El agua está calma, todo lo contrario al corazón de Thranduil, rey del bosque negro, a quien el tiempo le juega en contra. En este momento corre una carrera contra el reloj. Y la está perdiendo.
No gira su cabeza para no enfrentar un mar de lágrimas y desesperación, solo mira como la costa ha desaparecido tiempo atrás, solo rema... Desesperadamente.
Han pasado horas desde que abandonara el Pie Hole, o la montaña de escombros que una vez fue una pastelería. Hay tantas cosas que necesita procesar, tantas imágenes, flashes. Todo sucedió tan rápido y fue tan caótico. Incluso para él que ha presenciado innumerables batallas en su tierra natal lo que ha visto y lo que ha tenido que abandonar aun es imposible de procesar. De momento solo tiene dos cosas en mente: No dejar de remar hasta tocar puerto y la promesa que hizo antes de abandonar la ciudad.
—¿Qué haces? Te congelaras... —dice Thranduil que percibe movimiento a sus espaldas y finalmente toma valor para hacer contacto visual.
No hay respuesta por unos segundos.
—No lo haré mientras esté remando y no llegaremos más rápido si me quedo a su lado sin hacer nada. Necesitamos ir lo más rápido que podamos. Mis lágrimas no cerrarán la herida, además... está helada. —Anuncia Thorin. Silencio de unos minutos, sollozos leves—. Dime que vas a salvarla, Thranduil.
—Lo intentaré. —anuncia el elfo.
—No quiero que lo intentes, QUIERO QUE LO HAGAS. —ordena el enano.
Thranduil deja los remos y se gira molesto.
—¡Si la hubiéramos dejado en la tierra probablemente estaría muerta ahora! No conozco qué clase de poder la ha herido, pero regresar a Mirkwood es nuestra única posibilidad, es lo único que puedo hacer, no puedo garantizarte que viva, pero yo también espero que esto funcione. Me juré ya nunca regresar y solo lo estoy haciendo por... —Vuelve a su posición original y continúa remando.
—Dilo. —clama Thorin.
—No lo haré.
—De todas maneras me duele, lo único que podría destruirme por completo sería su muerte. Solo di su nombre.
—...
—ELIZABETH. ¡Di su maldito nombre, Thranduil!
Gritar el nombre de Lizzie llenó de fortaleza el cuerpo de Thorin Escudo de Roble, quién hasta ese momento todo lo que tenía frente a sus ojos era el recuerdo del rostro de Elizabeth apagándose lentamente hasta que sus ojos se tornaron de color púrpura muy intenso. Su mano llegó a tocar tímidamente la barba del enano antes de caer pesadamente al suelo y comenzar a convulsionar junto con el resto de su cuerpo.
Luego de ese momento solo hubo gemidos de dolor y frío. El cuerpo de la muchacha era hielo. Thorin no pudo dejar de culparse ni un solo minuto, tampoco dejó de llorar ni de abrazar el gélido cuerpo de Elizabeth mientras todo a su alrededor era arrasado por los rayos. Ese ataque no iba dirigido a ella, él debía recibirlo pero la muchacha se interpuso entre la luz cegadora que emergió del martillo de Ronan el Acusador y el cuerpo del enano. Por salvar la vida de Thorin ahora era ella quien estaba al borde de la muerte.
El rey bajo la montaña remó con más fuerza y sin saber que se acercaba a la costa de la Tierra Media, la última esperanza para la vida de Liz.
Mientras tanto, Joe MacMillan llegaba al lugar para encontrar el derrumbe, al ver a Tauriel tirada a un costado de la entrada, corrió a ayudarla y gritó los nombres de los demás. Por debajo del polvo, los escombros y un sofá del Pie Hole, los puños de Garrett buscaron un halo de luz. Charlotte no paraba de toser.
—Ven, te ayudaré a salir. ¿Estás herida? —Chuck negó con la cabeza a la par que tosía y se sujetaba a los fuertes brazos del vampiro.
—¿Dónde está Ned?
—La última vez que lo vi, Olive lo estaba protegiendo... Los encontraremos.
—Ned está con Olive. —Tauriel ayudó a Kili a ponerse de pie y mientras lo ayudaba a caminar junto con Fili, se volvió al vampiro y la viva otra vez—. Pero hay un problema...
Kili se acercó a ellos con cautela.
—Ese tipo... Se los llevó a ambos. —informó.
—En su nave —agregó Fili.
—¡¿Que qué?! —Chuck y Garrett gritaron al mismo tiempo.
—¿Qué pasó aquí? —dijo Joe.
—¿Oigan... Dónde está Thranduil? —preguntó Fili que recordó que el elfo se les había caído encima a él y a su hermano.
—¿Y nuestro tío? —añadió Kili.
—¿Creen que se haya llevado a todos? —Chuck intentó caminar pero su tobillo estaba lastimado. Se sostuvo de Garrett.
—¿Para qué querría llevarse a ellos y no a nosotros? —indagó Tauriel.
—Elizabeth recibió el ataque del tipo azul y sus ojos se volvieron del mismo color que los suyos, tal vez la necesite para algo. —observó Fili.
—Sí, ¿Y a los demás? —preguntó Garrett.
—Mi tío no dejaría a Lizzie ni aunque lo mataran. Encontraría la forma de regresar a la tierra para estar con ella. —aseguró Fili.
—Y Thranduil no soportaría vivir en un mundo donde no pudiera discutir con Thorin. —comentó Tauriel y sonrió—. Siempre se dicen que se odian, pero al final del día creo que se quieren demasiado. Si algo le pasara al otro la vida ya no sería igual.
—Ya alguien puede explicarme... ¡¿Quién es el tipo azul y qué pasó aquí?!
Todos miraron a Joe.
El bote llegó a la costa. Thranduil quiso tomar a Elizabeth en brazos creyendo que Thorin no podría con ella, pero él la levantó como una pluma y la cargó todo el camino por el bosque.
—Lamento no poder avisar a mi hijo que estamos aquí, hubiera enviado una carreta... Todo sería más rápido. —indicó.
—Solo asegúrate que estemos tomando el camino correcto, se nos acaba el tiempo. —anunció Thorin.
—Sé donde estamos Escudo de Roble, son mis tierras. —Lo tranquilizó Thranduil.
—Solo espero que esas alimañas no nos ataquen. —Se refería a las arañas gigantes del bosque.
—Ya no hay arañas.
—Eso es lo que tú dices. —comentó Thorin con desconfianza.
Thorin pateó una piedra con sus pesadas botas. La roca rebotó y cayó en un estanque. El mismo que una vez cruzó con su compañía cuando se hallaban perdidos en el bosque, teniendo terribles consecuencias para uno de los enanos; Bombur, que cayó en un profundo sueño producto de las aguas mágicas que ese lugar contenía.
Elizabeth llevaba todo ese tiempo en silencio; parecía petrificada pero su corazón aun latía. Thorin lo supo porque controló su pulso con terror antes de tomarla en brazos en el bote.
Tal vez fuera la roca cayendo al agua o el ruido que hizo antes de sumergirse, pero en ese instante, Lizzie tomó una bocanada de aire y sus ojos se encendieron un poco más brillantes que el color púrpura intenso que tomaron al recibir el rayo del martillo del tipo azul: Ronan, el acusador. Comenzó a respirar agitada y con dificultad, como si cada vez ingresara menos aire en sus pulmones. Thorin se arrodilló y la posó suavemente sobre el suelo sosteniendo su cabeza.
—¡Thranduil! Lizzie, no. Liz... ¿Puedes oírme? LIZ, ¡No te rindas! —La muchacha comenzó a convulsionar nuevamente—. Liz, por favor, ¡No! ¡No me dejes! —suplicó el enano.
Una de las manos de Elizabeth se aferró con fuerza al abrigo de Thorin y tiró de él, acercando la cabeza del enano a su rostro. Solo por un momento su cuerpo dejó de convulsionar y el púrpura desapareció de sus ojos, retornando a su color original.
—¿Liz? —preguntó él.
—Sálvame... —Fue lo único que ella pudo decir.
Con un último esfuerzo, Elizabeth levantó su cabeza besando rápida y torpemente a Thorin en los labios. Mientras lo hacía, el enano percibió un halo de luz púrpura retornando a ella... Al separarse de la humana, vio lo peor.
El brillo que había tomado posesión de sus ojos ahora recorría todo su cuerpo; podía ver la luz esparciéndose debajo de las muñecas y el cuello de Lizzie como si fuera sangre recorriendo sus venas. Las convulsiones regresaron, el enano se desesperó y comenzó a llorar. No quería perder a Elizabeth y más que un pedido de ayuda, parecía que ese beso había sido una despedida.
Thranduil se acercó rápidamente a él con una copa de plata y vertió agua sobre el cuerpo de la muchacha que perdió el conocimiento en segundos. Thorin abrazó el cuerpo inerte de Lizzie y lloró desesperadamente mientras la aferraba a su pecho.
—¡¿Qué has hecho?! ¡La mataste!
Thranduil posó su mano sobre el rey de Erebor y le echó una mirada comprensiva. En todos los años de disputas entre elfos y enanos jamás se había visto algo así.
—Solo está dormida... —avisó tranquilizando al enano—. Como Bombur aquella vez... Thorin, el mal en su interior está tomando poco a poco su cuerpo, estas aguas detendrán el efecto hasta que lleguemos al reino, si no lo hubiera hecho ella ahora estaría... muerta. O tal vez algo peor.
—¿Algo peor? ¿¡Crees que hay algo peor que verla desvanecerse retorciéndose de dolor?!
—No sabemos con lo que estamos lidiando, tal vez ella se convierta en uno de ellos...
Se refería a Ronan; él solo había llegado y arrasado el Pie Hole, no tenían idea de cómo funcionaba su poder o qué podría hacer en el cuerpo de Elizabeth, pero Thranduil estaba dispuesto a intentar la medicina élfica en ella. Tenía que salvarla. Debía hacerlo.
Ned despertó con dolor de cabeza y tuvo la sensación de estar soñando, al menos el techo parecía moverse. Una a una, las luces azules de la habitación pasaban por su cabeza recorriendo su cuerpo.
«¿Es una pesadilla?» Se dijo. «¿Quién lleva botas tan pesadas para provocar ese ruido infernal al caminar? Thorin. Seguro el señor enano anda presumiendo sus botines con punta de plata a Elizabeth para impresionarla. Un segundo... No es un sueño, estoy siendo arrastrado por el suelo.» Pensó.
El pastelero intentó levantar su cabeza para intentar vislumbrar quién lo llevaba de esa manera tan hostil. Le dolía tanto que apenas pudo levantarse y ver cómo Ronan lo había tomado por el pie y lo arrastraba por el duro y frío suelo de su... ¿Nave?
Horas antes, Ned se había despertado con el estruendo de una explosión y ruido de cristales rotos. Sin siquiera cambiarse fue corriendo hasta el Pie Hole con ropa de cama, creyendo que había una fuga de gas y había explotado todo en el local. Temió un incendio, y por supuesto temió por la vida de Thranduil; sabía que el rey del bosque comenzaba el día laboral incluso antes del alba ya que no necesitaba dormir. En su prisa no se percató de la falta de sol por la nave de Ronan que había tomado posesión del cielo provocando un eclipse; creyó que aún era de noche.
El resto de su familia lo siguió. Todos estaban preocupados por el elfo.
Así fue como en defensa de Thranduil, Ned le pidió a Ronan que lo soltara, que era a él y no al rey de Mirkwood a quien buscaba. El elfo fue despedido por la fuerza del Kree y cayó sobre Fili y Kili, a un costado de la pastelería perdiendo el conocimiento.
Ronan se acercó amenazante a Ned pero antes de tomarlo, Thorin llegó con su espada, y hábil para la lucha como era, golpeó sobre la armadura de Ronan lastimando su brazo. No llegó a arrancárselo como habría hecho en su heroica batalla contra el orco blanco Azog, pero logró que el kree retrocediera dolorido.
Thorin cayó al suelo por el impulso y rebote que provocó la espada contra la armadura de Ronan y este al recuperarse en segundos lo apuntó con su martillo. De él emergió un rayo púrpura, pero antes de poder recibirlo el enano, Elizabeth se interpuso entre el martillo y su cuerpo, recibiendo el ataque. Con Thorin sosteniendo a Lizzie, que se dejaba caer en sus brazos, y Thranduil convaleciente sobre los enanos, los demás atacaron. Ned oyó una nueva explosión y sintió como alguien lo sostenía por debajo de los hombros. Era Olive que intentaba llevárselo del lugar pero Ronan fue más inteligente y los abdujo a ambos.
Ned se resignó a su destino de ser arrastrado por Ronan y dos personas aparecieron en su mente: Chuck y Olive. ¿Dónde estaba Olive? ¿Y qué habría sucedido con Chuck?
...
—¿Y bien? —Thorin comenzaba a impacientarse, pero no podía voltearse a ver.
—No es algo que sepa exactamente cómo curar, Escudo de Roble, debemos esperar. —Thranduil cubrió con vendas la herida de Lizzie; ya se encontraban en la alcoba del rey con ella descansando sobre su cama—. El efecto del agua del estanque durará un par de horas más, pero al menos el brillo púrpura debajo de su piel ya no se ve.
—¿Ya puedo ver? —preguntó el enano.
—No. Le pondré una túnica de mi pueblo para que esté más cómoda. No voltees. —ordenó el elfo.
Thorin se volteó de todas formas bastante molesto.
—¡Oh no! Quedamos en que solo le abrirías un poco su ropa para poder curarla, no que la desnudarías por completo para ponerle tus túnicas élficas, Thranduil, te prohibo que la toq...
Thorin observó el torso descubierto de Elizabeth, solo llevaba puesto su brasier. El enano se sonrojó, tomó su abrigo y se lo echó encima rápidamente.
—¡¿Por qué estás viendo a mi Lizzie desnuda?! —exclamó alarmado.
—¿Cómo quieres que la cure, eh? Y no está desnuda. —explicó Thranduil rodando los ojos.
—¿Para hacer tu magia tenías que quitarle todo? ¿Eh? ¡¿Cómo que no está desnuda?! Apenas si pude ver sus rodillas y tú en un segundo le quitas su ropa... ¡Y la tocas!
Thranduil rió.
—No está desnuda, Thorin. Lleva puesto ese... Lo que sea, sobre su torso. Además actúas como si nunca hubieras visto a una mujer desnuda, bueno, una enana. Aunque ella no es una enana, pero tú entiendes.
—Si está desnuda. Aquí si se ve algo más que su cuello y sus rodillas entonces está desnuda. Diría sus tobillos, pero al parecer en su tierra es diferente. He visto varias rodillas hasta ahora... ¡Y en invierno! ¡¿Crees que en verano lleven menos ropa?! Qué escandaloso. —Thorin sacudió su cabeza—. Como sea, ¡NO LE PONDRÁS NADA A MI LIZZIE! Ya la has tocado demasiado.
—¿Sugieres que la deje casi desnuda? —indagó el elfo.
—Tiene mi abrigo encima. Estará bien. —Thorin se cruzó de brazos y echó una mirada celosa sobre el rey del bosque.
—¿Qué crees que sea esa tela que la cubre? Las elfas no llevan eso... —expresó con duda sobre su brasier.
—Nada que te importe, Thranduil. —masculló Thorin—. ¡Y qué suerte que lo llevara o hubiéramos manchado su honor! —comentó retrógrado y pomposo.
Thranduil rió nuevamente.
—Me temo que he manchado muchos honores en mi vida entonces. —Thorin lo miró de reojo muy serio y Thranduil se mordió los labios recordando su juventud—. Bien... Un guardia permanecerá en la puerta por si necesitas algo. Hazme saber cuando despierte. —anunció.
—Creí que me enviarías al calabozo como la última vez, ¿Qué pasó con esa vieja costumbre, Thranduil Rey supremo de Mirkwood? —comentó irónico el enano.
—Me estoy absteniendo de enviarte. Por Elizabeth. No habrá quien la cuide de manchar su honor si te encierro. —acotó el elfo devolviendo la ironía.
Thranduil abandonó la habitación riendo a carcajadas. El enano se sentó a un costado de la cama y acarició la mejilla izquierda de Lizzie.
—No lo dice en serio. Incluso si me encerraran encontraría la manera de escapar para cuidarte, Liz. —susurró mientras acomodaba su abrigo para cubrirla mejor.
Mientras la familia de Ned se repartía entre la Tierra y la Tierra Media, él se hallaba en el espacio; le preocupaba el destino de todos ellos, casi de la misma manera que le asustaba no saber el propósito de su estadía en la nave. Se hizo el desmayado mientras Ronan lo sujetaba a una fría silla de metal y lo encadenaba; sabía que de todas formas no podía escapar. Al "despertar" descubrió que Ronan lo observaba desde su trono, solo alejado a unos metros.
—Creí que solo uno de los nuestros era rey. —Fue lo primero que dijo Ned.
—No soy un rey. Soy un acusador. —corrigió el Kree.
—No sé lo que eso signifique en este lugar... —Le hizo saber Ned.
—Una fuerza militar. Soy el más poderoso de ellos... —explicó el extraterrestre.
—Oh, ya veo porqué llegar destruyendo todo a tu paso. Tengo dos preguntas inmediatas. —Ronan asintió—. ¿Por qué estoy aquí? ¿Y dónde está Olive?
—Me han dicho que otorgas finales felices. —dejó salir—. Y... ¿Olive? Oh, la rubia de ojos rojos y gran fuerza... Casi se queda con mi poder. —anunció—. Me debilitó mientras sostenía su pequeño cuello intentando estrujarlo. —Ned intentó erguirse para golpearlo, pues al escuchar que Ronan había intentado hacerle daño a Olive, enfureció, pero no pudo erguirse, estaba encadenado a la silla—. Tranquilo, la pequeña monstruo está en prisión en esta nave y allí se quedará hasta que me recupere. Al parecer tu familia no es tan débil como creí... Están llenos de sorpresas. Aunque no espero que la humana sobreviva luego del ataque.
Se refería a Elizabeth. Lo que Ronan llevaba en su martillo y con lo que la atacó era una gema del infinito. La gema del poder que destruía a todo aquel que estuviera en contacto con ella. Lizzie solo había recibido un ínfimo monto de su poder, o habría muerto en el acto.
—Elizabeth... —Ned recordó lo ocurrido y se lamentó.
—No quería herirla a ella, pero se interpuso entre el pequeño sujeto y yo. Es lo que el amor hace, interponerse y arruinarlo todo. —espetó.
Ned no comprendió lo último que dijo Ronan, o porqué lo decía.
—No querías herirla pero no te hubiera molestado matarlo a él. —mencionó el pastelero.
—Él me atacó. —Se excusó Ronan.
—¿Y por eso lo matarías? —insistió Ned.
—Se interpuso en mi camino. —aclaró el Kree.
—Seguro, llegaste muy amablemente a pedirme ayuda. Tirando abajo mi pastelería, hiriendo a mi familia. Vi cómo sostenías a Thranduil por el cuello creyendo que era yo. No querías dialogar... De no haberme ofrecido a ser traído aquí, nos hubieras asesinado a todos. ¿Qué es lo que quieres?
—Bueno... ya te he dicho, me comentaron que otorgas finales felices. —insistió.
—Tú no pareces conocer lo que es la felicidad, o tienes un concepto errado, por eso no mereces un final feliz, no luego de lo que has hecho... —acusó Ned.
Ronan extendió su brazo y Ned comenzó a ahogarse, no lo estaba tocando pero sentía cómo una fuerza sobrenatural no le permitía respirar. A los pocos segundos, Ronan bajó su brazo y Ned tomó una gran bocanada de aire.
—Si es muy tarde para obtener un final feliz... Todo lo que quiero es poder. No atacaré tu mundo otra vez, ni a nadie de tu familia si me lo otorgas. —intentó negociar.
—Dijiste que eras el más poderoso. —mencionó Ned haciéndole notar la incongruencia.
—Quiero ser el más poderoso de la galaxia. —aclaró Ronan.
—¿Y qué harás con todo ese poder? ¿Someter a los demás? ¿Destruir sus hogares y familias como lo hiciste con nosotros? —Quiso saber el pastelero.
—Solo quiero vengarme de lo que ellos hicieron...
—¿Ellos?
—Si no puedo obtener lo que quiero, entonces tendré poder y destruiré todo a mi paso. —Ronan soltó esas palabras a la par que cerraba su puño con fuerza; a pesar de parecer muy furioso, su rostro no mostraba lo mismo, parecía que más que ira lo que sentía era pena y dolor—. Nadie será feliz si yo no lo soy.
Ronan bajó la vista, diferente de Ned que sostuvo la mirada sobre él todo el tiempo. ¿De qué hablaba Ronan?
—¿Qué es la felicidad para ti? —Quiso saber el pastelero.
—El poder.
—No es el poder... Lo sabes. —Quiso convencerlo, pues se le puso que si Ronan era un clon suyo, algo de bondad habría en él. Todos, por más complejos que fueran, habían demostrado tener un gran corazón y Ned lo sacaría a la luz por mucho que le costara.
—¡Suficiente! —exclamó el Kree y ya no quiso hablar del tema.
Ronan se levantó y caminó lejos de Ned. El pastelero le suplicó que regresara pero las puertas se cerraron detrás de Ronan. ¿Qué era lo que escondía?
El bosque negro durante la noche es un lugar muy frío. Thorin Escudo de Roble entendió rápidamente al atardecer porqué Thranduil gustaba de llevar esas pesadas túnicas que arrastraba por el suelo; la temperatura solía bajar de golpe al caer el sol. En ese momento, el enano se hallaba abrazado a sí mismo, tiritando sentado a un costado de la cama de Liz. Elizabeth parecía descansar imperturbable sobre la cama y debajo del tapado de Thorin; era lo suficientemente abrigado como para que la muchacha estuviese a gusto, pero como aquella vez que la encontró durmiendo en el balcón, sus pies estaban destapados, aunque llevaban zapatos. Thorin se vio tentado de quitárselos en varias ocasiones desde que comenzara a cuidarla, pero sabría que al hacerlo no tendría con qué cubrirla y sentiría frío... Tanto como el que él sentía en ese momento. Pero antes muerto que quitarle el abrigo a su Liz, o... Pedir prestada una túnica élfica.
El enano se acercó a la muchacha y besó su frente con ternura.
—Solo saldré un momento a buscar una lectura. Moriré congelado si no camino un poco y busco alguna actividad... Estoy seguro que no despertaras mientras no estoy... ¿Verdad? —indagó. Liz no se movió—. Solo iré a la biblioteca de Thranduil y regresaré. —anunció.
Elizabeth abrió los ojos pasado un momento de la salida de Thorin y lo primero que percibió fueron las extrañas figuras en el techo de la habitación; no se parecían a nada que hubiera visto antes. Luego movió sus manos debajo del abrigo de Thorin y cuando se percató de estar cubierta con él, ya que recordaba que el enano lo había usado para cubrirse mientras dormía en el sillón de su apartamento, se tranquilizó, aunque su paz duró poco.
Estaba mareada, confundida y profundamente asustada por despertar en un lugar que no conocía. Poco recordaba del ataque de Ronan y creía que todo había sido una pesadilla. Aunque poco a poco todo comenzaba a cobrar sentido cuando echó una mirada perdida alrededor de la habitación en la que se encontraba y no encontró ni una sola cosa que le pareciera familiar.
¿Por qué había árboles en la habitación? Se preguntó en seguida y dio cuenta que ya no estaba en Coeur d'Coeurs. Para investigar el lugar, Lizzie intentó sentarse en la cama y al hacerlo, la herida cerca de su corazón le hizo notar su presencia. La muchacha se llevó la mano hacia la zona dolorida y comprobó que tenía un vendaje además que... Su blusa ya no estaba.
Entonces entró en pánico. No sabía dónde estaba, qué había ocurrido y porqué tenía un vendaje. Intentó ponerse de pie, y lo logró sin dificultad, aunque al intentar dar el primer paso sus piernas no respondieron y cayó a un costado de la cama, pero llegó a poner las manos en el suelo para no lastimarse.
En segundos notó que le costaba respirar y le dolía la herida del pecho. Casi al instante percibió en el torso el frío helado del bosque y tanteó sobre la cama para tomar el abrigo de Thorin. Se lo echó encima despacio, intentando no mover demasiado los brazos, ya que toda la zona del torso le dolía, y lo cruzó sobre su pecho. Volvió a ponerse de pie con extrema dificultad y al hacer unos pasos estuvo a punto de caer nuevamente. Se sostuvo de una mesa cercana, derribando los extraños artefactos en ella. Solo reconoció papeles y una pluma. El tintero se derramó y manchó parte del suelo.
Elizabeth continuó caminando y llegó hacia la puerta. La abrió con temor y al salir encontró un largo pasillo que se extendía hacia ambos lados. Ayudada por una de sus manos se sostuvo el abrigo para que no se le abriera y caminó hacia la izquierda seguida por las tenues luces.
El lugar era lúgubre; había muy poca iluminación, muchos árboles y estructuras como columnas con una arquitectura poco humana. Lizzie estaba aterrada, pero lo que más temía era estar sola en ese lugar... Aunque quedarse en esa habitación no era una opción. No estaba custodiada, pero alguien podría llegar pronto y hacerle daño. Lo más coherente para ella fue escapar, pero no podía correr, por lo que se desplazó caminando lentamente y tomándose de las paredes y columnas a su alrededor, aun le costaba ver nítido y respirar, por lo que el paisaje era aún más tétrico.
Continuó caminando sin rumbo hasta perderse en el pasillo y la oscuridad... En uno de aquellos caminos que tomó; el lugar parecía un laberinto dentro de un bosque oscuro y obligó a Lizzie a elegir en encrucijadas y dar varias vueltas, escuchó un ruido metálico a sus espaldas junto con una voz que habló en un idioma inentendible para ella. Alguien más le contestó en el mismo idioma y se acrecentaron los ruidos metálicos. Parecían espadas. Elizabeth recordó que Thorin había abandonado el apartamento vestido de forma extraña y con una gran espada, pero a su vez no reconoció su voz en ninguno de los sujetos que hablaban entre ellos. El ruido se acrecentó y ella se asustó más. Corrió mareada sin saber muy bien cómo su cuerpo respondía a la huida, ni cómo manejarlo, así que se desplazó sin mirar hacia adelante y al cabo de unos segundos producto de la desesperación y la falta de orientación cayó por un hueco... El camino se había terminado y ella no lo pudo ver. Lo último que se escuchó fue el grito de la muchacha, agua y... Silencio.
Silencio fue lo que Ned dejó de percibir cuando Olive irrumpió en la habitación de la nave donde Ronan lo tenía cautivo.
—¿Olive? Pero... Ronan dijo que tú... —balbuceó el pastelero sin comprender qué ocurría.
—Es fácil escapar de prisión cuando puedes seducir al carcelero y luego beber su sangre hasta matarlo. Le quitas las llaves una vez muerto y... Te vas. —explicó Olive divertida.
—Garrett dijo que eras vegetariana. —mencionó asustado Ned mientras Olive usaba la fuerza para romper las cadenas que lo ataban—. ¿Qué haces? No puedes romperlas, son cadenas de met...
Olive quebró el hierro como si fuera papel y lo liberó.
—No voy a comerte, si eso te preocupa. —Lo tranquilizó—. Y esto... Tal vez descubrí mi habilidad como vampiro... Creo que puedo absorber los poderes de los demás y hacerlos míos. —declaró—. Así fue como casi dejo a Ronan sin fuerzas... Y volveremos a intentarlo. Sin poderes no puede amedrentar a nadie. Ven, tenemos que irnos de aquí.
—¿Ir dónde? ¡Estamos flotando en el espacio, Olive! —exclamó Ned.
—Si Ronan pierde su poder y yo lo tomo, estará bajo mis órdenes, tendrá que hacer lo que yo diga, entonces nos llevará directo a casa, Ned. —explicó Olive muy segura de su plan—. Pero para eso necesito tu ayuda. Tienes que distraerlo.
—No creo que pueda hacerlo y no creo que podamos andar por aquí sin que los guardias nos vean. —opinó Ned en un tono sumamente pesimista.
Olive sonrió y tomó a Ned en sus brazos. Era algo gracioso de ver, cómo una persona tan pequeña podía cargar a semejante hombre como el pastelero, pero ella era un vampiro y tenía una fuerza descomunal no humana. También podía correr a una velocidad en la que ningún guardia percibiría su presencia. Por lo que corrió con Ned en brazos buscando a Ronan. Al encontrarlo, el Kree se hallaba de espaldas observando el vasto espacio desde un ventanal de la nave. Olive y Ned se escondieron detrás de una columna y ella le explicó el plan.
—Él no sabe que puedo correr a esta velocidad. Por lo que si tú lo distraes, yo puedo ir hasta allá y atacarlo por la espalda. —aseguró—. Absorberé su poder hasta que no tenga más opción que arrodillarse ante mí y hacer nuestra voluntad.
—No lo sé, Olive, yo... —dudó el pastelero.
—Ned. Confío en ti... Ahora sal de aquí y grítale algo. —ordenó.
—¿Qué se supone que grite? —indagó Ned con desconfianza. Le parecía que era el peor plan del universo, pero a su vez él no tenía ninguno mejor que aportar por lo que solo podía quejarse.
—Yo que sé... oh mira, estúpido alien azul me escapé ¡Jaja! —ejemplificó—. Algo por el estilo. Solo necesito que lo distraigas unos segundos.
—¿Entiendes que puede matarnos, verdad? —señaló Ned con temor.
—No lo hará.
—Pero hay guardias... —insistió el pastelero.
—Desactivé las puertas, no pueden entrar aquí por más que quieran. —aseguró la rubia.
—Sí, pero...
Olive le dio un empujón a Ned, que trastabilló en el medio del pasillo. Ronan al oír el ruido se giró rápidamente. Al ver a Ned, se sorprendió.
—TÚ. —gritó con furia—. ¿Cómo...?
—Yo... —Ned respiró agitado, estaba aterrado y hubiera salido corriendo de no saber que no había escapatoria—. ESCAPÉ. JA, JA. —Sonrió nervioso y Ronan giró su cabeza confundido—. Ya sabes... Escapé... Escapando.
Olive aun detrás de la columna puso los ojos en blanco y corrió hacia Ronan. Lo atacó por la espalda colgándose de él y tomando su garganta con la fuerza de su mano.
—Ya terminemos con esto de una vez, horrible criatura. —expresó con rabia.
Ronan cayó de rodillas y aunque intentó defenderse, al tocar a Olive sintió que se desvanecía. La ex camarera del Pie Hole habló con seguridad. Ronan ya estaba prácticamente derrotado.
—¡Obedece y llévanos a casa! —ordenó.
—¿Por qué habría de hacer eso? —expuso Ronan con el poco aliento que le quedaba.
—Porque ahora soy yo quien tiene el poder y puedo destruirte en un segundo si quiero. —Le hizo saber la rubia.
—Si yo muero... Jamás regresarán a la tierra... Mis guardias los mataran. —aseguró el Kree.
—Soy invencible ahora, tengo tu poder, y la fuerza de varios de tus guardias. Por cierto, la sangre de alien es muy sabrosa. —mencionó.
Olive soltó el cuello de Ronan antes que este se desvaneciera y el Kree cayó al suelo. Cuando ella y Ned creyeron que estaba lo suficientemente débil, Ronan extendió su brazo y atrajo el arma universal, su martillo, hacia él.
Ned corrió hacia Olive en el momento en que Ronan provocaba una explosión con él, similar al ataque que había alcanzado al cuerpo de Elizabeth en la tierra. El pastelero llegó a quitar a Olive de en medio y ambos cayeron al suelo. El rayo impactó sobre una parte de la nave provocando una gran explosión. Otras explosiones le siguieron y el suelo tembló como en un terremoto. Rápidamente la nave comenzó a perder uno a uno sus motores, ya que la primer explosión desencadenó una destrucción masiva en cadena.
Olive en un movimiento rápido posó sus manos sobre el arma y ejerciendo fuerza sobre esta, la partió en mil pedazos. La gema de poder salió disparada a un costado de la nave... Comenzó a emitir una luz morada muy intensa. Ronan se irguió y miró cómo esa parte de la nave comenzaba a desintegrarse.
—Oh no... Si no salimos de aquí ya... Moriremos. TODOS. —exclamó Ronan.
—¡¿Qué?! —Ned corrió hacia el Kree y lo ayudó a levantarse.
—Que debemos irnos, ¡Ya! —insistió Ronan.
Los tres abandonaron la habitación ayudados por Olive que corrió junto a ellos a cuestas. Ronan les dijo donde ir. Todos abordaron rápidamente una nave de escape y abandonaron el lugar. A unos pocos kilómetros, vieron como toda la nave de Ronan era desintegrada por el poder de la gema que se consumió en el espacio en pocos segundos. Ronan, Olive y Ned estaban completamente abandonados a su suerte en el espacio, dentro de una nave de escape y la ex camarera junto con el pastelero ignoraban qué les esperaría con el kree al mando. Era el único que conocía el espacio.
Mientras la nave flotaba, Ned y Olive permanecieron en silencio con miedo, esperando lo peor. Ronan al cabo de un rato se dirigió hacia ellos.
—Mi nave ha sido destruida, mi tripulación está muerta y mi poder extinto. —Los ojos de Ronan ahora eran azules, se notaba que el poder de la gema ya no estaba en su cuerpo. A su vez se lo veía derrotado, pero no con ira, sino que parecía que al perder su poder, también había perdido su maldad—. Ahora solo tengo una opción y es cruzar el espacio en esta nave que apenas tiene unos trajes y armas como para ingresar al planeta encubiertos y realizar un rescate silencioso. Debo contarles algo... porque increíblemente necesitaré la ayuda de ambos.
—¿Cómo sabemos que no es un engaño? —Olive miró a Ned.
—La que ahora tiene poder para derrotar a alguien, eres tú. Él perdió la gema, su martillo y su poder. Creo que habla en serio, y si no lo hace, no tenemos manera de regresar a nuestro hogar solos. Lo necesitamos, tanto como él nos necesita. —dijo Ned—. Bien, te ayudaremos en esto, sea lo que sea, siempre y cuando nos regreses a nuestro hogar... o... nos mates dignamente. —Ned se cruzó de brazos mientras Olive y Ronan lo miraron extrañados—. ¿Qué?
Elizabeth tomó una bocanada de aire y se impulsó hacia la costa, permaneció tosiendo y respirando agitada por unos segundos, hasta que la luz púrpura que una vez tomó posesión de su cuerpo en un choque eléctrico la puso de espaldas a las rocas y se expulsó de ella como el final de un exorcismo haciéndole perder el conocimiento un momento después. La luz similar a un rayo se desintegró en el aire.
Thorin regresó a la habitación cargado de pergaminos. Le tomó mucho más tiempo del pensado encontrar textos que no estuvieran en Sindar, un idioma que él no podía leer. Encontró una serie de mapas de los hombres y unos escritos de su gente, no tenía idea porqué Thranduil tendría esos archivos, pero supuso que al pasar mucho más tiempo habitando la Tierra Media que él, tendría acceso a información que el enano ignoraba. Al llegar a la puerta de la habitación, el guardia había vuelto a su posición. Le preguntó si había alguna novedad. El guardia dijo que no había oído ningún ruido, lo cual tranquilizó a Thorin. Llevaba una pesada carga que quería dejar sobre la mesa, y por supuesto lo que haría inmediatamente después sería arropar a Elizabeth para asegurarse que todo seguía bien. Pero todo eso ya no importó y desparramó los papeles en el suelo al entrar en la habitación y descubrir que Liz no estaba. Thorin corrió fuera de la habitación gritando y pidiendo ayuda. El guardia de la puerta corrió a dar aviso a Thranduil mientras que otros le ayudaron a Thorin a buscar a Lizzie.
—Condenados elfos, ¿POR QUÉ VIVEN EN ESTE LABERINTO INFERNAL? —Thorin corrió por los pasillos gritando el nombre de Elizabeth pero esta no contestaba. En una de las vueltas en los estrechos y serpenteantes pasillos se chocó con Thranduil—. ¡¿DÓNDE ESTÁ ELIZABETH?!
—Tranquilo Thorin, la encontraremos.
—No te quedes ahí parado, ES TU REINO, BÚSCALA. —exclamó—. ¡Está herida, podría haberle ocurrido algo! Oh Liz... —Los ojos de Thorin se llenaron de lágrimas y se alejó gritando su nombre con desesperación.
Legolas, senescal de Mirkwood luego de la partida de su padre Thranduil a la tierra, regresaba de su paseo por el bosque cuando vio un bulto sobre la maleza al costado de una de las cascadas en el interior del reino.
Se acercó sigiloso y al descubrir a Elizabeth la tomó en brazos y habló con sus guardias para que dieran aviso a su padre de lo ocurrido. Legolas no había tenido oportunidad aun de ver a la muchacha que su padre estaba tan apresurado por curar cuando arribó en el reino exigiendo que llevaran una gran cantidad de plantas medicinales, incluyendo athelas, a sus aposentos, pero supuso por su aspecto y tamaño que era la misma humana. La llevó a su habitación y ordenó que un grupo de elfas le quitara las ropas empapadas y la vistieran con túnicas limpias del reino.
Thorin aun buscaba como un loco a la humana cuando Thranduil le dio aviso y juntos corrieron a la habitación de Legolas. Al llegar, el enano irrumpió furioso en la habitación al oír los gritos de terror de Elizabeth.
El grupo enviado por el rey luchaba por desvestirla y solo habían logrado quitarle el abrigo de Thorin y los zapatos, pero cuando el enano ingresó a los aposentos de Legolas encontró a Lizzie siendo tironeada por varias elfas que la sostenían firmemente mientras intentaban quitarle sus prendas inferiores.
—¡Liz! —El enano corrió a socorrer a la muchacha—. YA SUÉLTENLA.
Elizabeth logró zafarse de las elfas y corrió en un mar de lágrimas hacia Thorin. Se aferró a él y lloró amargamente repitiendo una y otra vez. «¿Qué es este lugar? Quiero irme a casa.» El enano en el momento de confusión y gritos rodeó a Elizabeth con sus brazos. Besó su cabeza y su mejilla reiteradas veces diciéndole que todo estaría bien, que estaba allí ahora y que nadie le haría daño.
—TODOS, DEJEN LA HABITACIÓN ¡Ahora! O NO RESPONDO DE MÍ —Thorin giró su cabeza y amenazó a todos los presentes. Estaba furioso.
—¿Mi señor? —La elfa de mayor jerarquía en el grupo se dirigió a Legolas.
—Salgan. —dijo el aprendiz de monarca—. Denles un momento a solas.
Recién en ese momento, todos los presentes abandonaron la habitación.
Una vez solos, Thorin acarició la espalda de Elizabeth, quien lentamente se calmaba y dio cuenta de su torso casi desnudo. Solo la cubría su brasier empapado.
—Liz... —Besó su cabeza—. Te daré un momento para te vistas.
—No. —dijo ella y levantó la vista hacia él. Tenía los ojos llenos de lágrimas pero Thorin advirtió que habían vuelto a ser azules y respiró aliviado—. No, no haré nada hasta saber qué son todas esas criaturas de orejas puntiagudas y ropas extrañas. ¿Dónde estamos? ¿Qué es este lugar? ¿Por qué desperté sola? Y... ¡¿Dónde estabas?! —inquirió alarmada.
—Liz... —repitió él intentando calmarla.
—¡Responde! —Ella se separó de él, que bajó la vista rápidamente—. ¡¿Por qué no me ves?! ¡Mírame cuando te hablo! —ordenó, pero Thorin no hizo caso.
—No es propio de un enano ver a una mujer desnuda, Liz. Mucho menos si cortejas a esa mujer pero no la has desposado. Es una falta de respeto. —comentó apenado y sonrojado.
—¿Qué...? —Elizabeth se observó el cuerpo. Solo le faltaba la blusa pero según entendía, no estaba desnuda y si así hubiera sido, ese hubiera sido el menor de los problemas—. ¡Esto no es importante ahora, Thorin, responde lo que te pregunté! —insistió.
—No se supone que te vea así. No ahora. —continuó él con su parsimonia.
El enano pasó a su lado intentando no mirarla y tomó su abrigo para cubrirla. Al notar que estaba completamente mojado volvió a dejarlo donde estaba. Suspiró sabiendo que no había otra opción y se quitó la única prenda superior que llevaba, quedando él a torso desnudo. Cubrió a Elizabeth con torpeza porque intentó no mirar su cuerpo en ningún momento y se volvió a buscar su abrigo, se lo echó encima, aunque estuviera empapado y lo cerró ayudándose por el cinturón de plata que siempre llevaba.
—¿Qué haces? —Elizabeth se acomodó la ropa de Thorin que le quedaban como un vestido y aprovechando el largo de la misma se quitó su pantalón empapado—. Está completamente mojado, te enfermaras con el frío de muerte que hace. Tienes que quitarte eso. —aseguró.
—¡Tú qué haces! Acabo de vestirte no puedo darte también mis pantalones, Elizabeth. ¡No puedes verme desnudo! —platicó él completamente conmovido por la situación.
—¡Thorin santo cielo, ya basta de esto, quítate ese abrigo! —chilló la humana.
—No lo haré. Y tú, ¡Vístete! —ordenó él.
Thorin se cruzó de brazos y miró a Elizabeth como haciéndole saber que era él quien tenía la última palabra, pero la humana no era sumisa como para dejarlo salirse con la suya y se abalanzó sobre él. Comenzaron a forcejear hasta que ella logró soltar el cinturón de plata y quitarle el abrigo. Lo lanzó al suelo con energía y enojo y eso enfureció a Thorin por unos segundos, pero el esfuerzo que Liz hizo en esa acción repercutió en su herida, por lo que se llevó su mano derecha al pecho con expresión de dolor y con su otra mano se aferró al hombro de Thorin para no caer.
Al instante él olvidó su enfado y la llevó hacia la cama donde la recostó sobre el respaldo de madera. Lizzie respiró poco a poco más aliviada, le dijo que estaba bien, se quitó la mano del pecho y tomó en su lugar el brazo de Thorin, observándolo con ojos cansados pero mirada tierna.
El enano recordó entonces todo lo ocurrido en la tierra y sus ojos se llenaron de lágrimas. La mujer que comenzaba a amar estaba ante él y parecía estar fuera de peligro pero aun su herida estaba abierta y no sanaba completamente. Pensó en cómo horas antes pudo perderla y en cómo hasta entonces había discutido con Thranduil y con ella por no verla desnuda siendo que estuvo a punto de ya no verla nunca más.
—Bien, te diré todo. Te lo contaré todo. —dijo mirándola a los ojos y entre sollozos—. Pero si luego de eso, quieres huir... Déjame decirte primero que no sabrás como regresar a tu hogar. Así que, Liz, por favor no salgas corriendo intentando alejarte, porque no llegarás lejos. Este es un lugar peligroso, no sabrás en qué dirección ir, y yo... Solo quiero tu bienestar y felicidad, Liz, y ante todo quiero que sepas la verdad por más extraña que suene y aunque eso implique perderte para siempre. Te prometo que no voy a lastimarte ni te retendré aquí como mi prisionera, te acompañaré de nuevo a tu mundo, te dejaré allí y jamás regresaré, lo juro, pero por favor, no huyas de mí. —pidió con angustia.
Lizzie se conmovió al ver a Thorin llorar y oír sus palabras asumiendo que ella lo dejaría al finalizar el relato. Lo último que había esperado de él eran lágrimas y temor a ser abandonado, por lo que el corazón de la muchacha se quebró al verlo de esa forma. Tomó fuerzas y se incorporó, e incluso cuando Thorin intentó que no lo hiciera, posó sus manos sobre las mejillas de él y secó sus lágrimas con los dedos. El rey de Erebor entonces se acercó más a la muchacha para permitirle recostarse nuevamente. Ella no quito las manos de su rostro en ningún momento y dulcemente le dijo...
—Oh Thorin, no temas. No todo es lo que parece... —anunció misteriosa—. Quiero oírlo todo, pues recuerdo muy poco de lo que ocurrió y cuando desperté aquí, me di cuenta que no estábamos en Coeur d'Coeurs; probablemente estemos en otro planeta por todas esas personas altas y de orejas puntiagudas como Thranduil y la arquitectura de este lugar. No entiendo qué hacemos aquí y antes desperté aterrada porque estaba sola. Tenía tu abrigo pero no sabía si eso era algo bueno o algo malo, tal vez estabas muerto y era lo último que me quedaba de ti en un lugar desconocido. Estaba aterrada y angustiada. Corrí en medio de la oscuridad. —relató—. Tú sabes bien que no tolero estar a oscuras, pero me adentré en este laberinto por miedo, y luego... Caí, no sé cómo, pero caí al agua. Cuando desperté un montón de esas criaturas estaban tocándome, intentando quitarme la ropa... Creí que querían abusar de mí. Hablaban otro idioma y no lograba entenderlos. Me asusté tanto, pero luego cuando te vi... Supe que todo estaba bien. —confesó con una sonrisa acongojada—. Que si tú estabas aquí, estaba en casa, porque cualquier lugar por extraño y desconocido que sea, contigo se siente como mi hogar.
—Ay, Liz... —Thorin sonrió. Sus ojos adoptaron un brillo especial mientras se encontraban con los de Elizabeth, aun lloraba, pero no por creer que la perdería, sino porque supo que Lizzie lo amaba también.
—Ya basta, cariño, todo está bien... —Lizzie entonces lo recordó—. Bueno no todo, ¿Sabes? Fue un horrendo primer beso el que te di.
—Así que si recuerdas eso. —El enano se sonrojó y bajó la vista—. No digas eso, fue... Perfecto para mí. —declaró.
—No, de hecho fue terrible. —Lo corrigió Liz.
—Si tú lo dices... —acotó Thorin—. No es como que tenga experiencia para saberlo... —mencionó tímido.
Elizabeth lo soltó y lo miró sorprendida.
—¿Fui tu primer, primer, primer beso? —repitió—. No es posible. —Thorin asintió y Lizzie cerró los ojos disgustada—. Es aún peor, ¿De verdad jamás habías besado a nadie antes?
—Si me dejaras explicarte de donde vengo entenderías muchas cosas... —Le hizo saber él—. Como por ejemplo que estoy muy incómodo manteniendo una conversación contigo sabiendo que no llevo toda mi ropa, pero que estaba demasiado preocupado por ti como para mencionarlo.
Liz advirtió entonces que habían forcejeado antes y Thorin llevaba todo ese tiempo a torso desnudo. Intentó no incomodarlo mirándolo pero en cuanto bajó la vista para echarle una mirada rápida al pecho del enano se encontró con un torso muy bien trabajado, fuerte y atractivo que cautivó su mirada. De repente el frío que hacía en ese lugar abandonó su cuerpo y un intenso calor lo recorrió en su lugar. Parpadeó varias veces por segundo mientras mantenía la boca abierta intentando decir algo pero simplemente se había quedado sin palabras que no implicaran algo subido de tono. Thorin carraspeó incómodo y sonrojado y Lizzie salió de su ensoñación.
—Tan bueno, digo, ¡Si, bueno, claro! —Se corrigió nerviosa—. yo... Lo siento.
Lizzie con las mejillas en fuego buscó algo con lo que ayudarlo a cubrirse. Tomaron una manta que parecía lo suficientemente grande y confortable para abrigarse. Mientras él se envolvía, Elizabeth meditó sobre el pudor de Thorin y lo comprendió. Si él ni siquiera había dado un beso en su vida, mucho menos había dormido con alguien.
—Mucho mejor. —Thorin sonrió al sentir el calor de la manta cubriéndolo—. No solo estaba incómodo sino que además tenía frío.
Notó que la manta podría incluso cubrir una parte de Liz y la echó sobre sus piernas. La muchacha sonrió.
—Gracias. Debo decir que tu camisa es tan abrigada como un suéter, pero mis piernas estaban heladas. Al parecer los dos pescaremos una gripe pronto. —opinó.
Ambos sonrieron. Lizzie observó por un rato a Thorin estando ambos en silencio. En sus mentes ocurrían escenas similares, en la del enano arrinconaba a Elizabeth sobre el respaldo de la cama y la besaba apasionadamente, en la de la muchacha la fantasía iba un poco más lejos, pero ambos compartían la idea del lugar del beso. Ella se movió hacia él y ambos supieron que deseaban lo mismo, pero Thorin se acercó a ella para no dejar que se esforzara demasiado, para cuidarla de su herida. Unos centímetros antes de encontrarse sus bocas Elizabeth se impulsó rápidamente y besó la mejilla del rey bajo la montaña.
—La respuesta es si. Se puede besar mucho mejor que eso... ¿Te enseño?
Liz movió su rostro para quedar frente a Thorin y suavemente jugó con la barba del enano enterrando sus dedos en ella y deslizándolos hasta acariciar sus mejillas. Una de sus manos luego se posó sobre la nuca del rey de Erebor. Acercándose más a él cerró sus ojos, algo que Thorin también hizo por intuición y sus labios se encontraron de nuevo, pero esta vez no fue un beso torpe, ni apresurado. Fue completamente suave al principio aunque luego tomó intensidad. Los brazos del enano tomaron el pequeño pero fuerte cuerpo de Elizabeth y lo atrajeron hacia él, sus manos jugaron con la espalda y cintura de ella, acariciando cada centímetro y subiendo hasta quedar inmersas en el cabello de Lizzie. La manta que lo cubría se deslizó sobre la espalda torneada de Thorin y debió sentir frío, pero por razones obvias para ella pero desconocidas para él, no se inmutó, ni hizo nada para cubrirse nuevamente. Elizabeth aprovechó la situación y al saberse protegida por los fuertes brazos de él que sostendrían su cuerpo si ella se incorporaba, se impulsó para poder tocar su espalda. Al hacerlo notó la firmeza de los hombros y la espalda de Thorin y su mente voló. Lo besó más apasionadamente aún mientras él extasiado por las sensaciones nuevas en su interior por un segundo solo quiso quitarle la ropa a Elizabeth y recorrer todo su cuerpo. Fue más que suficiente motivo para que tomara su rostro con la misma pasión con la que pensó desnudarla y finalizara el beso de ambos. Thorin entonces respiró agitado mientras miró profundamente en los ojos verdes de Lizzie que estaban fijados en los labios del enano, queriendo volver a ellos.
—Oh Liz, voy a besarte en cada momento que tenga... por el resto de mi vida.
Esta vez fue él quien la besó a ella, pero fue un beso corto. En cuanto volvió a percibir la misma sensación anterior se detuvo, se separó de ella y volvió a abrigarse con la manta. Lizzie notó el motivo del corte abrupto del beso y sonrió, sabía que tenía que esperar un tiempo más para que ocurriera, pero los dos se deseaban con la misma intensidad. Eso la llenó de alegría.
—Bueno... Creo que ahora si podrás contarme todo, ¿no?
...
En el mundo de la pastelería casi nada había cambiado. Fili miraba por la ventana del apartamento que compartía con su hermano y su tío; no se atrevía a interactuar demasiado con el interior porque aun conservaba el desorden que Thorin había dejado la mañana del incidente con Ronan. Lo extrañaba y su preocupación iba más allá de no saber si estaba bien, pues ni siquiera sabían dónde estaba. Solo Kili sabía cómo se sentía. Thorin era un enano malhumorado, serio y a veces hasta aburrido pero prácticamente los había criado. Al morir en la guerra el padre de ambos, su madre Dis, hermana de Thorin, supo que no podría sola con dos pequeños niños traviesos y los llevó con su tío para que le ayudara a educarlos. Además, ya que Thorin no se había casado y todo indicaba que no lo haría en mucho tiempo, no tendría hijos que heredaran el trono, por lo que al morir, si alguna vez recuperaban la montaña, Fili sería el nuevo rey. Por esta razón, el mayor de los hermanos tenía una relación muy especial con su tío. No solo había sido su padre y su fuente al momento de consultar dudas, sino que muchas mañanas Thorin aparecía en la cocina durante el desayuno y se lo llevaba con él para enseñarle una o dos cosas sobre reyes.
Kili también se encontraba triste, tenía buenos momentos grabados en su memoria, pero al seguirle en línea sucesiva a su hermano, no requería una educación tan intensiva como Fili, por ende había tenido más libertad y se lo conocía por ser el más travieso de ambos. Mientras su hermano aprendía sobre ciertos modales, costumbres y estrategias de guerra, Kili corría por las calles del pueblo jugando con su arco y sus flechas. Así fue como más de una vez los humanos llegaron a la puerta de la casa de Thorin y Dis con Kili sujetado de la capucha de su abrigo y quejas por daños en puertas y ventanas, o porque el pequeño había cazado algún animal.
Para ambos las horas parecían ya no pasar. Sentían en su interior que Thorin aun vivía, pero a la vez se encomendaban a Durin para que regresara sano y salvo. Y por supuesto con Liz en las mismas condiciones... Sabían que su tío jamás volvería a ser el mismo si algo malo le ocurría a la muchacha; se volvería aun más malhumorado, más serio y más oscuro. Tal vez regresaría a la enfermedad del dragón y se volvería un codicioso gruñón.
Mientras observaba la calle y los escombros del Pie Hole, Fili notó que un hombre se hallaba de pie frente a la construcción en ruinas. Tuvo que refregarse los ojos para volver a mirar porque no creía lo que veía.
—OIGAN... ¡Es Ned! —anunció.
Todos abandonaron sus actividades y bajaron apresurados hacia el Pie Hole. Garrett permaneció un momento más en el apartamento, sabía que no podía ser Ned... No sin Olive. Se desplazó hasta el ventanal y entonces lo vio...
—¡Ned! —llamó Fili mientras corría hacia él—. ¡¿Qué ocurrió?! ¿¡Dónde están los demás?!
—Ned no volverá en un tiempo —dijo el hombre.
—Si él no es Ned... ¿Es otro clon? —Kili miró a sus compañeros intrigado.
—No. —dijo el hombre—. Yo soy... Como el padre de todos ellos... Soy el primero. —aclaró.
—Él es Lee, es quien nos ha estado enviando aquí. —Garrett se adelantó y le dio la mano—. ¿Qué sabes de Ned y Olive? —preguntó.
—Y de nuestro tío. —dijeron Fili y Kili al mismo tiempo.
—Y de Thranduil; de todos. —finalizó Tauriel.
—¿Por qué él debería saber algo? ¿Has estado con Ned? —preguntó Charlotte.
Chuck se acercó a Lee y este la miró con añoranza, como si estuviera recordando algo o pensando en alguien más.
—Ned y Ronan están juntos, es lo que puedo saber, asumo que Olive está con ellos, pero eso lo ignoro. Solo puedo sentir y conocer la ubicación de los clones. —explicó—. Ellos... No volverán pronto, tienen algo más que hacer allá arriba. —Se refería al espacio—. Puedo intuir que Olive está fuera de peligro y los acompaña porque Ronan ha cambiado de idea... Al principio solo quería consumirlo y destruirlo todo, pero ahora están yendo a rescatar a alguien más. No contaba con que la chica vampiro tendría tal poder para debilitarlo y cambiar su plan, solo pensó en usar a Ned con un mal propósito, pero ahora... Es diferente. Tal vez cuando vuelvan hasta se quedará a ayudar a reconstruir lo que ha roto. —opinó con alivio.
Garrett levantó la cabeza y observó el cielo azul.
—Con que ese era el poder. —mencionó sonriendo de lado.
—Si, ella absorbe los dones especiales de los demás. Al menos lo ha hecho con Ronan; pude sentir como se debilitaba y quitaba el poder de la gema de él. —acotó Lee—. No sé si lo hizo antes con otras personas... Y creo que lo hizo con... —Lee hizo un gesto especial que Garrett entendió a la perfección.
—¿Por eso la debilitó al tocarla? —indagó el vampiro.
—Sí, es probable que ya no puedan volver a tocarse, o sabes lo que ocurrirá. —comentó.
—Oh... no lo harán, me encargaré de eso. —respondió Garrett con complicidad—. Respecto a lo que comentas, ella tomó parte de mi fuerza y resistencia, pero lo resistente que soy a los ataques ha actuado como escudo y por eso jamás será capaz de quitarme mi poder, aunque si quiero puedo compartir un poco de mis habilidades. —explicó.
Lee asintió y se acercó a Tauriel.
—Thranduil sin embargo no está con ellos, ha vuelto a la Tierra Media. —anunció.
—Eso es imposible, él juró ya no regresar. —expresó Tauriel con confusión.
—Tenía una misión especial... Y por lo que puedo sentir volverá pronto con novedades. Creo que ha encontrado su final feliz después de todo este tiempo. Respecto a su tío, —Lee se dirigió a los pequeños Fili y Kili; el humano era tan alto que los enanos parecían solo unos niños a su lado—, antes de venir aquí he hablado con alguien que lo conoce a pesar que Thorin lo ignore, aunque probablemente lo reconocería si lo viera. Esta persona le tiene un cariño muy especial y tiene una conexión muy fuerte con él. Me ha dicho que está en Mirkwood, junto a Thranduil y una... Chica. Ambos están bien, regresaran pronto, así que dejen de preocuparse por él y ya no estén tristes.
—¿Cómo es que puedes saber todo eso sin estar en contacto con ellos? —interrogó Tauriel—. ¿Eres un mago? —Lee rió por lo bajo y negó con la cabeza.
—Digamos que... Ellos son una parte de mí. Tenemos algo en común. —aclaró.
—Como si fuéramos la misma persona. —añadió Garrett—. Deberíamos ir a nuestro apartamento y hablarlo más tranquilos, te ofrecería café y tarta pero... —Señaló el Pie Hole en ruinas—. Creo que no será posible.
—Oh eso no será problema, hornearé una tarta en la cocina del apartamento —dijo Chuck—. Ahora que este buen hombre ha dicho que Ned está vivo y ese horrendo alien no le hará daño, me siento mucho más enérgica. Aunque aún necesito trabajar con este estrés de no saber cuándo volverán. Lo mejor que puedo hacer es hornear tartas.
—Eso suena delicioso. Mientras, les contaré todo. Y si no es molestia, voy a quedarme por aquí unos días y comenzaremos a reconstruir el Pie Hole. —anunció.
—¿Y cómo haremos eso? —Emerson apareció por detrás de Lee muy serio—. No veo que tengamos dinero para reponer los materiales, contratar albañiles, comprar nueva mercadería para retomar el negocio. No tenemos ni una moneda extra.
—¿Cómo que no hay monedas? —Fili miró a su hermano y ambos sonrieron—. Tenemos cajas y cajas repletas de oro.
—Ese oro es de Thorin Escudo de Roble y no se tocará mientras él no esté.
Lee miró a Emerson y rió, el detective no entendió porqué.
—No has cambiado ni un día, siempre el mismo tacaño.
Emerson le preguntó de dónde lo conocía. Lee mintió y le contestó que Garrett hablaba todo el tiempo de él y su amor por el dinero, pero en verdad lo conocía por Ned, al ser parte de Lee, a través del pastelero y los demás, el hombre conocía a todos a su alrededor, a cada persona que rodeara a sus clones.
Lee aceptó quedarse con la familia de Ned en uno de sus apartamentos y se decidió a contarles todo, les pidió que hicieran las preguntas solo al final del relato, y al finalizar, todas las manos estaban levantadas esperando su turno para hablar.
—Bien... empecemos en ronda, por aquí, Emerson... ¿Qué quieres saber?
...
En la Tierra Media, Thorin y Thranduil quedaron en silencio mientras Lizzie los miraba con ojos enormes desconcertada.
—Supongo que tiene preguntas. —dijo el rey elfo al enano.
—No nos vería así si hubiera entendido todo a la primera. —contestó Thorin inclinando su cabeza a Thranduil pero sin apartar la vista de Lizzie.
—Típico de humanos, nunca pueden con la inmortalidad de los elfos, los dragones, los orcos y las arañas gigantes cuando saben de ellos por primera vez. —comentó Thranduil.
—No creo que haya tenido problema con eso, creo que lo que aún no puede superar es que besó a un enano de 196 años. De casualidad que ellos llegan vivos a los 90. Para ella debe ser como enamorarse de un cadáver. —comentó Thorin con gracia.
—Imagínate, ya es terrible besar a una criatura como tú; acaba de descubrir que además de feo eres ancestral. —Thorin miró serio a Thranduil que rió.
—Oh claro, porque tú llevas días en Mirkwood, ¿No? —Se quejó el enano.
—Oigan, parece que estuviera catatónica pero aún estoy aquí y puedo oírlos. —acotó Elizabeth.
—Oh, ¡Hasta que habla! ¿Hay algo que quieras preguntarnos? —indagó Thorin.
Lizzie sonrió y dijo: «¡Hasta que me dejan preguntar!»
...
En el espacio, una compuerta de la nave de escape se abrió y mostró la figura de Ronan.
—¡Hasta que decides hablar! —exclamó Olive girando en torno a él. Llevaban horas en silencio e incertidumbre.
—Es que ya estamos llegando y debo contarles el plan, o no la rescataremos. Será difícil, pero les contaré todo con detalles esta vez. —contestó Ronan El acusador.
—Bueno... —Ned apareció vestido con un uniforme espacial entallado, parecía como si hubiera sido hecho especialmente para él. Llevaba un arma gigante que apenas podía sostener—. Aun sigo creyendo que esto es una mala idea pero... ¿Cuál es el plan?
