Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to aspire2write. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de aspire2write, solo nos adjudicamos la traducción.
Stolen Heart
By: aspire2write
Traducción: Itzel Lightwood
Beta: Yanina Barboza
Capítulo 3
Dos horas después, fui dado de alta. Había tomado un rato llenar la receta y que finalmente me dejaran salir del hospital. De ahí, me reporté al comando para la reunión informativa. Reporté los eventos mientras fui cuestionado acerca de cada paso. Teníamos que descubrir cómo es que averiguaron nuestra presencia. Una vez que eso terminó, tuve que completar el tedioso papeleo. El papeleo no era tan malo, pero había demasiado por hacer. Eso es lo que consigues cuando te disparan. Además, con un brazo herido, mi brazo bueno sobre todo, fue más lento que lo usual. Eventualmente, finalmente tuve tiempo para hacer la llamada que evitaba. Un parte de mí deseaba que se fuera directo al buzón, dado que por allá era la mitad de la mañana. Ambos deberían estar en el trabajo.
—Hola. —El sonido de su voz de inmediato me puso nostálgico por verla, por sentirla abrazarme. Me senté en la silla de mi oficina, recargando la espalda y esperando aliviar algo del dolor.
—Hola, mamá —dije con añoranza. No había podio hablar mucho con mis padres desde que fui desplazado. Demonios, habían pasado cinco semanas desde la última vez que hablé con ellos.
—Oh, Edward, bebé. ¡Es tan bueno escuchar tu voz! —Tuve que rodar los ojos. No importaba que fuera un hombre de treinta y tres años. Aún me veía como su bebé—. ¡Carlisle! Es Edward. Ven aquí. —Escuché un ruido en el teléfono.
—Hola, hijo —saludó mi padre con entusiasmo.
—Hola, papá. ¿Cómo están?
—Oh, estamos bien. Solo estamos felices de escuchar tu voz. Ha pasado un tiempo desde la última vez que pudimos hablar. —Asentí incluso aunque ellos no podían verme.
—¿Cómo estás? —preguntó mamá.
—Estoy bien —traté de sonar despreocupado, pero mis padres siempre habían podido leerme como un libro.
—¿Qué significa eso? —preguntó mamá frenéticamente—. ¿Qué pasó? ¿En dónde estás? ¿Por qué...?
—Es, cariño —escuché a papá interrumpirla—. Está al teléfono con nosotros. Está hablando contigo, así que está bien. ¿Cierto, hijo?
—Sí —dije, lo que era verdad—. Estoy bien. Solo me tuvieron que dar unas cuantas puntadas hoy. Todo está bien ahora.
—¿Qué pasó, bebé? —Cerré los ojos, tallándolos. Dado que todas nuestras misiones eran clasificadas, no podía decirle lo que en realidad había pasado. Siempre era la misma historia absurda. Odiaba mentirles a mis padres, pero era necesario.
—Un accidente al entrenar. Eso es todo.
—¿Quién te trató? —Mi padre, siempre el doctor.
—Es nueva en la base. La doctora… —Tomé la hoja que estaba en el escritorio y revisé el nombre—. Isabella Swan.
—¿Una nueva doctora? —Podía escuchar la duda en su voz.
—No es una nueva doctora, solo nueva en la base. Dijo que terminó la escuela de medicina hace cuatro años.
—No importa —dijo mamá desdeñosamente—. Estarás fuera pronto y ya no tendrás que preocuparte más por estos malditos "accidentes al entrenar".
En siete meses, mi periodo de servicio técnicamente terminaba. No había decidido si realmente había terminado o si quería volver a enlistarme. Después de dieciséis años en el ejército, el pensar en terminar, en finalmente tener un lugar al cual llamarle hogar era atractivo. Pero no solamente estaba en el ejército; yo era el ejército. Este soy yo; este es quien soy. No estaba seguro de qué era lo que haría, pero aún no les había dicho a mis padres. No estaba listo aún para esa discusión.
—¿Y qué fue lo que dijo la doctora Swan? —preguntó papá, queriendo detalles específicos.
—Tengo un cabestrillo por dos días, debo descansar por una semana, luego terapia física por un poco. Estaré como nuevo en poco tiempo.
—¿Sin cirugía?
—No. Solo los puntos. Lo prometo. Realmente estoy bien.
—Me alegra escucharlo. —Podía escucharlo teclear en la computadora, sin duda buscando lo que podía sobre la doctora.
—Suficiente de eso —dijo mamá—. ¿Ya sabes si podrás venir a casa el siguiente mes? —El día de Acción de Gracias estaba a cuatro semanas de distancia. Por ahora, las cosas no pintaban bien para que yo regresara. Con los hombres de Amari siendo capaces de encontrarnos, apostaba que redoblaríamos nuestros esfuerzos.
—Aún no estoy seguro. Tan pronto como sepa, te lo diré, pero si solo puedo tener una festividad en casa, yo...
—Elegirás Navidad, lo sé.
Incluso aunque me interrumpió, podía escuchar el afecto en su voz. Mamá siempre había estado obsesionada con la fecha desde que podía recordar, y se había quedado conmigo. Había algo especial acerca de ese tiempo del año, algo mágico. Cuando era niño, amaba las luces, decorar la casa con árboles y guirnaldas. Pasamos una tarde manejando alrededor de Seattle mirando las decoraciones mientras bebíamos chocolate caliente. Mientras crecía, la festividad no perdió su magia, pero reconocí otras cosas en ella. Comenzamos a comprar regalos y distribuirlos a niños en hospitales que no podían ir a casa y pasar Navidad con su familia. Las sonrisas en sus rostros me hacían sentir cálido. Estaba feliz de ayudarlos a ver la magia de la fecha.
—Oh, espero que puedas venir a casa. —La voz de mamá me sacó de mis recuerdos—. Tu hermano vendrá a casa del MIT*, y traerá a una chica.
Mis cejas se alzaron ante la noticia.
—¿Emmett? ¿Una chica? —Todos reímos—. Eso es sorprendente.
Emmett era ocho años menor que yo, pero a pesar de la diferencia de edad, éramos cercanos de niños. Era mi opuesto total: nerd, tímido y definitivamente no era el mejor con las chicas. No tuvo su primer beso hasta que tuvo diecisiete y su primera novia la tuvo a los diecinueve. Además, hablé con él hace un mes… dos meses… bajé la cabeza cuando me di cuenta de que habían pasado cuatro meses desde la última vez que hablé con mi hermano. Estaba avergonzado de mí e hice una nota mental para hablar con él pronto.
—Lo sé. No puedo esperar para conocerla. Él suena emocionado. —Sonreí, pero también me entristecí al mismo tiempo. Algunas veces, sentía que me estaba perdiendo demasiado en las vidas de mi familia.
—Hablando de chicas —dijo mamá sugestivamente y dejó de hablar. Rodé los ojos.
—¡Ma! ¡Estoy en el desierto! —Mi papá rio. Él no estaba siendo de ayuda.
—No me vengas con eso de "ma", jovencito. Una madre puede preguntar esas cosas. Te di la vida; me debes un poco de flexibilidad. —Sonreí ante su tono.
—Me gustaría hablar un poco más, pero ha sido un largo día. Realmente necesito tomar un descanso.
—Lo entendemos, hijo. Llámanos tan pronto como puedas. —Asentí—. Te amo.
—No creas que no noté como evitaste la pregunta, pero lo dejaré pasar por ahora —dijo mamá—. Te amo.
—También los amo. Dile a Emmett que dije "hola".
—Lo haremos. Adiós, bebé.
*MIT: Instituto Tecnológico de Massachusetts
¡Hola!
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