—Hay algo en él... —Garrett miraba con los ojos muy abiertos directo al hocico y expresión de Digby—. Usualmente no puedo estar cerca de ellos, no soporto su olor. Pero este... Su aroma es tan particular.

Ned se acercó lentamente y aun con algo de temor a la sala. Seguía sin comprender lo que ocurría y en otra ocasión podría haber gritado y huido, pero no podía dejar pasar esto, tenía que entender. Tenía que saber quiénes eran esos sujetos.

La idea de tener al asesino de Roman en el apartamento le revolvía un poco el estómago, pero a la vez el criminal, que además decía ser un vampiro, era... ¿Otro clon?

Garrett tenía el cabello más largo que él y una cuidada y aparentemente suave barba que lo diferenciaba, pero Ned estaba seguro que así se hubiera visto si hubiera dejado de rasurarse y cortarse el cabello por un tiempo. Decidió que necesitaba respuestas y no miedo, y se sentó en un sillón frente al vampiro que seguía mirando fijamente a Digby casi hipnotizándolo.

—Es especial. —dijo Ned cuando finalmente pudo hablar—. No es como cualquier otro perro.

—Huele a... Inmortalidad. —respondió Garrett con sorpresa. Hasta ese momento, creía ser la única especie con esa peculiaridad.

Ned se sobresaltó ante el comentario tan exacto y particular de Garrett y rió nervioso. Al formarse en su cabeza la vaga idea del secreto de su poder siendo descubierto por todos, le dieron ganas de devolver la cena. Pero continuaría preguntando aunque estuviera a punto de perder el conocimiento... Pues debía saber.

—¿Quién eres y qué haces aquí? —Fue directo.

—Ya te lo he dicho. —Garrett solo levantó la mirada en dirección a Ned, el resto de su cuerpo lo mantuvo inmovil—. Mi nombre es Garrett y vengo a darte respuestas.

—¿Qué clase de respuestas? —Ned sonaba confundido, realmente no sabía qué decir, aun estaba en shock por los eventos acontecidos hasta el momento.

—Informativas. A las preguntas que tengas. Porque tienes preguntas, ¿Verdad?

—Tantas que no sabría por dónde comenzar. —divagó el pastelero en voz alta.

—Eso no es problema. —anunció Garrett divertido—. No duermo jamás, así que puedo hacer esto por toda la eternidad; bueno, excepto si me da sed. —recordó súbitamente.

—Puedo traerte agua. —Ned sonó automáticamente servicial, como era habitual en él.

—El agua no va a saciarme. Lo descubrí trágicamente hace siglos. —comentó con naturalidad.

—¿Siglos? —preguntó Ned. Le pareció que había escuchado bien, pero no daba crédito a que Garrett fuera un vampiro, por lo que una existencia de siglos parecía simplemente descabellada.

—Una de las particularidades de mi especie es que somos inmortales. —explicó el vampiro—. Agradezco tu hospitalidad, pero de momento solo necesito un lugar donde establecerme. —Echó un vistazo rápido a su alrededor e inclinó un poco su cabeza hacia arriba para observar el techo. Acto seguido, le devolvió una mirada rápida a Ned—. ¿Tienes preguntas? Comienzo a aburrirme.

—¿Quién eres...? —volvió a preguntar Ned.

—¡¿De nuevo?! —El muchacho comenzaba a ofuscarse—. Mi nombre es Garrett, soy un vampiro. —repitió robótico y bufó.

—Demuéstralo. —Ned intentó tragar saliva nervioso, pero su boca estaba seca por el estrés.

Garrett sonrió socarrón y desapareció de la habitación como por arte de magia. Solo un segundo después se encontró de pie frente al pastelero con un vaso de agua en sus manos.

—Tu garganta está seca. —aseguró.

—¿Qué? ¿Cómo...? —Ned miró el sillón enfrente suyo, donde apenas un segundo antes Garrett estaba sentado. Miró en dirección a la cocina, donde guardaba los vasos como el que el sujeto de ojos rojos sostenía frente a él; solo un segundo, solo había bastado un parpadeo para perderlo de vista y encontrarlo de nuevo, de pie ante él—. Debo estar soñando. —Se convenció—. Si, esto es una pesadilla... ¡Eso es! En verdad nunca desperté, solo me quedé dormido y sigo teniendo esta loca visión que no es más que un sueño. Voy a pellizcarme ahora y despertaré. —Se retorció fuertemente el brazo, de manera que tuvo que dejar de hacerlo por el dolor que le provocó. El vampiro seguía allí, de pie, sonriente con el vaso de agua en sus manos—. Debo intentarlo más fuerte. Es un profundo sueño... ¡Vamos, Ned!

—Ya deberías dejarlo y aceptar que estoy aquí y que soy real. —comentó Garrett—. Tan real como el muerto en la morgue, tan real como tu perro inmortal. Tu vida es extraña ¿Por qué te cuesta tanto aceptar mi condición?

—¡No hay nada de extraño en mi vida! —Se excusó Ned, aunque su nerviosismo hizo tambalear la seguridad de su exclamación.

—Vives con un perro inmortal y acabas de visitar un sujeto físicamente igual a ti en la morgue, con una marca en su cuello que indica muerte por una mordida, mientras un vampiro entra por la ventana de tu habitación a responder preguntas en medio de la noche. Tu vida es absolutamente normal, nada extraño ocurre, ¿Verdad? —Le hizo dar cuenta con un comentario irónico.

Ante la posibilidad de ser descubierto, el nervioso Ned se levantó de su sillón, quedando muy cerca de Garrett.

—Digby no es inmortal y tú eres un intruso invadiendo mi casa, ¡Tienes que irte de aquí o llamaré a la policía! —amenazó.

Garrett dio unos pasos alejándose. Roman lo había saciado el día anterior, pero la sangre hirviendo y latiendo poderosamente en el cuello de Ned podía enloquecerlo. Por un segundo se imaginó abalanzándose sobre él, bebiendo ferozmente hasta la última gota del dulce néctar rojo. Pero había hecho una promesa: No dañar a otro de los suyos. Para despejarse, intentó desviar su atención de la leve quemazón que le recorría la garganta por la sed con un desafío.

—Si no es inmortal, entonces... Tócalo. —dijo señalando a Digby.

—¿Qué? ¿Por qué habría de hacerlo? —inquirió Ned fingiendo confusión.

—Te demostré que era un vampiro. Ahora tú demuéstrame que tu perro no es inmortal. —insistió.

—No veo porqué tocarlo haría que te lo demostrara. —señaló el pastelero.

—No veo porqué no. —contradijo el vampiro.

—No voy a hacerlo. —Se negó Ned.

—¿Por qué no? —Garrett preguntó con una curiosidad casi odiada por el pastelero.

—Porque... —El pulso de Ned se aceleraba y la sangre bombeaba en su garganta cada vez con más fuerza—. ¡Porque tú no me das órdenes! ¡Vete de mi casa! ¡Vete ahora! Olvidaré todo este asunto. Ni tú, ni ningún otro de los tuyos volverá a acercarse, no quiero saber que está ocurriendo, no me interesa, VETE. DE. AQUÍ. —El pastelero se acercó paso a paso a Garrett, quien daba pasos hacia atrás, intentando no acabar con él de un sola mordida.

El vampiro decidió que no era un buen momento para platicar con Ned y actuó ofendido.

—Bien... Tú lo quisiste así, no yo. —espetó con disgusto—. Roman ha dicho que tú lo atacaste. No hay forma de probar que otro lo hizo, mis huellas están en todo su cuerpo. Mis huellas... Sus huellas... ¡Tus huellas! —Le enseñó—. Somos uno, Ned, pero no puedes verlo y no quieres saberlo. Me aseguraré de que te descubran. Te encarcelarán y pasarás el resto de tu vida preguntándote: «Oh... Qué hubiera pasado si tan solo no hubiera echado al benévolo vampiro que se contuvo hasta el último momento de beber mi sangre.» Eres un hombre condenado y yo solo una sombra nómada.

Luego de decir esto desapareció. Ned solo vio una rápida sombra pasar a su costado. Oyó un ruido en su habitación y al correr a ella no encontró nada. La ventana continuaba abierta, pero el abrigo de Garrett ya no estaba.

El pastelero se desplomó en su cama un momento después. Boca arriba y mirando el techo repasó lo que acababa de ocurrir. No podía comentarle a nadie acerca de la misteriosa visita. En su mundo un pastelero que revive muertos es posible, pero un vampiro que visita en medio de la noche a un pastelero que revive muertos... No.

En otro punto de la ciudad, una ráfaga sacudió una parte de un sendero de flores que descansaban muy juntas en el suelo. Coeur d'Coeurs tenía el mayor campo de margaritas que Garrett hubiera visto en su extensa existencia, y eso le agradaba.

Los vampiros no duermen y no pueden morir. Deben ocupar su eterno tiempo en satisfacer su curiosidad. Como un ex combatiente de guerra, la corta vida de Garrett humana no le había permitido apreciar la belleza de las pequeñas cosas. Pero en sus años como vampiro había visto y presenciado cosas maravillosas. Después de todo, tenía todo el tiempo del mundo para hacerlo.

Como buen nómada, había recorrido gran parte del mundo y se había establecido cortamente en diversos lugares. Había esperado por días sin cansancio, solo para ver florecer un cactus, había presenciado amaneceres en los puntos más solitarios del planeta, donde nadie podía ver su piel resplandeciente como diamantes por los rayos del sol. Había visto el comienzo de una vida y el final de muchas otras. También había explorado la variedad de insectos que habitaban el planeta y leído toneladas de libros. Cuando tienes todo el tiempo del mundo, hasta la posición de las estrellas en el cielo despiertan tu curiosidad.

Garrett se recostó en el campo de margaritas. No le importó aplastar algunas, sabía que saldrían otras.

Observó el cielo. Su primer encuentro con Ned no había salido como esperaba. Fue descortés aparecer en su casa de esa forma, hasta un poco psicótico. Pero habían pasado tantos años desde la última vez que Garrett había tenido contacto con un humano al que no ha visto como comida, que había olvidado que sus costumbres eran diferentes. ¿Qué hubieran dicho otros vampiros si lo hubieran visto? Solo sonrió ante esa posibilidad. Siempre había sido un rebelde y poco le importaban las normas que le imponían. Por el momento solo seguía las reglas del juego del hombre que lo había acompañado en la pastelería el día que había aparecido el cuerpo en la morgue. Pero lo hacía por un propósito particular... La relación que lo ataba a él, a Ned, a Roman.

Pobre Roman, pero sintió que había hecho un bien, pues el tipo era un enfermo obsesivo y él siempre tenía sed; era insaciable. Y además, tenía que comenzar de alguna forma, no hubiera podido solo presentarse en el Pie Hole y entablar una conversación con Ned como si lo conociera desde siempre.

Pero una víctima... ¿Era necesario matarlo? Tenía tanta tanta sed esa noche... Y no podía convertirlo, hubiera sido un problema aún mayor. Haber matado a uno de los suyos le pesaba en la consciencia, en esa pequeña parte humana que aun no se despegaba de él... Todavía tenía empatía y eso en ocasiones era un problema.

La parte buena era que jamás había tomado una presa que no pudiera devorar, aunque Ned hubiera podido ser la primera... Pero la razón para detenerse con él era diferente a la fantasía que a menudo le preocupaba. En todos esos largos años jamás había encontrado una compañera, jamás se había enamorado. Ni siquiera en su vida como mortal. Y si bien luego de tanto tiempo confiaba en su imposibilidad de amar, no perdía oportunidad de fantasear con encontrar a alguien que le provocara algún sentimiento, que moviera algo en su interior tan frío como su cuerpo.

Lo que le aterraba era encontrar una mortal y no poder saciar su sed con ella, por eso su comida tenía la particularidad de pertenecer siempre al género masculino. No se interesaba por atacar mujeres por miedo a no poder completar su tarea y obligar a una humana a la tortura de la vida eterna sedienta de otros. Él no tuvo elección respecto de su naturaleza, ya que fue convertido por un vampiro ya saciado de sus compañeros de batalla, que no bebió toda la sangre de Garrett, dejando correr el veneno por su cuerpo y condenándolo a la vida eterna; no pretendía lo mismo para nadie más, por eso solo se alimentaba de hombres a los que no dudaría en quitar hasta la última gota de sangre.

Garrett se encontraba tan sumido en sus pensamientos, que no notó la presencia del hombre que se acercaba a él hasta que lo tuvo muy cerca como para reconocerlo. Se irguió un poco y permaneció sentado. El hombre, el mismo que lo habría acompañado en la pastelería esa mañana, se sentó a su lado. Sin mirarlo, los dos tuvieron una conversación con la vista fija en el paisaje.

—Creí que hallarte sería más difícil. Pero solo tuve que pensar a donde iría si tuviera el tiempo suficiente para conocerlo todo y ya nada llamara mi atención. —El hombre de los ojos verdes se veía como un mellizo de Garrett. Ambos compartían barba, cabello largo y las mismas facciones. Sentado con solo la luz de la luna alumbrándolo, se hubiera vuelto difícil distinguirlo del vampiro. Solo tenían una única diferencia, este era un humano—. Las cosas salieron mal con Ned, ¿Eh? Así que te echó de su casa... Debí suponerlo antes.

—¿Cómo sabes que me echó? —preguntó sorprendido el vampiro.

—Simple... Si estás aquí y no estás en su casa es porque no eres bienvenido. —aclaró—. Y además... No lo olvides, yo sé cada cosa que ocurre, puedo sentirlo, aquí, —Señaló su corazón—, y aquí. —Apuntó con su dedo índice el costado de su frente—. Esta conexión se vuelve cada día más fuerte, siento que quedaré partido en mil pedazos si no solucionamos esto pronto. —Dejó salir con desgano.

Garrett miró con preocupación al hombre de los ojos verdes. En su interior sentía pena por él... Lo había conocido un tiempo antes y estaba al tanto de su padecer. Había aceptado ayudarlo en esta difícil tarea y sintió que su fracaso al intentar acercarse a Ned sería una decepción para el hombre, que en ese momento veía el paisaje con cansancio en sus ojos.

—Lo intentaré de nuevo en la mañana. —dijo para tranquilizarlo—. Deberías intentar dormir, los humanos lo necesitan.

—¿Cómo hacerlo cuando una parte de mí también es inmortal? —El hombre se recostó sobre las margaritas y sonrió—. ¿Alguna vez observaste la maravilla del universo? Me hace sentir tan pequeño... Tan insignificante. —divagó. Garrett rió por lo bajo, adoraba las ocurrencias de los mortales.

—Cuando tienes una eternidad para hacerlo, créeme que sabes exactamente dónde está cada estrella. —Le indicó—. Hay días que incluso las cuentas, les pones nombres, le buscas formas uniéndolas con líneas imaginarias diferentes a las que forman las constelaciones.

El hombre suspiró.

—Desearía no haberte dado esa eternidad, que por momentos ha de ser una tortura. —expresó con lástima.

—Disfruto de cada segundo en este cuerpo, en este estado... No te sientas culpable por darme esto que soy. —respondió para no causarle pesar—. Después de todo, no has sido tú, sino un vampiro en otro tiempo, otro siglo...

—Pero fui yo quien te metió en este embrollo. —Le recordó el hombre.

—Uno del que estoy feliz de formar parte. —aclaró—. Pero ya no hablemos de eso, tú debes descansar y yo debo pensar una manera más humana de acercarme a Ned. Una que no se vea tan extraña.

El hombre se levantó pensativo y luego miró al vampiro con el rostro iluminado por una idea.

—Visítalo en el Pie Hole, como un cliente. —ordenó—. Ve al mostrador, pídele hablar con él; comienza de nuevo, sin invadir su casa y sin demostrar ningún poder. Ned es el más noble de todos, tiene un gran corazón y es fácil comenzar una relación con él, siempre que tu presencia no amenace con alterar su extraña pero encantadora forma de vida, claro. —enseñó.

—Sabes que su vida se verá afectada y modificada por mi presencia. —Garrett no pudo callarse en este aspecto. Tuvo que recordarle al humano que para iniciar todo, había que mover fichas y eso causaría cambios en la vida de Ned, lo quisiera él o no. Y definitivamente esa era la mayor amenaza en su cotidianeidad, por lo que lo que estaba pidiendo, era difícil y hasta ridículo.

—Pero él aún no lo sabe. —clarificó el de los ojos verdes—. Dile lo que sabes, contesta a sus preguntas y ayúdalo a resolver el caso de Roman, eso sobretodo. Después de todo, tú eres el culpable y se lo debes. —acusó como un padre enseña buenos modales a sus hijos—. Nuestra ventaja es su ignorancia respecto a todo este asunto. Acércate a él, y cuando te instales en su casa, porque eso harás, volveremos a vernos. —finalizó.

El hombre se alejó dejando a Garrett pasar la noche en el campo de margaritas. Poco antes del amanecer, el vampiro se refugiaría en un callejón en las cercanías de la pastelería de Ned. Debía evitar ser visto al sol, su piel brillaría llamando la atención de todos los transeúntes y en ese momento era lo que menos quería.

Cuando el sol se posó en lo alto del cielo, el Pie Hole se encontró abierto a los hambrientos clientes que entraban y salían disfrutando de las tartas que Ned horneaba desde muy temprano. Ese día, el pastelero había horneado más que nunca, estaba estresado, y cuando eso ocurría, la cocina se llenaba de deliciosos pies, unos ya listos, y otros a medio preparar.

El pastelero preparaba una cantidad innecesaria para el negocio, pero lo suficiente para calmar sus nervios. Había pasado la mañana encerrado en la cocina, lo que extrañó profundamente a Charlotte, que ya empezaba a preocuparse, mientras que Olive intentaba recolectar información interrogando a un molesto Emerson Cod, que respondía a regañadientes.

La pastelería se movía a un ritmo normal, los clientes conversaban o leían periódicos mientras disfrutaban sus pedidos, cuando Garrett, con sus lentes oscuros y el abrigo que cubría la mitad de su rostro, cruzó la puerta. Con pasos minuciosamente medidos se acercó al mostrador. Hechó un vistazo a la cocina y descubrió movimiento. El aroma de la fruta era potente, pero no lo suficiente para opacar el dulce aroma de la sangre de Ned, que era obvio, se encontraba allí. Antes que pudiera escabullirse, Charlotte apareció al otro lado del mostrador preguntándole que deseaba ordenar.

—Nada en realidad, estoy buscando a Ned. Debo hablar con él. —informó intentando modificar su voz, que exactamente igual a la del pastelero.

Al principio Garrett se sorprendió al ver a Chuck, y algo nervioso, creyó que tendría la misma sensación de quemazón en la garganta que había experimentado con Ned. Segundos después notaría que el aroma de Charlotte era muy diferente, pero ya lo había olido antes, recientemente, en el apartamento del pastelero... La chica olía a inmortalidad. Garrett sonrió... «Así que el perro no fue el único...»Pensó para sí.

Desde la otra punta del mostrador, Olive le susurraba a Emerson, que tenía la vista fija en el vampiro. Garrett lo notó y subió la solapa de su abrigo para cubrir su rostro.

—No puedo detener al primer sujeto de cabello largo, barba y estatura de Ned que se cruce en mi camino. Y no puedo verlo bien, Olive. —El detective se levantó y caminó hacia el recién llegado.

Estaba a punto de alcanzarlo cuando Ned apareció en el mostrador y al ver a Garrett del otro lado, se estremeció. Permaneció serio y muy erguido. Habló bajo mientras miraba a Emerson, quien se detuvo a escuchar lo que ocurría.

—¿Qué quieres? —Ned no mencionó la visita de la noche anterior, por lo que los demás se preguntaron de dónde lo conocía.

—Hablar. —soltó el vampiro muy escueto.

—Ya te dije que no quiero hablar. Tú y yo no tenemos nada que discutir. —acotó Ned entre dientes.

—He venido en paz, puedo ayudarte. —insistió Garrett.

—No. No necesito tu ayuda, solo quiero olvidar todo este asunto.

—El cuerpo sigue en la morgue, no te dejarán olvidarlo en un tiempo. —Le recordó.

Emerson se colocó a la par de Garrett y se dirigió a Ned.

—Muy bien, ¿Quién es este y qué sabe del cuerpo? —interrumpió señalándolo de lado. Observó mejor al vampiro; sus características correspondían con el sujeto descripto por Roman.

«Si tan solo pudiera quitarle los lentes para verle los ojos» Pensó.

—¿Acaso es el asesino? —inquirió al pastelero.

—Ned, debo hablar contigo. —Garrett ignoró completamente al detective e insistió. Ned rodó los ojos, harto del asunto.

—Bien... Solo te daré una oportunidad, pero Emerson debe venir con nosotros. —advirtió como condición.

—¿Quién es Emerson? —preguntó Garrett.

El detective tomó fuertemente el brazo del vampiro, lo giró hacia él y lo miró seriamente.

—Asumo que es él. —dijo señalando al investigador con gesto burlón.

Los tres hombres ingresaron en la cocina. Cuando las chicas quisieron ir detrás, Ned les pidió que se encargaran del local por un momento.

Olive y Chuck se turnaron entre atender a los clientes y escuchar la conversación, pegadas a la pared. Dentro, el pastelero, el detective y el vampiro tenían una conversación entre decenas de tartas y harina esparcida en todas partes.

—No podré decirte algunas cosas mientras él esté aquí. —Garrett se refirió a Emerson ladeando su cabeza en dirección al detective.

—No va a impresionarse, él sabe de mi don. —Luego de decir esto, Ned tragó saliva. Recordó que no había reconocido tener un poder la noche anterior. Al contrario, lo negó.

—Así que si son inmortales... Lo sabía. Podría reconocer ese aroma en cualquier parte.

Emerson observaba la escena en silencio, pero inquieto. Ned bajó la vista y habló por lo bajo.

—Puedo traerlos a la vida, pero si vuelvo a tocarlos, volverán a estar muertos y ya no podrán despertar otra vez.

—Me intriga la chica. —comentó súbitamente Garrett.

—¿Cuál chica? —El frío corrió por la espalda de Ned, haciendo que sacudiera sus hombros de forma brusca.

—La que está allá afuera escuchando todo. —Garrett giró la cabeza en dirección a la puerta y sonrió. Charlotte apareció en la cocina algo tímida.

—Olive está encargándose de todo. Y yo quiero participar de esto... Ned, estoy muy preocupada por ti. Jamás has horneado tanto, tienes aspecto de no haber dormido y no me hablaste en toda la mañana; desde ayer que actúas muy extraño... Jamás me has ocultado nada, pero desde que ese cuerpo apareció en la morgue te ves tan... Solitario. —Le hizo saber con preocupación—. Este sujeto aparece y no eres capaz de comentarme quién es.

—Garrett, es un placer. —El vampiro extendió su mano.

—¡No! —gritó Ned al momento que su novia y el vampiro iban a tocarse.

—¡No voy a moderla!

—¡¿Es otro de los clones?! ¡No voy a tocarlo, tranquilo! —Chuck dio un salto hacia atrás. Habló al mismo tiempo que Garrett, y eso les creó confusión. Se miraron extrañados.

—¿Tocarlo? —Garrett no comprendió la razón por la que la chica no podría acercársele.

—¡¿Morderla?! —Charlotte y Emerson hicieron la misma pregunta.

—Ya basta, ¿qué está pasando aquí, Ned? —preguntó el detective.

Ned tomó una gran bocanada de aire antes de hablar, mientras Garrett se quitaba los lentes dejando a la vista de todos sus brillantes ojos rojos.

—Es el... ¡Es el asesino!

Emerson apuntó al vampiro con su pistola y todos comenzaron a gritar. Afortunadamente, Olive había despedido a los últimos dos clientes que quedaban en el local y en ese momento la pastelería se encontraba vacía. Cerró la puerta, dio vuelta el cartel que ahora indicaba que el Pie Hole se encontraba momentáneamente cerrado y se quedó expectante cerca de la salida, en caso que hubiera que huir.

El único que pareció no inmutarse ante el arma fue el vampiro. Mientras el detective lo apuntaba, se tomó el tiempo de quitarse el abrigo y dejarlo sobre una mesada donde sorpresivamente no había harina.

—Baja al arma. No lograrás hacerme daño con eso. —Garrett casi rió al decirlo.

—¿Ah si? ¿Quieres intentar? —amenazó Emerson.

—Ned... —Garrett habló en un tono sereno—. ¿Le dices tú y le digo yo?

—Emerson baja el arma, no puedes matarlo. —aseveró el pastelero.

—No quiero matarlo, solo le dispararé para que no pueda escapar si es que lo intenta. —aclaró el detective.

—Tampoco me puedes atravesar con las balas. —acotó Garrett aguantando la risa.

—Explícate. —Emerson aun sostenía el revólver firmemente apuntándolo.

—No puedes matar lo que ya está muerto y tampoco puedes perforar mi piel. —comentó misterioso.

—Qué... ¿Eres un fantasma acorazado? —Charlotte bromeó para bajar la tensión.

—No... Soy un vampiro. —declaró.

Emerson soltó el arma y tanto él como Chuck comenzaron a caminar lentamente hacia la salida. Cuando Charlotte quiso huir, se chocó con Olive que venía entrando a la cocina.

—¡¿Un Vampiro?! —gritó Olive.

Ned puso los ojos en blanco. Garrett les explicó que su intención no era morder a nadie, que no los atacaría porque ya se había alimentado y de momento no sentía sed. Todos se estremecieron al escucharlo.

—Bien, ¡Lo lograste! Acabas de revolucionar por completo mi vida. —juzgó ofuscado el pastelero—. Ahora dime qué es lo que quieres y por qué estás aquí...

Los cinco se encontraban en una cocina llena de tartas, harina y dudas.

—Quiero ayudarte, para que podamos ayudar a alguien más... —aclaró el vampiro.

—¿A quién? —preguntó Ned.

—Aun no puedes saberlo.

—No te dejaré entrar en mi vida si no me dices todo de una vez. —Ned se cruzó de brazos, los demás solo observaban la escena confundidos y algo asustados.

—No puedo decirte algo que ni yo mismo entiendo en su totalidad, y tampoco estoy autorizado a hablar por alguien que no está presente. Solo sé que ayudándote, podremos ayudarlo a él y recibiremos algo a cambio.

—¿Qué podría recibir a cambio que quisiera tener y aún no consigo? —indagó el pastelero.

—Un final feliz.

—Ya tengo mi final feliz. —aclaró—. Tengo a mi lado a la mujer que amo, a las personas que más quiero cerca de mí, un trabajo que realizo dichoso y un don con el que aprendí a vivir. A veces me trae problemas, pero estoy muy feliz así.

—Yo solo sé lo que él ha dicho. —advirtió Garrett.

—¿Y qué te prometió a ti? —indagó.

—Un final feliz... Me conformo con saber que será así.

—Un momento... —Olive se adelantó y quedó en el centro de la cocina—. ¿De verdad eres un vampiro? ¿Existen? —preguntó casi emocionada—. ¿Y tú de qué don hablas, Ned?

Resolvieron que le contarían todo a Olive, después de todo ya había descubierto la naturaleza de Garrett, quien se veía muy parecido a Ned. Sin dudas cosas mágicas estaban ocurriendo en el Pie Hole. Le pidieron que escuchara con atención y mantuviera la mente abierta... Ned comenzó relatando su don y Olive finalmente comprendió porque él y Chuck no se tocaban jamás. En todo ese tiempo de observarlos como pareja, parecían distantes; había presenciado demostraciones de afecto verbales, pero jamás los veía tomarse de las manos, abrazarse o besarse. Ni siquiera permanecían cerca uno del otro.

Al principio todo resultó un tanto extraño. Olive era amiga de una mujer zombie. Cuando lo dijo, Charlotte rió y Ned la corrigió, diciéndole que no le agradaba ese término, que él los llamaba vivos otra vez, y le comentó que Digby, el perro que ella tanto quería y que habría cuidado en más de una ocasión, también era como Chuck. Olive permaneció pensativa un momento y realizó varias preguntas respecto de la naturaleza de Ned.

Luego observó a Garrett, que para ese momento se encontraba sentado con todos los demás en una mesa. La mayoría acompañó la charla con café y porciones de las tartas que Ned había horneado, pero el vampiro no bebió ni comió nada.

—Así que un vampiro... —Olive se mostró más curiosa que asustada.

—Así es. —asintió él.

—¿Qué edad tienes? —preguntó atenta.

—Siglos.

—Te ves bien para ser tan viejo. —bromeó coqueta.

A Olive, Garrett le parecía hermoso. Y no era para menos... Los vampiros son mucho más atractivos que los humanos, pues poseen una belleza magnética que usan para atraer a sus víctimas. También sus voces son hipnóticas; su piel es pálida pero hermosa, suave y fría como el mármol... Y no se debe pasar por alto un pequeño detalle, Olive se encontraba perdida y secretamente enamorada de Ned, y Garrett era una versión pálida y rebelde de él, por lo que la volvía loca.

—No olvidemos lo importante. Este... Ser, es un asesino. —Emerson solo quería resolver el caso, poco le importaba la naturaleza de Garrett, siempre y cuando no le diera por morderlo.

—Yo lo veo de otra forma... —dijo Garrett—. Me alimenté de él. Roman era un psicópata, perseguía a una mujer a la que decía amar, pero era un obsesivo. Intentó incluso abusar de ella y atentar contra su vida. Ella se libró de él, el mundo se deshizo de un psicópata y yo sacié mi sed. Todos ganan.

—Eso no quita el hecho de que asesinaste a un civil. Y de que no puedo resolver el caso diciendo que un vampiro lo atacó. Tampoco explica qué haces aquí, por qué eres igual a Ned y qué quieres de él.

—Por eso estoy aquí. Ned y yo somos... Parientes. —mintió, pero en algún punto decía la verdad.

—¿Puedes probarlo?

—Soy igual a él, ¿Qué otras pruebas quieres?

—¿Qué hay de Roman? —preguntó Ned.

—Él... También es un pariente. Tú y él comparten el mismo... Padre. —mintió nuevamente. Pero Ned llevaba años sin verlo, desde que lo había abandonado en un orfanato al morir su madre. Por esta razón, le creyó—. Él quería atacarte. Estaba completamente loco y al enterarse de tu existencia, fantaseó que tu le quitarías a su novia, la mujer que lo obsesionaba, y viajó hasta esta ciudad dispuesto a matarte. Tuve que interceptarlo y matarlo. Además tenía sed... Nos hice un favor a ti y a mí.

—¿Cómo supo él de mí? —Ned aun no confiaba en el vampiro.

—¿Y cómo te enteraste que Roman quería matar a Ned? ¿Cómo hiciste para encontrarlo? —Emerson confiaba todavía menos.

—Cuando eres inmortal te vuelves curioso, y una de las primeras cosas que haces es rastrear tu línea familiar. —explicó el vampiro—. No podía acercarme a ninguno de ellos, naturalmente buscarían eliminarme o se asustarían. Respecto de Roman, alguien le habló de ti, cuando vio su reacción, me advirtió lo que ocurriría. Es alguien que nos conoce a todos.

—¿Todos? —preguntó Emerson desconfiado.

—No estoy seguro si debería decirte esto, Ned, pero somos... Muchos. —soltó con un dejo de temor.

—¡¿Todos son vampiros?! —Ned imaginó que solo buscaban alimentarse de él y de todos a su alrededor; se estremeció ante esta posibilidad.

—No. Yo soy el único. —Lo tranquilizó.

—Dijiste que no podías acercarte a tus familiares, ¿Por qué es diferente con Ned? —Charlotte se hallaba curiosa y preocupada por el bienestar de su novio.

—Es simple. Ned tiene una habilidad sobrenatural, es el único que podría tomarme como parte de su familia sin pensar en mí como una amenaza, o como un loco.

—¿Y por qué aparecer tan repentinamente? ¿Por qué luego de tantos años alguien le hablaría a Roman de Ned? Algo no me permite confiar en él. —Chuck hubiera deseado tomar la mano de su novio pero no podía hacerlo, por lo que solo juntó las suyas, pretendiendo que una le pertenecía a él. Ambos lo hacían a menudo.

—Desconozco las verdaderas razones que llevaron a este sujeto a informar a Roman de la existencia de Ned, pero él estaba en peligro; puedo mantenerme alejado de mi familia para no hacerle daño, pero no puedo quedarme de brazos cruzados viendo cómo los lastiman. No podía tomarme el trabajo de presentarme, entablar una conversación, luego transformarla en una relación y un tiempo después salvarlo de la muerte. Eso era lo que no tenía, tiempo. Y parece algo irónico siendo que soy inmortal.

—Entonces... ¿Qué es lo que quieres de mí? —indagó Ned, dejando que la confianza se instalara poco a poco en su mente.

—Nada más que esto, que no intentes alejarme de ti. —soltó Garrett con una mueca de pena.

Ned había pasado muchos años en el orfanato. Allí no había hecho amigos, por ende había estado mucho tiempo completamente sólo. Aun no podía confiar en Garrett, pero la falta de una familia, que no podían cubrir por completo Charlotte, Emerson y Olive, hizo que no pudiera rechazarlo... Después de todo, decía ser un miembro de su familia y también había pasado una gran cantidad de años en soledad; lo comprendía y quería brindarle lo que ambos necesitaban, un vínculo fraternal.

Todos quedaron en silencio por un momento... Ned se mantuvo pensativo un par de minutos; ninguno de ellos habló, ni dijo nada con la mirada. Garrett se mantuvo con la vista fija pero serena sobre Ned. Finalmente el pastelero le devolvió la mirada...

—Bien. Esto no será fácil. Es algo nuevo y aún me produce muchas dudas. Pero no puedo cerrarte la puerta... No después de salvarme la vida. —Ambos sonrieron—. Ahora dime... ¿cómo resolveremos lo de Roman?

—Tengo una idea... —Garrett apoyó sus manos en la mesa y se acercó a ellos como acechándolos, pero de alguna manera nadie sintió miedo.

Horas más tarde, Emerson, Ned y Garrett resolverían el caso. El vampiro se presentó con lentes de contacto oscuros para ocultar el bermellón de sus ojos y admitió ante la policía haber asesinado a Roman. Pero el relato de los hechos fue muy diferente al que Ned había escuchado. Garrett relató como Roman lo había atacado en la noche para robarle. Comentó que se vio acorralado en un callejón, «parecía fuera de control y llevaba un arma.» Acotó. «Comenzamos a forcejear y en una maniobra rápida intentando zafarme, le rompí el cuello. No fue intencional, solo quería salvar mi vida.» Y añadió: «Incluso tuve que morderlo.»

La policía al principio no creyó del todo la versión. Garrett bromeó sobre la fuerza de sus colmillos que llegaron a perforar la piel de Roman: «Cualquiera hubiera creído que fue atacado por un vampiro.»Dio datos exactos de la ubicación del arma. Cuando la policía llegó al callejón, encontró una pistola en el lugar que Garrett describió junto con claros indicios de una pelea. Emerson, que acompañó a los policías, fingió sorprenderse por el descubrimiento de un arma que él mismo había plantado allí como evidencia para ayudar a Ned a salir del problema.

El plan fue armado con minucioso cuidado. Garrett había tomado toda la sangre del cuerpo de Roman, así que también tuvieron que cubrir ese detalle. Una vez más, los detectives se presentaron en la morgue para examinar el cuerpo.

Una vez dentro, transfundieron grandes cantidades de sangre que llevaron dentro de bolsos. Como embalsamar a un cuerpo, pero en lugar de formaldehído, inyectaron sangre. «Cuánto desperdicio de comida.»Bromeó Garrett al idear el plan. La rotura del cuello no fue necesaria, el vampiro lo había hecho luego de alimentarse de Roman, por si algo salía mal.

Horas después de declarar, el caso estaba resuelto y Garrett en libertad. Aún quedaban muchas preguntas sin contestar para Ned, que se sentó en un sofá para conversar con su invitado, el inquilino inmortal.

—Así que no duermes hace siglos... —expresó el pastelero con confusión, aun le costaba trabajo entender la naturaleza de Garrett—. Bien, supongo que tienes muchas historias para contar...

Garrett pasó largas horas hablando de sus anécdotas y aventuras, porque cuando eres un vampiro nómada solitario, tienes muchas cosas para comentar al encontrarte con alguien que te escucha sin temor. Ned también habló de sí mismo, y juntos comenzaron a crear una pequeña relación cálida. Empezaban a confiar uno en el otro y se encontraban disfrutando de su compañía. Estaban muy cómodos en el apartamento, conversando e ignorando que muy pronto la familia se agrandaría...