Parte 8
Tiene dieciséis años.
Es una noche de verano y las estrellas brillan sobre su cabeza a través del humo de incontables chimeneas. La ciudad que hay más abajo apesta a hedor, pecado y corrupción, pero su abuelo se ocupa de que la fortaleza, el palacio donde habitan se barra, se limpie y se perfume con incienso.
En el patio, los mozos de cuadra se ocupan de los caballos después de la llegada de los últimos mensajeros del día y las cocineras y los mozos de cocina empiezan a reunir los ingredientes de las comidas de mañana para irlos cocinando poco a poco.
Y en sus habitaciones Colín duerme sobre su lecho, Damián siente que tiene todo el tiempo del mundo para reclamar lo que por derecho le pertenece y la sangre de su "regalo" es tan dulce que por el momento no necesita reclamar nada más pero mun día lo hará porque Colin es muy atractivo... .
Camina por uno de los pasillos superiores rumbo a la mezquita, donde su abuelo le espera a él y su conversación.
Últimamente las relaciones entre abuelo y nieto no son las mejores, cuando niño amo a su abuelo de forma entrañable pero tras la conversión algo ha cambiado como si se envenenara el pozo de sus afectos, o hubiera sido liberado de un hechizo rapaz.
Desde el momento en que regreso del camino de la muerte Damian pensaba en su abuelo como un recipiente perfecto, cuya alma había desaparecido dejándolo vació. Sabía tambien que la llegada al poder de su señor no lo había cambiado para bien, su dominio sobre las asas reales de los reinos circundantes es completo y aun todo ese poder no lo satisface, Ras AlGhul parece una presa destruida, incapaz de contener las aguas. En el interior de su abuelo no hay luz, no hay paz ni salvación, ve al mundo como un lugar perdido... y no hay forma de que cambie de opinión.
Damian le creía en el pasado, pero la existencia de Colin le hace hacerse preguntas, grandes preguntas, siente algo parecido a la ternura por el joven y aunque no es amor, quizá algún día lo sea.
Entra en la mezquita, la decoración ha cambiado. La tela del altar es ahora de un negro solemne, las paredes están decoradas con cortinas del color de la sangre y parecen húmedas, el techo brilla con reflejos que Damian no reconoce aunque su alma si, era el lugar de oración de su abuelo.
-Damian –llama su abuelo desde detrás del altar mirándolo a los ojos, y el joven solo puede inclinar leve la cabeza antes de devolverle la mirada.
-Abuelo.
El señor de la fortaleza se eleva cuan alto es y sus ojos frios estudian al mas joven.
- ¿Cuáles son los grandes mandamientos nieto mío?
"Mío" la palabra reconoce los ecos en la estancia y congelan a Damian en su lugar, hay presión en la palabra y no lo entiende del todo pero siente alarma, desde luego ahora es más hijo de su abuelo que de su padre y su madre, pues su abuelo le abrió camino a esta nueva existencia... inmortal y necesitada de sangre como sustento para vivir.
- El hombre que es digno de tal nombre ha de tratar con justicia y equidad a sus iguales y mejores, aquellos que por el contrario no poseen honor no merecerán la piedad
Las palabras escaparon de sus labios como pájaros enjaulados luchando por salir primera una que la otra, continuó hablando de los mandamientos de su abuelo con devoción y respeto.
Poco a poco, sin embargo, las velas empezaron a parpadear.
-¿Cuál es la obligación del hijo para con sus padres?
-Honrarlos, que sus días sean largos en la tierra que se les ha concedido.
El alma de Damian titila con las velas, hay algo malo en toda la ceremonia, no sabe bien qué, pero no puede evitar temer.
Oh, que los cielos se apiaden... un fulgor escarlata brilla en el techo, ¿Hay luna de sangre aquella noche?
-Correcto - La capilla huele a tierra removida y mohosa, la sombra de abuelo se cierne sobre él implacable- Tú has renunciado a tus padres. Yo te he sacado de ese mundo. Yo soy tu padre y sin embargo no te abres ante mí, ni me respetas. ¿Cuál es el pago del pecado?
La oscuridad se cierne sobre él antes de que Damian pueda hacer nada. De repente esta encerado en un ataúd, a su lado puede oler la tierra húmeda y oír las sabandijas escarbando en ella.
-La muerte –adivina.
-Correcto -aun puede oir a su abuelo, eso lo alivia en cierto modo -El pago del pecado es la muerte... tú has desobedecido al plan sagrado de la orden.
El muchacho susurra.
-¿Cómo?
-Nunca has visto la luz y nunca lo harás, los hados te han rechazado Damian porque ignorando las ordenes de nuestra orden y tu destino brillante te has avenido a encapricharte con un mortal, le has llevado a tu lecho y dado un título que ni merece ni corresponde, si yo errara el hado me juzgaría y tú lo sabrías, pero como ves, ha coronado mi trabajo con el éxito -El ataúd se abre y él se encuentra en el sótano de la fortaleza. La luna pasa por una ventana abierta... y otra vez... y una vez más, cada vez más rápido. Se acumulan los trofeos. Los enemigos derrotados vienen a postrarse a los pies de su abuelo, que es cada vez más orgulloso, alto y mezquino –Con los años seré recompensado por mi dura labor.
Él joven se esfuerza por deshacerse del poder que enmaraña su mente y le impide contestar, porque lo ve todo frente suyo, porque sabe que está siendo inducido a ver todo eso.
-¿Lo ves? Tu propio cuerpo conoce tu pecado. Ven, déjame enseñarte lo que debería haber sido -Damian se aleja otra vez del ataúd, pero esta vez se pone al lado del hombre. El tributo es para ella tanto como para él. Siente que el poder de los enemigos elegidos para la destrucción recorre sus venas y le proporciona más poder. Cuando crece el poder de su abuelo, él crece con él. Con el tiempo, recorre el mundo convertido en su sucesor, recogiendo una cosecha interminable desangre y dolor sirviendo a sus planes que ahora son suyos.
Y los años pasan...
Los años pasan y Colín, cuya dulzura es incomensurable es abandonado, no a su suerte pues Damian no es tan cruel pero nunca más estará en las habitaciones de Damian, este ha entendido que su destino es más importante que los anhelos de una carne que por otro lado está muerta.
Esta bajo su influjo, el de su abuelo, su voluntad le guía y le ordena un destino que Damian no valora ni desea pero contra el que no puede oponerse porque esta frente a él y lo controla todo.
Hasta que Damian se libera de su influjo.
Tres años después de la reunión en la mezquita, se encuentra en un charco de sangre enfrentándose a Ras, tras enterarse que Colín no existe más, que ha sido asesinado por la orden.
-Te rechazo –Declara, con la espada a centímetros del cuello de Ras, recordando cuanto lo amo siendo un niño e incapaz de volver realidad el sentimiento, en su alma solo resuman el odio y el rencor.
Libre de años de dominio mental se ha encontrado solo, pero le sobra orgullo y desea recuperar su dignidad como poco, su abuelo le mira irónico.
-Dime, hijo de mi sangre, ¿qué es lo que rechazas?
-A ti, tus maquinaciones, todo lo que hay en ti y lo que representas... Ahora entiendo porque madre te abandono en cuanto me convertiste, pues escucha, seas lo que seas yo no soy igual, hagas lo que hagas... Te detendré y nunca conocerás el triunfo de tus planes.
Es joven, Damian lo sabe, demasiado joven para entender que ha prometido en que se ha metido, pero también que se pasara los siguientes siglos de su no existencia cumpliendo esa promesa, tratando de estar a la altura de esas endemoniadas palabras... hasta el día en que sus ojos se cruzaran con los de un hombre moribundo en una calle.
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Cuando abre los ojos Colin esta ante él como un ángel de la muerte.
-No puedes morir Damian –susurra, con voz dulce mirándolo a los ojos.
-Te abandone –gime en cambio Damian, preguntándose como en el mundo podría no haber sido capaz de amarlo, como en el mundo aun ahora es incapaz de corresponder los dulces sentimientos que el otro guarda en su interior para el.
-No... me protegiste, me enviaste lejos de las garras de tu abuelo, pero no podía vivir sin ti y él se vengó, pero escucha... recuerda, tienes una razón para existir, prometiste algo en su día y debes cumplirlo...
-¿De qué hablas? –gime... sintiéndose ahogado, Colin en cambio parece preocupado y mira a sus espaldas, como sospechando algo –Colin...
-Él está en camino...
-¿quién?
-Ras, Ras Al Ghul
