A unos meses de la aparición de Garrett en la vida de Ned, el pastelero está acostumbrado. Responde a las curiosas preguntas del vampiro, hace las suyas y entre ambos buscan integrarse a la cotidianeidad del otro. Mientras Ned descansa, Garrett es un compañero de cuarto silencioso y convenientemente barato. De momento no le ha dado hambre. No puede comer ni beber los alimentos de los humanos, pero su apetito por ahora no es un problema. Tampoco puede dormir, por lo que las noches las pasa leyendo los libros de la pequeña biblioteca del apartamento, examinando los adornos o simplemente saliendo a deambular por la ciudad.

Por otro lado, Ned le ha perdido miedo a la relación de interés que Garrett tiene con Charlotte. Sabe que no la atacará porque su aroma no es embriagador, el vampiro lo ha dejado claro al comentarle que la chica olía a inmortalidad y que no podría alimentarse de ella por esta misma razón. Su sangre, si es que tiene, no le sirve.

Garrett se siente un poco curioso por la razón de su inmortalidad; cómo ha vuelto a la vida, o mejor dicho, cómo se mantiene con vida luego del toque de Ned. No es algo que pueda probar solo echando una leída a una enciclopedia. El don del pastelero es aparentemente único en el mundo y solo ha sido explorado por él mismo, pero nunca referente a los vivos otra vez, sino para conocer sus límites.

El vampiro entonces ha acordado con Ned no realizar pruebas que comprometan la salud de Charlotte, y ella misma ha decidido que teniendo ambos mucho tiempo libre, podrían intentar descubrir cosas de su nueva vida. Así es que el Pie Hole tiene un ritmo normal hoy, no hay casos que resolver, por lo tanto Ned se dedica a hornear y Olive a atender a los clientes. Lo que deja a Charlotte y Garrett conversando en una mesa apartada en un rincón de la pastelería. Nadie podría escucharlos ahí y podrían discutir sus teorías con toda normalidad.

—Y así es que jamás me he lastimado o cortado, así que no sé si es sangre lo que corre por mis venas... —Charlotte lo comentó aburrida, pues Ned le impedía comprobarlo a riesgo de lastimarse y lo único que podía hacer era imaginar qué había debajo de su piel.

—Estoy seguro que no es sangre.

—¿Cómo puedes saber eso con solo verme? ¿Puedes ver a través de mí? —Chuck llevó sus brazos a su pecho intentando cubrirse y mirando a Garrett con pudor. Algo sonrojada bajó la vista y emitió una risita.

—Debo admitir que sería un poder interesante, aunque en otros casos sería una horrible imagen imborrable —admitió y rió—. No, no puedo ver a través de ti, pero lo sé por tu olor. No huelo sangre en ti. —anunció.

—Así que hueles a las personas por su sangre... —expresó la chica con curiosidad—. ¿Todas huelen igual? Y esto lo que más intriga me da, ¿A qué huelo yo?

Garrett sonrió franco, adoraba tener por fin con quién charlar sobre esos temas.

—Verás, todas las personas tienen sangre con un aroma y sabor particular, en unas su olor es dulce y en otras algo más ácido, o amargo. —explicó—. En algunas personas, además de ser dulce, su sangre tiene un olor potente que no puedes ignorar y tienes que alejarte o atacar. Y eso es un verdadero problema, porque pocos de nosotros podemos contenernos y menos si estamos hambrientos. Por ejemplo, —agregó—, en este lugar algunas personas serían un buen aperitivo. —Garrett giró disimuladamente y echó una mirada rápida a los clientes del Pie Hole—. ¿Ves ese hombre de sombrero gris? —Chuck asintió—. Su sangre es muy agradable, puedo olerla desde aquí. Y aquella mujer, la de abrigo rojo... No suelo atacar mujeres, pero si estuviera realmente hambriento su sangre me alimentaría y sería muy placentero. Sabría entre salado y dulce, con un aroma embriagador. Los demás... no me apetecen. —Volvió a girarse—. En cuanto a ti, hueles a inmortalidad. Tu perfume es muy agradable, hasta frutal, floral... Y no es porque hayas estado antes en la cocina, o regando tus plantas. No es siquiera por la miel que producen tus abejas... —Chuck tenía una gran colmena en la terraza de la pastelería, donde cientos de abejas producían miel que era utilizada en la preparación de las tartas—. Es tu propia naturaleza inmortal. Tienes un aroma que haría que cualquiera quisiera estar todo el tiempo a tu lado, casi con el mismo encanto que un vampiro, pero menos peligroso. Es adictivo, pero sano.

Garrett dio cuenta de lo que estaba diciendo y se halló algo confundido. Llegó a pensar por un segundo que esa chica que olía a inmortalidad y de quien no quería beber su sangre era todo lo que estaba buscando. No tendría que verla sufrir al convertirse en un vampiro, no tendría que convertirla en un monstruo y jamás tendría que alimentarse de ella, mientras que se sentiría profundamente atraído por ella para toda la eternidad.

Se miraron en silencio por unos segundos. Charlotte amaba a Ned, pero no podía tocarlo y eso les era un gran impedimento para su relación. Y cuando eso parecía ser todo en su vida, en un giro inesperado se le presentaba esta oportunidad, un clon de Ned al que si podía tocar y como si fuera poco... Tenía su misma característica, viviría por siempre.

Pero al volver a pensarlo se dijo que siempre amaría a Ned, no por su cualidad física, sino porque algo más los unía, algo que nada tenía que ver con el aspecto. Garrett a su vez pensó para sí mismo que ella era la novia de su clon, que su corazón le pertenecía a Ned y ambos se amaban.

Hubo un silencio incómodo en ese instante, pero ambos deshicieron toda esa fantasía rápidamente y retomaron su conversación. Ella continuaría amando a Ned, y él seguiría esperando que algo ocurriera, que alguien más apareciera. «Si existen los vampiros y las mujeres inmortales...» se dijo.

—Si no tengo sangre... ¿Qué saldría si me cortara? —indagó Charlotte cambiando el tema hacia algo menos... Tentador para ambos.

—Le prometí a Ned que no te haría daño. —advirtió Garrett.

—Bien. Yo no se lo prometí, así que solo intentaré pincharme el dedo. —dijo mirándose el dedo índice de su mano izquierda.

—¡No! —exclamó Garrett en voz alta.

Todos los comensales se giraron hacia la mesa de ellos, mientras el vampiro apartaba su mirada hacia la ventana y con su mano tapaba su rostro. Le importaba que nadie viera sus ojos, aunque nadie le había prestado atención antes y no tenían porqué hacerlo ahora.

Mientras intentaba pasar desapercibido, descubrió a una esbelta mujer rubia subir las escaleras de la oficina de Emerson que se hallaba frente a la pastelería. Llevaba un largo y pesado abrigo negro y subía las escaleras con paso lento pero seguro.

En ese momento la oficina del detective Cod permanecía en silencio y orden mientras Emerson leía el diario con los pies apoyados sobre el escritorio. Estaba muy interesado en un artículo policial cuando alguien tocó la puerta. Rápidamente bajó los pies, adoptó una posición más elegante en su pesado sillón de cuero reclinable e indicó que la puerta estaba abierta.

La mujer que Garrett vio subir las escaleras entró en la oficina y tomó asiento. Tenía aspecto de haber llorado y no haber dormido. Algo le pareció curioso al detective y lo supo ni bien la mujer levantó la vista y lo miró fijamente... ¡Era igual a Ned! «¿Otro clon? ¿También hay clones mujeres?» Pensó, pero no lo dijo. Entonces la trató como si no hubiera nada fuera de lo usual en su aspecto y propósito.

—Detective Cod a su servicio, ¿Qué la trae a mi oficina, madame? —preguntó solícito.

—Mi amado ha sido asesinado el día de ayer por un... —La voz de la mujer se quebró—. ¡Por un monstruo! —exclamó mientras su cuerpo temblaba por los nervios—. Pero... —agregó intentando mantener la compostura—. Alguien me dijo que usted y su colega lo solucionarían. —expuso.

—Podemos resolver el crímen, naturalmente. —aseguró Emerson y tomó su libreta para comenzar a anotar—. Dígame, ¿Cómo se llamaba su pareja, señora? ¿Y dónde podemos inspeccionar el cuerpo? Por supuesto que todo esto tendrá un costo que... —El detective quiso seguir hablando, pero la mujer lo interrumpió.

—En realidad... —divagó—. Es a... Aguarde. —Luego de alzar su dedo frente a Emerson, la mujer buscó un papel en su pequeña cartera. Sus manos aun temblaban y sus ojos estaban llenos de lágrimas. Abrió el papel cuidadosamente doblado y leyó—. ¿Ned? El detective Ned es a quien busco. Alguien dijo que él podría ayudarme. Que no hiciera preguntas y solo confiara en él...

A Emerson todo este asunto comenzaba a olerle mal, pero antes de tramar teorías conspirativas en su cabeza decidió proseguir con el interrogatorio.

—¿Quién le habló de Ned? —preguntó serio.

—Bueno... —La mujer suspiró y guió sus verdes ojos a un punto fijo, como intentando recordar los hechos—. En realidad no lo sé... —confesó—. El teléfono sonó unos minutos después de recibir la horrible noticia de mi amado y... Una voz, una grave pero cálida voz de hombre me dio esta dirección y me habló de Ned. Me dijo que descubriría más de lo que esperaba, pero que solo debía tener fe. —agregó—. También comentó que él solo me daba las herramientas para tener mi final feliz. No comprendí nada de lo que ocurría, pero él me juró que usted y Ned me ayudarían.

—¿Final feliz? —Emerson recordó las palabras de Garrett en la cocina del Pie Hole. El hombre que había advertido al vampiro de los planes de Roman, también le había prometido un final feliz. Así que todo ese asunto comenzó a preocuparle.

—Eso fue lo que él dijo. —aseguró la mujer.

—Perdóneme, madame, pero no comprendo lo que usted desea. —expresó entonces el detective entrecerrando los ojos—. ¿Quiere usted encontrar al asesino de su pareja?

—Oh no... —La mujer secaba sus lágrimas con un pañuelo blanco bordado con las iniciales C. A. en dorado—. Sé perfectamente quién lo hizo. Y no comprendo a qué se refería el hombre con final feliz, ya que mi final feliz sería tener a mi amado con vida, pero eso no es posible. —anunció con pesar—. Aún así estoy devastada, y la voz al teléfono dijo que ustedes me ayudarían, aunque aún no entiendo cómo, pero necesito terminar con este inmenso dolor.

Emerson finalmente comprendía la razón de final feliz que para la mujer parecía imposible, pero él sabía que para Ned, eso no sería difícil de lograr. Pero aún no comprendía si Garrett estaba jugando con todos ellos un juego macabro, pues su aparición no encajaba en un rompecabezas que lentamente comenzaba a armarse en torno al pastelero. Y tampoco entendía la naturaleza de los clones... ¿Esa mujer también sería familiar de Ned? ¿Por qué todos eran exactamente iguales?

El detective se levantó de su pesado sillón y dio unos pasos hacia la ventana. Miró su reloj y le pareció que sería una buena idea. Se giró hacia la dama que lo miraba con gran dolor y desesperanza.

—Disculpe que no haya reparado en esto antes... ¿Cuál es su nombre? —preguntó en fingido tono amable.

—Oh no, yo lo siento... Con la desesperación y la pena olvide decírselo. —Se disculpó la mujer—. Soy Calpernia Addams.

—Bien señora Addams, mi colega, el detective Ned, tiene otro emprendimiento en el que se halla trabajando ahora, pero cerrará su negocio en diez minutos. Podría acompañarme allá y mantendríamos una conversación con él. —ofreció—. Es en la pastelería que está cruzando la calle, podremos discutir mejor este asunto allí.

La mujer asintió y guardó el papel con el nombre del pastelero y la dirección en su pequeña cartera de gamuza negra. Se levantó, agradeció a Cod y una vez más limpió sus ojos con el pañuelo que luego introdujo en el bolsillo izquierdo de su largo abrigo. Luego se acercó a la puerta.

Emerson entonces recordó un detalle importante y se acercó a ella.

—Oh, señora Addams, tengo algo que decirle... Y necesito que me escuche con atención... —solicitó. Calpernia asintió y lo observó curiosa—. Si usted pudo mantener la mente abierta y no tener miedo de venir hasta aquí solo porque una voz en el teléfono le dijo que tenía que hacerlo, entonces tiene que prometerme que mantendrá la misma mentalidad y no tendrá miedo de lo que verá u oirá en la pastelería. —expuso—. Tampoco le comentará a nadie lo ocurrido, o hablado. De lo contrario tendremos que tomar medidas. —anunció. Calpenia asintió aunque abrió mucho los ojos y Emerson sintió que estaba alarmándola—. Lo siento, no es mi intención asustarla, pero necesito que mantenga la mente abierta y confíe todo el tiempo en nosotros. —aclaró.

Calpernia dió un paso hacia atrás con sus ojos puestos en el suelo. Suspiró y levantó la cabeza, mirando fijamente a Emerson. Su altura era imponente, «Probablemente la misma de Ned.» pensó Emerson, ya que todos hasta ahora eran milimétricamente iguales.

—Verá, señor Cod, luego de todo lo que he vivido estos años y sobretodo en estos últimos dos días, deberá saber que nadie tiene la mente tan abierta como yo. —explicó—. Solo he venido aquí por ayuda, porque la voz me ha prometido una felicidad que sé que no volveré a tener en años. —dijo—. Hay mucho más en mí de lo que mi apariencia podría decirle, por lo tanto le prometo que si ustedes pueden ayudarme, solo desapareceré y no volverán a verme. Nadie sabrá de este encuentro... —aseguró—. Solo quiero lo que la voz dijo que tendría, no importa cómo o qué deba hacer para conseguirlo. Si debo creer en cosas que aparentemente no existen, si debo caminar en medio de la oscuridad para obtener lo que deseo, así lo haré. Por la memoria de mi amado.

Un momento después, Calpernia y Emerson bajaron las escaleras. Al entrar a un Pie Hole vacío de clientes y a punto de cerrar sus puertas, Garrett, que conversaba con Charlotte mientras esta acomodaba el mostrador, levantó la cabeza y percibió el mismo perfume embriagador de la sangre de Ned a sus espaldas. En un movimiento rápido observó al pastelero en la cocina, que iba y venía apresurado ordenando los utensilios, y lo supo: Alguien más de los suyos estaba en el salón. Así que tomó los lentes que llevaba en el bolsillo de su sobretodo y se los colocó, pensando qué excusa inventaría para llevarlos dentro del local. Al girar su cabeza hacia la puerta, descubrió otro aroma conocido, Emerson ya casi llegaba al mostrador.

—Debo ver a Ned. Ahora. —expresó casi como una orden.

Chuck se volvió hacia la cocina y lo llamó. Olive dejó sus tareas y le ofreció a Calpernia asiento y una taza de café. La mujer aceptó con un gesto tierno y se sentó en una mesa que daba a la ventana. A Olive le bastó solo un segundo para notar el parecido con Ned y ya acostumbrada a la presencia de Garrett en sus vidas, se alegró. Aunque al segundo le enterneció la actitud de aquella mujer y comenzó a preocuparse por su semblante, que denotaba que ella estaba muy triste. Olive entonces le ofreció una porción de tarta que Calpernia rechazó dulcemente. Aún así Olive insistió.

—Ned cocina unos pasteles exquisitos, que ya verás son como una caricia para el alma. —informó amable—. Disculpa la intromisión, pero puedo ver en tu rostro que lo necesitas. —afirmó luego—. Aun no sé qué te ha traído aquí o si eso tiene solución, pero te ayudaremos a sentirte mejor mientras lo averiguamos. Acepta una porción de tarta, te hará bien. Llenará de dulzura tu corazón al menos por un momento. Tal vez incluso encuentres un sabor familiar en él. —insistió creyendo que Calpernia y Ned serían parientes.

Esta vez la mujer le agradeció y pidió a la rubia que trajera lo que considerara mejor, o lo que tuvieran. Olive fue en busca de varias porciones de diferentes tartas y las presentó en la mesa. Preparó café para todos los presentes, excepto para Garrett, que no tomaría nada, y solo esperó.

Calpernia observó de reojo que el vampiro estaba mirándola desde el mostrador. En otro tiempo o circunstancias hubiera sostenido la mirada y hubiera coqueteado con él, pero ahora su mente solo podía pensar en una sola persona... Su amado Barry.

Ned se encontraba susurrando con Emerson en el mostrador. Cuando este le contó la situación y su parecido al pastelero, decidieron preguntarle a Garrett.

—¿La conoces? —Ned se cruzó de brazos esperando respuestas.

—No. Pero si dice que un sujeto la llamó y le habló de nosotros... Tiene que ser el mismo sujeto... Ella debe ser nuestra pariente. —informó el vampiro.

—No podré ayudarla. Creo que ese sujeto no comprende cómo funciona. —explicó Ned recordándoles las contraindicaciones de su don; el dejar vivo a alguien por más de sesenta segundos hacía que cualquier otra persona en proximidad tomara su lugar y muriera inmediatamente.

—¿Qué características tiene quien muere en su lugar? —preguntó Garrett.

—No lo sé, es aleatorio. —respondió Ned intrigado por la súbita pregunta del vampiro.

—¿Pero sabes que tú no puedes morir? —repreguntó.

—No debería. —contestó Ned—. Hasta ahora no ha pasado, creo que soy inmune a mi poder y maldición. —agregó. Garrett quedó pensativo unos segundos. Finalmente expresó:

—Hablen con ella, yo volveré en unas horas. Pero no le digas que puedes traerlo de vuelta hasta que yo regrese. —pidió.

—¿A dónde irás? —Emerson y Ned cruzaron miradas intrigadas mientras Garrett se alejaba.

—Debo hacer algo importante. —anunció el vampiro, instalando más dudas que certezas.

El vampiro se acercó a Calpernia, hizo una pequeña reverencia y sonrió. Luego se alejó del Pie Hole mientras Ned y Emerson caminaban hacia la mesa de la mujer.

La primera impresión fue muy curiosa. Ned y Calpernia se alejaron de la mesa y apoyaron sus espaldas contra el respaldo de los asientos mirándose algo asustados. De alguna manera era como verse en un espejo... Calpenia se veía unos años antes, luchando con una imagen que devolvía el espejo que no reconocía como suya. Se veía nuevamente en el cuerpo del hombre que no sentía ser, y Ned se veía por un toque mágico convertido en una mujer hermosa.

Ambos se observaron detenidamente por unos minutos. Ella buscó sus manos, pues siempre le habían parecido finas y se alegró de que también las compartieran; él fue directo a la cicatriz en la frente. Allí estaba. Ned sonrió de lado y Calpernia lo miró algo asustada, intentando comprender porqué lo hacía, pero devolvió la sonrisa al tiempo que a él se le iluminaba el rostro.

—El señor Cod me dijo que mantuviera la mente abierta, pero jamás esperé encontrarme algo así. —Fue lo único que pudo decir al comprobar que eran iguales.

—Tampoco yo. —expresó Ned con ternura intentando hacerle perder el miedo—. Pero luego de las cosas que han pasado en esta pastelería y en mi casa, era de esperar que aparecieras. —comentó amable—. Déjame presentarme, soy Ned, aunque creo que eso ya lo sabes. Me han dicho que puedo ayudarte... Cuéntame. —solicitó abriendo el espacio de diálogo—. Luego te contaré lo que sé de nuestro parecido.

Calpernia comenzó a relatar su problema y lentamente a familiarizarse con Ned. Todo era muy extraño, pero había hecho una promesa... Hacer lo que fuera por Barry.

El sol estaba cayendo en la ciudad y era de esos atardeceres rojos llenos de luz en el horizonte que Garrett tanto amaba. Para asegurarse que nadie viera su piel iluminarse por el sol, había decidido escabullirse hasta la terraza del Pie Hole.

Allí permaneció en el suelo contemplando llegar la noche y cuando finalmente el sol se ocultó, apoyó sus brazos en la cornisa. Comenzó a pensar en el propósito de su vida y en qué le esperaba a un hombre que lo había visto todo...

Mientras lo hacía, contempló una pareja caminando por la vereda de enfrente. Iban de la mano y al llegar a la esquina, él tomó suavemente el rostro de la muchacha y la besó en la boca. Garrett entonces obtuvo su respuesta. Amar era lo único que podía esperar el hombre que había vivido siglos. ¿Y si... Otorgar una segunda oportunidad a un hombre que era amado por una mujer devastada por su pérdida era una forma de amar? ¿Qué ocurriría si él decidía tomar el lugar del hombre que Ned debía revivir?

«He esperado siglos para amar, lo he hecho todo, lo he visto todo... Y nunca ha ocurrido. Quizás nunca ocurra, quizás mi propósito no está en vivir una historia de amor, sino en posibilitar una con mi muerte. Y eso sería aprender lo que es amar.» Pensó. Entonces decidió que se lo diría a Ned, pero al dar dos pasos hacia la pastelería se dio cuenta... Lo que está muerto no puede morir.

Garrett entonces se sentó y pensó largamente. Si Ned podía darle vida a los muertos, pero no era sangre lo que corría por sus venas y aún así podía matarlos al segundo toque... ¿Por qué no funcionaría con él?

No se puede matar lo que está muerto, pero Ned podía revivir a los muertos y volverlos a su estado. Si bien todo era producto del don y la magia del pastelero, tenía pruebas a su favor. Charlotte le había contado una anécdota en la que Ned había entrado a una habitación llena de animales embalsamados y al tocarlos los había vuelto a la vida aun cuando los animales no poseían ningún fluido u órgano que indicara que pudieran volver a vivir.

Si el don no discriminaba entre especies o condición física para dar vida, tampoco debía hacerlo para quitarla, y daría lo mismo si fuera un humano o un vampiro. Su propio don no podía matarlo... Entonces, si solo se encontraban el muerto, Ned y Garrett en la escena lo suficientemente alejados de las demás personas... Él debía tomar el lugar del hombre que el pastelero reviviera.

Garrett contempló las estrellas en el cielo que lo habían iluminado por siglos y se dijo basta. Basta ya de vivir como un asesino nómada que se alimentaba de humanos. Llevaba años en esa vida que no había pedido, pero que no podía dejar ir y se presentaba la oportunidad de solucionarlo finalmente y por siempre.

El vampiro entonces bajó hacia el Pie Hole sabiendo que le daría a alguien un final feliz y que en consecuencia recibiría el suyo propio. No como lo había pensado en su larga existencia... Pero a veces las cosas no se dan de la forma en que pensamos que lo harán. Solo suceden, con el propósito de llegar al mismo fin pero por otro camino. Él obtendría un final feliz, no amando a alguien por toda la eternidad como suponía que sería, pero obtendría un final que le daría amor a alguien más... Y eso lo hacía feliz.

Tocó la puerta de la pastelería que ya se encontraba cerrada. Olive se apresuró a abrir desde adentro y lo dejó pasar con una amplia sonrisa en su rostro. Estaba loca por ese vampiro... Y por Ned. Las cosas para ella se complicaban cada vez más.

Garrett se unió a la mesa preguntando si la mujer ya sabía de su existencia y naturaleza. Ned dijo que le había explicado todo, pero que Calpernia quería verlo por ella misma. Así fue como el vampiro se quitó los lentes oscuros que traía y luego de enseñarle sus ojos, platicó largamente con la mujer.

Unas horas después, Calpernia regresó al cuarto de hotel que había rentado por esa noche y el resto de la familia regresó a sus hogares apenados por la noticia que acaban de recibir. Garrett tenía planes. Él tomaría el lugar del amado de Calpernia sin importar lo que ninguno de los presentes pudiera decir. La decisión estaba tomada y alguien debía sacrificarse. Incluso la propia Calpernia replicó e insistió en que era una locura, pero luego de exponer sus razones y hacerle entender que era su deseo, la mujer rompió en llanto agradeciendo al vampiro el sacrificio que ella jamás podría devolverle y las palabras de agradecimiento que ni en una eternidad serían suficientes.

Al llegar al edificio de Ned, Garrett se detuvo en el pasillo frente a una puerta que no era la del pastelero y habló dulcemente hacia la estructura de madera.

—Sé que estás ahí... Olive.

Garrett oyó un gemido lastimoso proveniente del otro lado de la puerta. Olive estaba en el suelo del vestíbulo de su apartamento llorando por lo que acababa de oír. ¿Por qué Garrett debía sacrificarse? ¿Por qué las cosas nunca iban bien para ella? ¿Por qué los hombres a los que había amado no podían amarla? No habría funcionado con Ned, pero había encontrado a alguien más que le recordaba aquellos sentimientos tan bellos al principio y tan dolorosos en la actualidad, aunque tampoco tendría una chance con él porque era un hombre condenado a una muerte que él mismo había elegido.

Esos meses que habían compartido se había sentido como una vida, una pacífica existencia donde todo lentamente se iba acomodando. Ella mantenía gentiles charlas con él, quien se mostraba muy amable, y a pesar de su naturaleza, que hubiera hecho que el vampiro la deseara solo como alimento, esto no había ocurrido.

En un tiempo efímero para la inmortalidad de Garrett, Olive se había encariñado con él y ahora tenía que dejarlo ir. No solo debía ver cómo el hombre que había comenzado a querer desaparecía de su vida, sino que tenía que mantener una última charla con él... Y eso era placenteramente doloroso.

—No me dejarás pasar así que tendremos esta conversación puerta de por medio. —anunció el vampiro sabiendo que no habría otra forma—. Debo hacerlo, Olive. Le he tomado cariño a esta pequeña familia que conforman Ned, Charlotte, Emerson y tú, pero siento que es mi deber. He vivido tanto esperando encontrar lo que busco que ya no quiero seguir haciéndolo. Si con esta muerte puedo darle una historia de amor a alguien más, he de hacerlo. Después de todo, ellos también son mi familia y no puedo verlos sufrir. —confesó—. Pero debes comprender... Que las circunstancias no te atacan exclusivamente a ti y que tampoco quiere decir que no esté pensando en lo que te ocurre, ni que no me preocupe. Porque si algo te ocurriera y Ned debiera despertarte, también tomaría tu lugar. Deseo que los mortales vivan, y es irónico que diga esto cuando me alimento de ellos y debo verlos morir, pero más que nada tengo este deseo para las personas cercanas a mí. Jamás he tenido una familia desde que me convirtieron, jamás pude regresar a buscar a los míos. Me hubieran atacado y hubiera sido aún más doloroso que alejarme de ellos. Ahora que he encontrado a personas que me aceptan y a las que quiero a mi lado, personas a las que no atacaría ni aunque estuviera muerto de sed, no me atrevo a verlas sufrir sin hacer nada al respecto. No quiero irme, pero estoy aquí por una misión que un hombre me ha dado y es ayudar a Ned con nuestra familia para encontrarles un final feliz. Y no quiere decir que esto no me duela... —aclaró—. pero así deben ser las cosas. Olive, encontrarás algo maravilloso y dejarás de llorar. Nunca olvidas a las personas que amas, pero sigues adelante sabiendo que lo diste todo. Sé que amas a Ned, puedo verlo en tus ojos, y sé que él ama a Charlotte... Las cosas solo suceden, pero que se den así no te hacen desdichada, sino que te preparan para algo mejor. Lamento que creyeras que yo podría ser ese algo mejor... No lo soy. —comentó muy seguro—. No podría vivir una vida contigo sabiendo que el paso de los años me harían perderte, y no podría convertirte en un monstruo. No soy lo suficientemente cruel. Quisiera poder otorgarte el final feliz que tanto deseas, pero no puedo hacerlo... Mi misión está con alguien más, pero a lo largo de estos siglos he visto muchas cosas y de algo estoy seguro, el amor siempre llega, aunque no sea de la forma en que lo pedimos. No te perderás de sentirlo y vivirlo plenamente, te lo prometo. Adiós Olive, eres una persona maravillosa.

Garrett se levantó del suelo y comenzó a caminar hacia el apartamento de Ned pero se detuvo al escuchar sonido del cerrojo en la puerta de Olive. Ella salió al pasillo con los ojos llenos de lágrimas y corrió a abrazarlo. El vampiro por primera vez en su nueva vida sintió el calor de un abrazo humano y no tuvo deseos de atacar. Envolvió la pequeña espalda de Olive, que aun lloraba, y se quedó en silencio por un momento... Solo esperando. Sería el último abrazo que recibiera esa noche.

El vampiro meditó sobre la posibilidad de visitar a Charlotte. Quería despedirse de la chica que olía a inmortalidad y que podría haber despertado un sentimiento más poderoso en él que cualquier otra persona en el mundo... De no haber sido por Ned. Decidió que no haría eso, pero en su lugar, regresó al campo de margaritas de la ciudad, armó un pequeño ramo y lo dejó en la puerta de su apartamento. Finalmente entró a su hogar temporal, donde Ned se había quedado dormido en el sofá.

Tocó delicadamente su brazo en la parte cubierta por el suéter del pastelero para no perturbarlo con la frialdad de sus manos y susurró su nombre. Ned despertó y se propuso continuar con la tarea pendiente: Elegir el lugar más remotamente posible dentro de la ciudad donde llevar el cuerpo de Barry. Garrett preparó café para Ned mientras este acomodaba el mapa en la mesa del comedor para tener una mejor organización. Sería una noche larga para el pastelero y solo un día más para el vampiro.

A la mañana siguiente todo estaba listo. Garrett convenció a Ned de dormir al menos dos horas para viajar más tranquilos. No irían lejos, pero no sería fácil. Debían recorrer unos kilómetros en el vehículo del pastelero y luego un largo tramo colina abajo por un remoto bosque en las afueras de la ciudad que desembocaba a un lago. Nadie conocía el lugar, por lo tanto jamás había personas merodeando cerca.

La locación fue propuesta por Garrett que había sido citado por el hombre misterioso en ese lugar en su primer encuentro. Habían decidido ese punto del mapa sabiendo que podrían hablar tranquilos sin tener que esconderse de las personas que pudieran descubrir que Garrett era un vampiro.

Mientras Charlotte ponía en un florero el ramo de margaritas encontrado en su puerta y Olive dormía luego de una noche pesada, Ned y Garrett subían al auto y conducían hasta el lugar donde habían citado a Emerson, que se encargaría de trasladar el cuerpo con la excusa de enterrarlo en el cementerio local. Barry no tenía familiares vivos por lo que nadie reclamó el cadaver y fue entregado al detective y a Calpernia sin ofrecer demasiada resistencia.

Al cabo de unas horas, los cuatro se encontraban en el bosque. Emerson se retiró con la orden de buscar a Calpernia y traerla al encuentro con su amado vuelto a la vida y dejó al pastelero con el cadáver de Barry y el vampiro. Cuando calcularon que Emerson estaría fuera de la zona y por ende fuera de todo peligro, Ned desenvolvió el cuerpo y se preparó mentalmente para lo que haría.

—Va a necesitar cirugía luego de esto, su cuerpo no se ve bien. —Garrett observaba el cadáver de Barry que había sido víctima de múltiples golpes con un bate de béisbol.

A su vez, Ned observaba al vampiro como si estuviera preparado para lo que ocurriría y de un momento al otro se le figuró que estaría matando a un hermano. Solo llevaban unos meses juntos, pero la falta de afecto familiar a través de los años había hecho su efecto y estuvo a punto de llorar por lo que debería hacer.

—¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? —preguntó Ned con la esperanza de que Garrett se retractara.

—Le daremos a Cali su final feliz, y yo obtendré el mío, Ned. No hay vuelta atrás... Hagámoslo. —ordenó el vampiro.

Ned se preparó para despertar al muerto, pero antes de entrar en contacto, se giró nuevamente hacia Garrett.

—¿No hay nada que quieras decirme antes? —indagó. Garrett apuntó su mirada roja hacia él y sonrió divertido.

—Me hubiera gustado ser mortal para probar tus tartas. —confesó con gracia—. Solo tuvimos este corto tiempo juntos, pero creo que eres la mejor persona que he conocido en mi vida y mira que he vivido muchos siglos. —agregó. Ambos sonrieron tiernos—. Me apena terriblemente dejarte y dejar a los tuyos, pero debo hacer esto. Debemos hacerlo...

Garrett se tumbó en el suelo, al lado del cuerpo de Barry y miró a Ned una vez más antes de poner la vista en el cadáver.

—Quiero ver cómo ocurre, pero no quiero verte cuando me pase. Así que cerraré mis ojos y solo pasará, ¿Está bien?

Ned asintió y preparó su reloj. Se agachó junto al cuerpo y estiró su brazo hacia la mano de Barry para tocarla. Un milímetro antes de hacer contacto con su piel... Quitó el dedo rápidamente y se irguió.

—No puedo hacerlo. ¡No puedo hacerlo! —chilló molesto.

—Ned... —Lo llamó el vampiro casi ordenándole despertar a Barry.

—¡No! No lo haré, Garrett. No te dejaré ir, no.

Ned comenzó a caminar por el bosque buscando el camino de regreso al automóvil. Garrett lo llamó reiteradas veces sin obtener respuesta por lo que se levantó y corrió disparado como un rayo hacia él. Un segundo después posó su manos sobre los hombros del pastelero y le ordenó hacerlo. Ned volvió a negarse e intentó forcejear con el vampiro que sin esfuerzos lo envolvió con sus brazos y lo llevó de nuevo hasta el cadáver de Barry. Logró tomar con fuerza uno de sus puños y acercarlo al cuerpo de la víctima. Entre forcejeos casi inútiles, la extremidad de Ned rozó la piel del difunto y este volvió a la vida. Estaba hecho.

Garrett tomó los brazos de Ned y los sostuvo firmemente en su espalda. Lo obligó a arrodillarse y con gran pesar le habló al oído.

—No quiero lastimarte, pero tenemos que terminar con este trabajo, sabes que tenemos que hacerlo. Lo siento por tomarte tan fuerte, jamás lo hubiera hecho pero no me diste opción. Eres una gran persona Ned, y seguirás ayudando a los demás con tu don. Nunca voy a olvidarte.

El minuto pasaba con rapidez. Garrett podía verlo en el reloj de Ned y solo contaba los segundos que le quedaban para despedirse de esa vida, de esa inmortalidad no consentida que se le había otorgado y lamentó no poder amar, pero no se arrepintió de darle la oportunidad a Calpernia.

Soltó a Ned en el segundo cincuenta y nueve y se desplomó sobre la hierba espesa del bosque esperando encontrar la muerte al sentir el golpe contra el suelo...

Ned se volvió gritando hacia él pero se frenó unos milímetros antes de encontrarse con su cuerpo... El terror lo invadió al ver la escena. El vampiro seguía con vida.

Garrett levantó su cabeza con preocupación y vio a Ned, luego miró a Barry que gritaba no entendiendo lo que ocurría y lo supo... Si él no había muerto y el cadáver ya era un vivo otra vez, alguien más estaba en el bosque... La desesperada incertidumbre entonces los invadió a ambos. ¿Quién había tomado su lugar?

Unos metros más lejos de donde Ned y Garrett se hallaban, se sabía la respuesta. Un pequeño sujeto de cabello largo y oscuro miraba con sus enormes y expresivos ojos azules a otro de bella tez blanca y facciones finas con su largo cabello rubio revuelto en el musgo del bosque. Se había desplomado segundos antes y no respondía a los llamados del pequeño sujeto que lo golpeaba despacio con sus pesadas y enormes botas de cuero con punta de plata.

Este se volvió algo asustado a la esbelta figura de pie detrás suyo que tenía características similares a las del sujeto en el suelo y miraba con interés la escena entre el pastelero y el vampiro. El pequeño habló entre dientes con una voz cavernosa que en su lugar de origen hubiera retumbado en las paredes haciéndola aún más poderosa.

—Tu soldado está muerto. —informó.

—Imposible —dijo su acompañante sin mirarlo y con aire de sabiduría—. Goza de buena salud y además no podemos morir de enfermedad, no somos como ustedes los mortales. —agregó acomodándose las mangas de la pesada túnica gris plata finamente adornada que llevaba y al hacerlo, el revés de seda rojo quedó un poco a la vista.

—Di lo que quieras, Thranduil, pero ese elfo está muerto. —insistió Thorin.

El rey del bosque negro se volvió con un gesto elegante pero preocupado hacia Thorin Escudo de Roble, que lo observaba desde una estatura mucho menor y apuntando con su brillante espada al soldado del elfo, quien se hallaba efectivamente muerto sobre la hierba oscura.