—Ned... —Garrett llamó al pastelero.

—¿Ned? —Charlotte volvió a la normalidad lentamente como si estuviera saliendo de un sueño. Primero entreabrió los ojos y luego se sentó en el suelo con ayuda del vampiro, que la sujetaba por la espalda—. ¿Garrett? ¿Qué pasó? —preguntó desconcertada.

—¡Chuck! —gritó Ned al ver a su amada recomponerse, pero no se pudo acercar a ella; lo que sí pudo hacer fue soltar a Olive y ofrecerle una disculpa.

—Está bien, Ned... —aceptó Olive restándole importancia—. No entiendo qué pasó, yo solo la toqué y... —dudó echando una mirada sobre Garrett—. Será mejor que me vaya, tengo miedo de hacerles más daño. Mi presencia todavía no es segura... —anunció.

—¿Te acompaño, Olive? —solicitó el vampiro.

—Oh no, quédate con ellos. —Pero la rubia tenía otros planes. Prefirió que Garrett se quedara con Ned a ayudarlo en lo que necesitara. Ella solo tenía que mantenerse lejos de la tentación de atacar y también de causar problemas.

—Pero... —reprochó Garrett.

Antes de que pudiera exponer su opinión, Olive desapareció de la cocina como un rayo. Afuera, los comensales del salón solo sintieron una ráfaga de viento y le echaron la culpa a la puerta abierta del local, así que todo siguió su curso normal.

—Me pregunto cuándo me acostumbraré a las huidas tan repentinas de esta mujer. —comentó Garrett con gracia.

—Eres un vampiro, ya deberías estar familiarizado. ¿Qué queda para los demás si tú no te acostumbras? —reconoció Thranduil mientras ayudaba a Charlotte a ponerse de pie.

—No lo sé, y no importa ahora... —respondió el vampiro. Cuando Chuck estuvo de pie, el vampiro se acercó a ella y con preocupación indagó sobre su versión de los hechos—. Charlotte, ¿Qué ocurrió? —preguntó.

—Yo... No lo sé. —dijo la chica, aun sintiendo un poco de mareos—. Solo recuerdo que Olive se presentó en la cocina, lo cual nos asustó bastante a Thranduil y a mí, que estábamos aquí ocupándonos de las tartas. Y luego ya no recuerdo nada más. —relató—. Creo que se disculpó por no poder controlar la velocidad a la que se desplazaba aun, o algo así, pero en un segundo todo se puso negro. —agregó.

—Sí, luego de disculparse ella se acercó, —añadió el elfo—, te preguntó si estabas bien, quiso hablar contigo sobre lo ocurrido con Ned y en cuanto estuve a punto de salir de la cocina para dejarlas solas, ella te tomó el hombro y tú te desplomaste como si nada. Te desmayaste. —explicó.

—No puede desmayarse solo por un toque. —aseguró Garrett observándola con confusión.

—¿Cómo que no? ¿Por qué? —preguntó inocente el elfo.

—¿Cuantas personas conoces que se desmayen solo por el roce de alguien? —indagó retórico el vampiro.

—¿No podía acaso estar estresada? —opinó Ned—. Hemos pasado por mucho en pocos días...

—Bueno... supongo que puede. Pero no puede haber tenido una baja de presión, no tiene sangre. —Les recordó Garrett.

—¿Cómo es que vive si no tiene sangre? —dudó Thranduil.

—Es la magia de Ned... —explicó el vampiro.

—Tal vez por mis venas corre algún tipo de fluido como el veneno de los vampiros y funciona como mi sangre. —opinó Charlotte—. Podría tener una baja de presión, es verdad; estaba muy triste y asustada cuando Olive llegó, tal vez solo me desmayé.

—Vaya susto que nos diste, Chuck... —afirmó Ned y los demás asintieron—. Creo que te debo una disculpa y tenemos una conversación pendiente tú y yo... —agregó.

Garrett y Thranduil se miraron y salieron juntos de la cocina.

—Debo ir a ver a Olive. —anunció el vampiro.

—Sí y yo debo... —divagó el elfo sin terminar la frase.

La vida de Thranduil se había convertido en un abandonar sus viejas tareas para reemplazarlas por las del Pie Hole; fuera de hornear pies y mantener animadas conversaciones con su nueva familia, el antiguo rey del bosque negro no tenía nada que hacer.

Fue entonces que se encontró contemplando con tristeza como en un rincón de la pastelería tomando un descanso de cinco minutos, Tauriel y Kili disfrutaban de su amor tomados de la mano y echándose miraditas tiernas. Detrás suyo, un pastelero y su amada novia viva otra vez se reconciliaban de su reciente pelea y el vampiro que tenía a su lado se marcharía en cuestión de segundos para encontrarse con su novia.

«¿Por qué solo pongo énfasis en las parejas? ¿Acaso no hay otras cosas que también me interesen?» pensó para sí.

Miró las tazas de café sobre el mostrador, solo había dos y estaban muy juntas formando una pareja de tacitas encantadora. Servilleteros a su derecha... De a dos; personas compartiendo un momento en la cafetería... De a dos. «¡Excepto aquellos al lado de la ventana! Que son... Una pareja con un niño. ¿Por qué tiendo a emparejar todo a mi alrededor? ¿Acaso me estaré sintiendo solo?» Se dijo el elfo. Fuera de su mente, el eco de una voz lo sacó de su ensoñación o mejor dicho... Pesadilla.

—¿Debes hacer qué? —repitió Garrett, quien lo miraba con curiosidad.

—¿Qué? —consultó Thranduil completamente desconectado de la realidad.

—Dijiste debo... Pero no finalizaste la frase. —Le recordó Garrett.

—Oh es que... Me puse a cantar. —Se excusó el elfo con una mentira de la que se arrepintió en segundos, pues era terrible para mentir.

—¿Cantar? —dudó el vampiro.

—Sí, en mi mente... —contestó Thranduil rápidamente para arreglar la mentira y hacerla más convincente—. Una canción de mi pueblo, y me acordé de mi hijo, es todo.

—¿Lo extrañas? —preguntó Garrett con una sonrisa compasiva.

—Por supuesto.

—¿No sería un buen momento para hacerle una visita? —propuso.

Thranduil miró todo a su alrededor y notó cómo su vida había cambiado completamente sin él darse cuenta. Hasta ese día no encontraba nuevas tareas para hacer cuando se aburría, pero tampoco tenía en mente visitar la Tierra Media, se le figuró que tal vez si regresaba, ya nunca querría alejarse de su trono otra vez y no era lo que pretendía.

—Mi hijo está allá pero también mis grandes pesares; la pérdida de mi familia, las grandes calamidades de la guerra. Regresar me dará la alegría de estar en mi hogar nuevamente, pero al final del día volveré a sentirme completamente solo y adulado por personas que me temen más de lo que me aman. —reconoció rememorando el pasado—. Recuerdo cómo las risas desaparecían al entrar a un salón; todos se ponían de pie y permanecían serios y callados. Solo respondían Sí, mi señor; no, mi señor. Lo único que nos animaba a todos eran mis celebraciones, claro que en el bosque negro dábamos nuestras propias fiestas, porque los otros elfos nunca nos incluían en las suyas. —acotó—. Éramos menos sabios y más feroces que las otras familias o los otros reinos, y al ser uno de los monarcas más jóvenes, también era el menos experimentado y más arrogante de todos según ellos. Así que nunca me invitaban a sus concilios; mi consejo no era buscado y solo recibíamos la visita de un mago cada cierto tiempo. —finalizó el elfo con pesar.

—¿Jamás te invitaron a una fiesta? —preguntó Garrett con asombro.

—No. —aseguró Thranduil y bajó la vista incómodo. Se sentía poca cosa en ese momento.

—Es una pena. ¿Sabes? Deberíamos intentarlo algún día. —dijo el vampiro.

—¿Hacer una fiesta? —indagó el elfo.

—¿Qué tal una celebración por el cumpleaños de Ned? —planteó Garrett—. Estuve leyendo sus papeles cuando viví con él y sé su fecha de nacimiento. El cumpleaños está cerca... Podríamos, ya sabes, organizar algo. Tú podrías ayudarme ya que eres tan buen anfitrión en tus tierras... —propuso.

—¿Crees que... salga bien? —Thranduil se echó hacia atrás como desconfiando de sus capacidades. El elfo siempre se había mostrado como un ser poderoso y seguro, pero en su estadía en la tierra de Ned había aprendido que en realidad era un rey sabio en Mirkwood, pero en este mundo era tan solo un punto ordinario e ignorante en múltiples aspectos y se había vuelto inseguro respecto a lo que podría llegar a lograr, aunque como pastelero le iba muy bien.

—Por supuesto que saldrá bien. —Garrett dio una palmada en el hombro del elfo, que hizo que Thranduil se relajara un poco y comenzara a pensar en mil ideas para armar la celebración—. Y además de ayudarnos... Por fin dejarás de ser anfitrión y serás invitado a una fiesta. —aclaró.

—Creo que podría funcionar. ¿Qué tal una gran mesa en el medio del salón? Manteles en color plata... flores adornando el centro. —ideó y comenzó a imaginar la decoración sobre el salón.

—Una cata de vino para los que se puedan dar el lujo. —acotó el vampiro. Se refería a todos, excepto a él y Olive.

—¡¿Existe más de un vino?! —Los ojos de Thranduil brillaron y Garrett sonrió. De verdad el elfo tenía mucho que investigar.

—Si, tal vez Chuck pueda ayudarte con eso, ella conoce tiendas donde comprar... Bueno, tengo que irme... Quizás te inspire un poco salir a caminar por el parque. Donde fuimos aquella vez con Tauriel, ¿Lo recuerdas? —preguntó.

El rey lo recordaba perfectamente, iba allí de vez en cuando para conectarse con la naturaleza... Ir al bosque le resultaba doloroso; había tanto que le recordaba a su reino que lo mejor había sido encontrar ese parque para caminar descalzo sobre la hierba, hacerse uno con el planeta y respirar un poco de verde.

Así que dejó el delantal sobre el mostrador, escribió una nota para Ned y Chuck avisando que se tomaría el resto del día y desapareció con el brillo del sol iluminando su rubia cabellera. Los comensales no pudieron evitar girar su cuello y acompañar su figura con la mirada hasta que este desapareció de los ventanales... Era tan encantador.

Llegando a la esquina, Thorin intentó detenerlo pero él lo detuvo en seco estirando su brazo muy cerca de la cara del enano: «Hoy es mi día libre, Oakenshield y tengo tanto que planear. Ve a comentarle a alguien más.» dijo severo y continuó su caminata.

Thorin se giró para verlo irse y volvió rápidamente su mirada a las carpetas; con un ademán de su cabeza decidió que lo mejor sería hablar con el dueño del negocio.

Cuando entró al local encontró al pastelero y su novia besándose a través de un plástico.

—Así que eso es lo que hacen... —declaró sonriendo de lado.

Ned y Chuck se separaron rápidamente sonrojados.

—¿Qué cosa? —indagó el pastelero haciendo de cuenta que nada extraño había ocurrido.

—No pueden tocarse así que se besan a través de un plástico para envolver las tartas... Ingenioso. —comentó el enano.

—Ah, eso, Sí. —Ned sonrió y se marcaron dos dulces hoyuelos en sus mejillas—. Fue idea de Chuck. —acotó.

—Encantador. —El enano sonrió a la chica que desapareció de la cocina y fue a ayudar a los demás al salón.

—Bueno, no estás aquí para hablar de besos supongo... —expresó Ned curioso.

—No, traigo temas más funestos debo decir... Ned, las cosas no están bien. —Thorin abrió una carpeta en la que llevaba los valores del Pie Hole y todos sus asuntos financieros—. Mira, en el tiempo en que no estuviste no podíamos revivir la fruta, por ende nos quedamos sin insumos con los que trabajar. Mis sobrinos y yo decidimos utilizar una porción de nuestra herencia para solventar los gastos y no tener que cerrar la pastelería hasta que decidieras volver.

—Oh, lo sé. Y voy a reponerlo en cuánto el negocio genere ganancias otra vez, lo prometo. —aseguró el pastelero.

—No queremos eso. Somos familia, nos ayudamos. —declaró Thorin restándole importancia. Ned sonrió.

—Si, pero... —Quiso replicar.

—Nada. —Pero Thorin lo detuvo—. No es por eso que estoy aquí... Mira, —prosiguió—, al mismo tiempo que la pastelería sigue funcionando incorporamos nuevo personal y las ganancias pasaron de dividirse de tres a ocho personas... —enseñó—. Además, estuve leyendo sobre las normas de esta tierra; tienen un sistema de leyes aún más complicado que Erebor. —explicó—. Parece ser que aquí necesitas identificación, papeles, habilitación... Allá, un herrero no tenía que justificar quién era, nos conformábamos con saber que era un herrero que habitaba nuestras tierras y pagaba su protección con su servicio. Aquí existe todo un sistema de impuestos y documentación a la que no podemos acceder. No podemos ni siquiera justificar nuestra edad, Ned. —comentó preocupado—. Tenemos actualmente cinco empleados ilegales en el negocio. Una mujer muerta para la justicia, dos enanos y dos elfos. Por si fuera poco, tu contador es otro enano. Llevo dos días sin dormir por este asunto y acaban de llamar a la oficina de Emerson para avisarnos de una inspección la próxima semana. —anunció—. Se lo comenté al señor Cod y me envió aquí a hablar con alguien. ¿Qué haremos al respecto?

Ned se quedó un momento pensativo, apoyó ambas manos sobre la mesada de la cocina y sus ojos se abrieron según pasaban los segundos y procesaba la información que acababa de recibir. Finalmente habló.

—¿Te han dicho cuándo será la inspección? —preguntó.

—La semana próxima.

—¿Especificaron un día?

—No. —aseguró Thorin.

—Bien... esto es lo que haremos. A partir del lunes todos dejaran de trabajar aquí, excepto Olive y yo. —ordenó—. Que nadie entre a la cocina y si se presentan a la pastelería, háganlo como clientes, nada de empleados, no tendremos a nadie más que no sea Olive.

—¿Crees que ella pueda trabajar cerca de los humanos? —indagó Thorin con confusión.

—¡Rayos! No había pensado en eso. —acotó Ned cayendo en cuenta de la nueva naturaleza vampírica de la rubia.

—Bien... No quería decir esto, pero... Necesitas una empleada, humana. —alegó—. Una que sí exista para este mundo y pueda trabajar aquí sin levantar sospechas. —añadió.

—Podrías... ¿Encargarte de eso? —solicitó Ned con amabilidad.

—Si... Ya mismo puedo empezar a hacer los anuncios. —aceptó el enano con gran predisposición.

—Manos a la obra entonces, que sea urgente. —comandó Ned.

Thorin iba de salida hasta que notó que le faltaba algo.

—¿Ned? —llamó. El pastelero se giró alarmado.

—¿Ahora qué? —inquirió.

—¿Qué haremos con toda esa fruta podrida en el congelador? —dudó el enano. El pastelero echó una mirada de preocupación sobre la puerta de metal al final de la cocina.

—Supongo que... Reviviré todo lo que necesite hasta el lunes y luego tiraremos el resto. Tendremos que comprar fruta fresca y...

—Bien, yo me encargo. —resolvió el enano.

—Pero Thorin...

—Es mi forma de pagar la renta por vivir en un apartamento. —afirmó.

Esa misma noche se les informó a los empleados del Pie Hole que debían abandonar sus tareas al menos por una semana y Thorin pegó en los ventanales del local los anuncios hechos a mano de: Se busca camarera.

Al principio los realizó en Khuzdul y tuvo que rehacerlos porque en los carteles solo se veían dibujos de runas... La costumbre.

La semana parecía pasar con rapidez y nadie se presentaba por el anuncio, era como una maldición para que todo en la pastelería tendiera hacia el caos. El pobre Ned ya no daba a basto cocinando, atendiendo y limpiando su negocio. Se levantaba muy temprano de madrugada con la noche pegada en sus somnolientos ojos para hornear y terminaba de fregar muy tarde pero con un poco de ayuda de los demás, sabiendo que a esa hora el inspector de salubridad ya no pasaría a controlar la habilitación del Pie Hole.

Llegó la mañana del miércoles, un muy cansado Ned estaba a punto de llevar una de las tartas al exhibidor cuando sintió la campanilla del mostrador sonando y abrió los ojos asustado para descubrir que se había quedado dormido de pie. Tuvo una sensación pegajosa en su mano izquierda y un olor nauseabundo a fruta podrida inundó su nariz... Había metido la mano en el pie listo para presentar y la fruta del centro había vuelto a su estado de putrefacción... Muerta por siempre.

Limpió su mano con un trapo con la misma rapidez que echó la tarta a la basura y se acercó a la puerta para comprobar que el inspector se encontraba esperando ser atendido. Preso del terror, se escondió en la cocina y tomó a tientas el teléfono para comunicarse con Emerson; él ya sabían qué hacer.

Luego de colgar la llamada se levantó y caminó lo más tranquilo que pudo al salón y se disculpó con el inspector por hacerlo esperar. Le dijo que su camarera había renunciado recientemente y que de momento no contaban con una nueva. Esto no le gustó al hombre que anotó en una planilla muy serio.

Le pidió recorrer el local y Ned aceptó muy nervioso. Por dentro estaba gritando y corriendo en círculos, pero por fuera supo disimular muy bien. Al principio dieron una vuelta por el salón y el inspector fue minucioso en cada detalle.

Mientras tanto, dos elfos, tres enanos, una chica viva otra vez y dos vampiros se apresuraban a quitar la fruta podrida del refrigerador por la puerta trasera del local. Garrett y Olive resultaban ser los más rápidos para hacerlo y ella prefería concentrarse en el olor de la fruta por asqueroso que fuera a tentarse de la sangre de los elfos o del propio Thorin que no pudo dejar de sonreír un segundo desde que vio a Olive ayudándolos. Aún sentía algo por ella y esto era motivo de lamento para Olive que sabía perfectamente lo que el enano estaba pasando... Era muy similar a su pasado con Ned.

En una de las idas y venidas se cruzó con su amado Garrett y se alegró. El vampiro no comprendió porqué se veía tan feliz; se amaban, sí, pero la sonrisa de Olive no era normal. Ella sonrió al saber que había sufrido por Ned, pero había recibido una recompensa, y se permitió soñar que eso también podría ocurrirle a Thorin... Entonces dejaría de sufrir por amar a alguien que no lo correspondiera.

Ya casi terminaban de quitar el depósito de fruta podrida cuando el inspector decidió pasar a la cocina y una gota de sudor frío corrió por la espalda de Ned mientras lo acompañaba hasta el lugar. Al momento de abrir el refrigerador y que el pastelero sintiera su sangre bombeando con más fuerza que nunca, el timbre del mostrador volvió a sonar. Ned hizo de cuenta que no escuchó, pero el inspector intervino.

—Es el timbre...

—Si, pero estoy con usted ahora. —Se excusó amable.

—Deme la llave del refrigerador, yo me arreglo. —solicitó el inspector.

—Pero...

—La llave. —El inspector extendió la mano y Ned no tuvo más motivo que entregársela y acudir al salón. Para ese momento ya su cuerpo estaba por desfallecer.

Tal vez no creía usualmente en un ser superior, pero en ese momento se encomendó a todo Dios conocido desde la infancia hasta el segundo más reciente de su vida y oró mentalmente porque el inspector no hallara nada malo al abrir la puerta. Al llegar al mostrador, otro pensamiento inundó su mente.

—Hola... ¿Eres Ned, verdad? Vengo por el aviso... —dijo el muchacho frente a él.

—No, tú no vienes por el aviso. —aseguró el pastelero.

—Si.

Ned se cruzó de brazos y observó con cuidado a la persona que tenía enfrente que se quitó los lentes de aviador que traía y le quedó viendo socarronamente.

El pestillo de la puerta del refrigerador giró, Olive corrió con la última caja de fruta y chocó con Thorin que iba en dirección contraria a cerrar la puerta. Garrett se apresuró a ayudarlos mientras la fruta flotaba en el aire a punto de caer al suelo. Cerró la puerta y cuando el inspector ingresó en el refrigerador este se encontraba vacío.

El enano se levantó y ayudó a Olive a ponerse de pie, se alejó de ella rápidamente pero antes levantó un durazno que yacía en el suelo; estaba fresco.

—Hey, miren, este está bueno. —advirtió el enano.

—¿Qué haría entre la otra fruta? —comentó Garrett confundido.

—No lo sé. —dudó Thorin.

El inspector atravesó la puerta de la cocina y se dirigió al pastelero.

—¿Por qué no hay insumos en la cocina? —indagó muy serio.

—Po por po por... Porque... —balbuceó Ned sin saber qué decir.

—Nos quedamos sin ellos. —dijo el hombre que le había comunicado a Ned que venía por el aviso—. Estamos recibiendo toneladas de pedidos últimamente. Ahora mismo están descargando el camión de fruta fresca. —agregó.

—¿Si? —preguntó Ned confundido mirando al hombre que lucía exactamente igual a él.

—Claro. Disculpe a Ned, a veces se despista; al ser el pastelero es difícil saber sobre las cuestiones financieras. Joe Macmillan, ex corporativo de una empresa informática. Actual inversor del Pie Hole y hermano de Ned... Macmillan.

Joe estrechó la mano del inspector de salubridad y lo guió hacia la puerta hablando amablemente con él. Ned no entendía nada de lo que estaba ocurriendo y solo quedó mirando la escena con la boca abierta por la sorpresa y la soltura con la que el nuevo sujeto se desenvolvía. Además, estaba enterado de todo. Al contrario para él, el pastelero no conocía nada de la vida de este ser misterioso, pero de algo estaba seguro... Joe era otro clon.