Hola a todas. He decidido seguir con este fic de Sedgie. Se trata de un mini fic, ya que solo tiene seis capítulos, aunque como ya sabéis, sus capítulos suelen ser muy largos. Se titula El espíritu de la Navidad, y es un fic de esos muy romanticones y dulces, muy propio de las fechas, aunque ya estemos a finales. El próximo que traduciré ya será mucho más largo y más dramático, pero eso más adelante.
El espíritu de la Navidad
Capítulo 1.
Para aquellos que aún poseen el espíritu de la Navidad, tienen una cita en algunas semanas con el viejo barrigón trotamundos, para los otros, sobre todo para los retrasados, aún hay rebajas en el Manhattan Mall. ¡Feliz Navidad!
Fue con esa frase, que podría parecer anodina, que todo dio comienzo.
Sin embargo, ella no se imaginaba que tomaría tales proporciones. Sentada en su despacho, hojeaba los próximos reportajes que tendría que realizar cuando escuchó golpes provenientes de la entrada. Alzó la cabeza y arqueó una ceja.
―¡Bravo, ha sido mágico!―replicó su invitada
―¿Qué has venido a hacer aquí?
―He venido a aplaudir a la periodista más odiada por los padres.
―¿Perdón?
―¿Regina Mills es la Grinch de los tiempos modernos?―leyó desplegando un periódico local.
―¿Es una broma?
Como toda respuesta, su interlocutora le lanzó el periódico, que aterrizó suavemente en su mesa. La joven lo cogió y leyó el titular, sus ojos se desorbitaron tanto de estupefacción como de horror.
―Pero, ¿qué es…?
―En serio, ¿acaso pensabas de verdad que ese tipo de frase pasaría como si nada por el público?
―…
―Escucha, si quieres mi opinión…
―…Voy a evitarla
―Te la daré de todas maneras: como hermana, podría encontrarte circunstancias atenuantes…Después de todo, eres una periodista reconocida, con una buena situación. Se podrían pasar algunos errores, y es, creo, lo que hacemos en este momento.
―Pero, ¿qué error?
―Espera, ¿no te has dado cuenta?
―¿Darme cuenta de qué?
―De la metedura de pata que has hecho…No, en serio: hablar de Papa Noel como un viejo barbudo trotamundos, sin hablar de quebrar el espíritu de la Navidad haciendo promoción de las compras… ¿En serio, Regina?
―Solo he dicho la verdad. ¿No es el papel de un periodista?
―Pero, bueno Regina…¡Es Navidad, por el amor de Dios!
―¿Y?
―¿Y? Existe toda una mitología alrededor de la Navidad, un mundo feérico, de niños soñadores…Por una vez al año, nos volvemos niños, nuestros ojos están llenos de estrellas.
―La Navidad es comercial.
―La Navidad es mágica
―La magia no existe. Al igual que Papá Noel. No es sino una invención de las grandes marcas para aumentar el consumo.
―Te recuerdo que San Nicolás es el primer Papa Noel.
―Pero él no ofrecía regalos, ofrecía fruta―Regina suspiró ―Da igual. Lo hecho, hecho está; y lo dicho, dicho está.
―Mientras tanto mi hermana pasa a ser llamada el Grinch neoyorkino.
―El Grinch tampoco existe.
―Ahora sí
―…
Entonces la puerta del despacho se abrió de nuevo dando paso a un joven de unos veinte años.
―Regina, el jefe quiere verte.
―Te lo había dicho…―murmuró la joven
―Cierra la boca, Lena―gruñó Regina pasando por su lado.
Mientras caminaba por los pasillos, podía notar las miradas insistentes de algunos de sus colegas. A Regina le resbalaba: era la mejor en su terreno, acumulando a sus espaldas decenas y decenas de reportajes de calidad, a menudo premiados por gente del gremio. Sabía que era buena en lo que hacía, y lo hacía bien. Cuando Channel One se había puesto en contacto con ella, no lo dudó un segundo.
Cuando tocó a la puerta del despacho de su jefe, no tenía la menor idea de que lo que iba a pasar ahora cambiaría su vida para siempre.
―¡Adelante!
Regina obedeció y se sentó directamente delante de Sidney Glass, un hombre seco, de rostro adusto, pero respetado por sus iguales. No era un secreto que Glass siempre había tenido su mirada puesta en Regina, pero ella nunca le había respondido. Algunos pensaban que ella tenía su puesto porque él estaba colado por ella.
―Sidney…
―Regina. Tengo un problema
Si solo fuera uno, pensó ella.
―¿Ah sí?
―Sí―Le dio la vuelta a la pantalla del ordenador y Regina vio en pantalla su reportaje ―Este
―¿Esto?
―Este reportaje. ¿Qué se le pasó por la cabeza?
―¿Por qué todo el mundo me pregunta lo mismo? Está perfecto ese reportaje. Usted me pidió que trabajara sobre las compras de Navidad, y es lo que he hecho.
―Ha denigrado deliberadamente a Papá Noel. ¡A Papá Noel!
―¿Y? Todos los años hay reportajes sobre las compras de Navidad, desmitificando la llegada de Papá Noel. Se sabe que son los padres quienes compran los regalos, y ellos no son un viejo bar…
―…Stop
―…
―Sabemos todo eso, todo el mundo lo sabe. Pero hay un margen entre hacer un reportaje sobre el consumismo en Navidad e insultar el mito de Papá Noel.
―De todas maneras ningún niño ve ese canal.
―Ahí no está el problema, Regina. No se toca a Papá Noel.
―Yo ya no tengo 10 años, Sidney, ya no creo en él desde hace mucho tiempo, y los niños se portarían mucho mejor si se les dijera la verdad, si dejáramos de mentirles y de acunarlos con hermosas ilusiones. Más tarde la caída será mucho más dura.
―El mundo en el que vivimos es cruel. Dejemos que nuestras pequeñas cabecitas tengan tiempo para soñar antes de llegar al mundo de los adultos. ¿A cuántos de esos adultos no les gustaría volver a la infancia? ¿Por qué? Porque es el tiempo de la inocencia, de los sueños y de las grandes creencias: el hombre del saco, el ratoncito Pérez, el duende de Pascua y Papá Noel
―¿Qué es lo que puedo hacer?
Sidney tomó aire y se apoyó en el respaldo de su asiento.
―Regina, todos los años la cadena organiza su conocido concurso de los pueblos más bellos en Navidad y que representan mejor el espíritu de Navidad.
―Sí, lo sé
―Todos los años una decena de periodistas tiran a suerte los pueblos cuyas candidaturas han sido preseleccionadas. Tienen como tarea hacer un reportaje del pueblo, de los habitantes, con el objetivo de realizar el mejor retrato del pueblo candidato. Ese concurso es seguido por millones de americanos todos los años. Estamos orgullosos de eso.
―Sí, ¿y? Me lo está contando, porque…
―Porque usted formará parte de ello.
―¿Qué?
―Será uno de los periodistas que sacará a suerte un pueblo y hará un reportaje de él.
―¿Qué? No, no, no, imposible
Sidney frunció el ceño y tiró sobre la mesa un periódico.
―El Grich. La gente la llaman así. No puedo permitirme que mis empleados sean considerados de esta manera.
―Sea razonable. Esto solo durará unos días, la gente lo olvidará y pasará a otra cosa.
―Sabe bien que los rumores y los motes persisten…Si no quiere ser catalogada como el terror de los niños y enemiga de los padres…Le aconsejo de verdad que lo haga. Además, no le vendrá mal salir de escena durante un tiempo. Sus comentarios ya están por todo Internet.
―…
―¿Regina?
―¿Tengo elección?
Sidney suspiró.
―Si se niega…La tendré apartada durante un tiempo. No aparecerá en pantalla para evitar las salidas de tono, será relegada a temas secundarios durante un tiempo antes de poder volver.
―…
―Regina, no me ha dejado elección
Regina, en su interior, estaba hecha una furia.
―Muy bien…
―El sorteo tendrá lugar mañana ante nuestras cámaras. Después tendrá hasta el 22 para hacer su reportaje, hará el montaje para que esté listo para el 24, día de las votaciones y el 25, los resultados. ¿Entendido?
―Bien
―Competirá con otros nueve periodistas que también sacarán a suerte un pueblo.
―Genial―gruñó Regina ―Si me permite…
Regina se levantó y salió del despacho, pero antes, Glass la llamó
―¡Regina!―Ella se giró ligeramente ―Creo que esto será muy beneficioso para usted. Reanudar lazos con lo esencial, lo humano.
Regina no respondió nada, prefiriendo ignorar esas palabras para no tener que lamentarlo después. Cerró la puerta y regresó a su despacho, intentando aparentar lo más normal posible. Por lo que se veía sus colegas estaban al corriente de lo que su jefe iba a decirle: algunos parecían sentirlo por ella, otros no sabían ocultar su diversión. Ella se encerró en su despacho, encontrándose a la pelirroja de su hermana sentada en su lugar.
―Sal de ahí
―Entonces, ¿veredicto? ¿Te han despedido?
―¿Por qué? ¿Por haber dicho que Papá Noel era marketing?
―Entre otras cosas. Entonces, ¿al final?
―Voy a participar en el concurso de Navidad.
―¿El qué? ¿Esa cosa en que los espectadores votan al mejor pueblo y su espíritu de Navidad? ¡Joder! ¡Regina en ese tipo de reportaje!―rió la joven.
Regina la miró con expresión desdeñosa antes de suspirar.
―A la mierda, Lena, no tengo tiempo para estas tonterías…
―Por supuesto que sí lo tienes. Y además te servirá de vacaciones.
―No necesito vacaciones
―Y sin embargo…
―Pero bueno, al final, ¿qué haces tú aquí? ¿No tienes un trabajo?
―Sí, sí, pero me gusta visitar a mi querida hermana cada cierto tiempo. Y pensé que después de tus hazañas televisivas, no podría ser más oportuno
―…
―Y estaré presente en el sorteo.
―¡Ni hablar!
Lena sonrió: ella y su hermana siempre habían mantenido una relación conflictiva. Era así como funcionaban. Mucho más a causa de sus padres que las empujaban siempre para que compitieran: mejores notas, mejores resultados en todo…Habían sido más competidoras que hermanas a lo largo de los años. Pero había comenzado desde su nacimiento: hija de una anterior relación poco gloriosa, Lena realmente no había sido tratada como una hija querida y amada. Después su madre comenzó una relación con un hombre con un puesto importante en la sociedad sellando esa unión con el nacimiento de Regina. Las dos chicas eran radicalmente diferentes, tanto físicamente como de personalidad. Una era una alta pelirroja con ojos verdes, exuberante y dinámica; la otra era una morena de ojos marrones más reservada y discreta que llevaba una vida bastante sedentaria.
Su madre aspiraba a grandes cosas para ellas, pero si Lena siempre había sido más tranquila, prefiriendo estudios de botánica, Regina siempre había tenido la presión de su madre para que cursara grandes estudios. Pero, encerrada la mayor parte de su tiempo estudiando, Regina no aspiraba sino a salir, ver mundo…Entonces se decidió por estudios periodísticos y dejó la casa familiar con alegría, abandonando así su barrio por Nueva York.
Cuando su padre murió, cortó casi todo contacto con su madre, a la que ahora veía muy esporádicamente. Solo Lena había mantenido contacto con su hermana para lo mejor y lo peor, y si Regina tenía que ser franca con ella misma, debía reconocer que estaba feliz por ese hecho.
―Bueno…Entonces voy a irme.
―Sí, haz eso.
―Hasta mañana
―…
La puerta se cerró y Regina se quedó, por primera vez en el día, sola. Tomó aire profundamente y se hundió en su silla. Al cabo de algunos minutos, tecleó en su ordenador y buscó las emisiones anteriores de ese concurso de la cadena. Y tras una media hora de visionado, solo podía admitir una cosa: era mediocre. Suspiró y de repente le vino una idea: si debía participar en un concurso…¡Era para ganarlo! Entonces sonrió y repentinamente encontró un interés en ese concurso: si tenía que lavar su imagen, lo haría a través de un reportaje impecable, no…El mejor reportaje que esa emisión hubiera tenido jamás, y la gente olvidará pronto al Grich para reconocer su indiscutible talento periodístico. A lo mejor incluso después de ese concurso sería ascendida.
No había tomado consciencia de la amplitud de la situación, en todo caso no antes de haber puesto los pies en el plató televisivo dedicado al programa. Los colores de la Navidad, inmensos bastoncillos de azúcar balanceándose en el techo, villancicos de fondo, lentejuelas y falsos regalos formaban la decoración…Todo lo que Regina rechazaba. A su lado, otros periodistas para esa emisión. Regina no pudo evitar preguntarse si ellos estaban ahí por voluntad propia o si los habían obligado, como a ella.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando su jefe, Glass, llegó con una enorme urna de cristal llena de papeles. La dejó sobre una columna de la altura de un hombre y de repente la sintonía del programa se oyó.
―Señoras y señores, estamos en el primer fin de semana de diciembre, lo que significa, para nosotros, el comienzo de este programa "El espíritu de la Navidad" En esta urna se encuentran los nombres de las 15 ciudades que han sido preseleccionadas. Este año las candidatas volvieron a ser muchas y la elección fue complicada. Nos hemos basado esencialmente en la carta de motivación, en las fotos y en los dibujos de los niños. Este año, las cosas serán algo diferentes: no solo tendremos los reportajes finales realizados por nuestros queridos periodistas, sino que podremos también seguir el día a día en la ciudad como si estuviéramos allí. Es decir, todos los días, el periodista, así como algunos habitantes harán una entrevista dando sus impresiones del día. Ellos formarán, así, parte integral de la aventura. Una especie de tele realidad de Navidad.
Regina alzó subrepticiamente los ojos antes de fijarlos en la urna. Glass anunció entonces las modalidades del concurso, su desarrollo y los votos. Después los periodistas fueron llamados por orden alfabético y sacaron cada uno un trozo de papel.
―Regina Mills―anunció Sideny.
Ignorando las cámaras, Regina avanzó con todo su aplomo y su gracia y hundió su mano en la urna. Dudó en si prolongar el suspense, pero casi inmediatamente sacó su mano sujetando entre su índice y su corazón un trozo de papel que tendió a Sidney.
Él lo abrió y leyó el contenido antes de acercarse al micrófono.
―Regina Mills, usted irá a Maine, a Storybrooke.
¿Storybrooke? ¿Eso era en verdad una ciudad?, pensó ella antes de asentir, recoger el trozo de papel y volver a su sitio, esperando que terminara el sorteo. La emisión terminó con los últimos consejos para hacer de ese concurso el más prestigioso de los concursos amateur.
Cuando los proyectores se apagaron y la gente abandonó el plató, Glass se acercó a Regina.
―Entonces, Maine, eh…Es un cambio…
―Genial, siempre me he dicho que necesitaba dar un paseo por la naturaleza―dijo irónicamente
―Storybrooke es una de las más bellas pequeñas ciudades del concurso. No hay ni estación, ni aeropuerto en las cercanías. Por el contrario, es costera
―Super…
―La cadena le pagará el alojamiento y también los gastos.
―¡Buf, hay un hotel!
―Bueno, para decir la verdad, hay un hostal
Regina parecía abatida: ella, que siempre había vivido en una ciudad, que no imaginaba un día sin metro, sin el ruido de la ciudad, los empujones en la calle, el animado ambiente de la noche…Dejaría todo eso por una ciudad portuaria que seguramente olería a pescado.
―Mucho ánimo, Regina, estoy seguro de que hará un hermoso reportaje.
Regina sonrió.
―No será hermoso…Será el mejor.
Sidney perdió su sonrisa.
―Regina, si quiere hacer un buen reportaje sobre la Navidad, no debe olvidar lo esencial
―¿Qué es?
―Mantener su espíritu navideño, encuentre su alma de niña―Regina hizo amago de reír ―No bromeo. Su reportaje será un fracaso si se empeña en su visión de adulta. Es necesario que se meta en la piel de un niño que descubre la Navidad, sus ojos resplandecientes de alegría y de admiración frente a la decoración, al árbol de Navidad, y otras cosas
Regina se acercó, con una sonrisa burlona en los labios.
―Ahí está el porqué las emisiones precedentes eran mediocres. Hay que mirar a lo grande, hay que pensar en lo que la gente quiere ver.
―¿Y qué quieren ver?
―Grandiosidad, algo sensacional. No quieren ver algo que encontrarían en sus casas. Quieren asistir a un verdadero espectáculo.
―Regina, se lo aviso: no pierda de vista por qué está ahí
―…
―No le he pedido que haga esto para que se dé importancia, le pido que haga este reportaje para que vuelva a recordar lo que es esencial y vuelva a recordar lo que es el trabajo de periodista.
―Es lo que haré, se lo aseguro, no lo decepcionaré―dijo ella con una sádica sonrisa.
Evidentemente, Sidney Glass no podía dar marcha atrás y no se imaginaba el tornado que acababa de crear.
―¿Maine? Oh, Dios mío…―exclamó sorprendida Lena ―Pero, ¿cómo vas a sobrevivir?
―…
―¿Sabes qué temperatura hace ahí en invierno?
―Cierra el pico, Lena, no necesito tus ánimos
―Y además…¿Storybrooke? ¿De verdad hay un pueblo con ese nombre?
―Pues eso parece…
―¿Te has informado al menos?
―Aún no. Salgo en dos días, tengo tiempo.
―Tendrás que hacerte con ropa térmica
―Muy graciosa
―¡Me enviarás una postal!
―¡No me marcho al ejército!―dijo enervada Regina
―Cálmate, te estoy vacilando. Pero tú…En Maine…Si me dijeran que un día vería esto, no habría apostado un dólar por ello. ¡Ya puedes hacer un buen reportaje!
―Oh, cuento con ello. Con el reportaje de Regina Mills esa Storybrooke se volverá célebre. Sacudiré a esos pueblerinos para que ofrezcan un espectáculo deslumbrante.
―¿Y cómo piensas actuar?
―Sencillo, les prometeré lo que probablemente nunca han imaginado: la gloria, el éxito, el reconocimiento. Después de todo, un rincón perdido como ese debe ponerse muy feliz solo mirando el día de Año Nuevo en Time Square. No será difícil engatusarlos con la fama.
―¿Y qué harás si eso no les llama la atención?
Regina rió.
―¿A quién no le gustaría ser reconocido y famoso, de verdad?
―Quizás a los pueblerinos de Maine, como tú dices…
Regina frunció el ceño
―Eres demasiado práctica
―Y tú juegas con fuego. Si los habitantes de Storybrooke descubren que te burlas en sus caras…
―No me burlaré en sus caras, voy a abrirles perspectivas nuevas…Y ganaré ese concurso, cosa que hará famoso a ese pueblo
Lena reviró los ojos.
―A veces te pareces tanto a nuestra madre
Regina la fusiló con la mirada
―Si vas a desagradable, ya puedes marcharte.
―Regina, te lo suplico, pronto será Navidad…Sé indulgente y sobre todo abierta de mente.
―¿El espíritu de la Navidad?―rió la bella morena
―No porque no vivan en Nueva York tienen que ser unos brutos. Si te empeñas en eso, esto acabará mal, para ellos y para ti.
―Ya lo veremos. Mientras, deja que me prepare.
―Muy bien. Hasta pronto, querida hermanita.
Y esa tarde-noche, Regina buscó toda la información que pudo sobe Storybrooke-Maine. Pero no había gran cosa, la verdad: supo que la alcaldesa de la ciudad se llamaba Mary Margaret Nolan, que su marido era el sheriff de la ciudad. Que esta vivía de su puerto y de su inmensa industria de sardinas. Tenía de todas maneras una escuela infantil y primaria, algunos pubs y restaurantes, un hostal en el que ella se alojaría, pero también un veterinario e incluso un spa.
―Bueno…No es tan desolado como pensaba, quizás haya una esperanza―suspiró mientras iba de página en página descubriendo un poco más cada vez. Storybrooke era conocida en el estado por sus diversas fiestas: Halloween, Navidad, Pascua…En cada una de ellas, los habitantes se entregaban en cuerpo y alma para que la ciudad respirara ese ambiente de fiesta: los comerciantes, las escuelas, incluso el ayuntamiento. Quizás, por eso su candidatura fue tenida en cuenta.
Tras una hora de investigación, Regina cerró su ordenador portátil y se estiró en la silla: mañana debería preparar todo para su partida. Jamás había estado ausente de su despacho tanto tiempo, ni por sus reportajes. Tenía casi dos semanas para realizar algo que enganchara al público. ¿Una tele realidad de Navidad? Pero, ¿a quién podría gustarle eso?
Tenía que encontrar una idea para que el público se enganchara a su reportaje, y no a ningún otro. Se quedó dormida con la cabeza llena de preguntas, y cuando se levantó al día siguiente, una idea le vino a la mente, y con una sonrisa en sus labios empezó a preparar su maleta. Uno de sus asistentes la llamó para decirle que su vuelo a Bostón ya estaba reservado, y después su taxi. Regina ya estaba cansada del viaje. Miró su itinerario y se dio cuenta de que Storybrooke estaba rodeada de agua y de bosque. Felizmente, pensó ella, no tenía rinitis alérgica ni ningún otro tipo de alergia. Se informó sobre las temperaturas para adaptar su guardarropa: algunos suéteres, un gorro y una bufanda, también guantes, leggings. ¡Tenía la impresión de que se iba al norte profundo!
Su último día en Nueva York se pasó con los múltiples preparativos. Le asignaron un cámara para asistirla en su reportaje, a quien conoció en el mismo momento, en el aeropuerto, donde la dejó su hermana.
―Entonces, ¿lista para tu aventura en Maine?
―Nunca se está preparado para eso―gruñó Regina
―Venga, estoy segura de que te divertirás. Quizás esto te abra el gusto por la aventura: viajar, descubrir cosas diferentes
―Quizás.
―¿Has encontrado ese algo más que va a hacer que ganes el concurso?
Regina esbozó una gran sonrisa
―Sí
―Oh, pareces muy contenta…Venga, comparte tu descubrimiento
―¿Qué es lo que siempre funciona con los espectadores?
―Hm, ¿el sensacionalismo?
―No, ve a los valores más básicos
Lena miró hacia arriba, reflexionando.
―Bah, cuando se habla de Navidad: los niños, la alegría, el espíritu de la Navidad, el amor
―Stop. El amor
―¿El amor?
―Si mi reportaje será como una serie de episodios que los espectadores irán siguiendo…¿Qué sería más apasionante que visitar un pueblo perdido en Navidad?
―¿Encontrar a una pareja y seguir sus aventuras?
―Exactamente. Incluso mejor: asistir al nacimiento de un amor.
―¿Cuáles son tus opciones?
―Oh, diversas: amigos que están siempre rondando uno alrededor del otro, viudos que vuelven a encontrar el amor, adolescentes que lo descubren…Hay tantas posibilidades
―Pero, ¿no crees que en un pueblo tan pequeño todas esas opciones no son probables?
―A veces la llegada de una mirada nueva puede enseñar las cosas bajo una nueva perspectiva, y revelárselas a los demás―sonrió con orgullo Regina.
―Eres de lo que no hay, en serio…No olvides que el objetivo principal es enseñar la ciudad festejando la Navidad.
―Sí, evidentemente…Pero será más interesante aún seguir a una pareja durante Navidad. Habrá que ser cursi hasta el final, PERO, al menos eso mantendrá fieles a los espectadores hasta el momento culminante, el día del anuncio.
―Parece que lo has previsto todo―sonrió Lena
―Es mi trabajo
―Está en el límite de un escenógrafo, ¿no?
―Quizás me reconvierta―ironizó Regina
―Ah, creo que ahí está tu cámara.
―Mierda, pero, ¿qué edad tiene? ¡Me han mandando a un niño!
―¡Hey, hola!―dijo alegre el joven de silueta esbelta y rostro infantil.
―Buenos días, supongo que eres mi asistente en este reportaje
―Exacto. Me llamo Peter, encantado
―Regina Mills
―Sí, la conozco…No es fácil ignorar sus méritos de estos últimos días. El Grich, ¿eh? Es un castigo este reportaje para usted.
El aplomo del joven molestó bastante a Regina, mientras que Lena aguantó discretamente una sonrisa. Regina la fusiló con la mirada.
―Bueno, vamos, vuestro avión no tardará en salir. Llámame en cuanto llegues, quiero saberlo todo.
Regina asintió, le dio un beso en la mejilla y se dirigió a la puerta de embarque. El vuelo duró apenas una hora, justo el tiempo para que Regina revisara algunas de las informaciones: el nombre de la alcaldesa, las principales actividades, para que los habitantes no pensaran que era una novata. Cuando abandonó el aeropuerto, una vez ya en suelo de Boston, una corriente de aire casi glacial se metió por el cuello de su abrigo.
―¡Joder, qué frío!―dijo Peter frotándose las manos
―Estamos a comienzos de diciembre…―dijo Regina como si fuera evidente ―Es normal
―Y pensar que vamos a ascender aún más
Regina esperó en la acera del aeropuerto hasta que un hombre bastante elegante, cubierto con un enorme abrigo, y agarrando una pancarta con "Regina Mills" escrito en rojo se acercó.
―¿Regina Mills?
―¡Es ella!―dijo Peter con entusiasmo, bajo la mirada reprobatoria de esta última.
―Venga
El chófer cogió las maletas, que metió en el maletero, antes de que los dos periodistas entraran en el vehículo. El trayecto duró cerca de tres horas cuando finalmente pasaron el cartel de "Bienvenido a Storybrooke". Y mientras que Peter parecía animado como un niño en Disneylandia, probablemente porque este era uno de sus primeros y más importantes reportajes, Regina, por su parte, parecía de mármol, temiendo sus próximos días. Veía cómo el bosque la engullía por todas partes, imaginándose que si se tenía que cometer un asesinato, ese era el lugar ideal para esconder un cuerpo.
A continuación, de repente, la carretera, siempre recta, los condujo a las puertas de una ciudad con sus techos atípicos y sus calles limpias, como en las películas románticas. Es más, sonrió imaginándose las posibilidades de hacer un reportaje romántico.
―¿Los dejó ya en el hostal para que dejen el equipaje?
―Sí, gracias
El taxi se detuvo entonces ante una vieja construcción con sus vigas a la vista. Regina entró y el olor agradable a canela y malvaviscos se desperdigó por el ambiente. En la recepción, una mujer con un moño gris y nariz respingona donde se apoyaban un par de gafas parecía esperarlos.
―Buenos días, ¿qué puedo hacer por ustedes?
―Buenos días, somos…Soy Regina Mills y he reser…
―¡Ah, sí! ¡La esperábamos!―dijo entusiasmada la anciana ―¡Tome, les hemos reservado las dos habitaciones más bonitas!
Sin poder añadir una palabra más, Regina y Peter la siguieron hasta la primera planta.
―Esta es la suya, joven.
―¡Genial, gracias!
―Y usted, sígame
Un poco más al fondo del pasillo, la señora abrió una puerta con una llave que estaba en un inmenso llavero con forma de cisne. ¿Pero quién abre aún las puertas de los hoteles con llave?, se preguntó ella. Evidentemente, dejó esa pregunta de lado y entró en una habitación donde había una cama doble y un cuarto de baño. Todo tenía pinta de viejo, de los años 80, y Regina dio las gracias por el hecho de que nada oliera a "viejo"
―Aquí es, si necesita cualquier cosa, estoy allí, abajo. Por cierto, puede llamarme Granny.
―¿Granny?
―Es como me llama todo el mundo aquí―sonrió ella ―Si quiere comer algo, un poco más abajo está el Granny's
Regina arqueó una ceja
―¿Coincidencia?
―No, administro los dos. Ya verá que por aquí todo es muy calmado, salvo en las fiestas de Navidad―sonrió
―Sí, me imagino
―Bien, si necesita cualquier cosa…
―…Lo pido, Granny―replicó con una sonrisa Regina
―¡Exacto!
Y antes de que Granny cerrara la puerta, Regina se giró hacia ella.
―Oh, por cierto, ¿dónde puedo encontrar a la señora Nolan a esta hora?
―Oh, seguramente en su despacho. Pero para estar seguros, debería dar un salto a la comisaría antes. Su marido estará allí seguro.
―Muy bien, gracias
La anciana se marchó y dejó a Regina sola. Ella suspiró mientras se sentaba en el borde de la cama antes de mirar su maleta y finalmente abrirla y vaciar su contenida en la sencilla y rústica cómoda. Después, tras haberse refrescado, se dirigió a la habitación de su asistente y tocó a la puerta.
―¿Peter?
Este último abrió
―¿Sí?
―Salgo para buscar a la alcaldesa y hablar sobre el rodaje. No te necesito, si deseas dar una vuelta por la ciudad…
―Guay, gracias. ¿Nos vemos esta noche? ¿En Granny's? Parece que sus fish&chips no están mal.
―Muy bien, digamos que a las 18:00. Hablaremos del rodaje.
―¡Ok, madame!
Regina esbozó una sonrisa amical antes de cerrar la puerta y bajar al pequeño hall. Nadie a la vista, entonces salió del hostal y de repente se sintió perdida: quizás fuera un pequeño pueblo, pero no conocía nada. Incluso después de haber estudiado un sucinto mapa de la ciudad, y aunque no había grandes calles ni monumentos importantes, estaba perdida.
―¿Está perdida?
Una pequeña voz se alzó desde abajo. Regina se giró y bajó la cabeza y pudo ver a un pequeño muchacho moreno, todo sonriente mientras la miraba.
―¿Perdón?
―Parece perdida. ¿Es nueva aquí? No se la ha visto nunca por aquí.
―¿Ah no?
―Bah, ya sabe, es una pequeña ciudad…Nos conocemos todos.
―Es tranquilizador―ironizó la joven
―Sí, se puede decir así. Entonces…Está perdida, ¿no?
―¿Tu madre no te ha dicho nunca que no hay que hablar con desconocidos?
―También me dice que cuando vea a una joven bonita en problemas, debo ayudarla.
―¿Ah, de verdad? ¿Tu madre te ha dicho eso?
―Sí―dijo con orgullo
―¿Y yo soy entonces una joven bonita?―dijo divertida Regina
―Bueno, creo que sí
Regina rió, divertida.
―Bien, si quieres ayudarme, busco la oficina del sheriff
―¡Oh, es fácil! ¡Sígame!―dijo entusiasmado el pequeño ―Por cierto, me llamo Henry
―Regina Mills
―¡Oh, usted es la periodista!
―¿Sabes quién soy?
―Bueno, aquí no suelen suceder muchas cosas. Todos vimos el sorteo en directo cuando supimos que Storybrooke era una de las ciudades elegidas―sonrió él orgulloso.
―Ah…Super
―¡Sí, estamos muy contentos! ¡Será genial! ¡Venga, vamos!
Regina arqueó una ceja y siguió al muchacho.
―¿Cuántos años tienes?
―Diez
―¿Vas al colegio aquí?
―Sí. Antes mi abuela era maestra allí. Pero ahora es la alcaldesa, entonces…
―Espera, ¿tu abuela es la alcaldesa de la ciudad?
―Sí
―Es a ella a quien debo ver
Henry miró su reloj.
―A esta hora estará almorzando en Ganny's con mi abuelo. Venga, la llevo allí, no está lejos.
Y en efecto, el restaurante no estaba sino a la vuelta del hostal. Atípico, su pequeña terraza estaba decorada con guirnaldas y un árbol grande. Las poinsettias decoraban las paredes y el techo.
―¡Ya estamos!
―Gracias, jovencito
―¡De nada! ¡Hasta luego!
Y el muchacho desapareció tan rápido como había llegado. Regina sonrió divertida antes de entrar en el restaurante y llevarse la sorpresa de ver no poca gente a esa hora avanzada del día. ¿La gente come tan tarde aquí?
Pasó su mirada por la estancia para encontrar un rostro familiar, el que había encontrado en Internet el día antes durante sus pesquisas. Entonces, se detuvo sobre un rostro, el de una mujer de cabellos canosos, recogidos hacia atrás en una sencilla cola de caballo. Regina observó sus gustos deplorables en cuanto a vestimenta. Se acercó con paso decidido y cuando la mujer se giró hacia ella, enarboló una gran sonrisa.
―Oh, pero…¿Quién…? Ah, aquí está
Regina se quedó quieta ante la sorpresa que le produjo la estupefacción de la mujer.
―Oh, euh…¿Señora Nolan? Soy…
―¡Oh, sabemos quién es usted! ¡La esperábamos desde el sorteo! Encantada de conocerla
―Lo…Lo mismo digo
Mary Margaret Nolan llevaba en su rostro esa expresión de perpetua satisfacción, como si por cualquier cosa se alegrara. Ese tipo de personas siempre feliz y optimista…El tipo de persona que no podía existir en Nueva York.
―Cariño, esta es la periodista que hará un reportaje sobre nosotros, bueno, sobre la ciudad. Miss Mills, le presento a mi marido, David
―Encantado
―Encantada. Señora Nolan…Cuando tenga un momento, podríamos hablar del reportaje y…
―…Por supuesto. Tome asiento.
―¿Qu…Qué? ¿Aquí, ahora?
―Sí, claro―sonrió ella
Regina nunca había tenido reuniones de trabajo alrededor de una mesa de restaurante. Ella era más bien de reuniones en una sala con aire acondicionado muy fuerte para sus bronquios, rodeada de periodistas igual de serios como de estrechos. Así que, Regina se sentó al lado de David, quien se hizo a un lado.
―Bien…Yo…Traigo a un cámara conmigo y…Tengo cerca de dos semanas para hacer un reportaje completo de su ciudad, una especie de postal viva que representaría el espíritu de la Navidad, tal y como les gusta a los americanos.
Mary Margaret sonrió
―Es exactamente lo que nos imaginábamos. ¿Qué tiene en mente?
―Bueno, necesitaría una lista de las actividades que tendrán lugar, los momentos importantes, los sitios que hay que visitar, las cosas que hacer…A continuación, estableceré un planning de rodaje: si hay alguna celebración, deberé estar ahí.
―Bien, mañana por la noche, encenderemos las luces del árbol de la plaza.
―¡Perfecto! También necesitaré una lista de los habitantes que estarían dispuestos a dejarse entrevistar.
―Oh…Eso no debería ser difícil, todos estamos contentos de poder participar y mostrar el mejor rostro de nuestra ciudad.
―Sí, es…Eso es―replicó Regina ―¿Podría proporcionarme eso lo más rápido posible?
―¡Sí, por supuesto! En cuanto salgamos de aquí, me pongo a ello. Por cierto, ¿quiere comer algo?
―¿Qué? Oh, no gracias, es muy amable, pero…He comido en el avión―mintió
―Oh, my bien. David, podrías empezar por llevarla a la comisaria y darle el listado de los diferentes actos de antes de Navidad.
―Claro, cariño
Regina se sintió de repente incómoda antes ese despliegue de sentimientos, siendo ella mucho más discreta.
―¿Le sirvo algo?
Regina se giró y vio a una bella morena de mechones rojos tan intensos como su maquillaje, sin hablar de la longitud de su falda que dejaba ver más de lo que escondía.
―¿Un café? ¿Tarta de manzana, nuestra especialidad?
―Oh, euh…¿Por qué no?―sonrió Regina educadamente, evitando así pasar por una borde.
Si era algo que Regina no debía provocar era el egocentrismo y la altanería. Así que aceptó degustar un trozo de tarta de manzana, y tuvo que confesar que estaba deliciosa.
―¿Ha pasado ya por su hostal?
―Sí, he dejado mi equipaje
―Entonces ha conocido a Granny―sonrió Mary Margaret
―Sí. Es…Un personaje
Mary Margaret rió.
―¡Y que lo diga! También lleva el restaurante, y Ruby, su nieta, también trabaja aquí―dijo ella lanzándole una mirada a la bella morena de mechas rojas
―Sí, es lo que ella me dijo
―Es un poco como la abuela de todos aquí. Hace, por cierto, para la ocasión un ponche de caerse para atrás, sin hablar de sus bizcochos a la canela. Por necesidad del reportaje, va a tener que probarlos.
Regina sonrió
―Eso por descontado.
El teléfono de David sonó y lo cogió enseguida.
―¿Sí? Ah…Vaya sorpresa. Bueno, ya voy, mételo en una celda―colgó y se giró hacia su mujer ―Leroy
―Otra vez…―suspiró ella
―Otra vez…―repitió él con expresión cansada ―Me voy. Si quiere acompañarme.
―¡Sí, por supuesto!―dijo Regina mientras se limpiaba los cantos de la boca y se levantaba.
―Oh, ¿ya se va? Un placer verla, entonces…―dijo Ruby con una sonrisa encantadora que desestabilizó a Regina, cosa que vio David, quien no ocultó su diversión.
―No está lejos, podemos ir a pie.
―Por supuesto.
Y durante la caminata, David se echó a reír.
―Disculpe a Ruby, ella es…bastante…En fin, ya sabe
―Oh. No, todo está bien, se lo aseguro.
―Es verdad que, dejando de lado las festividades de la ciudad, no vemos a muchas visitantes.
Regina sonrió
―No pasa nada.
―Bien, pasemos por comisaría. Le daré una lista precisa de los habitantes que estarían dispuestos a participar en el reportaje. Pero hemos reunido a los habitantes para hablar del proyecto, y están bastante comprometidos.
Regina volvió a sonreír.
―Mucho mejor.
No caminaron sino unos diez minutos antes de llegar a la comisaría. Regina lo siguió en silencio a través de los pasillos hasta llegar a unas puertas dobles que daban directamente al despacho.
―Ah, Leory, eh…―gruñó David dejando su chaqueta sobre una silla.
―Sí, otra vez una copa de más…O dos…O varias
Una voz femenina se escuchó, sorprendiendo a Regina que se sobresaltó al darse la vuelta: apoyada a una celda, había una joven mujer rubia, con los cabellos recogidos en una alta cola de caballo, con un suéter color crema y unos vaqueros escandalosamente apretados.
―Ah, nada de sorprendente. ¿El Rabbit Hole otra vez?
La joven mujer asintió.
―Se le debería prohibir entrar ahí durante una temporada…
―¿En serio?―gruñó un hombre sujetando los barrotes como si pudiera retorcerlos con sus manos.
―Calma, Leroy
―Os aviso que si no vuelvo a meter un pie allí, ese maldito bar cierra sus puertas―protestó
―Oh, bah, qué pena, de verdad―rió la joven
―Emma, acércate. Te presento a Regina Mills. Es la periodista que viene a hacer el reportaje de la ciudad.
―Ah, sí, esa cosa…―refunfuñó ella
La expresión desdeñosa y poco amigable de la joven decía a las claras lo que pensaba de la llegada de esa extranjera.
―Emma…―suspiró David con expresión reprobatoria.
Pero lejos de preocuparse, la joven se encogió de hombros y volvió a centrar su atención en Leroy.
―Tú, te quedas a dormir aquí hasta mañana
―¿QUÉ?
―Calma, no irás a ninguna parte mientras tu aliento apeste a alcohol.
―¡No hay nada malo en tomarse algunas cervezas!
―Díselo a esos pobres buzones que has escachado con tu furgoneta
―…
―Piensa que esta noche tienes derecho a una buena cama y a un techo. Es mucho mejor que tu chatarra ambulante.
―¡Hey! ¡Tengo un piso!
―Bah, estás más a menudo en el pub o en tu coche―dijo irónicamente Emma.
Regina asistió, curiosa, a ese diálogo, antes de que Emma cortara en seco la conversación alzando la mano, después se giró hacia David.
―Me saca de quicio―concluyó ella dejándose caer en su silla, y subiendo los pies en la mesa.
―Relax, lo conocemos desde hace tiempo. Pero, claramente, la idea de prohibirle la entrada en el Rabbit Hole no vamos a descartarla―sonrió él ―Emma, dime, ¿dónde metí la lista de los habitantes que estaban dispuestos a hacer el reportaje?
―No lo sé. Mira en tu cajón…O en esa pila de expedientes que debes clasificar desde la noche de los tiempos.
―¡Hey! Soy metódico.
―Ya, siento curiosidad por saber qué piensa de ello tu mujer.
David reviró los ojos.
―Espere, yo se lo busco―dijo él a Regina, que asintió en silencio.
Y mientras él rebuscaba, gruñendo a veces, Regina estuvo ahí, de pie entre la mesa de David y la de Emma, que casi se había recostado en su silla, con su cabeza mirando al techo. Regina sentía curiosidad: esa Emma no tenía claramente el perfil típico de los policías, incluso para un pueblucho como Storybrooke. Entonces ella se acercó.
―Usted…¿Hace mucho tiempo que vive aquí?
―Siempre he vivido aquí―respondió la bella rubia sin siquiera dirigirle una mirada.
―¿Jamás ha salido de Storybrooke?
Ante esa pregunta, Emma se incorporó, mirándola con oscura mirada.
―No soy estúpida. Fui a la facultad en Boston. No soy la pueblerina que usted piensa que somos todos…
―¿Per…Perdón? No, no es eso lo que pienso―se defendió Regina
―¿Ah, no? Usted, la gran reportera de Nueva York, le endosan un pueblo perdido en Maine, me vendrá a decir que le encanta.
―Es…Una experiencia
―¿Ah, sí? ¿Somos una experiencia? ¿Cómo ratas de laboratorio?
Desconcertada por tanta agresividad sin una verdadera razón, Regina no supo qué contestar pero, felizmente, David volvió, todo sonriente, con un papel en la mano.
―¡Aquí está! Es una lista con los nombres y sus números.
―Oh, euh, gracias
―¿Algún problema?
―No, ninguno
Pero David frunció el ceño, lanzando una ojeada a Emma, después a Regina, y entonces suspiró.
―Podría enseñarle la ciudad, pero tengo papeleo que hacer―se volvió hacia Emma ―¿Le muestras tú los rincones simpáticos?
―¿Qué? Yo, pero…¡Como si no tuviera otra cosa que hacer!―refunfuñó la bella rubia
―Emma…
―No, escuchen, déjenlo. No quisiera ser una carga para ustedes, me las apañaré.
―No, Emma la acompañará. ¿No es verdad, Emma?
Él la fusiló con la mirada y, como si ambos leyeran en la mente del otro, y tras un enfrentamiento visual de algunos segundos, la bella rubia suspiró.
―Ok…
Ella se levantó y cogió su chaqueta.
―¿Viene?
Regina hervía por dentro: ni hablar de ser la carga de nadie. Y en cuanto estuvieran fuera de la comisaria, le diría a esa mujer cuatro verdades. Pero antes de salir, David cogió a Emma por el brazo.
―Hey, sé amable, ¿quieres?
―Está bien, ¡no soy una salvaje!
―¿Ah, no? Demuéstralo. Sabes qué diría tu madre si la señora Mills decide dejar la ciudad antes de lo previsto porque no se siente cómoda.
―Lo sé
―¡Es importante para ella! ¡Este pueblo es su vida!
―¡Lo sé!―respondió ella con algo más de rabia, pero se relajó al ver la expresión triste de su padre ―Lo siento…Es solo que…Me da igual ese reportaje
―Poco importa. Tú tienes tu opinión, pueden ser las mismas o no, pero no decepciones a tu madre.
―…
―Ahora, llévala a los sitios emblemáticos de la ciudad, cuéntale lo que sucederá los próximos días.
―Ok
―¡Y sé educada y amable!
Emma reviró los ojos
―Ok
―Bien
Entonces Emma desapareció para reunirse con Regina fuera. Esta última iba a decirle lo que pensaba de su actitud, pero Emma tomó la palabra en primer lugar.
―Le pido disculpas
―…
―Por…Mi comportamiento
Perdida, Regina se mantuvo en silencio algunos segundos.
―No parece compartir el entusiasmo de la ciudad por este reportaje.
―No, en realidad no―contestó Emma, con las manos en los bolsillos ―Es solo que…Es publicidad inútil.
―¿Inútil?
―Somos una pequeña ciudad. Ese tipo de programas atrae siempre a buitres.
―¿Buitres?
―Sí, gente que piensa que Storybrooke es un parque de atracciones para turistas.
―He escuchado a la alcaldesa decir que, en época de fiestas, la población de Storybrooke aumenta.
―Sí, a menudo exagera sobre eso. Hablamos más o menos de unas cien personas como máximo, diseminadas en los quince días de fiesta. No es la avalancha que podría traer su emisión.
―¿Es bastante contradictorio, no? Ustedes enviaron su candidatura para el programa. ¿Cuál es el interés si no es hacer conocer su ciudad?
―Aunque la mayoría de la población está a favor, hay otros que les da igual, o que están en contra.
―Como usted
―Como yo
―Y así, de golpe, imagino que tendrá un montón de prejuicios contra mí incluso antes de conocerme
Emma se detuvo y la miró con una sonrisa mezquina.
―Como usted hacia nosotros, ¿no?
Desconcertada, Regina desvió la mirada. El paseo, entonces, transcurrió en silencio hasta que llegaron a un cruce donde se encontraba una biblioteca coronada por un campanario.
―Aquí estamos, este es el lugar más emblemático de la ciudad.
―¿Un campanario?
―EL campanario. Este edificio fue el primero en construirse. La biblioteca que ve aquí no siempre fue tal: en un primer momento fue un inmueble de casas, después comercios, y finalmente es la biblioteca, la única en la ciudad, desde hace años ya.
―¿Podemos entrar?
―No, está cerrado de momento. La bibliotecaria está de luna de miel.
―Oh, ok.
―Seguramente estará de vuelta antes de Navidad. Oh, más allá, tenemos la floristería, una de las mejores de por aquí, siempre tiene variedades de Poinsettia, las más bellas de la región. Ah, y dicho de paso, el dueño es el padre de la bibliotecaria―sonrió Emma
―Parece que todos están emparentados aquí: el sheriff y la alcaldesa casados, el florista, padre de la bibliotecaria…
―Quien a su vez está casada con el propietario de todo esto.
―¿Qué quiere decir?
―Mr. Gold. Las tierras son suyas.
―¿Es de él entonces esta ciudad?
―En teoría. Aunque nunca ha hecho prevalecer sus derechos. Tiene su sitio en el Consejo como accionista principal, pero no reclama nada. Todo lo que desea es tener voz en todo: las posibles construcciones o demoliciones, los cambios de comercios o comerciantes.
―¿Por qué no es él el alcalde?
―Porque odia el papeleo―ironizó Emma ―Tiene una tienda de antigüedades algo más abajo, y le gusta
―Hábleme un poco de las festividades que se proponen en Navidad.
―Ah, bueno, está el encendido del árbol en la gran plaza. Hay un pequeño desfile de Navidad, cuyas carrozas son realizadas por el colegio de primaria. Desfilan por la calle principal. Es bastante guay. También hay una suelta de linternas en la playa la víspera de Navidad. La tradición dice que las linternas guían a Papá Noel hasta nuestra ciudad…Ya sabe…Storybrooke está tan perdida…―rezongó ella
Regina se mordió el labio inferior.
―No sé lo que yo le he hecho, pero si cree que la miro por encima del hombro, entonces le pido perdón.
Emma la miró antes de desviar otra vez la mirada.
―Y para acabar, tenemos el Baile de Navidad que organizamos el 25 por la noche. Tiene lugar en la gran sala del ayuntamiento y los niños cantan villancicos, como un coro.
―Miss, euh…
―Swan. Emma Swan
―Miss Swan, me gustaría sinceramente que empezáramos desde cero.
―¿Por qué? Quiero decir, tiene a más del 90% de la ciudad en su bolsillo incluso antes de hacer nada―se acercó a ella, más cerca de lo que nunca nadie se había atrevido ―La prevengo. Me importa poco ese programa, pero si el resultado…Si el resultado deja por los suelos a la ciudad…
Su expresión amenazadora hizo que Regina retrocediera un paso.
―Miss Swan, le aseguro que mi objetivo está lejos de deteriorar la imagen de Storybrooke.
―Entonces, mucho mejor. Mantenga esa línea de conducta y estaremos ok.
Después Emma se alejó y subió a un escarabajo amarillo.
―¡Hey, espere!
―¡Tengo prisa!
―Pero, ¿de verdad me va a dejar aquí?
―Es una ciudad pequeña, encontrará su camino―rió Emma que arrancó el coche, y con un ruido sordo, desapareció al girar una esquina dejando a Regina en mitad de la calle principal.
―Maldita…
No acabó su frase, gruñendo de rabia en el sitio.
―Bueno, nada de pánico. Recuerda…Hemos atravesado esa calle y…―suspiró ―¡La detesto!
Más de diez minutos fue lo que tardó Regina en encontrar el Granny's. Aliviada y feliz, entró en el restaurante y se dejó caer en un taburete, visiblemente extenuada y helada.
―Vaya…¿Necesita un revigorizante? Tiene cara de…cansada
Regina alzó la cabeza y reconoció a Ruby, la nieta de Granny.
―Sí, yo…Me he perdido.
―Oh, mierda. Si lo desea, puedo enseñarle yo la ciudad. Ya verá, cuando se comprende el mapa, es fácil situarse―sonrió ella
―Creo que por hoy tengo suficiente.
―Entonces…¿Mañana?
Regina inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado, intentando juzgar la sinceridad de la morena, asustada ante la idea de volver a encontrarse en medio de ninguna parte y aterida de frío.
―¿Por qué no?
―¡Guay! ¡Ya verá, no se decepcionará!
―Yo…Ya veremos.
―Mientras, la casa le ofrece un chocolate caliente, ¡tiene cara de necesitarlo!
―Oh, no, no se lo moleste…
―Ah, ah, ah, ninguna molestia. Tenga.
Ruby le tendió una taza de la que se desprendía un olor azúcar y canela que le entró enseguida por la nariz. No pudo evitarlo y bebió el brebaje. Entonces se relajó antes de que la puerta se abriera y de que su asistente entrara.
―¡Hey, jefa!
―Oh no…Me había olvidado de él…―murmuró ella ―Peter
―He dado una vuelta por el pueblo para conocer el sitio y lo menos que se puede decir es que es un sitio simpático para visitar.
―Si tú lo dices…
―¿Ha visto el puerto? Es muy particular
―Yo…No, aún no.
Peter se sentó a su lado y pidió un ponche. Ante la mirada suspicaz de Regina, él se encogió de hombros.
―¿Qué? Donde fueres, haz lo que vieres, ¿no? Y además, no hay época más apropiada que esta para tomar uno.
―Si tú lo dices…
―Y además…―se giró hacia Ruby ―Los habitantes son más que encantadores…
―Stop, Don Juan―dijo Ruby ―Eres demasiado joven para mí y además…Realmente no eres mi tipo
―Una pena, sin embargo soy el tipo de muchas chicas. ¿Cuál es el tuyo?
―Bah…Si tuvieras más pecho y los cabellos largos, sin hablar de una voz más aguda y ropa refinada…Podrías gustarme.
Regina se ahogó con un buche de su bebida, comprendiendo el tipo que le gustaba a Ruby, sonrojándose de repente. Ya no tuvo ninguna duda cuando Ruby se giró hacia ella y le guiñó un ojo.
―Ah, ya veo…―refunfuñó Peter ―Lo siento por mí.
Ruby rió entonces y se giró hacia Regina.
―Espero que…¿No hay problema, no?
―¿Qué? ¡Oh, no, no, en absoluto!
Siendo sinceros, si había alguien que podía comprenderla, era ella. Jamás había hecho alarde de su vida privada, y es más, esta última había estado en segundo plano desde hacía mucho tiempo. En realidad, desde que había privilegiado su carrera. Apenas recordaba, como una lejana remembranza, su última aventura. Para ser franca, fue más que una simple aventura, pero su separación fue tan dura que había encerrado todos sus recuerdos en un lugar de su mente bajo doble llave.
Y si ella sabía lo que Ruby sentía era porque ella misma tenía el mismo tipo que la morena.
―Regina, ¿todo bien? ¿Está en la luna?
―¿Hm? Oh, euh, no, no, pensaba en…nuestro plan de acción. He tenido también la oportunidad de dar una vuelta―dijo ella amargamente ―Tenemos muchas fiestas que filmar. Me han dado una lista de las personas que querrían aparecer en el reportaje.
―¡Perfecto! ¡Presiento que vamos a arrasar!
Regina se giró hacia Ruby.
―Siendo camarera, usted conoce prácticamente a todos los habitantes, ¿no?
―Más o menos, ¿por qué?
―Me gustaría…Me gustaría que me hablara de ellos. Quiero decir, los festejos son interesantes pero conocer a los habitantes y hacer que los espectadores se identifiquen con ellos…También es la receta del éxito.
Evidentemente, también era un buen medio para tantear el terreno y ver la posibilidad de usar algunas historias para sus fines.
―Podría hacerle un informe. Soy muy cotilla―rió ella
―Perfecto
―Podríamos…Podríamos hacer eso…¿cenando?
Regina sonrió: debía actuar rápido y con eficacia. Y además esa Ruby podía ser quizás una encantadora compañía. Unir lo útil a lo placentero, ¿por qué no?
―Será un placer.
―¡Genial! Entonces…¿qué tal…esta noche?
Regina miró su reloj.
―¿A las siete, entonces?― se giró hacia Peter ―Eso nos deja dos buenas horas para preparar el primer día de rodaje.
―Ok, hecho
―Pueden coger la mesa del fondo, estarán más tranquilos.
―Gracias.
Entonces hacia allí se dirigieron y comenzaron a trabajar mientras que Ruby dejó su sitio a su sustituta para ir a la comisaría.
―Hey, David
―¿Le traes su ración a Leory?
―Escuché por ahí que había vuelto a hacer de las suyas
―Eso es poco decir―dijo Emma tirando la chaqueta sobre su mesa.
David cogió el almuerzo y se lo llevó a Leroy a la celda, mientras que Ruby se sentó en la mesa de Emma.
―Entonces, ¿ya has conocido al equipo de periodistas?
―Sí…Bueno, solo a esa Mills
―Va a ser genial, ¿no? Quiero decir, ¡vamos a salir en la tele!―dijo entusiasta la morena
―Si tú lo dices…
―No pareces muy contenta, ¿por qué?
―No sé, no me da buena espina esa cosa.
―No seas tan pesimista, parecen abiertos de mente y quieren saber más de nosotros.
Emma rió.
―Mira que puedes ser ingenua: hacen eso sencillamente porque les hemos salido en el sorteo.
―…
―¿Qué?
―Y tú mira que puedes ser cascarrabias. Estoy segura de que te equivocas con ellos.
―Nos miran por encima del hombro. Nos toman como los pueblerinos del interior.
―Si así fuera, no habría podido sacarle una cita a Miss Nueva York―sonrió orgullosamente Ruby
―¿En serio?
―Absolutamente
―Pero si solo lleva aquí unas horas.
―Y solo se quedará un par de semanas. No hay tiempo que perder.
―¿Ella sabe que te gustan las mujeres?
―Sí. Y eso parece que no le importuna. Quizás ella también lo sea.
―No lo creo…
―¿Ah, no? ¿Y por qué?
―Mi gay radar no se puso en marcha…
―Tu gay radar está roto. La prueba de ello es que ni funcionó contigo―rió Ruby
―Quizás solo funcione a la mitad cuando se es bi.
―Tú eres bi como yo soy rubia platino―replicó la bella camarera.
―¿Qué quiere decir eso?
―Quiere decir que tú claramente te sientes más atraída por las chicas que por los tíos.
―¿Y qué hacemos entonces con Killian?
―Killian es tu follamigo
―Eso es falso
―Es verdad. Recuérdame la última vez que ha pasado una noche en tu casa.
―…
―Voy a decírtelo: nunca. Porque tienes esa maravillosa capacidad de no querer aferrarte. Después de todo, es casi perfecto: es un tío guapo, se lleva bien con todo el mundo, vale no es el más inteligente, pero a quién le importa si tiene un buen polvo
―Ruby…
―Bah, ¿qué? Dame una sola razón por la que no vas más en serio con él.
―…
―Lo ves, no tienes ninguna porque no es más que un follamigo. Si te tomaras la molestia de volverte hacia el otro sexo, estoy segura de que lo verías todo más claro.
―Hace una eternidad que no tengo una relación con una chica, creo que remonta a la época de la facultad.
―Falso, acuérdate de Lily
―¿Lily? ¡Pero si estábamos en el instituto!
―Y en el insti. Tengo recuerdos de un juego de botella que terminó yéndose de madre en el sótano de tus padres
―…
―Bueno, todo esto para decir que…¡Esta noche tengo una cita!
Emma se echó a reír.
―¡Eres imposible!
―¡Hey, gracias a mí, vamos a tener un reportaje estupendo!
Se echaron a reír antes de que David apareciera.
―Y bien, hay diversión por aquí
―Sí, Ruby va a degustar la cocina extranjera…―ironizó Emma
―¡Y Dios sabe que soy una sibarita!
Emma estalló de nuevo en carcajadas, bajo la curiosa mirada de David.
―Y entonces, podríamos terminar la jornada con la entrevista a la alcaldesa que, en intro, nos da todos los festejos. Eso podría ser el hilo conductor para que los espectadores lo sigan.
―¡Está guay!
―Vamos a comenzar con el árbol de Navidad―resopló Regina ―No vamos a tener respiro
―Pero será genial. Entonces…Ya tiene una cita con una nativa―bromeó él
―¿Una cita? No, solo es una cena con…un informante―sonrió ella
―Se podría ver así. El informante podría haber tenido 60 años, ser gordo y bigotudo.
―Cierto.
Peter entonces sonrió: había escuchado muchas cosas sobre Regina Mills. Una periodista que partió de la nada, pero la mejor de su promoción, que no vacilaba en ir hasta el fondo para obtener noticias. Ella sabía lo que quería y hacía todo por obtenerlo. No tenía piedad, a veces tachada de mujer sin corazón, y últimamente de Grinch. Cuando le dijeron que tenía que trabajar con ella, Peter, en un primer momento, se había desencantado. Pero después pensó en su carrera: sería un buen trampolín poner en su CV que había trabajado con Regina Mills: prueba de calidad y de paciencia.
―¿Peter?
―¿Hum? Oh, perdón, estaba…En la luna
― Intente no estarlo muy a menudo. Le necesito, no sé nada de cámaras.
―Feliz por saber que solo sirvo para eso.
―Peter, usted es cámara…―constató ella
―Sí, bueno, vale.
―Y de momento, tienes la noche libre. Aprovecha para descansar, pues mañana comienza lo serio.
―¡Bien, madame!―sonrió el joven ―Creo que me quedaré por la zona. Hay muchas tiendas por aquí.
―Haz lo que quiera, pero con moderación
Regina encontró a Ruby delante de Granny's. La deslumbrante morena llevaba una sonrisa tan amplia como corta era su falda. Pareciera que la gente del norte nunca tuviera frío.
―¡Hey! ¡Puntual!―dio ella con una alegría no disimulada.
―Sí. ¿Vamos a comer en Granny's?
―¿Qué? Oh, no, ya paso aquí la mayor parte del tiempo, no es para cenar―sonrió ella ―No, la voy a llevar a un pequeño restaurante en los muelles. ¿Le gusta el pescado?
―Mucho.
―Pues hecho.
Ruby le abrió la puerta de su coche igual de rojo que sus mechas, después se sentó al volante y condujo menos de diez minutos antes de llegar a un restaurante cuyo letrero era un inmenso pez espada con un parche y un sombrero pirata. Es más el restaurante se llamaba Jolly Roger.
―Ya estamos. No se preocupe, no tiene gran pinta, pero es excelente.
―¿No va a hacer que pruebe las sardinas del lugar, verdad? No soy muy fan de esos bichos.
Ruby rió.
―No, pero si le gusta un buen fish &chip, está en el sitio adecuado.
Regina sonrió y entraron entonces, y efectivamente, por fuera el restaurante no tenía gran pinta, pero por dentro, el delicioso aroma característico del pescado llenaba la estancia. La decoración recordaba a un viejo barco de madera con sus secretos, sus linternas en las paredes, ojos de buey como ventanas, manteles de damero en blanco y rojo.
―Simpática la decoración
Se sentaron en una mesa apartada, Regina sentía algunas miradas curiosas puestas en ellas.
―Sí, hace un tiempo que lo regenta Killian Jones. Es el último llegado a la ciudad, supo hacerse un sitio en Storybrooke…Y algo más―sonrió ella
―¿Algo más?
―Bah, también se ha hecho un sitio en la cama de la adjunta del sherif―rió
―¡Oh! Euh…La rubia, miss…
―…Swan, Emma Swan
―No sabía que tenía pareja.
―Bueno, lo son de aquella manera…
Regina comprendió y estuvo a punto de decir un no me asombra, pero se contuvo. Regina no lamentaba su cena con Ruby: en pocos segundos, ya le estaba soltando confidencias sobre la población. Lanzó una mirada hacia el bar donde un sombrío moreno secaba los vasos mientras bromeaba con un cliente.
―Es ese, Killian
―Ah…―aunque no fuera su tipo, había que decir que ese Killian no era desagradable a la mirada ―Interesante
Ruby sonrió
―Entonces, ¿ya he hecho su planning?
―Sí, mañana comenzaremos a filmar las calles y los comercios, después por la tarde el encendido del árbol.
―Ah, ya verá, es magnífico. Se elige a un niño para que lo encienda, y compartimos el ponche. El año pasado tuvimos suerte, nevó, y eso hizo que todo pareciera más mágico.
―Me lo imagino.
―Entonces…Hábleme de usted.
Regina arqueó una ceja.
―¿Que le hable de mí?
―Claro…Conozcámonos
―¿Qué quiere saber?
―Solo sé que viene de Nueva York y que es famosa. No sé: ¿tiene hermanos o hermanas? ¿Siempre ha vivido en la ciudad? Cosas como esas
―Hm, tengo una hermana mayor, que vive también en Nueva York, ella tiene una gran floristería. Vivimos en las afueras antes de mudarnos a Nueva York por trabajo.
―¿Por qué ese trabajo de periodista? Es especial…
―Porque quería descubrir muchas cosas, diferentes cosas y un poco por todas partes. Gracias a este trabajo, he podido viajar, hablar con diferentes personas. Es un trabajo enriquecedor.
―Y hela aquí, en Maine, en pleno invierno…Afortunada eh…
―Podría ser. Si gano el concurso―sonrió Regina ―Y lo ganaré, lo ganaremos. Siento el potencial de esa ciudad―sonrió, confiada, Regina.
―¿Y sus habitantes?
Regina veía claro su juego, es más, no tenía la impresión de que Ruby lo ocultara: le estaba tirando claramente los tejos. Eso la divertía, había que reconocer que ella era bastante atractiva. ¿Podía sobrepasar los límites y permitirse poner la integridad de su reportaje en peligro? ¿Y si ella salía a contarlo en los medios de comunicación una vez el reportaje estuviera en antena?
―Regina, ¿todo bien? Hey…No quiero incomodarla. Yo soy así. Así que, si le choca…
―No, no, todo bien. Solo quiero…Concentrarme en mi reportaje.
―Sí, por supuesto. Es solo que…En fin, yo no me oculto: me gustan las mujeres. Y usted…No está nada mal.
―¡Gracias!―rió Regina, divertida
―¡No crea que salto sobre la primera desconocida que llega!
―Podría pensarlo. No estoy en la ciudad sino hace cinco horas…Y hemos aquí cenando juntas. Se puede decir que se le da convencer a la gente.
―Digamos que sé hacer que se sientan en confianza.
―¿Y como la viuda negra, los atrae antes de degustarlos y matarlos?
Ruby estalló en una carcajada
―Espero no dar tal impresión
Regina le sonrió
―No se preocupe. Estoy lejos de ser una mojigata.
―Ah, ustedes los neoyorkinos, poco cosa les choca: lo han visto y hecho todo―rió Ruby
―No tengo esa pretensión. Pero tengo la mente más abierta que algunos―Ruby entonces la miró y Regina frunció el ceño ―¿Qué?
―¿Es usted lesbiana?
Regina habría podido enfadarse, dejar la mesa o contestarle que eso no era de su interés. Pero en realidad, quizás era la solución para un acercamiento con los habitantes. Bastaba con comenzar con una. Además, Ruby conocía a todo el mundo y se codeaba con mucha gente a lo largo del día. Ella podría fácilmente hablar bien de ella a los demás.
―Y bueno…Para ser franca, usted es franca
―Lo siento
―¿De verdad?
―No―sonrió Ruby ―Soy de naturaleza curiosa, es eso lo que me ha conducido a encontrar mi camino…Saltar de flor en flor.
Regina se apoyó sobre el respaldo de la silla y sonrió
―Sí, lo soy
Ruby, contenta, dijo
―Bien, ahora, si me dice que está soltera…
Regina se cruzó de brazos.
―No sabía que tenía que hacer un speed-dating el primer día de mi llegada.
―No quiero pasar por una depredadora. Apenas nos conocemos y, sinceramente, no tengo ningún interés en acostarme con usted tan rápido, en cuanto acabe de filmar, usted se marchará.
―Tranquilícese, no soy de las de acostarme en la primera cita.
Ruby sonrió
―¡Me gusta usted! Tenía miedo de dar con un periodista aburrido, demasiado práctico.
―Gracias―Entonces Killian se acercó y les dejó un cóctel. Regina le siguió con la mirada ―Hábleme un poco más de ese Killian y de Miss Swan.
Regina presentía que ya tenía su pareja guía para el programa, esa que haría de su reportaje algo único.
La velada pasó calmadamente. Una vez que Ruby acompañó a Regina hasta el hostal, la periodista se quedó pensando una buena parte de la noche en utilizar a esa pareja que podría ser un buen teasing para su reportaje: el bad boy dueño de un restaurante coqueteando con la adjunta del sheriff, con las fiestas de Navidad como marco, perfecto para un romance que alimentaría ese reportaje.
―¿Regina? ¿Ha vuelto?―tocó Peter a la puerta
―Entre
El joven así lo hizo cuando Regina estaba a punto de ir a tomar una ducha.
―Venía a por noticias. Entonces, ¿qué ha surgido de esa cita?
―Ha estado…Interesante. No se puede decir que se ande con chiquitas―rió ella
―Oh. ¿Ha…?
―No ha pasado nada―lo paró Regina ―Y no pasará nada. No estoy aquí para eso. En cambio, me ha dado algunas pistas interesantes que podemos tener en cuenta para condimentar un poco nuestro reportaje.
―¿Condimentar?
Regina lo invitó a sentarse sobre la cama.
―Le voy a hacer una confidencia: pienso que sería interesante salpimentar el reportaje con una historia que los espectadores podrían seguir, día a día, a lo largo de las emisiones.
―Hm…Y entonces, ¿tiene una pista?
―El romance. ¿Qué mejor para Navidad? A la gente le gusta ver un amor que comienza, les gusta ver el amor, salpicado con copos de nieve y villancicos. Tan meloso una cosa como la otra, es ideal.
―La cuestión es: ¿vamos a decirles a esas personas que van a ser las estrellas del show?
―No, eso haría que sus reacciones no fueran naturales. Debemos ser pícaros y sobre todo discretos en nuestras intenciones. La idea es seguirlos y mostrarlo todo.
―¿Y ya tiene una idea de a quién seguir?
―Sí, tengo una buena idea―sonrió ella, confiada y orgullosa.
―¡Guay!
―Comenzaremos con lo serio tras el encendido del árbol. Tengo que solucionar un pequeño problema antes de nada.
―¿Un problema? ¿Ya?
Regina le sonrió.
―Bueno, es tarde. Nos vemos mañana a las diez para la entrevista con la alcaldesa y las primeras tomas de la calle principal.
―¡Ok, jefa! ¡Buenas noches!
Él desapareció y Regina se desvistió antes de meterse bajo la ducha durante unos diez minutos. Después, cuando salió, se puso su pijama de satén en gris antracita y se deslizó bajo las sábanas. Sus pensamientos vagaron hasta la adjunta del sheriff: si iba a convertirla en la estrella del show, tenía que suavizar las cosas con ella. Sí, tenía que dejar su ego de lado, y meterse a la adjunta en el bolsillo. Sí, lo ideal sería que se convirtieran en amigas para hacerse confidencias hasta llegar al tema principal: su relación con el dueño del Jolly Roger. Sí, antes que nada, tenía que acercarse a esa Emma Swan.
―Tenemos algunas preguntas. No tema, no habrá trampas, solo preguntas sobre su ciudad, sus tradiciones, los eventos a los que vamos a poder asistir.
―Bien―respondió con un tono tenso la alcaldesa que, para la ocasión, los acogía en su despacho. Peter había llevado su cámara y había instalado todo, Regina había preparado sus preguntas y las encadenó. Con todo la entrevista duró unos diez minutos. Al final, Mary Margaret parecía tranquila y satisfecha, y Regina también.
―¿He estado bien?
―Tranquilícese, no es un…―iba a decir "concurso", pero, de hecho, era un concurso ―En fin, ya me ha comprendido. No estamos buscando elegir la mejor alcaldesa.
―Lo sé, pero…Ya sabe, generalmente el alcalde es la imagen de la ciudad.
―Entonces, no tema―la tranquilizó Regina ―Vamos a tomar algunos planos de la ciudad, la decoración, los comercios…Después haré un primer montaje que enviaré a la cadena, y será difundido esta noche mismo.
―Entonces, ya está, estamos dentro
―Estamos dentro―sonrió Regina ―Todo irá bien, tengo buenos presentimientos con este reportaje.
―¿Tiene alguna idea de a quién va a entrevistar después?
―Oh, pensaba seguir con las altas autoridades de la ciudad: usted, evidentemente, su marido como sheriff, pero también Granny que parece ser una figura emblemática de la ciudad.
Mary Margaret parecía satisfecha, Regina también. El resto de la jornada transcurrió filmando las calles, los comercios y a sus gentes enfrascados en los trabajos del encendido de esa noche. Después, Regina recibió una llamada de su jefe.
―¿Regina? Entonces, ¿qué tal esa estancia en la naturaleza?
―Muy gracioso
―¿Cómo va su reportaje?
―Muy bien
―¿Siente que la invade el espíritu de la Navidad?
―De verdad es usted muy gracioso, en serio.
―¿Ha acabado la primera emisión?
―Sí, acabo de terminar el montaje. Se lo mandó enseguida.
―Será puesto esta noche en prime time
―Genial.
―Regina, espero que haya reflexionado sobre lo que hablamos
―No se preocupe, lo manejo
―…Regina…―dijo con un tono reprobatorio.
―No me dé el sermón. Me dará las gracias cuando vea las audiencias. Bueno, tengo que dejarlo, tengo que hacer unas tomas delante del árbol de Navidad.
―Muy bien. Fuerza.
―No me falta. Buenas tardes.
Regina colgó y suspiró. Tecleó sobre su ordenador, en su cama, y tras haber enviado su primera emisión, se relajó unos diez minutos antes de que tocaran a su puerta.
―Pase
Peter apareció, todo sonriente.
―Regina, salgo a beber una copa al Granny's, ¿quiere venir?
―No, gracias―se incorporó y miró su reloj ―En dos horas, encienden el árbol, probablemente vaya a dar una vuelta, nos vemos allí.
―Ok. Hasta luego entonces
Peter volvió a cerrar la puerta y Regina se volvió a recostar unos minutos, mirando hacia el techo, antes de levantarse y ponerse el abrigo. Cogió su bolso y salió del hostal. Se asombró al guiarse tan bien y tan rápido en la ciudad. Las calles estaban abarrotadas y el centro de la ciudad era literalmente el centro…de la ciudad. Paseó por los alrededores del hostal, topándose con el Granny's. Después bajó la calle y se encontró delante de la tienda de antigüedades de Gold del que colgaba un letrero que decía "Cerrado temporalmente". Echó una mirada curiosa a través de la ventana principal: muchas figuritas, algunas con polvo, otras que parecían venidas de otra época.
Después, continuó su marcha y llegó a un parque que bordeaba la playa y un mar calmado del que se desprendía ese aire yodado. Algunas personas paseaban por aquí y por allá, algunos reconocían a Regina y la saludaban educadamente. Con las manos metidas en los bolsillos, la cabeza casi hundida en su bufanda y su gorro, recorrió la playa y de repente su mirada fue captada por una extraña construcción en la arena. Se acercó y posó su mano sobre la estructura de madera que se parecía a una especie de castillo o fortaleza.
―Se toca antes de entrar
Una débil voz se alzó, sobresaltando a la joven.
―¿Quién está ahí?―una pequeña cabeza morena surgió de la estructura ―¿Henry?
―¡Miss Mills! ¡Venga!
La joven sopesó la estabilidad y las dimensiones de la construcción antes de agacharse y pasar por una especie de trampilla. Se encontró sentada, con las rodillas pegadas al torso y, frente a ella, Henry, sentado con las piernas cruzadas, todo sonriente.
―¡Hola!
―¡Hola!―dijo divertida Regina ―¿Qué haces aquí?
―Bienvenida a mi castillo
―¿Tu castillo? ¿Es tuyo?
―Sí. Lo construí yo con mi madre
―¡Genial!
―Sí, es estupendo, eh
―Henry, ¿qué haces aquí completamente solo?
―Me gusta venir acá
―¿Por qué?
―Porque me siento bien aquí―Regina frunció el ceño, preguntándose por qué un niño de unos diez años prefería estar solo antes que con sus amigos. ―Toma, mira
Escarbó un poco en la arena y desenterró una caja metálica cerrada con un candado que abrió con una llave que llevaba alrededor de su cuello. Regina, curiosa, alargó la cabeza para ver el contenido de la caja. Secretamente, Henry sacó un comic.
―Mira, es una rareza
―Wow…
―Quizás no conozcas nada de comics, como mi madre…
―¿Quién te lo regaló?
―Mi madre―dijo encogiéndose de hombros―Aunque no sepa nada de esto, sabe que a mí me encanta. Ella siempre es así conmigo.
―Parece que la quieres mucho.
―Solo somos nosotros dos. Soy el hombre de la casa, ya sabe―dijo con orgullo
―Oh, ya veo―sonrió Regina ―¿Qué más hay en la caja?
―Muchas cosas…No son importantes. ¿Tienes hambre? Tengo galletas.
El cambio de tema no pasó desapercibido para Regina, pero no se lo tuvo en cuenta. Aceptó una Oreo y se la comió en su compañía.
―Entonces…¿Le gusta la ciudad?
―Es…Es un cambio con respecto a Nueva York
―¿Cómo es?
―Es grande, enorme
―Cuénteme. Me gustaría mucho viajar, pero mi madre…A ella no le gusta el exterior, no sé por qué
―Es una pena, hay muchas cosas que ver y descubrir.
―¿Cómo qué?
El pequeño parecía ávido de descripciones, de novedades, de conocimientos. Regina sonrió entonces y se sentó también con las piernas cruzadas.
―Eh, bueno…Está el Times Square. Con todas sus señales luminosas, sus tiendas…Los famosos taxis amarillos…
―¡Wow, qué bien! ¿Y cómo es Central Park? ¿Es tan grande como dicen?
―Es…Bastante grande, sí. A veces hay paseantes con sus perros, a veces deportistas que corren alrededor…Lo que yo prefiero es poner una manta en el césped, echarme encima y quedarme dormida escuchando los ruidos de alrededor: las pitas de los coches, los ladridos de los perros, las sirenas de las ambulancias o de los bomberos…
―Debe ser guay. Aquí, los únicos ruidos que hay son los de las gaviotas y las olas…
―Las olas también están bien. Es relajante…
―¡Yo no quiero relajarme, yo quiero la aventura!―dijo entusiasmado el muchacho ―Quiero vivir cosas. Aquí, es demasiado pequeño, y…Bah, no hay nada que hacer.
―¿Cómo un muchacho tan joven puede estar tan cansado de la vida? Seguro que hay muchas cosas para hacer aquí. Mira todas las actividades previstas solo para Navidad.
―Sí, pero son siempre las mismas.
Regina notaba el decaimiento en la voz del muchacho y no supo qué responder.
―Entonces…Háblame de la ciudad cuando no es Navidad.
―¿Por qué?
―Porque yo solo la veré durante las fiestas. Así puedo imaginármela de otra manera.
―Bah…En primavera, está la fiesta de las flores…Con un concurso de jardines en flor. En verano, son los juegos del agua, que son organizados en la playa, son bastante guays. Y en otoño, toda la ciudad se transforma en una película de miedo, ¡eso es espectacular!
―Lo cuentas con tal ánimo que dan ganas de verlo. Tienes suerte, a pesar del aspecto de ciudad perdida que tiene Storybrooke, de tener una ciudad dinámica que organiza tantas cosas.
―Sí, si usted lo dice…
―En Nueva York las cosas parecen ser mejores, pero…Nadie se conoce de verdad. Se organizan cosas…Pero nadie comparte momentos.
―Ya…
―Ya te digo: tienes suerte―sonrió Regina ―Entonces…¿Cómo es eso de que has construido esta cabaña?
―Sí. Está guay, ¿eh?
―¡Mucho! Te debió llevar tiempo.
―Tuve ayuda
―Tu mamá, ¿verdad?
―Sí
―Parece ser guay, tu madre
―Lo es―dijo él visiblemente orgulloso ―¡Es valiente y fuerte!
Regina se estaba divirtiendo ante el entusiasmo que demostraba por su madre. Si ella tuviera ese mismo entusiasmo por la suya.
―¿Quieres otra galleta?
―¿Por qué no?
Compartieron algunas otras galletas y siguieron charlando de muchos temas antes que el frío del fin del día se hiciera notar.
―Henry, comienza a hacerse de noche y…
―¡Oh, vaya! Voy a llegar tarde. ¡Tengo que irme!
―¿Vas a volver solo a tu casa?
―Bah, sí
―No, no, no. Te acompaño
―Pero…
―Sin peros
Henry se encogió de hombros, sin comprender la angustia de la joven: todo el mundo se conocía y él se conocía la ciudad como la palma de su mano, no había nada que temer. Pero no dijo nada cuando ella propuso llevarlo a casa, aunque fueran a pie.
Habían caminado unos diez minutos cuando Regina se dio cuenta de que estaban llegando a un barrio residencial bastante elegante, donde se sucedían soberbias mansiones de impecables fachadas y jardines cuidados.
―¿Vi…Vives aquí?
―¡Sí! ¡Es ahí!―dijo señalando con un dedo una mansión de fachada azul y madera blanca. Una bella casa señorial que en Nueva York sería rara de ver. Pasaron la pequeña cancela blanca y apenas hubieron puesto el pie en el camino que iba a la puerta cuando esta se abrió con ímpetu y una voz de repente se alzó.
―¡Henry!―Regina alzó el rostro y se quedó quieta: un tornado rubio se dirigió hacia ellos y cogió a Henry por el cuello ―¿Has visto la hora? Pero, ¿qué estabas haciendo?―De repente la joven se quedó estática a su vez ―¿Usted?
―¿Usted? ¿Miss…Swan?
―Pero…¿Qué hace usted con mi hijo?
―¿Su…Hijo? ¿Henry es su hijo?―dijo sorprendida Regina
―¿Tú la conoces, mamá? ¿Sabes? Es la periodista que viene de Nueva York.
―Sí…Lo sé…―gruñó la bella rubia―Entra, Henry, ve a prepararte, nos vamos en un rato.
El pequeño dobló la espalda.
―Ok…―entonces se giró hacia Regina ―¿Nos vemos en el árbol?
―Por supuesto―sonrió Regina, que mantuvo su sonrisa hasta que Henry ya no estuvo a la vista. Miró a Emma con expresión neutra ―Jamás habría imaginado que tuviera un hijo. Y mucho menos un niño como Henry.
―¿Eso qué quiere decir?
―Es encantador y educado.
―Ja, ja, muy graciosa, de verdad.
Un silencio molesto se hizo presente antes de que la voz de Henry se escuchara desde la casa.
―¡Mamá!
―Tengo que irme
―…
―Nos vemos en el árbol, imagino…Para su…cosa
Regina apretó la mandíbula y esbozó una sonrisa educada antes de dar media vuelta: no se lo podía creer. Esa horrible y brusca mujer era la madre de un encantador y afectuoso pequeño. ¿Cómo era posible? Pensó en las pocas interacciones que había tenido con ella y se estremeció: era una coincidencia extraña, pero providencial. Esa mujer que debía ser una de las heroínas de su reportaje resulta que era madre de familia. Podría haber sido una piedra en su zapato, pero pensando mejor, sabía que la presencia de un niño en un romance podría ser una ventaja de peso.
Entonces sonrió: sí, definitivamente, tenía suerte…Aún no sabía hasta qué punto.
