Garrett le pidió a Ned que se quedara en donde estaba e intentara tranquilizar a Barry. Casi al mismo tiempo que Emerson y Calpernia estacionaban el auto a un costado de la ruta para emprender la caminata hacia el encuentro con ellos, el vampiro corrió, a la velocidad que ellos corren, por todo el bosque en busca de la cuarta persona que hubiera tomado el lugar de Barry. No pasó mucho tiempo hasta que se frenó al lado de Thranduil, que yacía arrodillado cerca de su soldado muerto mirándolo apenado. Thorin estaba de pie a su lado y se sorprendió tanto al ver la figura del vampiro solo emerger de la nada, que dio un respingo despertando la curiosidad de los presentes. Balbuceó asustado mirando a Garrett.

—¿Qu... Qui... Quién eres tú? ¿Y de dónde... Saliste? —indagó apuntándolo con Orcrist, su flamante espada.

Thranduil miró de reojo a Garrett, y antes que este pudiera presentarse, se puso de pie y habló.

—Ya deja eso. Él es a quien buscamos.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Thorin enfundando su espada.

—Solo míralo. —El rey se irguió junto a Garrett y lo observó detenidamente. El vampiro se mantuvo serio en todo momento, sin decir una palabra—. Las mismas facciones, la misma estatura. —Lo miró de arriba a abajo—. La misma contextura física. Solo hay un par de diferencias entre nosotros... El cabello, el vello facial, el color de ojos, y mi inmortalidad, por supuesto.

Garrett clavó sus ojos rojos en Thorin. Este rodó los ojos indicándole que a él también le caía pesado el aire de superioridad que Thranduil siempre parecía manejar. El vampiro dejó que el elfo terminara de hablar y finalmente acotó:

—No. —negó sonriendo desde su lugar—. Te equivocas...

Thorin se cruzó de brazos divertido, amaba cuando alguien contradecía a Thranduil, el gran y perfecto rey del bosque negro que jamás cometía ni un solo error. Sólo sarcasmo en la mente del enano que no podía evitar sonreír iluminando su rostro y haciendo que aparecieran bellas arrugas alrededor de sus ojos. Garrett prosiguió.

—No soy yo a quien buscas y además... No eres el único inmortal aquí. —confesó.

Thranduil pestañeó lentamente intentando recordar si el sujeto que lo había enviado allí había mencionado algo sobre la inmortalidad del hombre al que buscaban. El movimiento de sus pestañas era sutil pero lleno de gracia, tanto que hasta a Garrett, que nada lo impresionaba, le pareció hipnótico. Lo observó un poco mejor y notó que el rey era increíblemente hermoso, tanto como él que había sido dotado de una gran belleza realzada al convertirse en vampiro y pensó que eso sería un problema para competir por el corazón de Charl... «UN SEGUNDO. Charlotte es de Ned. Quita ese pensamiento de tu mente, Garrett,» se dijo y continuó con su tarea de investigación.

Evidentemente estaban relacionados, pero ¿Qué era lo que le daba la inmortalidad a ese hombre? ¿Y por qué llevaba una tiara? Su largo y lacio cabello rubio cayendo esplendoroso sobre la túnica gris le hacía perder un poco el hilo. Era encantador. El vampiro decidió hablar al notar que Thranduil lo miraba con gesto severo.

—Mi nombre es Garrett, y soy un vampiro. —Thranduil entrecerró los ojos intentando adivinar el significado de aquella palabra. Garrett lo intuyó y se explayó solo un poco más—. Mi cuerpo una vez tuvo un corazón que latía, pero la cualidad que ahora me ata a la vida es precisamente la falta de ella. Se podría decir que estoy muerto y a la vez no. —agregó—. Estoy condenado a una inmortalidad que me permite muchas cosas y me priva de otras. Tal vez con el tiempo llegues a entender todo sobre mis... ¿Peculiaridades? —dudó. Los recién llegados lo miraban extrañados y confundidos—. No las mencionaré ahora porque no quiero perturbarlos con la originalidad de mi dieta y tampoco es lo importante. El asunto es que... —retomó para resumir, pues se dio cuenta que los estaba mareando con tanta información—. Te preguntarás porqué somos iguales y no soy el sujeto que buscas. Bien, eso es porque somos muchos. A quien realmente quieres ver, creo, es a Ned. ¡Ned! LOS ENCONTRÉ, VEN. —Garrett levantó la mano al pastelero, que se hallaba junto a Calpernia. Emerson se encontraba en ese momento ayudando a Barry a subir al auto y explicándole un poco lo que acababa de ocurrir. Al verlos, el pastelero y la dama se acercaron intrigados—. Ya verán que somos más que dos.

Ned llegó al lugar y al notar el parecido con el rey elfo se sobresaltó, pero lo que realmente le importaba era otra cosa.

—Garrett, ¿Dónde está? —preguntó preocupado.

—¿Quién? Oh, él. —Señaló al soldado muerto—. Aún no me dicen quién es.

—Es uno de mis soldados, una buena criatura del bosque... Pobrecillo. —informó Thranduil—. Eru decidió llevárselo quién sabe con qué planes. No entiendo lo que ocurrió.

—¿Qué haremos con él? Esto... Esto está mal. —Ned se paró a los pies del soldado, algo triste sabiendo que no podía tocarlo porque si lo hacía todos los presentes correrían peligro.

—No hay nada que pueda hacerse, está muerto. —Thranduil se acercó al pastelero y este se volvió amable a él.

—Oh lo siento, que descortés de mi parte. Soy Ned, y tú eres...

—Thranduil Oropherion, rey del bosque negro. —El elfo ladeó su cabeza en señal de respeto y Ned estiró su mano. Se quedó esperando que la estrechara pero eso no ocurrió.

—Es un placer conocerte, aunque lamento las circunstancias... Realmente lamento lo que pasó con tu soldado. —Al ver que el rey solo miraba su mano sin hacer nada, la retiró. Garrett rió y todos lo miraron.

—Lo siento, ¿si? Es que toda esta situación está mal. Tú no puedes revivir a ese soldado, él no comprende tu saludo y ¡Es un rey! ¡Del bosque negro! ¿En qué parte de Europa queda eso? Jamás oí hablar de ese bosque... Reinado. Disculpa.

Thranduil se indignó ante la burla del vampiro, y Thorin que de momento solo se divertía con la situación, objetó.

—Te dije que esto era la parte inexplorada de la Tierra Media.

—¿Tierra Media? —Garrett, Ned y Calpernia hablaron a la vez. En ese momento los hombres notaron la presencia de Cali.

Thorin observó a la mujer sonriendo de lado.

—¿Quién es esta fina y delicada dama?

Garrett intentando resolver el asunto, habló rápido.

—Es nuestra prima. Ha venido a resolver unos asuntos pendientes... Con la familia.

Calpernia y el vampiro se miraron con complicidad. Los clones podían entender la presencia de Thranduil pero no comprendían el asunto que había llevado al enano a ese lugar y mucho menos el motivo del soldado que yacía muerto en la hierba.

Calpernia se acercó más a ellos. Pues ahora su humor había mejorado significativamente y se alegraba de estar en el centro de la conversación.

—Soy Calpernia Addams y ya esclarecimos mi parentesco pero... ¿Quién es usted apuesto caballero? ¿Y de dónde ha venido? —preguntó la chica con un ligero coqueteo.

—Thorin Escudo de Roble, hijo de Thráin, hijo de Thrór, rey enano de Erebor y heredero de Durin, bella dama. —Se presentó el enano con una reverencia.

Ned comenzaba a impacientarse.

—Muy bien, muy bien, ya todos nos hemos presentado. —dijo inquieto—. Ahora díganme, ¿Qué podemos hacer por él? —Señaló el cadáver del soldado.

—Debemos quemar su cuerpo. Es un soldado después de todo, no necesita una tumba pero merece sus honores. —anunció Thranduil con pesar.

—Disculpe majestad... —El vampiro se acercó a Thranduil—. ¿Solo van a quemarlo? ¿Así nada más? —preguntó inconforme.

—Está muerto, ¿Qué sugieres que haga con él? —indagó Thranduil arqueando una ceja.

—Bueno...

Un momento después, Calpernia se despedía de sus "familiares" y se adentraba en el camino hacia el automóvil de Emerson que los llevaría a ella y su amado Barry hasta su hogar lejos de la ciudad.

Ned se hallaba de pie en medio del bosque con Thranduil y Thorin cuando un ahora mucho más ágil Garrett se unió a ellos. «Ya está listo.» dijo y añadió: «Ya me alimenté.»

Un rato después del rito funerario, los tres clones y el enano se encontraron caminando hacia el coche de Ned y platicando sobre sus vidas para conocerse mejor. Esta vez fue diferente que con Calpernia; todos tenían muchísimas preguntas que hacer sobre el otro. Ned estaba intrigado por la naturaleza real del elfo y el enano así que con Garrett se encontraban muy atentos a la descripción de la vida y la tierra de la que provenían. Los reyes a su vez quedaron muy sorprendidos al final del recorrido con el auto de Ned, al que llamaron la carreta extraña.

«No es una carreta.» dijo Thranduil, a lo que Thorin respondió: «Si lo es, ¿Qué no ves sus ruedas?»

«No es una carreta, es un auto.» Aclaró Garrett. «¿Un qué?» , contestaron los dos confundidos.

—Así que... ¿Cómo llegaron aquí? —Ned apartó la vista hacia la carretera y vio que a lo lejos se asomaba otro auto. Eran Olive y Charlotte.

—Tomamos un bote en el mar y fuimos al oeste como el humano nos había dicho. —explicó Thranduil. Ned aún no comprendía quién era ese hombre que advertía a todos los clones, pero Garrett si lo sabía. Ambos permanecieron en silencio—. Creímos que habíamos encontrado las Tierras Imperecederas pero en lugar de eso llegamos aquí, nos adentramos en el bosque y los descubrimos, o mejor dicho, él nos descubrió. —Thranduil miró a Garrett—. Aún tenemos mucho que aprender, pero antes de eso... Tenemos que hablar del asunto que nos trajo a esta tierra.

—Pues no será aquí —acotó Ned y corrió al encuentro con Charlotte para frenarse frente a ella lo suficientemente cerca para admirarla pero lejos para protegerla. Ambos utilizaron sus manos para rodear su propio cuerpo y hacer de cuenta que se abrazaban mientras se miraban con ternura.

Por otro lado, Olive se bajó del auto y observó con pena a los enamorados, pero su semblante cambió a una alegría jamás experimentada por ella al oír una voz igual a la del pastelero, pero que sabía que no le pertenecía a él.

«Hola Olive...» dijo lenta y dulcemente Garrett y ella se aferró a su pecho entre lágrimas. «Vine a darte el último adiós, pero... ¿Cómo es posible?» le preguntó con sorpresiva alegría, a lo que él le respondió que si últimamente podía creer en vampiros y pasteleros que revivían muertos, entonces también podía creer en los milagros. La rodeó con sus brazos y nuevamente sintió la calidez de los humanos. De alguna forma ese contacto lo hacía sentir muy bien.

Ambos reyes observaban la escena intrigados...

—¿Eso es amor? —preguntó Thorin que jamás lo había experimentado por nadie en sus ciento noventa y cinco años de vida.

—Ha pasado tanto tiempo que ya lo he olvidado. —respondió Thranduil fingiendo desentenderse del tema.

El rey del bosque mintió. Recordaba muy bien la sensación de amar que había tenido con su esposa. Desde la primera desesperación ante la falta de aire que había experimentado al verla por primera vez en el bosque, cuando su belleza había cortado como una afilada daga no solo el tiempo, cuando todo se detuvo en un instante, sino también la respiración del rey, que en ese momento era un joven príncipe que disfrutaba de dar largos paseos sin ninguna preocupación más que ser un gran aprendiz de monarca.

Al conocerla mejor, la delicadeza de esa criatura para cortar los frutos de los tallos pidiendo perdón a la naturaleza por arrancarle una parte de sí misma y agradeciendo a Eru y los Valar por la bendición de los árboles, hicieron que el corazón del rey se agitara y creciera en él el ansia de tenerla en sus brazos, de besarla primero con delicadeza y luego apasionadamente. También recordaba con nitidez el choque eléctrico como un rayo que recorrió su cuerpo y se depositó en su estómago como mariposas revoloteando al rozar accidentalmente sus dedos en una celebración que su padre había hecho para el reino. La doncella elfa de largos cabellos rubios y profundos ojos azules había llevado una ofrenda a su rey y Thranduil, al acercarse a tomar la cesta de frutas en señal de agradecimiento, había rozado sutilmente sus manos con las de ella. De no ser porque su padre estaba observando la escena hubiera dejado caer la cesta al suelo solo para tomar esas blancas y suaves manos como mármol tallado.

Solo un corto tiempo bastó para que la doncella se convirtiera en su esposa. Thranduil recordó... Y sufrió. Garrett se acercó a él para preguntarle si estaba bien y lo obligó a salir de su ensoñación dolorosa.

Mientras tanto, Thorin tenía su mirada fija y curiosa sobre la criatura más encantadora del mundo. Era más pequeña que él... Definitivamente tenía que ser una enana, pero... ¿Dónde estaba su barba?

El linaje de Durin y la población de su reino en Erebor le habían enseñado que incluso las enanas llevaban una elegante barba, su hermana Dís tenía una y a él eso jamás le había resultado atractivo. Se repetía a sí mismo que no era el vello sino la criatura lo que no le agradaba, ya que había rechazado a cada posible princesa que su padre y su abuelo le habían presentado, pero era hora de aceptarlo, no era la enana, era su barba.

Y esta enana no llevaba una. Al contrario, su rostro se veía suave y cuidado. La cabellera rubia de Olive se le hacía un sol resplandeciente y la gracia con la que sonreía hacía que Thorin la imaginara con un largo vestido blanco adornado con hilos de oro y una corona de flores frescas sobre su cabeza, uniendo su vida a él y jurándose ambos amor eterno en uno de los imponentes salones de Erebor... Estaba contemplándola embelesado cuando ella le devolvió una mirada curiosa pero al instante algo extraña, como si la imagen fuera desagradable, y se tomó del brazo del vampiro ignorando a Thorin.

El enano bajó la vista y se dijo que eso no era para él y que lo que lo traía de Erebor era un asunto de realeza.

Ned manejó de regreso con Chuck a su lado, mientras que los reyes fueron en la parte trasera y Garrett acompañó a Olive en el auto que los seguía. Al principio, Thorin sintió mareos por la rapidez con la que pasaban las imágenes del paisaje a su alrededor debido a la velocidad del auto. El rey Thranduil en cambio se encontraba maravillado observando cada botón y palanca dentro del vehículo y preguntaba su función mientras Charlotte le explicaba de la mejor manera posible.

...

Luego de ver tres clones el pastelero ya se ha acostumbrado al cuarto y sabe que son inofensivos, por lo tanto le ofrece a los reyes pasar la noche en su apartamento. Durante esa tarde le encarga a Garrett, que ya es como su hermano, averiguar qué es lo que necesitan, mientras él se ocupa del Pie Hole. Naturalmente su aspecto llamaría la atención de los clientes, por lo que ambos necesitan un cambio de imagen si es que pretenden quedarse unos días allí. Para eso Olive es experta. Por lo tanto Ned y Charlotte se hacen cargo de la pastelería mientras Olive y los demás van al apartamento de Ned en busca de ropa para los recién llegados.

—Somos de la misma talla, por lo que no será difícil contigo, elige lo que gustes, Thranduil. Respecto a ti... —Garrett miró a Thorin como si lo midiera—. ¿Qué haremos con él, Olive?

—No lo sé, pero primero tomará un baño. —resolvió la rubia echando una mirada de desagrado sobre el enano.

Thorin se sobresaltó un poco al oírlo. No está en la naturaleza de un señor enano bañarse con regularidad, pero por Olive... Oh por ella si podría hacerlo. La muchacha que lo trae sonriendo como un tonto preparó el baño para él y le explicó el funcionamiento de las canillas de la ducha y cómo se usaban los productos como el champú.

El enano no tardó en comprender el sistema pero se quedó maravillado al ver que el agua podía salir a la temperatura que uno quisiera, y al dejar Olive el cuarto comenzó a quitarse la pesada y sucia ropa que traía. Mientras el agua caía sobre su cuerpo meditó sobre la razón que lo traía a una tierra tan particular. La facilidad con la que su cuerpo podía quedar limpio y la calidez del agua en su punto justo, ni muy fría ni muy caliente, le bastó para fantasear con quedarse a vivir en ese lugar.

Lo que lo terminó de convencer fue la suavidad de las toallas que Olive había dejado sobre un mueble al costado de la bañera, en las cuales se envolvió antes de salir.

Mientras tanto, Thranduil cerró el placard y giró hacia Garrett.

—Nada de lo que hay aquí me agrada ¿Qué tiene de malo mi ropa? —Se quejó.

—Nadie en este siglo usa túnicas, Thranduil. —aclaró Garrett con desgano. Convencer al rey era difícil.

—De donde vengo están a la moda, no existe ningún elfo con tanta elegancia y gusto por la vestimenta que yo, creo que aquí no tienen sentido de la estética. —comentó el monarca casi como un insulto.

—Bien... —Garrett suspiró y se frotó la frente con la mano izquierda—. No estamos en tu tierra ahora, y creo que se te ve muy bien la túnica, pero aquí no se usan, llamarás demasiado la atención.

El vampiro se acercó al placard, lo abrió y tomó una camisa negra y un saco gris. Se le figuró que se vería elegante y al mismo tiempo el elfo no extrañaría su amada túnica. Luego tomó un pantalón gris de vestir, abrió una pequeña compuerta y tomó un cinturón de cuero.

—Esta es la moda aquí y se te verá fantástico, te lo aseguro.

Thranduil tomó las prendas de mala gana y comenzó a quitarse la ropa para cambiarse. Al desprenderse la chaqueta dejó al descubierto su imponente espalda a los ojos de Olive que venía entrando desde la cocina con té para todos. Por poco y derrama todo el contenido de la bandeja, pero se quedó estática en la puerta de la habitación con la boca abierta sorprendida ante semejante cuerpo.

No podía ser de otra manera, la curva que formaban los omóplatos con los movimientos del rey al quitarse la ropa y cuando se encorvó para tomar la camisa y al volver a erguirse; igual el momento en que giró y la mujer tuvo frente a ella la escultural imagen del pecho del elfo, que se veía fuerte y bien formado, hicieron que Olive sintiera que le faltaba el aire.

Garrett percibió la sangre de Olive bombeando más fuerte de lo normal y el tintineo de las tazas de té, así que de un momento a otro tomó la bandeja y agradeciéndole a Olive, le pidió que se retirara porque los hombres debían vestirse.

Thranduil rápidamente terminó de abotonarse la camisa, dejando los primeros dos botones sin abrochar. Así le gustaba, con el cuello libre. Luego tomó el saco y lo admiró... Amaba el color gris así que se lo probó y al verse frente al espejo le agradó la imagen.

—No es lo que acostumbro a vestir, pero debo admitir que es elegante. —dijo tirando del saco para estirarlo.

—Sí. —Garrett echó una mirada sobre la cadera del rey. Aún con el pantalón de su antiguo traje y las botas—. Te dejaré conservar el pantalón si quieres, pero las botas y la corona... fuera.

—¿Disculpa? —Thranduil sonó ligeramente ofendido—. No dejaré mis botas. Mucho menos mi corona.

Thorin salió del baño y se sentó envuelto en toallas a los pies de la cama, se cruzó de brazos, una posición característica de él, y observó a Thranduil.

—No será fácil convencerlo. —comentó—. Me encerró en un calabozo solo porque entré en su bosque e interrumpí su fiesta. Imagina de lo que será capaz si intentas dañar su imagen. De todas maneras, no te ves mal, Thranduil. —Se atrevió a halagar—. ¿Qué usaré yo? —preguntó echando una mirada curiosa al placard.

—Ya veremos eso, —dijo Garrett, que servía té—. Thranduil... —Se giró hacia él—. Botas... corona... fuera.

—No. —negó seguro el rey.

—Yo no dije que fuera opcional. Te las quitarás. —advirtió Garrett.

—Soy un rey, nadie me da órdenes. —resolvió caprichoso Thranduil. Se sentó en un pequeño sillón que Ned tenía cerca de su cama y lo adoptó como un trono; su figura denotaba autoridad y hubiera hecho que Garrett desistiera pero el vampiro tenía a cuestas un gran conocimiento de la realeza.

—No te diré el destino de las monarquías en este mundo. —expresó entregando una taza de té al señor enano—. Solo te diré que algunos miembros reales quedaron sin cabeza gracias a sus súbditos. Ahora no seas caprichoso y quítate esas botas, igual con la corona.

Nuevamente y de mala gana, Thranduil llegó a un acuerdo. Vestiría las botas y la tiara en la casa de Ned, pero para salir del apartamento llevaría elegantes zapatos de cuero y conservaría sus pantalones, pues le quedaban bien con el traje.

Por otro lado decidieron que el cabello lo llevaría suelto pero debía tapar sus orejas puntiagudas... No querían levantar sospechas.

—Tú puedes andar como un vampiro en público y yo no puedo mostrar mis orejas, ¡¿Qué clase de mundo es este?! —chilló el elfo.

—Uno en el que tú y yo somos el único espécimen real de nuestra raza. —informó Garrett—. Las personas no nos conocen, no tienen porqué saber que existimos. —agregó—. Por lo tanto yo llevo lentes oscuros y tú ocultas tus orejas. Además yo solo salgo muy temprano, cuando nadie, excepto Ned, se ha levantado y no me expongo nuevamente hasta que es de noche. Tomo mis precauciones, tú toma las tuyas.

—¿Qué hay de mí? —Thorin aguardaba por atención, por ropa; todo.

—Por suerte si existen enanos en este mundo, solo que son mucho más pequeños que tú y... —Garrett quiso seguir explicando, pero el hijo de Thráin lo interrumpió.

—Claro que sí, el linaje de Durin tiene los enanos más altos en su especie. De hecho, soy considerado el más alto de todos. —aclaró muy orgulloso e irguió su espalda sonriendo.

—Bien, pero no hay enanos reyes aquí y ninguno usa espada. —resolvió Garrett.

—Naturalmente usamos hachas. —intentó explicar el enano.

—Tampoco usan hachas. No llevan armas. —replicó Garrett.

Thranduil y Thorin se miraron extrañados.

—¿Y cómo se defienden de sus enemigos? —preguntó Thorin.

—Las personas solo hablan, ya no es necesario un duelo para aclarar las situaciones... Bueno, casi siempre dialogan. —enseñó el vampiro.

—Oh, dialogar... Algo que Escudo de Roble claramente desconoce. —Thranduil bebió un sorbo de té—. Mi reino por una copa de vino... —añadió con los ojos en blanco.

—¿Yo no sé dialogar? ¡Tú me encerraste en tu calabozo! —acusó Thorin levantándose de un salto.

—No quisiste cooperar... —Thranduil hizo un gesto con su mano restándole importancia al asunto.

—No iba a aliarme con un rey que le dio la espalda a mi pueblo en necesidad, elfo egoísta. —insultó apuntándolo con el dedo índice de una mano y sosteniéndose la toalla en la cadera con la otra.

—Y yo no sometería a mi pueblo a una masacre por un dragón, mortal testarudo. —respondió Thranduil.

—Porque eres un duende caprichoso. —volvió a insultar el enano.

—Y tú un codicioso gruñón. —replicó el elfo.

—¡Mira quién habla de codicia! Me ofreces ayuda a cambio de una parte de mi tesoro. —comentó Thorin chasqueando la lengua.

—No te daré mi ejército gratuitamente, ¿Qué esperabas? —expresó Thranduil sorbiendo té con elegancia.

—Al menos un poco de consideración siendo que dejaste a mi pueblo morir de hambre. —Le recordó el enano.

—¡¿Yo tengo la culpa de que los ataque un dragón?! —inquirió Thranduil llevándose una mano al pecho muy ofendido por la acusación.

Ambos estaban por tomar sus armas cuando el vampiro los interrumpió.

—¡Ya basta los dos! —Garrett dejó ropa deportiva sobre la cama—. Tú, pruébate eso... Y Thranduil, vamos afuera.

Thorin miró la ropa confundido pero decidió probársela, sabía que no iba a quedarle precisamente elegante porque el cuerpo de Ned y el suyo tenían varias diferencias, pero no podía aparecer con sus ropas en la pastelería. Así que lo primero que se probó fue la camiseta. Le quedaba bastante bien, así que en segundo lugar probó con el pantalón. Esta vez la imagen fue menos agradable. Salió como pudo de la habitación y encontró a Garrett, Olive y Thranduil hablando de lo elegante que se veía el rey elfo en su ropa nueva. Al ver al enano, los tres rompieron en risas.

—Si, claro, ríanse... pero alguien tendrá que solucionar esto. —dijo Thorin señalando sus tobillos.

Los pantalones eran de Ned, que le llevaba al menos unos cuarenta centímetros a Thorin, así que le sobraba mucha tela y hacía que arrastrara el pantalón como si fueran pantuflas. Olive se ofreció a arreglarlo para él y un momento después estaba listo.

Respecto del aspecto de Thorin, Olive observó su cabello un largo rato.

«No puedes salir así.» le dijo y decidieron que lo mejor sería deshacer sus trenzas y llevar su cabello completamente atado. Al principio el enano se resistió, pero en cuanto Olive comenzó a jugar con su él sintió tanto placer que se quedó quieto y sonriente. Era como un gato siendo acariciado por su dueño, solo le faltaba ronronear.

Cuando todo estuvo listo, el vampiro, la camarera y los dos reyes partieron al Pie Hole. Se sentaron en una de las mesas junto a la ventana que estaba compuesta por dos sillones amplios con cuerina de color verde musgo y crema y una mesa clara en medio. La luz que entraba por la ventana y el aspecto redondeado del local le recordaron a Thorin la casa de su amigo hobbit, Bilbo, mientras que a Thranduil le agradó el tono de verde que se repetía en todo el local. Le recordaba a su hogar, aunque definitivamente lo que le faltaba a los salones del rey era el dulce aroma de las tartas que inundaba el aire del Pie Hole y que hizo que no pudiera decidirse por un solo gusto, por lo que pidió cinco mini tartas de las que Charlotte solía hornear. Lo que lamentó fue no poder acompañar la de frutos del bosque con el delicioso vino de Esgaroth que compraba y almacenaba en una gran bodega en su reino de Mirkwood.

Thorin comenzó pidiendo una porción de pie de manzana pero dejó la carta a su lado sabiendo que probablemente probaría todas las especialidades del pastelero, ya que el apetito de los enanos parecía no saciarse jamás.

Finalmente Olive y Ned intercambiaron turnos y este pudo unirse a la mesa de los caballeros para conversar sobre su aparición. El pastelero sorprendido por el nuevo look de los viajeros se sentó al lado del enano, mientras que Garrett se encontraba a un lado de Thranduil que miraba maravillado la ventana, viendo los autos pasar.

—Necesitaría uno de esos, ¿Imaginas? —Le comentó a Thorin—. Tardaría mucho menos tiempo en recorrer los reinos. —Todos lo miraron extrañados, especialmente el enano—. No me malinterpreten, amo mi alce pero incluso para él debe ser cansador cargarme por días en un viaje.

—Hablando de viajes... —Ned juntó sus manos sobre la mesa—. ¿Qué los trajo aquí?

—Un bote. —dijo Thorin y se llevó un gran pedazo de tarta a la boca.

—Creo que se refiere al propósito del viaje. —Thranduil vio al enano comer su porción como si no hubiera comido en seis meses y le dio algo de repulsión, él había cortado un pequeño bocado que sostenía delicadamente en su tenedor mientras Thorin con la barba repleta de migajas parecía estar al borde de lamer el plato vacío—. Tenemos un problema. Es una historia larga, pero la resumiré para ti. Un dragón atacó la ciudad de los enanos y se quedó con todo su oro. Doscientos años después, guerras de por medio, los enanos comenzaron un viaje con Thorin a la cabeza de la compañía para matar al dragón y reclamar el trono, pero no podía hacerlo sin una piedra preciosa particular que le daría el derecho de reinar, la piedra del arca. Curiosamente la piedra se hallaba en Erebor, debajo del dragón. Para eso contrataron a un mediano, un hobbit... —Ned y Garrett se miraron extrañados, ninguno de los dos había escuchado hablar de hobbits en su vida, si de elfos y enanos, pero nada sobre hobbits así que interrumpieron al rey.

—¿Qué es un hobbit? —preguntó Garrett.

—Una raza de individuos de nuestra tierra. Son seres pequeños pero muy hábiles, no acostumbran a tener aventuras y no miden más de un metro. Aman la comida y las comodidades de su hogar. —Thorin sentía que describía a Bilbo a la perfección, excepto por lo de tener aventuras, su hobbit había pasado por mucho.

—Aaah, son niños. —dijo Ned.

—No, para ustedes podrían parecer niños, pero hay niños hobbits, y hay hobbits adultos, otros ancianos... Son mortales como ustedes, pero no tienen vidas muy largas, por eso viven felices en sus agujeros en la tierra. Son cómodos, se parecen a este lugar. —aclaró el enano.

—Oooh, nunca he visto un hobbit. —Garrett y Ned hablaron a la vez y al ser su voz exactamente igual provocaron un efecto estéreo en el local.

—Bien. —Thranduil bebió un poco de té—. El asunto es que un hombre mató al dragón luego de que el hobbit ingresara a la montaña y lo despertara. La bestia antes de morir atacó una ciudad de humanos muy cerca de Erebor... Un asunto terrible. A todo esto, el hobbit halló la piedra pero en lugar de darsela a Thorin, la trajo a mí.

—¿Por qué no se la dio a él? Es suya. —preguntó Garrett.

—Thorin... Diles porqué no te dimos la piedra. —comentó Thranduil bajando la vista a la mesa.

—¡Porque son unos sucios ladrones de las reliquias de mi pueblo! ¡Solo quieren mi oro! —espetó el enano y golpeó el puño en la mesa haciendo que todos los platos y tazas saltaran—. TRAIGAN MÁS TARTA.

Thranduil miró a Ned y Garrett con expresión algo burlona. Mientras Olive corría con nuevas porciones hacia la mesa, el rey elfo aprovechó la distracción del enano para finalizar el relato.

—Por eso mismo, por la enfermedad del dragón. Thorin se volvió completamente loco por la codicia y se rehusó a pagarle al hombre que había matado a la bestia y con el que estará en deuda de por vida. Al oír la noticia de la muerte de Smaug y los destrozos que había causado en Esgaroth, decidí emprender el viaje con provisiones para ayudar a los humanos y me encontré con ese panorama. La piedra llegó a mí y decidí intercambiarla a cambio de una parte del tesoro. Es incalculable la cantidad de oro que los enanos guardan en esa montaña, en su reino, así que no representaría una gran pérdida para ellos. Los humanos la necesitan para reconstruir sus vidas y su ciudad. Thorin, ahora proclamado rey de Erebor, se rehúsa a pagarnos así que estamos a punto de irnos a la guerra.

—Estábamos dirás. —acotó Thorin y volvió a comer.

—Sí, estábamos, porque mientras me encontraba preparando las armas, un hombre llegó a mi tienda con un mensaje. Al principio no quise escucharlo, estaba muy ocupado con los planes de ataque, pero comenzó a hablar de la guerra que se avecinaba y que tendría un fin trágico pero que él podría evitarlo. Pensé que el hombre estaba loco, pero al levantar la vista y prestarle atención para dar la orden de llevárselo de mi tienda, noté que teníamos mucha similitud. Él lanzó esto a la mesa y me pidió que lo leyera, y que si quería saber más al respecto, lo buscara a orillas del lago.

Thranduil lanzó a la mesa una carpeta negra de plástico con tapa transparente. Ned la giró para leerla mejor y notó que era un guión. En ella se encontraban los nombres de los reyes y se mantenía un diálogo en los salones del rey elfo. El nombre del monarca del bosque estaba resaltado en naranja.

—Thorin tiene una igual. —explicó el elfo—. El hombre, que también fue a verlo, le dijo que esa no le pertenecía a él, sino a alguien más. Que la había tomado prestada de otro humano. La suya tiene la conversación que mantuvo en la casa del hobbit con su nombre resaltado en verde. Alguien sabe de nuestras vidas. —añadió—. Al leerlo, quedé asombrado, ya que esas palabras que se hallan escritas las había dicho en una conversación privada que tuvimos Thorin y yo, nadie más podía saberlo. Así que decidí encontrarme con este hombre. Me dijo que la guerra no podría evitarse, pero que podríamos cambiar nuestro destino si tomábamos precaución yendo un paso adelante de los hechos. Cuando le pregunté cómo lo haríamos, mencionó que existía un libro. Uno en el que todo lo que ha de pasar está escrito. No hubiera creído en él de no haberme dado esos papeles. Me dijo que me uniera a Thorin a pesar de su testarudez y viajara hasta aquí; que un pastelero físicamente igual a mí, llamado Ned, nos ayudaría. A él le dijo lo mismo. Así que aquí estamos. Debemos hallar ese libro para cambiar el destino y no tener un final trágico. No sé a que se refería con ello, pero también habló de darnos un final feliz. No podrá darme un final feliz a mí, ya que no puede devolverme a mi esposa, pero tengo un hijo, uno al que amo más que a nada en el mundo, y respecto de la tragedia de la guerra que mencionó este humano, me temo lo peor. Solo quiero que él esté bien. No podría continuar mi vida si también pierdo a mi Legolas.

—Yo temo por mi reino, mi familia. Esta guerra podría llevarnos a la ruina o a la tumba. Si el linaje de Durin se pierde no me lo perdonaré jamás. Por otro lado, cuesta creer en la existencia de un libro en el que todo está escrito... Pero creo en las profecías. Los augurios del día de Durin nos han llevado hasta la montaña y se han cumplido. He recuperado mi trono. Así que si tenemos la oportunidad de torcer un trágico destino, así lo haremos. —agregó Thorin al relato de Thranduil.

—Bien, entonces necesitamos encontrar un libro. —Garrett se tornó pensativo—. ¿Pero qué clase de libro? Hay millones en este mundo, ¿No les dio una pista acaso?

—Dijo que tú nos ayudarías, Ned. Solo eso. —explicó Thorin.

—¿Tienes idea de la cantidad de libros de historia medieval que existen? —expresó ofuscado—. Jamás escuché hablar sobre elfos, enanos, hobbits... Tiene que ser un libro prohibido. Como los escritos sobre vampiros... Siempre creí que eran ficción hasta que Garrett apareció.

Se encontraban pensativos cuando Emerson ingresó en el local. Tenía un nuevo caso para Ned, así que se acercó a él y cuando notó el parecido de Thranduil con los demás preguntó de quiénes se trataba. Ned le explicó.

—¿Thorin? —Emerson se mostró confundido—. ¿Thorin Escudo de Roble?

—El mismo... Espere. ¿Cómo sabe usted mi nombre? —indagó el enano con desconfianza.

—Porque... Leí tu historia. —Le hizo saber Emerson—. Esto no es posible. Ned, ellos no son... —El rey elfo echó una mirada de confusión sobre el detective—. Y él... —Señaló a Thranduil—. Él ha de ser el rey elfo que los aprisiona en el bosque negro. Son personajes de El Hobbit.

—¡¿El hobbit?! —Ned y Garrett hablaron a la vez.

—¿Qué ocurre con Bilbo? —Thorin se sobresaltó.

—¿Personajes? —Thranduil miró a Thorin—. ¡¿Quieres decir que no somos reales?!

Los cinco se miraron asustados. Si al menos dos de ellos eran personajes de ficción, ¿Qué quedaba para los demás?