Debido a que me tardé descaradamente demasiado, les informo que este capítulo es largo y tendrá una segunda parte.
ADVERTENCIA: Me he tardado demasiado ya que he estado ocupada planeando un viaje, y este domingo me voy. Así que les informo que estaré un tiempo desconectada pero haré de todo para poder avanzar en mis momentos libres y poder subir capítulos! Mientras tanto, cuando tenga más seguridad les enviaré un comunicado sobre los días de actualización! ¡Saludos!
—M-Mejor en la biblioteca.
Me detuvo al ver que una vez más Natsu se puso incomodo ante mi idea de ir a su casa. Cada vez que menciono la idea de hacer algún trabajo en su casa él siempre me dice que mi casa es más cómoda o que la biblioteca es mucho mejor.
Guarda las cosas con rapidez intentado convencerme que vayamos a la biblioteca, tomó mi bolso comenzando a caminar a la salida. Dice el mismo argumento de siempre: "Si vamos a la biblioteca podemos tomar un helado de camino." Nos marchamos en silencio de la escuela, no mencionada nada del asunto, él ya decidió que iremos a la biblioteca y no a su casa. Su casa esta prohibida.
—¡Oye! ¡Esta vez pediré de frutilla! — dijo de la nada a mediad que caminamos—. ¿Y tú de qué pedirás?
—Chocolate, o no lo sé— respondí con suavidad.
—¡Siempre chocolate! Vamos, la vida es solo una.
—Bueno... — pensé—. Vainilla entonces.
—¡A ese es muy bueno pero creo... — su sonrisa se borra. Su celular esta sonando, él busca en su bolsillo con ansiedad y finalmente responde la llamada dejándome de lado con una pequeña y muda disculpa. —Fuyuimi. Sí voy camino a la biblioteca.
Me dedico a caminar a su lado mientras vamos a la heladería para después ir a la biblioteca. Natsu se detiene de golpe y me mira preocupado.
Debemos entregar un informe para mañana en la clase de literatura de Yagi-sensei. Tenemos que generar una investigación de un tema libre y ya que esta vez era turno de Natsu de elegir la temática hemos decidido hablar sobre una entrevista de una reportera que viaja por el mundo probando comidas diferentes. Tenemos que ver su reportaje y además leer su blog, así que el trabajo será bastante pesado para una tarde, necesitamos aprovechar el tiempo al máximo.
—Pero Fuyumi, necesito hacer el trabajo con Izuku, no puedo ir a casa yo... — Natsu suspira desalentado para después mirarme. —. Entiendo, no te preocupes, yo me encargo.
—¿Ocurre algo? — pregunté tras vele colgar.
—Necesito ir a mi casa... —susurró guardando su celular. — mi hermanito está solo y... Solo tiene 6 así que debo irme.
—¡O-Oh! ¡Claro! ¡Vamos! Haremos el trabajo allá. — dije ciertamente emocionado, pero a Natsu no parece causarle gracia la situación. Solo se limita a sentir y caminar hacia la estación de tren.
No puede evitar sentirme alegre muy feliz, al fin conoceré a todos los hermanos de Natsu. Son cuatro hermanos, y estoy al tanto de que Natsu es el mayor entre los dos menores, el más pequeño de la familia Todoroki solo tiene 6 años y es un niño muy callado. Pero solo eso sé. Luego viene Natsu, después Fuyumi y finalmente esta Touya-sempai. Ahora que pienso en su familia, Natsu tampoco suele mencionar nunca a su madre ni a su padre, técnicamente no sé nada de Natsu y su familia.
¡Hasta ahora! Estoy pasmado ¡La casa de Natsu es gigante! ¡Jamás me dijo que era grito! Es una antigua casona de estilo japonés muy vistoso. Nos adentramos tras dejar los zapatos y caminamos sobre el tatami a medida que voy inspeccionado repleto de curiosidad el lugar.
—¿Hermanito? Ya estoy en casa. — dice con cansancio adentrándonos a la sala principal. Sacando algunos cuadernos—. Ponte cómodo Izuku, buscaré mi laptop y traeré la laptop de mi hermano mayor para que la uses.
—Sí, muchas gracias.
Me senté en uno de los cojines y busque los apuntes sobre el contenido del informe. La casa de Natsu es muy silenciosa, ciertamente es demasiado extraño. Cuando Natsu va a mi casa mi madre siempre estaba sobre nosotros preguntándonos si necesitamos algo o si tenemos hambre, en cambio aquí siento que es una casa demasiado grande para una familia.
—¿Midoriya-sempai?
Separo mis apuntes y elevo la mirada hacia el umbral. No puedo evitar sorprenderme al ver a un pequeño bicolor mirarme con un encantador brillo en sus ojos. El niño parpadea un par de veces, casi como si intentase entender qué es lo que ocurre y finalmente se pellizca la mejilla.
—¡¿S-Sho-chan?! — pregunté sin creerlo.
El niño no esperó más. Corrió hacia mi persona y me abrazó con fuerza cayendo sobre mi regazo festejando alegre de mi presencia. No sabía qué hacer así que me limité a corresponder su abrazo con mucha fuerza y acariciar su cabeza. ¡Ya decía que a Fuyumi la había visto en algún lado! Por supuesto un par de veces fue por Shoto a la guardería mientras que las otras oportunidades iba Touya-sempai. Soy un despistado.
—¿Shoto? ¿Qué haces, hermanito? — habló Natsu al adentrarse a la habitación. El pequeño bicolor se separó un poco de mí y me sonrió muy feliz.
—¿Viene a verme? ¿Midoriya-sensei? — inquiere emocionado.
No sé qué decirle. Si le dijera la verdad de seguro se pondría triste y es lo último que quiero. Observo a Natsu que parece aún más confuso con la situación, pues se encoge de hombros mirándome para después decirme que responda de un modo afirmativo. Asi que obedecí.
—¡Por supuesto! — dije finalmente acariciado sus cabellos pelirrojos. Él pequeño infló su pecho. — Haz crecido mucho Sho-chan.
—¿Verdad qué si? — preguntó Natsu sentándose a mi lado dejando las dos laptops en la mesa—. Esta cada vez más grande, en cualquier momento nos alcanzara a los dos.
—¡Yo diría que Sho-chan será muy alto! ¿No es así Sho-chan?
Él solo asintió tímidamente, su rostro evidencia su felicidad. Sus infantiles mejillas están sonrojadas y su mirada brilla en exceso. Vuelve abrazarme y yo le correspondo cortésmente. Han pasado meses desde la última vez que vi a los niños a los que cuidé, la escuela no me ha dado tiempo para preguntarme por ellos y dudaba mucho que alguno me recordara, pero aquí estamos, con Sho-chan en mi regazo abrazándome con mucho cariño.
Tal vez no he sido olvidado del todo.
—Hermanito ¿Qué tal si vas por tu cuaderno de dibujos y trabajas con nosotros aquí? — preguntó amablemente Natsu.
Sho-chan no respondió solo se colocó de pie y corrió a su habitación muy feliz.
—¿Desde cuándo conoces a mi hermanito? — inquirió con recelo Natsu sacándome una sonrisa—. ¿Acaso me has estado acosando? ¿He? Dicen que los callados son los peores.
—¿De qué hablas? — pregunté divertido—. Sho-chan era uno de mis estudiantes cuando trabaje en la guardería ¿Recuerdas que te hablé de eso?
—¡Ah! Pero no me dijiste que era la guardería de Yuei. — se quejó—. ¡Detalles Izuku! ¡Nunca puedes olvidar los destalles!
—Lo lamento.
Sho-chan llegó corriendo con un cuaderno lo dejó en la mesa y volvió a salir corriendo. Natsu parecía muy feliz de ver aquello, me dijo que su madre se había ido de casa el año pasado y desde hace un tiempo Sho-chan estaba cada vez más callado, últimamente parecía muy triste y el verle sonreír de esta forma le hacía sentir que había posibilidades que de la inocencia de su hermanito no fuese destruida por los problemas que su casa cargaba.
No pude evitar preocuparme. Sabía que algo ocurría, pero Natsu jamás era capaz de hablar sobre el tema.
Sho-chan volvió a entrar, esta vez con un enorme estuche. Se sentó entre nosotros y dejo su estuche repleto de lápices de colores listo para trabajar con nosotros. Me miraba emocionado, esbozando una sabe sonrisa propia de mis recuerdos.
—¡Manos a la obra se ha dicho! — animó Natsu al ver que su hermanito estaba feliz—. Necesito un dibujo súper importante, uno de nosotros tres ¿Bien? ¡Es súper importante Shoto!
—¡Bien! — dijo alegre comenzando a colorear de inmediato.
Contuve la risa mientras Natsu solo me veía muy alegre. El más feliz de los tres era sin duda Natsu, no dejaba de ver a su hermanito que cantaba mientras dibujaba. Lo miraba con tanto cariño que deseaba que alguien más lo viera. Era una felicidad sincera.
Quedé pálido cuando abrí la laptop de Touya-sempai, el fondo de pantalla es de lo más escandaloso. Dos chicas desnudas abrazándose mientras miraban a la cámara coquetamente. El fondo... Ese es el salón de arte de la escuela.
—Creo que ya entiendo porque Shinsou-sempai y Touya-sempai no se llevan bien—. Dije al notar que ambos conquistaban mujeres en el mismo establecimiento.
Comenzamos a trabajar. Los tres. Avanzamos bastante, Sho-chan se mantenía dibujando a nuestros lado mientras Natsu y yo hablábamos sobre los contenidos del trabajo. Me siento muy feliz por Natsu, algo en él parece regocijarse de alegría pues cada cierto tiempo despeina a su hermanito mejor y lo abraza — a mi parecer— hostigandolo, ya que Sho-chan le dirige miradas reprochadoras.
—Estoy en casa.
El tono de piel de Natsu a descendido a casi a un blanco que solo se lograría compara con el papel o la nieve. Sho-chan también esta tenso, no entiendo que ocurre. Volteo mi rostro hacia el umbral y me siento intimidado al ver una mirada azulada muy fría. Es un hombre enorme, muy corpulento y aterrador, su mirada carece de humanidad.
Sin duda es el padre de Natsu.
—¿Qué crees que haces Natsu? — preguntó con voz profunda y seca.
Capítulo 46: Decisiones
Parte I
Toga atacó a Hitoshi. Toga conocía a Kacchan. Ella parecía sorprendida de verme por lo tanto dudo mucho que se estuviese vengando de mi por llevarme a Kacchan. Algo esta pasando que no estoy viendo. De alguna forma están conectadas y yo no lo estoy notando. No he podido dejar de pensarlo estos días, sin embargo no he encontrado respuestas. Concluí que Toga fue contratada para atacar a Hitoshi, pero es solo coincidencia que fuese la misma mujer que controlaba a Kacchan. No entiendo nada. Y como si no fuese suficiente: Hitoshi parecía algo absorto cuando se quedó en el primer piso. Su mirada era de miedo, de eso no había duda.
Revisé mi celular una vez más. El número de Hitoshi yacía en la pantalla, invitándome a llamarle y preguntar si ha llegado bien a casa. Pero al momento que mi ex novio cayó en el hospital tras un ataque a su persona, comprendí que debía mantenerme alejado, me prometí que ya no pondría en peligro a nadie más. Quiero que todo lo que ha estado ocurriendo termine, para eso necesito mantenerme alejado de la gente que quiero. Aunque estar aquí también es una contradicción de mi plan, pero no puedo estar tranquilo sin saber que Eijiro-chan está bien.
Pero no es solo Eijiro-chan...
Observé de reojo a cenizo a mi lado. Mi corazón se aprieta al verle. Está en un estado de Shock. Kacchan estaba en blanco, mirando el suelo sin responder de ningún modo a nuestra presencia. Sus ojos no brillaban y su sonrisa petulante se había desvanecido... Era técnicamente ver a otra persona.
Puede que mi plan sea alejarme de la gente que es importante para mí, pero simplemente ahora no puedo.
—Kacchan, deberías ir a casa. — dije tomando su brazo. Pero no me mira.
Todo fue en caos al llegar al hospital. Eijiro fue ingresado de inmediato a urgencias pero luego fue enviado a pabellón para ser operado por Endeavor, en cierta forma era un alivio, estoy al tanto que el padre de Sho-chan es un gran doctor por ende la vida de Eijiro correría menos peligro en sus manos. La noticia de una cirugía fue demasiado para nosotros, pero para Kacchan fue devastador ni siquiera parece haber notado que se encuentra cubierto por la sangre de Eijiro-chan. Era aterrador ver a Kacchan. Su rostro vacío... No puedo imaginar lo que pasaron. Ver el accidente debió ser horrible.
Cosas malas le ocurren a la gente buena.
La llegada del sr Toyomitsu no mejoró la situación. El estado tan llamativo de las ropas de Katsuki solo empeoró los nervios del tutor desatando el pánico en su persona. "¡Esa sangre! ¡¿Es de Eijiro?! — preguntaba a gritos mientras intentaba llagar a Kacchan a medida que yo le empujo buscando calmarlo— ¡Dios! ¡Katsuki-san, dime que no es de Eijiro! ¡Katsuki-san!" Sus gritos retumban en la sala de espera, la gente nos observaba dolida con una enorme lástima que era evidente. Kacchan no reaccionó la presencia de sr Toyomitsuo, a mi parecer no lo reconoció. Sho-chan continuó hablando con su compañero mientras yo intentaba calmar al rubio informando el estado delicado de mi estudiante y cuando al fin llegué a la parte en que el Gran Endeavor había bajado de su podio para operar exclusivamente a su hijo, la tranquilidad al fin había vuelto a su persona. No al 100%, pero si lo suficiente para sentarse y suspirar impaciente.
Las cosas parecían empeorar. Nadie tan joven como Sho-chan y Kacchan deberían estar pasando por algo. Decidí que la situación ya era lo suficientemente traumática, así que les ordené a ambos que se fueran a casa. Sho-chan pareció de acuerdo, pero Kacchan no pareció comprender mi orden, ni siquiera parecía haberla escuchado.
Sin importar cuanto tiempo pase, Kacchan es un manojo de nervios. No nos mira. Solo observa el suelo.
Me agaché a su altura, atrapé su brazo con mi mano acariciando sobre la tela de su chaqueta, sus ojos se posan en mí. Le sonreí comprensible. Entiendo, esto debe ser horrible para ti Kacchan.
—Vamos, te llevaré a casa... — susurré guiándolo al exterior del hospital.
Kacchan estaba devastado. No es de menos. Es totalmente comprensible que Kacchan estuviera en ese estado. Él y Eijiro-chan se conocen desde niños, crecieron juntos, maduraron uno al lado del otro y han luchado para mantener su amistad a flote. Pero aunque sé que no está en un estado favorable, desearía poder a ver al Kacchan que tanto quiero. Esperé el momento en que me mirara y diga con una sonrisa ladina: "No hay que preocuparse, Deku. Ese bastardo es fuerte". Pero eso no pasó. No dijo nada en el transcurso del viaje.
He concluido que Kacchan al fin ha comprendido que la muerte siempre esta rodeándonos y que cada decisión puede conllevar a conocerla. Kacchan ha vivido cosas que ni yo a mi edad había visto. Tengo la impresión que la inocencia de Kacchan fue arrebatada desde el momento que pisó aquellos dominios de Toga. Debe haber visto gente morir a golpes y personas prostituirse ante sus ojos. Sangre y quizás órganos. Kacchan estuvo en ese mundo aislándolo de su vida diaria, pero ahora aquello que dejó atrás lo alcanzó. Cuando Kacchan comprendió que el solo hecho de estar en ese lugar me había puesto en peligro a mí, tomó la decisión de reiniciar su vida y pedir ayuda. Lloró en mis brazos por la impotencia y vergüenza de sus acciones. Entendí que en el fondo Kacchan es una persona frágil sin importar cuan cruel pueda ser en el exterior. Pero ahora, es como si aquel lado frágil se hubiese desgarrado en pedazos y ya no hay vuelta atrás.
—Muy bien Kacchan. —le hablé asomándome por la ventana. Sentí un gran alivio al ver luz interior en su hogar, significaba que sus padres estaban y que Kacchan no pasaría solo esta situación —. Ahora entraras, te bañaras y descansaras mucho ¿Bien? Yo volveré al hospital, cuando sepa algo te llamaré ¿Okey?
—No miré antes de cruzar.
Aquellas palabras fueron suficientes para desatar un enorme deseo de llorar en mi persona. No. No es su culpa, por favor no te culpes Kacchan. Nada de esto podría ser su culpa.
—Kacchan, no es tu culpa. — dije con la garganta seca a punto de quebrarse. No debo llorar o solo empeoraré la situación. —.Ven. Vamos.
Lo guié fuera del auto, encaminándonos hacia la puerta principal. No sé qué hacer. Quería que entendiese que no hay forma de que esto sea su culpa. Pero al voltear el rostro solo veía a un chico pálido y sin conciencia de lo que ocurre a su alrededor. Miraba el suelo, de seguro repitiendo una y otra vez el accidente.
Mi pecho se presionó al ver como parpadea lentamente. Sin mirarme. Respiré hondo intentado contener las lágrimas. Atrapé su rostro y le obligué observarme, sus opacos ojos granate se posaron en mí, no parecían verme en realidad, pero es mucho mejor a que mirara el suelo.
—Kacchan... — susurré acariciando su pómulo derecho. Pero él no reaccionaba. Desciendo la mirada derrotado, bajando mi mano a su hombro para después descender lentamente por su brazo hasta su mano. Acaricio sus nudillos. —Todo saldrá bien. Te lo prometo... — musité sintiendo como mis lágrimas buscan traicionarme.
Toqué el timbre con rapidez y me despedí sin mirar a atrás. Mis lágrimas bajan al fin y sollocé en silencio de camino al hospital. Es como si alma de Kacchan hubiese sido tomada.
—Midoriya, volviste.
—Sho-chan...
Pero no solo era Kacchan. Mis ojos aprecian como los pantalones de Sho-chan están manchados en sangre en la zona de las rodillas. Miré de reojo su chaqueta, yace doblada con cuidado en una de las sillas, también debe estar con sangre, solo que a diferencia de Kacchan, él ha sido consiente de la situación y se la ha quitado. Me concentré en Kacchan y dejé a Sho-chan, soy horrible. Él también debe estar afectado por la situación.
—Ya deberías estar en casa.
—No logro comunicarme con mi hermano. — declaró mirando hacia la salida—. ¿Bakugo? Estaba muy afectado.
—En casa, con sus padres. — respondí sentándome a su lado—. ¿Saben algo?
Sho-chan negó.
—¿Dónde está Toyomitsu? — No estaba en la sala de espera, y dudaba mucho que estuviese junto a Endeavor operando a Eijiro-chan.
—Salió a hacer unas llamadas. — dijo Sho-chan mirando hacia el frente—. Me hizo unas preguntas, referente al accidente.
—Ya veo.
Sho-chan me explicó— vagamente — que el auto que atropelló a Eijiro había acelerado en vez de frenar. Podía ser una persona que accidentalmente presionó el pedal erróneo, pero ¿Qué ser inhumano no se detiene tras casi matar a un chico de solo 18 años? Esa duda me carcome. Era un auto azul. Sin patente. Sho-chan recuerda perfectamente aquello.
—¿Cómo estás? — pregunta a mi lado sacándome una sonrisa agotada.
Tomé mi rostro tras un suspiro. Y acomodo mi cabello hacia atrás mirando el techo sintiendo el ardor de mis ojos tras haber llorado todo el camino desde el hogar de los Bakugo. Niego levemente. No. No estoy bien. La vida es demasiado injusta. Hay tanta gente mala afuera, allá, más allá de estas puertas hay gente cruel que lastima a los demás disfrutando del dolor de las personas ¿Y qué les ocurre? Nada. Eso es lo que pasa. A la gente cruel y malvada no les pasa nada mientras que a un chico de 18 años es atropellado poniendo su vida a manos del destino ¿Qué hizo él? Probablemente, lo más grave que haya hecho es robar goma de mascar cuando ni siquiera era consciente de lo que era robar.
—Triste... — respondí al fin volviendo a sentir las lágrimas. —. Lo siento.
—No tienes que disculparte, es normal llorar en estas situaciones. — dice mirando el suelo—. O eso creo.
—¿Cómo es que no lloras, Sho-chan? — pregunté divertido—. Esto es muy difícil. — él se encogió de hombros y luego me miró.
—Creo que lloré demasiado cuando era niño.
Eso no ayuda. Solo empeora mi estado tras recordar los momentos en que Sho-chan lloraba en mi regazo cada vez que tenía que irse a casa después de un día de clases a mi cuidado. El solo verlo en estos momentos, me hace pensar las cientos de cosas que Sho-chan debió pasar para poder estar a mi lado en estos momentos.
Se supone que yo soy el maestro. Se supone que yo debo ser fuerte... Pero ya no puedo.
—Izuku, estas llorando de nuevo.
Sí. Estoy llorando. Soy patético.
—Lo siento... — musité limpiándome las lágrimas—. Sho-chan lo siento tanto, no soy lo suficientemente fuerte para ayudar a nadie... Kacchan. Dios, sus ojos, no pude ayudarlo. No sabía qué decir para hacerle sentir mejor... Y Eijiro-chan...
—Izuku, tranquilo. — susurró abrazándome con fuerza—. Nadie esta pidiendo que seas fuerte por todos... Está bien llorar. No puedes continuar por este camino esperando que esto no te afecte. Es normal que te sientas triste...
—Pero tú no estas triste. — reprendí con cierta envidia en mi voz.
—Lo estoy... — asegura en un tono suave mientras acaricia mi espalda y mi cabello—. Estoy muy triste te lo aseguro. Kirishima es mi amigo. Es solo que con los años he aprendido que llorar en realidad no me ayuda a sentirme mejor... Pero eso no tiene porqué aplicarse a ti.
Sentí su mano sobre mis cabellos, miré de reojo notando su suave sonrisa en sus labios mientras me mira compresible. Sus rasgos se han acentuado con los años, sus ojos brillan de un modo dulce, buscando a mi parecer, consolarme... Es como si él fuese el adulto y yo el adolescente.
Nos quedamos en esa posición varios minutos. Sho-chan es cálido, y sus latidos son lentos, pacíficos y me tranquilizan. Su aroma natural resalta entre la esencia antiséptica del hospital. Sus dedos se deslizan suaves por mi cabello, acaricia con ternura mi cabeza mientras respira, subiendo y bajando su pecho.
Las manos de Sho-chan son más grandes que las mías. Lo recuerdo. Noté aquello cuando estábamos en el hospital y él estaba inconsciente. Sus dedos eran largos y finos. Su palma era más grande que la mía... No sé porque, pero ese pensamiento me llena de dicha. Mi corazón brinca feliz.
—¿Mejor?
—S-Sí. — respondí separándome un poco de su persona para después sonreírle.
Sho-chan asintió y con uno de sus pulgares limpió las lágrimas que persistían en descender por mis mejillas. Respiró hondo mirándome con atención, acarició mi frente y acomodó mi cabello con cuidado, sacándome una risa risueña ante la sorpresa. Me siento como un niño.
Me congelé a sentir uno de sus pulgares en mis labios, deslizándose son suavidad. Cerró los ojos y suspiró acomodándose en su lugar. Buscando en su bolsillo. Sacó su celular.
—¿Diga? — dice tras colocarse de pie alejándose de mí.
—Me gustas—.
Lo olvidé. Por un minuto lo olvidé.
Esta mañana Sho-chan se disculpó conmigo por lo ocurrido a principio de semana. Cuando reconoció su error me hizo sentir peor de lo que ya me sentía. Soy yo el culpable por jugar con su corazón de tal forma, al punto de aprovecharme de su persona de una forma para nada debida...
—Izuku. Quiero tener sexo contigo—.
Lo había olvidado... Sho-chan piensa como una persona mayor ahora.
— Es mi hermano. Él... ¿Todo bien? — inquiere a mi lado. — Estas rojo ¿Continuas triste?
—S-Solo nervioso. — susurré desviando la mirada. — ¿Q-Q-Qué ocurre con Natsu?
—Dice que no puede venir por mí... — habla mientras yo continuo mirando el interesante suelo. Sho-chan continuaba hablando mientras revisaba su billetera, pese a que me esforzaba en intentar prestar un mínimo de atención, mi mente estaba en otro lado.
—Me gustas—.
Creo... Que todo eso fue algo impulsivo. Nada más. Sho-chan no siente nada por mí en realidad. Definitivamente está más tranquilo. Ni siquiera parece interesado en mi presencia... Solo quería sexo... Nada más.
Pero hace un momento... Él miraba mis labios.
Concéntrate Izuku. Hay cosas más importantes.
Miro de reojo hacia la recepcionista que continúa recibiendo llamadas y anotando con tranquilidad. ¿Cuánto ha pasado desde que Eijiro-chan entró? Enji se está tomando su tiempo.
—Izuku ¿Me escuchaste? — Shoto me habla a mis espaldas mientras continúo observando a la recepcionista.
Eijiro-chan lleva ya más de dos horas. Se ha hecho eterno ¿Cuándo saldrá? ¿Acaso el sr Todoroki ha tenido complicaciones? La sola idea me tiene nervioso. Ahora que lo pienso: sr Toyomitsu se ha tardado.
—Izuku— emití un ruido en respuesta—. ¿Entonces? ¿Quieres tener sexo conmigo esta noche?
Mi corazón se detuvo ante la pregunta. Volteo lentamente hacia el bicolor que yace a mis espaldas mirándome con curiosidad y una tranquilidad abrumadora desde su altura. Me coloqué de pie nervioso. Mis piernas tiemblan y mi corazón salta en mi pecho como loco. Trago nervioso y tras recordar como respirar logré musitar un: ¿Q-Qué?
—Pregunte si quieres que te lleve a casa, ya es de noche. — repitió con ladeando la cabeza. — Lo lamento, estoy cansado, cuando estoy cansado tiendo a arrastras las palabras al hablar. No modulé bien.
—A-Ah ¿D-Dijiste eso? ¿S-Seguro? — inquirí tragando grueso.
—Sí. — respondió con seguridad—. ¿Ocurre algo?
—N-N-No— tartamudeé.
—¿Seguro? Estas rojo otra vez... — musita acercándose, posando su mano en mi mejilla—. Estas caliente Izuku.
—C-C-Creo que esa palabra no es apropiada... para—. Sho-chan arquea la ceja. Mientras yo observo atento sus rasgos. — esta situación... ¡O-Oh! ¡M-Mira sr Toyomitsu! — chillé alejándome con rapidez hacia el rubio que entra a la sala de espera.
Mi sonrisa se borra al ver su afligido rostro.
Encontraron el auto que Shoto describió. Estaba abandonado en el estacionamiento de un centro comercial. El parabrisas estaba destrozado. Había sido robado esta mañana, los dueños no lograron ver su rostro con detalle, pero estaban seguros que era un hombre alto de mediana edad y cabello rubio. De complexión delgada. El tío de Eijiro-chan le pidió a sus compañeros que investigaran el robo, además de conseguir una orden para las cámaras del centro comercial para atrapar al bastardo que había lastimado a Eijiro.
Pero hasta ahora, no se sabía nada más.
—¿La familia de Kirishima Eijiro?
Los tres volteamos a ver al enorme hombre que salía vestido de verde. Se quitó el cubre bocas dejando ver una herida encarnada en la piel, reciente, que recorría desde la frente al área inferior del pómulo sin rastros de herida en la pupila.
—Si— respondió ansioso el rubio a mi lado dando un paso hacia el padre de Shoto. —. E-En realidad soy su tutor legal.
—Soy Todoroki Enji, cirujano cardiotorácico. Me he encargado de la operación de su hijo— habló con tranquilidad—, debo decir el chico es fuerte. Su hijo ingresó con Aneurisma abdominal en el área de la aorta. Se le aplicó anestesia local, presentaba sangrado interno pero pudimos detenerlo. Decidí generar una injerto de stent endovascular el procedimiento se pudo llevar a cabo sin hacer una incisión grande en el abdomen, por lo que el chico se puede recuperar más rápidamente.
Toyomitsu y yo suspiramos aliviado, la idea de que la recuperación fuese más rápida de lo esperado era un alivio.
—También tengo hijos, comprendo que a esta edad son inquietos. — miré de reojo a Shoto. Al parecer, su comentario no le había hecho ningún agracias. Enji aclaró su garganta y continuó—. Como decía... Tuvimos suerte. La aorta no logró desgarrase, de otro modo hubiésemos tenido que realizar una operación más invasiva...
Sin embargo, no todo eran buenas noticias. Endeavor nos explicó que el golpe que Eijiro-chan recibió en la cabeza había sido bastante grave, posiblemente generaría secuelas. Actualmente producto del golpe, su cerebro estaba inflamado y eso lo mantenía inconsciente quizás por un tiempo razonable, unos días e incluso una semana, posteriormente a ello se generarían exámenes para determinar si había sufrido daño cerebral... Mientras tanto, su estado es un enigma.
Fatgum se dejó caer en las sillas de la sala, más aliviado tras saber que la vida del pelirrojo ya no corría peligro. Aun respiraba y en unos días podríamos volver a verle sonreír como siempre... O algo así, dependiendo de su estado cefálico.
Sho-chan, tras el diagnostico— para sorpresa mía—, siguió a su padre al ascensor hablando sobre el estado de Eijiro-chan. Usaban términos médicos avanzados que jamás creí que Sho-chan, sin entrenamiento previo o estudios universitarios, conociese. No había miradas de odio ni menos un aire tenso, parecía un padre y su hijo. No sabía que pensar, pero no pude evitar alegrarme al ver que Shoto estaba dando un paso para una relación estable con su padre.
—¿Esta bien? — pregunté aún lado de Toyomitsu—. ¿Cómo se siente?
—Más tranquilo, supongo— susurró mirando el techo—. ¿Y tú?
Me quedé mirándole unos segundos.
—¿Crees que no te reconocí? Tengo buena memoria chico—habló con gran animo—. Haz crecido, pero tu rostro continúa siendo el de un niño. Eras el maestro favorito de Eijiro en la guardería...
Sonreí levemente, melancólico.
—Recuerdo que Eijiro solía despertar cada mañana tan alegre. De camino siempre cantaba esa canción tan molesta... — habló sin dejar de mirar le techo lanzando una risa—. Esa que cantaba el rubio ¿Cómo era? Esa que hablaba de despertar, primero era un pato y luego un burro...
—Era:
Toc, toc, toc, toc. ¿Quién es, quién es,
golpeando mi ventana,yo tengo mucho sueño,quién viene a molestar?
—Ah claro y luego venían los patos a invitarlo a nadar ¿No?
—Sí, luego era el burro para trabajar.
—Oh, esa endemoniada canción. Quería golpear al bastado que la escribió. — decía con una sonrisa—. Despertaba cantándola todas las mañanas, luego continuaba en el auto de camino a la guardería y de vuelta. Carajo. Intenté por meses que cambiara la canción pero... No. — se reía—. Ahí estaba Eijiro con su jardinera, cantando esa estúpida canción.
Sonreí. Sí. Eijiro siempre estaba junto a Toshinori cantando esa canción. Era el primero en entonar y el ultimo en terminar de cantar. Siempre saltando ante cada estrofa, bailando y siguiendo a Toshinori... El pequeño Eijiro-chan.
—Siempre volteaba la pintura en la mesa— dije sin una razón en específico—. Creo que lo hacía a propósito.
—En casa también lo hacía... — habló—. Tenía una imaginación muy activa, solía mirar un punto fijo por horas, como yo era joven y poco experimentado con los niños, pensé tantas estupideces intentado encontrar una explicación a su comportamiento, incluso creí que Eijiro veía gente muerta. Pero no solo estaba encerrado en su mundo imaginando un universo donde él era un héroe. La pintura representaba la sangre, de él o del enemigo. Aunque él siempre ganaba en las supuestas batallas.
—Con que era eso... — continué— ¿Cómo era su nombre de superhéroe? Era algo rojo...
—Red Riot— respondió—. Tamaki lo inventó. Fue la única forma para que se durmiera.
—¿Qué hay de Amajiki? ¿Ya sabe de...
—Sí, le llamé a penas supe lo ocurrido. — respondió en un suspiro, enderezándose—. Tomaría el primer bus a la ciudad, estaba en Nikko para una muestra gastronómica. Debería estar llegando en unas horas más. Debería llamarle para avisarle que Eijiro ya salió de cirugía.
—Creo que es lo mejor, debe estar preocupado...
Kacchan también debería saberlo, le prometí decirle a penas tuviese información.
Me despedí cortésmente. Di mi número nuevo y le pedí que ante cualquier cambio en el estado de Eijiro-chan, me informara. Salí agotado mentalmente del hospital, no sé cómo contactar a Kacchan, no tengo su número ya que tengo un celular nuevo, solo tengo el celular de Hitoshi, Toshinori... y el de mi mamá.
—Dios, soy patético— dije en un aire agotado.
Tengo 28 años, y tengo tres números en mi celular ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Estuve muchos años preocupado de lo que pensaría Hitoshi y nunca me concentré en vivir mi vida, disfrutar de mi juventud, de mi adolescencia. Todos esos años los desperdicié desfilando frente a Hitoshi esperando que me notara y me viese como una opción, incluso salí con una chica para darle celos... Soy patético.
No tengo amigos. Desde que terminé con Hitoshi mi vida se limitó a encerrarme en mi hogar a estudiar, la universidad y mi cama acurrucándome solo a llorar por no lograr pensar en el chico que me había roto el corazón. Cuando recibí la noticia de U.A. sentí que podía ser un nuevo comienzo, una nueva vida para el idiota antisocial que se encerró en su cuarto esperando que su platónico le tomara atención.
Pero ya no más. Tenía que ver a uno de mis estudiantes agonizar ante mí para notar que la vida es demasiado corta para tropezar con la misma piedra una y otra y otra vez hasta que finalmente decidas no volver a levantarte porqué ¿Cuál era el sentido? No. Ya no.
—Me gustas—.
Nunca fui bueno notando las emociones de las personas. Siempre he sido despistado en ese sentido ya que todo el tiempo solo tenía ojos para Hitoshi, pero un chico se me declaró, significa que puedo generar interés en alguien y seguir adelante... Sin Hitoshi quizás.
Acepté quedarme con Hitoshi porque tenía miedo. Me sentía protegido a su lado, no estaba solo. Y saber que alguien estaba al tanto de la situación me hacía sentir aún más en paz, pues significaba que: ¡No estaba loco! ¡El desquiciado si existía! Pero fui egoísta, no he pensado en Hitoshi y como esto le está afectando ¿Y qué pasó? Hitoshi terminó en el hospital. Debo aprender a valerme por mi mismo, a solucionar mis problemas sin pedir ayuda. Puedo hacerlo.
No puedo continuar dependiendo de Hitoshi... Ni de nadie.
—Midoriya...
Detuve mi andar, volteándome.
—¿Quieres que te lleve a casa? — Sho-chan balancea unas brillantes llaves entre sus dedos. No hay una sonrisa, pero si diviso un cierto aire victorioso en su persona.
—¿Sabes conducir?
—Tengo mi permiso si dudas.
Sonreí al ver como sacaba una tarjeta de su bolsillo. Así que eso buscaba en su billetera cuando hablaba por teléfono. Shoto parece impaciente, mueve sus dedos en su permiso de conducir sin despegar su constante mirada en mi persona.
—Claro. Si no es mucha molestia...
—Tú jamás serás una molestia, Izuku. — susurró con una suave sonrisa.
Me gusta ver sonreír a Sho-chan. Sho-chan sonríe bastante.
Shoto trota por el estacionamiento, le sigo divertido al notar que, pese a su rostro no lo demuestre, esta feliz. Sus movimientos son similares a los de un niño con un juguete... ¡Demonios un enorme juguete!
—S-S-Sho-chan ¡¿E-Enserio puedes conducir esto?! — pregunté alarmado al ver una enorme camioneta negra frente a mí. Shoto voltea hacia mi dirección, con una mirada repleta de seguridad. Me enseñó las llaves. Me estoy arrepintiendo.
—Ven. Sube. — me invita adentrándose en el vehículo. Se estira desde el asiento del conductor hasta la puerta del copiloto, abriendo la puerta ante mí.
Debo sujetarme de la puerta y el pasa manos para poder subir, es como escalar una montaña. Es gigante, espaciosa, huele a auto nuevo. Parece nuevo. Definitivamente es nuevo. Este auto debe ser de Endeavor.
—¿Frío? — inquiere mientras le veo apretar botones tras encender el potente motor.
—S-Sí pero ya se pasara... — me quedo en silencio y me acomodo en el asiento. Mi trasero y mis piernas han comenzado a calentarse, mi espalda también—. Oh... — musité encogiéndome en el asiento, casi en el paraíso.
El asiento tiene calefacción...
Miro de reojo a Sho-chan que yace apoyado en el volante, mirándome, con una suave y sutil sonrisa. Casi como si memorizara el momento. Aclaré mi garganta y volví a acomodarme apenado.
—¿N-Nos vamos?
—Necesito saber dónde vives.
—¡C-C-Claro! D-Donde vivo... Yo vivo...
Pero no quiero volver a casa. No. Tengo que aprender a valerme por mí mismo. Puedo hacerlo. No debo tener miedo. Puedo hacerlo.
—¿Estas bien? — escucho a mi lado. Noto que la mano de Sho-chan se posa sobre la mía. — Izuku, estas temblando ¿Qué ocurre?
—N-Nada. — respondo con rapidez y cierta duda que no logré desvanecer.
Acaricia mi mano con su pulgar, generando movimientos circulares y suaves. Le observo de reojo y noto su mirada decidida, quiere saber, él presiente que algo no está bien. Pero tras unos minutos de silencio. Shoto quita la mano y comienza a mover el auto.
—¿A dónde? — pregunta llegando a la salida del hospital.
Poso mi cabeza en el asiento pensado.
—Debo ir a casa. — musito muy bajo evitando la mirada de Sho-chan.
—Pero no quieres ir a casa.
—No me gusta estar solo... — susurro. — Pero quiero aprender a estar solo. La verdad jamás he estado solo.
—¿Por qué necesitas estar solo? — inquiere saliendo del hospital sin una dirección en específico.
—Supongo que... Es necesario.
—No creo que lo sea— dice. Shoto tiene la mirada adosada hacia el frente. — Yo no te dejare solo Izuku, si eso deseas.
Le observo unos segundos y luego sonrío.
—Eres muy dulce Shoto.
Se detiene de golpe tras un semáforo. Me sujeto del tablero de la camioneta, por suerte me coloqué el cinturón al instante que comenzamos a movernos. Habíamos estado andando de un modo suave, muy natural, es extraño que Sho-chan haya frenado de golpe de esa forma.
—¿O-Ocurre algo? —pregunté preocupado.
Él continúa mirando hacia el frente. Me asomo un poco hacia el frente y noto un tenue sonrojo en las mejillas, sus manos están tensas en el volante y finalmente me mira. Sus ojos, sus brillantes ojos se posan en mí generando un escalofrío.
—U-Un gato. — dice volviendo a conducir.
—C-Claro— respondo.
Miente. Es obvio.
El ambiente se ha tornado tenso, intento generar algún tema de conversación pero Sho-chan solo conduce y responde con simples: Si. No. Bien. Eso es bueno; espero no haber dicho algo malo.
Kacchan.
—Shoto ¿Tienes el número de Kacchan? — pregunté alarmado.
Sus ojos fugazmente me observan. Asiente sin responder ni volver a dirigirme la mirada.
—Dame un momento, está en mi celular.
—¿Dónde está? — pregunté curioso. — ¿En tu pantalón? — Él asintió.
—En mi chaqueta. Déjame buscarlo.
—No te preocupes, yo lo busco.
—N-No espera, yo lo puedo...
—¿Izquierdo o derecho? — pregunté tras desabrocharme el cinturón acercándome a su asiento. Sho-chan se tensa. Poso mi mano en su cadera delizando de arriba abajo, de lado a lado.
—I-Izuku, deja de...
Mi mano sube lentamente por su pecho buscando algún pasillo en el área superior, pero no encuentro su celular. Así que me inclino sobre su regazo buscando en el área del otro bolsillo. No entiendo. Las chaquetas suelen tener bolsillos a esa altura, si no están en estos bolsillos significa que debe tener un bolsillo interno.
El auto se detiene una vez más, y Sho-chan atrapa mi mano quitándola sin decir ninguna palabra. Abre la puerta del auto. Busca en un bolsillo interior del lado izquierdo y lo deja en el asiento, cierra la puerta y se queda fuera del auto. Parece estar tomando aire.
—¿Estas bien?
—Está registrado como Bakugo. — dijo sin mirarme—. Mi contraseña es 1101.
Me quedo en silencio un momento, pero tras recordar la importancia de la situación, desbloqueé el celular de Shoto. 1101, tal como dijo, la pantalla me dio permiso de ingresar al menú principal del teléfono. Sonrío al ver una foto de Sho-chan con sus dos albinos hermanos, ambos haciendo muecas hacia la cámara, y Shoto entre ellos, solo elevando sus dedos en señal de "Amo y paz". Al fin encuentro la agenda, me aflijo al ver la gran cantidad de contactos que Shoto posee, entre ellos está mi antiguo número registrado como "Midoriya Izuku", continúo buscando hasta que al fin encuentro el nombre de "Bakugo". Envío el contacto a mi teléfono, y en el camino, guardo tanto el número de Kacchan como de Sho-chan.
Escondo una de mis manos bajo mi muslo, esperando que tome algo de calor mientras espero que alguien responda del otro lado de la línea. Muevo mis pies impaciente, quiero escuchar la voz de Kacchan celebrando o algo parecido. Nadie está respondiendo. Desvío la mirada al reloj del auto y veo que ya es tarde, casi las 10:30 de la noche.
Noto que han contestado la llamada.
—¡Kacchan! ¡Soy Midoriya Izuku! — dije animado esperando una respuesta.
—Deku... Es por Kirishima...
—Sí, llamo por Eijiro-chan— hablé preocupado al notar su tono de voz apagado. Tal vez estaba durmiendo. — ¡Todo ha salido bien Kacchan! ¡Él esta bien! — festejé alegre. Pero no escucho ningún tipo respuesta del otro lado. — ¡Kacchan! ¿Me escuchaste? ¡Todo salió bien Kacchan! ¡Eijiro-chan está bien!
La llamada se corta.
Me desilusiono al notar que me ha cortado. Tal vez aun no sale del shock. Pero quizás mañana despierte mejor... Quiero verlo. Solo deseo ver que está bien. Quiero verle sonreír de aquella forma tan engreída de siempre, que me observe con petulancia y finalmente lance una carcajada sarcástica evidenciando que él es mejor que cualquiera.
Kacchan...
—¿Bakugo respondió?
Separo la mirada de mi teléfono, Sho-chan se apoya en el marco del vidrio, dejando descansar sus brazos. Vuelvo a mirar la pantalla.
—Sí, pero cortó. Creo que lo desperté.
—Eso es bueno. — dice abriendo la puerta del auto. —. Muchas personas tienden a quedar con trauma y no suelen dormir.
—Entonces significa que está en buen camino... Qué alivio. — dije posando mi celular en mi pecho.
Sho-chan se sube al auto, enciende una vez más el motor y comenzamos a avanzar en dirección a... Ahora que lo pienso, no le he dado mi dirección. Le miro, noto que parece más tranquilo, así que me aventuro a preguntar hacia dónde vamos.
—A mi casa.
—Ah, ya veo... — dije con tranquilidad entregándole su celular. — ¡¿Q-Qué?! ¡¿P-Por qué?!
—Mi hermano no está, está trabajando en un banquete de un matrimonio, estará toda la noche. — habló manteniéndose serio—. Dijiste que no querías pasar la noche solo.
Me sonrojo ante su comentario. Tampoco estaba diciendo que quería pasar la noche con él, creo que me di a entender bastante mal.
Intenté convencerle que debía ir a casa, le mentí diciendo que tenía que alimentar a mi gato — después de todo Canela continua con Hitoshi— pero Shoto me ignoraba y continuaba conduciendo a su hogar. Mientras los minutos transcurren los nervios comienzan a dominarme, Sho-chan parece inmutable mientras que yo estoy cada vez más inquieto.
Nos detenemos fuera de un edificio. Shoto ingresa al estacionamiento dejando la camioneta en el lugar de invitados. Se baja, pero yo no me muevo. No quiero. Esto terminara mal, lo presiento. Solo un idiota no lo notaria. Debo irme. Tengo que escapar.
Pero mi puerta se abre.
—Vamos.
Bajo la mirada y asiento tímidamente.
Sho-chan me explica que ya no vive con su padre ni su hermana, ahora vive con Natsu y planea en algún momento tener su propio hogar. Pese a que esto parece una extraña introducción a algo bastante malo, le escucho con atención y no puedo evitar alegrarme por él. Se ve feliz y su modo de relatar me da a entender su satisfacción. Shoto está tomando las riendas de su vida.
En cambio yo... Soy secuestrado por mi estudiante de un modo tan sencillo que hervir agua es más dificultoso.
Debería irme. Podría llamar un taxi. Pero Shoto parece feliz a medida que nos adentramos al edificio, no quiero hacerle sentir mal. Pocas veces escucho su voz con tal dicha, es algo digno de apreciar.
—Adelante, estás en tu casa. — me dice quitándose los zapatos en la entrada.
Le imito y de reojo comienzo a inspeccionar la guarida "Todoroki brothers". Tiene tatami dando un aire japonés antiguo. Ahora que recuerdo, una vez Natsu me hizo el comentario que su hogar era una casona antigua que había pasado de generación en generación entre la familia Todoroki. Es probable que Shoto ni Natsu se sientan cómodos en ambientes que no sean de este estilo.
Los zapatos de Natsu no están. Entonces en verdad no está en casa.
Shoto enciende las luces y a medida que me adentro en el departamento detecto un suave aroma a naranja. Continúo siguiendo a Shoto, terminando en la cocina. Le veo sacar algunas cosas y yo le observo curioso, cuando noto que está sacando verduras, doy un brinco emocionado.
—¡¿Sabes cocinar?! — pregunté. Él me mira y asiente con una suave sonrisa.
—¿Qué quieres comer?
—¡¿Y sabes cocinar de todo?! — inquirí aún más emocionado. Shoto parece divertido con mis reacciones.
—Lo necesario. Incluso sé hervir el agua.
Me lancé a reír.
Shoto comienza a pelar algunos tomates, así que me acerco y le ayudo. Mientras estoy demasiado concentrado en quitar de un modo delgado la cascara del tomate, Shoto conecta su celular a un parlante colocando algo de música.
—Si mi hermano pudiese dormir en la cocina, lo haría feliz— asegura comenzando a picar el tomate con elegancia—, esta es la habitación con más adaptaciones.
—Me gusta. — dije terminando al fin de pelear un solo tomate—. Taran.
—Es perfecto. — dice tras ya haber pelado 3 tomates y además haberlos picado. — Lastima que ahora lo destruiré.
—¡Ah! Déjame picarlo yo— chillé emocionado. Hitoshi siempre se burló de mi cocina, normalmente soy un desastre. Estar con alguien que solo se dedique a conversar y no reírse de mis errores me hace olvidar los problemas que hay más allá de estas puertas—. ¿De esta forma?
—En cuadros.
—¿Cómo?
—Lo tomas en tu mano y...
—¡¿En la mano?! ¡Pero me cortaré!
—No. No, confía en mí. — dice tomando otro tomate y pelando con velocidad. — Juntos ¿Bien?
—¡Bien!
Shoto me explica el modo en que normalmente pica los tomates, lo hace lento para que yo no pierda el ritmo. Cuando he entendido, él rebana en pedazos el tomate que tenía en sus manos, ciertamente es preocupante que sea tan rápido con el cuchillo. Sho-chan continúa con otras verduras y prepara arroz mientras yo aún me mantengo con mi bendito tomate. Mientras cocinamos, hablamos de muchas cosas, nada de escuela, nada de problemas, lo ocurrido hoy jamás pasó. Nos olvidamos de todo, solo existimos nosotros. Nos olvidamos de nuestra verdadera relación. No hay maestro ni alumno. Somos dos amigos que están compartiendo un momento muy agradable. Y eso me hace muy feliz.
La música se detiene. Y una llamada entra en el celular de Sho-chan.
—¿Podridas revolver esto? — me pregunta mientras deja la cuchara de palo descansar en el sartén. Abandono los utensilios que estoy lavando dando un brinco hacia la encimera, comenzando a revolver nervioso. No quiero que se queme ¡No puedes quemarlo Izuku! Sho-chan se esforzó demasiado como para que lo quemes. —Hola, mamá.
Volteo el rostro sin dejar de revolver. Sho-chan está en una vídeo llamada.
—Shoto. Buenas noches, lamento llamar tan tarde. — escucho la voz suave y muy dulce de una mujer. Tengo curiosidad, jamás conocí a la mamá de Natsu.
—Está bien. Lamento no haber ido hoy— se disculpó limpiando sus manos con un paño de cocina. — Hubieron algunos problemas.
—Está bien ¿Cómo estás? ¿Cómo te has sentido?
—Mejor, ya puedo comer más cosas. Estoy preparando la cena. — dijo apoyando el teléfono en el mesón, usando de soporte un salero. —. Natsu no está, así que es mi turno de cocinar.
—¡Ya decía! Natsu es muy quisquilloso con su cocina cariño, no rompas nada.
Mi corazón se vuelca de felicidad al ver a Shoto sonreír a su madre con un suave tono carmesí en sus mejillas. En algún punto, la vida de Sho-chan ha dado un giro sorprendente. La relación con su padre parece mejorar lentamente, por otro lado aquel lazo inexistente entre madre e hijo ha emergido de la noche a la mañana con tal naturalidad que llega a ser hermoso de apreciar.
Me distraigo y por accidente rozo mi mano con el metal del sartén. Grito sin pensar y chupo de inmediato la zona quemada conteniendo la lagrima que pide salir. Me dolió, pero creo que fue más el susto que dolor lo que me hizo gritar.
—¿Tienes compañía?
Oh no. Me paralizo al ver que Shoto me mira con seriedad. Niego. Por favor, que diga que no. Es demasiado vergonzoso. No quiero que su madre sepa que estoy aquí. Tampoco estamos haciendo nada malo, Izuku. Me dije a mi mismo, pero por favor ¡Estamos solos! Y cocinamos juntos y... En realidad no hay por donde mal entender la situación.
—Mamá... — musita Shoto tomando su celular y parándose a mi lado—. Él es Midoriya Izuku, es... mi amigo. De la escuela.
Le miro sorprendido. Él se encoge de hombros, es técnicamente correcto.
—¡Un amigo! ¡Mucho gusto! — habla mientras juntas sus manos—. Creo que Fuyumi ha mencionado ese nombre en algún momento, gracias por ser amigo de mi hijo.
Es una mujer albina, muy bonita, tiene los ojos grises y la piel blanca como la misma nieve. Tiene un semblante tranquilo que me hace pensar que toda la tranquilidad natural que Shoto posee ha venido de ella.
—Es un placer conocerla. —dije con sumo interés. — Mucho gusto.
—Dime Rei, Midoriya.
Tal como imaginé, su madre era muy dulce.
—Mamá, lo lamento, pero estamos cocinado. — interrumpió Shoto con suavidad. —. Prometo que iré mañana en la tarde.
—Muy bien cariño. — dijo con tranquilidad—. Lamento haber interrumpido. ¡Diviértanse!
Shoto reaccionó a su comentario.
—Mamá no es... —pero la llamada se cortó—. Fuyumi es una entrometida.
—¿Por qué lo dices? — inquirí confundido aun revolviendo la salsa.
Shoto me mira unos segundos y finalmente dice: "No importa". Me pidió que fuese yo el encargado de colocar los platos, servir el jugo y poner los cubiertos. Obedecí sin vacilar mientras Shoto agregaba los toques finales a la cena.
Tras terminar, me pidió que sirviera los platos mientras él se cambiaba. Con descaro serví una gran cantidad de comida tanto en mi plato como en el de Shoto. Tengo hambre, no he comido nada desde el almuerzo y ya es casi media noche. Shoto también debe estar hambriento.
Dejo cada plato en su lugar y al sentarme veo como Sho-chan entra a la cocina con ropas nuevas. Una playera blanca de mangas largas pero recogidas y pantalones negros. Se ha mojado el rostro y un poco el cabello, al sentarse frente a mi suspira con una sonrisa leve.
—Gracias por la comida. — dice invitándome a probar.
—¡Muchas gracias por la comida! — chillé antes de dar el primer bocado. Y tal como imaginé, estaba delicioso. —. Eres un gran cocinero.
—Muchas gracias, mi hermano me enseñó — susurró probando la salsa—, pero estoy seguro que ese tomate que agregaste fue lo que dio sabor.
Shoto es muy dulce.
Continuamos comiendo. Fue una conversación muy amena. Shoto me escuchaba cuando le explicaba mis múltiples talentos en la cocina, como: Huevos revueltos, hervir agua, huevos revueltos con jamón y un delicioso pan tostado; Jamás aprendí a cocinar. Cuando vivía con mis padres mi madre nunca me enseñó ya que no era necesario porque "Ella se encargaba", después fui a vivir con Hitoshi y él solía encargarse de cocinar normalmente, cuando yo cocinaba solía quemar las cosas o no dar buenos sabores, así que él terminó encargándose de todo lo que fuese comida.
—¿Y manejar? — inquirió curioso.
—¡Me aterra! — advertí con una sonrisa—. Una vez Hitoshi intentó enseñarme y rallé el auto. Fue horrible, tuve que pagar la reparación. La segunda vez que lo intenté fue con mi padre y terminé llorando a causa de la frustración.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Se apagaba el motor... — respondí con dolor.
—Puedo enseñarte si deseas.
—¡No es necesario! — confesé—. Me gusta caminar o ir en locomoción colectiva, se me hace agradable, es mi tiempo para mí. Me ayuda a pensar. Si condujera tendría que estar al pendiente del camino, prefiero ir caminado escuchando música preocupado de mis propios pensamientos.
No puedo evitar ver que ha dejado de escucharme. Juega con la punta de sus palillos, moviéndolos por el plato sin tomar nada en específico. Le miro preocupado, parece inseguro y sin pensarlo demasiado poso mi mano sobre la suya ganándome su mirada.
—¿Qué ocurre? — pregunté afligido. — ¿Dije mucho? Lo lamento.
—No es eso. — susurra mirando nuestras manos.
No analizo la situación. Solo veo como Shoto entrelaza nuestros dedos, para después mirarme.
—¿Puedo preguntar algo?
—C-Claro... — respondí sintiendo la gran calidez de la piel de Sho-chan entre mis dedos.
Mi corazón se dispara.
—¿Shinsou y tú? ¿Desde cuándo están juntos? ¿Puedo saberlo?
—¿Q-Qué? ¿S-Saber qué? — pregunté mirando nuestras manos. Las manos de Sho-chan son suaves... Pero eso ya lo sabía... Sí. Ya lo sabía. Aquel lunes por la tarde lo descubrí. Quité mi mano mareado por las circunstancias— ¡L-Lo lamento! ¿M-Me repites la pregunta?
Shoto me mira y luego su mano. Cierra en puño. Niega con una suavemente colocándose de pie tomando su plato y retirando el mío.
—No es importante. — dice llevándolo hacia lavavajillas. —. Puedes bañarte si lo deseas, o solo dormir. Mi habitación esta al fondo a la izquierda, yo dormiré en el cuatro de Natsu.
Me desalienta que la conversación se estancara de tal forma. Me distraje y escuché a medias su pregunta, sé que tenía que ver con Hitoshi pero no estoy seguro qué era lo que quería saber. Muerdo mi labio inferior sin saber qué hacer. Sho-chan comienza a lavar los trastes mientras yo continúo sentado en mi lugar.
— I-Iré a tu habitación... — susurré colocándome de pie.
Shoto no dice nada, solo escucho el movimiento de los platos de fondo. Sigo el pasillo hasta llegar a la puerta que corresponde al cuarto de Sho-chan. Pido permiso al aire y me adentro encendiendo la luz, al igual que la casa el ambiente japonés domina las paredes y el suelo. Sin embargo, siento una vibra relajante que dice a gritos que esta es la habitación de Shoto. Siento su aroma. Los muebles son antiguos y muy sofisticados de tonalidades marrones oscuras, hay un escritorio y no hay cama. Me imagino que duerme en un futón. Hay dos plantas, una en el rincón y otra sobre una repisa rodeada de libros.
Me paseo con curiosidad. No hay posters, ni televisión. Es completamente diferente a mi habitación o a la Hitoshi. Esta ordenado, tan pulcro que me da miedo tocar algo y ensuciar.
Al fin noto algo que es propio de un adolescente. Sonrío al ver que entre sus libros está lo colección de "My Hero Academia", entre ellos diviso la edición ilustrada que me había mencionado semanas atrás. Volteo hacia la puerta.
—No creo que se moleste... — me digo a mi mismo acercándome con entusiasmo hacia la repisa... Que está muy alta. Es obvio. Si Shoto fue quien la colocó, la dejó a su altura. Me pongo de puntillas intentado alcanzar el dichoso libro. Me afirmo en la repisa intentando aumentar mi altura de un modo mágico. Lamentablemente, casi me suspendí gracias a la repisa superando el peso que esta soportaba, la madera se partió en dos y los libros con aquella hermosa planta floreada cayeron sobre mi persona, dejando un desastre.
—¡Izuku!
—¡E-Estoy bien! — grité desde bajo los libros. Shoto llega corriendo a la puerta y al verme suspira aliviado.
—¿Qué hacías?
—Lo siento... Rompí tu repisa— dije apenado tomando el libro que tanto quería leer, mostrándole mi objetivo. — Solo quería echar un vistazo.
Se acerca comenzando a recoger los libros, acomodándolos uno sobre otro hasta al fin poder ayudarme a ponerme de pie. Solo de suerte la planta cayó de pie y gracias a que el macetero es de plástico nada se rompió. Acomodó todo con mucho cuidado sobre el escritorio, quedando todo perfectamente ordenado ante mis ojos.
—Lo lamento, Sho-chan. — susurré mirándole con curiosidad. Observo y acaricio la portada del libro ilustrado—. De verdad, lo lamento.
—Fue un accidente. — me dice volteándose. —. Fuyumi y Natsu me lo regalaron cuando entré a Yuei.
—¿Puedo...?
—Adelante.
Abrí el libro y no pude evitar sonreír al ver una hermosa dedicatoria de parte de los dos albinos. Decidí no leerla, no me corresponde, no es para mí. Fue un golpe de excitación ver los hermosos dibujos, empecé a mostrarle con entusiasmo cada recuadro, los trajes de los personajes, sus rostros, todo era perfecto. En algún punto terminamos sentados en el suelo, ambos comentando sobre los dibujos y la trama del libro que hacia un espectacular resumen del universo del My Hero Academia.
Pasé la última hoja y noté como una carta yace doblada en el interior. Sho-chan no dice nada pero con curiosidad volteo el sobre. No tiene remitente.
—Era para mi madre. — confesó tomándola entre sus manos—. La escribí para mi quinceavo cumpleaños.
—¿Nunca se la entregaste? ¿Por qué?
—Fue un mal día. La escribí enojado, en realidad me avergüenzo de su contenido.
Cerré el libro, con la carta en su interior, y se lo entregué en sus manos. Sho-chan agradeció que no hiciese más preguntas. Acarició la portada con una suave sonrisa.
—¿Q-Qué querías saber sobre Hitoshi? — pregunté nervioso. Shoto me mira sin expresión especifica en su semblante.
—¿Desde cuándo se conocen?
—Desde la secundaria... diría que un poco antes. — respondí mirando el suelo—. Nos hicimos amigos... y creo que una cosa llevó a la otra.
—Ya veo... — musita—. ¿Cuándo te diste cuenta que estabas enamorado?
—¿Cuándo?
—¿Cómo supiste?
—¡C-Cómo?! Es decir... Yo no sé— hablé nervioso—. Es que creo... ¡Quizás fue... — suspiré frustrado sujetándome las cienes. Jamás me he preguntado nada de lo que Shoto habla. Nunca me he cuestionado mis sentimientos. —. Yo... Él era increíble. — confesé atrapando mis piernas—. Lo conocí en el metro de camino a casa, me dormí en su hombro por accidente. Fue la primera vez que hablamos y después de eso nos encontramos varias veces después del trabajo. Era muy seguro, su modo de actuar repleto de soberbia, podía leer a las personas y prevenir su actuar. Era como si leyera el futuro ¿Cuándo me enamoré? No lo sé. Lo admiraba tanto, que no sé en qué momento mi admiración se convirtió en un deseo fortuito de poseer su corazón. Debo decir que jamás pensé que alguien como él se fijara en mí. Hitoshi estaba todo el tiempo rodeado de mujeres hermosas y encantadoras, en cambio yo solía estar en casa todo el tiempo viendo televisión o estudiando. Él iba a fiestas y yo jugaba videojuegos. No éramos parecidos... Pero durante todo ese tiempo me esforcé al máximo para que él me notara... Y creo que en cierto punto me perdí a mi mismo. No me siento orgulloso de ello ahora que... Estamos hablando. — abrazo con fuerza mis rodillas—. Creo que no lo había notado, supongo que me forcé a no verlo ya que era mi amigo y la persona que amaba, quizás pensé sin notarlo que era un precio noble a pagar por amor...
—Perdóname Izuku... — me interrumpió—. Pero no estoy de acuerdo. No tengo experiencia en esta área, pero de algo estoy seguro, si tienes que perder parte de tu forma de ser o tu esencia, esa persona no lo vale.
Desciendo la mirada. Sí, creo que esto ya me lo han dicho antes, pero yo no escuché.
—Considero que tal vez, uno se aferra a las cosas que nos hacen sentir bien y seguros. — dijo mirando hacia el frente imitando mi posición. —. Supongo que al momento que sentimos aquel éxtasis, donde solo su voz te hace estar volando por los cielos tocando las estrellas, uno tiende a comprender que esa persona es especial de alguna forma y no deseas perderle sin importar lo que pase.
—Supongo que si... —musité recordando la primera vez que Hitoshi y yo nos besamos.
—Me alegro que lo entiendas. —me dice con cierto tono relajado. — Porque eso es lo que siento cada vez que te veo, Izuku.
Elevo mi rostro. Shoto me mira tranquilo con una sutil sonrisa en sus labios, lo ha dicho de un modo tan dulce que me atrapado en su hermosa mirada. No he procesado nada, ha sido demasiado rápido.
—Podría compararlo con una ardiente luz en mi interior — dijo con tranquilidad—, pero cuando te reconocí frente a nuestro salón, una parte hermosa de mi infancia volvió brotar. La alegría y enorme calidez que emergía en mi pecho cada vez que te veía me hacía creer que no era más que una extraña adicción a tu persona, no estaba seguro de lo que sentía solo quería tenerte a mi lado cada momento. Quería tocarte, y tenerte solo para mí. Fui egoísta en más de un momento... Me gustabas y sentí que era meramente de un modo físico, Bakugo me hizo notarlo.
Lo imaginé. Sho-chan solo quería acostarse conmigo.
—Pero cuando me rechazaste, algo en mí se quebró. — habló con una suave sonrisa. Me miró—. Y entendí que me enamoré de ti en el primer momento que te vi, Izuku.
—S-Sho-chan...
—Me confié demasiado y terminé lastimándote por accidente. Te hice llorar, para mí eso es imperdonable. Lastimar a la persona que amo... Fue tan doloroso como vergonzoso, no me atrevía a verte a los ojos. — atrapó su nuca mirando hacia el frente—. No podía dejar de culparme y me estaba hundiendo en el dolor, pero mis hermanos me hicieron entender que la vida sigue, no puedo estancarme en un error aguardando que todo se solucione. Me gustas demasiado, no puedo hacer nada contra ello, más que esperar que este sentimiento desaparezca y se lleve este inmenso dolor que me ahoga cada vez que te veo. — No sé qué decir—. Creí que podría fingir que nada había ocurrido, pero lo de esta tarde me hizo entender que la vida es corta para estar sentado a esperar que las cosas pasen Izuku, es por eso que quiero... Estar a tu lado sin importar de que...
—Perdón. — interrumpí agobiado—. Shoto yo... No puedo seguir. Esto no es justo para ti. Estoy en una situación algo difícil ahora y aunque quiera estar con alguien sería injusto para esa persona. Perdóname.
Volteo el rostro hacia Shoto. Me encojo entre mis hombros al verle mirándome, tiene los labios entre abiertos y su mirada brilla gracias a la luz de la habitación. Está enfocado en mí, solo en mi como el día que nos volvimos a ver. Siento que mi pecho se da un vuelco al verle acercarse. Su nariz choca contra la mí, posa su frente y comienza a deslizar sus labios por mi mejilla descendiendo hacia mis labios.
Aunque pudiese sentir algo por Shoto, lo pondría en peligro de la misma forma que Hitoshi, y es lo último que quiero... Pero mi mente no me responde, estoy atrapado por los hermosos ojos de Shoto que me observan. Me observan a mí... Es como Hitoshi... Pero a la vez no. Esto es diferente, lo veo en sus ojos. Porque él se enamoró de mí.
Esa idea. La hermosa idea de saber que él me ama llena mi pecho. Sus labios, siento sus labios a centímetros de los míos deseos de dar el último paso.
No puedo. Hitoshi viene a mi mente. Los mensajes de mi admirador. Kirishima en el suelo y... aquellos ojos granate que parecen perdidos en la venta mientras yo doy mi clase, se dirigen hacia mí y una sonrisa socarrona se forma en sus finos labios: Deja de babear, Deku.
Desvío mi rostro al instante que Shoto posa sus labios sobre los míos. Mi pecho brinca, pero una extraña sensación de culpa me ahoga, no tanto por Hitoshi que me mira con sus adormilados ojos en mi mente. Es mas bien como si algo en mi gritase que esta es una mala decisión.
Kacchan ¿Estará bien?
—Entiendo... — dijo colocándose de pie—. Izuku... — dice mirándome extendiendo su mano en ayuda. —Duerme conmigo esta noche.
—¿He? — dejé escapar tras aceptar su ayuda.
No puedo evitar sentirme incomodo, pero más que nada nervioso.
Caí en una horrible trampa. Sho-chan me pidió que durmiese con él esta noche, me negué de inmediato a lo que él respondió con un triste: "¿No quieres dormir a mi lado?" Cedí ante mi educación gritando de inmediato que "sería un honor dormir a su lado" en busca de reparar mi error por hacer sentir mal a Shoto. Él asintió y dejó un solo futon en la habitación.
Shoto me engaña. Sabe jugar connmigo.
Como si la situación no fuese lo suficientemente incomoda, Shoto se desvistió frente a mi tomándose su tiempo, quitándose cada prenda de un modo lento y sensual que disparó mi pulso. No sé si lo hace a propósito, pero me negué a verle más de lo necesario. Volteo el rostro en otra dirección y tras esperar unos minutos Shoto ya está con pijama a mi lado, con una playera y unos shorts entre sus manos.
—Puedes usar esto si deseas.
Acepto las prendas y noto como Shoto se acomoda entre las ropas de cama. A diferencia de él, yo no soy un stripper así que voy directo al baño para cambiarme, me levé el rostro e intenté calmarme buscando mi celular en mi bolsillo. Observo el contacto de Hitoshi. No me ha hablado, ni llamado. ¿Él estará bien?
Kacchan. Sin analizar que son las 2 de la mañana marco el número de Kacchan. Pero al entrar en cuenta que estoy llamado, corto de inmediato antes de que la llamada conectara.
Salí del baño con mi ropa entre manos. Esta oscuro. Ya no veo nada, es tarde y estoy muy cansado, ha sido un día demasiado largo. La única luz me guía y al adentrarme a su habitación veo que Shoto está profundamente dormido, aquello me alivia. De seguro también está agotado, ha sido un día muy particular.
Me acomodo a su lado tras apagar la luz, siento la calidez de Shoto y el silencio del departamento me permite escuchar su respiración. Me dormí enseguida, ni siquiera noté el instante en que empecé a soñar.
Al abrir los ojos me encontraba en una tienda de campaña de tonalidades anaranjadas. Una parte de mí no tiene ni idea de qué está ocurriendo, pero otra sabe perfectamente qué hacer. Salgo arrastrándome, la única entrada está abierta así a que al asomarme le veo sentado en una roca a la orilla de un acantilado. Es Hitoshi mirando hacia las montañas que ocultan el amanecer a lo lejos. De un momento a otro ya estoy a su lado mirando en su misma dirección.
—Esta amaneciendo. —dice Hitoshi colocándose de pie—. ¿Dormiste bien?
—Sí... — musité confundido.
—Mierda Deku, te estas tardando mucho. — habla. Le observo y Kacchan camina hacia la orilla observando hacia abajo—. Cuando el sol se oculte otra vez — habla volteándose, dejándome ver sus ojos heterocromaticos—, las cosas se pondrán feas Izuku.
—¿Feo? ¿Qué cosa? No entiendo— susurro. Sho-chan da un paso hacia atrás. —¡E-Espera!
—Es muy sencillo, mi dulce bollo de canela— habla Hitoshi apareciendo un lado de Sho-chan.
—Vamos Deku, es fácil. — aseguró Kacchan del otro lado de Sho-chan. Los tres dan un paso atrás.
—Solo debes elegir. — dijo Sho-chan dando otro paso atrás quedando a centímetros de una caída mortal.
—Solo a uno. — continuó Hitoshi.
—Cuando el sol se ponga, la oscuridad nos alcanzara Izuku— me dijo cerrando los ojos Shoto.
—Y cuando eso pase... —habló Hitoshi.
—Tendrás que elegir a uno, y todo acabara. — dijo Kacchan encogiéndose de hombros—. Es fácil, él solo tiene que dispararle a uno, y los otros viviremos para estar contigo hasta el final.
—Solo elige a uno Izuku— habló Shoto. — ¿A quién debe disparar?
—Tranquilo. Solo dile un nombre. — apoyó Hitoshi.
—¿A quién? ¿Quién dispara? — inquirí desesperado. Los tres me miran y apuntas hacia mis espaldas.
Me volteo con cierto temor siento una horrible respiración a mis espaldas, algo me está mirando desde la oscuridad del bosque, dentro, entre los arboles me acecha saliendo a un paso moroso e hipnótico, levantando un arma que apunta directo a mi cabeza, veo su sonrisa seca y arqueada. Su risa hueca y carraspeada, sus brillantes ojos dorados desbordan la locura encarnada del infierno. No puedo gritar. Mi voz no sale. Me va a matar.
Mis ojos están atrapados mirando el cañón del arma, su interior se ilumina y la bala salé directamente a mi ojo izquierdo.
Me levanto de golpe, la oscuridad me sumerge y una horrible opresión comienza a dominarme. Necesito luz. Necesito luz. Ahora. Necesito luz. Me paralizo, siento su respiración, esta frente a mí. Me observa.
Esta aquí.
Elevó la mirada pálido y veo una oscura silueta parado en el umbral de la puerta. Nos mira dormir a Shoto y a mí. Da un paso adelante generando el crujir del tatami, extiende su mano en mi dirección. Pego un enorme grito repleto de miedo.
Shoto salta de inmediato y la luz se enciende.
—¡L-L-Lo siento mucho! — escucho que alguien dice. Pero me niego a salir de debajo de las mantas.
—Izuku tranquilo. — dice muchas veces Shoto a mi lado. Acaricia mi espalda y luego se introduce bajo las mantas conmigo—. Izuku todo está bien, solo es Natsu.
Estoy temblando de miedo, Shoto me abraza y lentamente me quita la manta de la cabeza. Ahogado por el susto observo pálido al albino que me mira angustiado desde los pies del futon, suspira aliviado al verme bien. Le miro de arriba abajo, trae una chaqueta y puedo identificar un delantal blanco similar a la de un chef.
—¡E-En serio lo lamento! — dijo apenado—. Iba al baño y vi que la puerta estaba abierta, vi a Shoto durmiendo con alguien y tenía curiosidad, lo siento mucho. No quería despertarlos, ni menos asustarse Izuku.
—E-Esta bien... —musité mientras Shoto continua acariciando mi espalda.
—B-Bueno yo me voy al acoston ¡Digo! ¡al baño! — chilla apenado—. Me da mucha pene ¡Digo! ¡Pena! ¡L-Lo siento tanto! ¡A-Adiós! — grita saliendo de la habitación para después volver—. ¡F-Felicidades! ¡Me alegro por ustedes! —dijo asomándose un poco atrapando el pomo de la puerta—. No seguiré interrumpiendo. — terminó de hablar finalmente cerrando con fuerza. Pero esta se vuelve abrir dejándonos ver su enorme sonrisa—. A mamá le encantara, hermanito.
Y la puerta se cerró.
—Eso estuvo además—. Habló Shoto a mi lado. — Lo lamento, mis hermanos son unos entrometidos.
—Lamento haberte despertado. — me disculpé mirándole.
Llevé mi mano a mi ojo izquierdo. Sentí como la bala atravesó mi rostro, pasando por cabeza hasta salir. Me mató. Lo sentí, morí en sus manos. Escuché la sangre gotear hasta el suelo y al caer a la tierra, continuaba temblando involuntariamente mientras veo a los tres mirarme atentos: "Él viene" Dijeron al mismo tiempo para después dejarse caer al vacío. El sonido de sus cráneos reventándose hizo un enorme eco en el acantilado mientras él ríe, me toca y me besa pese a que ya no respiro.
Fue... Un sueño, nada más.
Shoto me abraza con fuerza y luego besa mi frente buscando reconfortarme. Me dejo llevar intentando pensar en otra cosa que no sea ese horrible sueño. Volvimos a dormir, Shoto se encargó de apagar las luces, al volver me abrazó apegando su cuerpo al mío. Me dormí nervioso, tenso, no pude estar tranquilo gran parte de la noche, me sentía observado y la idea de un disparo volvía a mi mente una y otra vez.
Elegir uno y dejar que lo maten. Jamás podría elegir algo así.
.
RESPUESTA REVIEWS
MasasinMaze
¡Me alegro mucho mucho que mi trabajo aun te guste! Espero que este capítulo tambien sea de tu gusto y lo disfrutes mucho. Respecto a tu conclusión sobre el atropello de Kirishima... ¡Uff! Eres un gran detective. Nada más que decir. ¡Saludos!
Azareth
¡Me alegro mucho que te guste el capítulo! Espero que este cap te guste tambien ¡Saludso!
¡Dejen sus reviews y cuénteme que piensan! Su opinión es importante para mí
¡Se despide Momoleft!
