Capítulo 4
―¿Mamá?
―¿Hm?
―¿Regina es tu novia?
Emma detuvo toda actividad, que consistía en ese mismo momento en cortar las patatas ya cocidas.
―¿Pe…Perdón?
Henry giró sobre su taburete
―Bah, ya…Es tu chica, ¿no?
Emma se giró hacia él: él no tenía expresión contrariada, ni decepcionada. Parecía solo esperar una respuesta, una confirmación por su parte. Ella tragó saliva e inhaló
―Si lo fuera, ¿qué te parecería?
Henry frunció el ceño, como si estuviera reflexionando sobre la mejor respuesta posible.
―¡Sería guay! Ella es buena
Emma sonrió antes, de ella misma, fruncir el ceño.
―Ya sabes…Ella no se va a quedar. Una vez que la emisión finalice, probablemente se marchará a Nueva York.
―Quizás no. Si estáis enamoradas, ella quizás quiera quedarse aquí. Pero si no fuera el casi, Nueva York no está tan lejos.
―Henry…―iba a acabar con sus ilusiones tan rápido como la lluvia podía hacerlo con un fuego en el campo, pero se detuvo en seco pensando en las palabras de su hijo: para él, la distancia no era un problema. Quizás ella debería ver el vaso medio lleno por una vez.
―¿Qué?
―Nada…¡Acabemos el asado!
Y los dos juntos acabaron de hacer la cena, justo a tiempo para escuchar el timbre de la puerta.
―¡Yo voy!―gritó Henry casi echando a correr para ir a abrir la puerta ―¡Regina!
―¡Hola Henry! No me he adelantado mucho, ¿no?
―¡Jamás!
Él la dejó entrar y cogió, como un perfecto anfitrión, el abrigo de la joven para colgarlo, con más o menos dificultad, en el perchero de la entrada.
―Mamá está en la cocina, ven
Le cogió la mano y la guió hasta Emma que estaba comprobando el asado en el horno.
―Hola
―Buenas noches―sonrió Regina, divertida ante el look de la bella rubia. Jamás habría pensado que alguien en delantal estuviera tan atractivo ―Veo que me he adelantado, ¿no?
―No, todo bien―sonrió Emma quitándose el delantal antes de ponerse frente a ella, y de repente una incomodidad palpable se instaló entre ellas, mientras que Henry las miraba con expresión circunspecta.
―Voy a lavarme las manos, vosotras podéis hacer vuestras cosas de adultos, eh…
Regina se quedó paralizada y siguió a Henry con la mirada hasta que este desapareció de la cocina y subió las escaleras.
―¿Qué es lo que ha dicho?
―Sí…Lo sabe
―¿Se lo has dicho?
―¿Yo? No, él, y no me digas cómo, lo ha descubierto solo
―¿Y qué piensa de ello?
―Parece que está a favor, incluso demasiado―sonrió ella
―Oh…
―Pero a ti parece que te molesta
―¿Qué? No, por supuesto que no. Pensaba que era algo pronto para…
―Hey, no hemos hablado de matrimonio…Aún
―…
―Estaba de broma―ironizó Emma ―Es guay que él no esté en contra. De todas maneras, no estaba en peligro, él es literalmente tu fan…Casi estoy celosa.
Regina sonrió y Emma la atrajo hacia ella
―¿Has cocinado?
―Hey, ¿por qué esa expresión de sorpresa? No solo puede que esté celosa, sino que encima, vas y me ofendes
―No temas, tengo fe en tus capacidades culinarias. Las mías se resumen muy a menudo a restaurantes y comida rápida.
―Ah…Bien, pues esta noche hay asado con patatas
―Me va
Henry volvió a bajar.
―¿Habéis acabado?
Emma y Regina intercambiaron entonces una risa ante un Henry suspicaz.
―¡A la mesa!
La comida transcurrió, extrañamente, en calma. Emma podía sentir que algo atormentaba a Regina. Esta última estaba más silenciosa que de costumbre, con la cabeza agachada hacia su plato. Henry monopolizaba la conversación, sin cortarse con los elogios hacia el desfile y el éxito de su carroza.
Solo cuando Henry pidió ir a jugar a la consola en el salón, y las dos mujeres se quedaron solas bebiendo una copa, Emma aprovechó para preguntar a Regina
―¿Hay algún problema?
―¿Perdón?
―Has estado particularmente silenciosa, incluso distante, esta noche. Ya sabes, si querías quedarte en tu habitación descansando, no me habría sentido ofendida.
―No, no, no es eso.
―Entonces, ¿qué es?
―Yo…―miró a Emma y suspiró ―No, no es nada
―¿De verdad? ¿Es…es por nosotras?
―¿Nosotras?
―Ya no quieres
―¿Qué? Pero no, al contrario…
―Entonces, ¿lo nuestro sigue en pie?
―Por supuesto―sonrió Regina
Emma lanzó una mirada a Henry, que solo tenía ojos para su consola, después se acercó a Regina para darle un beso.
―Tengo ganas de que se vaya a acostar.
Regina arqueó una ceja.
―Me parece que hay alguien muy…Entusiasmada
―Solo quiero aprender a conocerte…Después de todo, apenas nos conocemos. Y te confieso que veo poco la tele, y menos aún reportajes y documentales,
Regina se tensó
―Sí, yo…He podido ver que es el caso de muchos por aquí
―¿Cómo?
―No hablan de la emisión de la que son los actores principales, es extraño
―Oh, eso es porque lo hablamos durante una reunión, antes de tu llegada. Para que nuestros comportamientos no se vieran influenciados durante tu reportaje, juramos no ver el programa.
―¿De verdad?
―Pues sí, algunos han tenido que hacerlo, roídos por la curiosidad, pero la gran mayoría respetamos nuestros juramentos. Imagina que nos enteremos de que nuestra ciudad está en lo más bajo de la clasificación, o al contrario, en el top tres…Nos veríamos influenciados, al igual que nuestro comportamiento. Sería menos natural.
―En efecto, es lógico
Regina ya tenía su repuesta: nadie, o muy pocos, veían la emisión. No sabía si sentirse aliviada o no. De momento, Emma no tenía idea del impacto de su incipiente relación sobre la emisión. ¿Era algo bueno?
―Regina, ¿todo bien?
―¿Hm? Sí, pensaba…
―¿Cansada?
―¿Acaso es una forma sutil de incitarme a que me quede esta noche?
―Creía que estábamos de acuerdo en que estaría guay
Regina rió
―A veces me haces pensar en una adolescente…
―Está bien de vez en cuando volver a la infancia, ¿no?
Regina le dio un beso furtivo, pero no lo suficientemente rápido pues de repente un "Aggg" surgió del sofá donde Henry estaba sentado.
―Asqueroso, en serio…
Ellas se echaron a reír.
―Venga, sinvergüenza, hora de irse a la cama. Ya es tarde.
―Vale, vale, lo pillo…
―No, tú no pillas nada, aún no. Venga, enseguida subo.
Henry se encogió de hombros, resopló ligeramente antes de apagar la consola y subir las escaleras bajo las miradas divertidas de Emma y Regina.
―Y bien, puedes ser autoritaria…
―Soy adjunta del sheriff, no lo olvides
―Ah, sí, es verdad
―Tienes un tono burlón que no me gusta…
―¿Qué piensas hacer?―dijo inocentemente la bella morena
―No tienes idea de lo que soy capaz
Regina arqueó una ceja en forma provocativa y antes de poder responder, Emma saltó sobre ella como un águila sobre su presa, no dejándole ninguna posibilidad de huida. Hundió su rostro en el hueco del cuello de Regina y dispersó algunos besos sobre la piel cálida y perfumada, provocando que surgieran algunos suspiros de placer de la joven mujer.
―Henry me espera…Pero ya vuelvo, ¡no te muevas!―ordenó antes de retroceder, a regañadientes, dejando a una Regina frustrada, pero terriblemente deseosa de lo que vendría.
―Hey, ¿quieres leer un poco?―preguntó Emma entrando en la habitación y ver a su hijo pasar las hojas de uno de sus libros favoritos.
Él lo cerró y lo dejó en la mesilla de noche, antes de mirar tras su madre.
―¿Regina no subió?
―Euh…No, está abajo. ¿Quieres que suba?―Él asintió dulcemente ―Oh, ok…Yo…Ya vengo.
Emma desapareció y bajó las escaleras para volver a entrar en el salón donde encontró a Regina delante de la chimenea.
―¿Ya?
―No, quiere que tú también subas
―¿Yo? Pero, ¿por qué?
―Ni idea. Venga, ven
Regina, de repente, se tensó, como presa de un miedo que jamás pensó sentir en tales circunstancias. Subió los escalones como si fuera a cámara lenta, roída por el estrés: jamás había arropado a un niño, ni dicho "buenas noches", jamás había estado tan cerca de un ser tan joven y pequeño antes de su llegada a ese lugar.
Cuando pasó la cabeza por el marco de la puerta, vio a Henry, que la esperaba ansiosamente. Ella cogió aire, bajo la mirada divertida de Emma.
―No te va a morder, eh…
―Ja, ja, qué graciosa…―gruñó Regina antes de entrar en la habitación, sintiéndose de repente sola, cara a cara con ese muchacho acostado en su cama, y cuyo rostro se iluminó con una larga sonrisa cuando ella se acercó.
―¡Aquí estás!
―Me dijeron que querías verme
Él se hizo a un lado con cuidado para hacerle comprender que tenía sitio a su lado. Ella así lo hizo y se sentó estirando sus piernas sobre la cama.
―Tú…Yo…No sé cómo hacer esto…―confesó tímidamente Regina
Henry rió.
―Solo quería que subieras a darme las buenas noches. Normalmente es mamá…
―¿Pero hoy no?
―Bah está bien cambiar de vez en cuando. Y además…
―¿Y además?
―Te vas a quedar, ¿no?
―¿Quedarme? ¿Aquí? ¿Esta…Noche?
―Para siempre…
―Oh…
―…
―…
―A mí me gustaría mucho
―Henry, no puedo hacer tal promesa. Pueden pasar muchas cosas.
―¿Vas a volver a Nueva York?
Regina debía ser sutil y sobre todo no desilusionar a Henry. Él era inteligente y mentirle no serviría de nada, sin embargo, tenía que encontrar una manera correcta de enunciarle los hechos, sabiendo que Emma estaría con la antena puesta tras la puerta.
―Allí es donde vivo. Es allí donde está mi trabajo.
―Hm, ok…
―¿Ok? ¿Es todo?
―Bah, Nueva York no está tan lejos después de todo…
Regina sonrió: para un niño de diez años, la distancia era, visiblemente, un factor tan vago como la raíz cuadrada de 169…
―Sí, es verdad…
―Pero si te casas con mamá, tendrás que venir aquí
―¿Casarme? Pero…Apenas nos conocemos…
―Ya, pero parece que, a veces, no es necesario mucho tiempo para saberlo
―…
―¿Por qué no tienes hijos?
Regina inhaló y, al ver que Emma iba a intervenir entrando por la puerta, hizo una ligera señal con la mano para darle a entender que no había ningún problema.
―Porque jamás he encontrado a la persona correcta con quien hacerlo. Ya sabes, siempre me han gustado las mujeres, y entre mujeres es algo más complicado.
―¿No como conmigo?
―Exacto. Jamás he amado a nadie tan fuerte como para tener un niño.
Henry frunció el ceño.
―A veces, el amor no basta
Regina comprendió que el terreno que pisaban era resbaladizo. Había tocado por encima con Emma la paternidad de Henry, y no se sentía para nada lista para abordar ese tema con el muchacho.
―Henry…Háblame de la fiesta de los farolillos
Tanto Emma como Henry se sorprendieron ante el brutal cambio de tema, pero los dos comprendieron por qué, y ninguno se dio por aludido.
―¿Los farolillos?
―Sí, tu abuela me habló de esa fiesta que tiene lugar en la playa algunos días antes de Navidad.
―Sí, los soltamos al cielo para que guie a Papá Noel hasta Storybrooke
―Es una bonita forma de comenzar la Navidad―sonrió Regina
―Sí, es sobre todo para los pequeños―se inclinó hacia Regina y murmuró ―No se lo digas a mamá…Pero ya no creo en Papá Noel.
―Oh…
―Pero no es grave, sigo creyendo que está guay. Pero no se lo digas, eh, mamá podría desilusionarse
―¿Por qué?
―Bah, ella no quiere que yo crezca tan rápido. Y no creer ya en Papá Noel es algo que viene con crecer
Regina sonrió
―Sí, te estás convirtiendo en un hombre, el hombre de la casa.
Henry se enderezó
―Sí, el hombre de la casa. Pero estaría bien, si vosotras os casarais un día, tener un hermanito.
Regina dejó escapar una risa
―Veremos, ya veremos
―¿Puedo unirme a vosotros?―dijo Emma entrando nerviosa en la habitación
―¡Evidentemente!―exclamó Henry ―¡Ven!
La bella rubia se pegó a Regina.
―Entonces, ¿cómo es eso? ¿Tenemos que hacerte un hermanito?
―¡Sí!
Las dos mujeres se echaron a reír antes de desearle buenas noches al muchacho y abandonar la habitación vigilando para que no volviera a ponerse a leer.
Después volvieron a bajar al salón.
―¿Quieres un té?
―Con mucho gusto
―Ya vengo
Emma desapareció en la cocina mientras que Regina se sentaba en el sofá del salón. Algunos segundos más tarde, Emma se unió a ella.
―Está al fuego
Regina asintió y sonrió, después sintió la mano de la bella rubia sobre su muslo.
―Habíamos dicho que hablaríamos
―Lo habíamos dicho, sí
―Conoces ya bastantes cosas sobre mí…Incluido mi pasado bastante turbulento, pero yo, no sé nada de ti.
―¿Qué decir? Nada apasionante: criada en una familia bastante rica. Tengo una hermana mayor, Lena, que trabaja en una floristería en Nueva York.
―¿Cómo son tus padres?
―Es…Complicado…Mi padre murió cuando yo tenía veinte años, y desde entonces, con mi madre la situación es bastante conflictiva
―¿Por qué?
―Siempre supe que me gustaban las mujeres, pero se lo escondí por mucho tiempo a mis padres. Hasta que no pude más porque conocí en la facultad al amor de mi vida. No quería ofenderla escondiéndola como si fuera una vergüenza. Ella me dio el valor para salir del armario con mis padres. Y si mi padre no emitió juicio alguno, la cosa fue mucho más difícil con mi madre. Cuando mi padre murió tres semanas más tarde de un paro cardíaco, me culpó por ello. Para ella yo era la responsable de su muerte porque anunciando mi homosexualidad había hundido en la desesperación a mi padre.
―¿Cómo se le puede decir eso a una hija? Tú no te lo creíste, ¿verdad?
―Al principio, sí…No podía ser simple casualidad. Pero después Lena me confesó que mi padre había estado teniendo citas médicas por su corazón y que este ya estaba débil desde hacía un tiempo. Yo no tenía nada que ver con su muerte…Desde entonces, puse a mi madre contra la espada y la pared, y al final eso se volvió en mi contra: ella me dio un ultimátum, y al final me mudé.
―Wow…Ok, mi familia es un caso, pero tu madre parece ser la madre del año
―Hemos pasado años sin hablarnos. Danielle jamás la conoció
―¿Danielle? ¿Tu ex?
―Sí
―Vosotras…¿Fue algo serio?
El corazón de Regina se encogió
―Ella…Sí, lo era
―Tema delicado, si quieres, cambiamos
―No. Tú te sinceraste conmigo cuando apenas nos conocíamos. Es justo que yo lo sea contigo ahora.
―…
―Danielle era la mujer de mi vida. Pero tuvimos un accidente de coche. Yo me quedé con está cicatriz más un mes de rehabilitación, ella no sobrevivió.
―Lo siento…
―A menos que estuvieras al volante de ese camión de reparto y te hubieras saltado el semáforo…No debes excusarte
―…
―Fue una persona importante para mí, siempre lo será―Regina sonrió―Pero seguí adelante. Y para acallar mi pena, me hundí en el trabajo.
―Y te convertiste en una periodista de éxito
―Era sobre todo un modo de evadirme lo máximo posible y alejarme de mi casa. Una especie de excusa para evitar los domingos en familia o las fiestas de finales de año.
―De ahí tu aversión hacia la Navidad.
―No siento aversión hacia esta fiesta…La veo solo desde un punto de vista periodístico: es una fiesta esencialmente comercial. Personalmente, no necesito esperar a esta fiesta para ofrecer regalos a los que amo.
―Lo comprendo. Como madre, evidentemente no tengo el mismo punto de vista que tú. Quizás tú cambies de opinión cuando tengamos nuestro hijo―rió de forma guasona
―¿Ah sí?
―Bah, ¿has escuchado a Henry? Par él ya es casi cosa hecha
Regina sonrió y Emma posó su mano sobre la de ella.
―Hablando de eso…¿Y si comenzamos?
―Estás al corriente de que entre mujeres no pasa así como así…
Emma empujo a Regina sobre el sofá
―Te estás riendo claramente en mi cara, ¿no?
―Solo un poco. ¿Y? ¿Qué piensas hacer?
Emma sonrió maliciosamente.
―Hacerte callar
―Inténtalo
Emma se colocó encima de Regina y no esperó un solo segundo más para posar con fogosidad sus labios sobre los de ella, cortando el aliento a la bella morena. Las manos serpentearon por ambos cuerpos, intentando deshojarse mutuamente. Con unas prisas dignas de un niño la mañana de Navidad, Emma consiguió abrir la blusa de la joven dejando ver el nacimiento de sus pechos, bordeados por un sujetador de encaje negro.
―Ok…Feliz Navidad, Swan…―sonrió Emma
―Encantador…―rió Regina ―Y yo, ¿no tengo derecho a un regalo?
Emma sonrió y se enderezó para quitarse su suéter de cuello, dejando ver su sujetador rojo escarlata.
―¿Le gusta lo que ve, Miss Mills?
Como toda respuesta, Regina pegó sus labios al cuello de la bella rubia, aspirando, de paso, su perfume afrutado.
Y tras algunas caricias y besos cada vez más pronunciados, desvelando también a cada momento más piel, se vieron interrumpidas por el silbido de la tetera. Emma se incorporó y sonrió.
―No te muevas, ya vuelvo.
Regina sonrió, echada sobre el sofá. Siguió a Emma con la mirada antes de suspirar y anclar su mirada en el techo. Durante ese tiempo, Emma se dio prisa en coger la tetera, quemándose de paso. Con un movimiento reflejo brusco dejó caer prácticamente la totalidad de la tetera en el suelo.
―¡Mierda! Bueno, yo…¡Ya voy, eh!
Se dio prisa en secar torpemente lo mojado, extendiéndolo más que otra cosa sobre el suelo, lo que le llevó un tiempo infinito. Y cuando, finalmente, logró su fin, solo había lo suficiente para una única taza.
―Ok, siento la espera, espero que aún quieras tu…―se detuvo en seco al ver a Regina, dormida, en el sofá. Sonrió y dejó la taza sobre la mesa para coger un cobertor y tapar a Regina con él. Esta ronroneó ligeramente, pero siguió durmiendo. Emma sonrió acariciándole dulcemente la mejilla.
―Buenas noches, Regina―murmuró ella antes de apagar las luces y subir a su habitación.
Regina se despertó en plena noche, con el frío en sus hombros desnudos. Comprendió inmediatamente lo que había pasado y se volvió a poner su blusa antes de enrollarse en el cobertor y subir discretamente las escaleras y abrir la puerta de la habitación de Emma. Entró sin hacer ruido, rodeó la cama y ocupó el sitio vacío, dejado por Emma. Al sentir que el colchón se movía, la bella rubia se giró ligeramente y abrió los ojos con dificultad.
―¿Regina?
―Chut…Duerme, es tarde
Completamente adormilada, Emma volvió a cerrar los ojos, tan rápidamente como los había abierto. Regina se acostó y se giró hacia ella, quedando nariz contra nariz. Emma tenía una expresión tan apacible, tan calmada, eso divirtió a Regina. Liberó su rostro de una mecha rebelde antes de suspirar y cerrar a su vez los ojos para dormirse a su lado.
Durante la noche, Emma se movió, hasta pegarse a la espalda de Regina, posando su mano sobre su cadera. Y en esa misma posición se despertó la rubia a la mañana siguiente.
Cuando se dio cuenta de la presencia de Regina pegada a ella, esbozó un ligero movimiento hacia atrás, antes de incorporarse y admirar a la bella morena.
―Siento tu mirada sobre mí...
Emma se sobresaltó
―Mierda, estás despierta…
Regina abrió los ojos, se giró ligeramente hacia Emma y le sonrió
―Escuché el cambio de ritmo de tu respiración. Es raro sentirse espiada.
―Lo siento…Es solo…
―¿Es solo qué?
―Que me gusta esta sensación
―¿Qué sensación?
―La de tenerte a mi lado al despertar―sonrió Emma besándola en la mejilla
Regina se incorporó
―Es que tenía miedo de que tu hijo me sorprendiera medio desnuda en tu sofá
―Ah sí…Eso también―rió Emma. Se incorporó entonces ―¿Quieres quedarte un poco más en la cama?
―¿Qué hora es?
Emma echó una ojeada a su despertador
―Las 10:03
―Dios mío, hace mucho tiempo que no me despertaba a esta hora
―Bah, eso es porque te sientes bien en mi cama, modestamente hablando, por supuesto
―Por supuesto
―Al final hemos pasado la noche juntas, en la misma cama…
―Finalmente―dijo Regina, irónica
Emma se inclinó y la besó tiernamente.
―Lo repetimos cuando tú quieras…―Como toda respuesta, Regina sonrió y le acarició la mejilla ―No deberíamos retrasarnos, Henry ya debe estar en pie.
―Ok
Emma desapareció en el cuarto de baño, mientras que la bella morena escrutó la habitación con su mirada: una decoración moderna y bastante neutra. Algunos toques de originalidad: decenas de fotos de Henry y Emma en la playa, en diferentes cumpleaños, con los padres de Emma, con amigos de la escuela a los que reconoció por haberlos ayudado en la confección de sus carrozas. Pero una foto llamó su atención: Henry, con apenas unos meses, en los brazos de Emma, y esta última en los brazos de una joven morena, ambas sonrientes.
―Es Lily
Regina se sobresaltó y se dio la vuelta, Emma estaba apoyada en el marco de la puerta.
―Es…Es bonita
Emma sonrió.
―Sí, lo es―se acercó a su altura y miró a su vez la foto ―Éramos muy allegadas
―Es…Es…
―Una ex, sí―apenas sonrió ―Guardó esa foto pues es un recuerdo que quiero perpetuar
Regina la miró, con expresión perpleja
―¿Por qué?
―Lily era mi mejor amiga, mi confidente…Junto con Ruby formábamos un trío endiablado, nuestros padres se arrancaron los pelos más de una vez por nuestra culpa
―¿Qué pasó?
―Lily y yo…Fue con ella que descubrí que también me gustaban las chicas. Coqueteábamos como adolescentes…No nos preocupábamos por nada, lo que más tarde le costó bastantes problemas como a mí. Cuando quedé embarazada, ella no me abandonó, al contrario que el padre de Henry. Cuando volví a Storybrooke, ella estuvo ahí…Estaba loca por Henry…Tía Lily, es como quería que la llamase―rió ella
―¿Emma?
―Ella era fuerte, sin duda la mujer con más carácter que yo conocía…Pero no lo suficiente para ganarle al cáncer.
―Oh…
―Fue visto y no visto. En pocas semanas su estado fue empeorando, murió cuando Henry tenía nueve meses.
―Lo siento…
Emma sonrió
―Es una página de mi vida que no quiero olvidar. Fue muy importante para mí, a muchos niveles. Y aunque yo he coqueteado aquí y allá, yendo entre hombres y mujeres, ella fue quien me lo descubrió―se giró hacia Regina ―Grosso modo, si hoy estoy pillada por ti, es porque ella me empujo a aceptar que, a veces, en los sentimientos no se manda y que estos sobrepasan los géneros, las fronteras y el sexo.
La bella morena esbozó una sonrisa
―Entonces tengo que darle las gracias
―Más bien, agradécemelo a mí―la cogió por la cintura y la besó tiernamente ―Si no me detienes…
Regina comprendió el mensaje y empujó amablemente a la bella rubia.
―Me voy
―Te he dejado toallas limpias en el borde del lavabo
―Gracias
―¿Te veo abajo?
Regina asintió antes de desaparecer en el cuarto de baño. Emma bajó y encontró a Henry, con un bol de cereales delante de él, removiendo sin ganas el contenido.
―Eh, conozco a alguien que se habría quedado tranquilamente en su cama―sonrió Emma acercándose y despeinándole el pelo. El pequeño alzó la cabeza y miró a su madre.
―¿Regina está arriba? ¿Se quedó a dormir?
Emma sonrió
―Sí, se quedó a dormir
Henry enarboló una gran sonrisa.
―Se va a venir a vivir aquí, lo sé
Emma frunció el ceño.
―Has escuchado lo que ella dijo ayer
―Lo sé, pero estoy seguro.
―Henry…―sermoneó Emma
―¡Ya verás!―dijo con determinación
Emma se encogió de hombros antes de encerrar la conversación y ponerse a preparar las tortitas. Algunos minutos más tarde, Regina bajó
―¡Qué bien huele!
―¡Hey Regina!
―¡Hola, Henry!
El pequeño abrió los brazos para acoger a Regina, lo que sorprendió tanto a la joven como a la madre del pequeño. Ella aceptó ese abrazo matinal antes de sentarse a su lado.
―Cocinas de buena mañana…
―Quería preparar un buen desayuno―respondió Emma sonriendo ―Cuando uno se despierta así, se tiene ganas de agradar.
Ellas intercambiaron una mirada cómplice antes de escuchar la voz de Henry.
―¿Cuando uno se despierta cómo?
―Oh, euh…Cuando uno se despierta…Con la gente a la que queremos a nuestro lado
Henry, satisfecho con la respuesta, asintió antes de lanzarse con avidez sobre sus tortitas.
―Entonces…¿Qué tenemos para hoy?
―Hm…La fiesta de los farolillos es hoy. Tengo algunas cosas que arreglar…
―Yo voy a quedarme aquí, ¿te quedas conmigo?―peguntó Henry girándose hacia Regina
―Oh…Con mucho gusto. Antes, tengo que volver al hostal para, yo también, arreglar unas cosas
―¡Guay! ¡Podemos jugar al Fornite!
―¿A qué?
Emma se echó a reír
―En estos momentos, está emperrado en eso…Es un videojuego
―Oh, ok…No estoy muy al corriente de esas cosas
―Bueno, pues tendrás que ponerte al día, porque los fines de semana juego a menudo con mamá
Regina arqueó una ceja: no era la primera vez que dejaba caer que la bella morena se quedaría más de lo previsto. Evidentemente, ella no había dicho lo contrario, pero los hechos estaban ahí. Pero quizás alimentar las esperanzas del muchacho tampoco era bueno. Emma parecía de su opinión, pero ella no le contradijo cuando él mencionó una vez más la vida con Regina en Storybrooke. El resto del desayuno transcurrió en una calma relativa durante el cual Henry explicó con más detalle lo que sucedería esa noche.
―Y después tras soltar los farolillos, mamá y yo vamos a comer a Granny's. ¿Vendrás?
―Con…mucho gusto. Pero no querría molestar
―Al contrario, estaríamos contentos, de verdad, de que vengas―aseguró Emma acercándose a ella deslizando una de sus manos en la de ella.
―Gracias―y tras un último momento de complicidad silenciosa, Regina se obligó a dejar el domicilio de los Swan. Tenía algunas cosas que resolver antes de acabar con ese reportaje y esa emisión.
Y, evidentemente, a finales de esa mañana, tocó a la puerta de la habitación de Peter.
―¡Hey Regina! Me preguntaba dónde estaría, pero al final…
―…Déjeme adivinar: Ha deducido que estaba con Emma
―…
―¿Dónde están tus últimas investigaciones sobre los habitantes de la ciudad?
―¿De qué está hablando?
―He visto las últimas emisiones, las que ha montado desde que le deje al mando.
―Bueno, si quiere que seamos francos, fue Glass quien me pidió que fuera a por todo, y parece que ha sido un éxito, ¿no? La audiencia jamás ha sido tan alta y nuestro reportaje sobre Storybrooke es uno de los más valorados. Es lo que usted quería, ¿no?
―¡No a mí costa! ¿Quién te pidió que basaras lo esencial del reportaje sobre Emma y yo?
―Para decir la verdad…Usted misma
―¿Perdón?
―Usted quería una pareja ideal que la gente pudiera seguir y con la que la gente pudiera engancharse e identificarse. Cierto, es una pareja lésbica, pero la ola LGBT está terriblemente de moda en este momento en la tele.
―Eres vil
―¿Yo? ¿Yo? No hecho más que mi trabajo. He enseñado lo que parece un verdadero cuento de Navidad, un romance como el de las películas que ponen en estas fechas. La gente quiere ver eso.
―…
―Regina, no hay nada malo con eso. Os amáis, formáis una bella familia, no se avergüence.
―¡No lo estoy! Simplemente me habría gustado estar al corriente.
―¿Emma lo está?
Regina se quedó paralizada.
―¿Perdón?
―Me pide que sea sincero y honesto con usted, pero usted, ¿lo es con Emma? ¿Está ella al corriente del giro que ha tomado la emisión?
―…
Peter sonrió
―Me da la charla, pero yo no he hecho otra cosa que mi trabajo. Usted, al contrario, no ha sido ni íntegra ni honesta ni con usted misma ni con los otros. Les he escuchado hablar de su promesa: no ver la emisión para mantener el suspense, para estar lo más naturales posible. Es loable por la parte de ellos, pero, por otro lado, los principales interesados no saben, no saben nada. Eso le viene bien a usted
―Stop
―Regina, no he hecho nada malo. Solo he plasmado en la pantalla lo que mis ojos han visto: el nacimiento de una pareja, de una familia, en un cuadro atípico. No hay ninguna mentira aquí. ¿Se puede decir lo mismo de sus intenciones?
―La aprecio de verdad. Henry no debe aparecer―afirmó Regina
―Lo sé, y si mira bien, jamás se ve su rostro.
―…
―¿Por qué no decírselo? ¿Por qué no enseñárselo? Si sus sentimientos son reales, ¿qué hay que temer?
―Yo…Tengo miedo…De que piense de que yo he buscado todo esto por la audiencia
―¿Y es verdad?
―¡No! Por supuesto que no. Yo…Sí, era mi intención al principio, pero…Las cosas han hecho que…Se ha vuelto una evidencia, ella y yo.
Peter sonrió
―Estoy verdaderamente feliz por las dos
―Habrías podido decírmelo…Lo del reportaje
―¿Y que cambiara las cosas sobre la marcha? ¿Qué decidiera poner distancia entre las dos impidiéndose vivir una bella historia de amor?
―…
―La cuestión es: ahora que lo sabe, ¿se lo va a decir?
―Eso creo…
―Solo le quedan unos días antes de volver a Nueva York y antes de que ellos rompan la promesa y se hagan una maratón con los programas. Ella descubrirá que ha sido, a su pesar, la estrella de la emisión.
―…
―Regina, no lo hecho para ir en su contra, sino en su favor
―…
―Ha reaccionado así solo porque está usted implicada. Si hubiéramos elegido otra pareja, su reacción habría sido otra, ¿me equivoco?
Regina no respondió, pero Peter no necesitó confirmación: él sabía que tenía razón, Regina también. Y es eso lo que le daba miedo a esta. Si esperaba demasiado tiempo, sería demasiado tarde, y aunque confesara a Emma sus sentimientos, ¿sería suficiente?
―¡Y un chocolate caliente con canela para el señor!
―¡Gracias, Ruby!
La bella camarera sonrió ante el muchacho que sorbía ávidamente su brebaje.
―Entonces…He visto a tu madre y a Regina juntas ayer por la noche…
―Sí, es guay, ¿eh?
―Estoy contenta de que tú lo estés
―Ella es amable y mamá sonríe más que con Killian
―Ah Killian…―Ruby alzó la cabeza y miró a Emma, algo más alejada, conversando con sus padres ―¿No te gusta mucho, eh?
―Sí, él es bueno…Pero mamá no es la misma cuando está con él que cuando está con Regina―se calló de repente, alzó la cabeza y miró a Ruby ―¿Crees que ella se va a quedar? Regina, quiero decir
―Yo…No lo sé…Aunque se vaya, por su trabajo, Nueva York no está tan lejos…
Henry se quedó reflexionando con el ceño fruncido, lo que divirtió a Ruby que, en ese momento, vio la semejanza de Henry con su madre.
―Hey…Ya veremos. Si, como dices, tu madre parece estar bien con ella…Encontrarán un modo
Henry se giró entonces hacia su madre
―Un modo…―murmuró él
Regina estaba totalmente perdida, dividida entre sus deseos y su deber, sus nacientes sentimientos hacia Emma y su profesionalidad. Dar prevalencia a su corazón o a su cabeza, esa era la cuestión. Y mientras caminaba por la calle, se dio de frente con…
―Hey, hola
Regina alzó la cabeza y vio a Emma y a Henry que salían de Granny's.
―¿Ya está? ¿Ya has arreglado tus cosas?
―Oh…Yo…Sí, está hecho
―¡Guay! Yo aún tengo que pasar por la comisaría, y después, estaré libre.
―Puedo esperarte―sonrió Regina
―Podría ser interesante para tu reportaje, ¿no? Quiero decir, la preparación de la fiesta…
―Por supuesto, yo…Avisaré a Peter de que pase a verte.
De repente, la perspectiva de tener a Emma y a Peter cara a cara, solos, le dio miedo. Pero ¿le interesaría a Peter prender la mecha antes de que lo hiciera ella?
―¿Algún problema?
―¿Qué? No, en absoluto
―Mamá, Regina y yo podemos ir a dar un paseo mientras, ¿no?
―Buena idea…A menos que Regina tenga otros planes
―Ninguno, estaré contenta de tener la compañía de este joven caballero
A continuación, salieron Mary Margaret y David.
―¡Oh, Miss Mills! Espero que su estancia aquí esté siendo agradable
Emma y Regina intercambiaron una mirada discreta y cómplice.
―Mucho, sí
―Estamos ansiosos por ver el resultado final. No sé si se lo han dicho, pero la mayoría de los habitantes hicieron una promesa: no ver la emisión mientras estuvieran rodando aquí. Ya sabe, para ser imparciales.
―Lo comprendo y es completamente loable por vuestra parte
―Sin embargo…―ronroneó Mary Margaret ―Podría darnos alguna pista…No sé…Para decirnos cómo va la cosa
Regina sonrió.
―No se preocupen: por lo que yo también me he enterado, todo va de maravilla
―¿De verdad?
―De verdad
La alcaldesa dio palmaditas.
―¡Bien! ¡Perfecto! Tenemos ganas de que llegue la suelta de los farolillos, es un gran momento para la ciudad, justo antes de Navidad.
―Yo también tengo ganas
―Entonces, hasta esta noche, Miss Mills
La pareja se alejó y Emma le dio un golpe en el hombro
―Ya te adora
―¿Será así cuando se entere de lo nuestro?
―No hay ninguna razón para lo contrario. Henry ya es tu primer fan, y yo voy detrás―ella le cogió la mano ―Todo irá bien
Regina habría deseado estar más convencida. Pero, después de todo, quizás se estaba preocupando demasiado y todo iría bien.
―La ciudad es muy activa…―dijo asombrado Peter
―Compensamos el hecho de ser un pueblo perdido. Hay que ser realista: no hay gran cosa aquí que pueda retener a las familias. Hay colegios, un instituto cerca…Han abierto una guardería hace poco, pero…No tenemos los atractivos de una gran ciudad
―Los pueblos perdidos también tienen su encanto
―Para los jóvenes de ahora si no hay wifi o 4G por todos lados, es el culo del mundo. Mi hijo me ha pedido hace poco que instalemos la fibra…En serio, tiene diez años―sonrió ella ―Ya lo he hecho, incluso he hecho que aumenten la red en toda la ciudad…Quizás funcione
―Su hijo parece ser el mismo espíritu de la Navidad.
―Para ser franca, él ya no cree en Papá Noel, pero mantiene el espíritu de la Navidad, ese espíritu que alimenta a todos los habitantes y que hace que tengamos tradiciones como el desfile de carrozas, los farolillos o incluso el baile de Navidad.
―Eso seguro―sonrió Peter ―En todo caso, tiene una hermosa pequeña ciudad. Casi estaría uno dispuesto a quedarse.
―¿Eso cree?―dijo Emma irónica ―Sin embargo, la mayoría sueña con más cosas, con más acción, con más movimiento
―Eso depende
―¿Depende de qué?
―De las relaciones que se establezcan
Emma se paralizó y lo miró fijamente. Nada más fue sugerido, pero Emma se preguntó si Regina se lo había confesado a otra persona más allá de Ruby. ¿Su asistente estaría también al corriente? Si fuera así, ¿podría él darle un giro al reportaje? No, Regina no lo autorizaría. Henry no debía aparecer, ella lo sabía.
―¿Peter?
―¿Sí?
―Yo…¿Debo preocuparme por el reportaje?
―¿Por qué?
―Ya sabe, al comienzo yo estaba en contra, porque tenía miedo de que esto atrajera malas personas. Tengo miedo de que Storybrooke pierda su frescura. La llegada de turistas en masa puede cambiar las cosas.
―Puede, efectivamente, ser algo malo pero, créame, los telespectadores son grandes seguidores de Storybrooke y de sus habitantes.
―¿De verdad?
―No tema nada
No temer nada, Emma no podía evitarlo. Pero si las cosas se torcían, Regina estaría ahí, ¿no? Ella la defendería, y protegería su ciudad.
Emma se reunió con Regina y Henry al borde la playa nevada. Como siempre desde la llegada de Regina a la ciudad, ella estaba maravillada por el apego que existía entre su hijo y la morena. La muchedumbre se había aglutinado en la playa, el cielo anaranjado anunciaba que pronto anochecería. Un silencio casi ceremonial lo invadía todo, cada habitante sostenía en sus manos un farolillo y una vela.
Regina estaba asombrada ante la sincronía con la que cada uno encendía la mecha del farolillo y con qué veneración esperaban a que el último se hinchara antes de tender los brazos y dejarlos volar. Emma estaba a su lado, sosteniendo un farolillo rojo escarlata.
―¿Lista?
―¿Quieres que yo lo encienda?
Emma sonrió y asintió. Henry estaba entre ellas, esperando impacientemente el momento. Regina inclinó la vela y la mecha prendió fuego. Lentamente, el farolillo se fue hinchando y los tres pares de manos lo sostuvieron. Una bola de fino papel se formó y de repente, cada uno notó una pequeña resistencia, el farolillo estaba listo para echar a volar.
―¿Lo soltamos a la de tres?
Henry y Regina asintieron, después Emma se inclinó hacia Regina.
―Hay que pedir un deseo, es la tradición
―¿De verdad?
―Y dicen que las parejas que se besan bajo el farolillo que se eleva será feliz toda la vida.
La bella morena se estremeció.
―Es romántico
―Quizás sea verdad. Deberíamos intentarlo, solo por si las moscas.
Sus miradas se clavaron la una en la otra y ambas soltaron el farolillo. Emma se acercó entonces y besó tiernamente a la joven, sin preocuparse de las miradas de los otros, mientras que Henry no tenía ojos sino para los farolillos que vagaban por el cielo. Se separaron y pegaron sus frentes.
―Me encuentro bien―murmuró Emma
―Yo también
―¿No te molesta?
―¿El qué?
―El mundo alrededor
―Poco importa
Emma sonrió de oreja a oreja, como si hubiera estado esperando esa respuesta desde hacía meses, como si estuviera libre del peso de las miradas de los demás. Entonces, tomó el rostro de Regina y la besó de nuevo con más ardor, pegándola a ella. No fueron interrumpidas sino por el carraspeo de Henry.
―Asco…―puso él una mueca antes de sonreír mezquinamente
Ellas se echaron a reír.
―Ahora que están en el cielo, Papá Noel va a poder encontrar el camino hasta aquí―concluyó Emma ―Dentro de cuatro días, veremos si funciona.
―¡Por supuesto que funcionará!―dijo Henry encogiéndose de hombros ―¿Vamos a comer?
―No sé si Granny tiene…
―No
―¿No?
―Quiero comer en casa, los tres
―Pero Henry, todos tus amigos estarán allí…
―Yo solo quiero estar con vosotras.
Emma frunció el ceño, pero no insistió más, de momento, decidida de todas maneras a decir la última palabra. Así que los tres regresaron a casa de los Swan, no sin antes avisar a los padres de Emma.
―Bueno, no tengo gran cosa…¿Me arriesgo a hacer pasta?
―Yo me encargo, si quieres
―Eres la invitada
―¿Y? Por todas las veces que tú has preparado la comida. Al menos puedo enseñarte de lo que soy capaz. Hacer un homenaje a mis orígenes.
―Ya te vale que esté bueno―amenazó Emma con una sonrisa
―Acepto el desafío
―Henry será el juez, aunque no es verdaderamente imparcial
―Tú eres su madre, pero es mi fan
―Ok, touché. ¿Qué gano si mi pasta es mejor que la tuya?
―Lo que quieras. Y yo, ¿si la mía es mejor que la tuya?
Emma se mordió el labio inferior, parecía inmersa en sus pensamientos.
―Ok. Si yo gano, pasas la noche conmigo. Si pierdo…Yo paso la noche contigo
Regina se echó a reír antes de acercarse a la bella rubia y acariciarle el rostro.
―No necesitaba un plato de pasta para eso…
―No…No tenemos que…En fin, ya sabes. Estaría guay estar la una con la otra…
―Sí, estaría bien. Y…He pillado el mensaje, no te preocupes: nada de presión, nada de promesas. Ya veremos a dónde nos lleva la noche.
Y la noche los condujo a una velada familiar en la que, tras haber degustado la pasta, Emma esperó el veredicto de Henry con impaciencia.
―Entonces…¿Qué te ha parecido la pasta?
―Bah…Está…
―¿Sí?
―No está como siempre
―¿Ah no? ¿Y eso?
―Está…está mejor, está guisada de otra manera
Regina daba saltos por dentro y solo mostró una sonrisa de orgullo ante una Emma abatida.
―¿En serio?
―¿Por qué me lo preguntas?
―Porque la he hecho yo―respondió con un orgullo no disimulado Regina
―¡Guay!
―Ya está, eh…―gruñó Emma, ligeramente ofendida
Regina posó su mano sobre la de ella.
―Tú haces otras cosas con excelencia―después ella depositó un tierno beso sobre su mejilla
Henry sonrió y se levantó de la mesa.
―¿Vemos una peli de Navidad?
―¡Venga, vamos! Tú eliges y nosotras recogemos la mesa
―¡Ok!
Henry desapareció en el salón mientras que las dos mujeres entraron en la cocina.
―¿No estás desilusionada, no?―susurró Regina
―…
―Hey…
―No, todo está bien. Mi hijo me ha traicionado, descubro que soy una pésima cocinera…Soy una nulidad
―No digas tonterías
―Mi hijo es tu fan…Ya lo era antes y ahora te acabas de ganar su estómago. Todos sabemos qué significa ganar el corazón de un hombre por su estómago.
―Me importa poco el estómago de un hombre, es el tuyo el que me importa.
―Ouh, sabes hablarle a las mujeres―ironizó ella
―Ya hablaremos de eso esta noche…
―¿Ah sí?
―Sí
Y cuando Regina acababa de acorralar a Emma entre ella y el fregadero y comenzaba a hundir su nariz en su cuello…
―¡Mamá, Regina, ya está!
Ellas se detuvieron y Regina sonrió.
―Salvada por el monstruo
Después ella retrocedió y tendió la mano para que Emma la agarrara. Juntas, se unieron a Henry en el salón y los tres pasaron el resto de la noche, acurrucados en el sofá hasta que Henry cayó literalmente de sueño sobre las rodillas de su madre. Después de llevarlo a su habitación y arroparlo, invitó implícitamente a Regina a seguirla a su habitación.
―Entonces…Aquí estamos…
―Emma, no estamos obligadas. Podemos sencillamente pasar la noche, lado a lado, dormir juntas. No me ofenderé. Lo importante es estar cerca de t…
No tuvo tiempo de acabar su frase, porque los labios de Emma ya estaban sobre los suyos.
―Lo siento, pero…Buscaba un modo de volver esto romántico―sonrió la rubia ―Pero no lo logro. Solo tengo ganas…de ti, de nosotras, aquí y ahora.
Regina sonrió y agarró un mechón de cabello entre sus dedos.
―Ven…―murmuró antes de arrastrarla a la cama. Los cuerpos se deshojaron lentamente, pero con deseo, antes de arrugar las sábanas y de que sus cuerpos se pegaran por el sudor provocado por sus movimientos. Sus manos parecían estar por todos lados, así como sus labios. Los gemidos acompañaron cada movimiento hasta el agotamiento, cayendo Regina finalmente dormida en los brazos de su compañera.
Emma no dejaba de mirar a la bella morena, dormida boca abajo, con la sábana cubriéndole hasta el nacimiento de los riñones, dejando al descubierto su espalda. Ella la escrutaba con detalle, admirándola con ternura y cierta nostalgia: hacía mucho tiempo que no había pasado una noche como esa. Y de repente, los sentimientos que la invadieron le dieron miedo. ¿Cómo podía enamorarse tan rápidamente de una mujer que ni conocía diez días atrás? Recordaba su primera impresión cuando vio a Regina: era una extraña que desembarcaba en la ciudad. Tenía miedo de que ella se hiciera dueña del sitio e hiciera tambalear su día a día…Y finalmente, había tenido razón: Regina se había apoderado de su corazón y había puesto patas arriba su día a día y el de su hijo.
Salió de sus pensamientos cuando Regina refunfuñó y se movió ligeramente. Ella abrió los ojos y giró su cabeza hacia Emma.
―¿No duermes?
―Aún no…
Regina se incorporó, teniendo cuidado para que la sábana no dejase al descubierto su pecho.
―¿Me mirabas dormir? Es muy raro, ¿lo sabes?
Emma rió dulcemente.
―Te admiraba
Regina reviró los ojos
―¡Qué tonta!
―Jamás he hecho el amor así…
―¿Ah no?
―Pues sí, parece que aún tengo mucho que aprender de la materia
Regina le dio un beso en la mejilla.
―Créeme, te las apañas muy bien.
―Aún es temprano…
―Emma…¿Acaso tienes que decirme algo?
La bella rubia deslizó sus dedos por el brazo desnudo de Regina.
―Me decía que aún tenemos tiempo para…Practicar
No tuvo que decir más, Regina se puso encima de ella con un movimiento rápido y ágil, desvelando entonces su torso a la vista golosa de su compañera. Y con un entusiasmo no disimulado comenzaron de nuevo con una endiablada sesión.
¡Cómo le gustaba ese tipo de amanecer! Sentir el cuerpo pesado y cálido de Regina pegado al de ella, su aliento dulce sobre su piel, sus cabellos haciéndole cosquillas en su rostro. Ella imaginaba unas mañanas así y muchas otras con Henry y una naciente complicidad que haría de ellos una familia.
Regina se despertó poco tiempo después y juntas bajaron encontrándose a Henry delante de la tele. Él no hizo ninguna pregunta, ni ningún comentario. Sencillamente estaba feliz de que ellas estuvieran ahí, las dos, con él. La mañana pasó entre confidencias y los deseos de cada uno para Navidad.
―Regina, ¿te quedas con nosotras hasta Navidad?
―Oh, Henry, Regina probablemente tiene una familia con quien le gustaría pasar las fiestas―respondió Emma
―Oh…
―Henry, estaría contenta, pero como ha dicho tu madre, tengo cosas que hacer, pero, te prometo que volveré el día de Navidad. De todas maneras, de momento no me voy a ningún lado: nos queda aún el baile de Navidad―sonrió ella
―¡A, sí! ¡Estarás muy guapa en traje de fiesta!
―Gracias por la parte que me toca…―refunfuñó Emma entre dos sorbos de chocolate caliente
―¡Pero tú estás guapa todo el tiempo!―rectificó hábilmente el muchacho
―Ya…Tienes suerte, lo has arreglado
―¿En qué consiste al final el baile?
―Tiene lugar el 25 por la noche. Se celebra la Navidad. Todo el mundo se viste con sus mejores galas y nos reunimos en la alcaldía, en la sala de recepción. Bailamos, cantamos, bebemos, comemos…Hasta que el cansancio nos derrumbe. Es bastante bonito y también permite a los que pasan la Navidad solos sentirse rodeados de gente. ¡Ah! Y también hay un coro, Henry canta en él.
―¿Ah sí? ¿Cantas?
―Sí…
―De hecho, se metió en el coro por una chica
―¡Mamá!―refunfuñó Henry
―Oh, venga ya. Es mono, y tengo que decir que Grace es una buena chica.
―Entonces, te gusta una chica…
―Ni siquiera sabe que existo. Ni cuando mi carroza fue elegida para que cerrara el desfile se fijó en mí.
―No te lo tomes en serio. La indiferencia es el truco de las chicas así―explicó Regina ―Ya sabes, nosotras somos sutiles, quizás demasiado. Pero también somos astutas: vigilamos a nuestras presas, las observamos, las estudiamos. Y una vez que estamos seguras, nos acercamos.
―Entonces…¿Piensas que ella sabe que yo existo, pero que finge que no?
―Algo así. O es demasiado tímida o está impresionada.
―…
―Henry, eres inteligente, guapo y divertido. No veo por qué no le ibas a gustar a las chicas―Henry esbozó una sonrisa ―Y vas a tener que agarrar al toro por los cuernos para invitarla al baile.
―No sé bailar…
―Te enseñaré
―¿De verdad?
Regina asintió, cosa que devolvió la sonrisa a Henry, que volvió a hundirse en sus cereales, mientras que Emma la daba las gracias diciéndole un "gracias" mudo con los labios. Si Regina hubiera sabido lo que seguiría a esa mañana, se habría quedado con Emma y Henry en esa burbuja que habían sabido crear. Pero ahí está, cuando el destino golpea, lo hace de forma implacable.
Todo comenzó cuando la joven abandonó el domicilio de los Swan para dirigirse al hostal. Se cambió y se preparó para pasar el día con Emma y Henry, un día que, a priori, le llenaba de felicidad el corazón. Una sonrisa estaba fijada en su rostro y ella no podía deshacerla. Ese sentimiento de plenitud aún le era desconocido. Por supuesto, las cosas habían sido intensas con Danielle, pero con Emma era diferente. No sabría decir por qué ni cómo.
Cuando salió del hostal para reunirse con Emma y Henry en Granny's, sus pasos era ligeros y cuando atravesó la terraza, solo tenía un deseo, verlos.
―¡Regina!
Esa voz, familiar, demasiado familiar. Se estremeció antes de girarse y mirar fijamente la silueta de una mujer pelirroja de ojos verdes.
―¿Le…Lena? Pero…
―¡Por Dios, qué difícil ha sido encontrar ese pueblucho, incluso con el GPS! De verdad, perdido este sitio.
―Pero…¿Qué…?
―Hay que reconocerlo, Peter y tú tenéis talento para volver maravillosas las cosas insípidas
―¿Por qué estás aquí?
―Te lo dije: necesitaba vacaciones. Y por qué no unir lo útil a lo agradable: reunirme con mi hermana y pasar Navidad con ella en un sitio atípico.
―Pero…¿Has hecho todo este camino para eso?
―He de confesar que también sintió curiosidad
―¿Curiosidad?
―Me gustaría conocer a la que ha hecho que el corazón de mi hermana vuelva a latir.
Regina se tensó
―No…
―Oh, venga, no seas celosa. ¿No pensabas guardarte para ti sola el secreto, no? Si así fuera, no lo habrías explayado de esa manera en el programa…
―…
―¿Regina? ¿Algún problema?
Emma, que había visto a Regina a través de la ventana, acababa de salir de Granny's, curiosa por ese nuevo rostro en la ciudad.
―Emma, todo bien, tranquila, ya voy.
―¡Oh, ahí está!―dijo entusiasmada Lena
―¿Perdón?
―Al César lo que del César: la emisión no le hace justicia. Es usted mucho más deliciosa en carne y hueso que en la tele.
―Perdóneme, pero ¿quién es usted?
―Pues parece que soy su futura cuñada.
―…
―Lena Mills, soy la hermana de Regina
―Oh, ok, encantada de conocerla
Emma bajó algunos escalones del restaurante para llegar a la altura de la bella pelirroja y estrecharle la mano.
―Y hay que decirlo, me encuentro con una verdadera star
―¿Perdón? ¿Yo, una star?―rio Emma
―¡La emisión es un verdadero éxito del que usted es la heroína! ¡Debería estar halagada!
―¿Yo?
―¡Lena, stop!―dijo en pánico Regina, que veía que la situación se le iba de las manos
―¿Qué? ¿Aún no se lo has dicho?
―¿Dicho qué? ¿Regina?
―…
La bella rubia se giró hacia Regina, pero ante el mutismo de la mujer, se volvió a girar hacia Lena.
―Explíqueme
―Vuestra relación es el foco de la emisión. En serio, la gente está totalmente volcada con vosotras, y ya le han dado un nombre a vuestra pareja: swanqueen. Swan, evidentemente, por usted, y Queen porque mi hermana es la reina de la audiencia.
―…
Lena perdió su sonrisa.
―¿Por qué tengo la impresión de que no sabía nada de esto? ¿No veis la tele aquí?
―Nosotros…Lo reservábamos para el final―gruñó Emma que comenzaba a creer que esa promesa era totalmente idiota y fútil ―Debería haber echado una ojeada a fin de cuenta. ¿Cómo es eso de que soy la estrella? ¿Qué enseña esa emisión? ¿Regina?
La bella morena estaba petrificada, incapaz de responderle a Emma ni de sostenerle la mirada. Parecía que el suelo fallaba bajo sus pies y que su sangre se había congelado en sus venas.
―¡Regina!
―Os muestra a las dos, a los tres―respondió Lena, captando de nuevo la atención de Emma ―Desde el nacimiento de todo hasta los farolillos. Vuestro romance ha sido el punto álgido del reportaje. La gente se ha encariñado con vosotras, han vivido el comienzo y el desarrollo de vuestro idilio.
―¿Qué…Cómo…?
―El encendido del árbol, el desfile de las carrozas, los farolillos, todo eso fue filmado, como muchas otras cosas. Y durante todo ese tiempo, hemos sido testigos de vuestro recién comenzado romance. Ha sido magnífico. E imagino que también es eso lo que ha hecho que la emisión haya sido un éxito.
La mente de Emma iba a toda velocidad. Se giró hacia Regina.
―¿Me lo puedes explicar?
―Yo…
―¿Lo sabías? ¿Estabas al corriente de todo esto?
―…
―Lo sabías―concluyó Emma en tono de decepción ―Te has reído de mí, de nosotros, de Henry…Él se ha apegado a ti
―¡Y yo a él!
―¡Por exigencias de tu reportaje!
―No, te equivocas
Regina dio un paso hacia delante, esperando alcanzar a la joven, pero esta retrocedió un paso, después dos.
―Te has reído en mi cara
―Nunca Emma. Deja que te explique
―Respóndeme simplemente a una pregunta: ¿estabas al corriente del reportaje y de la dirección que estaba tomando?
Ya no había por qué mentir ni disimular la verdad. Si quería que Emma la creyera y conseguir de nuevo su confianza, tenía que decírselo.
―Sí
―¿Y pensabas decírmelo algún día?
―Yo…Lo intenté, pero…
Emma frunció el ceño.
―Lo intentaste…
―Emma, espera, te lo ruego
―No, déjame. Necesito…Estar sola, ver con claridad.
―Te lo ruego, dame tiempo para explicártelo
―¡Has tenido diez días para eso!
―…
Emma, entonces, se alejó, dejando a una Lena perdida y a una abatida Regina, quien tuvo que recurrir a todas sus fuerzas para no derrumbarse de dolor y tristeza. ¿Acababa de perderlo todo? ¿En un chasquido de dedos?
Hola chicas, siento la tardanza, pero ya sabéis, Sedgie escribe capítulos muy largos, y entre semana con el trabajo no tengo tiempo para sentarme a traducir. Ah, y también os agradezco todos los comentarios y las bonitas palabras recibidas.
