«No puedo hacerlo, no puedo hacerlo, no puedo hacerlo. No puedo hacer esto.» Se repetía Ned mientras caminaba por un planeta desconocido de tierras color verde esmeralda. Ronan iba a la cabeza de la misión sosteniendo un arma pesada, mucho más grande y poderosa que la que llevaba Ned. Al ser un Kree no requería un traje especial para merodear por allí. Ned sin embargo llevaba un traje con oxígeno que había conseguido en la nave. Olive llevaba el mismo traje pero sin el oxígeno. No necesitaba respirar.
Al llegar a una gran roca, Ronan les hizo señas para que se detuvieran y todos pegaron sus espaldas al montículo de piedra mientras el acusador observaba apenas asomado lo que ocurría más adelante. Le hizo señas a Olive y pusieron el plan en marcha.
Ned se quedó en su puesto esperando indicaciones, mientras Ronan llevaba a Olive a rastras, como si fuera una prisionera. Se encontraron más adelante ante un enorme portón de hierro y una construcción descomunal detrás. La entrada estaba vigilada por dos guardias.
—Traigo a esta criatura. —anunció Ronan con voz grave—. La encontré robando tesoros en los templos sagrados.
Cuando los guardias se acercaron a ver a Olive, de rodillas y con la cabeza baja mirando al suelo, esta atacó a uno alimentándose de él en pocos segundos. Ronan a su vez atacó al segundo guardia, al cual le rompió el cuello. Escondieron los cuerpos en un lugar cercano y le hicieron señas a Ned para que los acompañara. El pastelero llegó corriendo y se adentró en el lugar luego que Ronan utilizara la huella digital de uno de los guardias para abrir el portón. Una vez dentro, corrieron hasta una pequeña habitación donde se encontraban las cámaras y los controles del lugar. Allí encontraron otro guardia del cual Olive se encargó con rapidez.
Al Ned observar en las cámaras se dio cuenta que estaban dentro de una ciudad custodiada.
—¿Qué hay aquí de tanto valor como para cerrar su ciudad tras esas pesadas puertas? —indagó el pastelero con algo de temor.
—Crystal. —dijo Ronan y comenzó a buscar en las pantallas—. Está en esa habitación. —Señaló una de las cámaras—. Listo. —añadió apretando unos botones—. Solo tenemos treinta minutos antes que desde la torre de control se den cuenta que logramos entrar; es lo máximo que la imagen puede quedar congelada para permitirnos circular libremente. Si no lo logramos en ese tiempo... Disparen a todo aquel que nos impida salir. Regresaremos con Crystal a la tierra, o ya no lo haremos nunca.
Ned tragó saliva al oír esto y volvió a repetirse la frase: «No puedo hacerlo.» Abandonó el cuarto de cámaras con temor pero con un propósito, intentar regresar a la tierra sano y salvo.
«No puedo hacerlo, no puedo hacerlo, no puedo hacerlo.» Se repitió Thorin Escudo de Roble antes de entrar en la habitación que Legolas y Thranduil habían enviado a preparar para él y Elizabeth. Era una de las pocas habitaciones que no pertenecía a los aposentos del rey y tenía una cama. El lugar era bastante amplio y cómodo para ambos pero lo que aterrorizó al enano al ingresar fue que la cama era una sola. Lizzie y él debían dormir juntos esa noche.
«Thranduil no puedo hacerlo, ¡No la he desposado!» Exclamó él y el elfo solo rió pensando en cómo se las arreglaría el enano para dormir cómodo en otro lugar porque sabía que por nada del mundo dormiría con Elizabeth.
Lizzie llegó un rato después; luego de mantener una conversación con Legolas para agradecerle su hospitalidad, buena voluntad y pedirle disculpas por su comportamiento días antes; no se habían visto en todo el tiempo que Elizabeth volvió a la habitación de Thranduil para continuar con la cura. Al ingresar al cuarto notó que Thorin estaba pensativo frente a una pequeña tina llena de agua en el suelo. El enano meditaba muy serio y cruzado de brazos.
—No decides si quieres bañarte o qué.
Thorin salió de su ensoñación y sonrió apenado a Lizzie. Tomó un mechón de pelo de la chica y jugó con él, admirando la suavidad de su cabello.
—No es eso, Liz. Es solo que... Te amo ¿Sabes? Pero últimamente me estoy comportando de una manera tan irrespetuosa contigo que siento que tal vez no te valoro lo suficiente.
—¿Irrespetuoso dices? —dudó ella.
—Si, es que, bueno, tú no lo sabes pero... cuando Thranduil te estuvo curando yo permanecí en la habitación, de espaldas por supuesto. Él me dijo que debía abrir un poco tu blusa y solo se lo permití porque sabía que lo haría solo con fines curativos pero luego quiso vestirte con ropas de elfos y yo me negué, no quería que hiciera nada más que abrir apenas tu ropa para sanar tu herida así que me giré enfadado para decírselo y te vi. Juro que no quise hacerlo, jamás pretendí manchar tu honor, Liz, pero es que ese elfo exagerado te había quitado por completo la blusa y te vi, no lo pude evitar. Y te eché mi abrigo encima para cubrirte pero no es solo eso, cuando nos besamos no me importó que la manta ya no me cubriera y que me tocaras sin camisa, esas cosas no deben hacerse hasta ser esposos, rey y reina. Y además mientras te besaba... sentí... —Thorin se incomodó y sus mejillas tomaron un vivo color rosado intenso—. No importa. No estoy siendo un enano respetuoso. Eres una dama y estoy actuando como si ya estuviéramos unidos.
Elizabeth sonrió todo el tiempo enternecida por la inocencia del enano.
—No me veas así, Liz. Mira esta habitación, solo hay una cama, no pienso arruinar tu reputación compartiéndola contigo. Tú toma la cama, yo dormiré sobre esa silla y mantendrás tu honor intacto. —aseguró el enano.
—Thorin... —bufó alegre ella.
—No me harás cambiar de opinión, Liz. —insistió él muy serio—. Ni siquiera deberíamos compartir el mismo espacio durante la noche pero sé que no puedes conciliar el sueño en la oscuridad y aquí casi no hay luces como ves. No te dejaré sola, tranquila, estaré en aquella silla cuidándote. —señaló—. No te preocupes por mí, ya lo he hecho todas las otras noches que hemos pasado mientras te recuperabas.
—Thorin, tú y yo debemos hablar de algo importante. —soltó ella.
—Sé lo que dirás, y yo... Lo siento, no debí comportarme de esa manera. —El enano se arrodilló y tomó la mano de una muy desconcertada Lizzie—. He sido un irrespetuoso, indecoroso y con unos modales pésimos, pero si tan solo pudieras perdonarme, yo... Lo haré muchísimo mejor desde ahora. Lo prometo.
—No. No tienes ni remota idea de lo que diré. —contradijo ella riendo por su inocencia—. De pie, amor mío, hablemos. Tengo que contarte una cosa o dos del estilo de vida de los humanos...
Lizzie sonrió tiernamente y comenzó a pensar en las palabras correctas para un muy retrógrado e inocente Thorin.
...
—Entonces... ¿No somos reales? —Tauriel interrogó asustada durante la cena.
—Si, si lo son. Es solo que ustedes forman parte de universos alternativos a nuestra vida. —contestó Lee.
—Pero dijiste que todos ellos eran tú. —insistió la elfa intentando comprender.
—Si, es difícil de entender, lo sé. —dijo Lee y pensó como aclararlo—. Todos ellos son yo, porque soy un actor; son personajes que he interpretado alguna vez en mi vida, pero si ellos realmente fueran yo, no podría estar compartiendo esta cena y espacio físico con Joe y Garrett, por ejemplo. Yo soy ellos, pero a su vez ellos no son yo. Son ellos. —explicó.
Tauriel dejó el tenedor con su ensalada sin tocar sobre el plato. Cerró los ojos y suspiró.
—¿Cómo es posible que tú seas ellos pero ellos no sean tú? —preguntó.
—Porque yo fui ellos alguna vez, pero ahora ellos tienen vida propia. —respondió Lee.
—¡¿Cómo?! —La elfa sintió que la cabeza le iba a explotar. Y si ella se sentía así, que era un ser de supremo conocimiento, qué quedaba para los demás en la mesa.
—No lo sé, de alguna manera todos ellos encontraron la forma de existir en sus universos paralelos a mi existencia en la tierra. —mencionó Lee—. Y ahora descubro que también podemos cruzar a otros universos, como yo estoy ahora en el mundo de Ned y como antes he estado en tu mundo platicando con Thranduil, como entré en el universo de Garrett y muchos otros. Me di cuenta que si yo podía hacerlo, ellos también podrían cruzar de un mundo al otro.
—¿Y con qué propósito? —indagó ella.
—Los finales felices naturalmente. —Le recordó él.
—Si pero... ¿Por qué si todos existíamos en nuestros universos tuviste que entrar a ellos y comentarnos sobre los demás? —intervino Joe—. ¿No era acaso mejor dejar las cosas como estaban?
—Un día estaba en una entrevista en la cual me preguntaron sobre varios de mis personajes. —contó—. Hablé mucho de ellos, bueno, de ustedes, y al llegar a casa un pensamiento se presentó en mi cabeza. Dio vueltas y vueltas y no me dejó dormir... Ese pensamiento era que muchos de ustedes habían tenido un final trágico o no eran felices... Comenzando por Ned; es el personaje más sufrido que he interpretado. Vive en este maravilloso mundo pero está condenado eternamente a no poder tocar a la mujer que ama. Es lo más cruel que he oído. —soltó.
—¿Cómo termina nuestra historia en tu mundo? —Chuck se esperanzó de oír un final feliz.
—Oh Chuck... Cancelaron la serie, así que lo único que supe de ti es que tú y Ned continuaron juntos, y le dijiste a tus tías que en realidad vivías... Allí terminó todo. —confesó.
—¿A mis tías? No creo que lo soportaran. —comentó alarmada.
—Al parecer se lo tomaron bien. —La tranquilizó.
—O sea que jamás podré tocar a Ned... —resolvió Chuck apenada.
—Bueno, mi idea fue cruzarlos a unos y otros en este universo, y hacer que se ayuden entre ustedes a conseguir sus finales felices. —declaró Lee—. Algunas cosas ya las tenía pensadas, eran obvias y otras se fueron dando conforme la situación. Eventualmente todos encontraran el final feliz. —Al decir esto volvió a esperanzar a Chuck.
—¿Qué hay de los que no somos tú? —preguntó Kili—. ¿Por qué estamos aquí?
—Bueno, si ellos podían invadir otros universos, ¿Por qué ustedes no? —propuso el humano.
—¿Es decir que nosotros también tenemos nuestros otros "yo" en tu universo? —Fili miró extrañado a Lee.
—Sí. De hecho soy amigo de muchos de ustedes allá. —afirmó el hombre.
—Jamás imaginé que pudiera haber otro yo, debe ser tan extraño. —comentó Kili imaginándose el encuentro con su clon.
—Lo fue para mí encontrarme conmigo mismo cuando fui a buscar al primero de los clones. —declaró Lee riendo por lo bajo—. ¿Más preguntas?
—¿Cómo pasas de un universo a otro? —Emerson pareció particularmente interesado en oír la respuesta—. Tal vez pueda ir con Ned a resolver crímenes allá.
Todos rieron.
...
—Se nos acaba el tiempo, Ronan. —anunció Ned mirando el cronómetro.
—Lo sé.
El acusador irrumpió en la habitación y quedó de pie junto a la puerta. Ned y Olive detrás aguardaron con sus armas. Estaban curiosos de lo que ocurriría a continuación. Por lo que Ronan les había contado era posible que Crystal ofreciera cierta resistencia a ser rescatada.
—¿Qué estás haciendo aquí, Ronan? —preguntó la mujer con intriga y algo de desagrado.
El humano y la vampiro observaron delante de Ronan a una mujer de largo cabello rojizo y lacio con profundos ojos azules. Llevaba puesto un traje amarillo entallado con detalles en negro y había adoptado una pose firme como si hubiera sabido que Ronan iba a tomarla en brazos para llevársela. Todo indicaba que iba a resistirse.
—He venido a buscarte. Te prometí que lo haría. —Le recordó el Kree.
—Ya es tarde. —aseguró la chica.
—No digas eso, Crystal, por favor. No tengo mucho tiempo antes que los guardias vengan a atacarnos y no me iré de aquí sin ti. —afirmó.
—Oh sí, sí lo harás. —Lo contradijo ella.
—Se los dije.
Ronan se dirigió a Ned y Olive y luego de eso avanzó hacia Crystal. Pero esta se defendió creando una tormenta de fuego a su alrededor.
—¿Qué...? ¿Y eso? —Ned retrocedió asustado.
—Ella controla los elementos. —dijo Ronan poniendo sus manos sobre la cara para cubrirse del calor. Estaba muy cerca de las llamas y comenzaba a quemarse.
—Ay, por favor, tengo que hacer todo yo. Sostén esto. —espetó Olive ofuscada.
La chica pegó su arma al pecho de Ned y se acercó a las llamas a pesar que Ned le gritó que no lo hiciera. De todas maneras no le hizo falta entrar en el fuego. Tenía los poderes de Ronan, por lo que suspendió a Crystal en el aire y la expulsó fuera del aro de fuego. Luego se abalanzó sobre ella y comenzó a debilitarla poniendo su mano sobre la frente de esta.
—Vendrás con nosotros quieras o no. —ordenó—. ¡No recorrí toda la maldita galaxia con un terrorífico alien azul creyendo que podía morir en cualquier segundo, ni me adentré en una ciudad prohibida para encontrar a una chiquilla malcriada que me provoque la muerte! ¡Ya estoy harta de los extraterrestres! ¡Quiero volver a mi casa! —exclamó sumamente molesta.
Crystal perdió el conocimiento y Olive la soltó.
—Ahí tienes a tu paquete, ahora vámonos de aquí. —finalizó la rubia acomodando su atuendo.
Ronan la tomó en brazos mientras Olive recuperaba su arma. Ned había estado todo ese tiempo con la boca abierta y expresión de asombro.
Ni bien salieron de la habitación escucharon una pequeña alarma, era el reloj de Ned marcando que habían finalizado los primeros treinta minutos; luego se escuchó una alarma ensordecedora. Era la sirena que le indicaba a los miembros de la ciudad que la princesa de los inhumanos, Crystal, estaba siendo secuestrada por Ronan el Acusador y su pandilla.
Todos comenzaron a correr hacia la salida, mientras veían como detrás un enorme ejército los perseguía.
—Comenzarán a dispararnos, no corran en una sola dirección, ¡Dispérsense! —comandó Ronan.
Corrieron en zig-zag. Ned comenzó a oír todo el caos en eco. Un proyectil había explotado muy cerca suyo. No podía escuchar de dónde venía el sonido, por lo que corrió solo por intuición y deseo de salvarse.
Más adelante vio a Ronan darle el cuerpo de Crystal a Olive que desapareció de su vista en cuestión de segundos y luego observó cómo el Kree empuñaba un arma con la que disparó una enorme estela de color azul. Detrás suyo se vio una gran explosión. Poco a poco, al correr, Ned recuperaba su oído. Entre gritos escuchó a Ronan darle la orden de disparar.
«No puedo hacerlo, no puedo hacerlo.» Se dijo. Al instante cayó de bruces al suelo. Algo estaba tomando su pie y lo arrastraba de nuevo hacia la ciudad. Un guardia se lo estaba llevando.
—¡Ned, dispara ahora! —Ronan continuaba usando su arma para mantener al resto de la ciudad controlada.
—No... No puedo... —repitió el pastelero asustado.
—¡Ned! —llamó Ronan en tono hostil para hacerlo reaccionar.
—NO PUEDO HACERLO. REVIVO PERSONAS, NO LAS MATO. —gritó el pastelero.
—¿ES QUE ACASO NO TIENES UN PROPÓSITO PARA REGRESAR? DISPARA AHORA. —ordenó Ronan.
Chuck fue lo primero que se le vino a la mente al escuchar a Ronan gritarle.
Charlotte sonriendo cada mañana en su hogar; riendo en la cocina del Pie Hole, besándolo a través de un plástico de la pastelería... ¡La pastelería! Thranduil horneando tartas desde temprano y bromeando con Thorin llevando las finanzas al día; saludando a Joe instalando la red de internet, siendo ayudado por Fili sosteniendo la escalera y alcanzándole las herramientas. Kili a su lado distraído mirando a Tauriel ordenando las mesas y avisando que ese lugar ya está disponible para los próximos clientes a Lizzie; que abre la puerta a Garrett y Olive dándole los buenos días y por supuesto a Emerson, que cruza corriendo encantado por el aroma a pie de manzana que llega hasta su apartamento.
«Mi familia.» reconoció Ned. Y dio cuenta que si se deja tomar prisionero, no volvería a verlos nunca.
—POR MI FAMILIA. —exclamó. Ned se giró con el arma en las manos y disparó. El rayo fue tan poderoso que cortó al alien en varios pedazos. El pastelero se levantó rápidamente asqueado y corrió hacia Ronan. Eventualmente se giró y disparó dos, tres, cuatro veces. Continuó corriendo de espaldas disparando y gritando.
Hizo tanto escándalo que Ronan en una ocasión rió viendo que Ned comenzaba a disfrutar de jugar a la guerra contra los extraterrestres. Cuando llegaron al portón, Olive y Crystal estaban en la nave piloteándola y abrieron las compuertas para que pudieran subir. Ambos treparon mientras un gran ejército corría hacia ellos.
La compuerta se cerró con Ned y Ronan caídos boca arriba en el suelo y respirando agitados.
—Eso estuvo cerca. —reconoció Ronan.
—WOHOO. ¡Qué gran día! —gritó Ned levantando sus brazos.
Olive y Crystal los observaban serias y de pie frente a sus cabezas.
—Creo que... Tú y yo tenemos que hablar... Princesa. —soltó Ronan y ella asintió seria.
—Les daremos un momento a solas. Ven Ned. —Olive le tendió el brazo al pastelero y lo ayudó a levantarse—. Sabía que podías hacerlo. —Le susurró mientras se alejaban.
...
—¿Y qué hacen luego de desposarse? —dijo Thorin girando un poco su cabeza para ver a Elizabeth. Estaban tirados sobre la hierba cada uno apoyado sobre el hombro del otro con sus cuerpos en direcciones contrarias.
—Lo mismo. —contestó ella.
—Entonces... ¿Qué es lo que cambia cuando te casas? ¿Que entonces si puedes tener bebés?
—No. —Lizzie rió—. Puedes tenerlos antes de casarte. De hecho podemos embarazarnos la primera vez que tenemos intimidad con alguien.
—Oh. Y... ¡¿Has tenido un bebé?! —indagó él con curiosidad.
—¡No! —Elizabeth levantó su cabeza horrorizada.
—Pero si estuviste con un hombre en ese sentido, ¿Cierto? —preguntó. Ella asintió.
—Pero me cuidaba, así que no quedé embarazada.
—¡¿Cómo haces eso?! Conocí enanas con muchos hijos porque... Bueno, para los enanos los bebés solo vienen, Durin los bendice muchas veces. —comentó Thorin.
—Durin no nos bendecirá tanto, no te preocupes. —Ambos volvieron a su posición original, mirando las estrellas.
—Eso solo lo sabe Durin. —insistió el enano.
—En mi mundo eso lo decide la ciencia, y mi ciencia Durin dice que no nos van a bendecir muchas veces. —soltó ella.
Rieron. Lizzie cerró los ojos y Thorin quedó en silencio por un momento. No quería incomodarla pero realmente tenía mil preguntas más.
—Liz... —Ella acarició el cabello de él—. ¿Lo amabas?
—Lo amé. —reconoció.
—¿Y qué pasó después? —Elizabeth permaneció en silencio por unos segundos.
—Me engañó. —Lizzie supo que no había entendido porque no omitió opinión al oírlo y él siempre tenía algo que decir al respecto—. Él... Se acostó con otra mujer, ya sabes, lo hicieron. —aclaró.
—¿QUE HIZO QUÉ? —Thorin se sentó y miró a Liz con desconcierto—. ¡¿Pero quién es ese humano irrespetuoso?! ¡Uy, le voy a cortar la cabeza con un hacha! —refunfuñó.
—Tranquilo. —Ella se incorporó, abrazó al enano y le dio un beso en la mejilla—. Estamos juntos ahora, lo que haya ocurrido en el pasado ya no importa.
—Nadie lastima a mi Lizzie. —masculló el enano.
—No era tu Lizzie en ese momento... Y... No lo soy ahora. —comentó alzando una ceja—. Yo no soy un objeto que puedas comprar, Thorin.
—Ya lo sé... —expresó él y rodó los ojos—. Nunca te haré daño o me enfadaré respecto a eso, pero no puedo evitar pensar que siempre has sido mi Lizzie, porque siempre esperé encontrarte. Y aquí estás... —declaró.
—¿Cómo es que sabes que soy la persona que esperabas? —Elizabeth sonó curiosa, como si indagara sobre una fuerza ancestral sobrenatural.
—Porque jamás tuve miedo. Y desde que te conocí temí que descubrieras quién era, luego que no me amaras por eso y luego tuve miedo de perderte. Al final de todo también me haces sentir cosas que jamás había sentido antes. Alguien que te despierta sensaciones nuevas, tiene que ser la persona indicada. —opinó. Ella se le quedó viendo, pero no dijo nada más.
...
Ned y Olive esperaban en la nave que Crystal y Ronan regresaran.
—Tienen una relación tormentosa, ¿Eh? —opinó Olive.
—Ya lo oíste cuando nos contó. Ellos se casaron por conveniencia, para unir sus pueblos y poner fin a las guerras. En un principio no se amaban... Luego al parecer si, pero cuando ella tuvo que elegir entre Ronan y su familia, decidió quedarse con ellos. —contó.
—¡¿O sea que en realidad no rescatamos a alguien sino que la secuestramos?! —inquirió Olive con disgusto.
—Ella no era libre de abandonar ese lugar, tú viste la seguridad a la que nos enfrentamos. —comentó el pastelero.
—¿Por qué opuso resistencia entonces? —indagó ella.
—Tal vez creyó que Ronan iba a sacarla de esa prisión para atarla a su vida, pero se equivoca. Ronan la dejará elegir una vez más. Pero esta vez no entre él y su familia, sino entre él o la libertad de ir donde ella quiera ir. —declaró—. Sin compromisos, sin obligaciones. Solo hay dos posibles desenlaces. O permanecen juntos, o volveremos a casa con un Kree con el corazón roto pero en paz de haber hecho lo correcto.
—Oh... ¿Qué crees que quiera ella?
—No lo sé. A veces las personas estamos seguras de lo que queremos pero otras veces algo ocurre... Y cambiamos de opinión. Cuando eligió a su familia creyendo que sería más libre sin él, terminó encerrada en esa prisión... Solo ella sabe lo que hará. Nosotros solo podemos esperar.
—¿Extrañas a Chuck? —preguntó Olive cambiando de tema.
—Claro que la extraño, y a toda nuestra familia. —confesó Ned.
—Parecías muy divertido allá afuera. —comentó ella con una sonrisa cómplice.
—En realidad estaba tan aterrado que tuve que liberar el estrés. Pero mientras disparaba solo pensaba en ellos; en regresar a la tierra y abrazarlos a todos... Bueno, a Chuck no. — Al decir esto Ned bajó la vista apenado.
—Ned, tal vez...
Elizabeth despertó con la luz del sol entrando en la habitación; cuando se incorporó, Thorin no estaba pero le había dejado ropa limpia para que usara. Eran una serie de túnicas élficas que por supuesto iba a arrastrar porque Lizzie era inlcuso más pequeña que Thorin. Al salir de la habitación caminando con incomodidad, ya que las telas eran más pesadas de lo que la humana acostumbraba a vestir en tiempos modernos, se topó con un elfo llamado Elros. Usualmente este guardia estaba destinado a controlar la entrada del reino, pero por una razón que ambos desconocían, Thranduil y Legolas lo habían asignado a ser guardia personal y escolta de Elizabeth.
—Se lo agradezco mucho, señor Elros, pero sé cuidarme sola.
—Me disculpará el atrevimiento milady, pero he oído que cayó por una cornisa los días pasados.
Elizabeth dio una mirada aguda y fría al elfo, pero pensó que él no tenía la culpa y también sufriría lo tedioso de seguirla a todas partes.
—¿Dónde está Thorin? Llévame con él, por favor.
—El señor enano no podrá reunirse con usted por el momento.
—¿Por qué no?
—Está atendiendo otros asuntos.
—¿Qué clase de asuntos? —Odiaba que le ocultaran cosas.
—Asuntos de enanos, milady.
Elizabeth sonrió al escucharlo y se llevó la mano a la boca para ocultar la risa, pero las líneas de expresión a los lados de sus ojos fueron suficiente indicio para el guardia.
—¿Qué es lo gracioso, milady?
—Asuntos de enanos... por un momento imaginé muchos Thorin apilados uno encima de otro intentando alcanzar la parte alta de la alacena, decidiendo de qué medida serán sus abrigos y midiéndose unos con otros para decidir quién es el enano más alto del mes. —Elizabeth rió y Elros solo sonrió.
—Tiene un humor bastante cruel para ser su amada.
—Oh. —Lizzie se puso seria y le hizo prometer a Elros que jamás divulgaría ni una palabra—. Si lo supiera, rompería su corazón... al parecer es muy sensible con ese tema. Aunque... —Lizzie miró su vestido y notó como bastante tela sobraba al final, haciendo que tuviera que cargar parte de él para caminar—. La verdad no sé de qué me estoy burlando. Bien... si Thorin no está disponible para mí, lléveme con Thranduil.
—Su majestad tampoco podrá recibirla en este momento.
—No me diga que está haciendo cosas de elfos...
—Bueno... ha estado toda la mañana con su hijo, ha pedido que no lo molesten. Al parecer mi señor Legolas aún tiene lecciones que aprender de su padre.
—Ya veo... Bien, ¿Qué puedes enseñarme de aquí entonces? Ya sé que es un reino dentro de un bosque, con caminos serpenteantes, cornisas y variedad de cascadas de agua helada, lo sé por experiencia propia. ¿Habrá algo más agradable que puedas enseñarme?
Elros sonrió y miró hacia un costado del pasillo.
—Hay tanto para ver aquí... es un gran reino. La mayoría son salones y habitaciones del personal, la corte y por supuesto sus majestades. Muy similares a donde usted se hospeda. Pero tenemos los jardines privados del rey...
—Estuve allí la noche anterior, es muy bello.
Comenzaron a caminar.
—Bueno, también tenemos una biblioteca, pero no creo que pueda leer ningún contenido del que tenemos. Todo está en nuestro idioma, muy diferente al suyo. Algunos pergaminos en el idioma de los enanos, y casi nada del mundo de los hombres.
—Hombres que ignoran que existen otros hombres en otro mundo...
—¿Disculpe?
—Oh nada, solo pensé en voz alta. Lo siento. De todas maneras creo que me gustaría ver como lucen las bibliotecas en un lugar como este.
—Bien, le daré un paseo por el reino, pero primero... tiene que desayunar. Son órdenes de su majestad el rey Thranduil.
El elfo y la humana recorrieron los lugares más importantes y curiosos de Mirkwood, al menos los que Elros creía que eran así, ya que para Lizzie todo era curioso. Desde la forma de las columnas entrelazadas con los arboles, las cascadas que caían por lugares inesperados y recorrían el reino con sus afluentes por debajo de puentes y caminos estrechos hasta las pequeñas lámparas que irradiaban una luz tenue pero muy bella.
Elizabeth quedó encantada. A su vez tomó algunos pergaminos de la biblioteca y le pidió a Elros que le contara de qué hablaban. Él le tradujo y le enseñó algunas palabras durante el almuerzo. Ni Thorin, ni Thranduil terminaron sus asuntos para esa hora, por lo que la muchacha estuvo a punto de almorzar sola, pero le pidió a su nuevo amigo que la acompañara. Al principio el elfo se negó, pero luego ante la tierna insistencia de la humana aceptó y se unió a la comida.
Un rato después Elros la llevó a recorrer el bosque.
—Thorin dijo que este lugar solía estar repleto de arañas gigantes. No puedo imaginar qué tan grandes serían... En mi tierra solo hay tarántulas del tamaño de un plato. No puedo imaginar que fuesen tan grandes.
—Si usted viera una ahora tenga por seguro que se desmayaría del terror. ¿Ve esa roca? —El elfo señaló una roca gigante, que llevaba mucho tiempo enterrada—. Son más grandes que eso.
Elizabeth quedó pensativa un momento y luego se giró hacia Elros.
—No puedo imaginar todo lo que han pasado... Lo que han tenido que vivir y yo... Creo que no le haría bien a mi corazón encontrarme con una araña de ese tamaño.
—¿Cómo está su herida, milady?
—Sanando. Casi no molesta ahora, pero tampoco estoy exigiendo a mi cuerpo demasiado. No sé que ocurriría si tuviera que huir por alguna razón, tal vez entorpecería todo el proceso de curación y no deseo eso. Aún no sana del todo, pero Thranduil; él ha sido tan bueno conmigo, se está esforzando tanto por dar con la medicina indicada que forzar la situación y arruinar su trabajo sería cruel. Desde que ocurrió el incidente con la cornisa que me visita todo el tiempo para cambiar los vendajes y aplicar algo distinto... Este es el primer día en que sé que se está dedicando a alguien más que no soy yo, y es que debe necesitar pasar tiempo con su hijo porque últimamente mi herida es todo lo que tiene en mente. Por eso confío en él, sé que va a curarme. Además... Es talentoso, su toque es muy suave al momento de limpiar la herida, no es nada temeroso en quitarme los vendajes y... nada pudoroso si es que tengo que estar en ropa interior. Thorin hace un escándalo cada vez que Thranduil viene a curarme, por eso este último tiempo permaneció fuera de la habitación cada vez que toca cambiarme las vendas. Creo que no puede soportarlo. Pero tu rey... Él se preocupa mucho más por mi herida que por mi desnudez y siento que no tengo que privarme de nada con él, todo fluye muy natural. Puedo ser yo misma completamente cuando estoy a solas con él sin sentir que estoy incomodándolo. —Elizabeth sonrió y se adelantó a tomar una flor que pareció la indicada para lo que pensaba.
Mientras caminaban, Thranduil y Legolas mantenían conversación muy cerca de un espacio abierto de donde se podía ver el bosque.
—Extrañaba un poco esto. —dijo el rey de Mirkwood. Habían practicado un duelo de espadas y tiro al arco entre otras tareas y paseos.
—¿No puedes hacer lo mismo allá?
—Oh no, es muy diferente en ese mundo, de todas maneras lo extraño ahora también. Me ha dado grandes alegrías y he descubierto que soy muy bueno horneando tartas, pero no se lo digas a los otros, sería el hazme reír de las otras casas reales. Creí que ese era mi final feliz, pero solo estoy suplantando a alguien más. Lo hago cuando Ned se ausenta, él tiene dos trabajos y cuando toma algún caso debo encargarme de la pastelería. Aunque... —Thranduil se giró y contempló largo rato a Elizabeth en el bosque, recolectando flores mientras conversaba animadamente con Elros. Legolas se mantuvo a su lado esperando la continuación del relato—. Creo que finalmente encontré mi final feliz... Pero hay un problema. Es algo complicado que llevará su tiempo y lo más importante... No solo será trabajoso para mí, sino doloroso para alguien más. —Legolas miró a su padre con preocupación, pero no objetó nada.
Desde otro punto de Mirkwood alguien más observaba largamente a Elizabeth.
—¿Una humana?
Dáin Pie de Hierro, primo de Thorin y ahora Rey de Erebor se había enterado de la presencia del enano en Mirkwood y acudió a su encuentro para reconciliarse luego del pésimo trato que le había propiciado cuando Thorin fue con Ned a devolverle la vida a sus sobrinos. Otros enanos de las Colinas Azules y de Hierro lo acompañaron a la reunión; entre ellos estaban varios miembros de la Compañía de Thorin que enfrentó al dragón Smaug en el pasado. Ahora ambos mantenían una pequeña conversación en un balcón sobre Lizzie, ya que Thorin había decidido contarles sobre ella.
—Si, es una mujer. Una maravillosa mujer. —Thorin apoyó sus brazos sobre el pilar del balcón y sus ojos se iluminaron al verla a la distancia. Dáin advirtió esto y sacudió sus hombros molesto.
—¿Y por qué no una enana? Tenemos hermosas enanas en las Colinas de Hierro que no te harían perder el tiempo y te darían herederos fuertes... y barbudos.
—Durin va a bendecirnos con niños, ya verás. Voy a desposarla y tendremos a nuestros pequeños.
—No creo que a Durin le agrade esa humana. —Dáin lo dijo con mucha seguridad en su voz y Thorin se giró molesto hacia él.
—¿Por qué no?
—Algo en ella me hace dudar... No es quien dice ser. —Dáin se aferró a su martillo y caminó hacia adentro alejándose de Thorin—. Dices que ella tuvo un esposo antes.
—No sé si exactamente un esposo. Pero si ha tenido intimidad. —Thorin lo siguió.
—¿Cómo lo sabes? —Dáin se giró sorprendido.
—He aprendido muchas cosas en sus relatos. Cosas que solo una esposa sabría.
—¡¿Dices que es una cortesana?!
—¡¿Crees que mi Liz es una cualquiera?!
—Solo ten cuidado. Tal vez solo se acercó a ti con el propósito oscuro de convertirse en reina... Que no te sea extraño que sabiendo que nunca reclamarás la montaña, te cambie por otro rey que aún puede recuperar su bosque... —Se refería a Thranduil.
Mientras tanto, Elizabeth le pidió a Elros un momento a solas. Él le contestó que no podía irse muy lejos, pero que se apartaría lo suficiente para darle privacidad, más no podía dejarla sola por órdenes del rey. A pesar de estar en tiempos de paz, aún los orcos rondaban la zona y podían atacar a Lizzie. Ella se sentó sobre la roca que Elros le había comparado con una araña rato antes y miró las flores que llevaba en sus manos. Cerró los ojos y meditó.
Levantó su cabeza hacia el cielo y pronunció unas palabras imperceptibles. Luego tomó una de las flores y comenzó a arrancarle los pétalos suavemente, uno a uno repitiendo: «Se lo diré, no se lo diré.» Al cabo de unos minutos deshojó completamente a la flor y dejó el tallo sobre la roca. Nuevamente miró hacia el cielo.
—Tú pusiste esto ante mí. Y ahora soy yo quien hará la elección. He librado a la suerte de una flor esta decisión y el destino, las matemáticas o tú me han impuesto que se lo diré, sin importar las consecuencias. Y estoy de acuerdo con eso... Thorin lo entenderá... él... tiene que hacerlo ¿Verdad?
Se incorporó y caminó decidida hacia la puerta del reino. Elros la acompañó hasta la entrada y una vez allí permaneció en el portal.
—¿No se supone que debes acompañarme siempre?
—Ya no, milady.
Elros hizo una reverencia y se retiró. Al girarse, Elizabeth se asustó ante la presencia de un Thranduil altivo y elegante que se encontraba a escasos metros de ella. Ambos caminaron hacia el encuentro del otro rápidamente. Él se desplazó con gracia, ella torpemente y al quedar uno frente al otro se dijeron al mismo tiempo «¡Tengo algo que decirte!» Los dos quedaron sorprendidos por la frase del otro y sonrieron. Pero no estaban tan intrigados como Thorin Escudo de Roble, que apareció desde una esquina muy serio y de brazos cruzados. En su mente estaban las palabras ponzoñosas de Dáin: «Ella no es quien dice ser.»
—¿Ah si? ¿Y qué es lo que tienen que decirse?
