—Puedes quedarte, pero voy a necesitar ayuda. —anunció Ned, que iba de la cocina al comedor llevando platos para la cena—. Tengo otras cinco bocas que alimentar, aunque con los enanos parecen diez. —acotó.
—Ya te dije que tenemos suficiente oro. —protestó Thorin mientras ayudaba a su sobrino Fili a recogerse el cabello.
—Ese no es el punto, pero gracias Thorin. —comentó el pastelero—. Como te decía, Roy, estoy durmiendo en el sofá. —añadió retomando la conversación con el bandido rojo—. Actualmente tengo dos enanos durmiendo en mi cama y otro en un colchón. Además hay tres inmortales deambulando en la noche. —enumeró—. No solo no puedo con la cocina, sino que ya no hay espacio suficiente para todos. —reconoció, aunque algo incómodo.
—Ya terminé de picar las cebollas, Ned. —informó Garrett apareciendo en el comedor. Llevaba puesto un delantal blanco y el cabello atado con un cordón de cuero oscuro. El pastelero le había asignado la tarea de rebanarlas ya que no podía llorar, el ácido de las cebollas no le afectaba.
—Agrégalas a la olla, por favor. —solicitó concentrado en poner la mesa.
—Bien. —respondió el vampiro y se metió nuevamente en la cocina—. Se me ocurrió que Roy podría vivir con Olive... —propuso desde ahí—. Mientras los enanos encuentran casa propia... —añadió mientras proseguía con su labor.
—Oh, no molestaremos a Olive, ¿O si? ¿Para qué? —Se apresuró a decir Thorin bien fuerte para que todos oyeran—. Ella no tiene nada que ver en esto.
—¿Qué tendría de malo? —preguntó Garrett fingiendo inocencia. El realidad sabía porqué Thorin lo había dicho—. ¿No será que estás celoso? —indagó entonces.
—¿Celoso yo? No... —Thorin sacudió un poco los hombros mientras todos los miraban— ¿Por qué estaría celoso? Como si Olive fuera mi enana... Por supuesto que no. ¡No lo es! —Se excusó nervioso—. Si fuera mi prometida, vaya y pase, —Comenzó a hablar rápido—, pero como no lo es no hay nada que pueda decir, solo opiné al respecto, no es que uno vaya por la vida celando a las personas que viven juntas, pero tampoco es que me guste ella, no, claro que no, ella puede hacer lo que quiera porque no me gusta y es libre, pero el asunto... —agregó carraspeando molesto—. El asunto es que no podemos obligarla a vivir con alguien más. —resolvió serio.
—Claro que obligarla no, pero si ella aceptara... —Garrett se metió en la cocina riendo—. ¿Y qué hay de Charlotte?
—¡No! —Esta vez fue Ned quien dio la negativa—. En todo caso... Yo debería ir a dormir a casa de Chuck. Es mi novia. Tenemos confianza... Ustedes son mis clones, sí, pero ella no los conoce y no es su problema su aparición sino el mío, este es mi asunto, mi embrollo, no iré a llevarle problemas. —Se excusó.
—Sin dudas... —susurró el vampiro y volvió a su actividad en la cocina.
—Así que si yo iré a dormir a casa de Chuck, —pensó Ned en voz alta—, tú podrás dormir en el sofá. —expresó en torno a Roy.
El muchacho miró a los demás con algo de desconfianza, pero no tenía más opción que la de quedarse en casa de Ned así que aceptó la propuesta.
Durante esa tarde les había comentado el motivo de su visita.
—Estoy atrapado en este cuerpo de bandido, pero en realidad soy un actor. Mejor dicho, recientemente soy un paciente en un hospital, como actor, tuve un accidente grave que me dejó inválido, postrado en una cama esperando mi recuperación. Me han dicho que nada puede hacerse, que a partir de ahora mi única salida de la cama será a una silla de ruedas. No volveré a caminar. Entonces ustedes se preguntarán cómo es que ahora estoy de pie. Pues ni siquiera yo puedo explicarlo... —confesó.
—Mientras estaba internado, —prosiguió—, conocí a una niña que comenzó a visitarme por las tardes; estaba completamente solo así que su compañía era agradable. Para entretenernos, le conté una historia de un bandido enmascarado que, junto a una pandilla de héroes, debía salvar a una princesa de un malvado tirano. Pero ya no pude salir de la historia y desde entonces soy ese bandido... —declaró Roy.
Ned le comentó que ya había obtenido un final feliz entonces, porque había vuelto a caminar. Pero Roy le contestó que no era así y replicó:
—He aceptado mi destino. Pero en el mundo real dejé algo muy querido...
Una mujer. Roy tenía una novia que no había vuelto a ver desde el día del accidente. No entendía lo que había pasado pero estaba seguro que no había sido su culpa, que ella habría querido verlo pero tal vez no se lo habían permitido. No podía ni siquiera pensar en la idea de ella abandonándolo.
Y la había buscado en el universo del bandido, pero la muchacha no había aparecido. Solo había una manera de encontrarla nuevamente y era volviendo al mundo real.
—¿Y cómo harás eso? —preguntó Ned.
—Ahí es donde tú entras en esta historia. —aseguró Roy—. En mis intentos por regresar, un hombre igual a nosotros apareció caminando por el desierto. Creí que era un espejismo, o que era yo mismo, recuperado de alguna forma mágica. Pero él dijo que debería buscarlos. Que en un lugar existían muchos como yo, intentando encontrar un final feliz. Al principio creí que se trataba de una broma, pero él me alentó a creer en reyes e inmortales, que aún no consiguen lo que han venido a buscar. Dijo que ustedes me ayudarían. Y aquí estoy.
Ned entonces ya no solo tenía 7 personas viviendo en su casa, sino que ahora también se sumaba otro caso que resolver.
Encontrar el final feliz de Roy iba a ser mucho más complicado, y él que había creído que nada sería peor que viajar a la tierra media con guerras y orcos.
Luego de cenar todos se encontraban sentados en la mesa pero en silencio pensando cómo ayudar a Roy. Hasta que Garrett intervino:
—¿No puedes solo viajar hasta allá? —indagó intrigado.
—¿Crees que no lo he intentado? —contestó el bandido—. Sólo puedo atravesar desiertos... Jamás se termina. —divagó.
—¿Y cómo llegaste hasta aquí entonces? —repreguntó el vampiro.
—Atravesando el desierto. —respondió Roy con naturalidad.
—Entonces si puedes llegar a otros lugares. —insistió Garrett.
—No. Sólo se me permitió llegar hasta aquí. —contradijo el bandido.
—Es curioso... Porque no tenemos desiertos cerca —acotó Ned mirando a los demás con confusión.
—Afuera hay un desierto. —anunció Roy y señaló la ventana.
—¿Disculpa? Afuera hay una calle. —Lo corrigió Ned.
Todos se asomaron a la ventana y contemplaron la calle, menos Roy. Para él se hallaba la mayor extensión desértica del mundo.
—¿Dices que ahí hay arena? —preguntó Garrett creyendo que el muchacho le estaba tomando el pelo.
—Todo es desierto allá afuera. —aseguró Roy.
—Entonces ¿Qué ves aquí dentro? —preguntó Thorin intrigado, pero creyendo en su versión.
—Una casa. —respondió el bandido en tono de obviedad.
—¿Puedes ver el Pie Hole desde aquí? —Quiso saber Ned.
—Si, allá está. —Roy señaló la pastelería con naturalidad.
—¿Y qué ves alrededor? —preguntó entonces el pastelero.
—Desierto. —confesó Roy.
Los clones se miraron alarmados.
Esa noche, mientras todos dormían, Thranduil, Tauriel y Garrett discutían el problema de Roy en el campo de margaritas. Tauriel juntaba flores alrededor de ellos, mientras el elfo y el vampiro se hallaban sentados comentando teorías.
—El mortal está loco. —resolvió Thranduil y apoyó el brazo sobre su rodilla levantada. Su postura recordaba al cuadro La creación de Adán de Miguel Ángel—. No es posible que vea un desierto en este reino.
—Ciudad. —Lo corrigió el vampiro.
—Sí, eso. —aceptó Thranduil de mala gana.
—Tal vez aun le dura el efecto de la medicación del hospital, o se auto suministra medicamentos. —El vampiro había estudiado los efectos de ciertas drogas en el cuerpo humano y pensó que tal vez podía ser eso.
—¿Qué tal si...? —Tauriel se atrevió a hablar y ambos la miraron con curiosidad—. ¿Qué tal si percibe una realidad diferente? —propuso.
—Explícate. —ordenó Thranduil escuchando con atención.
—Bueno... Él dijo que su apariencia de bandido y la posibilidad de caminar que le da ésta es producto de la creación de una historia. —recordó—. Y que está atrapado en ella. Si funciona como un hechizo, puede hacerle ver todo como en su historia. —explicó—. Quizás para que a la niña que mencionó le gustara el relato, tuvo que hacerlo más real. Al punto que comenzó a creer en la historia que contaba, volviéndose el bandido y no pudiendo escapar de su mundo. —enseñó con elocuencia—. Tal vez ve un desierto porque él cree firmemente que hay un desierto y no una ciudad. Quizás su maldición sea haberse creído su propia fábula, tanto, que está viviendo en ella. Si Ned o alguien que no sea un personaje de su historia lo guiara por ese desierto, tal vez lograría llegar al hospital y reencontrarse con la realidad o con este mundo. —opinó.
—Pero si él está bajo su propio encanto y solo puede ver desierto como dices, ¿Cómo se explica que nos encontrara? —replicó Garrett.
—Porque cree en nosotros... Por ende somos reales. —explicó la elfa—. Si su propia fantasía se volvió realidad de una forma que sólo él puede verla, cree que nosotros también lo somos. Por eso nos encontró. No se encontrará con lo que no crea. —agregó.
—Bueno, sabe que el hospital es real. ¿Por qué no puede encontrarlo? Sabe que su novia está en algún lugar... —insistió Thranduil.
—Tal vez solo está perdido. —prosiguió Tauriel—. Ha recorrido estas tierras por tanto tiempo viendo un desierto que ahora no sabe regresar.
—No lo sé... ¿Cómo nos encontró en primer lugar? ¿Solo caminando? —objetó Thranduil.
—Yo lo guié hasta aquí... —dijo una voz cercana.
El hombre misterioso que enviaba a todos los clones a encontrarse con Ned estaba de pie frente a ellos. Se sentó en la hierba frente al vampiro y el elfo.
—Yo viajé con él hasta el Pie Hole. —confesó entonces de cara a los clones.
—Entonces... si está perdido. —confirmó la elfa con alegría y celebró el haber tenido razón.
—Así es, Tauriel. Toda tu teoría es acertada. —afirmó el hombre.
—Disculpe, me llamó Tauriel, ¿Me conoce? —preguntó la elfa confundida y apenada porque de ser así, ella no recordaba haberlo visto y eso la hacía sentir una maleducada.
—Seguramente te vio mientras me visitaba en la Tierra Media. —opinó Thranduil.
—Exactamente... —acotó el hombre, pero no sonó muy convincente. No pudo revelar de dónde conocía a Tauriel, pero no lo consideró importante en su momento.
—Bien, ¿Qué haces aquí? —preguntó Garrett un poco aturdido—. Tú solo nos visitas cuando algo importante va a ocurrir... ¿Todo está bien? —indagó.
—Me conoces bien. —afirmó el hombre riendo—. Sí... Vengo a advertirte... Me contacté con más de los nuestros. —indicó.
—¿Hay más? —preguntó Thranduil con un dejo de preocupación y miró a Garrett para que lo confirmara. Este asintió.
—¿Qué tienen? —pidió saber Garrett.
—Son... Un poco caóticos. —Dejó entrever como una pista.
—¿Más aún que nosotros? —repreguntó el vampiro. El hombre le respondió que sí—. Oh, pobre Ned.
—Sé que podrán con ellos... —agregó para tranquilizarlo—, pero, por lo pronto, pueden guiar a Roy al encuentro con su destino.
—Final feliz querrás decir... —corrigió Garrett.
El hombre ladeó la cabeza no muy convencido.
—Eso ya lo veremos. —soltó. Luego se alejó caminando y todos quedaron en silencio.
—Quién hubiera dicho que mi capitana de guardia sería tan elocuente incluso en este mundo extraño... —comentó Thranduil orgulloso—. Tenías razón, Tauriel, está perdido.
—Debemos comunicárselo a Ned. —Dio cuenta la elfa.
Una vez más, Emerson ayudó a Ned con sus clones. Se encargó de ubicar el hospital donde Roy había estado internado y allí obtuvieron la dirección de su novia. Al llegar a su casa, Ned, Garrett, Thranduil y Thorin se quedaron esperando en el auto.
—¿Todos tenían que venir? —dudó Ned mirando por el espejo retrovisor.
—Sabes que estoy acompañándote en todas tus empresas, Ned. —contestó Garrett, que iba de copiloto.
—¿Qué hay de los otros? —agregó.
—Somos familia, ¿Verdad? Y son mortales, debo disfrutar de cada momento con ustedes. —excusó Thranduil y se cruzó de brazos—. Nunca sabes cuando perderás a quien amas...—añadió nostálgico desviando su mirada al paisaje.
—¿Y Thorin? —preguntó entonces Ned, apenado por lo que Thranduil acababa de decir.
—Estoy fascinado por este artefacto mágico. —confesó el enano refiriéndose al auto—. No me perderé ningún viaje.
—No es mágico... Es mecánico. —corrigió Ned y se le ocurrió una idea para matar el tiempo—. Intercámbiate con Garret y ven adelante, te enseñaré un par de cosas sobre el auto.
El enano no lo dudó y rápidamente bajó animado. En solo un segundo estaba golpeando la ventanilla de Garrett para que se apurara a bajar y lo dejara entrar. Cuando el vampiro salió, Thorin se subió casi lanzándose de cabeza sobre el asiento del acompañante y comenzó a hacer un millón de preguntas a Ned.
Al pastelero le agradaba enseñarle, pues Thorin era como un niño pequeño con una gran curiosidad.
Por momentos le agradaba más que Thranduil. El elfo era muy serio, y siempre parecía saberlo todo. Era educado y amable pero de alguna forma siempre se encontraba distante, sumido en su mundo, en su propio dolor. Entonces el elfo se llevaba mejor con Garrett que con él y eso podía comprenderlo; quizás era una cuestión de inmortalidad, pues se sentía cómodo con su afín.
Desde el punto de vista del vampiro, las cosas eran diferentes, el rey le hacía bromas de inmortalidad y podían tener largas conversaciones intercambiando conocimientos de sus mundos. A Garrett, con su pasado de soldado, le gustaba oír sobre las batallas de la Tierra Media y Thranduil estaba maravillado por las estrategias de guerra de los humanos. Cuando estaban juntos inundaban la habitación con hazañas heroicas; eran dos generales orgullosos.
Estaban tan concentrados y entretenidos con sus pláticas, que no notaron que las horas pasaban y Roy no salía de la casa. Al caer la tarde, Ned bajó de su auto y tocó el timbre de la casa de la mujer. Ella abrió la puerta y al preguntar él por Roy, el pastelero se llevó una sorpresa. La muchacha le comunicó que él había huído por la puerta trasera luego de una discusión entre ellos.
—¿Y no podrías habernos avisado? —Se quejó Ned—. ¿Hacia dónde fue?
—No lo sé. Tampoco sabía que tú estuvieras con él. —Se excusó la mujer.
—Pero... Oh, rayos. —Ned de pronto se alarmó ante la ausencia de Roy—. ¿Hace cuánto salió?
—Unas horas. —informó la chica.
—¡¿Horas?! —exclamó el pastelero.
Los tres ocupantes del auto se sobresaltaron al oír a Ned gritar y bajaron. La mujer los miró extrañada. Sobretodo a Garrett, que se echó hacia atrás abrumado y cubriéndose la nariz. Tenía quizás la sangre más deliciosa de todas, su aroma era embriagador, pero incluso a Garrett, que era un vampiro experimentado y bastante resistente, lo estaba volviendo loco.
—¿Por qué todos se parecen a Roy? —preguntó la mujer reparando en los clones.
—Somos sus parientes. —contestó Thranduil automático. Ya era una mentira que sonaba a verdad—. ¿Dónde está él? Se nos hace tarde.
—Dice que discutieron y él huyó hace horas. —anunció Ned.
—¿Disculpe? —Thorin miró a la muchacha de reojo y todo el asunto comenzó a olerle mal.
Mientras toda esa conversación tenía lugar, el vampiro estaba de costado y prácticamente amasándose la nariz, conteniéndose de respirar el aroma potente de la mujer. Sus pupilas se estaban dilatando como dos lunas y estaba luchando por no atacarla, contando los segundos que faltaban para irse de allí. Garrett quería retirarse y correr lejos de ella, pero comprendía que si emprendía su plan de huida, no podría controlar sus pasos y desaparecería a los ojos de la mujer, complicando toda la situación, pues ninguno podría explicar el suceso sin dar a conocer su naturaleza.
—Ya... Será mejor que volvamos al auto y salgamos a buscarlo. —propuso el pastelero, advirtiendo que el vampiro comenzaba a tensarse.
—¿Y dónde lo buscaras? Solo ve desierto, pudo tomar cualquier dirección. —acotó Thranduil con preocupación. No conocía nada de ese mundo, por lo que se sentía poco útil al no poder proponer lugares donde buscarlo.
—Tal vez regresó al hospital. —opinó Garrett y su voz sonó nasal, pues se estaba apretando fuertemente la nariz—. Es el único lugar que podría ver de aquí que no fuera desierto. —agregó rápido intentando distraerse.
—¿Desierto? —La novia de Roy no entendía nada.
—Emmm... Disculpe por quitarle su tiempo. Buenas tardes. —saludó Ned y se retiró de la puerta. Los demás lo siguieron.
—No, esperen. Me gustaría saber porqué discutieron. —indagó Thorin volviéndose a la mujer.
—Esos son asuntos personales. —contestó la novia de Roy.
—Él estaba desesperado y ansioso por volver a verla, no comprendo porqué huiría por una discusión. —Thorin desconfiaba de la versión de la mujer y clavó su mirada inquisidora en ella—. Tal vez si me ayudara a entender... —propuso.
—Luego del accidente terminamos. —confesó ella—. Él regresó y actuó como si nada hubiera pasado, le dije que no lo amaba, discutimos y él huyó.
—Él dijo que usted no lo visitó en el hospital ni una sola vez. ¿Cómo es posible que terminaran? —dijo el enano.
—Thorin... —llamó Ned regresando a su lado—. Vámonos, Roy necesita nuestra ayuda. —anunció mirando de reojo a Garrett. El vampiro ahora estaba completamente de espaldas y comenzaba a temblar como un adicto en abstinencia mientras Thranduil lo asistía intentando distraerlo.
El pastelero tomó el brazo del enano, pero este no se movió.
—No me iré hasta que me conteste la pregunta que acabo de hacerle. —insistió Thorin.
—Era obvio que habíamos terminado. —respondió ella, que no tenía nada que aclararle, además.
—¿Obvio? Así que lo dejaste y él nunca lo supo hasta hoy. —espetó el enano con testarudez.
—Ha pasado ya mucho tiempo, debió entenderlo. —objetó la mujer.
— Oh... —Los ojos del enano se encendieron en ira. Ned volvió a tironear de su brazo sin poder moverlo, pues el hijo de Durin era muy fuerte.
Thranduil se volvió hacia Ned casi suplicante. Garrett estaba empezando a dar pequeños bufidos como si lo que estuviera frente al elfo fuera un animal y no una persona.
—Ned... —llamó alarmado.
—Si me disculpan, debo regresar, mi esposo regresará pronto, le estoy preparando una cena especial. —soltó la chica un poco perturbada por la situación en su jardín.
—¡¿Esposo?! —inquirió el enano finalmente liberando su furia—. Suéltame, Ned. ¡¿Cómo es que abandonas a Roy sin decirle nada y lo cambias de plano como si nada importara?! ¡¿Cómo osas engañar a Walker así?! ¡Ingrata! ¡Maldita perra! —insultó Thorin envuelto en ira.
—¡Thorin! —reprendió el pastelero sin éxito—. Sepa disculpar a mi amigo, señora. —intentó disculparse Ned.
—Ned, ya vámonos... Por favor. —suplicó Thranduil, que comenzaba a desesperar intentando que Garrett se metiera en el auto para tranquilizarse.
El pastelero giró entonces y leyó las intenciones del vampiro en su comportamiento cuando de un segundo al otro, había pasado de la distancia de la calle, a la puerta de entrada. Ned soltó a Thorin y en su lugar sujetó fuertemente al vampiro. Intentó apartarlo de la puerta pero no pudo; apenas había logrado sujetar su brazo y tirar de él, pero el vampiro no tenía pensado mover un solo músculo y menos en ese momento.
La mujer dio dos pasos atrás asustada mientras el pastelero tironeaba de Garrett en un intento desesperado por calmar la situación. El vampiro pudo percibir la sangre bombeando rápidamente en las venas de la humana y se volvió más loco aun.
Olía a terror, dulce y poderoso terror.
Garrett se había jurado jamás beber la sangre de una mujer por miedo a no poder acabar el trabajo y convertirla en vampiro, pero esta vez era diferente. Esta vez sentía deseos de acabar con ella, de beber hasta la última gota de su sangre. Se había alimentado de la sangre de un elfo pero no había sido suficiente, y luchando contra la abstinencia para no lastimar a ninguno de los suyos lo había callado, se había contenido. Pero ya no más. Esta vez tenía tanta sed. Quizás la tentación de beber por primera vez de la sangre de una mujer lo había alentado, porque segundos después arrastró con él a Ned, Thranduil y Thorin que lo sujetaban intentando detenerlo.
Pero no pudieron, el vampiro era mucho más rápido, ágil y fuerte que ellos, y se alimentó de la sangre de la novia de Roy. Se abalanzó sobre ella tomándola por el cuello y suspendiéndola en el aire. Acto seguido, Garrett la impulsó sobre sus colmillos y bebió hasta la última gota mientras todos miraban con terror. Al terminar con la mujer, lanzó su cuerpo sobre la loza helada del recibidor. El suelo estaba casi tan frío como las manos del vampiro... Incluso si hubiera quedado viva no hubiera notado la diferencia.
Garrett echó la cabeza hacia atrás y se relamió. «La más dulce de todas.» Pensó para si mismo y en un segundo dio cuenta de lo que acababa de hacer. Avergonzado, se arrastró en el suelo lejos de ella, pero ya estaba hecho, ya la había asesinado.
—Garrett... ¿Qué acabas de hacer? —indagó Ned aun no saliendo de su asombro y completamente horrorizado por su acción—. ¡Acabas de matar a esa mujer! ¡¿En qué estabas pensando?! —Inquirió con furia.
—Tenía... Tenía sed... —Se excusó el vampiro con los ojos muy abiertos en torno a la víctima.
—¡No! No matas a alguien por sed, eso no es normal, ¡No está bien! —gritó Ned consternado—. ¿Qué rayos acabas de hacer? ¡Eres un asesino! —acusó. En ese momento Garrett levantó la vista y salió del estado de shock en el que había quedado justo para oír el comentario de Ned.
—Bueno, yo no cuestioné que mataras a alguien para revivir a tu novia... —soltó—. Tú no me castigues por alimentarme. —Se defendió.
—Eso fue completamente diferente, le devolví la vida a Charlotte. —explicó el pastelero, como que aquello fuera excusa suficiente.
—Y en consecuencia mataste a alguien. —Le recordó Garrett.
—El hombre se lo merecía, se beneficiaba con la muerte de las personas. Era un mal tipo. —explicó el pastelero.
—Eso no quita que lo mataras, Ned. ¿Quién eres tú para juzgar sobre quién vive y quién muere? —indagó.
Thranduil, que hasta ese momento había estado en silencio, se cruzó de brazos.
—Ahora nos ponemos moralistas. —dijo arqueando una ceja—. ¿Tengo que recordarles que matamos orcos para devolverle la vida a los sobrinos de Thorin y antes mataron a uno de mis elfos para devolver la vida al novio de Calpernia?
—¡No es lo mismo! —gritaron Ned y Garrett al unisono.
Thorin miró a Thranduil y le dedicó una mueca de disgusto. El enano sintió que había sido el que había iniciado todo el problema, por lo que decidió callar a riesgo de que si abría la boca, iba a ser peor.
—Supongamos que lo de los orcos es entendible... —insistió Thranduil—. Pero lo de mi guardia no. Había una familia detrás de ese muchacho que esperaba su regreso y ya no volvieron a verlo... Entiendo que sea circunstancial y al azar que alguien muera por revivir a los otros...
—Oh claro, disculpemos a Ned por matar personas, pero si yo hago lo mismo, la guillotina cae sobre mí. —Se quejó el vampiro—. Te recuerdo que la única razón por la que ese tipo murió, Ned, fue porque quisiste devolverle la vida a Chuck. ¿Con qué propósito? El egoísta de tenerla para ti, ¿verdad? —propuso.
—¡Salvé al amor de mi vida! —exclamó el pastelero.
—No, Ned. Su vida no peligraba, YA ESTABA MUERTA. —espetó haciéndole dar cuenta que ambos eran tan asesinos como acusaban—. NO LA SALVASTE, LA TRAJISTE DE NUEVO Y MATASTE A ALGUIEN MÁS EN CONSECUENCIA. Un propósito tan egoísta como el mío. —reconoció.
—NO TE ATREVAS A LLAMARME EGOÍSTA. —gritó el pastelero.
—¡Es exactamente lo que eres, Ned, un maldito egoísta! —insultó Garrett.
Thranduil y Thorin volvieron a mirarse y sintieron que si no intervenían seriamente, todo empeoraría. Cuando Ned se abalanzó sobre Garrett, lo sostuvieron por los brazos. El vampiro solo dio un paso hacia atrás y observó la escena.
—Soy tan egoísta que estoy refugiando a siete personas en mi apartamento. —enumeró Ned con furia—. Soy un egoísta, ¿Verdad? Pero tú... Ya has asesinado antes, mataste a Roman y ahora a esta mujer por tu maldita sed, dime quién es el egoísta.
—Creí que lo habías comprendido, ¡Soy un vampiro, Ned! Es mi naturaleza. —Se excusó.
—¡No tenías porqué beber su sangre! —exclamó y esta vez tenía razón, pero Garrett aun no tomaba consciencia de lo que había hecho.
—¿Preferías que bebiera la tuya? ¿O la de Thranduil? ¿O la de Thorin? ¿La de cualquier miembro de nuestra familia? —expuso—. No tienes idea de lo que me he contenido para no asesinar a ninguno de los nuestros, no tienes derecho a recriminarme por alimentarme de ella.
—Tal vez estarías mejor si no estuvieras en contacto con ninguno de nosotros, así no tendrías que contenerte de beber nuestra sangre y matarnos. —opinó.
Ned odió cada palabra que salió de su boca, pero ya estaba hecho. Garrett ladeó la cabeza y echó su cuerpo hacia atrás apenado. Lo que acababa de oír dolía como mil agujas en un cuerpo mortal. Siempre supo que tarde o temprano lo oiría, y de eso había huido toda la eternidad, de ser herido por su propia familia. Solo tenía una alternativa y decidió tomarla.
—Tienes razón. No tengo porque contenerme... Pero no quiero lastimarlos, así que me alejaré. Adiós Ned. Adiós muchachos...
—¡No! Yo...
El destello fue rápido, el vampiro corrió hacia ningún lugar determinado, solo corrió, solo se alejó dejando a Ned, Thranduil y Thorin solos en la oscuridad de la noche.
—Garrett, ¡Garrett!
Ned gritó pero el vampiro ya se encontraba lo suficientemente lejos como para oírlo...
