Capítulo 3

Al despertarse, Emma no se imaginaba que su día iba a adquirir una importancia capital. Como todas las mañanas, se levantó, preparó el desayuno de su hijo y el suyo. Se preocupó de que estuviera listo a tiempo, después lo acompañó a la escuela donde tenía que acabar con los últimos preparativos antes del desfilé del día siguiente.

Después, pasaba siempre a coger su chocolate caliente con canela en Granny's antes de instalarse en su mesa en la comisaría. A continuación, hojeaba algunos casos que tenía en la mesa: vecinos pocos respetuosos, accidentes de coche, deterioros debido a la intemperie. Pero para hoy lo que más prisa corría era la caída abundante de nieve en esos últimos días. Muchos temían que el desfile de carrozas no pudiera celebrarse, otros pedían ayudan para despejar sus jardines, las entradas a los garajes…

―Hey, qué madrugadora esta mañana…―dijo David mientras colgaba su chaqueta en el perchero.

―Ya, he tenido que llevar a Henry al cole…

―Ah, las carrozas…Hablando de eso, el tiempo parece que será clemente hasta el fin de semana…Deberíamos tener calma en el desfile. He cogido a Leroy y a sus hombres para que despejen de aquí a mañana el mayor número de calles.

―Eso evitará que se emborrache desde por la mañana―sonrió Emma

David rió antes de ocupar su sitio, los pies sobre la mesa, imitando a su hija.

―Por cierto…Esa periodista parece que se ha aclimatado bastante a las costumbres locales―sonrió ―Estoy contento de que se sienta bien aquí, tenía miedo de que apareciera con una maleta cargada de prejuicios y mal humor. Después de todo, no se puede decir que Maine sea el destino ideal para los de ciudad.

Emma lo miró, sonriendo

―Sí…Se acomoda bien

―Más de lo que crees

―¿De qué hablas?

David quitó los zapatos de su mesa y se inclinó hacia su hija, casi obligando a Emma a inclinarse a su vez y poner la oreja.

―Estaba haciendo mi ronda anoche como todas las noches…Y al pasar por delante del hostal, vi a Regina Mills

―¿Y qué? No es nada nuevo, se hospeda allí

―Lo que es sorprendente es que no estaba sola…

Ya prestando más atención, Emma se inclinó un poco más

―¿Y?

―Ruby estaba con ella y estaban…muy cerca…De verdad muy cerca, si ves por dónde van los tiros.

Emma se enderezó y desorbitó los ojos.

―¿Ah sí? Es…Bah…Está bien. En fin, creo…Mejor para ella, para ellas. Si es lo que quieren, ya son adultas, después de todo.

―Sí…Espero que Ruby sepa lo que está haciendo…Sería desafortunado que hablaran de Storybrooke por algo que no se atuviera a las fiestas de invierno.

Emma se incorporó, con aire pensativo…Sí, durante el resto de la mañana, no dijo nada más, hundiéndose en los expedientes que la esperaban, escrutando la hora para no hacer esperar a su hijo. Cuando finalmente llegó la hora, se puso su chaqueta y, sin esperar, se fue a esperar a su hijo a la puerta de la escuela.

―Hey, entonces, ¿todo acabado?

―Sí, casi

―¡Guay! ¡Debes estar más tranquilo!―Pero al ver la expresión de desilusión de su hijo, ella perdió su sonrisa ―O no. ¿Algún problema?

―Regina no ha venido…Lo había prometido.

―Oh…―Emma se quedó sin saber qué decir: pensó en las palabras de su padre y en el hecho de que las había visto a las dos delante del hostal, bastante toconas…¿Acaso se les habría pegado las sábanas? ―Hey, no es grave, supongo que está bastante cansada. Desde su llegada, no ha parado.

―…

―Henry, te ha dado su palabra. Puede que vaya por la tarde…

―Ya…Espero, quiero de verdad que vea el resultado

―Vendrá

Emma hacía pocas promesas que no iba a cumplir, sobre todo a su hijo, pero esta la cumpliría como fuera.

Y como todos los mediodías desde el comienzo de las vacaciones, se dirigieron al Granny's. Emma no puedo evitar lanzar una ojeada hacia el mostrador y vio a Ruby en plena faena. Desvió enseguida la vista para dirigirse a una mesa con su hijo donde se sentaron.

―¡Hey, hola a los dos!―dijo Ruby

―¡Hola!

―Supongo que tomareis lo de siempre

―¡Exacto!

Ante el silencio de Emma, Ruby se giró hacia ella.

―¿Todo bien?

―Sí…

Pero ante la cara de pocos amigos de su amiga, Ruby no insistió más y se fue a pedir la comanda. Después, de repente la campanilla de la puerta sonó, haciendo que Emma alzara la cabeza y se crispara al ver a entrar a Regina.

La bella morena se dirigió directamente al mostrador y saludó a Ruby, quien hizo lo mismo, antes de girar su rostro y encontrarse con el rostro de Emma. Con una sonrisa, se dirigió hacia ella y su hijo.

―Hola, buenos días familia Swan

―No ha venido esta mañana…

―¡Henry!―dijo Emma ―Lo siento…―dijo ella girándose hacia Regina

―Oh…No pasa nada. Henry, te lo prometí e iré. He tenido trabajo esta mañana…Pero tengo toda la tarde para pasarla contigo.

―¿De verdad?―el rostro del pequeño se iluminó de esperanza ―¡Guay!

―Prometido. Almuerzo y enseguida soy toda tuya.

―¡Puede comer con nosotros!

―Henry, stop

―Oh, no, no, Henry, no quiero abusar. Almorzad en familia, nos vemos más tarde.

―Oh…

Ante la decepción de su hijo, Emma se sintió en la obligación de invitar a Regina.

―Quédese, en serio

―Yo…¿Está segura?

―Venga―sonrió Emma que se echó a un lado para que ella se sentara a su lado. Regina aceptó entonces y Henry casi aplaudía de excitación.

―Entonces, Henry, ¿has avanzado mucho?

―Sí, aún nos queda poner algunos detalles. Tenemos que hacer flores de papel.

―Interesante. Estoy ansiosa para que me lo enseñes.

―Aquí están los platos―Ruby se giró entonces hacia Regina ―Hey, hola―Regina hizo una ligera señal con la mano ―¿Vas a tomar algo?

―Hm… ¿fish&chips?

―¡Hecho!―dijo Ruby dándole unos golpecitos a Regina en el hombro, lo que no pasó desapercibido por Emma.

Algunos minutos más tarde, Ruby regresó y puso el plato delante de Regina, y la comida transcurrió en calma. Sin embargo, Emma no pudo evitar lanzar algunas miradas hacia Ruby mientras ponía la oreja para escuchar el diálogo entre su hijo y Regina.

―Podría enseñarle cómo se hace

―¡Por supuesto que sí!

―Mamá sabe

―¿Hm? Perdón, ¿decías?

―Hablaba de las flores de papel

―Ah…Sí, sé hacerlas

―Parece ida, ¿me equivoco?―dijo divertida Regina ―¿Otra vez ese…Leroy?

Emma rió

―No, por una vez, no

―Mamá, voy al baño

―Entonces…¿Pasó una buena velada?

―¿Perdón?

―Con Ruby

Regina arqueó una ceja.

―¿Lo sabe?

―Es una ciudad pequeña…

Regina sonrió de oreja a oreja, pero antes de poder responder, Ruby regresó.

―¿Postre?

―No, gracias, se me ha ido el apetito―dijo secamente Emma

―Regina, ¿postre?

―Un café

―Enseguida―sonrió Ruby

―Su interés en mis noches es un poco insistente―sonrió Regina

―Soy curiosa, es todo. Ruby es mi amiga, la conozco bien…Me pregunto lo que ve en una mujer como usted, es todo.

―¿Una mujer como yo?―dijo Regina asombrada

―Ya sabe: una cosmopolita que ama la circulación, el ruido, las lentejuelas y el mundo. Bueno, aunque, tiene el derecho a divertirse…

Ofuscada, Regina le habló de frente

―¿Discúlpeme? ¿Cómo se atreve?

―Hey, no se enfade, no la estoy juzgando…Ruby es una chica bonita y…

―Stop―Regina levantó la mano para callar a Emma ―No sé lo que se imagina, pero me da igual. Soy mayorcita, sé lo que hago y sobre todo, hago lo que quiero, con quien quiero

―…

Regina sintió como sus mejillas se enrojecían, después se levantó de un salto antes de coger su chaqueta y su bolso y de dirigirse hacia la salida, casi chocando con Ruby y tirando el café.

―Regina, tú…

―…no tengo tiempo, lo siento…

Ruby vio cómo Regina huía literalmente del restaurante. Se giró entonces hacia Emma.

―¿Cuál ha sido el problema?

Emma frunció la nariz y giró la cara.

―Nada

―Emma…

―Mamá, ¿dónde está Regina?

Henry acababa de volver del baño, haciendo que Ruby se cortara en sus palabras, volviendo detrás del mostrador.

―Ella…Ha recibido una llamada―mintió Emma

―Oh…Bueno, la veré dentro de un rato

Emma se pellizcó el labio inferior: después de todo esto, ¿aceptaría Regina ir a la escuela? Se lo había prometido a su hijo. ¿Lo iba a decepcionar no yendo?

―Termina tu hamburguesa…Ya vuelvo.

Emma se levantó y se dirigió al mostrador.

―¿Puedo hablar contigo?

Ruby suspiró y se giró hacia la cocina.

―Me tomo una pausa

Se quitó el delantal y salió de detrás del mostrador para ponerse su abrigo y seguir a su amiga al exterior. A pesar del frío del invierno, se sentaron a una mesa, quitando la nieve de las sillas.

―Te escucho

―¿Qué ocurre entre tú y esa Mills?

Ruby desorbitó los ojos.

―¿En serio?

―Habéis pasado la noche juntas

―Cenamos juntas―rectificó Ruby ―¿Y?

―…

―Emma, ¿hay algún problema? Tú y yo siempre hemos hablado de todo. Y hoy tengo ganas de darte dos tortazos por ese mutismo en el que te has instalado.

―Tú deberías tener cuidado…Saltar sobre la neoyorquina, no puede traer nada bueno

Ruby frunció el ceño y se enfadó

―¿Saltar sobre una neoyorquina? ¿Es eso lo que te imaginas?

―…

―¿Sabes qué? No tengo cuentas que darte, hago lo que me da la gana con mi vida y me tiro a quien quiera. Pero ya que eres como una hermana para mí, te diré francamente lo que pasa.

―Pues no me apetece, en serio

―Bah, pues lo vas a escuchar de todas maneras

―…

―Cenamos juntas, la acompañé al hostal. Nos besamos

―Super, feliz por las dos

―Y ella amablemente me rechazó

Emma la miró

―¿Qué ella qué?

―Me rechazó, me dio calabazas, me despidió con viento fresco, llámalo como quieras

―Pero…¿Por qué?

Ruby entonces rió irónicamente

―Es difícil dejarte llevar con alguien cuando tienes a otra persona en la cabeza

―¿Qué? Tú…Pero, ¿a quién?

―Yo no, tonta. Regina

―¿Regina?

―No es posible ser tan tonta y ciega. En serio, si no estuviera yo aquí, me pregunto qué sería de ti

―Pero, ¿de qué estás hablando?

―Regina. Le gusta otra persona

―¿Ah sí?

Ruby la miró fijamente

―¿En serio?

―¿Hein?

―Sois imposibles. ¡Tú, idiota! Le gustas tú

―¿Yo?―dijo Emma asombrada ―Pero…Ella…No, te equivocas

―Oh, no, créeme…Sé lo que digo. Se lee en su cara, en la tuya. Os gustáis, pero sois tan testarudas las dos, es desalentador.

―…

―¿Qué os retiene?

Emma entonces rió

―No lo sé: quizás la distancia, o ¿el hecho de que no tenemos nada en común?

―Son solo detalles. Ella ha puesto sus ojos en ti y tú, digas lo que digas, igual.

―Solo lleva aquí cinco días…

―A veces es suficiente con algunos minutos. Emma, sabes bien que yo no me metería nunca en tu terreno

―Os habéis besado…

―Lo intenté. Y ella confirmó mis dudas. Aunque ella aún no pone nombre a nada, hay algo que le impidió pasar la noche conmigo

―¿Y ese algo sería yo?

―Indudablemente―sonrió Ruby ―No sé lo que le has dicho, pero vas a tener que solucionarlo.

―¿Por qué hacerlo? Quiero decir, se quedará diez días más y se marchará…¿De qué serviría? Polvos de una noche ya los he tenido

―Quizás no lo sería

Emma rió

―Sí, claro, ella va a abandonar su carrera, Nueva York, una vida trepidante para enterrarse en el campo de Maine y ¿convertirse en qué? ¿Ama de casa? Y en cuanto a mí, no me imagino abandonando Storybrooke, ya lo hice una vez y pagué el precio…

―Comparas a ese estúpido con todos los neoyorquinos…Pero quizás sea la buena y ella haga que veas de otra manera la ciudad.

―¿Por qué eres tan insistente?

―Porque es la primera vez que siento que puede haber una posibilidad para que mi mejor amiga viva algo genial. Regina es una mujer fuera de lo común y solo veo a una mujer como tú para medirse con ella.

―…

―Emma, te lo ruego, date, al menos, una oportunidad.

―¿Para que ella se marche y no vuelva más?

―Para que viváis algo que podría cambiar las cosas. A veces basta con un detonador.

―…

―Mamá, ¿nos vamos?

La voz de Henry la sacó de sus pensamientos. Se giró hacia él y le aseguró ―Enseguida―antes de girarse hacia su mejor amiga ―¡Hasta más tarde, Ruby!

―Piensa en ello

Sin una palabra más, Emma abandonó el restaurante en compañía de su hijo para llevarlo a la escuela. Evidentemente, Regina no estaba allí y la decepción de su hijo empujó a la joven a llamar a su padre para decirle que pasaría el día con Henry.

Pero al cabo de una hora, y mientras las carrozas estaban casi acabadas, Henry que no había dicho una palabra se incorporó de repente y su rostro se iluminó.

―¡Regina!

Emma elevó la cabeza y se quedó estática al ver a la bella morena dirigirse hacia ellos, con una gran sonrisa dirigida a Henry.

―¡Lo siento, Henry! He tenido…Un impedimento

Emma veía claramente que Regina evitaba el contacto visual con ella y lo respetaba. En cuanto la morena estuvo con su hijo, Emma se mantuvo apartada, mirando con curiosidad la interacción entre su hijo y Regina. Su hijo no había sido tan locuaz con nadie desde hacía mucho tiempo. Así que verlo abrirse, y divertirse con una casi desconocida es lo que le daba miedo, la rapidez con la que se había encariñado con ella. Cuando llegue la hora y el reportaje haya acabado, Regina se marcharía y Emma ya temía las consecuencias que eso tendría para su hijo.

La media tarde pasó y Henry y Regina daban los últimos toques a la carroza del pequeño, todo bajo la mirada de Emma y de la cámara de Peter. Después, cuando todo hubo acabado, Henry estuvo visiblemente satisfecho. El resto de niños, a su vez, parecía que habían adoptado a la joven y cuando llegó la hora de la merienda que se había preparado para felicitar a los pequeños trabajadores, ellos invitaron a Regina a unirse a ellos. Evidentemente, Emma se quedó al lado de su hijo, intentando disfrutar de la menor ocasión para acercarse a Regina y hablarle. Pero por lo que se veía, la morena era rencorosa y visceral, evitando con agilidad y elegancia toda confrontación con la bella rubia.

Emma estaba frustrada, pero no había dicho su última palabra, y pensaba usar un aliado oportuno.

―Henry…Henry, cariño, ven acá

El pequeño se apartó de sus compañeros, ocupados de todas maneras en preguntarle mil cosas a Regina.

―¿Sí?

―Todos habéis trabajado muy bien, ¿no?

―Sí―sonrió el pequeño

―Regina ha sido muy amable de ayudarnos, hein…

―Sí

―¿No cree que sería una buena idea invitarla a pasar con nosotros lo que queda del día?

―¿Tú crees?

―Sí, sí creo―sonrió Emma, y Henry sonrió aún más ―¡Venga, ve a preguntárselo!

Henry corrió entonces hasta la bella morena.

―¡Regina, Regina!

―¿Henry?

―Estaría bien que viniera a comer a casa

―¿Qu…Qué?

―Para darle las gracias por habernos ayudado

―No hay de qué, no es necesario invitarme para eso―sonrió Regina desordenándole el pelo.

―Oh…

Ante la expresión desilusionada y los morritos del pequeño, el corazón de Regina se encogió.

―Henry…No quiero molestar…―lanzó una mirada furtiva hacia una Emma ocupada hablando con Peter, que parecía que le estaba enseñando los rudimentos del rodaje ―Henry…

―Por favor. Después ya no la molestaré más

―Tú no me molestas

―¿Entonces?

Ella suspiró: estaba dividida entre sus ganas de satisfacer al pequeño y el miedo de enfrentarse a Emma. Lanzó otra mirada hacia Emma, que de repente estalló en una carcajada, visiblemente, ante un chiste de Peter.

―Ok―resopló

―¡Bien!―Henry le saltó a los brazos, gesto que sorprendió a Regina que se quedó petrificada en el sitio, antes de que el muchacho la soltara y corriera hacia su madre. ―¡Mamá, mamá!

―Hey, cálmate… ¿Qué?

―¡Ha dicho que sí! Viene esta noche

―Ah…Guay. Ahora tengo que pensar en qué preparar ―dijo irónicamente ella

―¡Pizzas!―exclamó Henry volviendo con sus amigos

―Bah, no se puede decir que no tenga energía―dijo divertido Peter

―No tiene idea

―Supongo que hablaba de Regina, ¿no?

Emma arqueó una ceja.

―Podría…

―Parece que el niño le ha cogido cariño

―…

Peter sonrió

―Ya sabe, ella tiene una reputación de iceberg

―¿Iceberg?

―Es muy asocial. En el despacho es vox populi que Regina Mills es una muralla impenetrable―rió él

―Qué sorpresa―sonrió Emma

―Y en cambio, parece ser tan dulce y dócil junto a su hijo

―¿Dulce y dócil? ¿Hablamos de verdad de la misma persona?

―No se equivoque. Bajo su apariencia de frialdad, es una persona desconfiada y frágil.

Ante el tono más serio del joven, la curiosidad de Emma se avivó.

―¿Ah sí?

―No me toca a mí decírselo, pero si habla con sus allegados ahora mismo, le dirán que lo que ahora está pasando con ella es sorprendente e impensable. Así que da igual lo que pase, me siento feliz por eso.

―Parece que usted la aprecia.

―Tengo un gran respeto por ella. Es una excelente periodista, profesional, comprometida. A pesar de su fuerte carácter y su impresionante prestancia, sabe escuchar, es altruista a su manera. La gente la respeta como periodista, pero también como mujer.

Emma lanzó una nueva ojeada hacia Regina, que parecía, efectivamente, totalmente comprometida con la decoración de la carroza de Henry, escuchando las instrucciones del pequeño, sugiriendo incluso algunas mejoras.

―Sí, veo lo que quiere decir

Peter no respondió, pero esbozó una sonrisa. Escrutó las reacciones de Emma cuando esta lanzó una ojeada a Regina, y lo supo. Entonces cogió la cámara y filmó algunas secuencias para el próximo reportaje, sin dejarse ninguna carroza, ni a aquellos niños cuyos padres habían firmado la autorización.

Después, llegó la hora de cerrar el gimnasio y de que Henry y Emma volvieran a su casa. Pero antes de eso, el pequeño apuró a su madre para que alcanzara a Regina antes de que esta saliera a la calle.

―¡Regina, espere!

La bella morena se giró y vio a Henry correr en su dirección y llegar hasta ella casi sin aliento.

―¿Henry?

―¡No se olvide, eh! Esta noche, pizza

―No te preocupes―ella lanzó una ojeada a Emma que la miraba con una ligera sonrisa y una discreta seña de la mano, a la que ella respondió con otra igual de discreta.

―¡Va a ser guay! Y gracias otra vez por su ayuda

―De nada. Este desfile será soberbio.

―Henry, tenemos que irnos―dijo Emma a unos metros

―Ah, sí, por cierto, mamá dice que qué pizza le gustaría

―Oh…Digamos…¿Una cuatro quesos?

―¡Guay! ¡Hasta esta noche entonces!

Después desapareció, dejando a Regina con una sonrisa en la boca. Peter entonces se acercó a ella.

―Imagino que esta noche no estará libre

―Puedes guardarte tus alusiones para ti. Lo hago por Henry, porque él me lo ha pedido.

―Sí, claro―sonrió él ―Sea como sea, diviértase. Disfrute.

Regina arqueó una ceja.

―¿Qué era eso? ¿Un consejo?

―Quizás

―¿Qué eres? ¿Un elfo bueno de Papá Noel que da consejos?

―¿Y por qué no? Se merece lo que le está ocurriendo

―¿Y qué me está pasando?

―Esta emisión, este reportaje, esta ciudad…Esta familia

Regina se crispó ligeramente

―¿Perdón?

Peter suspiró

―Nada

Regina no insistió, quería cambiar de tema. Y sin embargo, una vez que se separaron, y que hubo vuelto a su habitación, las palabras de su joven aprendiz volvieron a su cabeza. Pensó en los Swan, en ese niño por quien sintió un flechazo inmediato, y esa rubia impetuosa que tenía el don de que resurgieran en ella sentimientos apasionados.

Pero apenas hubo tocado el colchón, ya era hora para prepararse: vaqueros negros y un suéter escarlata, pues sabía que el rojo era su color predilecto. Se recogió el cabello en una cola de caballo, algo a lo que no estaba acostumbrada, se dio unos ligeros toques de maquillaje, y salió del hostal para dirigirse a la casa de los Swan.

Cuando tocó y Emma abrió, Regina contuvo el aliento.

―Buenas noches, justo a la hora. Entre―la bella morena asintió y entró ―Deme su abrigo.

―Tenga

Emma se pellizcó los labios: Regina estaba magnífica, el rojo le iba como un guante. ¿Lo había hecho adrede o fue por puro azar? Regina le daba la espalda, como si estuviera buscando a Henry en el salón.

―Está haciendo los deberes―Regina se giró entonces hacia ella ―Le gusta hacerlos al comienzo de las vacaciones para estar tranquilo después―sonrió ella

―Bien pensado

―Sí, yo era más bien de esperar al último momento para hacerlos, y disfrutar al máximo de las vacaciones

―No me asombra en absoluto.

Emma entonces inhaló, tomando el toro por los cuernos.

―Regina…Quería excusarme―cuando comprendió que tenía la atención de la bella morena, continuó ―Jamás debí decir lo que dije, y mucho menos de aquella manera. Fue maleducado, torpe e irrespetuoso. Así que…Una vez más, ¿me disculpa?

―Fue algo lejos…Pero gracias. Soy bastante cortada cuando se trata de hablar de mí

―No, no escuche…Usted puede hacer lo quiera con su vida, yo no tengo, sin duda, ningún derecho de decirle qué hacer ni con quién.

Regina entonces sonrió

―Y visiblemente hacer algo con su mejor amiga le molesta un poco.

―No, no, es…No es eso…Yo…Es solo que…

Como vio que el tema era sensible, pero deseosa de rascar algo más la superficie para conocer la verdad, dio un paso hacia delante, acercándose a la bella rubia.

―¿Es solo qué…Miss Swan?

¿Debía Emma poner las cartas sobre la mesa desde ya? ¿Tendría otra oportunidad?

―Es solo que…Ruby…Usted…

―¡Regina!

Las dos jóvenes se sobresaltaron y se separaron un poco mientras que Henry bajaba las escaleras de dos en dos.

―¡Hey, Henry!

―¡Las pizzas, mamá!―refunfuñó el pequeño visiblemente sobrexcitado e impaciente.

―Sí, sí, Henry. Ya vienen―se giró hacia Regina ―En diez minutos. Mientras, ¿un aperitivo?

―Con mucho gusto

Se dirigieron hacia el salón donde Emma le propuso una copa a Regina, que aceptó una sidra dulce mientras que Henry tuvo derecho a un vaso de refresco, algo excepcional.

―Estará en el desfile, ¿no?

―Evidentemente

―Mi carroza sale la penúltima, ¡es guay!

―¿Ah sí?

―Las carrozas más importantes encierran el desfile―añadió Emma

―Oh, ya veo, ¡qué honor!

―Sí, espero que todo salga bien. Hace dos años, el desfile fue anulado por culpa de la nieve.

―Todo irá bien, Henry, lo presiento―lo tranquilizó Emma

Henry sonrió.

―Sí, y además sería una pena para su reportaje

―Y es evidente que tu carroza añadirá una real opción suplementaria

Henry parecía más que orgulloso y cuando sonó el timbre, salió corriendo para abrir la puerta. Segundos más tarde, Emma lo siguió para pagar la pizza y darle algo de propina al repartidor.

Después se acomodaron en el comedor, Henry se puso a la cabecera de la mesa y Emma y Regina cara a cara.

Y cuando Emma y Henry se disponían a lanzarse sobre la pizza, Regina se sorprendió al no encontrar cubiertos en la mesa.

―¿Algún problema?

―Oh, euh…¿No hay cubiertos?

Emma y Henry intercambiaron una sonrisa.

―Nosotros comemos la pizza con las manos. Los trozos vienen cortados, y por otro lado…Ahorramos en loza.

―…

―Pero, euh…si quiere cubiertos, podemos…

―…No, irá bien

Regina no quería parecer más snob de lo que ya era. Y en el momento en que cogió un trozo con su mano, pensó en las palabras de su madre que no dejaba de repetir que cuando se tenía algo de clase, era de palurdos comer con las manos. Cuando cerraba los ojos, podía escuchar la voz amargada pronunciar esas palabras, y muchas otras.

Sin embargo, viviendo en Nueva York, era normal comer de forma rápida, comer perritos o comida basura…Pero Regina, dentro de lo caótica que era su vida urbana, siempre había mantenido una constante: intentar mantener una vida sana: deporte, comida bio, dar prevalencia al transporte público. Las pizzas, hamburguesas y otras especialidades culinarias de este tipo eran excepcionales.

Y sin embargo, esa pizza tenía un sabor particular: en ese salón, con esa familia, esa pizza estaba revestida de algo especial, pero no sabría decir aún de qué. Evidentemente la cena giró alrededor de Henry y de su pasión por el próximo desfile. Emma se mantuvo discreta, Regina se dio cuenta, como si temiera la hora de acostar a su hijo y encontrarse a solas con ella en ese final de velada. Eso la divertía bastante y, tenía que confesarlo, ella esperaba esa confrontación con impaciencia, esperando poner a Emma entre la espada y la pared.

Y, evidentemente, al cabo de una hora, el cansancio ganó a Henry que bostezaba sentado a la mesa.

―Hm, es la hora, cariño

―Aún no…―gruñó el pequeño frotándose los ojos

―Mañana será un duro día, debes descansar y estar en forma. Sería una pena que te quedaras dormido encima de la carroza

Henry, entonces, asintió, demasiado fatigado para discutir y dejó la mesa para pasar por delante de su madre y darle un beso. Mecánicamente, se giró y se dirigió hacia Regina, a quien le dio un beso en la mejilla, con los ojos somnolientos, antes de subir y decir un débil "Buenas noches", todo bajo las miradas de asombro y sorpresa de Emma y Regina.

―Pues vaya…Sí que de verdad usted le ha caído en gracia

―¿De verdad?

―Se lo he dicho: es muy solitario y se acerca muy poco a los desconocidos

―Entonces, he tenido suerte…

―Así parece

―Parece usted mucho más tolerante cuando concierne a su hijo que a su mejor amiga.

Emma entonces se quedó paralizada: Regina no perdía tiempo, por lo que se veía. Esbozó una sonrisa estresada.

―Ah…Estamos ahí

―Estamos ahí. Sinceramente, para ser franca, durante toda la cena no he esperado sino el término para acabar esta conversación.

―Genial

―Estaba a punto de responderme

―¿No quiere tomar una copa, un digestivo?

―No, gracias

―Yo necesito una―dijo ella antes de levantarse de un salto y desaparecer en el pequeño salón.

Regina reviró los ojos y suspiró sonriendo antes de unirse a ella. Sin una palabra, se sentó en el sofá de la estancia, esperando pacientemente a que Emma continuara con la conversación.

―…

―Está poco habladora…Es un cambio…

―Lo siento, no sé qué decir

―Usted se excusó, es un buen comienzo

―Sí

―¿Y después?

―¿Después?

―Hablábamos del problema

―¿Del problema?

―El problema

―Ah…Ese problema

―Exacto

―…

―Entonces, ¿vamos a hablar de ello o hacer como si nada?

―Yo…

―Hagamos así: yo le hago una pregunta, y usted sencillamente responde, sin rodeos, ¿ok?

―¿Tengo elección?

―Usted dirá. Podríamos dar por encerrada esta velada, yo volvería a mi hostal, y podemos dejarlo así

―…

―O podríamos actuar como dos adultas responsables y conversar

―Sí, es…Sería mejor

―Muy bien, entonces comencemos: he pasado varias noches con Ruby, nos llevamos bastante bien. ¿Hasta aquí algún problema?

―No…No, no…

―Muy bien. Nos besamos

―…

―Y es ahí donde está el problema―sonrió Regina

―…

―Para decir la verdad, fue más bien ella quien me besó

Regina escrutó la más mínima reacción de Emma, y cuando las manos de esta se crisparon sobre sus muslos, la bella morena decidió hundir en la llaga.

―No es que realmente eso me incomode. Aunque soy más de las de dar el primer paso

―Dichosa de saberlo

―Sí, debería…

―¿Ah sí?

―La rechacé

―Eso no es asunto mío

―¿De verdad?

―…

―Ruby ha tenido que contárselo, ¿no?

―¿Por qué dice eso?

―Es su mejor amiga

―¿Y? No me habla siempre de sus conquistas

―Pero lo ha hecho―Emma se pellizcó los labios, señal de que Regina tenía razón ―¿Le ha dicho algo más?

―No…

―¿En serio?

―…

―Es usted una pésima mentirosa, es desalentador. ¿Y?

―…

―¿De verdad tendré que preguntárselo a ella yo misma?

―¡No!―exclamó Emma, casi en pánico

―Pues cuando quiera

―Ella…Piensa que la ha rechazado por una buena razón

―¿Ah sí?

―Sí―Emma entonces inhaló, haciendo acopio de coraje ―Ella piensa que tiene a otra persona en la cabeza

Regina arqueó una ceja.

―¿Ah sí? Interesante…¿Alguna idea, quizás?

Emma la miró fijamente: sabía muy bien que estaba jugando con ella, que sabía lo que estaba haciendo. ¿Debía ir al grano o impacientarla un poco más?

―Alguna, sí

―Me pregunto de dónde ha sacado esa idea

―Eso quisiera saber…Después de todo no lleva aquí mucho tiempo…

―¿Quién le ha dicho que se trataría de alguien de aquí?

Emma sonrió

―Ruby me lo ha dicho

―Sorprendente. No tengo tanta intimidad con ella como para confiarle algo así

―Ruby sabe bien leer a la gente. Y por lo que se ve, ha sabido leer en usted.

―¿Lo cree usted? Quizás ella le ha dicho algo, pero si no lo confirma con la interesada, puede que se equivoque.

―…

―¿Entonces? ¿En quién piensa ella?

Emma inhaló, como si se dispusiera a lanzarse en aguas profundas para estar en ellas horas.

―En mí

Regina esbozó un rictus divertido.

―¿Ah sí? Y usted, ¿qué piensa usted? Sería extraño, en efecto, que pueda sucumbir a una casi extraña, ¿no?

―Eso lo tiene que decir usted. ¿Ha acertado Ruby una vez más?

Los roles se cambiaron entonces y quien estaba entre la espada y la pared era Regina. Una ligera sonrisa se dibujó entonces en los labios de Regina. Clavó su mirada en la de Emma, estremeciendo a esta última, e inhaló profundamente.

―Así parece, sí―Emma se estremeció: la situación se le estaba escapando de las manos: ¿acababa Regina de declararse? Si fuera así, ¿qué debía hacer ella? Para esa cuestión, fue Regina quien respondió acercándose sutilmente―¿Y ahora?

―¿Ahora qué?―entró en pánico Emma

―Usted me gusta, lo confieso…La cuestión es: ¿es recíproco?

―…

Regina estaba saltando de alegría viendo el malestar de Emma.

―Creo que sí, en vista de su reacción cuando creyó que Ruby y yo éramos…más que amigas

―…

―Se ha quedado muda…¿Acaso es la timidez? ¿El pánico? ¿El miedo? ¿Los nervios?

―Quizás…Un poco de todo a la vez

Regina sonrió de oreja a oreja antes de alzar la mano y llevarla hasta la mejilla de Emma y coger un mechón vagabundo que colocó detrás de su oreja, mientras frotaba su piel con el índice.

―Estoy contenta

―¿Está contenta de que yo me sienta incómoda?

―Estoy contenta de provocarle una emoción cualquiera aparte de la cólera y el odio.

―Una emoción…

―Sí

Regina entonces se acercó, hasta que sus rodillas se tocaron.

―Emma…

Su rostro se acercó lentamente y Emma miró furtivamente los carnosos labios de la joven. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de la ligera cicatriz disimulada bajo el maquillaje.

―Míreme…

Emma obedeció, su corazón latiendo tan fuerte que el sordo sonido retumbaba en su cráneo. Y a medida que Regina se acercaba, le parecía que la sangre abandonaba su cuerpo. Y de repente, como un deseo irreprensible contenido durante mucho tiempo, Emma acabó con los pocos centímetros que la separaba de los labios de la bella morena con un beso tierno, pero lánguido.

A Regina se le cortó el aliento, reemplazado muy rápido por algunos suspiros. Había besado a mujeres, pero con Emma las cosas eran diferentes, pero no sabría decir en qué. Sus manos tomaron el relevo y serpentearon sensualmente las curvas de la bella rubia antes de que esta cortara el beso, frustrando más que nunca a Regina.

―Wow…Ok…

Regina, orgullosamente satisfecha, se enderezó.

―Emma, nosotras…

―Chut

―¿Chut? ¿En serio?

―Cállese. Va a decir alguna frase que va a estropear este momento…

―¿Este momento? Espere, ¿acaba de verdad de decirme que me calle?

Emma sonrió

―Podría hacerlo de una manera menos convencional.

Regina arqueó una ceja, pero antes de que pudiera responder, Emma la tiró amablemente al sofá y se colocó encima de ella antes de posar sus labios sobre los de ella. Asombrada por la bella rubia, Regina la agarró por la cintura, bien dispuesta a no dejarla marchar. Los besos se encadenaron cada vez con más pasión, empujando hacia atrás, poco a poco, las barreras íntimas que ambas se habían empeñado en instalar desde su primer encuentro.

Pero cuando escucharon un crujido en las escaleras, se separaron de un salto. Tras algunos segundos de silencio, estallaron en una carcajada.

―Mierda, parecemos dos adolescentes pilladas con las manos en…

―Algo así, sí―rió Regina

Y tras algunos segundos de indecisión donde cada una se mantuvo a buena distancia de la otra, Emma finalmente se lanzó al agua.

―Entonces…¿Qué…Qué hacemos ahora?

―Me parece evidente que lo que hacíamos era…

―…Sí, no, sé lo que estábamos a punto de hacer. Solo quería saber a dónde nos llevará esto. Tú eres de Nueva York, yo, de aquí. No tengo ninguna intención de exiliarme a una gran ciudad y cambiar de vida, e imagino que dejar tu carrera para venir a perderte en el campo no es tu sueño

―…

―Así que…¿Qué hacemos? ¿Nos lo tomamos como una relación ligera? ¿Polvo sin compromiso? ¿Relación a distancia?

―Para ser franca, no lo sé―respondió con naturalidad Regina ―Quizás deberíamos probar lo que pude ofrecernos algunos días juntas.

Emma se pellizcó los labios

―Si Henry se entera, podría hacerse falsas ideas. Te aprecia mucho…

―Se lo explicaremos

Un silencio se hizo antes de que Regina carraspeara y mirara su reloj.

―Es tarde, debería volver al hostal

―Sí, no vaya a ser que se pierda el desfile

―Henry no me lo perdonaría jamás―sonrió Regina

―Te acompaño

Se levantaron a la vez y se encaminaron a la puerta.

―Bien…

―Bien…

―¿Nos…Nos vemos mañana, entonces?

―Será un placer

Y cuando Regina estaba pasando por la puerta, Emma le atrapó la mano e hizo que se diera la vuelta.

―¿Un último beso?―dijo como una niña pequeña

Sin decir nada, Regina sonrió y se acercó antes de coger el rostro de la bella rubia entre sus manos y pegar dulcemente sus labios sobre los de ella en un beso dulce y rápido. Emma dejó escapar un ligero gemido antes de posar sus manos en la cintura de la bella neoyorquina para acercarla más a ella.

―Hm…Emma…Es tarde, de verdad…―murmuró Regina pegada a los labios de la bella rubia

―Lo sé…¿Mañana por la tarde?

Regina retrocedió un poco y arqueó una ceja.

―¿Acaso hay alguien hambriento por los alrededores?―dijo con ironía

―¡No, en absoluto!―fingió enervarse Emma ―Es solo que…Nos queda poco tiempo, así que si queremos aprovechar…

―¿Qué quieres aprovechar precisamente, hm?

Las mejillas de Emma se pusieron rojas, señal de vergüenza.

―Yo…No sé…

―¿Ah no?

Picada, y como no le gustaba que la pusieran entre la espada y la pared, alzó la cabeza para afrontarla.

―Te quiero a ti, a nosotras, juntas. Que pasemos tiempo juntas, lo poco que sea, disfrutando. Eso es lo que quiero.

Regina sonrió de oreja a oreja.

―¿Era tan complicado?

―Y tú, ¿qué quieres tú?

Regina le acarició la mejilla.

―Yo quiero lo mismo. Descubrir lo que Maine me tiene que ofrecer.

―¿Así es como lo llamas?

―Vamos a decirlo así

―Entonces…

―Entonces, hasta mañana―sonrió Regina

Deslizó su mano fuera de la de Emma y se alejó, bajo la mirada de esta última. Apenas hubo cerrado la puerta, una sonrisa se dibujó en su rostro. Tras una rápida ducha, se metió en la cama. Y cuando pensaba que se iba a quedar dormida apaciblemente, su teléfono vibró. Cuando vio quién era la persona que la llamaba, suspiró.

―Ruby…Es tarde

Y tampoco tú estás durmiendo…

―¿Qué quieres?

Saber cómo ha ido la noche

―¿Cómo te has enterado?

Henry

―¿Henry?

Me dijo, con una gran sonrisa, que Regina iba a cenar a vuestra casa

―¿Y?

Bah, me gustaría saber cómo ha ido. Bueno, es evidente que no se ha quedado, si no, no habrías cogido la llamada…

―…

Pero me gustaría saber si la cosa progresa

―¿La cosa?

No te hagas la idiota, sabes muy bien lo que quiero decir

―¿Y por qué te lo contaría? Después de todo, no hace ni dos días, tú estabas en la partida.

¿Estás de broma? Jamás he estado en ninguna partida. Ella no ha tenido más ojos que para ti.

―…

Entonces, ¿lo vas a soltar o no?

Emma esbozó una sonrisa.

―Ha ido muy bien

¡Ah, ah! ¡Cuenta!

―Cenamos…Y…Henry se marchó a dormir

¿Y luego?

―Nos besamos…

¿Qué?...¿Así como así?

―No, evidentemente que no. Antes charlamos, es más, sobre ti.

Me lo imagino. Todo es esto es gracias a mí.

―No te las des demasiado tú tampoco.

Bah, entonces ya está…

―¡Esconde tu alegría!

Al contrario, estoy feliz por ti, por las dos. ¿Cómo irá ahora?

―Nado en aguas turbulentas…Te confieso que no tengo idea de cómo llevar esto.

Sin embargo no eres novata en la materia

―No porque sea bi debo saber sí o sí lo que hay que hacer. Hace un siglo que no tengo relaciones con una mujer, y mi última relación con un hombre fue un caos. Soy un desastre para estas cosas, una verdadera discapacitada.

Felizmente, tienes a Ruby para guiarte

―Ya, bueno, no porque encadenes conquistas eres una experta. Y te recuerdo que te las intentado ligar antes que yo. Eres como una especie de ex…

Oh, por favor, no te hagas la celosa. Sabes muy bien que jamás me habría atrevido.

―Lo sé, lo sé

Entonces, ¿os vais a ver mañana?

―Sí, en el desfile

Henry va estar en las nubes

―¿Por qué?

Adora a Regina, y "adorar" se queda pequeño.

―Ya, es complicado…

Bah, ¿por qué?

―Porque cuando ella se vaya, será más duro.

¿Por qué no dejas de pensar en eso? Aún tenéis por delante unos diez días…

―Algo menos, pero aún así los tomaré.

Disfruta

―Es lo que pienso hacer, pero…

¿Pero?

―Tengo miedo de que me guste, y de verme enseguida privada de ello.

Vive las cosas día a día

―Ya…De verdad no sé a qué atenerme

Ah, con los neoyorquinos nunca se sabe

―Para de decir tonterías…

¿Yo? Jamás. Bueno, te dejo…Estoy feliz por ti.

―Gracias, pero aún no ha nada hecho.

¿Bromeas? En serio, estabas tan cerrada a este plan que es una hazaña que hayas lanzado…

―Cierra el pico

Di que me equivoco

―¡Te equivocas!

―…

―…

―…

―Ok, tienes razón

¡Ah, ah!

―Ok, ok, has terminado, ¿no?

No pierdas demasiado tiempo

―Es muy raro que yo me acueste en la primera cita

Na…Has hecho cosas peores

―Como digas algo, sea lo que sea, lo negaré, llamaré a mi abogado, y además, te mataré después

Escuchó cómo la joven se echaba a reír al otro lado de la línea.

Disfruta, querida, te lo mereces. ¡Nos hablamos mañana! ¡Invita a tu chica a almorzar en Granny's!

―¿Para que te pases la comida haciendo pesadas alusiones? No, gracias

Bah, venga, no vas a poder evitarme…

―No, pero, ¿te imaginas la incomodidad de plantarme ante ti con ella cuando no hace ni dos días tu le tirabas los tejos?

Cierto, pero aquello no significa nada para mí, y visiblemente, mucho menos para ella.

Emma sonrió, abrigándose un poco más con el edredón.

―Te dejo, es tarde.

Hey, prométeme una cosa…

―¿Qué?

No estropees todo por un impulso o por el miedo, ¿ok?

―Pero, ¿de qué hablas?

Te conozco, Swannie, sé de lo que desgraciadamente eres capaz.

Emma rió

―No te preocupes

Todo lo contrario

Emma perdió ligeramente su sonrisa

―Nos vemos mañana

Bye, cariño

Cuando colgó, la duda inmediatamente invadió a Emma: ¿qué estaba haciendo? Regina era una desconocida, una mujer de ciudad. No tenían nada en común a no ser Henry y su pasión fulgurante por ella. ¿Sería simplemente una historia de vacaciones, destinada a no tener continuación, pero que dejaría a las protagonistas heridas por un tiempo?

Entonces, ¿debería poner la piel en esta incipiente relación o sencillamente tomárselo a la ligera? Estaba perdida y si tenía que retomar su vida sentimental, podría haberse buscado algo más sencillo…

―¿Mamá?

Emma se sobresaltó y vio llegar a su hijo, con expresión fatigada y apenada.

―¿Henry? Pero…

―No logro dormir

―¿Has tenido una pesadilla?

El pequeño arrastró los pies hasta la cama antes de subirse con más o menos facilidad, y deslizarse bajo el edredón, cerca de su madre.

―Creo que estoy nervioso.

Emma sonrió ante la respuesta y la expresión seria de su hijo.

―¿Ah sí? ¿De verdad?

―Sí, tengo miedo por el desfile

―Todo irá bien

Henry miró a derecha e izquierda antes de mirar fijamente a su madre.

―¿Regina no está aquí?

―¿Qu…Qué? Pero…¿Por qué estaría ella aquí?

―Bah…No sé, la última vez, durmió aquí…

―Pero…Ella…No, bueno, la última vez, había nevado y…No se quedó en mi habitación…

Henry suspiró ligeramente, después se estiró bajo el edredón antes de girarse hacia su madre.

―No me molestaría, ¿sabes? Que Regina durmiera aquí

Y dicho esto, se giró y se quedó dormido tan rápido como había aparecido en la habitación de su madre, dejando a esta última completamente confusa y sorprendida. Le acarició los cabellos, después se deslizó ella bajo el edredón, abrazando a su hijo. Mañana sería otro día y quizás la noche le traería consejo. Quizás Regina también viera las cosas de otra manera y diera marcha atrás. En secreto, Emma esperaba que lo hiciera, para no tener que hacerlo ella.


Desafortunadamente para ella, el día siguiente no aclaró nada. A pesar de la excitación de su hijo, pero también de la tensión palpable cara a la los preparativos del desfile, Emma tenía la mente envuelta en una multitud de cuestiones.

Así que, cuando se encontró sola en su despacho, tras haber dejado a su hijo en la escuela, se llevó una sorpresa al ver aparecer a Regina, toda sonriente.

―¿Regina? ¿Algún problema?

―No, para nada. Solo venía a…Verte

Emma de repente se estremeció: hacía mucho tiempo que no se sentía tan febril ante la presencia de alguien. Y cuando Regina se acercó, con una sonrisa esplendorosa en su rostro, y tuteándola, su corazón se aceleró.

―¿Has dormido bien?

―Ha sido…Complicado―confesó Emma

―¿Complicado?―se inquietó Regina frunciendo el ceño

―Henry tuvo un sueño agitado. Se preocupa mucho por el desfile.

―Oh…Ya veo―Regina se relajó, y dio unos pasos más hacia delante, hacia la mesa, dudado en si rodearla.

Emma lo comprendió, y se levantó torpemente y acabó con la distancia poniéndose delante de ella.

―Y tú…¿Has dormido bien?

―Podría haber sido mucho peor―sonrió Regina ―No sé lo que tú me has hecho, pero generalmente, no soy tan torpe para dar el primer paso.

―¿El primer paso?

Como única respuesta, Regina se fue acercando cada vez más hasta posar sus manos sobre las caderas de la bella rubia, inclinarse y besarla tiernamente beso al que Emma respondió con un ligero gemido.

Algunos segundos más tarde, se separaron, con una sonrisa en los labios.

―Aún es algo torpe, eh…Tengo la impresión de ser una adolescente que enamora por la primera vez

―Es la misma impresión que yo tengo―rió Regina

De repente, la puerta de la entrada se abrió y las dos mujeres se separaron rápidamente, metiendo las manos, una en sus bolsillas, la otra en los expedientes. David apareció ante ellas.

―Vaya, buenos días, señoritas

―Buenos días, sheriff―sonrió educadamente Regina

―¿Hay algún problema con su reportaje?

―¿Qué? Oh, no, no, en absoluto. Yo…Solo venía para…Información sobre el desfile.

―Oh, ya veo. Emma, vamos a estar bastante ocupados entre la comprobación del recorrido y la seguridad…

―¡En unos minutos estoy!―dijo Emma

―Ok, te espero en el coche. Miss Mills, hasta más tarde

―Por supuesto

Después David se marchó, dejándolas a solas una vez más.

―Yo…Lo siento―suspiró Regina

―¿Por qué?

―No sabía si querías esconder esto

―¿El qué?

―Esto…Nosotras

―Oh…

―…

―…

―Bien, voy a irme…Debo revisar el planning con Peter

Mientras Regina se alejaba, Emma le cogió la mano.

―¡Regina, espera!

La morena se dio la vuelta y vio cómo Emma se pegaba a ella.

―No tengo ningún problema con eso, de verdad

―Sin embargo has vacilado

―Porque tenía miedo de que fueras tú quien no quisieras que se supiera…Porque, ya sabes, eres conocida y…Esto podría dar de qué hablar

―¿Dar de qué hablar?

―Bah, la periodista y una de las personas que participan en su reportaje, tiene miga…Y además, eres conocida. ¿Qué querría una persona famosa de una chica de Maine?

Regina sonrió acariciándole la mejilla.

―Tengo una idea bien precisa lo que podría hacer con una chica de Maine

Emma se sonrojó y los dedos de la morena se entrelazaron con los de la bella adjunta.

―Yo…Sí…Deberíamos…Debería…Marcharme

Y ante la visible incomodidad de la bella mujer, Regina la besó de nuevo, con un beso más intenso y más ardiente. Después se separaron y Regina se alejó.

―¿Nos vemos en el desfile?

―Hm, hm…―respondió Emma, con los ojos semi cerrados, deleitándose aún con ese beso. Regina sonrió, después desapareció. Solo con la vibración de su móvil salió de su ensimismamiento. David acababa de enviarle un mensaje a su hija para que saliera ya. Era evidente que estaba en las nubes, pero tenía que reconocerlo: también estaba metida en una mierda innombrable: estaba coladita.


―Habrá que grabar el desfile de frente, después hacer unos planos laterales y evidentemente, planos individuales de cada carroza. No olvides a los niños que van en ellas. Debemos captar su alegría y su orgullo.

Peter sonrió

―Bien…Parece metida a fondo

―Los niños se han dado en cuerpo y alma en ese desfile…Sería un justo pago que en pantalla salga el premio a sus esfuerzos

―Evidentemente…―sonrió él

―¿Tienes algo que decir?

Peter la miró fijamente, siempre con una sonrisa pícara en el rostro

―No, nada, estoy contento por usted.

Dicho esto, cogió la cámara y abandonó la habitación de Regina, que se quedó inmóvil y sorprendida. ¿Ya todos conocerían la novedad? Definitivamente, las ciudades pequeñas eran un microcosmos donde nada se le escapaba a nadie. La cuestión era saber si le molestaba que se supiera o, por el contrario, lo veía como una nueva etapa. Ante ese cuestionamiento, Regina aún vacilaba. En lugar de inclinarse ante una posible respuesta, se abrigó antes de unirse a Peter en la puerta del hostal, para dirigirse los dos hacia la calle principal donde tendría lugar el desfile.


Contra todo pronóstico, el ambiente era un bullicio. Parecía que el desfile captaba a las pequeñas ciudades de alrededor y la gente parecía salir de la nada. Las calles estaban a rebozar, la música tronaba y las tiendas estaban abiertas, las luces de Navidad encendidas.

―Es magnífico…―susurró Peter, impresionado

―Efectivamente―Regina pasó su mirada por el gentío y de repente, vio a una bella rubia en uniforme que intentaba mantener a la gente sobre la acera. Ella sonrió mecánicamente antes de girarse hacia Peter.

―Deberíamos empezar filmando a la gente…

―Ok

Peter cogió su cámara y Regina se colocó al borde de la carretera, la muchedumbre en un plano trasero y comenzó su reportaje.

El día J ha llegado para decenas y decenas de los pequeños habitantes de Storybrooke. En efecto, el gran desfile de Navidad en donde las carrozas de los niños de la escuela primaria son las estrellas. Han trabajado durante semanas, incluso renunciando a sus vacaciones y tiempo libre para darles los últimos toques a sus creaciones. En algunos instantes, asistiremos al resultado de su encarnizado y apasionado trabajo

De repente, retumbó la música y, a lo lejos, avanzaron las primeras carrozas. Regina se puso a un lado y mientras Peter filmaba, sin perderse nada ni de las carrozas ni de las reacciones que estas suscitaban en el público, Regina no vio a Emma acercarse a ella. Cuando esta le rozó la mano, Regina se quedó estática.

―Hey, no tengas miedo, solo soy yo―dijo Emma, provocando una sonrisa de alivio en el rostro de la bella morena

―Lo siento, estoy bastante concentrada.

―¿No te molesto si me quedo aquí?

―No, Peter graba el desfile, yo añadiré comentarios en post-producción

―Oh, ok…Entonces…En fin…

―¿Emma?

―Henry me ha pedido que te pregunte si querrías venir a casa esta noche…Para celebrar el desfile

―Oh…

―Pero si tienes trabajo, lo comprenderá

―No, no, será un placer pasar la noche con vosotros―sonrió con alegría Regina

―Guay…Bueno, euh…Yo…Me voy

―¿Te volveré a ver antes del fin del desfile?

―¡Por supuesto! Estaré contigo cuando la carroza de Henry pase por delante de ti―le aseguró Emma

―Entonces, hasta ahora

Y en un gesto impulsivo, Emma le dio un beso en la mejilla antes de desaparecer. Las mejillas de Regina se inflamaron, y si la gente había visto su gesto, nadie mostró un interés particular, lo que tranquilizó a la bella morena. Entonces su atención se centró en las carrozas que se acercaban. Reconoció algunas carrozas en las que ella, junto con Henry y otros niños, había trabajado. Después llegó el final del desfile y la llegada de la carroza de Henry donde este estaba subido posando con orgullo.

De repente, sintió una mirada sobre ella: Emma acababa de aparecer a su lado, su hombro rozando el suyo, con la sonrisa en los labios. Regina sintió que su corazón se embalaba. Discretamente, Emma deslizó su mano en la de ella, y juntas saludaron a la carroza de Henry, quien estaba subido en ella, saludando a todos, todo sonriente, como si fuera el rey del mundo.

Regina miró de reojo a Emma cuyos ojos brillaban de admiración por su hijo, y estrechó su mano en la de ella, captando la mirada de la bella rubia. Sus ojos se cruzaron e intercambiaron una sonrisa.

―Estoy bien aquí―murmuró Emma

Regina se sonrojó, pero tampoco pensaba diferente: sí, ella también estaba bien. Jamás lo habría pensado cuando puso los pies en Maine, y sin embargo, ahí estaba, en esa calle, en medio de la gente, admirando un desfile hecho por niños. Si le hubieran dicho eso antes de llegar, jamás lo habría creído.

Cuando la carroza pasó, señal de que el desfile había tocado a su fin, el gentío comenzó a dispersarse, algunos volvían a sus casas, otros se citaban en Granny's para una copa regalo de la casa. Emma arrastró a Regina a un callejón entre dos comercios, al abrigo de miradas curiosas.

―Pero, ¿qué…?

Regina no tuvo tiempo de decir más, ya Emma había pegado sus labios a los suyos en un beso torpe debido a las prisas, pegando su cuerpo entre el suyo propio y la pared de ladrillos. Regina no se quedó, evidentemente, sin hacer nada: sus manos se aferraron a las caderas de Emma para atraerla más a ella. Y metidas en un concierto de gemidos y suspiros pasaron unos minutos, en la discreción que daba esa callejuela. Cuando se escuchó una pita, ambas se separaron sobresaltadas y se echaron a reír.

―Parecemos adolescentes…―rió Emma

―Una sensación que no había sentido desde hacía mucho tiempo―respondió Regina respirando hondo antes de deslizar su nariz entre la cabellera dorada de la bella rubia, aspirando su perfume afrutado, haciendo a Emma reír.

―Hm…¿Cosquillas?

―Apenas, apenas…

―Interesante información

Emma le cogió un mechón de cabello.

―Ya no podía aguantar. Hubiera provocado un desorden durante el desfile.

―Efectivamente

Rieron antes de que Emma la cogiera de la mano.

―Tengo que regresar, ¿nos vemos esta noche, entonces?

―Un placer

―¿Te parece bien a las 19:00?

―Ningún problema

Emma se acercó y la besó tiernamente.

―Puedes…En fin, si quieres…

―¿Qué?

―¿Podrías…Quedarte esta noche…? En fin, ya sabes, solo para…charlar…

―¿Charlar, hum? ¿Es así como lo llaman aquí?

―Sí…Se puede decir así…

―Como neoyorquina que soy, es verdad que no estaría en contra de acostarme la primera noche, pero…

―¿Qué? No, no…En fin. No se trata de eso. Solo podríamos…conversar, aprender a conocernos, en fin, ya sabes.

―Oh, ya veo…Entonces será un placer

―¿De verdad?

El aire pícaro e infantil de Emma, sus ojos llenos de alegría y de esperanza derritieron el corazón de Regina.

―De verdad. Hasta esta noche entonces

Como toda respuesta, Emma le dio un beso furtivo

―Hasta esta noche

Después ella desapareció, dejando a una Regina ensimismada como en esos primeros días de emociones adolescentes. Volvió al hostal donde se puso a trabajar en los ruhs para dárselos a Peter antes de que él perfilara el video que sería usado para la emisión de esa misma noche. Y al igual que otras veces en que pensó que podía reposar tranquilamente lo que le quedaba del día, su teléfono sonó y Regina descolgó con una lasitud ya habitual.

―Lena…

¡Hey, hermanita! ¡Felicidades!

―¿De qué estás hablando?

La emisión está en todo lo ato y tu nombre es hastag por todos lados

―¿Ah sí?

Sois las estrellas del show, es indiscutible

―¿Somos?

La sheriff y tú

―¿Perdón? Pero, ¿cómo…?

Eres la Noticia de la cadena. La gente está entusiasmada con vuestra incipiente relación

―¿En serio?

Pero…¿No tienes Internet, estás hibernando o qué? ¡Ve a ver!

―Yo…Iré…Pero, ¿cómo ha podido saberse?

Bah, no sé. Simplemente se ha visto el programa y se os ha visto juntas durante la realización de las carrozas, etc…

―Peter…―farfulló Regina, como si acabara de comprender

¿Peter?

―Él ha cogido las riendas del montaje de los reportajes…Él es quien filma…

Oh, bah, pues vas a poder darle las gracias

―…

O no…¿Todo bien?

―Yo…Emma no está al corriente…

Bah…¿Y es grave?

―Yo…No lo sé…No había previsto esto…

¿Estás de broma? Es la primera cosa de la que me hablaste cuando llegaste ahí. Y ya está: ¡Ya tienes tu exclusiva! Querías que la gente hablara de tu reportaje, que te siguieran. ¡Pues hecho!

―…

Regina…¿Algún problema?

―Yo…

¿Lo lamentas? Probablemente vas a ganar el concurso y te meterás a la gente en el bolsillo de nuevo.

―Pero Emma…Ella va a creer…Que la he usado para sacar notoriedad

Regina, sé franca: es un poco así, ¿no?

―¡No!

¿Ah no?

―Yo la aprecio. Es diferente a los otros. Ella es…Resplandeciente

¿Resplandeciente? ¿Qué calificativo es ese?―rió Lena

―Lo comprenderías si la vieras

Precisamente y ahora que hablas de eso. Tengo algunos días para tomarme y estoy curiosa por ver con mis ojos esa pequeña ciudad. Porque, dejando de lado esa historia de la pareja que comienza, ese pueblo tiene pinta de ser agradable, es todo caso es lo que se transmite con tus reportajes.

―¡Ah no! ¡No vengas!

¿Y cómo piensas impedírmelo?

―…

Es lo que pensaba…Te diré cuándo llego

―Lena, no, yo…

¡By, sis'!

Regina no tuvo tiempo de decir esta boca es mía cuando ya la línea se había cortado, señal de que su hermana había colgado. Se dejó caer sobre la cama, su espalda encajada entre las dos almohadas, antes de coger su ordenador y teclear el nombre del programa. El resto de su tarde lo pasó en su habitación encadenando los reportajes de las diferentes ciudades, entre ellas Storybrooke. Había que reconocer que Peter tenía talento, pero no podía dejar de reconocer cierta atroz verdad: durante los primeros reportajes, Peter había fijado su cámara no solo en la ciudad y sus habitantes, sino también y sobre todo sobre las interacciones que ella había tenido con Emma, sobre todo durante la preparación de las carrozas. Entonces se estremeció: ¿y si Emma se enteraba? ¿Si llegara a pensar que Regina estaba jugando con ella solo para tener contenido para su reportaje? Esa idea la aterrorizaba, pues lo último que deseaba era pelearse con la bella rubia y su hijo.

Era increíble que nadie hubiera nombrado todavía la emisión en la ciudad. ¿Estaría Emma ya al corriente y su acercamiento era consecuencia de ello? No…Emma no era así…

Regina sintió que una migraña comenzaba a hacerse notar cuando recordó que en menos de una hora tenía una cita con la bella rubia. ¿Debía comentarle todo esto? Porque si Emma no tenía ni idea, hacerle la pregunta despertaría su curiosidad y estaría tentada de mirar el programa…Pero no hablarle de ello significaría esconderle algo y arriesgarse a perder lo que estaban construyendo.

Estaba corroída por la duda y la culpabilidad…Esa noche, las cosas quizás se aclararían…O no.