El sol está brillando y una cálida brisa entra por las ventanas. O tal vez no. Quizás está ventoso y lloviendo afuera. El mundo puede venirse abajo fuera del Pie Hole, no importa, dentro de él es primavera desde hace unas dos semanas.

Elizabeth Lizzie Haselnuss apareció días antes en la pastelería con la intención de tomar la oferta de trabajo del Pie Hole y Ned aun no sabe cómo o porqué la contrató casi sin hacer preguntas. En este momento la ve ir y venir con un «encanto casi élfico» dice Thranduil, que está a la par de Ned cruzado de brazos mirando desde la cocina cómo Lizzie se desenvuelve encantadora y risueña atendiendo a los clientes madrugadores.

Café y la tarta del día para la mesa cuatro. Por supuesto, más azúcar para la señora de la esquina y una servilleta para el señor; no querrá mancharse.

No es un elfo, es real, pero tan mágicamente real que «podría ser la visión que ocurre bajo el efecto de una droga» opina Joe, parado detrás del pastelero y el elfo. Su sangre es tan dulce y tentadora que Garrett y Olive han pensado desaparecer por un tiempo.

Thorin y sus sobrinos han pasado los últimos días amoldando su nuevo apartamento, que han comprado en el edificio de Ned pero que figura a nombre del pastelero para no levantar sospechas. Demasiado revuelo armaron los vecinos al enterarse que un gran grupo de desconocidos entraba y salía de los apartamentos de Olive y los demás.

Las preguntas sin contestar sobre la nueva apariencia y belleza de la antigua camarera y sobre los repentinos parientes de Ned; que son todos iguales a él, fueron las razones que ahuyentaron a los inquilinos del piso del pastelero y se liberaron suficientes apartamentos para que todos vivieran cómodos. Fue así como la presencia de la nueva empleada no fue advertida por el enano que, ocupado en sus propios asuntos, esa mañana ingresó apresurado en la cocina.

—Buenos días. —Thorin comenzó a hablar rápido casi sin mirar a Ned y los clones—. Ya estamos casi instalados. Vengo a agradecerte todo lo que has hecho por nosotros, Ned y comunicarte que hemos decidido dar una cena en tu honor esta noche; por supuesto todos ustedes están invitados tam... Bien. —El enano finalmente prestó atención a los hombres que se hallaban mirando insistentemente hacia el salón y dio cuenta que ni uno de ellos había siquiera reparado en su presencia—. ¿Ned?

—¿Ned? —Lizzie irrumpió en la cocina y habló al mismo tiempo que Thorin—. Necesitamos más tarta de cereza, no sé porqué pero al parecer todos tienen apetito de los frutos del bosque hoy. —informó con gracia—. Han pedido sin parar de frutillas, arándanos, frambuesas, pero sobre todo de cereza. Deberíamos preparar más para la tarde. —opinó.

En un segundo, Ned y Thranduil asintieron sonrientes y comenzaron a correr en la cocina buscando los ingredientes para las tartas. Joe se quedó un momento observando detenidamente la escena del pastelero y el elfo y posó una mirada astuta sobre Elizabeth, entrecerrando los ojos como estudiando a la muchacha. El poder de convencimiento que tenía que innato y quizás siquiera había dado cuenta de ello. A Joe se le figuró que Lizzie podría ser una excelente comerciante.

La reacción de Thorin fue completamente distinta. Al oír a alguien más mencionar el nombre de Ned, se giró intrigado al no reconocer la voz femenina a sus espaldas. Se encontró de repente hipnotizado por la figura de la mujer frente a él, pero el terror recorrió su cuerpo con rapidez al encontrarse con la mirada de Lizzie. Sintió como si un látigo se hubiese azotado en medio de su espalda.

Por primera vez en su estadía en el mundo de Ned, el enano tuvo miedo de ser descubierto en su naturaleza no humana. La mirada de esa muchacha caló hondo en sus huesos e hizo mella allí, lo arrinconó contra su columna vertebral y se vio figurativamente desnudo dentro de si mismo, no teniendo lugar donde esconderse.

Quien quiera que fuera ella lo tenía respirando agitado y angustiado en medio de una cocina desaparecida. Todo era oscuridad y él... O luz brillante y los ojos de ella.

—Hola. —saludó Liz en tono amable, pero algo nerviosa. No podía dejar de mirar a Thorin en detalle y eso lo intimidaba aun más—. Soy nueva aquí y veo que no nos han presentado, Elizabeth Haselnuss, un placer. —Se presentó la muchacha y extendió su mano ante él—. Puedes llamarme Lizzie. ¿Tú eres...? —indagó con una sonrisa curiosa.

—Tho... Tho... Thorin. —balbuceó el enano y sacudió su cabeza intentando tranquilizarse. Le devolvió el saludo estrechando su mano, ya acostumbrado a las formas de presentación de aquel mundo—. Escudo de Roble. Thorin Escudo de Roble. —repitió como si su apodo fuera su apellido. Un nuevo latigazo en la espalda se azotó en él cuando sus manos se juntaron, la sensación fue aun más fuerte y más profunda y cortó el aire en sus pulmones mientras sus manos estuvieron unidas. Ella lo percibió y respondió ruborizada.

—¿Thorin? —llamó sosteniendo temblorosa la mano del enano, pero en segundos obligó a su cuerpo a mantener la calma—. Wow... Jamás había escuchado ese nombre antes, tus padres han de ser criaturas realmente originales para dar un nombre tan especial y diferente a su hijo... —comentó nerviosa. Había algo en su manera de expresarse que daba la pauta de que ella sabía más de lo que expresaba, pero Thorin estaba tan perturbado por su presencia, que no pudo siquiera pensarlo—. ¿Es nórdico como Thor? —agregó desviando la atención—. Mi apellido es germánico, significa avellana en alemán. —informó—. No sé porqué estoy diciendo esto si en realidad los germanos no eran vikingos, pero ya sabes, los últimos eran nórdicos pero pertenecían a la familia étnica de los germanos y... —Thorin abrió mucho los ojos y comenzó a asentir una y otra vez intentando procesar toda la información. Lizzie observó su confusión y se mordió los labios con una sonrisa risueña—. Debería cerrar la boca justo ahora. Lo siento. —acotó y tragó saliva. Thorin sonrió nervioso y quiso decirle que todo estaba bien, pero balbuceó y comenzó a transpirar por los nervios.

Lizzie tembló ante esa reacción extraña de Thorin y el enano sintió que si volvía a abrir la boca se le escaparía un grito. Joe, por otro lado, llevaba segundos observando la escena, e intervino.

—Así que Haselnuss es avellana, un nombre apropiado para trabajar una pastelería, ¿No crees? —acotó amable.

Elizabeth se encogió de hombros.

—Tal vez estaba destinada a venir aquí. —dijo nerviosa—. Después de todo, solo llevo en la ciudad pocas semanas, aun intento acostumbrarme. —informó.

—Oh, entonces tenemos mucho en común, acabo de llegar a Coeur d'Coeurs. —anunció Joe—. Dime Lizzie, ¿Estás interesada en la informática también? Estamos amoldando el Pie Hole para ser un cibercafé y creo que tienes potencial de líder, ya ves cómo los pusiste a todos a trabajar ni bien ingresaste en la cocina. —evidenció con una sonrisa compradora—. Creo que podrías ser muy útil a la hora de negociar con los proveedores...

Joe tomó a Elizabeth por el hombro y suavemente la guió hacia el salón, alejándola de Thorin, quien solo pudo verla irse sin hacer nada. En su camino fuera de la cocina ella se volteó a verlo y decirle adiós con la mano. Solo eso bastó para que el enano saliera de la pastelería disparado como un rayo.

Habían pasado unos diez minutos cuando se descubrió rodeando una plaza a calles del local de Ned.

«¿Qué está pasando y por qué me siento tan nervioso y solo quiero huir cuando está cerca de mí?» Se preguntó confundido el enano. «Debería relajarme e intentar de nuevo.» Resolvió.

La noticia de la nueva camarera se hizo eco rápidamente y llegó a oídos de Charlotte por boca de Olive; Garrett y ella se alejarían por un tiempo pues muchos mortales se estaban congregando en torno a la pastelería y Olive por más resistente que fuera, aun era una neofita y podría perder el control. Pero antes de irse decidió pasar por el apartamento de Chuck, quien aún se hallaba enojada o dolida con Ned permaneciendo fuera del negocio por días, para contarle sobre las nuevas noticias con perfume de mujer.

Esto no hizo más que acrecentar el enojo de la viva otra vez, que luego de oír de Garrett cómo Ned la había contratado sin hacer demasiadas preguntas y cómo corría atendiendo a las órdenes de la muchacha, sintió que la inundaban los celos.

«Así que Ned no solo desaparece y no intenta siquiera hablar conmigo sobre lo que ocurrió, sino que ahora además de los clones tiene un nuevo entretenimiento de enormes y soñadores ojos azules y el encanto de una elfa. Bien, esto es demasiado.» Pensó Charlotte. La muchacha luego de la partida de los vampiros tomó su mejor vestido de día, se arregló y partió para el Pie Hole, curiosa y furiosa. Al ingresar, Elizabeth se acercó a ella.

—¡Buenos días y bienvenida al Pie Hole! Mi nombre es Lizzie y seré su camarera el día de hoy. ¿Mesa para uno o espera a alguien más? Tenemos muchos clientes esta mañana y no puedo ofrecerle una ubicación junto a la ventana, lo siento, pero tengo esta mesa junto al mostrador que hará que la atendamos más rápido ya que se halla muy cerca de la cocina. —ofreció risueña.

«La maldita tiene una presencia exquisita y una sonrisa encantadora que me compraría en un instante de no ser porque estoy muy enojada para sentirme bien con ella.» Se dijo Charlotte.

—Gracias, pero si no te informaron, yo trabajo aquí. —dijo rápido—. ¡Neeeed!

—Oh, ¡Cuánto lo siento! Es que soy nueva aquí y no te había visto antes, creí que eras una de nuestras clientas, lo lamento, de veras. —Elizabeth intentó disculparse lo más amablemente posible pero Charlotte ignoró sus palabras completamente y pasó rápidamente a la mesa donde el pastelero estaba con Emerson—. Ay, rayos... —Se lamentó Lizzie y la siguió.

Mientras tanto, Thorin regresaba al salón ignorando la tormenta que se estaba formando allí con el elevado tono de voz de Charlotte.

—¿Así que desaparezco por tu culpa unos días y cuando regreso me entero que me has cambiado por un par de zapatos rojos de tacón con una compradora sonrisa? ¡¿Ned, qué rayos?! —chilló Chuck—. ¿Cuándo pensabas consultarme? ¿Siquiera le preguntaste si alguna vez había trabajado de esto? ¿Dónde vive? ¿CÓMO SE LLAMA?

Al escuchar todos los reclamos de la chica, Lizzie agachó la cabeza y dio dos pasos hacia atrás.

—Chuck... Tú te fuiste de mi apartamento sin razón la otra vez y yo... —Ned hizo una pausa y se llevo las manos al rostro masajeándolo como si de un momento a otro le hubiera dado jaqueca—. Tú no parecías querer hablar conmigo y necesitábamos a alguien que nos ayudara con el Pie Hole incluso antes que discutieras conmigo, lo sabes.

—¡¿Pero por qué ella?! —insistió la chica.

—¿Por qué no ella? Charlotte... ¿Qué es todo esto? —Ned se acercó apenado a su novia sabiendo que no podía abrazarla. En un momento incómodo que ambos compartieron mirándose tensionados, Ned continuó su camino hacia la cocina, para llevar la discusión a un ámbito más privado.

—Tú dime qué es todo esto. No hablas conmigo, ya no me consultas sobre los cambios, decides solo. No hacemos más que discutir y cuando me alejo de ti no haces ni el mínimo esfuerzo por buscarme y preguntarme qué ocurre. —reprochó ella—. Pero resulta que por Olive me entero de todo esto y que corres de un lado a otro por las órdenes de una mujer que contrataste; se supone que ella corra detrás de ti, no tú detrás de ella. ¡¿Quién eres y qué has hecho con mi Ned?! —inquirió con lágrimas en los ojos.

—Chuck... Tú eres la que actúa extraño. —acusó el pastelero—. Las cosas han cambiado un poco desde que Garrett llegó y luego los demás, pero no es motivo para discutir sobre nosotros. Entiendo que te sientas desplazada, entiendo que no veas cómo podemos tener nuestro final feliz, pero créeme que cada día de mi vida trabajo duro para hacerte feliz... Ya no sé que más quieres que haga. No puedo hacer más que esto. Lo sabes. —expuso.

Thranduil abandonó el pie que adornaba mientras ellos discutían en medio de la cocina y tomó la mano de Elizabeth que se había quedado paralizada a medio camino de la cocina sin saber muy bien qué hacer. La llevó suavemente hacia la salida.

—Puede que parezca que es tu culpa, pero no lo es. —explicó amable y hasta él se sintió extrañamente conmovido por la situación. Al entrar en contacto con la piel de Elizabeth, Thranduil tuvo la sensación de que ella no era enteramente humana. Un halo extraño, como el que suele acompañar a los hijos de Eru, la envolvía y eso a Thranduil le daba una sospechosa sensación de familiaridad.

—Temo que vayan a echarme. —expresó Lizzie con preocupación y devolvió a Thranduil a la realidad.

—Oh, no. —negó para tranquilizarla—. Ellos discuten regularmente desde que los conozco y no sé qué fue esta vez, pero si trabajarás aquí, y lo harás, debes aprender a que nada de lo que hagas será motivo de pelea entre ellos. Incluso si Charlotte se vuelve un poco loca y te acusa, no será tu culpa. Ellos están atravesando un mal momento. —informó.

Thorin entró en el salón y vio a Thranduil hablando muy cerca de Elizabeth. ¡Estaba tomando su mano! «¡Ese elfo asqueroso está usando su poder encantador para conquistar a esa inocente muchacha! ¡Maldito duende rompecorazones! Oh, un minuto. ¿Qué es esto? ¿Son celos?» pensó alarmado.

El enano se paró frente a ambos y mirando hacia arriba para ver el rostro de Thranduil se llevó las manos a la cintura.

—¿Qué está pasando aquí? —indagó.

—Nada, es solo que Elizabeth está algo angustiada por lo que acaba de ocurrir. —dijo Thranduil sin quitarle la vista de encima a la muchacha.

—Oh, ¿Qué ocurre? —Thorin tomó la mano derecha de la chica y miró a Thranduil desafiante quien le devolvió una mirada con gesto burlón.

—¿Qué está pasando aquí? Elizabeth te ves decaída. —Joe se acercó a ella y posó su mano sobre su hombro; Thorin hirvió de rabia y la chica se sintió repentinamente invadida y acosada.

—Estoy bien, muchachos, gracias. —dijo ella con un movimiento de hombros liberándose del roce de los hombres—. Es solo que Charlotte llegó hace unos minutos y la confundí con una clienta. No la conozco y creí que solo vendría por café pero ella entró en la cocina y comenzó a discutir con Ned sobre que él ya no le hacía caso y cómo me había contratado sin hacer preguntas. —explicó—. Me asusté un poco, soy nueva y no quiero causar problemas. Además necesito este trabajo, si me echan siquiera podré pagar mi apartamento y quedaré en la calle, no tengo dónde ir. Estaba muy preocupada por eso, pero el señor Thranduil me habló para tranquilizarme. Fue muy lindo conmigo. —anunció.

—No es nada. Solo hago mi trabajo. —mencionó el elfo e hizo una reverencia—. Con permiso. —añadió y se retiró de nuevo a la cocina, seguido por Thorin.

—Tu trabajo es hornear tartas, no coquetear con los empleados. —refunfuñó el enano.

—No me digas que estás celoso, Escudo de roble. —expresó Thranduil muy serio.

—¡Yo no estoy celoso! Solo remarco lo que cada uno debe hacer en su trabajo. —Puso de excusa.

—Bien, si así quieres jugar, te recuerdo que tu trabajo son las finanzas, no sostener la mano de las camareras en problemas. —acotó.

Al entrar en la cocina ambos se encontraron con la escena de Chuck y Ned besándose a través de un plástico.

—Oh muy bonito... Una camarera al borde del ataque de nervios por su pelea y ustedes muy acarameladitos besándose en la cocina, ¿Eh? —objetó Thorin.

—Vamos enano, dales una chance, al menos se reconciliaron. Estás que ardes de envidia porque al menos ellos tienen a quien besar. —bromeó Thranduil regresando a sus actividades.

Chuck y Ned rieron y se apartaron el uno del otro. La tormenta había pasado. Y qué gran noticia para el pastelero ¡Que estaba a poco de cumplir años!

A escondidas, los clones, sus amigos y el resto de la familia organizaron una fiesta sorpresa a celebrarse en el mismo Pie Hole un domingo, ya que ese día el local permanecía cerrado para los clientes y además coincidiría ese año con el día del cumpleaños de Ned. Comenzaron a preparar todo y almacenarlo en el apartamento de Chuck, ya que usualmente ella se quedaba en casa de Ned y no tenían motivos para ir a su apartamento.

Uno de esos días en que el pastelero se fue temprano a casa de Charlotte, que cocinaría para él, Thorin escribía en un borrador el nombre de Ned en runas para luego tallarlo en madera y regalárselo al cumpleañero sin advertir que Lizzie se acercaba a su mesa con café. La curiosa camarera no pudo ignorar la escritura tan particular del enano.

—Ned. —Leyó, o mejor dicho, intuyó que leía la chica—. ¿Runas? —preguntó.

Thorin se sobresaltó creyendo que ella podría leer Khuzdul, pues el idioma de los enanos ocupaba runas para escribir, pero... ¡¿Cómo podía hacerlo?! El idioma de su pueblo era secreto, solo otros enanos podían interpretarlo.

—¡¿Puedes leer esto?! —inquirió con susto.

—Oh, ¿Entonces dice Ned? —Se alegró Lizzie y Thorin respiró aliviado—. ¿Conoces lenguas antiguas? —preguntó algo extrañada—. Wow. No dejas de sorprenderme. —añadió con una sonrisa.

«¿Antiguas?» Pensó el enano, pero para no levantar sospechas le siguió la corriente.

—Bueno... Es un lenguaje secreto. Se pasó de generación en generación en mi familia, casi nadie lo conoce estos días. —informó.

—¡Entonces si eres nórdico! —exclamó ella ladeando la cabeza con ternura—. Sabía que con ese nombre había algo especial en ti. Asumo que también sabes que se puede practicar adivinación con ellas. ¿Verdad? —indagó señalando las letras.

—¿Con esto? —dudó Thorin.

—Sí. —Lizzie asintió con su cabeza al mismo tiempo que Thorin la miraba extrañado... Había algo en ella, algo especial, sobretodo en el trato que el enano percibía de ella.

—Solo me enseñaron a leer y escribir. No sabía que tuvieran otro uso... —acotó curioso.

Thorin entrecerró los ojos y Elizabeth le pidió permiso para acompañarlo en la mesa; la pastelería ya había cerrado y todos se encontraban allí después de hora ayudando con los preparativos para el cumpleaños sorpresa de Ned. El enano, tan o más curioso que la camarera, le hizo una seña para que se sentara frente a él.

—Bueno... Naturalmente se usan runas talladas en piedra o madera, pero no tenemos nada de ello aquí, así que... ¿Me permites una hoja y lápiz? —solicitó.

—Tengo una pluma. —Thorin nada sabía de lápices o lapiceras por lo que había tomado una pluma y un tintero viejo que Emerson tenía su oficina y había pedido al detective que le consiguiera tinta para escribir, estaba acostumbrado a ello y no dejaría de usar ese método.

—Me temo que mi trazo con pluma no es tan bueno como el tuyo pero puedo intentarlo. Conoces el lenguaje de los nórdicos antiguos, escribes con pluma... Eres un gran misterio, Thorin. Pero uno que me agrada ir descubriendo. —halagó con ternura.

Lizzie se internó en su tarea y Thorin se sonrojó. Ella no pudo verlo porque estaba muy ocupada intentando escribir lo mejor posible sobre el papel. Mientras esperaba que le devolviera la pluma, el enano la observó en detalle. Su cabello negro y sedoso caía en tímidas ondas sobre su perfil, contrastando con su piel blanca, de poca exposición al sol. En aquellos días habían bromeado en que quizás Lizzie era un vampiro, pero Garrett les había aclarado que nada en ella indicaba que lo fuera, pero sí que tenía un aroma muy particular... A sangre, pero no a cualquier sangre. Eso entonces despertó la alarma de Thorin, quien comenzó a creer que Elizabeth no era una humana como cualquier otra, pero no podía pensar en ella como un clon de Ned, pues su apariencia era completamente diferente. Aun así, su imagen tenía mucho de angelical, como si aquella chica viniera desde otro mundo, pero el enano no tenía más pistas que aquellas para investigar sobre su naturaleza misteriosa.

Mientras la miraba embelesado con las tiernas marcas que se le hacían en torno a la frente cuando se concentraba para lograr un trazo firme, se atrevió a preguntar:

—Elizabeth, ¿Qué edad tienes?

La humana rió por lo bajo sin mirarlo.

—Veintitrés. —mencionó con una sonrisa de lado—. ¿Por qué? —agregó curiosa. Al oír su edad, Thorin se echó atrás y bajó la vista. Se propuso no volver a mirarla y se sintió un terrible enano por sentirse atraído por lo que para su gente era una infante.

—Una niñita... —susurró atemorizado por sus sentimientos. Ella lo escuchó y volvió a reír.

—¿Niñita? —repitió y por primera vez en un rato, lo miró a los ojos. Thorin alzó la vista cuando ella se movió y no pudo dejar de mirarla por más esfuerzo que hizo. Se llamó enano depravado y aun así, no pudo apartar la vista de su rostro sonriente—. ¿Qué edad tienes para llamarme así? —preguntó. Thorin tragó saliva nervioso y balbuceó.

—Yo... Eh... —dudó. No sabía exactamente qué decir, pero tenía bien en claro que no podía decir su edad real o se pondría en evidencia su naturaleza no humana.

—Está bien. —expresó ella y continuó dibujando—. No hace falta que lo digas... Pero no me llames niñita. No lo soy. —anunció—. Para tu información, soy mayor de edad. —agregó y lo miró de reojo fugazmente. Luego continuó con su tarea y Thorin agradeció en su mente que se lo aclarara.

Al finalizar su trazo, cortó los papeles en cuadrados separando cada letra, los dio vuelta sobre la mesa de manera que no se vieran los símbolos, y los mezcló.

—Bien... Escoge uno. —Le dijo a Thorin—. Veamos qué tienen que decir las runas de ti... Y tranquilo, —avisó—, ninguna me dirá tu edad real. —añadió con una risita agradable que Thorin acompañó nervioso.

Con algo de temor pero ansioso de saber qué diría Lizzie sobre la runa elegida, Thorin tomó un papel de la mesa y lo dio vuelta. Descubrió con sorpresa que se trataba de la inicial de su nombre en Khuzdul. Ella rió suavemente y él confirmó lo que había estado pensando todos esos días al observarla de lejos, o mantener conversaciones informales con ella... Esa muchacha era más que una simple camarera, ella sabía cosas...

—Thorin... Qué decir más que estás destinado a tu nombre, esta definitivamente es tu runa. Aunque tú ya debes saber eso... —anunció arqueando la ceja izquierda mientras el enano observaba atento—. Esta es Thurizas, conocida como Thorn y representa el martillo del Dios Thor, aunque para mí es un hacha. —opinó sonriendo elocuente. Thorin palideció un poco al escuchar eso último; realmente estaba sorprendido por todo lo que ella podría saber de él solo con la inicial de su nombre, como si fuera una bruja que pudiera ver más allá de las cosas—. Tus padres han decidido nombrarte adecuadamente, pues es una runa muy poderosa la que te acompaña; simboliza la valentía y la fuerza. —añadió—. Eres alguien fuerte y estás destinado a grandes cosas pero todo eso puede jugarte en contra... No puedes solo pararte delante de una puerta y derribarla, Thorin... Debes pensar las consecuencias antes de hacerlo... Creo que por esta razón en tu pasado hay desorden y un suceso desastroso. —Al Elizabeth decir esto, el enano recordó las aventuras con el dragón y lo mal que había hecho su codicia a su pueblo. Él había irrumpido en la montaña aun con el dragón vivo en su interior y al despertarlo había ocasionado un gran desastre cuando este escapó y atacó una ciudad cercana—. A su vez, esta runa representa la espera... —prosiguió ella—. Tienes todo lo necesario para librarte de los problemas que te rodeen, ya que es la runa de la guerra y la fuerza, pero debes tener paciencia. Debes ser prudente en cada decisión que tomes o las cosas siempre se saldrán de control. Espera y piensa, Thorin. Quizás algo mejor llegue si no intentas hacerte con lo primero que ves. —aconsejó—. Y bien... ¿Le atiné? —preguntó curiosa.

El enano estaba sin palabras, solo pudo esbozar una media sonrisa de lado al tiempo que levantaba el papel con la inscripción de su letra rúnica.

—¿Crees que pueda conservarla? —preguntó Thorin observando el papel en detalle.

—Oh, no es mi mejor trazo... —expresó ella intentando quitarle el dibujo, pero él la detuvo.

—Pero es perfecto para mí, —declaró el enano—, pues no se trata del trazo, sino de esta curiosa situación que estamos compartiendo, es lo que vale más que cualquier objeto. —confesó. Ambos se miraron con ternura, aunque rápidamente él intentó disimularlo y fingió interés académico en el asunto—. Jamás conocí a nadie más que supiera sobre este lenguaje, bueno a excepción de mis sobrinos. ¿Qué más sabes de él? —indagó.

—Me temo que no mucho más. Conozco los significados adivinatorios de las runas, pero no sé nada sobre los nórdicos o los vikingos, ellos siguen siendo un misterio para la mayoría de las personas. —explicó—. ¿Crees que puedas enseñarme?

Thorin sabía que cualquier cosa que pudiera decirle a Lizzie pertenecería a la Tierra Media y a su gente, no a los nórdicos o los vikingos que ella mencionaba y de los cuales él nada sabía, pero ella había mencionado que permanecían como un misterio... Así que no podría diferenciar entre una raza y otra.

—¿Qué quieres saber? —preguntó—. Es una costumbre no divulgar nuestro lenguaje a otras personas. Es un secreto bien guardado. —confesó.

—Oh, está bien. Lo siento, no quise entrometerme en... —comentó ella apenada. Thorin negó sonriendo y restándole importancia; ella cortó la oración y se le quedó viendo alegre—. Bien, tal vez podrías enseñarme cuál es mi inicial. Así podría saber qué dice el destino de mí.

Thorin buscó entre las letras, dándolas vuelta una a una mientras Elizabeth seguía los movimientos de las grandes manos del enano con los ojos muy abiertos. Ella no se lo dijo en ese momento, pero le encantaba compartir tiempo con él, pues sentía que las horas volaban cuando estaban juntos, pero a la vez, ese era un tiempo de paz que no sentía en otros momentos o con otras personas. El movimiento suave y lento del enano le parecía hipnótico y quiso que no se detuviera nunca, pero Thorin encontró la runa entre las últimas sobre la mesa y se la enseñó; era Ehwaz.

—Hubiera jurado que era una M... —mencionó Lizzie con gracia.

—Tal vez lo parezca en este lenguaje, —acotó Thorin—, pero esa es nuestra E, bueno, la de mis antepasados —Se corrigió; sí era su lenguaje, pero no podía decírselo—. ¿Qué dice de ti? —preguntó atento.

—Bueno... esta es Ehwaz... Es una runa de progreso y crecimiento. —informó ella y alzó las cejas sorprendida por su significado—. Ella anuncia grandes cambios físicos y psíquicos, porque está ligada a un proceso de transición y cambio que ha de hacerse lo queramos o no. —dijo—. Al parecer todo en mí gritaba desde mi nacimiento que no iba a permanecer igual, ni en el mismo lugar por mucho tiempo. —Elizabeth hizo una pausa y se quedó pensativa mientras Thorin la observaba con tenura. Ella hablaba de su runa como si estuviera descubriendo que lo quisiera o no, estaba predispuesta a caer en la pastelería por capricho del destino—. Además simboliza a los caballos y ellos corren valientemente guiando a sus generales a la batalla; habla de una persona que puede hacerle frente a los cambios que Ehwaz predice.

—Yo diría que eres un pony. —bromeó Thorin conteniendo la risa, refiriéndose a la estatura de Elizabeth, que era aun más pequeña que él.

—Esto es serio, Thorin. —acotó en seco—. Tal vez toda la vida estuve destinada al cambio y no lo pude ver hasta que las circunstancias actuaron por mí obligándome a cambiar. —agregó bajando la vista. Todo lo juguetona y risueña que había parecido unos minutos atrás, se había borrado, dando paso a una seriedad sepulcral, que debajo de su rostro imperturbable parecía esconder una gran tristeza y tal vez miedo.

—Pero todo eso te hizo venir hasta aquí, ¿No? Eso es algo bueno. —Se animó a decir Thorin luego de un breve silencio incómodo, en un intento por acercarse a Elizabeth, pero ella continuó escueta y seria.

—No tienes idea... —declaró jugando con el papel de su letra. Thorin la observó preocupado mientras la sonrisa se borraba de su rostro.

—Elizabeth... —La llamó con una madurez que ella nunca había oído en su voz. En el peso y la seguridad de su tono, la chica encontró una sensación de hogar que le hizo responder al llamado con atención y amabilidad. Su rostro se destensó y juntó sus manos sobre la mesa, estirando sus brazos en torno a Thorin, dejando implícito que quería tener un contacto más cercano que solo esa voz familiar y cercana—. Tal vez aún no lo consideres, pues nuestro tiempo como amigos ha sido corto y se ha basado en charlas banales y alegres en tus descansos o en los míos cuando vengo a tomar café, pero puedes hablar conmigo de lo que sea. —Le hizo saber abriendo su corazón—. Estoy aquí y siempre estoy dispuesto a escucharte. —agregó para darle confianza—. Tal vez sea un poco bruto y me burle haciendo comentarios tontos como lo del pony, pero tengo buenas intenciones, lo hago sin querer. —Se disculpó apenado—. No quiere decir que no puedas confiar en mí para contarme las partes serias o tristes de la vida. —aseguró. Ella dio un suspiro lastimoso y sonrió tímida.

—Eres una gran persona y no lo dudes, si confío en ti. —confesó—. Es solo que... Ya no es importante. —agregó—. Las circunstancias que me han traído aquí ya no son un problema. —afirmó restándole importancia—. Tal vez algún día te lo cuente... Tal vez... —dudó un pequeño momento, pero luego sacudió su cabeza y prosiguió—: Pero no será hoy.

Una vez más se quedó unos segundos pensativa y al intentar tomar su letra para conservarla, Thorin fue más rápido y se la quitó.

—Oye... Quiero guardarla. —Se quejó ella.

—Puedo hacer algo mejor si me lo permites... La tendré conmigo hasta entonces. —solicitó el enano.

—¿Qué harás? —Quiso saber Elizabeth.

—Ah... No puedes saberlo. Es una sorpresa. —comentó él manteniendo el misterio.

—Thorin... —Lizzie tomó suavemente el brazo del enano, que se paralizó un poco, pues últimamente recibía más latigazos que nunca con cada intervención de ella—. Necesito un último favor... ¿Podrías mostrarme de nuevo tu boceto? Quiero ver la letra N. —pidió.

El rey de Erebor extendió a manos de la muchacha el papel con su trazo, luego recogió sus cosas de la mesa y se retiró a su apartamento. Allí tomaría madera y pondría manos a la obra.

Días después, la pastelería que usualmente no recibía clientes en domingo estaba lista para una celebración. Los manteles verde musgo y los adornos florales que Thranduil y Tauriel habían estado preparando se veían maravillosos sobre la mesa. Había guirnaldas, globos; el menú incluía gran variedad de tartas hechas con fruta fresca que Ned pudiera degustar sin problemas y al menos tres clases de vinos distintos elegidos exclusivamente por el rey del bosque. Sobre una mesa apartada cerca de una de las ventanas se hallaban los paquetes envueltos con moños de diversos colores que serían regalos para Ned.

Uno a uno, los invitados fueron llegando. Los primeros fueron los elfos, luego Garrett con Olive, quienes se habían alimentado más temprano de un ciervo del bosque para no verse tan tentados ante la sangre de los demás; estaban probando la dieta vampiro vegetariana y no les iba tan mal... Sus ojos habían tomado un tono cobrizo brillante y bello que volvía sus miradas no tan feroces. No escaparon ante la curiosidad de Charlotte que les preguntó discretamente porqué sus ojos habían cambiado de color...

Fili y Kili llegaron luego, vestían nuevos trajes hechos a medida y se veían muy elegantes. Joe MacMillan se les unió con una caja bastante grande; dentro traía para Ned un ordenador portátil de última generación que puso sobre la mesa de los regalos.

Thorin, que lo ayudó a pasar sosteniendo la puerta, no solo traía un cartel de madera tallada con el nombre de Ned como regalo, sino que cargaba algo que le importaba aun más, para alguien especial.

La última en llegar fue Elizabeth... Aun se sentía nueva en la pastelería pero parecía llevarse bien con la mayoría de los familiares de Ned, por lo que fue invitada por el mismísimo Thranduil, que venía planeando la celebración en un largo tiempo desde que Garrett le comentara sobre la fecha de cumpleaños. Jamás habían celebrado un cumpleaños en el bosque, por lo que se vio casi obligado a consultar con Lizzie los detalles de un evento como ese y siguiendo los consejos de una camarera sorprendida por la ignorancia de Thranduil en el tema de los cumpleaños, decidió que lo mejor sería no dejarla afuera de la celebración.

Thorin casi saltó de alegría al verla, algo que no escapó a la sonrisa burlona del rey elfo, el cual lo tomaría de punto el resto del día, haciendo sonrojar al enano más de una vez.

El último en llegar al lugar sería Emerson, que se había hecho a la tarea de engañar a Ned llamándolo temprano para comunicarle que había un caso muy importante que resolver y así darle tiempo a los invitados de llegar al Pie Hole sin ser vistos y arruinar la sorpresa. Al pasearlo un poco por la ciudad sin mencionar ni una sola vez un feliz cumpleaños, haciéndole creer al pastelero que se había olvidado por completo, fingió una llamada urgente de Thranduil en la pastelería diciendo que había una fuga de agua y todo se había inundado; que debían regresar de inmediato.

Al entrar en la pastelería los invitados saltaron al grito de: «¡SORPRESA! ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, NED!»

Durante la reunión todos recalcarían las virtudes y bondad del pastelero en aceptar a todos y cada uno de sus familiares en su casa; hicieron hincapié en esta palabra y no en clones por la presencia de Elizabeth, y al momento de abrir los regalos, las cosas que más le emocionaron fueron el cartel de Thorin y la caja con golosinas que no consumía desde la infancia, que Chuck había preparado para él recorriendo muchos lugares en búsqueda de los dulces.

Al momento de presentar el regalo de Lizzie, ella explicó que no conocía muy bien a su empleador como para saber qué comprar, por lo que había consultado con Thorin y haciendo una breve investigación sobre el significado de la runa de su nombre había podido saber de él que era representado por la runa Nauthis, la cual hablaba de la necesidad de aprender a vivir con determinadas limitaciones y de sortear obstáculos para alcanzar el equilibrio, también así anunciaba la necesidad de renunciar a cuestiones, de sacrificar algo muy importante a cambio de armonía. Nauthis estaba asociada a la diosa Nott. Recientemente Lizzie había adquirido una pequeña estatua de bronce de la diosa, entonces decidió regalársela a Ned.

Cuando Elizabeth se acercó con su regalo, Ned le agradeció el gesto y miró con ternura a Charlotte, relacionando lo que la camarera había dicho sobre la inicial de su nombre con el sacrificio que él había hecho de no volver a tocar a Chuck con tal de mantenerla con vida.

—Ya sé que no es mucho... Pero es lo mejor que puedo hacer hasta conocerte mejor. —declaró tímida mientras Ned observaba la estatuilla.

—Creo que solo con una runa conoces a Ned mejor que si hubieras indagado sobre su vida. —añadió Garrett esbozando una sonrisa—. ¿Cómo es que sabes tanto de runas y dioses nórdicos?

—Es... Simple curiosidad. Siento una gran fascinación por el ocultismo. —confesó la humana.

—¿Ah si? ¿Qué otras artes practicas? —Quiso saber Garrett.

—Bueno... Sé leer el tarot y los naipes españoles. —contó ella.

—¡Es una hechicera! —exclamó Fili algo asustado y Elizabeth rió.

—No, no lo soy. Solo soy curiosa. —Le dijo para tranquilizarlo.

—Pues qué bueno tenerte entre nosotros, Elizabeth. Eres bienvenida a nuestra familia. —acotó Ned y levantó un poco la estatuilla del Dios nórdico, agradeciéndola.

Todos comían y bebían disfrutando de la velada y tomándose el tiempo para celebrar junto a Ned. El clima de la reunión era distendido y Joe puso música; saco a bailar a Charlotte y pronto la mayoría de los invitados se encontraron bailando entre ellos.

Mientras tanto, Thorin se había apartado en un rincón. Sentado en un taburete del mostrador observaba todo lo que ocurría. De vez en cuando miraba disimuladamente a Lizzie, por lo que la perdía de vista con regularidad; la muchacha platicaba con todos, bailaba animadamente y disfrutaba de la fiesta con naturalidad como si siempre hubiera pertenecido a la familia de Ned.

En uno de esos momentos en los que la buscó con la mirada, no advirtió que ella se hallaba detrás del mostrador y se sobresaltó al sentir la mano de la chica en su hombro.

—Por Durin, ¡¿Quieres matarme de un susto?! —chilló con voz ronca. Thorin se giró hacia Elizabeth respirando agitado pero sonriendo.

—Ups... Lo siento. —Se disculpó ella. El enano hubiera contestado algo pero la risita risueña de la muchacha le hizo perder cada palabra. Realmente estaba fascinado por ella—. ¿No bailas? —preguntó tierna.

—Oh no, soy un pésimo bailarín, milady. —reconoció Thorin torciendo la boca hacia un lado.

—Qué pena... —Se lamentó recargándose sobre la barra del mostrador.

—Lamento no serle útil en estos momentos. —acotó Thorin girando su cuello hacia ella y sonriendo muy alegre de tener su compañía.

—Oh, está bien, ya bailé demasiado con Joe y me cansé. —mintió. Elizabeth jamás se cansaba de bailar, era de las cosas que más le gustaban—. Además... Me hallo algo curiosa... —En esto sí dijo la verdad. La humana juntó sus manos sobre el mostrador y acercó su cuerpo a Thorin como si fuera a confesarle un secreto. El enano advirtió que podría venir un episodio de preguntas que no podía contestar y decidió no darle pie.

—También yo, no he dejado ni un minuto de pensar en lo que dijiste durante la cena. —Desvió entonces el tema de conversación.

—Dije muchas cosas... —recordó ella con cierto encanto y Thorin reparó en que sutilmente estaba coqueteando con él, pero no se animaba a responder por miedo a que aquello solo fuera su imaginación y Elizabeth solo estuviera jugando.

—Sobre los naipes. —aclaró disipando el coqueteo—. ¿De veras lees el futuro con ellos? Creí que solo se ocupaban para jugar. —agregó. Ella retrajo su cuerpo y asintió.

—También se pueden usar para adivinación, aunque casualmente no tengo cartas cerca para demostrártelo. —mencionó seria.

—Debo esperar entonces... Como dice mi runa, no derribar las puertas... Sino esperar... —acotó él y alzó una ceja. Elizabeth entendió la indirecta y rió por lo bajo—. Y sobre eso... Te dije que haría algo con tu runa. —Le recordó. Thorin buscó en su abrigo y sacó una pequeña caja de él; se la dio a Elizabeth junto con una bolsita—. Esto es para ti.

—¿Para mí? Pero... No es mi cumpleaños. —indicó la muchacha.

—No necesito una ocasión especial para obsequiarte algo. —declaró el enano con ternura y automáticamente se mordió los labios observándola con los ojos muy abiertos y mirada de terror.

Ambos quedaron en un silencio incómodo. Thorin, tal y como lo había dicho ella según su runa, solo quería derribar puertas sin pensar en las consecuencias; por lo que usualmente su ansiedad y nervios lo hacían avanzar a pasos agigantados con Lizzie; ella, más racional y paciente, sabía que estaba siendo cortejada por el enano pero no hacía nada para frenar la situación. En el fondo adoraba su suerte al llegar al Pie Hole y encontrarse con gente tan buena...

La muchacha se sonrojó y comenzó a jugar con una punta del moño que adornaba la pequeña caja, lo deshizo suavemente. Mientras tenía toda su atención en la cajita, él no podía quitarle los ojos de encima.

—Espero que... Te agrade. —Se animó a decir.

Lizzie tomó en sus manos una piedra con Ehwaz, la runa de la inicial de su nombre tallada. La suave roca gris se encontraba engarzada para llevarla como un colgante. A su vez, en la bolsa encontró todo un juego de runas también talladas con las que podría practicar adivinación.

Elizabeth permaneció callada y seria por unos segundos contemplando el fino trabajo hasta que levantó la vista hacia el rey de los enanos.

—Tú... ¿Tú hiciste esto? —dijo ella finalmente. El enano asintió intrigado y asustado por la expresión de ella—. ¿Tú? ¿Tallaste la piedra?

Él asintió nuevamente. Ella rodeó el camino de detrás del mostrador hasta quedar cara a cara con Thorin. Aun con la piedra de su inicial en la mano se abalanzó sobre él y lo abrazó fuertemente. El enano no pudo reaccionar con la misma rapidez, pero la calidez del cuerpo de Lizzie cerca del suyo y la fuerza con que los pequeños brazos de ella rodeaban su cuello lo animaron a rodear su cintura. El abrazo solo duró unos segundos, pero ambos estuvieron en el paraíso durante ese tiempo.

—Esto es lo más bello que me han regalado en toda mi vida... Y tú... Eres increíble. —Lizzie tomó las manos de Thorin y las observó—. Wow, Thorin, realmente tienes un don. Es maravilloso.

En un lugar muy lejano del mundo de Ned, Lee ponía pausa a un muy interesante capítulo de House of Cards a causa de su acompañante en la otra punta de la habitación, caminando hacia él con un libro en sus manos.

—¿Qué es lo gracioso? —Lee sostuvo el control sobre su regazo y miró a su pareja.

—Yo no me estoy riendo. —corrigió su pareja.

—Tienes ESA sonrisa ocupando toda tu cara. —Le hizo saber—. La misma de cuando nos conocimos e intentando coquetearme te traicionaron los nervios y derramaste la bebida sobre tu ropa. —recordó y sonrió tierno.

—Es que fuiste tan lindo al darme tu chaqueta para que nadie viera el papelón. —agradeció su pareja.

—Es mi trabajo protegerte, ¿No crees? Pero bien, es esa misma sonrisa. ¿Ahora qué?

Lee tomó el libro en sus manos y leyó una de las últimas páginas. Una gran sonrisa apareció en su rostro también.

—Te dije que no te preocuparas por Thorin, que estaría bien. —mencionó.

—¿Bien? Está mejor que eso, ¡Está enamorado! —exclamó su pareja con alegría.

—¿Quién es ella? —preguntó Lee.

—No tengo idea, pero al parecer no es un clon, o un personaje... —opinó su pareja.

—De alguna manera ahora lo es. —observó Lee leyendo el libro.

—No lo creo, ella es humana y solo está allí para hacerlo feliz, eso me hace feliz. —insistió su pareja.

—Ella está en el libro ahora. —Lee levantó la página reescrita hacia su acompañante y señaló el nombre de Elizabeth.

—Porque él la ama. —aseguró su acompañante.

—Algo va a ocurrir. Las personas no solo se agregan a un libro porque si. Ni Ned ni ninguno de los clones se ha agregado. —informó.

—Crees que... ¿Algo los haga volver? Thorin se prometió ya no hacerlo. —dijo.

Lee volvió a observar el libro.

—Espero que la razón de la vuelta no sea la que estoy pensando.

—Lee... Me prometiste que ninguno de ellos le haría daño. —Se quejó su pareja.

—Él no debió haber cruzado en primer lugar. —Le recordó Lee—. Los finales felices solo aplican a los clones de Ned. Mis clones. —agregó.

Ambos se miraron preocupados.

Casi al final de la fiesta todos comenzaban a retirarse a sus casas y Thorin se ofreció a acompañar a Elizabeth.

—No veo porqué no... Recientemente, y con esto me refiero a esta mañana, descubrí que somos vecinos. Nuestros balcones de hecho están conectados... Solo los separa una reja. —comunicó Lizzie y Thorin se alegró al oírlo.

Ambos caminaron en silencio hasta cerca de la puerta del edificio. Antes de entrar, Elizabeth no aguantó más y debió indagar.

—Hay algo tan extraño en la familia de Ned. —soltó.

—¿Qué hay con ellos? —preguntó Thorin alarmado y se cruzó de brazos preparándose para escuchar cualquier tipo de observación.

—Bueno, ellos... —dudó Elizabeth y se tomó el tiempo para rememorar cada cosa extraña que había notado—. Garrett y Olive no probaron bocado en toda la noche. Y no es acerca de la comida o que estén a dieta; que no le gusten las tartas, o lo que sea. —explicó—. Ellos ni siquiera bebieron. Ni vino, ni café o agua. Nada. De hecho, ahora que lo menciono, jamás los he visto probar bocado. —agregó sorprendida—. Luego están Thranduil y Tauriel, ¿Has notado que ambos tienen las orejas en punta? —acotó haciendo la mímica con sus dedos—. No son familia como para pensar que es una anomalía genética hereditaria. —expuso—. Y siempre están intentando esconderlas, pero hoy los observé cuando bailaban, ¡Y si las tienen, Thorin! ¡Las tienen! —repitió alarmada—. Y finalmente Chuck y Ned; son novios y han tenido sus momentos malos, lo sé porque incluso cuando comencé a trabajar aquí ellos estaban distanciados... Pero no se han tocado ni una vez desde que regresaron. —declaró—. No se besan, no se abrazan, no se tocan. ¿Qué clase de familia es esta?

—Te faltó mencionar a los tres enanos... —acotó Thorin despreocupado y al segundo se llevó la mano a la boca, pero Elizabeth no lo advirtió, pues estaba intentando abrir la puerta del edificio, y también minimizó la confesión de Thorin, por lo que él no hizo ningún comentario o aclaración.

—También está Joe, —puntualizó—, pero no veo nada extraño en él. Y sí, estás tú... Eres la única persona que conozco que maneja el lenguaje de las runas y talla madera y piedra tan hábilmente, pero... Asumo que solo eres una persona habilidosa y tienes tus secretos familiares, como todos, no eres el primero que conozco. —explicó la chica.

—Así es, todos tenemos secretos, Liz. —comentó Thorin y respiró aliviado—. Oh... ¿Puedo llamarte así? —preguntó nervioso.

—Claro. —dijo ella.

Ambos caminaron hacia el ascensor en silencio. Lizzie estaba procesando la información que le había soltado a Thorin y él estaba disfrutando de algo tan pequeño como poder llamarle Liz, un diminutivo que nadie más había utilizado antes y que reservaría solo para él.

—Liz... —La llamó Thorin estrenando su nombre—, no tienes nada de qué preocuparte. —mencionó retomando la conversación de la puerta—. Y eso es lo que realmente importa. Nuestra familia es algo extraña, sí, pero te aseguro que todo tiene una explicación racional. —Mintió, pero Lizzie no tenía porqué saberlo.

—¿Dices que Thranduil y Tauriel con esos nombres extraños se hicieron cirugía en sus orejas para parecer seres mitológicos? Es la única explicación racional que le encuentro. —comentó ella entrecerrando los ojos.

El enano rió y las puertas del ascensor se abrieron ante ellos.

—Piensas demasiado, Liz. —acotó.

—Vamos Thorin, dime que nunca te has preguntado todos los secretos que esconden. —mencionó ella.

No, en realidad no. Pero porque él los sabía, de hecho él era parte de ese gran secreto. Al llegar al piso de ambos, descendieron y cada uno se paró frente a su puerta. Thorin echó una última mirada sobre Elizabeth y sonrió tiernamente.

—Descansa, Liz. Te prometo que no tienes nada de qué preocuparte. Solo... No pienses tanto, ¿Si? Déjate llevar, tal vez los misterios, si los hay, se revelen ante ti en el momento adecuado. —soltó a modo de promesa—. De momento solo somos un contador y una camarera. Un tallador y... Una adivina... Una muy bella. —finalizó—. Buenas noches. —saludó y se metió en su apartamento.

Abrió el ventanal del balcón y cerró los ojos mientras la brisa helada de la madrugada llegaba a su piel; Thorin aun pensaba en las consecuencias que traería el decirle todo a Elizabeth. Tal vez ella se asustara y se alejara por siempre, o tal vez lo entendiera e incluso sintiera más curiosidad por su mundo y sus costumbres, las cuales él le contaría gustoso. Hacía años venía soñando con compartir su vida con alguien más.

Suspiró y un momento después abrió los ojos para descubrir a Lizzie en el balcón de al lado, acurrucada contra el vidrio de la puerta de salida envuelta en una frazada a cuadros bermellón y azul. Estaba dormida. La vio respirar pacíficamente y si bien pensó que ese no sería el mejor lugar para dormir, no quiso despertarla; su mano cabía perfectamente por entre los barrotes que separaban un balcón de otro y con meticulosidad poco común en un enano, ya que suelen ser muy torpes, pasó su brazo y tiró suavemente de la frazada de Elizabeth para tapar sus pies que seguramente estarían helados. A pesar del enorme esfuerzo que Thorin estaba haciendo para no perturbarla, ella despertó y ambos se quedaron estáticos en su posición mirándose fijo con intriga o temor.

—Yo... —Thorin titubeó como era costumbre al ser sorprendido haciendo una acción no común, sobretodo en presencia de Lizzie—. Yo, yo, yo... Tus pies estaban destapados. —habló rápido. Luego pasó su brazo bruscamente de nuevo a su lado del balcón y se golpeó contra uno de los barrotes— ¡Auch!

—Oh, Dios santo, ¿Te encuentras bien? —Lizzie se acercó a los barrotes e intentó tocar el brazo dolorido del enano.

—Si, tranquila. No es nada, esta mano ya sobrevivió a la mordida de un huarg... perro. —corrigió. Los ojos de ella se abrieron como platos sorprendida por la confesión de Thorin, pero él prosiguió sin explicarle qué había querido decir con huargo; unas criaturas gigantes con aspecto de lobo que abundaban en sus tierras y eran feroces y despiadadas—. Pero dime, ¿Qué haces durmiendo aquí? Hace un frío de muerte como para abandonar la cama. —indicó.

La muchacha se refregó los ojos y se acurrucó bajo su frazada.

—Es que tengo problemas para conciliar el sueño en la oscuridad. —declaró—. Estaba quedándome dormida con la luz del velador cuando cortaron la luz. Me aterra estar completamente a oscuras. —agregó—. Así que salí a buscar algo de luz afuera... Solo pude dormir cuando comenzó a amanecer.

—Es decir recién, oh lo siento tanto, yo... —Se disculpó Thorin—. Lo siento. Ya sabes, creí que tendrías frío y quise taparte pero te desperté. Lo lamento, pero Elizabeth, —Al mencionar el nombre de ella dejó de titubear e incluso suavizó el tono de voz cavernoso que siempre acompañaba a sus oraciones—. Cuando algo así suceda en lugar de morir de frío puedes llamarnos, estamos justo al lado. —ofreció amable.

—¿Llamarte en medio de la madrugada solo porque no hay luz? —inquirió ella y rió ante su ocurrencia—. Además, ustedes tampoco tienen electricidad allí, ¿O si? —dudó.

—Bueno no... —afirmó él—. Pero estamos acostumbrados a la oscuridad, de donde vengo nos alumbrábamos con velas y además, como veras... Soy excesivamente madrugador. —Thorin no dio cuenta de lo que decía, pues en un mundo moderno como el de Ned, el alumbrarse solo con velas teniendo electricidad sería algo muy extraño. Aun así, Elizabeth no preguntó, por lo que no supuso un problema.

—Es verdad... ¿Tú por qué estás despierto? —preguntó.

—Es la costumbre, los enanos se levantan muy temprano para trabajar en las minas, comienzan a excavar antes del alba y como allá en lo profundo de la montaña carecemos de luz natural no nos importa mucho el amanecer.

Thorin prosiguió detallando su vida muy serio y sin pensar que ya no estaba en la Tierra Media. En realidad una parte de él solo se dejó llevar; se moría de ganas por contarle toda la verdad a la muchacha, pero sabía que debía guardar el secreto, por lo que luego de soltar toda una parte de la historia miró con terror a Lizzie que se hallaba con una sonrisa en el rostro y al instante lanzó una carcajada.

—¿Así que eres un enanito minero de Blancanieves, eh? —bromeó—. Ahora entiendo lo de alumbrarse con velas y que te denominaras enano más temprano. De verdad eres bueno en esto... —afirmó con gracia—. Está bien, no tienes que decir que vienes de un cuento de hadas para ocultar el motivo de tu insomnio y además ofrecerme ayuda. No soy una princesa que huye de una bruja malvada y se echará a dormir a lo largo de la cama de los enanos. —anunció—. Sí soy curiosa y le temo a la oscuridad, pero esto no es un cuento. —aseguró.

—¿Blancanieves? —Thorin se había quedado prendado del nombre que ella había dado.

—Sí, el cuento popular con los siete enanos.

El rey enano de Erebor poco sabía de cuentos de hadas en esas tierras pero sintió curiosidad, se dijo que más tarde le preguntaría a Ned si tenía un libro con esa historia. A su vez, actuó lo más natural que pudo para no dejar en evidencia su naturaleza; él también venía de un cuento, o eso es lo que habían descubierto con Ned y Thranduil, pero por la forma en que la recién llegada se comportaba con él estaba seguro que ignoraba la existencia del libro El Hobbit y por su bien, el de sus sobrinos y los elfos, lo mejor sería que ella siguiera creyendo que todo era una broma.

—De donde yo vengo no somos siete, sino trece. Y no hay ninguna princesa. —confesó.

—Qué pena, me gustan las historias con princesas. —aseguró Lizzie y bostezó.

Thorin miró de reojo a la pequeña criatura que apoyada sobre los barrotes que los separaban, se veía lista para oír una fábula.

—Tal vez... —El enano aclaró su voz—. Una mañana muy fría, un príncipe desterrado de su reino por un malvado dragón, salió del pequeño palacio donde se refugiaba para admirar el amanecer y se encontró una bonita doncella que aseguraba no pertenecer a ninguna familia real a pesar de verse como una princesa humana. —relató—. Estaba helada y el príncipe enano la invitó a refugiarse en su modesto castillo pero ella parecía desconfiada. Conocía una historia en la que una princesa dormía sobre la cama de un enano y se negó a hacerlo, pero el príncipe la tranquilizó diciéndole que podría echarse a descansar en el sofá de su sala, mientras él le contaba una historia sobre dos criaturas muy diferentes que se conocen en un mundo extraño y se llevan bien a pesar de desconocer sus respectivos pasados. Fin.

Lizzie sonrió tiernamente y posó su mano sobre uno de los barrotes que separaban los balcones.

—¿Sabrá el príncipe que la doncella tiene terror a la oscuridad y el castillo solo está iluminado por la tenue luz de una vela? —acotó siguiéndole el juego—. Ella no puede permanecer a oscuras; no podrá dormir sin luz.

—¿Lo haría si el príncipe se queda cuidándola de las bestias? —propuso Thorin—. No es cualquier príncipe, este es el gran Escudo de Roble. —mencionó con orgullo—. Combatió gigantescos y malvados orcos, goblins e incluso una vez peleó contra un dragón. El príncipe le promete montar guardia sentado en el sillón más cercano al sofá y encender todas las velas que sean necesarias para que la princesa pueda descansar. —En un acto pleno de valor que supo de antemano podía salir muy mal, el enano tomó tímidamente la mano de Lizzie apoyada en el barrote de la reja pensando que ella la retiraría rechazándolo, pero no fue así, ella sonrió y acercó su rostro a los barrotes susurrando.

—No es una princesa... —aclaró.

—Él juraría que sí lo es. —insistió.

Ella bajó la vista sonrojada y le prometió que la doncella llamaría a la puerta del castillo en un instante. Luego se levantó e ingresó a su apartamento por la puerta de vidrio en la que Thorin la encontró durmiendo. El enano se apresuró a entrar a su apartamento para encender algunas velas, aunque si su sonrisa hubiera sido luz, hubiera iluminado como un sol toda la habitación.

Aun tenía tanto que conocer de Lizzie y su inminente llegada al Pie Hole, pero de algo estaba seguro; quería conocerlo todo y no se alejaría de ella a menos que fuera rechazado por la propia Elizabeth. No le importaría abandonar noches de sueño a oscuras si en cada despertar vería el pequeño cuerpo acurrucado de la muchacha; ni rechazar la comodidad de su colchón por el duro suelo de la sala acariciando el rostro de una doncella encantadora pero temerosa del brillo azul de las estrellas. Elizabeth seguiría siendo la razón de la falta de aire en los pulmones de Thorin y del temblor de sus manos, pero él así lo prefería; el terror que sentía no se parecía en nada a la fascinación que tuvo alguna vez por Olive...

Oh, Olive. Ella era bella y él creyó haberse enamorado, pero qué era entonces esa paz en su interior al llevar el nombre de Lizzie siempre en los labios a punto de salir por cualquier razón. Le encantaba nombrarla. Su presencia lo hacía querer gritar, pero mencionar su nombre era la calma, era el permanecer todo el día abrazado a una ilusión, dejarlo escapar como un susurro al verla cada mañana en la pastelería era no dejar ni un milímetro de su boca sin besar. Tal vez ella estaba aterrada por la oscuridad porque llevaba consigo toda la luz del universo, pero si él tenía que abandonar todo quien era para convertirse en una linterna y así no perderla en la penumbra de la noche, se convertiría en la estrella más brillante del firmamento para guiarla con su luz.

Lizzie tocó a la puerta e hizo que Thorin sintiera un choque eléctrico recorriendo su espina dorsal desde la cadera hasta la nuca; ya era un faro para su barco perdido.

Abrir la puerta y decir su nombre lo ayudó a respirar. Ella pasó, él fue hacia su habitación y regresó en un instante con sábanas, mantas y una almohada.

—En un instante el lecho estará preparado para usted, milady. —anunció.

—Oh no, nada de eso, déjame ayudar...

Ambos tendieron la cama sobre el sofá y ella finalmente se recostó. Una gran cantidad de lámparas de queroseno iluminaba la habitación y dos velas se encontraban encendidas sobre la mesita de la sala frente al sofá.

—Apagaré esas velas por precaución en cuanto te duermas, pero no tienes nada que temer... —aseguró Thorin y se sentó en el sillón junto al sofá—. Estaré justo aquí si me necesitas, Elizabeth.

Lizzie cerró los ojos pero seguía viendo en su mente a Thorin en el sillón. Sonrió tiernamente antes de preguntar...

—¿Por qué haces esto?

—Duerme, Elizabeth... Lo hablaremos en la mañana. —afirmó el enano dulcemente.

Cuando notó que la muchacha se había dormido, Thorin susurró: «Porque eres mi final feliz.»

El sol de la mañana sorprendió a Fili y Kili con la camarera del Pie Hole entre el sofá de la sala y la manta de cama de su tío Thorin; mientras, el rey de Erebor dormía sentado en un sillón cercano tapado con el abrigo de piel que había traído de la Tierra Media.

—Mmh... —gimió Fili—. Jamás duerme hasta las siete. —indicó observando todo a su alrededor.

—¿Crees que esté enfermo? —Kili sonó muy preocupado.

—Creo que tiene un grave caso.

—¡¿De qué?! —inquirió el menor de lo hermanos.

—De amor... —comentó el rubio conteniendo la risa. Ambos miraron a Lizzie y decidieron despertar a su tío.

—¡Liz! —Thorin despertó sobresaltado creyendo que ella era quien lo llamaba.

—¿Ves? Te lo dije. —Le dijo Fili a Kili—. Completamente grave.

—¿Thorin? —Elizabeth escuchó su nombre y despertó encontrando a todos los enanos en la sala—. Oh, lo siento... ¿Es tarde? —preguntó pestañeando muy seguido, intentando despertarse del todo.

—¡Elizabeth! No, no. Es muy temprano aun... —Thorin se incorporó del sillón y se acercó a la muchacha—. Apenas pasaron dos horas, vuelve a dormir. —pidió. La tomó suavemente del hombro y la ayudó a recostarse nuevamente—. Mis sobrinos van a cubrir tu turno en la mañana, y le diré a Ned que irás por la tarde o yo cubriré tu turno hasta que estés bien.

—Estoy bien. —aseguró la humana.

—No has dormido. Debes descansar. —insistió él.

—Ya llevo un tiempo en ese trabajo pero no puedo darme el lujo de faltar, necesito cumplir con mis horarios o van a echarme. —indicó—. Te agradezco todo esto Thorin, pero debo irme. —Lizzie intentó incorporarse pero Thorin la detuvo.

—No. Yo hablaré con Ned, Elizabeth. Necesitas descansar. —insistió.

—Thorin... —El tono de la muchacha sonó serio.

—Elizabeth... —El del enano, desafiante.

Fili y Kili se miraron y sintieron que debían irse.

—Debo darle los buenos días a Tauriel. —Se excusó Kili y se dirigió a la puerta.

—Y yo... Debo cubrir el turno de Elizabeth. —Fili hizo lo mismo que su hermano.

—No, no harás nada, yo iré a trabajar. —sentenció la humana.

—Oh no, ¡No lo harás! —exclamó Thorin.

—¿No? ¿Quién lo impedirá? Dime... —La muchacha sonó irónica.

—Yo. —aseguró el enano.

Los hermanos cerraron la puerta y del lado de afuera del apartamento sonrieron. Cada uno se fue por su lado.

—¡¿Tú?! —chilló Elizabeth y rió irónica.

—Sí, yo. —Thorin se sentó a los pies del sofá donde se hallaba Lizzie.

—¿Y por qué? —preguntó ella cruzándose de brazos—. Mira Thorin me caes bien, me agradas, mucho en verdad, —confesó para sorpresa del enano—, pero todo esto que siento desaparecerá si acaso intentas imponerme algo. ¿Por qué estás haciendo esto? —indagó.

—Porque... —Thorin suspiró y recordó todo lo que había aprendido en aquel mundo. Todo lo que él había creído correcto respecto a las relaciones con una mujer, estaba errado y si seguía manteniendo su postura perdería a Lizzie—. Me preocupas... —confesó—. Me preocupa saber que cuando trabajamos estando mal dormidos los accidentes pasan y...

—¿Y qué cosa mala podría pasarme? A ver... —pidió Liz bufando.

—Quemarte con café hirviendo, cortarte, golpearte, muchas cosas, Elizabeth. —enumeró él.

—¿Y bien? Será a mí a quien le pasen esas cosas, ¿Por qué lo quieres impedir? —insistió.

—Porque... ¡Porque no puedo soportar siquiera imaginarme que algo malo te ocurra, por pequeño que sea, porque me importas, Liz! ¡Me importas demasiado! ¡Mucho, demasiado! ¡Me gustas! ¡Creo que te amo!

Las palabras llegaron a la boca del enano como un vómito verbal y cuando dio cuenta de lo que estaba dejando salir era demasiado tarde. Se había expuesto completamente en sus sentimientos, esta vez explícitamente y Elizabeth, en la otra punta del sofá lo miraba con sus ojos enormes y expresivos y con la boca entreabierta, aunque no entraba ni salía ni un sonido de ella, se había quedado sin palabras y sin aire. Jamás pensó que la declaración de amor llegaría tan pronto.

Los latigazos a la espalda de Thorin lo azotaron todos juntos, uno por cada palabra que había dicho. El titubeo, el temblor en sus manos, la sensación de ahogo y de querer gritar y correr lejos de la mirada penetrante y clara de Elizabeth habían regresado todas juntas.

—Oh, Thorin yo... —Elizabeth se llevó una mano a la boca aún sin poder creer que había oído la confesión tan pronto.

—No. —Negó Thorin con la cabeza.

—¿Thorin?

—Por favor, no lo digas. —El enano creía que ella lo rechazaría y no estaba en condiciones de oirlo. Prefería el silencio.

—Pero yo...

Un estruendo afuera como un gran crujido en el cielo interrumpió la confesión de Elizabeth. Todo se oscureció como si la noche hubiera invadido nuevamente, como en un eclipse o como si las horas hubieran volado en la conversación de la camarera y el enano, pero no era así. Algo había oscurecido el cielo y provocado ese gran sonido. Algo real y espontáneo.

La muchacha se aferró aterrada al pecho del enano.

—¿Qué está pasando?

—No lo sé... —Thorin envolvió con sus brazos el pequeño y tembloroso cuerpo de Elizabeth que parecía buscar esconderse dentro de él.

Lizzie levantó su rostro para encontrarse con los azules ojos del enano. Thorin besó su frente y se aferró a ella mientras miraba fijamente el ventanal de afuera. Lo que fuera que estuviera ocurriendo en el exterior era el responsable del gran fogonazo en tono púrpura que acababa de inundar el cielo.

En el Pie Hole el día recién comenzaba y con el negocio aún no abierto al público, Thranduil seleccionaba los duraznos para la tarta del día cuando todos los vidrios del local estallaron a la vez. El rey elfo, aun aturdido por la explosión percibió una presencia siniestra en el aire. Caminó hacia los destrozos de la pastelería, temeroso de lo que podría hallar, pero sin demostrarlo.

—Ríndete ante mi poder y tendrás una muerte rápida, mortal. —ordenó el recién llegado.

—Bueno... Te equivocas. Verás, no soy un mortal ni a quien seguramente estés buscando. Lo que es claro es que tú eres otro clon, pero dime... ¿Por qué eres azul? —preguntó Thranduil.