipulado... Adlet Mayer... eres un espía entre héroes... mi espía... mi herramienta"
Unas cuantas lágrimas de tristeza comenzaron a descender por sus mejillas.
- Gomen... Nee-san (Perdóname, hermana) ...No soy el héroe que querías que fuese...
El joven se levantó, sobó sus húmedos párpados, sacudió el polvo de sus ropas y comenzó a caminar por la vegetación sin un rumbo predeterminado.
- Con suerte me toparé con alguna aldea al final- dijo para sí y continuó su camino...
Dimension Highschool DxD – Calles
- Casi es hora – dijo Issei viendo el reloj público y aguardando que su cita llegara.
En eso, una joven de traje rojo y cabello castaño se le acercó, depositando un extraño folleto en sus manos.
- ¿Te concederé un deseo? – leyó bastante confundido, observando el raro círculo dibujado en el panfleto. Suena a algo demasiado escabroso diría yo...
- ¡Issei-kun! – llamó de repente su atención una voz.
- Oh, Yuuma-chan – contestó el castaño al ver a la bella joven portando una blusa rosa pálido sobre un vestido negro. Buenos días.
- ¿Esperaste mucho?
- Descuida, acabo de llegar – agregó. ¿Te parece si paseamos un rato y luego vemos desde allí?
La pelinegra aceptó con un sonrojo y ambos comenzaron su recorrido.
Punto de Vista de Adlet – Calles de Kuoh
Mientras tanto, por su parte, Adlet, quien había arribado a la ciudad hace varios minutos, no tenía idea de donde rayos se encontraba. Todo para él era muy distinto. No había templos o casas hechas de madera, paja o piedra. Incluso los habitantes portaban ropas extrañas. Caminando tranquilamente de un lado al otro como si la amenaza de los Kyouma nunca hubiese siquiera asomado por los rincones.
Confundido el desorientado pelirrojo se acercó a un hombre de edad avanzada que llevaba en sus manos un par de bolsas. Probablemente, compras para su día.
- Sumimasen (disculpe) – dijo intentando sonar amigable.
- Oh, ¿que se te ofrece, joven?
- Disculpe, soy nuevo por aquí, ¿podría decirme donde me encuentro exactamente?
- Forastero, ¿eh? Pues, estás en la ciudad de Kuoh, en Japón.
- ¿Kuoh... Japón? – repitió mentalmente el héroe. No reconozco ninguno de esos sitios... ¿estaré dentro del territorio de los demonios? No... este lugar luce muy pacífico como para ser un lugar de Kyoumas. Aun así... no pierdo nada con preguntar...
- ¿No sabe acaso si... ha habido avistamiento de Kyoumas recientemente?
El anciano lo miró extrañado.
- ¿Kyouma? ¿Qué es eso? ¿Algún tipo de grupo musical?
- ¿Eh?
- Después de todo, viendo tu cabello, pareciera que perteneces a alguno de esos grupos pop del momento... ahhgh los jóvenes y su música moderna...
Adlet no entendía prácticamente nada de lo que el viejo hablaba, pero algo había podido rescatar.
En este sitio no había Kyoumas, ya sea porque jamás habían puesto un pie en el sitio o porque quizás este lugar estaba mejor protegido delo que parecía.
En eso y mientras buscaba la respuesta a su propia pregunta, tuvo una idea.
- Sería tan amable de decirme dónde puedo obtener un mapa de la zona...
- Un mapa de la zon... Ahh, ya lo comprendí, tengo justo lo que necesitas en mi casa, te importaría ayudarme con estas bolsas, estaría encantado de dártelo por las molestias.
- Arigato – contestó el pelirrojo, tomando las bolsas entre sus brazos.
- Eres muy amable, ¿cuál es tu nombre?
- Soy Adlet... Adlet Mayer...
Minutos mas tarde...
- Nani... koré... (¿qué es esto?) -murmuró el pelirrojo observando el mapa que le había entregado el hombre.
- No conozco ninguna de estas locaciones... ¿Dónde rayos estoy? – exclamó sujetándose la cabeza.
Pero pronto, las palabras del general demonio se harían presentes una vez más...
"A LA SANTA DEL DESTINO, LE GUSTABA HURGAR EN OTROS MUNDOS A TRAVÉS DE PORTALES, JUSTO DONDE ESTAMOS PARADOS..."
Adlet se llevó la mano a la boca.
- ¿E-Estoy... en otro mundo? N-no puede ser posible... ¿o sí?
El pelirrojo trató de calmarse y miró un momento a su alrededor.
Podía ver gente alegre, extrañas edificaciones... definitivamente no había Kyoumas en esa área.
Volvió a revisar el tatuaje en su mano derecha.
- De alguna forma... mi marca o la de Fremy habrán reactivado ese portal...
FLASHBACK...
- Adoreto, no podemos ganarle... debemos huir...
- No podemos... ese monstruo selló las salidas con su magia... la única forma de salir sería...
- ¿DERROTÁNDOME? – interrumpió Tgurneu, sorprendiendo a la pareja. En efecto, es la opción más acertada, pero también la más difícil de concretar... - dijo con una mueca siniestra.
Adlet analizó sus opciones, al menos la falta de ellas, llegando a una lúgubre conclusión.
- Fremy... voy a acercarme...
- Adoreto... ¿qué harás?
El pelirrojo tanteó su cuerpo, una última vez... sus manos estaban teñidas por su sangre y en eso la revelación llegó...
FIN DEL FLASHBACK...
- Con esto estoy seguro que... el poder combinado de la marca de Fremy y el poder sagrado en mi sangre, reactivaron el portal... Si mi marca es falsa, no pudo haber tenido algo que ver...
El joven exhaló un suspiro.
- No tiene caso que lo medite más de la cuenta... supongo que no hay templos como esos en este mundo, así que, tendré que hallar una nueva forma de regresar con los otros...
Adlet continuó vagando por las transitadas calles de Kuoh. Su desorientado paseo, lo mantuvo demasiado ocupado como para distinguir que el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte.
Antes de comenzar su odisea por hallar un lugar donde alojarse, sus pensamientos lo llevaron hasta la entrada de un parque cercano. No parecía haber nada fuera de lo típico, con excepción de dos jóvenes que se hallaban junto a una fuente, charlando sobre algo. Nuestro héroe se dispuso a continuar su camino cuando, para su sorpresa, algo en la pareja de hace un rato lucía diferente.
- Acaso... ¿esa mujer tenía alas?
Punto de Vista de Issei – Parque de Kuoh
- Nee, Issei-kun
- ¿Qué pasa, Yuuma-chan? – preguntó el castaño al ver a su cita ponerse frente a él y de espaldas a una fuente.
- Para celebrar nuestra cita, ¿me harías un favor?
- ¿U-Un f-favor? – repitió Issei con nerviosismo.
¿Será un beso?
- ¿D-De que se trata? – prosiguió.
En ese momento, los ojos de la joven se tornaron siniestros.
- ¿Morirías por mí? – dijo Yuuma con una voz espeluznantemente más madura.
Nuestro pervertido castaño no captó el mensaje y simplemente se limpió la oreja con una leve sonrisa.
- Disculpa pero, no oí bien, ¿podrías repetir lo que dijiste?
La pelinegra entonces, se acercó más al joven y susurró en su oído.
- ¿Morirías por mí?
No entendiendo mucho la situación, Issei vio cómo, de la nada, las ropas de su cita, se desvanecieron rápidamente, revelando un traje que dejaba poco a la imaginación, sumado de un muy notable par de alas negras que nacían de su espalda.
- ¿A-Alas? – atinó a decir el castaño, segundos antes de que un extraño elemento puntiagudo atravesara su pecho con suma facilidad.
- Admito que me he divertido... – añadió "Yuuma" sosteniendo una gran lanza hecha de luz. Atesoraré estos momentos por siempre. Si quieres culpar a alguien por esto, culpa a Dios por otorgarte una Sacred Gear...
La mujer alada retiró con fuerza el luminoso objeto del cuerpo del castaño, sólo para intentar decapitarlo en su siguiente movimiento, pero justo antes de poder lograrlo, algo no identificado, cayó cerca de ambos...
Punto de Vista de Adlet – Parque de Kuoh
Una espesa nube de humo se alzó súbitamente, bloqueando la visión de Yuuma y alejándola de su objetivo.
- Ahh ¿Qué es esto? ¿Quién se atreve a intervenir? – se quejó la pelinegra, intentando detectar al culpable, sin darse cuenta que algo o alguien se acercaba sigilosamente en su dirección.
La alada joven sintió un fuerte dolor en su estómago y una pequeña explosión repentina, la mandó a estrellarse contra la fuente, quedando semi-inconsciente y bastante aturdida por el impacto.
Adlet caminó rápidamente para auxiliar al joven estudiante que yacía tendido sobre el pavimento, con un charco de sangre formándose a su alrededor.
El pelirrojo intentó lo más que pudo para detener la hemorragia, pero era inútil, ese muchacho no resistiría mucho.
- Maldición – murmuró por lo bajo. No puedo parar el sangrado... Si no hago algo pronto... puede morir. Resiste por favor, resiste...
Punto de Vista de Issei
- ¿Rojo? – atinó a decir el castaño, alzando su mano bañada en sangre. Es rojo brillante...
Su mirada descendió sobre el joven que intentaba socorrerlo.
- Su cabello... es, como el de mis sueños... rojo...
Issei rió tristemente.
- Es inútil... mi cuerpo no responde... ¿todo terminará así? Ni siquiera sé quién es él...
Mientras tanto - Subconsciente de Issei
- Mmmm... la fuerza vital de mi portador se debilita... - dijo una voz profunda y somnolienta. Parece que va a morir pronto. Es una lástima... tendré que esperar al siguiente, para poder enfrentarme al Blanco...
Pero justo antes de que el misterioso ser aceptara su destino, algo llamó su atención.
- ¿Mmm? Ese joven... – murmuró, contemplando la situación que se llevaba a cabo. Siento una extraña presencia en su interior... un poder no identificado... podría ser un buen portador. No pierdo nada con intentarlo...
Con todas las fuerzas que le quedaban, la entidad movió lentamente e inconscientemente el brazo del castaño, llegando a colocar sus ensangrentados dedos sobre el brazo de Adlet.
Una tenue luz carmesí recorrió las extremidades y se perdió, rápidamente dentro del cuerpo del pelirrojo.
Punto de Vista de Issei
- No quiero morir así... tan confundido – se quejó, las fuerzas abandonándole poco a poco. Por lo menos, me hubiese gustado verla una vez más... Rias-Sempai...
En ese instante y sin que Issei se diera cuenta, un gran círculo rojo de naturaleza mágica, comenzaba a formarse...
Punto de Vista de Adlet
Adlet dejó de ejercer presión sobre el pecho del chico, al ya no sentir su pulso.
Decepcionado y abatido, se hizo a un lado, frotando el sitio donde el lastimado joven lo había tocado hace un momento.
- Lo lamento... no pude hacer nada – dijo para nadie en particular. No sirvo para ser un héroe.
El pelirrojo comenzó a levantarse lentamente, cuando pequeñas plumas negras comenzaron a ser ondeadas por el viento.
- Así que tú eres la escoria que me ataco hace sólo unos momentos – oyó decir a una voz que despedía veneno en su tono.
Al darse la vuelta, se encontró cara a cara con la mujer alada de antes, sosteniendo lo que parecía ser una lanza hecha de luz azulada.
- ¿Q-Qué demonios eres? ¿eres un Kyouma? - preguntó Adlet poniéndose en guardia.
- ¿Kyouma? Ni siquiera sé qué significa eso... pero si deseas saberlo, puedo permitirte una última voluntad antes de morir... soy un miembro de la raza más poderosa... ¡UN ANGEL CAÍDO!
- ¿Angel... caído?
- Veo que no estás muy familiarizado con lo sobrenatural... bueno... tanto mejor... no pudo permitirme dejar testigos – exclamó la pelinegra, lanzado su luminoso proyectil contra el héroe.
Adlet giró todo su cuerpo rápidamente, logrando esquivar el ataque.
- Oh... veo que eres más rápido que el otro gusano, pero que tal te va con estas – dijo el ángel caído, materializando otro par de lanzas.
El pelirrojo se mantuvo corriendo en círculos, procurando evadir cada una de las estocadas de la alada criatura. Para su mala fortuna, el desgaste físico era inevitable.
En un intento de huída, una de las jabalinas rozó su brazo, realizándole un profundo corte en la pierna derecha, frenando sus movimientos.
- Ya no eres tan escurridizo ahora, ¿eh,humano?
Adlet sólo esbozó una sonrisa.
- Aún tengo otros trucos bajo la manga – contestó altaneramente y acto seguido, tomó un pequeño cilindro de caña y sopló en dirección a las alas del ángel.
La pelinegra comenzó a sentir cómo sus alas se adormecían, o cual hacía muy difícil, sino casi imposible, remontar el vuelo.
- Maldita basura humana, ¿qué me hiciste?
- Parecías muy orgullosa de tus emplumadas amigas, así que las quité de la ecuación con algunos dardos paralizantes.
La muchacha apretó los dientes con ira.
- Juro... que voy a hacerte sufrir por esto – murmuró, materializando otra lanza, a la vez que Adlet desenfundaba su confiable espada.
Pero antes de que cualquiera de ellos, diese el primer golpe, una espera de energía oscura, pasó entre ellos, interrumpiendo la pelea.
- ¿Qué buscas en mi territorio, ángel caído? – dijo una voz seria y demandante.
Ambos voltearon para como una hermosa joven de esbelta figura y cabello tan o, incluso, más rojo que la sangre, emergía desde un círculo dibujado en el suelo.
- Tch... una Gremory... como sea mi misión aquí acabo – agregó la mujer alada, justo antes de voltear hacia Adlet. Volveré por ti, en otra ocasión – amenazó, desapareciendo en un vórtice de color negro.
El pelirrojo héroe exhaló un suspiro y guardó su espada. Había logrado escapar de un problema... pero...
- Oye tu...
Era muy probable que se hubiese metido en otro mayor...
- ¿Quién eres y que haces aquí?
Adlet se acercó a la señorita, quien lo miraba con cara de pocos amigos.
- Me disculpo, mi nombre es Adlet Mayer, soy nuevo en el pueblo. Estaba buscando un lugar donde quedarme, cuando vi a este chico saliendo con alguien. De la nada, a su cita le crecieron un par de alas y lo apuñaló en el estómago. Hice todo lo posible, pero no logré salvarlo – finalizó el joven con tristeza.
La bella pelirroja posó sus ojos en el moribundo castaño que yacía en el suelo.
- Lo llevaré conmigo – dijo súbitamente.
- ¿Eh?
- Puedo salvarlo, siempre y cuando su alma no haya sido reclamada...
Adlet observó como el herido joven era envuelto en un enorme círculo rojizo y transportado a una locación no específica.
- ¿Él estará bien? – preguntó, genuinamente preocupado por el estudiante.
- No dejaré que muera, de eso puedes estar seguro- contestó.
- A-A propósito, ¿podría decirme su nombre? No pude preguntárselo entre tanta conmoción.
La pelirroja sonrió de manera genuina.
- Es Rias... Rias Gremory – dijo, sin romper el contacto visual.
- Rias... Gre... ¿aré? – atinó a decir Adlet, ya que, por una extraña razón, sus fuerzas lo abandonaban y su vista empezaba a nublarse.
Con un leve golpe, el pelirrojo se desplomó sobre el suelo del parque, completamente inconsciente.
La joven Gremory simplemente exhaló un suspiro.
- Lo lamento, Mayer-san, pero no puedes recordar lo que ocurrió el día de hoy- dijo iluminando su palma y colocándola sobre la cabeza del héroe. Al menos puedo dejarte descansar en una de las bancas – dijo cargando al pelirrojo y depositándolo en dicho sitio. Después de todo, ya tengo lo que vine a buscar – agregó con una sonrisa y desapareciendo en un círculo luminoso.
Adlet despertó momentos más tarde, sin entender mucho de lo que había ocurrido, pero sintiendo una leve sensación de mareo.
No reconocía el sitio a su alrededor, y para colmo, ya había anochecido.
Se levantó con cautela, pero un punzante dolor en si pierna derecha lo sacó de balance.
Tenía una cortada profunda.
¿Cómo se la había hecho?
Su mente era un paisaje nuboso. No lograba unir los cabos desde su caminata por el pueblo minutos atrás, hasta su despertar en medio del parque.
Por el bien de su sanidad mental, decidió ignorarlo. Tenía que buscar un lugar donde pasar la noche y...
Entonces, recordó las palabras del anciano que había ayudado.
Todo aquí funcionaba con dinero y él no lo tenía, no podía conseguir comida ni un lugar donde quedarse.
Desilusionado, hizo lo único que estaba a su alcance: Volvería al bosque.
Con suerte podría montar un pequeño campamento allí y descansar hasta la mañana.
Luego se le ocurriría algo.
Como pudo, tomó un trozo de sus ropajes, vendó su pierna y emprendió el camino hasta el sitio donde había aparecido.
Al llegar, improvisó una pequeña fogata y una cama con algunas de sus ropas.
El estar sólo en la intemperie, le recordó aquella ocasión cuando él y Fremy, durmieron en el interior de aquel árbol, aguardando a que sus heridas sanasen.
Adlet miró el pequeño fuego y muchas cosas pasaron por su mente...
- Me pregunto si... hubiese ayudado en algo que hubiese muerto dentro de la trampa de Nashetania. Después de todo... yo era el espía...
El joven resopló.
- Si logro volver a mi mundo... ¿qué debería hacer a partir de ahora?...
Adlet se acomodó una vez más en su improvisado lecho y cerró los ojos preparándose para descansar al fin, pero entonces, oyó un sonido a lo lejos y percibió una rara sensación de intranquilidad.
Nervioso, observó sus alrededores. Nada fuera de su sitio.
Sólo el viento soplando entre tinieblas...
Hasta que...
- ¿Una...luz? – dijo, viendo un pequeño fulgor desvanecerse en alguna parte de la espesura.
Sin dudarlo mucho tomó su sable y se armó de valor para ir a investigarlo.
Con su pierna herida, no contaba con sus reflejos en caso de que un enemigo se presentase...
Tendría que recurrir a su intelecto y a su suerte.
El pelirrojo continuó atravesando arbusto tras arbusto, hasta detenerse al borde de un descampado, al oír una voz en el ambiente.
- Aghh, por qué justo hoy... se quejaba el misterioso intruso en tono grave. Mmm... la extraña lectura de energía se percibió por aquí... ¿Me pregunto qué pudo causarla...?
Adlet, asomó la cabeza, sólo para darse cuenta que la voz le pertenecía a un hombre alto de traje rojizo con cabello castaño oscuro y reflejos color dorado.
Pero el detalle que más lo hacía destacar eran los 5 pares de alas que brotaban de su espalda.
El pelirrojo retrocedió un momento de la impresión.
- ¿Q-Que... es ese sujeto?
Este movimiento no pasó desapercibido para el hombre alado, quien simplemente esbozó una sonrisa y fingió ver hacia otro lado.
- Oe... sé que estás ahí... entre los árboles... sal ahora... no te haré nada...
Adlet tragó salida. Lo habían descubierto y para colmo no estaba en condiciones para enfrentarse a lo que sea que fuese ese tipo.
Resignado, abandonó su escondite y avanzó hasta ser completamente visible para el desconocido.
El castaño arqueó una ceja, viendo al supuesto "espía"
¿Un simple humano? – pensó. No luce muy fuerte, aunque su cuerpo parece acostumbrado al entrenamiento. Además, su color de cabello es extraño... rojo... como la sangre, sólo conozco a cierta familia que tiene ese tipo de pelo... y no siento nada demoníaco en este joven.
- Veo que asuste a un niño – dijo con sarcasmo. ¿Sabes que no deberías estar en el bosque a estas horas?
Adlet se tensó un poco, pero decidió seguirle el juego.
- Discúlpeme por haberlo espiado, es que creí oír un ruido, estaba acampando a unos pocos metros y vine a ver qué pasaba. Por cierto, señor, ¿qué es usted exactamente? – preguntó el joven con tono serio y sujetando fuertemente su espada.
El pelicastaño, notó esto, pero prefirió ignorarlo.
- Eres un tipo muy curioso, ¿lo sabes no? – contestó en burla. Pero te lo diré, soy el Gran Azazel, Líder de la Facción de Ángeles Caídos. Es un placer – agregó extendiendo su mano para un apretón.
- ¿Ángeles... Caídos? Entonces... no es un Kyouma...
- Oe oe, no me dejarás colgado con el saludo, ¿verdad? - dijo el ángel. Ten algo de modales...
El pelirrojo héroe guardó su arma y se acercó para reciprocar el gesto.
- Mi nombre es Adlet Mayer, puede llamarme Adlet.
Fugazmente, Azazel logró mirar de reojo el raro tatuaje que el joven presentaba en su mano diestra, se le hacía extraño, nunca había visto una marca como esa...
Además... por un momento, pudo percibir algo dentro del chico, algo dormido... latente...
- Este mocoso podría tener una Sacred Gear... - pensó. Tendré que mantenerlo vigilado.
- A propósito... Adoreto-kun – dijo el castaño llamando la atención del chico. ¿Por qué acampas en medio del bosque? ¿No estarán tus padres muy preocupados?
Una mirada de tristeza y melancolía se dibujó en el rostro de Adlet y, al instante, Azazel supo que había tocado un tema sensible.
- Tema sensible, ¿uh? Lo lamento, no debí haber preguntado.
- Está bien, Azazel-san, no podría saberlo de todas formas- respondió el joven con una sonrisa forzada. Llegué a la ciudad hoy. Vine aquí, porque no tengo dinero para alojamiento ni comida. Pensaba dormir a la intemperie esta noche y buscar otro sitio en la mañana.
El jefe de los Ángeles Caídos sabía que tenía una oportunidad de oro al oírlo decir eso. Si hacía bien su jugada, podría no solo ganarse la confianza del chico sino también tener otra Sacred Gear para analizar y pasar el rato. Su viaje al bosque había acabo siendo productivo...
- Dime, ¿qué te parece si te consigo un lugar donde quedarte? Conozco buenos sitios, incluso podría invitarte a comer, tienes cara de que no has probado bocado desde que llegaste.
El pelirrojo iba a protestar, pero el sonido de su estómago traicionó sus palabras.
- Eso prueba mi punto. Ven, te llevaré a mi departamento y allí hablaremos con más calma.
Adlet hizo una reverencia.
- Se lo agradezco mucho – contestó con una sonrisa, esta vez mucho más sincera.
- Bien, ese es el espíritu – rio el ángel caído. A propósito, ¿estás familiarizado con lo sobrenatural?
El pelirrojo negó educadamente, lo que sólo sacó un suspiro por parte del pelicastaño.
- No importa, te lo explicaré todo cuando lleguemos... siento que será una noche larga y agotadora.
Dimension Rokka no Yuusha – Interior de las ruinas.
- ¡ADORETO... FREMY! – exclamó Mora, al ingresar al pasillo subterráneo, seguida de los demás elegidos.
- Mora... - murmuró Fremy volteando su cabeza, mientras le costaba levantarse.
El grupo divisó a la lastimada peliblanca y corrió en su auxilio.
- ¡FREMY! Dinos que pasó, ¿dónde está Adlet?
La semi-demonio trató de reincorporarse para hablar más cómoda, mientras Rolonia por su parte, intentaba curar el daño.
- T-Tgurneu – atinó a decir.
- ¿Nya? ¿Uno de los generales demonio? – exclamó Hans.
- Adoreto y yo explorábamos el terreno... descubrimos este pasaje... Tgurneu apareció de entre las sombras, nos atacó... luego él y Adoreto desaparecieron en ese círculo – finalizó señalando el portal rúnico.
La pequeña Chamo se acercó al susodicho.
- Ne ne estas runas fueran hechas por una Santa – dijo sorprendiendo a todos.
- Fue... la Santa del Destino – completó la peliblanca. Tgurneu mencionó algo... sobre ella, observando otros mundos a través de portales...
- Entonces... Ado-kun fue...
- Succionado hacia otro mundo... es una posibilidad...
- Chamo, por si acaso no te pares en ese círculo, quien sabe que pueda pasar – advirtió Mora con tono estricto.
- Hai Hai...
Rolonia acabó de tratar las heridas de la francotiradora y la dejó levantarse.
- Ahora, Fremy, ¿puedes decirnos algo más sobre Tgurneu?
En ese momento, la peliblanca comenzó derramar lágrimas.
- Dijo que... Adoreto era el séptimo...
Los ojos de todos los presentes se abrieron como platos.
- ¿E-Estás segura de lo que estás diciendo, Fremy?
- Si... Tgurneu lo confirmó mientras luchábamos... la marca de Adoreto fue creada por él... para infiltrarlo...
- Soona...
- Masaká...
Mora enfureció de repente.
- Lo sabía, sabía que debíamos haberlo matado cuando estábamos en el templo. Hemos sido engañados de nuevo...
Todos se mantenían callados, sobre todo Goldof, que parecía hallarse en un profundo debate mental consigo mismo.
En eso, Fremy volvió a tomar la palabra, interrumpiendo el arrebato de ira de la pelizafiro.
- Adoreto era el séptimo... pero no era un espía. Tgurneu le mintió toda su vida... le hizo creer que podía ser un héroe... vivió creyendo que realmente estaba destinado a lograr algo... No es su culpa, al fin y al cabo...
Los héroes miraron con sorpresa a su compañera. No era algo innato en ella defender a otros, mucho menos a quién hace solo unos instantes había sido tildado de traidor por sus semejantes.
- Como sea... debemos movernos, la barrera al territorio de los demonios está cerca, no hay tiempo que perder- dijo la peliazul dirigiéndose a la salida.
Una vez afuera, todos decidieron que lo mejor era no parar hasta alcanzar la barrera, pero antes de que pudiesen abandonar por completo las ruinas, observaron que la semi-demonio no se movía.
- Fremy... ¿Qué haces? Tenemos que seguir nuestro camino y...
- No iré – respondió tajante.
- ¿Eh? ¿Cómo que no iras? ¿Vas a abandonarnos?
- Me uní al grupo por mis propios motivos... ahora mi prioridad es encontrar a Adoreto...
- Tenemos una misión, Fremy – grito Mora. Si no detenemos al Rey Demonio, destruirá todo, ¿quieres que eso pase?
El grupo miraba expectante a la francotiradora.
- Esta bien... iré... pero revisaré cada pueblo del territorio de los demonios – dijo con determinación. Es posible que más portales estén ocultos en esa zona, si logro reactivar uno... iré a buscar a Adoreto- finalizó colocándose al frente, sin detenerse a mirar al resto. ¿Funciona eso para ti, Mora...?
- Bien... - aceptó la peliazul a regañadientes. Si nos topamos con otro de esos portales, te dejaremos allí y seguiremos por nuestra cuenta.
- Bakatawa ...(entendido)
Los 6 elegidos prosiguieron su rumbo hasta llegar al susodicho límite entre ambos territorios. Atravesarlo sería la prueba definitiva, puesto que cualquier impostor moriría debido a los gases tóxicos que inundaban el sitio.
Como se esperaba, todos lograron cruzarla sin problemas.
Después de mucho tiempo de espera, las seis flores estaban por fin reunidas y en terrenos de los Kyoumas...
