Ned llevaba una semana sin salir de su apartamento. En un ataque de ira, cosa totalmente atípica en él, había echado a todos de su casa y se había atrincherado en su habitación. Estaba harto de los clones, de sus problemas y del desorden que estos habían traído a su pacífica vida.

Sus inquilinos tuvieron que buscar refugio en otra parte y con Olive desaparecida en circunstancias que Ned y Emerson se negaron a explicar, las cosas se habían complicado más.

Charlotte solo tenía una cama y un sofá, por lo que había podido albergar solo a Fili, Kili, Tauriel y Thranduil; les cedió su cama a los enanos y ella ocupó la sala. Los elfos no necesitaban dormir, por lo cual solo les ofreció un lugar donde estar para que no pasaran la noche en la calle.

Por su parte, Thorin le había pedido asilo a Emerson a cambio de administrar su negocio. Nadie, ni siquiera el propio detective, manejaba las finanzas con tanta habilidad como el rey de los enanos demostró hacer en pocos días. Y con Roy, la situación había sido diferente; a pesar que suplicó a Ned que lo perdonara por el acto de insensatez cometido para con el vampiro, en el que Olive se interpuso, el pastelero le pidió expresamente a Emerson que se ocupara de él.

Entonces el bandido vivía en el mismo departamento que el detective, si a esa estadía se le podía llamar así, ya que estaba custodiado por la mirada severa de Emerson y el filo de la espada de Thorin casi todo el tiempo. De todas maneras, al cabo de dos días de lamentos por su novia fallecida y suplicas de perdón por la actitud con los demás, la relación entre el detective y el bandido había mejorado, pero era el enano quien nunca perdonaría lo ocurrido.

Mientras tanto, Garrett se encontraba sentado en medio del bosque...

Con los ojos cerrados y las manos juntas bajo su mentón, lucía verdaderamente concentrado. El sol caía en rayos dispersos por el espesor de las copas de los árboles y le iluminaba suavemente el perfil izquierdo. Su piel brillante como diamantes era un espectáculo encantador...

—¿Una manzana? —preguntó la rubia que lo acompañaba y abrió los ojos.

—No. —negó Garrett poniéndose de pie—. Evidentemente leer la mente no es tu poder. —opinó.

—¿Qué crees que sea? —indagó ella.

—Me pregunto si ser mordida por un vampiro sin poderes te convierte en uno como yo... O si adquieres los poderes por otra razón. —pensó en voz alta. Olive lo miró intrigada.

—¿Tú no tienes ningún don? —preguntó extrañada.

—Tengo una gran resistencia a los ataques. —reconoció—. Pero no creo que eso sea considerado un don; ya era fuerte cuando era un humano... Quizás... Solo se intensifican ciertas cosas, pero hasta hoy no me lo había preguntado. No lo sé... ¿Tenías un don antes? —investigó.

—Podía... —dudó Olive—. Podía soportar estar alrededor de Ned y sufrir en silencio sin que él se enterara que lo amaba. —contó con una risa tímida—. ¿Crees que mi don se intensifique en ser fría y dura? ¿Ya nada me afectará? —indagó apenada.

Olive alzó sus ojos para encontrar los de Garrett, estos lucían un ámbar brillante por haberse alimentado de animales del bosque a falta de humanos. La humana había perdido el conocimiento mientras él luchaba por salvarla y al despertar convertida, lo había hecho sobresaltada, violenta y terriblemente sedienta.

Garrett había intentado contenerla, pero ella había corrido rápidamente a atrapar un ciervo que merodeaba por el lugar y con gran apetito se había alimentado de él.

Al principio, Garrett se había alarmado creyendo que iba a cazar a un humano, pero luego había sentido una gran curiosidad por el apetito "vegetariano" que Olive había demostrado sentir. Ella le dijo entonces que había sentido la necesidad imperiosa de beber sangre, sin importar la procedencia humana o animal. Así que durante esa semana se había alimentado de animales, mientras que Garrett había permanecido en abstinencia. Ambos habían estado aprendiendo del otro; ella sobre las costumbres de un vampiro y él sobre el comportamiento de una neófita. De momento intentaban descubrir si Olive en su nuevo estado poseía algún don.

—Lo que creo, —opinó él luego de un breve silencio—, es que a partir de ahora siempre serás fría... Como yo. Estamos helados, prácticamente somos hielo. —bromeó Garrett sonriendo y le tendió la mano—. Ven, vamos a probar tu fuerza.

El Pie Hole había perdido cierto encanto sin el pastelero y ante la falta de Ned para revivir las frutas, ya que no solo podía revivir a las personas y animales, sino también a las plantas y sus frutos por el precio de que otras plantas murieran, los enanos se vieron obligados a utilizar apenas unas monedas de su tesoro para comprar insumos y mantener el local en funcionamiento.

Charlotte se ocupaba de la administración, Fili y Kili de la atención al público y cualquiera hubiera creído que sin Ned no habría quien preparara las deliciosos tartas, pero Thranduil llegó a un acuerdo con todos: Prepararía las tartas si, y solo si, tenía a su disposición todo el tiempo una copa de vigoroso vino tinto.

Así fue como el rey del bosque negro comenzó un nuevo pasatiempo y se convirtió en el pastelero suplente del Pie Hole. Todos estaban encantados por los dulces sabores, ignorando que la mano habilidosa del cocinero era distinta a la habitual.

—Tauriel... las fresas por favor. —pidió amablemente el elfo.

—Su majestad. —Tauriel le alcanzó una fuente a Thranduil y se quedó a su lado viéndolo trabajar, esperando la próxima orden.

—No soy majestad aquí, solo soy un simple inmortal; majestuoso en verdad, pero no un rey. —comentó Thranduil entre risas.

—Aun así estoy aquí para servirle, su majestad. —insistió ella muy correcta.

—Estás ayudándome. —Le aclaró—. Como lo has hecho siempre. —añadió contento. Thranduil levantó la vista hacia ella y la vio sonreír; había un brillo especial en su mirada—. Jamás te había agradecido por tu lealtad. Lo siento, solía ser muy orgulloso y oscuro antes, pero este mundo me ha enseñado un par de cosas. —reconoció. Luego hizo una pausa para contemplar el pie que acababa de terminar—. Lleva esto al horno, así comenzaremos con el próximo... —agregó.

—Mi señor, yo... —Quiso decir la elfa, pero fue interrumpida.

—Thranduil, tenemos una situación. —anunció Thorin y entró en la cocina sosteniendo una carpeta. Llevaba camisa blanca, pantalón y corbata de color negro; sus botas con punta de plata desentonaban el outfit, pero se rehusaba a dejarlas, aunque de la cadera para arriba, una llave de oro colgaba de su cuello con una cadena y lo hacía verse muy moderno. Así y todo, Thranduil lo miró de arriba a abajo.

—Si, lo sé, una emergencia de moda. —acotó con desagrado—. Esas botas no combinan con el resto, son un espanto Thorin, ¡Por Eru! —exclamó. Thorin bufó y negó con la cabeza.

—Pretenderé no haber oído eso... Pero no, no es eso, es que hay un clon en la oficina de Cod. —informó—. Trae un artefacto que jamás he visto antes y comenzó a hacerme preguntas extrañas. El señor Cod discutió con él, le dijo que no le permitiría tratarme como una criatura de circo y me envió aquí a buscar a Ned. —añadió.

—Ned no está aquí. —respondió Thranduil muy serio.

—¡Qué novedad! Si no lo hubieras dicho no lo hubiera notado. —dijo con sarcasmo—. Tú vives con su novia, ¿Podrías pedirle que le envíe el mensaje a Ned? —solicitó.

—Lo siento, Thorin. —Tauriel se acercó a él apenada—. Ned lleva una semana sin salir de su hogar, Charlotte fue en este momento a tocar su puerta para intentar verlo al menos. Ni siquiera ella tiene contacto con él.

—Bueno, pero... ¿Qué haremos con el clon? —preguntó el enano.

—Denle asilo. —ordenó Thranduil y les dio la espalda mientras se ponía a lavar los utensilios.

—El señor Cod apenas puede darnos asilo a la sabandija de Walker y a mí. —expuso Thorin—. No tenemos más espacio... Además son clones de Ned, no míos.

—¿Y qué sugieres que haga, enano? —inquirió el elfo con molestia.

—Estás suplantando a Ned aquí... —Le recordó Thorin.

—¿Sugieres que tome su lugar? —Thranduil giró con una esponja en la mano y lo señaló. Thorin se sonrió de lado, pues se veía ridículamente ordinario.

—Ya tomaste su lugar en la empresa, mírate nada más, hasta realizas tareas de lavaplatos... Solo te falta convertirte en mortal y revivir muertos. —comentó el enano. El elfo se puso serio.

—Pretenderé no haber oído eso... —dijo seco.

—Touché. —respondió Thorin.

—¿Touché? —indagó Thranduil.

—Oh, es una lengua, se llama francés. —aclaró el enano—. Charlotte estuvo enseñándome. ¡No tienes idea de la cantidad de idiomas, así le llaman ellos, que hay aquí! —enseñó emocionado—. Pero no nos desviemos del tema, —agregó retornando a la seriedad—, ¿Qué haremos con el clon?

—No lo sé... Eso es algo que probablemente Garrett sabría. —expresó Thranduil con nostalgia.

—Garrett no está aquí ahora, majestades. —Tauriel quitó la tarta del horno y la posó sobre la mesa—. Debemos resolverlo mientras Ned se recupera.

—¿Es que acaso ya no va a regresar? —preguntó Thranduil.

—Este es nuestro hogar ahora y somos su familia... Por supuesto que regresará. —aseguró Tauriel.

—Si no piensa regresar con Olive mejor que ni lo intente, o lo mataré. —aclaró el enano.

Thorin se cruzó de brazos ofuscado. Extrañaba a Olive, sus días se habían vuelto grises desde la última vez que la había visto. Fue el único en hacer el intento de buscarla, pero Emerson y Ned se lo prohibieron; cuando reprochó que no le dieran noticias, le dijeron que no la buscara, que era peligroso y que ella sería la que los contactaría cuando estuviera lista...

Thorin se temía lo peor, pues creía que le estaban mintiendo y que Olive en verdad estaba muerta, pero no estaba en condiciones de aceptarlo, no quería siquiera pensar en ello, por lo que pasaba sus días trabajando para evitar recordarla.

Mientras tanto, en el bosque Olive se hacía varias preguntas e iba encontrando respuestas.

—¿Crees que quiera atacarlos al verlos?

—Para un neófito es extremadamente difícil resistirse, Olive... —Tuvo que reconocer Garrett—. Aunque has demostrado conformismo respecto a la procedencia de nuestro alimento, pero lo haces aquí porque no hay humanos, sinceramente no sé qué podría pasar si te pones en contacto con ellos... Y no quiero dañar a ninguno de los nuestros por apurados o arriesgados... El primer año es una tortura para los neófitos y no te expondré, como tampoco pondré en peligro a nuestra familia. Suficiente hemos tenido hasta ahora. —Garrett tomó una flor salvaje del suelo y la observó con curiosidad, Olive se quedó pensativa un momento; debía preguntar.

—Respecto a lo que pasó... —Dejó salir... Garrett echó mirada expectante sobre ella, sabía que había llegado el momento—. Quiero agradecerte que me dieras una oportunidad a pesar de decirme varias veces que esto es más una maldición y una condena eterna; de alguna forma fue mejor que me pasara a mí y no a alguien como Charlotte, ya que si ella se hubiera interpuesto, Ned no hubiera podido revivirla y tú no hubieras podido convertirla. Ambos hubieran terminado con el corazón destrozado y no quiero ni pensar en Ned cometiendo una locura y tú desapareciendo por siempre de nuestras vidas. Gracias... —Olive dio unos pasos de vuelta al camino que habían estado recorriendo pero la voz de Garrett la detuvo.

—¿Por qué crees que ambos hubiéramos terminado con el corazón roto y no solo Ned? Digo, hubiera sido trágico, pero...

—Vamos, es obvio. —espetó Olive desilusionada—. He visto cómo miras a Charlotte, cómo sutilmente le haces cumplidos. Sé de tu fascinación y preocupación por ella. Ella es perfecta para ti, no tienes que contenerte de atacarla porque no la ves como alimento, ni siquiera tienes que preocuparte por perderla al morir porque es inmortal y siempre permanecerá joven, bonita y encantadora, oliendo a miel e inmortalidad... Y tú si puedes tocarla, no como Ned que ni siquiera puede hacerlo. Si él con ese impedimento siente tanto amor por ella, ¿Cómo tú no ibas a sentirlo? Si ella hubiera desaparecido de este mundo tú no encontrarías consuelo. Nadie lo encontraría. —declaró.

—Olive... —Quiso detenerla él, pero la rubia lo interrumpió.

—Tan solo mírame, nadie se ha preguntado qué pasó desde que desaparecí, nadie parece perder la cabeza ni extrañarme, pero claro: ¿Quién notaría la ausencia de la normal Olive? Olive no es extraordinaria, no es intocable, no es eternamente bella y encantadora. No habla todos los idiomas del mundo y no tiene grandes talentos para la cocina. Ni siquiera soy alta, debo llevar estos tacones que lastiman mis pies a todas partes, debo perder horas en la mañana para verme presentable y aun así nadie nota mi presencia porque Charlotte siempre está primero, siempre está allí para que todo el mundo sienta fascinación por ella. —agregó con pena. Realmente se sentía poca cosa, y habiendo estado enamorada de un hombre que jamás la había correspondido, esa inseguridad solo se había instalado, creciendo sin tope en su mente.

—¿Ya puedo hablar? —preguntó Garrett con suavidad, pues no quería hacerla enojar o causar una reacción peor en ella. Olive bajó la cabeza apesadumbrada; a pesar de no poder llorar, sentía un gran dolor—. Tal vez... Bueno tal vez no, es verdad, me sentí impactado la primera vez que estuve cerca de ella; era la primer mortal por la que no había sentido deseos de beber su sangre y luego lo entendí y fue aún mejor. —confesó—. Jamás me había enamorado, no sabía lo que se sentía y ella... Charlotte se ajustaba a todo lo que necesitaba para ser feliz. Era inmortal, no me provocaba un deseo irrefrenable de beber su sangre, era bonita e inteligente y sobretodo curiosa. Quería saberlo todo sobre mi y yo quería saber todo sobre ella. Por un momento me sentí fascinado, pero luego lo pensé con claridad; ella amaba a alguien más, y por si fuera poco era absolutamente todo lo correcto. Encajaban las piezas con tal perfección que me sentí insatisfecho... —reconoció para sorpresa de Olive—. Pero no me molestaba que amara a Ned, lo que me volvía loco era su perfección. Y lo supe, descubrí que no la amaba. Era tan absolutamente perfecta que iba a aburrirme... Siempre sentiría que todo sería normal con ella. Y mi vida no es normal, o al menos no quiero que lo sea. Soy curioso, me gustan los desafíos y los misterios. ¿Y tú? Tú comenzaste a llenarme de dudas, de cosas que no podía contestar. —confesó—. En mi largo tiempo en la tierra lo he entendido todo... Excepto mis sentimientos respecto a ti. Y al mismo tiempo que me llenaba de intriga, más me impulsabas a comprenderlo... Tú siempre has sido lo fascinante de ese lugar, preocupándote por mí, no sintiendo miedo de ser atacada... Cuando llegué al Pie Hole incluso la persona que creía perfecta para mí, Chuck, se alejó temiendo que la mordiera; tú llamaste a mi naturaleza por si nombre y no retrocediste ante mí, creíste en mis palabras y te mostraste curiosa. Míranos aquí, podrías estar en la absoluta comodidad de tu apartamento sólo preguntándote dónde estoy. No hubieras venido hasta aquí, no hubieras sido baleada, seguirías con tu vida normal y mortal... Era exactamente eso lo que no quería cambiar. —explicó—. Tu vida llena de color y alegría, tu mortal cuerpo en paz no teniendo que alimentarte de sangre. Me aterraba la idea de enamorarme de ti y perderte cuando tu vida se apagara... Pero al mismo tiempo no podía dejar de sentir ternura con la calidez de tus abrazos, por la felicidad que siempre demostrabas, incluso en momentos de mucho trabajo cuando ya no podías más, incluso en esos momentos tenías una sonrisa para todos los demás. Quizás sientas que eras lo más ordinario que existiera en esa pastelería, pero para mí eras la luz más brillante del lugar y no quería aceptarlo ni demostrarlo porque temía atacarte con el deseo egoísta de atarte a una eternidad a mi lado. Jamás quise lastimarte ni obligarte a vivir mi vida... Es fascinante, arriesgada y llena de sorpresas, pero es una vida cruel. Y tú tienes demasiada bondad para vivir esta maldición. Te convertí porque no tenía otra opción, entre verte morir y obligarte a vivir eternamente como un monstruo... Olive, no pude ni pensarlo, verte allí perdiendo la vida sabiendo que ya no te vería nunca más. Tuve que hacerlo, lo siento por haber sido un egoísta y lo siento por darme cuenta de una forma tan repentina que te amaba, por decirte todas estas palabras... Puedes enfadarte por haberte compartido esta carga ya que nuestra familia se volverá un tanto extraña, pero esta es la verdad. Te amo y odio que digas que Charlotte es perfecta como si tú no fueras nadie... Como si nadie te viera. Yo te he visto... —Le aseguró Garrett—. Y me temo que alguien más en el Pie Hole lo ha hecho, —agregó refiriéndose a Thorin—, pero considerando que vivirás eternamente, tal vez... —Se acercó a ella y le entregó la flor silvestre que había tomado del suelo momentos antes—. Tal vez quieras intentar pasar unos siglos conmigo. Si no te convence, puedes ir a buscar a algo o alguien más, pero te advierto que soy el único vampiro con una familia tan diversa como la mía. No siempre encontrarás un pastelero que revive muertos, enanos, elfos, vivos otra vez, bandidos y vampiros conviviendo juntos. —afirmó con gracia—. Como esta flor silvestre y salvaje, ninguno de nosotros es ordinario; lamento que tuvieras que descubrirlo de esta forma pero me alegro de haber encontrado exactamente lo que necesitaba; mi flor silvestre y hermosa, ¿Qué dices? ¿Eres mi final feliz?

Olive tomó la flor y la observó un momento, en realidad no estaba apreciando su color, ni la textura; siquiera la forma de los pétalos en forma de estrella. Olive notaba en una pequeña y curiosa creación de la naturaleza como a veces convivimos entre los pequeños colores brillantes de la vida, pero no podemos verlos. A veces necesitamos las calamidades para contemplar la belleza; a veces se es una flor silvestre que pasa desapercibida en un bosque enorme. La mayoría observa el paisaje pero no ve la flor, pero existen detallistas que sienten curiosidad y aprecio por las cosas pequeñas, por esas cosas que suman al escenario para que el bosque reluzca. Olive había sido una pequeña flor en el bosque del Pie Hole toda su vida y solo necesitó un curioso vampiro que la observara incluso cuando se había sentido fascinado por el bosque. Finalmente había salido bien.

—¿Por qué debería ser un final? ¿Acaso puede ser un comienzo feliz? No tendremos final... somos inmortales ahora. —comentó ella con elocuencia.

Garrett asintió fascinado por su frescura y se acercó a Olive. Acarició suavemente la mejilla derecha de ella con su dedo índice, recorrió todo el camino hasta el mentón y lo levantó hacia él. Se quedó en esa posición por un momento mientras Olive lo miraba sonriente y rió. Cuando ella le preguntó qué ocurría, le dijo que podría permanecer así por toda la eternidad y esperar divertido a que ella hiciera el primer movimiento para besarlo pero que nunca lo lograría porque él era muy alto para ella. Olive le respondió que si quisiera podría besarlo de todas formas, pues tenía sus trucos.

Los ojos de Garrett se encendieron pero le dijo que descubriría todos esos misterios a su tiempo. Se inclinó hacia ella y la besó tiernamente. Había esperado una eternidad para hacerlo, así que se tomó su tiempo y se besaron con calma al principio; luego ambos se encontraron envueltos apasionados en los brazos del otro.

En el bosque, el vampiro había encontrado su final feliz, y el hombre misterioso con el que siempre se encontraba, lo sintió en su interior... Dejó sobre su sofá la lectura que lo entretenía y miró a su acompañante de medias rayadas con los pies apoyados sobre la pequeña mesa de la sala.

—Garrett ya lo tiene. —expresó.

—¿Qué cosa? —preguntó su acompañante sin dejar de prestar atención a la pantalla de su notebook.

—Esto... —El hombre abrió los brazos señalando todo a su alrededor.

—¿Desorden? —dijo su pareja echando una mirada divertida sobre él.

—Pretenderé que no escuché eso... Su final feliz. —aclaró. Su acompañante sonrió y cerró la computadora sobre sus piernas.

—¿Crees que todos lo logren? —indagó con preocupación.

—Estoy optimista al respecto. —respondió el hombre.

—¿Todos... Todos? —insistió su pareja.

—Si, también tu favorito. No te preocupes por él, estará bien. —acotó para llevarle tranquilidad.

—Tienes una forma extraña de confiar en ellos a pesar de lo que acaba de ocurrir. —Se quejó.

—Y tú tienes una obsesión por Thorin. —reconoció el hombre.

—No me obsesiono, me preocupa. —corrigió su pareja.

—¿Por qué?

—Porque todos los tuyos están encontrando sus finales felices, ¿Qué hay de los otros? ¿No importan acaso? ¿No forman parte de todo este embrollo? —Dejó entrever.

—Ya sólo relájate; ese siempre fue tu problema, nunca te permitiste vivir sin contracturas. Siempre todo tiene que ser ordenado, correcto, serio... —Se quejó el hombre.

—Discúlpame por vivir una vida madura, no como otros que viven como niños pequeños... —respondió su acompañante.

—¿Disculpa?

—Eres un caos, Lee, lo sabes. —espetó su pareja poniéndose de pie frente a él—. ¡Mira nada más cómo dejaste la cocina luego de almorzar, cómo dejas la habitación! —Se quejó enseñando el desastre de platos sucios y arrumbados—. De mi lado de la cama todo está en perfecto orden; tu lado es un campo de batalla... y ¡Mira esto! —agregó señalándose el cabello despeinado— ¿Para besarme tuviste que hacer este desastre, Pace? Si le hubieras visto la cara al cartero cuando abrí la puerta para recibir el correo... —comentó. Lee rió imaginándose la situación.

—Ay, ya deja de quejarte por todo, así me amas y yo te amo así también. A veces hasta te soporto. —confesó entre risas—. Ahora ven aquí y bésame.

—Olvídalo, no hay demostraciones de afecto hasta que por lo menos hagas tu lado de la cama. —amenazó su pareja.

—¿Ni un besito? —Su acompañante negó con la cabeza—. ¿Ni uno solo?

—No.

Lee se abalanzó sobre su acompañante y comenzó a besarle toda la cara entre risas de ambos. Se sentía de mejor humor desde haber comenzado a darle final feliz a los clones de Ned; después de todo Lee Pace era como el padre de todos ellos y cuando eres un padre amoroso, quieres que tus hijos sean tan felices como tú.

—Oh, oh... —dijo súbitamente dejando de besarle.

—Ay, no... ¿Ahora qué? —se preocupó su pareja.

—Un clon. —soltó Lee.

—¿Qué pasa?

Lee se acomodó en el sofá por un momento y se quedó viendo un punto fijo, al volver en sí, miró preocupado a su acompañante.

—Todo se está descontrolando... Debo ir. —anunció.

—¿De nuevo? —preguntó con hartazgo su pareja.

—Lo sé... Perdón. Te lo compensaré luego, lo prometo. —juró besando rápidamente sus labios y se dirigió a buscar un abrigo.

—¿Te espero a cenar?

—Si. Podrías... ¿Lavar los platos por mí? —preguntó Lee con un poco de vergüenza.

—¿Vas a traer tarta? —Intentó conciliar su pareja.

—Solo si mi máquina de gruñir así lo quiere... —asintió Pace. Ambos se miraron tierno.

—No soy una máquina de gruñidos... Abrígate y trae tarta. —ordenó su pareja.

Un rato después, Lee se encontraba con Garrett y ambos tenían una situación incómoda al no saber qué esperar de Olive, que los acompañaba. Ella se puso tensa pero lo sobrellevó sorpresivamente bien para una neófita. Así que Lee le comentó al vampiro lo que estaba ocurriendo... Un momento después, Olive y Garrett aparecían en el Pie Hole en lo que era una batalla campal de gritos...

—¡Quita esa cámara de aquí! —ordenaba Emerson en la pastelería, que ya estaba cerrada al público.

—Oblígame. —desafió el clon.

—¡Por supuesto que voy a obligarte, vete de aquí! —insistió Emerson.

El detective comenzó a forcejear con el hombre que llevaba una cámara de video en las manos. Lucía muy similar a Ned pero con el cabello más largo y barba; en apariencia podría haberse confundido como un gemelo de Garrett cuando este todavía era un humano.

La cámara cayó al suelo pero continuó filmando. La imagen apuntaba hacia la puerta del local y mostró los zapatos de Garrett y Olive.

—Mira nada más, mujer... Desaparecemos un par de días y este lugar es Sarajevo. —comentó el vampiro.

Segundos después la imagen cambió, el dueño de la cámara se arrastró hasta el ojo de la lente forcejeando con Emerson Cod.

—Mi nombre es Whit Coutell, documentando todo desde Coeur d'Coeurs. —informó de cara a la lente—. En esta pastelería que posteriormente observaremos, se esconden dos elfos, tres enanos y un vampiro; se dice que el lugar está atendido también por un pastelero que revive muertos y una chica zombie que habría revivido por los poderes de Ned, el dueño del Pie Hole...