Capítulo 2
─Es mi amiga
Es eso lo que respondió Henry cuando su madre le preguntó lo que hacía con Regina Mills.
─¿Tu amiga? Sabes que al menos es 20 años mayor que tú…Y además, con estas stars de la tele nunca se sabe…
─Para, ella es buena
─Ya…
─Mamá…─gruñó Henry ─Para
─¿Qué? Y además, ¿qué hacías con ella tan tarde?
─Me la crucé en la playa
─Hm, hm…
Henry puso los ojos en blanco
─¡No sé por qué no te gusta! ¡Y viene de Nueva York!
Emma conocía el deseo de salir de su hijo. Había desarrollado de un tiempo a esta parte una pasión por las grandes ciudades, un deseo de ver algo más que las casas ricas de Storybrooke. Quería respirar otros aires que no fueran los olores a pescado de los muelles. Ella podía comprenderlo, también ella había tenido el deseo, en su momento, de ver algo más. Evidentemente, había vuelto. Le habría gustado que su hijo no hubiese desarrollado ese espíritu aventurero y que no deseara sino quedarse junto a su madre, en la pequeña ciudad de Maine. Podría decirle que hiciera como ella: que fuera a ver mundo, y que volvería tan hastiado que no desearía nada más que quedarse en Storybrooke. Pero tenía miedo de que le gustara mucho la ciudad y no quisiera regresar…Ella no lo soportaría.
Y si ese capricho se había pasado temporalmente, la llegada de esa Regina Mills había avivado otra vez el deseo de evasión de su hijo, lo que la perturbaba un poco. Ya no le gustaba la llegada de esa neoyorkina, encima tenía que gustarle a su hijo…
─Mamá, ¿de verdad tengo que llevar esto?
─Formas parte de la familia real, hijo mío─ ironizó Emma ─En serio: sabes que tus abuelos aman que estés bien ataviado en actividades como esta
─Ya…
─¡Venga, arriba ese ánimo! ¡Vamos a encender nuestro hermoso árbol!
Henry sonrió y Emma se sintió satisfecha pues aunque su hijo era más inteligente que la mayoría, provocando que su infancia pasara más rápido que de lo que era normal, sabía que esos momentos festivos lo transportaban a la edad de un pequeño entusiasmado. Aunque tuviera deseos de salir, seguía siendo su pequeño príncipe.
A pie llegaron a la gran plaza donde un inmenso abeto se erigía cerca de un kiosco. Regina y Peter estaban ahí, cámara en mano. La muchedumbre se juntó alrededor del árbol, girándose hacia el kiosco, y de repente aparecieron los Nolan. Se escucharon los aplausos, Regina arqueó una ceja antes que el micro hiciera un pequeño zumbido.
─Graba─ ordenó Regina a Peter.
La alcaldesa, entonces, se acercó y cogió el micro.
─Buenas tardes queridos conciudadanos. Estamos reunidos una vez más para encender nuestra bella ciudad de Storybrooke. Tengo que dar las gracias, antes que nada, a Marco por este magnífico abeto que tan amablemente nos ha cedido─ la gente aplaudió, y poco después retomó el discurso ─Este año, una vez más, las fiestas de Navidad se avecinan grandiosas, pero también y sobre todo cálidas, pues, como todos los años, Storybrooke pone por delante la solidaridad, la amistad y el buen humor para ofrecer a la población, y visitantes de afuera, unas fiestas extraordinarias─ se giró entonces hacia el abeto ─Este año el árbol ha sido adornado por la escuela elemental y las hermanas del convento. Y este año, un año más, será un niño quien tendrá el privilegio de encender las luces. Charlie…
Ella extendió la mano hacia una pequeña niña cuyo rostro estaba salpicado de pecas. Otra vez resonaron los aplausos y la alcaldesa dejó sitio a la pequeña que cogió una enorme palanca en forma de bastoncillo de azúcar, y tiro de ella y, en pocos segundos, la plaza, el abeto y los escaparates de las tiendas se iluminaron con miles de luces multicolores.
Aunque Regina estaba acostumbrada a las luces del árbol del Rockfeller Centre, tenía que admitir que este no tenía gran cosa que envidiarle: tenía al menos veinte metros de altura, si no más, y estaba decorado de una forma refinada y colorida: guirnaldas, bolas, figuritas, algunas hechas a mano, y poinsettias vestían ese inmenso árbol de Navidad.
De repente, los habitantes encendieron una vela y como luciérnagas, las pequeñas llamas parecían bailar alrededor del árbol, sobrevolando por encima de la muchedumbre. Ella paseó su mirada por la gente y reconoció algunos rostros, incluido el de Emma que parecía feliz y serena. A su lado, reconoció al propietario del restaurante, cuyo nombre se le había olvidado. Entonces sonrió y golpeó el hombro de su asistente.
─Graba eso, eh─ le dijo Regina, temerosa de perder tal escena.
Peter no respondió, pero su cámara estaba todo el rato enfocada hacia el público, el árbol y los niños cuyos ojos brillaban de admiración hacia ese árbol. Regina incluso parecía conmovida por eso que llamaban la magia de la Navidad.
De repente sintió que tiraban de su manga. Bajó la mirada y se encontró con la de Henry, y su naricita roja a causa del frío.
─Es bonito, ¿eh?
─Magnífico
─Mi clase ha participado, hicimos algunos de los adornos que están en el árbol.
─¿Ah sí? Tu cole ha hecho muchas cosas para Navidad
─Sí…También hay un desfile que hacemos nosotros…
─ ¿En qué consiste?
─Hay comerciantes que hacen sus carrozas…Y las clases hacen también las suyas
─¿La vuestra está lista?
─Casi─ sonrió él
─¡Henry!
El pequeño y Regina se giraron a la vez para ver a Emma correr como una loca hacia ellos.
─¡Hey, hace 10 minutos que te busco!
─Estaba charlando─ respondió él con naturalidad
Emma lanzó una mirada hacia Regina antes de tender la mano hacia su hijo.
─Ya, bah…Vamos
─Pero mamá…
─¡Henry! Tus abuelos nos esperan en Granny's
─¿Regina puede venir?
Emma se quedó quieta
─Oh, euh…
─No, Henry, supongo que es un encuentro familiar
─Bah, no, darán un pequeño discurso antes de compartir entre todos un ponche, es siempre así
Regina frunció el ceño.
─Espera…─ella miró a Henry ─Tus abuelos…
─Sí, son el sheriff y la alcaldesa
Regina se giró hacia Emma.
─¿Sus padres son Mary Margaret y David Nolan?
─El mundo es pequeño, eh…─refunfuñó Emma hundiendo sus manos en los bolsillos ─ Bueno, ¿nos vamos Henry?
─La gente de la ciudad se reúne en Granny's, solo tiene que venir
Regina sonrió.
─Con mucho gusto. Será la ocasión para hablar con la gente y aprender un poco más de vuestras tradiciones
─¡Guay!─ se entusiasmó el pequeño mientras que su madre hacía una ligera mueca antes de alejarse
─¿Cojo la cámara?
─Evidentemente. Pero seamos discretos. Tiene que parecer natural. Sabemos muy bien que delante de las cámaras la gente se comporta de diferente manera. Debemos capturar un momento verdadero y único.
─Ok, entonces llevaré la más pequeña. Ya voy, lo que tarde en cambiar de cámara.
─Muy bien, nos vemos allí
Regina siguió al flujo de gente, la mayor parte se dirigía al Granny's, más decorado de lo normal para la ocasión. El restaurante estaba a rebosar, a Regina le costó mil demonios llegar hasta la barra donde se encontró a Emma y a Henry, este degustando ávidamente una taza de ponche.
─¡Oh, Regina! ¡Debe probar esto! Granny hace el mejor de Maine.
Regina sonrió divertida ante el bigote de leche que se había formado sobre el labio superior, pero que enseguida desapareció con un revés de mano.
─Sí, no lo dudo.
─Henry Swan, relájate con el ponche. Conozco a uno que se va a pasar la noche yendo y viniendo del baño.
─…
Henry Swan…pensó Regina, era lógico, Emma Swan era su madre. Pero, ¿por qué no llevaba ella el mismo apellido de sus padres? A no ser que estuviera casada…
─¿Regina?
─Hm, ¿qué? Perdón…Estaba ida.
─Le preguntaba si quiere uno
─Será un placer─ sonrió ella
─¡Ruby! ¡Una taza, por favor!─ gritó él en medio de la algarabía ambiente
Ruby entonces se acercó y le dio una taza llena a Regina.
─Hey, hola…
Regina sonrió
─Buenas noches
─No sé si se lo he dicho, pero…Me encantó nuestra cena.
─Fue agradable, en efecto─ entonces Regina vio a Peter llegar ─Me disculpa─ entonces se alejó, dejando a Ruby al lado de Emma
─¿Qué ha sido eso?
─¿Qué es eso?
─¿Esa cosa entre la neoyorkina y tú? ¿No me digas que te la has ligado?
─Simplemente anoche cenamos juntas
─¡Qué bien…!
─Para, ¿no me vas a decir que no está de buen ver?
Emma se giró hacia Henry
─Ve a buscar a tus amigos, pero no te alejes
─Ok, ok…─suspiró él
Emma se giró de nuevo hacia Ruby.
─¿Qué tienes intención de hacer, eh?
─Podemos divertirnos, no está prohibido
─¿De verdad lo crees? Quiero decir, se va a quedar algunos días y después se marchará a la gran ciudad. Le importarás un comino.
Ruby sonrió
─Hey, que te haya pasado a ti no quiere decir que pase siempre. Además, no busco el amor de mi vida. Te lo he dicho, me divierto.
─Ten cuidado de todas maneras…
─Estás tan a la defensiva que parece que estés celosa
─¿En serio?
─Bah, ¿qué?...Definitivamente es tu tipo…─ dijo Ruby ─Y yo no soy exclusivista
─Como tú bien has dicho: ya he probado, gracias
─No te haría mal, si ves por dónde voy, soltarte la melena un poco, aunque sea con Killian
─¿Qué quiere decir "aunque"? Killian es bueno
─Oh, eso está claro, es bueno, amable, un caballero…Una lata, sí─ suspiró Ruby ─Esta Regina…Tiene carácter, es picante. Apuesto a que uno no se aburre con ella…
─Ni siquiera sabes si es…
─Lo es
─¿Ah sí?
─Definitivamente
─Ah sí…─Emma buscó y encontró a Regina entre el gentío: sin embargo ella no tenía el perfil y normalmente ella sabía reconocerlas. Regina parecía muy centrada en ella misma para imaginar que pudiera estimar a alguien más que no fuera su propio ego. Era un misterio y el hecho de que se acercara tan fácilmente a Ruby no le decía nada que valiera la pena.
─Hey, Emma…No la escanees de esa manera, ¡presa cogida!─dijo divertida Ruby
─¡Eres idiota! ¿Lo sabes, no?
Las dos jóvenes estallaron en una carcajada, lo que captó la atención de Regina, algo apartada de ellas.
─Tengo que hacer una maniobra de acercamiento
─¿Cómo?─ preguntó Peter
─Si quiero centrarme en ella y ese Killian, tengo que suavizar las cosas. Parece muy allegada a esa Ruby
─Eso viene bien, pues parece que esa Ruby, precisamente quiere acercarse a usted─ ironizó él
Regina lo fusiló con la mirada, pero, en un sentido, no estaba equivocado: podría servirse de Ruby para acercarse y suavizar a Emma. Lo único que podría jugar en su contra era el tiempo: tenía que dividirse entre el montaje de su reportaje y sociabilizar con los habitantes, todo en apenas unos diez días…
─¿Regina?
─¿Hm?
─¿Estaba en la luna?
─No, pensaba
─¿En qué?
─En una estrategia. Tenemos que ser eficaces.
Peter sonrió.
─Lo seremos. Usted es Regina Mills
La bella morena entonces sonrió.
─Cierto─ de repente su mirada recayó en Henry: sí, él era la clave. Si debía acercarse a Emma, tenía que meterse al chico en su bolsillo, lo que sería sencillo, pues el muchacho ya era un adepto a su causa.
Cánticos, risas y luces, es así como Regina podría calificar el resto de la velada. Tras hacer charlado con algunas personas y haber filmado sus reacciones, Regina decidió que era hora de que abandonara el restaurante demasiado abarrotado para ella. Después de despedirse de Peter, se encaminó de nuevo hacia el árbol para contemplarlo otra vez: ver los detalles de las figuritas decorativas, y apreciar la calma de una plaza vacía.
Después, escuchó una voz, una voz masculina.
─¿Estás segura?
─Sí
─Seré discreto, lo sabes…
─Lo imagino, pero será mejor así
─Emma, ya hace un par de semanas, podríamos decírselo
─¿Lo tomas por tonto? Henry sabe lo nuestro…Bueno, sea lo que sea que tenemos, él es consciente de ello.
─¿Y qué le parece?
─No le parece nada. En realidad no hemos conversado
─Entonces si todo va bien, ¿a qué esperamos?
─Killian…Escucha…Henry y yo siempre hemos vivido solos. Su padre nos dejó cuando él ni siquiera había nacido. Creo que él ya no tiene confianza. Y he de confesar que yo también estoy bastante a la defensiva.
─ ¿Qué esperas de nosotros? ¿De mí?
─Que seas paciente. Es complicado…
─Ya…Tienes suerte de ser tú, ¿sabes?
Se escuchó una risa cristalina antes que un corto silencio dejara imaginar un beso en toda discreción. Regina entonces desvió su atención para ir a sentarse bajo el kiosco decorado para la ocasión con guirnaldas verdes y rojas y poinsettias. Cerró brevemente los ojos e inhaló el olor yodado transportado desde el puerto hacia ahí. Era extraño ver lo rápido que se había acostumbrado a eso.
─¿Echa de menos el follón de la gran ciudad?
Regina se sobresaltó y abrió los ojos para ver a Emma, de brazos cruzadas, apoyada en una de las columnas del kiosco. Ella se enderezó.
─Quizás─ respondió sonriendo ─Miss Swan, ¿puedo hablar con usted?
Regina se hizo a un lado en el banco, invitando a Emma a sentarse a su lado, lo que la bella rubia hizo.
─Entonces, se debe reír de nuestro árbol…Cuando se tiene el del Rockefeller…
─No es comparable, y para ser sincera, este es mucho más bonito
─No se sienta obligada…
─¿Obligada a?
─A hacer como si fuera interesante
─¿Por qué minusvalora tanto su ciudad?
─No la minusvaloro. Sencillamente sé lo que piensa la gente de grandes ciudades como Nueva York cuando viene acá
─…
─¿Quería…Quería hablarme?
─Quería excusarme por la antipatía que parece que hago crecer en usted, aunque no tenga idea de por qué
─…
Regina no debía pasar ese breve instante en el que sentía que podía conectar con Emma. Entonces sonrió, acababa de encontrar un tema que la uniría a la joven rubia.
─Henry es de verdad un muchacho excepcional
─Sí, lo es─ se suavizó Emma
─Debe sentirse orgullosa como madre
─Sí, no tengo de que quejarme. Va bien en la escuela, es servicial. Me gustaría decir que es gracias a mí...Pero la verdad es que no estuve presente los primeros años de su vida.
─¿Por qué?
Emma tomó aire
─Antes de ser la mujer respetable que soy, hice tonterías, muchas tonterías, cuando era una chiquilla. En mi época rebelde, andaba con malas personas…Y estuve en la cárcel.
─¿Estuvo en prisión?─ se asombró Regina
─Hace una eternidad, pero di a luz en prisión y Henry fue dado a mis padres. Solo conseguí su custodia más tarde…
Regina estaba sorprendida de que Emma se confiara tan rápido cuando solo hacía una hora la miraba con desdén. Imaginaba que Henry estaba detrás de todo eso, y eso le convenía.
─He notado que no lleva el mismo apellido que sus padres…
─Estuve casada…En fin si se puede llamar así…
─…
─Las estupideces que se pueden hacer en Las Vegas cuando se tiene una copa de más…
─Oh, ya veo…Era el padre de Henry.
─Sí…─Emma inhaló ─Nos conocimos cuando yo tenía 16 años. Los estudios no me interesaban apenas y mis padres me daban la tabarra. Para ellos, todo era hermoso, todo era fácil: siempre habían vivido aquí y esta ciudad estaba volcada con ellos. Yo veía este pueblo como una prisión…Así que me escapé
─Pero, volvió…
─Degusté la gran ciudad y solo me trajo sinsabores
─…
─Regresé con la cola entre las piernas y mis padres, aunque me comporté como una zorra con ellos, estuvieron geniales…Ciertamente no me los merecía
─¿Qué ocurrió con el padre de Henry?
─Tras casarnos en un momento de locura en Las Vegas, viajamos, viviendo de nuestro amor y de pequeños golpes: robos, estafas…Aterrizamos en Nueva York para, según nos decían, dar el golpe del siglo, lo que nos sacaría de la mierda…
─Pero no fue el caso…
─No, de hecho no. Le dije que estaba embarazada y fue un cubo de agua fría…Me dijo que abortara porque si no, según él, el bebé nos retrasaría. Yo me negué…Una mañana me desperté y ya no estaba. Ni una nota, nada. Me vi sola en esa maldita habitación de hotel con 50 dólares en el bolsillo. Era joven y demasiado orgullosa para volver a mi casa…Así que erré de albergue en albergue, comiendo gracias a las asociaciones…Robaba para vender lo robado…Pero me pillaron. Me sentenciaron a un año de prisión.
─Sus padres…
─Mis padres enseguida se enteraron, y se quedaron cerca de Boston para ir a verme lo más asiduamente posible. Después, di a luz. Tenía la posibilidad de darlo en adopción, pero…Cuando lo sostuve en brazos, no pude. Pero no podía mantenerlo en prisión. Mis padres se propusieron para la guardia temporal. Cumplí mi pena y volví.
─¿Cómo se pasa de ex presidiaria a adjunta del sheriff?
─Tal y como lo piensa: tener una madre alcaldesa y un padre sheriff me ayudaron. Puede que haya entrado enchufada, pero mis padres me dieron un ultimátum: me prometían un puesto aquí siempre que me graduara. Se quedaron con Henry mientras yo acababa mis estudios. Cuando volví a Storybrooke, tenía una licenciatura en Derecho. Acepté la oferta de mi padre de ser su adjunta. Ahorré y cuando tuve bastante, me compré una casa y recuperé a Henry. Pero no fue fácil…Yo era una casi desconocida para él. Lo recuperé cuando tenía algo menos de cuatro años. Me lo perdí todo: sus primeros pasos, sus primeras palabras…Su primer día de cole. Tenía mucha más conexión con mi madre que conmigo. No dormía en mi casa, se negaba a comer cada dos por tres…Fue complicado.
─Nadie lo diría viéndolos hoy en día
─Oh, sigue siendo conflictivo. También es por eso por lo que estoy aquí
─¿Ah sí?
─Siento que Henry la aprecia y cuando me ve quejarme de usted…Tiene claramente la impresión de que es una razón más para no estar de acuerdo y pelearnos. Ya sabe, eso "De todas maneras, detestas todo lo que me gusta. Nací para que me estropearas la vida", blablabla…
─Sí, entiendo─ sonrió Regina ─Entonces ha venido aquí para…¿hacer enmienda?
─Para disculparme por mi grosería. Creo que he metido en el mismo saco a todos los neoyorkinos, a mi estúpido ex y…a usted
─La gente de la ciudad no es toda idiota
─Sí, eso es. Henry me ha hecho comprender que he sido bastante maleducada con usted
─No le gusta la idea de que haga un reportaje sobre la ciudad
─Digamos que eso permitiría en un sentido que la ciudad se conociera un poco más, atraería a turistas y reflotaría los comercios
─Pero…
─Pero podría también atraer a aves de rapiña…Que pueden aprovecharse de la credulidad de la gente de aquí
─Mi fin no es hacer de Storybrooke la nueva Disneyland. Solo quiero homenajear los esfuerzos de la población de esta ciudad en Navidad.
─…
─Sé que aún tengo que ganarme su confianza…Pero soy perseverante ─ sonrió Regina
Emma no respondió nada y se quedó ahí, algunos segundos más, antes de levantarse.
─Bueno, es tarde, mi hijo me espera. Hasta otro momento, Miss Mills
─Hasta mañana, Miss Swan
La bella rubia se alejó bajo la mirada curiosa de Regina: ¿serían las cosas más sencillas? Ahora que tenía a Henry con ella y que las cosas se habían suavizado con Emma, tenía que perseverar en su objetivo principal: su reportaje.
Cuando entró en su habitación, no se durmió inmediatamente. Comenzó a hacer el montaje, admirando las imágenes tomadas por Peter. Había que reconocer que era bueno y sabía capar las emociones en los rostros. Detuvo la imagen cuando el rostro de Emma apareció, la nariz alzada, admirando el árbol iluminado. Sus ojos centelleaban y una ligera sonrisa ladeada se dibujaba. A pesar de su carácter bastante desagradable, había que reconocer que tenía su encanto: sus largos bucles rubios, sus ojos esmeraldas, su nariz respingona y sus labios bellamente dibujados. Sin darse realmente cuenta, admiraba a Emma a través de su pantalla. Y cuando volvió en sí, sacudió la cabeza antes de cerrar el ordenador y meterse en la cama.
Ella lo sabía, estaba jugando con fuego. Por querer acercarse mucho, podía acabar por quedar enredada en la misma tela de araña que ella había urdido. Se quedó dormida esa noche con el espíritu confuso, pero con una línea de conducta bastante precisa. La cuenta atrás había comenzado, no debía perder tiempo.
El día siguiente no fue sino una sucesión de entrevistas y tomas de las calles y comercios de la ciudad: los diferentes escaparates, las decoraciones, los sentimientos de la gente. Pero a comienzos de la tarde recibió una llamada inesperada.
─Hey miss-yo-triunfaré-con-mi-reportaje, ¿cómo va todo?
─Lena…Cuánto tiempo
─Quiero saber de ti, ya que, visiblemente, tú no das noticias
─Solo estoy fuera desde hace tres días
─Sí, pero tres días en Maine…Cuenta doble, ¿no?
Regina rió
─Idiota
─¿Y? ¿Cómo se presenta la cosa?
─Bien, mejor de lo que habría pensado
─¿Ah sí? En todo caso, puede decir que Storybrooke ha conquistado el corazón de los telespectadores
─¿De verdad?
─De verdad. Se parece a esas pequeñas ciudades típicas de Estados Unidos que podemos ver en las películas. La gente es encantadora, sobre todo esa señora bajita que regenta el restaurante.
─Granny
─¡Sí, eso es! Es bastante divertida. Y está su nieta…Una verdadera bomba sexual echada a perder en medio de Maine. Seguramente ganaría más dinero y celebridad si se dejara caer por Nueva York
─Seguramente─ sonrió Regina ─Aunque no recuerdo que haya evocado su deseo de marcharse
─¿Y cómo va todo con tu aprendiz?
─¿Peter? Es bueno a pesar de su corta edad.
─Entonces, mucho mejor, todo parece ir sobre ruedas
─Sí. Háblame de las repercusiones de la emisión
─Es mucho más que popular. La gente está siguiente como loca las diferentes ciudades y, según los sondeos, Storybrooke está en el trío que va a la cabeza.
─Genial
─Entonces, ¿has localizado a tu pareja clave?
─Es posible
─Ten cuidado…
─¿Qué crees que me va a pasar? Esta ciudad es solo un trabajo, después de Navidad lo único que recordaré de ella será el mea culpa que habrá proporcionado.
─Veremos si eso se mantiene dentro de diez días
─¿Qué crees que va a cambiar en unos pocos días?
─Nunca se sabe…El flechazo, una tempestad de nieve, un tifón…¿Qué sé yo?
─No digas tonterías…
─Mientras, las fiestas se acercan y has encontrado un manera para no celebrarlas de nuevo sola
─Uno lo útil a lo agradable…En fin, lo casi agradable
─¿Cuál es tu próxima actividad?
─Celebran un desfile de carrozas hechas por ellos mismos, sobre todo, por los niños, por la calle principal de la ciudad.
─Suena apasionante─ rió Lena ─Bueno, te dejó con tus ocupaciones
Lena colgó y Regina suspiró: las expectativas eran grandes. Si la emisión iba tal y como decía y Storybrooke ya estaba entre las favoritas, ¿necesitaría, al fin y al cabo, a esa pareja guía? ¿O, por el contrario, podía dar otra vuelta de tuerca y distanciarse definitivamente de las otras? Era un riesgo que podría correr…
Era sorprendente ver con qué facilidad Regina ya se situaba. Cuando salió del hostal, casi mecánicamente dirigió sus pasos hacia Granny's. Los minutos que siguieron, y Regina aún no lo sabía, cambiarían su vida para siempre.
Cuando estaba llegando al restaurante, una débil voz que ya empezaba a reconocer, la llamó desde el otro lado de la calle.
─¡Regina!
La bella morena apenas tuvo tiempo de girar la cabeza cuando ya Henry corría hacia ella. El corazón de Regina se aceleró al ver que un coche venía en su dirección.
─¡Henry, para!
El pequeño apenas tuvo tiempo de darse la vuelta hacia el ruido cuando notó que era lanzado contra el suelo con un sonido sordo.
─¡HENRY!─ gritó Emma que acababa de salir corriendo del restaurante al escuchar el frenado de los neumáticos. Su sangre se heló cuando vio a su hijo en el suelo, el cuerpo de Regina protegiendo el suyo.
Los clientes y algunos viandantes corrieron hacia ellos, pero Emma los empujó para arrodillarse delante de ellos.
─¡Henry!
El pequeño parecía totalmente en shock, pero sano y salvo.
─Mamá, yo…Estoy bien…
Emma se giró entonces hacia una Regina sorprendida y casi pasmada.
─Regina, ¿todo bien? ¿Regina?
La bella morena se giró hacia Emma.
─Todo bien…¿Henry está bien?
El pequeño se giró hacia ella.
─Gracias…Usted…Me ha salvado
Henry se incorporó, a continuación Emma ayudó a Regina a hacer lo mismo.
─Gracias, muchas gracias
Sin pensarlo, y ciertamente porque el alivio era quien hablaba, Emma la estrechó entre sus brazos durante largos segundos antes de darse cuenta de su gesto y alejarse, algo avergonzada.
─Gra…Gracias…─ balbuceó
─Es normal
Y cuando ella se levantó del todo, Emma vio que su rodilla estaba ensangrentada.
─¡Está herida!
─No es nada, solo un arañazo
─¡Hay que curar eso!─ insistió la rubia
─Ella tiene razón, venga, tengo todo lo necesario en el restaurante─ aseguró Granny
─Se lo aseguro, todo está bien, de verdad. Lo importante es que Henry esté bien.
─Venga─ dijo Emma, haciendo oídos sordos
Le agarró el brazo y, ante una muchedumbre admirada y estupefacta, entraron en Granny's y la anciana las condujo a la trastienda.
─Mire, aquí tengo de todo
─Gracias, yo me ocupo─ aseguró Emma
─No tiene por qué
─Ha salvado a mi hijo, es lo menos que puedo hacer─ después se giró hacia él ─Y tú, jovencito, tenemos pendiente una charla sobre las reglas en un ciudad y la seguridad vial.
─…
Su tono se suavizó al ver que su hijo solo estaba pendiente de la sangre en la rodilla de Regina.
─Hey, todo irá bien. ¿Por qué no le traes un chocolate caliente con canela a Regina? ¿Qué te parece?
Henry se quedó mudo antes de que Regina le cogiera la mano.
─Eso me gustaría mucho, de verdad
Él asintió antes de salir de su ensimismamiento, dejando a su madre y a Regina solas
─Ok, quítese las medias
─¿Perdón?
─Hay que limpiar. De todas maneras, están rotas.
Regina dudó un momento, pero imaginó que Emma no la dejaría escapar así como así. Entonces suspiró antes de levantarse ligeramente la falda.
─¿Puede…?
─¿Qué? Oh, sí, claro, lo siento…
Emma se giró y escuchó el roce de ropa antes de que Regina carraspeara señalando que Emma ya podía darse la vuelta.
─Sí, no tiene buena pinta…─ constató Emma antes de coger un apósito y serum fisiológico. Cuando posó su mano sobre la parte alta de la pantorrilla de Regina, esta última se estremeció.
─Lo siento, tengo las manos frías…
─No…No, no, es…Nada─ balbuceó Regina, que parecía demasiado conmocionada ante ese toque oportuno.
Emma procedió a limpiar la herida meticulosamente, con tanta atención como si fuera su hijo. Durante algunos minutos, un silencio pesado reinó entre ellas, Emma posando delicadamente sus manos sobre la pierna de Regina, y esta intentando calmar el malestar, pero también los latidos de su corazón.
─Ok…No parece tan malo─ dijo Emma, satisfecha, incorporándose
─Gracias
─Ha salvado a mi hijo
─Para ser sincera, es un poco mi culpa si cruzó sin mirar…
─Conoce bien las reglas. Se arriesgó inútilmente y podría haber acabado en algo peor tanto para él como para usted.
─No le eché la culpa, aún es pequeño
─Ya…A veces soy dura con él…Siendo madre soltera y además hija de la alcaldesa, debo mostrar una conducta intachable y mi hijo también. Sus acciones recaen en la familia, las mías también. Y además, aunque siempre se diga…Las apariencias cuentan mucho.
─Es un pesado fardo para una mujer joven, así que no me puedo imaginar ese peso sobre los hombros de un pequeño de diez años.
─Es una de las únicas garantías que tengo para que todo vaya bien, incluso cuando voy desencaminada con él…
─Yo no tengo hijos, pero imagino que no todo es tan sencillo
Intercambiaron una sonrisa antes de que tocaran a la puerta.
─¡El chocolate está listo!─ dijo la pequeña voz de Henry
─¡Ya vamos!─ sonrió Emma
Cuando salieron de la trastienda, todos los ojos se giraron hacia Regina. Esta última se sintió, de repente, incómoda ante esa excesiva atención, y Emma lo notó.
─Es usted una heroína
─¿Ah sí?
─La Salvadora
─¿La Salvadora?─ rió Regina
─¡Mi salvadora!─ sonrió Henry tendiéndole la taza humeante ─Lo siento. No debí correr de esa manera…
─No es nada, pero tu madre tiene razón, hay que revisar ciertas cosas
Intercambiaron una sonrisa.
─¿Y si nos sentamos?─ propuso Emma
Sentada a una mesa, Regina aprovechó para hacerle unas cuentas preguntas más a Emma sobre la ciudad. Entonces, la campanilla de la puerta de entrada resonó y Killian entró en el restaurante. Sin realmente saber por qué, Regina notó que Emma se tensaba ligeramente, y mucho más cuando el hombre se acercó a ellos.
─¡Hey, Swan!─ se giró entonces hacia Henry ─¡Hola, colega!
Pero Henry, tras haber esbozado una ligera sonrisa, volvió a meter su nariz en la taza, desinteresado de la llegada del joven.
─Hola Killian…─ masculló Emma
─¿Nos vemos esta noche?
Regina se sintió de repente fuera de lugar e incómoda, retorciéndose en su asiento.
─Oh, euh…No lo sé…
─No, no puedes─ respondió como si nada Henry, mientras se acababa la bebida, ante las miradas de asombro de Killian, Emma y Regina.
─¿Ah no?─ se asombró el joven
─Esta noche está Regina
La bella morena se quedó estática y desorbitó los ojos, fijando la mirada, con estupor, sobre Henry.
─¿Regina?
─Miss Mills─ respondió Henry señalando con el dedo a la joven ─La periodista. Mamá la ha invitado a cenar porque me ha salvado la vida.
─¿Ah sí? Genial.
─Casi me atropellan, pero Regina estaba ahí y me salvó
─Ah, bah…qué historia
Regina habría querido cavar un agujero y enterrarse en él. Killian, por su parte, interrogó a Emma con la mirada y la bella rubia carraspeó antes de recuperarse.
─Tiene razón─ Regina se giró hacia ella, pasmada ─Yo…He invitado a Regina a cenar…Para darle las gracias.
─Ah, ya veo…Entonces, ¿nos vemos mañana?
─Sí, claro─ sonrió educadamente Emma
Killian se alejó, visiblemente desilusionado, y de repente Regina rompió el pesado e incómodo silencio.
─Usted…Bastaba con decirle que no
─¿Perdón?
─No estaba obligada a inventarse esa historia. ¿Por qué sencillamente decirle que no?
Emma arqueó una ceja y lanzó una mirada hacia su hijo, cuya insistente mirada no le daba elección a su madre sobre dicha cena.
─Henry tiene razón. Por lo que se ve tiene muchos más modales que yo: al menos le debo una cena. No pretendo ser La cocinera del siglo, pero quiero encarecidamente hacer esto.
─Yo…
─¡Acepte, Regina!─ suplicó Henry
Cuando vio la expresión de cachorrito, sonrió dulcemente
─Muy bien
─¡Yes!─ se entusiasmó él
─Entonces…Vamos a ello─ dijo Emma
─¿Qué? ¿Ahora?
─¿A menos que tenga otra cosa que hacer?
─ No, en realidad no.
Emma sonrió, se levantó con Henry pisándole los talones y Regina no tuvo otra sino seguir sus movimientos. Emma invitó a Regina a subir en su coche, y esos minutos de trayecto fueron los más extraños que Regina había vivido en mucho tiempo: Emma cantando a viva voz con Henry Trouble, de Pink, prestando poca atención al entorno. Pero, si debía ser sincera con ella misma, Regina se sentía divertida con esa situación e intrigada por esa bella rubia de pasado tumultuoso. Debía ahondar más en esa relación con Killian y ver si había una posibilidad de que Navidad los acercara…Aunque había parecido que la llegada del joven al restaurante no había alegrado mucho a Emma.
─Hemos llegado. ¿Miss Mills?
─¿Hm? Oh, perdón, estaba…Distraída
Bajó del coche y siguió a Emma al interior. La casa era bastante opulenta y bien mantenida. Apenas se tenía la impresión de que un pequeño de diez años viviera allí…Hasta que se entraba en el salón y se veían las consolas de videojuegos, los DVD y una pila de juegos de mesa.
─Ya, nos encanta jugar…A toda clase de juegos─ se explicó Emma
─Ya lo veo
─Somos muy de estar en familia. Mis padres se cogen siempre un día a la semana, a pesar de sus exigentes trabajos, para venir y pasar tiempo con su nieto.
─Comprendo y es loable por su parte
─Ellos lo criaron…Es duro cortar los lazos y yo tuve que luchar para ganarme mi plaza como madre tanto a ojos de mi hijo como de mi propia madre. Con todo lo que yo les había hecho, tenían todas las razones del mundo para desconfiar de mí.
─Puedo entenderlo
─Usted no tiene hijos
─No
─Hm…¿Soltera?
Regina la miró, divertida.
─¿Interesada?─ dijo guasona
─Curiosa. Solo busco informarme sobre la recién llegada. Deformación profesional, seguramente
─Seguramente
─Miss Mills, ¿quiere ver mi habitación?─ preguntó Henry desde lo alto de las escaleras
─Oh, euh…Con mucho gusto
─Bien, eso me deja tiempo para preparar algo. ¿Le va bien macarrones con queso?
─Perfecto─ sonrió Regina antes de subir las escaleras, siguiendo la voz del pequeño.
Entonces entró en la cueva de un verdadero niño de diez años: una cama en forma de coche de carreras, el azul y todos sus tonos sobre las paredes. Posters de las películas y series preferidas de Henry y sobre todo una gran biblioteca.
─¿Te gusta leer?
─Lo adoro. Sobre todo historias de caballeros, de dragones y de todo tipo de maleficios.
─Interesante. Cuando yo tenía tu edad, también me encantaba leer cuentos fantásticos que me llevaban a otros mundos, en los que podía ser una bruja o una reina…
─¡Sí, yo imagino que soy el más fuerte de los caballeros! Sobre un hermoso corcel blanco─ dijo lleno de orgullo
─Me lo puedo imaginar muy bien, y serías, sin duda, un muy hermoso caballero.
Henry sonrió con alegría y sus ojos brillaron imaginándose galopando hacia su castillo.
─¡Este es mi preferido!─ dijo Henry cogiendo un libro del estante ─Habla de un joven muchacho que sueña con convertirse en caballero…
─Oh, no lo conozco
─¡Puedo prestártelo si quieres!
Regina estaba conquistada por este pequeño jovenzuelo de habla franca y mirada tan expresiva. Inmersos en su conversación, no escucharon que Emma subía a buscarlos. La joven rubia no hizo ruido para observar sus interacciones. Henry era arisco y algo solitario. Tenía pocos amigos, pues era diferente a los demás: rata de biblioteca, superdotado, primero de la clase…Y sobre todo: nieto de la alcaldesa e hijo de la adjunta del sheriff.
Emma sonrió, enternecida con la escena: Regina parecía cómoda con su hijo. Se dio cuenta de que no conocía gran cosa de esa mujer, mientras que ella ya le había soltado toda su vida la noche anterior. ¿Y si Regina usaba eso para su reportaje? Aunque fuera una ciudad pequeña, no todos estaban al corriente por todo lo que había pasado…
Prefirió alejar esa idea y tocó suavemente para captar la atención de los dos.
─La cena está lista
─¡Ya vamos, mamá!
Emma y Regina intercambiaron una sonrisa cómplice y la joven morena se levantó, seguida de Henry y los tres bajaron al comedor.
─Espero que no sea demasiado exigente
─Como con los ojos, no tengo de qué quejarme
El plato era ordinario, estaba claro que la pasta se comería cualquier día de la semana, pero Regina en verdad no tenía la costumbre de comer tanto y sobre todo de estar tanto tiempo a la mesa, ya que comía en restaurantes o cualquier cosa rápida.
─No tengo postre, lo siento
─No pasa nada. Y para ser franca, estoy llena, estaba muy bueno. Y se ha arriesgado
─¿Ah sí?
─Soy italiana, la pasta es una religión
─¿En serio? Pero, ¡podría habérmelo dicho!
─No quería meterle una presión inútil─ sonrió Regina
─Mierda…¡Qué vergüenza si la llegó a cagar!
─Pero no la ha cagado, como usted dice, así que todo bien
Cuando Emma vio que Henry bostezaba, le hizo una señal al hijo para que fuera a acostarse. Evidentemente el pequeño, muy feliz por tener una invitada, refunfuñó su desacuerdo.
─Hey, recuerda que mañana hay clase, y tienes que acabar la carroza
─¿La carroza? Ah, sí, el desfile─ respondió Regina
─¿Va a estar allí?─ dijo alegre Henry
─Por supuesto
Emma se contuvo de decir que era mucho más por el reportaje que por un interés personal. En lugar de eso, despeinó los cabellos de su hijo.
─Venga, di buenas noches a Regina y a la cama
El pequeño asintió, se giró hacia la bella morena y tras darle las buenas noches, subió a su habitación. Cuando Emma comenzó a recoger la mesa, Regina se levantó para ayudarla.
─¿Qué?...No, no, no, usted es la invitada
─Por favor. Es lo menos que puedo hacer. Sinceramente esto no me molesta para nada.
Emma suspiró, pero la dejó hacer y juntas recogieron. Emma metió lo que había sobrado de los macarrones en un recipiente hermético mientras que Regina tiraba los desechos a la basura.
─Miss Swan, ¿dónde coloco esto?
─Emma
─¿Perdón?
─Llámeme Emma, es menos formal. Con el Miss Swan tengo la impresión de tener 40 años.
─Bien, creo que es juego limpio…Después de todo usted me ha llamado dos veces por mi nombre─ sonrió Regina
─¿Qué?
─Lo ha dicho hace algunos minutos con Henry, y lo dijo también cuando…el incidente delante de Granny's
Emma se quedó pensando y, como si los hechos le acabaran de golpear en pleno rostro, desorbitó los ojos casi de espanto.
─¡Oh, mierda, lo siento! Era…En fin, solo era…por el pánico
─No pasa nada
─…
─Miss Swan, le aseguro que no hay ningún problema
─Entonces llámeme Emma─ sonrió ella traviesa
Regina, divertida, suspiró ligeramente.
─Muy bien, Emma. Siempre que usted siga usando el mío
─¡Trato hecho, Regina!
Intercambiaron una sonrisa antes de que Henry bajara las escaleras apresuradamente.
─¡Mamá!
Las dos jóvenes, sorprendidas, se sobresaltaron.
─¿Henry? ¿Qué?
─¡Está nevando!
Emma sonrió aliviada.
─¡Me has asustado, idiota! Estamos a comienzos de diciembre, no es nada sorprendente─ se giró hacia Regina ─Estaba anunciado una ola de frío.
─¡No, nieva de verdad, mira!
Emma echó una ojeada por la ventana.
─Oh, vaya…Mierda, cuánto ha caído en dos horas
Regina la siguió y, sin prestar atención, se acercó tanto que se pegó a la espalda de Emma para mirar también por ventana.
─Oh…No debería tardar en volver al hostal
Emma se giró y se dio de cara con ella.
─Oups, perdón…─ dio un paso hacia un lado, las mejillas sonrosadas por esa repentina proximidad ─Yo…La llevaré…Henry, tú te quedas aquí
El pequeño arqueó una ceja antes de sonreír.
─Me asombraría que pudieras ir muy lejos…La nieve llega hasta la mitad de las ruedas.
Emma, sin decir una palabra, cogió su abrigo y salió, bajo la mirada inquieta de Regina.
─¿No corre peligro?
─Oh no, solo el riesgo de un resfriado.
Algunos segundos más tarde, Emma volvió, cubierta de copos de nieve. Se sacudió y tembló.
─Mierda, calor no hace
─¿Entonces?
─La buena noticia es que no parece que sea un impedimento para los días que vienen. Hay posibilidad de que mañana todo esté despejado.
─¿La mala?
─Por esta noche, es imposible
─¿Imposible?
─No voy a correr el riesgo de conducir de noche con la que cae.
─Pero…¿Y yo?
─Bah…Solo veo una solución: se quedará a dormir esta noche aquí
─…
─Nada de pánico, tengo ropa y lo necesario para la higiene. Francamente, conozco el sitio y el tiempo, y no arriesgaré mi vida ni la suya para que vaya a dormir a un hostal. Y dicho sea de paso, la cama del cuarto de invitados es mucho mejor.
─Muy bien─ resopló Regina ─Yo tampoco pretendo arriesgar mi vida
─¡Bien! ¡Se queda, genial!
─Hey, tú deberías estar en la cama desde hace tiempo. ¡Venga!
El pequeño midió entonces su entusiasmo antes de subir de tres en tres los escalones.
─Bueno…Le enseño donde va a dormir
─Entendido
Subieron a la primera planta, y Emma se detuvo delante de una puerta.
─Esta es mi habitación, voy a buscarle algo para dormir.
La curiosidad empujó a Regina a echar un ojo en la estancia para ver cómo era y cuando escuchó que Emma regresaba, se volvió a colocar como estaba, fingiendo no haberse movido.
─Tome, espero que le sirva. No tengo gran cosa y no soy muy friolera…
Ella le pasó un short gris y una camiseta ancha.
─Perfecto, gracias
Aliviada, Emma la condujo a la planta superior.
─Tiene un pequeño cuarto de baño, pero si desea tomar un baño antes que una ducha, le prestaré el mío─ abrió la puerta y una habitación bastante sencilla y sobria se ofreció ante ella ─Todavía no está acabada. Aún trabajo en la decoración. Es posible que se convierta en la habitación de Henry cuando sea más grande
─Buena idea
─Oh, tiene en el armario mantas extras. Toallas limpias en el cuarto de baño. En uno de los cajones, hay un cepillo de dientes y dentífrico.
─Gracias, Emma
─Imagino que mañana tiene cosas que hacer. En cuanto las carreteras estén despejadas, la llevaré al centro de la ciudad
─Ningún problema
─Bien…Buenas noches
─Buenas noches, Emma
Intercambiaron una sonrisa antes de que Emma diera un paso hacia atrás y Regina cerrara la puerta. Ella se quedó unos segundos con la mano sobre la puerta, antes de girarse hacia la habitación. Se desvistió y dejó sus cosas sobre la mecedora que había en una esquina. Se puso el short y la camiseta, otra vez poco habituada a llevar esas cosas, ya que estaba acostumbrada a usar pijamas de satén, camisones más femeninos, pero bueno…Allá donde fueres, haz lo que vieres, pensó ella.
Se acostó en la cama y tuvo que darle la razón a Emma: esa cama era mucho más cómoda que la del hostal, incluso agradable. Había sido un día duro y por eso se quedó dormida casi inmediatamente.
Cuando abrió los ojos, no creyó sino haber dormido unos minutos. Solo la luz del día, entrando a través de las cortinas, la despertó definitivamente. Miró su reloj: casi eran las nueve de la mañana. Hacía mucho tiempo que no había dormido tanto. Se levantó y de repente un buen olor a tortitas calientes le entró por la nariz. Bajó y se encontró a Henry degustando su desayuno y a Emma acabando una pila de tortitas.
─¡Hey, hola Regina!
─¡Regina!
─Buenos días a todo el mundo
Emma se quedó pasmada durante uno segundos ante la apariencia de la bella morena: era la primera vez que veía sus piernas, desmaquillada y con el pelo revuelto. Y debía reconocer que estaba bien lejos de ser desagradable a la vista.
─¿Emma?
─Hm…Oh, perdón, euh…¿Quiere desayunar?
─Con mucho gusto
Sin esperar, Emma depositó delante de ella un plato guarnecido con tres tortitas. Regina sonrió y cuando Henry le pasó el sirope de arce lo aceptó con gusto.
─Hey, Regina, he tenido una idea para el reportaje
─¿Ah sí?─ dijo divertida la bella morena arqueando una ceja ─Dime
─¿Y si viene conmigo a la escuela? Así podrá ver las carrozas casi terminadas
─Henry, no estoy segura de que Regina tenga tiempo para eso…
─La verdad es que…Es una muy buena idea─ dijo Regina, para gran sorpresa de Emma
─¿Lo cree?
─Sí, desde la concepción hasta el final, lo encuentro interesante
─¡Yes! ¡Mis compañeros se pondrán muy celosos!
─Henry, ve a prepararte, por favor, dentro de un rato salimos
─Okayyyyyyy…─ canturreó mientras bajaba del taburete y subía a las prisas las escaleras dejando a Emma y Regina solas
─¿Algún problema?─ preguntó Regina
─¿Perdón?
─No parece que vea bien que vaya a la escuela
─Es solo que…No quiero que Henry aparezca en su reportaje─ Emma suspiró y se sentó frente a Regina ─Aún tengo ese miedo de que su padre aparezca un día y reclame sus derechos
─¿No la abandonó incluso antes del nacimiento de su hijo?
─Sí, lo sé, es un miedo idiota, pero…Creo que siempre tendré esa duda….Hasta que Henry no tenga edad para decidir por él solo, prefiero no exponerlo.
─Es comprensible y respetaré su elección
Emma echó una ojeada hacia la ventana.
─La nieve empieza a derretirse, en una hora deberían estar las carreteras practicables.
─El tiempo para prepararme. Voy a llamar a Peter para que se una conmigo en la ciudad─ se levantó, con el plato vacío en la mano que Emma tomó, acto que hizo que sus dedos se tocaron y se estremeciera. Sus miradas se clavaron la una en la otra y durante una fracción de segundo, Emma creyó que Regina se acercaría…Pero finalmente la bella morena carraspeó antes de retroceder ─Voy a prepararme
─Sí…Yo también…
Regina desapareció y Emma se golpeó la frente con la mano.
─Mierda, pero, ¿qué coño haces, Swan?
No debía aventurarse en eso, era arriesgado…Arriesgado y totalmente inútil: ellas no tenían nada en común. Ella amaba la calma y la naturaleza, los paseos a orillas del agua; Regina era una hija de la ciudad, acunada por las sirenas de la policía y las pitas. Además, una vez haya acabado su reportaje, Regina se volvería a marchar a Nueva York y Emma no tenía intención de entablar una relación a distancia.
En cuanto a Regina, de nada que hubo cerrado la puerta de su habitación, soltó un suspiro que estaba conteniendo desde la cocina sin saberlo. Sí, tenía que admitirlo, Emma Swan era una mujer magnífica, con un fuerte carácter y un recorrido atípico. Y para coronarlo todo, Henry era un muchacho adorable con quien enseguida había creado un lazo. Sacudió enérgicamente la cabeza: no, tenía que parar con esto. No tenía tiempo, no debía tener tiempo. Aunque Emma era más que deseable, no debía olvidar su objetivo principal.
A pesar de todo, las últimas horas regresaban sin cesar a la mente de Regina: comer en una mesa en familia, compartir un momento de complicidad con Henry…Con Emma. Fue sacada de sus pensamientos por el ruido de su teléfono.
─¿Diga?
─Regina, ¿dónde está? Estoy tocando a su puerta desde hace diez minutos
─Oh…No estoy ahí
─¿Ah no?
─Yo…Me levanté con la aurora…Salí a pasear y…He tenido una idea
─¿Cúal?
─Únase conmigo en la escuela elemental de Storybrooke
─¿Por qué?
─No haga preguntas, venga
─De acuerdo, jefa
Regina colgó y bajó encontrándose ya a Henry y Emma listos para salir.
─Las carreteras han sido despejadas, podemos irnos
─Muy bien
─¡Regina, es guay que venga!
─Estoy contenta de ir, de verdad
Subieron los tres al coche de la bella rubia y se dirigieron a la escuela de Henry. Cuando se detuvieron delante, fue el pequeño quien guió a las dos mujeres hacia el gimnasio donde estaban colocadas las carrozas para el desfile que tendría lugar a finales de semana. Regina estaba impresionada por las carrozas presentes: partiendo de remolques, algunas carrozas ya estaban casi acabadas.
─¡Esa es la mía!─dijo Henry señalando con el dedo una carroza que representaba el polo norte con la nieve de poliestireno, una casa de madera, un iglú, e incluso pingüinos pescando en un agujero del hielo.
─¡Es magnífica!
─Lleva semanas en eso─ le susurró Emma ─Le ha dedicado mucho tiempo
─Se nota, es magnífica
─¡Regina, venga!─ gritó Henry desde el otro lado del gimnasio, cerca de su carroza. Regina no perdió un minuto y se unió a él, bajo la mirada atenta de Emma
Algunos minutos más tarde, llegó Peter, cámara en mano.
─No grabe a mi hijo. Y si no tiene elección, lo corta en montaje, ¿entendido?
─Bien, madame─ El tono incisivo de Emma no deja elección a Peter ─Ok. Es una suerte que Regina tenga oportunidad de venir a grabar aquí
─Oh, cuando mi hijo tiene una idea en mente…─ dijo irónica Emma
─Regina ha tenido suerte de llegar justo aquí
─Oh, bah, no le ha costado tanto. Yo no tenía la intención de arriesgar mi vida para llevarla al hostal─ sonrió Emma
─Euh…¿Qué? En fin, quiero decir…Sí, seguro. Si usted no hubiera estado ahí…
─Ciertamente ha dormido mejor en mi casa que en el hostal. Adoro a Granny, pero sus colchones están fofos y sus somieres chirrían.
Peter frunció el ceño, pero se contuvo de dar ninguna observación. Se unió a Regina y le dijo las instrucciones de Emma con respecto a Henry.
─Ah, sí, estoy al corriente, también me lo ha dicho.
─Hm…
─¿Algún problema, Peter?
─No, no…Por cierto, ¿cómo ha llegado tan rápido?
─Oh, euh…El sheriff, me lo he cruzado de camino. Yo buscaba a Miss Swan y me dijo que ella se encontraba aquí con su hijo. Pensé que sería buena ocasión para hacer un barrido por los niños. Después de todo, Navidad está hecha para ellos, ¿no?
─Exacto. Astuto de su parte y el sheriff cayó en el momento oportuno─ dijo él, suspicaz
─Sí, eso seguro. Bueno, al trabajo.
Y eso hicieron Peter y Regina: durante toda la mañana, se quedaron cerca de los niños y de las carrozas. Peter, muchas veces, miró discretamente las interacciones entre Henry y Regina, presintiendo que algo pasaba. Cogió discretamente varias veces su teléfono para grabarlos juntos, y también a Regina con Emma, quien a menudo se ponía al lado de la morena explicándose mutuamente cómo se desarrollaban las cosas. De esa manera, Emma anunció que el desfile tendría lugar el fin de semana siguiente, que para la ocasión toda la ciudad salía a la calle y las carrozas desfilaban por la calle principal, después habría una pequeña fiesta con puestos atendidos por los mismos niños: dulces caseros, bebidas, pero también talleres hechos para y por los niños. Era Navidad anticipada.
Cuando llegó la hora de almorzar, Henry impuso la presencia de Regina y Emma no tuvo elección sino de invitarla a ella y a Peter. Pero este último declinó la invitación, diciendo que tenía que hacer los primeros rushs de la emisión antes de que fuera lanzada esa misma noche.
Y de esa forma, Regina, Henry y Emma se encaminaron al Granny's.
─¡Oh, Miss Mills! ¿Cómo está usted?
─Bien. Gracias─ sonrió Regina a la anciana que acababa de salir de detrás del mostrador para acercarse a ellas.
─La gente no habla sino de lo que pasó ayer y de su gesto
─Oh, bien…Yo…Fue algo normal
─¡Es mi salvadora!─ dijo Henry, orgulloso
─Oh, tú, jovencito, espero que tu madre te haya dado un rapapolvo…
El muchacho se encogió entonces sobre sí mismo y se dirigió a una mesa, mientras que Emma se acercaba a la anciana.
─No te preocupes, creo no volverá a hacer nada parecido tan pronto
Después ellas se unieron a Henry.
─Entonces, ¿qué pedimos?
─Lo de siempre para mí─ sonrió Emma
─¿Lo de siempre?─ pregunto Regina, abriendo la carta
─Hamburguesa de queso con bacón, patatas fritas y refresco
Regina hizo una mueca
─Hm, no gracias…
Algunos minutos más tarde, llegó el pedido y Emma salivaba de antemano. Cuando vio la ensalada César de Regina, sonrió
─¿Es de las de mantener la línea? Por la tele, supongo…
─No, en realidad no. Pero si tengo que elegir, prefiero cosas más sanas.
─¡Eso es porque nunca ha probado las hamburguesas de Granny!
─Usted no ha probado nunca los perritos de casa Francis
─No, pero estoy segura de que no superan a las hamburguesas
Regina arqueó una ceja, divertida.
─No es de dejarles la última palabra a los demás
─En realidad no─ sonrió Emma ─Pruebe
─¿Perdón?
─Venga, muerda un poquito
─Pero…
─¿Qué? Aún no la he tocado…
Regina adquirió una expresión circunspecta antes de que Henry dijera
─¡Venga, Regina, le va a encantar!
La joven se sintió entonces acorralada y tomó el plato de Emma antes de cortar un trozo y llevárselo a la boca con un tenedor y volver a poner el plato delante de Emma. Se lo comió y los Swan la miraban atentamente para ver su reacción.
─¿Y?
─…
─Sea franca
Regina tragó y se giró hacia Emma.
─Efectivamente está muy buena
─¡Ah, ah! ¡Se lo había dicho!─ sonrió orgullosa Emma
─Pero los perritos de casa Francis están también a la misma altura
─Ya, fácil decirlo, solo tenemos sus palabra
─Un día la llevaré
─¿Volverá?─ dijo entusiasmado Henry ─Tras el reportaje, ¿va a volver?
─Oh, euh…
─Es aún muy pronto para decirlo, Henry─ respondió Emma para salvar a Regina de una respuesta vaga.
─Oh…
Regina no dijo nada, para no hacer una promesa que seguramente no iba a cumplir. Porque sí, después de Storybrooke, ella se marcharía a Nueva York. En lugar de eso, comenzó a degustar su ensalada y la conversación se centró en los preparativos de Navidad.
─Mamá y yo tenemos la costumbre de tomarnos un chocolate caliente al borde del lago. ¿Ha estado en el lago, Regina?
─No, aún no…
─¡Podría enseñárselo!─ dijo alegre el pequeño
─Henry, ella está ocupada…
─Bah, es para su reportaje, así lo ve todo
─Ya…¿Estás enamorado o qué?
Henry entonces se tensó, sus orejas adquirieron un color púrpura.
─¡No digas tonterías!─ se enfadó
─Bromeaba, Henry…
─¡Yaaaaaaa! ¡Además, eres tú la que estás enamorada!
Emma se calló y miró a su hijo, tan incrédula como Regina.
─¿Qu…Qué? Pero, ¿qué…? ¡Tonterías!
─¡Ves, no es guay!
─Ok, ok…Lo siento
Henry se puso de morros antes de que Regina pusiera su mano sobre la de él.
─Eres demasiado joven para mí, pero si tuviera tu edad, me habría sentido honrada
Con algo más de ánimo, Henry se enderezó
─¿De verdad?
─Eres un pequeño encantador, atento, bien educado e inteligente. Eres el hombre ideal, ya sabes. Cuando crezcas, tendrás tal éxito que tu madre tendrá problemas.
Henry sonrió antes de atacar con fervor su hamburguesa. Emma se inclinó hacia Regina y le susurró un "Gracias" que hizo sonreír a la bella morena. La comida transcurrió en calma entre risas y descripciones de la ciudad y de las actividades que faltaban. Después, llegó el momento del postre y Ruby se hizo presente, carta en mano, y la mirada insistente fija en Regina.
─¿Qué queréis?
─Un banana Split para Henry y para mí. ¿Regina?
─Hm…Una crep de chocolate.
─Muy bien, ya os lo traigo─ sonrió la bella camarera guiñándole discretamente un ojo a Regina, pero no pasó por alto para Emma.
─Entonces…Veo que ha se ha mezclado con el populacho local
─¿Hm?
─Ruby
─Oh…
─Se rumorea que cenaron juntas
─¿Ah sí? Las noticias corren rápido aquí
─Digamos que es una pequeña ciudad y que todo el mundo se conoce…Así que cuando una extraña aparece…
─Efectivamente pasamos la noche juntas
─La noche…
Regina sonrió
─¿Celosa?
─¿Qué? No, usted hace lo que quiere…Quiero decir, ¡Ruby es una gran chica!
─Así es. Pasé una excelente noche
─…
Ella no sabía por qué, pero la expresión ausente y algo ceñuda de Emma la había sorprendido tanto como le gustaba, sin saber de verdad la razón. Cuando Ruby regresó con los postres, Regina no se privó en insistir con su sonrisa hacia la bella camarera. Emma entonces tragó en seco antes de hundir su nariz en su postre sin decir una palabra más.
Cuando el almuerzo acabó, Regina se separó de los Swan para pulir su reportaje. Prometió volver a la escuela para poder seguir los últimos preparativos de su carroza antes del desfile.
─Bien, hasta luego, entonces─ dijo Emma
─Hasta luego
Pero antes de salir de Granny's
─¡Regina, espere!
La bella morena se giró, al igual que Emma, más por curiosidad que por interés, pero cuando vio que era Ruby quien corría hacia Regina, desvió la mirada, molesta.
─¿Sí?
─Hey…Me decía…¿Qué hace esta noche? ¿Le apetece una copa…o…una cena?
Regina sonrió, conmovida por tener tanta atención por parte de la hermosa camarera. ¿Pero debía dejarse seducir? ¿Qué mal había? En definitiva, no gran cosa, entonces, ¿por qué vacilaba? Su celebridad podría salir perjudicada, pero no era eso…Había otra cosa, algo más profundo, pero a lo que todavía no sabía ponerle nombre.
─¿Y…?
─Hm, ¿por qué no? Sí, por supuesto
─¡Guay! Nos vemos por fuera del Granny's en…¿dos horas?
Regina miró su reloj y sonrió
─Perfecto
Ruby le cogió la mano y le depositó un beso, para gran sorpresa de Regina, mientras que Emma, que había asistido con discreción a toda la escena, reviró los ojos, divertida por la empresa de su amiga. Después salió del restaurante y algunos segundos después, Regina hizo lo mismo.
─Definitivamente, parece que se llevaban bien─ dijo Emma con un tono socarrón
─Ciertamente…Quizás encuentre finalmente un encanto a Maine
─Ah, ah…Ya…Un encanto…
Regina no sabía por qué, pero la actitud de Emma era extraña. ¿Estaba molesta de que Ruby coqueteara con ella? Después de todo, ellas eran mejores amigas…Quizás tenía miedo de que Regina se aprovechara de ella. Sin embargo, ella tenía la impresión de que más bien era Ruby quien se aprovechaba de ella y no a la inversa.
─Bueno, buen resto del día, Emma. Nos vemos mañana
─¿Mañana?
─Le prometí a Henry que pasaría de nuevo por su escuela para ver los avances de la carroza
─Ah, sí, es verdad. Probablemente yo no estaré. Pienso dejar a Henry y marchar a la comisaría.
─Oh, ok. Entonces…Hasta pronto.
Regina se alejó y cuando regresó a su habitación, envió la próxima emisión, centrada en la carroza de Henry. Satisfecha con su trabajo, se recostó para descansar, pero su teléfono sonó.
─¿Diga?
─Regina, soy Glass
─Oh, jefe, qué honor
─Quería felicitarle por el índice de audiencia de las primeras emisiones. No sé si se lo han dicho, pero sus reportajes han conseguido un gran éxito, se encuentra entre los favoritos.
─Me alegra mucho. ¿Usted lo dudaba?
─No, evidentemente que no. Sabía que la calidad estaría. Y estoy contento también de que haya abandonada esa idea del escándalo
─¿Quién dice que la he abandonado?
─Ciertamente no lo necesita. Se lo he dicho, de momento es la número 1
─Es ese "de momento" lo que no me tranquiliza. Quiero asegurarme el primer puesto hasta el final.
─Regina…
─No se preocupe, sé lo que hago
─Cambiemos de tema. Me gustaría que Peter hiciera los próximos montajes.
─¿Por qué?
─Me gustaría que él se forme a su lado. Además, es más que capaz de encargarse de eso en su lugar.
─…
─Regina, no la estoy alejando, solo quiere formar junto a una de las mejores a un joven prometedor que, probablemente, firme con nosotros después de esta emisión.
─Dorarme la píldora no sirve de nada
─…
─Muy bien, muy bien. Se las dejaré hacer a partir de ahora
─Perfecto. Continúe así, la emisión nunca ha tenido tanto alcance.
─¡Bien, jefe!─ sonrió Regina
Colgó la llamada con un gusto amargo en la boca: se sentía timada y desposeída de su emisión, pero al mismo tiempo, eso le dejaría mucho más tiempo para encontrar escenas, planos y temas para llenar los próximos días. Dejando eso de lado, se relajó tomando una ducha y vistiéndose para esa noche pensando en la cena que iba a tener con Ruby. Se preguntó hasta dónde podría llegar con ella antes de que las cosas se complicaran demasiado. ¿Podría permitirse coquetear con ella? ¿Pasar una o más noches con ella? ¿Lo quería de verdad? ¿Era un juego? Y así fuera, ¿quién estaba finalmente jugando?
Cuando llegó la hora, Regina cogió su abrigo, su bolso y se reunió con Ruby que ya la esperaba en la terraza de Granny's.
─Hey, en punto
─Como siempre. Entonces, ¿qué había previsto?
─Esta vez no seré muy original, le propongo el Granny's
─¿De verdad? ¿Creía que no quería estar en su lugar de trabajo?
─A veces hay que hacer excepciones. Además…He terminado más tarde de lo previsto, así que siento mis pintas.
─No pasa nada. Vamos.
Ruby abrió camino y Regina la siguió. Se sorprendió al no ver a nadie dentro.
─Pero…
─Oh…Olvide decírselo. El Granny's cierra antes los jueves─ sonrió ella
─¿Ha abierto el restaurante solo para nosotras?
Como única respuesta, Ruby sonrió antes de invitarla a sentarse.
─Quizás. Evidentemente, no hay carta esta noche, pero espero que la selección de que he hecho le guste
─No tengo ninguna duda
─Entonces, ya vengo
Ruby se eclipsó algunos segundos en la cocina, dejando a una Regina divertida. No tuvo que esperar mucho tiempo, ya que la bella camarera regresó rápidamente con dos platos hondos.
─Parmentier de salmón. Es mi especialidad
─¿De verdad?
─Pruébelo y ya me dice
Regina se llevó un poco a la boca. Y evidentemente no pasó por alto señalar el logro de la joven.
─Escuché decir que ha pasado la mañana en la escuela de Henry. El desfile de carrozas es una de las actividades más bonitas de la ciudad.
─Efectivamente
─Es bastante madrugadora…
─La nieve no me ayudó a que pudiera dormir hasta más tarde
─¿Cómo es eso?
─Miss Swan me acogió en su casa
Ruby arqueó una ceja.
─¿Ha dormido en casa de Emma?
─Tras el incidente con Henry, me invitaron a comer en su casa. Pero durante la noche, la nieve cayó intensamente, impidiéndome volver al hostal. Ella, amablemente, me propuso quedarme a dormir.
─Ah, ya veo…─ Ruby se pellizcó el labio inferior ─¡Vuelvo con otro plato!
Algunos minutos más tarde, Ruby volvió de nuevo con dos platos.
─Bourguignon
─Oh…Estoy impresionada
─¿Por qué? ¿Piensa que solo comemos cereales y carne de caza?─ dijo irónica Ruby
─En absoluto
─Estaba de broma. Entonces, dígame qué piensa
Regina saboreó con placer.
─Perfecto. Realmente es la reina de los fogones
─Es mi trabajo─ sonrió Ruby ─Como dice mi abuela, soy un buen partido.
─Me lo imagino
─Aunque tendría que encontrar a la persona adecuada. Esto es algo limitado, sobre todo para una persona como yo.
─¿Cómo usted?
─Bisexual
─Oh…
─¿Algún problema?
─Ninguno, pero efectivamente, cuando se vive en un pequeño pueblo de Maine, las posibilidades son limitadas
─Somos más de lo que cree…
─¿Ah sí?
─Emma
Regina se tensó y miró fijamente a Ruby
─¿Perdón?
─Síp─ dijo Ruby mientras bebía un gran sorbo de su refresco
─¿No le traerá problemas si se entera de que habla de ella con una desconocida?
─Emma no tiene ningún problema con eso, y todo el mundo está al corriente. Es más, creía que usted lo sabía, tras haber pasado la noche en su casa. Es sorprendente que no le haya hablado.
─Quizás porque ni amigas somos. Apenas nos conocemos.
─Y sin embargo la invita a dormir a su casa─ sonrió Ruby ─Pero no tengo ningún problema con eso. Emma y yo somos amigas, y jamás nos pisaremos el terreno la una a la otra.
─¿Qué quiere decir?
─Si acaso usted y Emma…En fin, ya sabe, si hay un interés común…
─Pare, no es el caso.
─¿De verdad? Me preguntó si es recíproco
─¿Y eso qué significa?
─Usted es completamente el tipo de Emma, ya sabe
Regina estalló en una carcajada.
─Claro, desde luego…Me alegra sobremanera.
─No es broma. Ella es bastante salvaje a menudo. Así que saber que la ha alojado…Es muy sorprendente.
─Para decir la verdad, fue Henry quien insistió, su madre no hizo sino seguir sus deseos.
─Mucho mejor si tiene a su hijo en el bolsillo
Regina reviró los ojos.
─¿Está usted celosa?
─Un poco sí. Pero es verdad que no puedo competir con Emma─ sonrió ─Aceptaré mi derrota
─¿Competición? ¿Derrota? ¿Acaso soy una batalla que se puede ganar?
─Bien lejos de mí esa idea. Usted tiene mucha clase para liarse con una pueblerina
─Entonces, ¿qué espera de mí? ¿De nosotras?
Ruby sonrió
─No espero nada. Solo quiero lo que me puedan dar
─¿Se contentaría con una relación sin mañana…?
─Ya lo he hecho. Y a usted, ¿eso le molestaría?
─En realidad no…
Ruby sonrió y le cena siguió bajo un ambiente ligero. La hora tardía y las primeras señales de sueño en Regina indicaron que era hora de volver a casa. Ruby se propuso para acompañar a Regina al hostal y, al llegar frente al inmueble, la bella camarera se colocó frente a la morena.
─Bien, ha sido una velada encantadora…Una vez más
─Efectivamente
Ruby alzó la mano y acarició la mejilla de Regina y, sin aviso, se acercó y pegó lánguidamente sus labios a los de ella. Regina no la rechazó, aunque estaba sorprendida por su gesto, sino que al contrario, posó sus manos sobre las caderas de Ruby. Pero algunos segundos más tarde, ella la apartó educadamente.
─Ruby…
─¿No esta noche?─ sonrió ella
─No esta noche
─Dígame que al menos habrá una noche…
─…
Ruby suspiró, pero sonrió de todas maneras.
─Ok, ya veo…
─Ruby, yo…
─No, no, al menos ha sido honesta de parar antes de que fuera demasiado tarde.
─…
─Dígame simplemente una cosa: ¿Es por su fama? ¿Por la distancia? O solo…¿por otra persona?
─Ninguna de las tres. Aunque, tengo que ser franca, dudé antes de aceptar estas cenas, precisamente porque soy una persona de notoriedad pública en Nueva York…
─Pero, no es eso, ¿verdad?
─No, es…Complicado. Es otra cosa.
Ruby sonrió y suspiró de nuevo.
─Bien, al menos he tenido la oportunidad de besarla…─ Regina se sonrojó y Ruby siguió ─No se preocupe, nada cambiará y no le haré sentir que me dio la patada. Sé reconocer mi derrota y le agradezco el haber sido sincera.
─Lo siento una vez más
─Son cosas sobre las que no se manda, lo acepto. Aunque no lo éramos antes, quedamos como…¿amigas?
─Con mucho gusto─ suspiró Regina, aliviada
─Muy bien…Buenas noches, Regina. Hasta mañana
─Hasta mañana
Y Ruby se marchó, sola, y Regina la siguió con la mirada hasta que desapareció al doblar una esquina. Ella suspiró antes de subir a su habitación. Lo que no supo es que toda esa escena había sido seguida por un testigo…Testigo que, sin quererlo, desencadenaría muchas cosas en los días siguientes.
