Capítulo 5
―¿Pero tú te has vuelto loca?―gritó Regina a su hermana cuando se quedaron solas
―¿Qué te ocurre? En serio, ¿no le habías dicho nada?
―Yo…¡Pensaba hacerlo!
―¿Después de que hubiera visto el programa?
―…
―Regina, no te reconozco: pareces…diferente―sonrió ―No, estás enamorada―constató ella ―Y lo has estropeado todo, todo ha cambiado.
―Yo no he hecho nada: ¡TÚ lo has estropeado todo!
―¿Yo? Pensaba sinceramente que ella lo sabía. Cuando se ve el programa, se…
―…¡Deja ya de mencionar esa maldita emisión!―soltó de pronto. Y cuando vio la mirada sorprendida de su hermana, se masajeó las sienes refunfuñando ―Yo…Ella piensa que la he usado para los intereses del reportaje, cosa que no es verdad evidentemente.
―Entonces, ¿por qué has esperado tanto para decirle el rumbo que estaba tomando vuestros reportajes?
―¡Porque ya no eran míos, mira qué cosa! Peter ha tomado las riendas, él filmaba los planos, el que montaba las imágenes…Yo no estaba al corriente.
―Si todo se hubiese parado ahí, no habría problema, hein…
―…
―Salvo que tú has visto el resultado, has visto que los reportajes hablaban tanto de las fiestas como de vuestra relación. En fin, que esta tenía un lugar importante en ellos.
―…
―Regina, no ha muerto nadie. Ella está enfadada ahora, pero va a tranquilizarse, la almohada le aconsejará y verá las cosas con más perspectiva.
―Yo no estoy segura…
―Confía en ella
Regina suspiró
―He pasado estos últimos días más tiempo coqueteando que ocupada en mi trabajo. Dejé todo en manos de Peter. Y aquí está el resultado…
―Estáis en lo alto de la audiencia
―Super…
―Pero, ¿dónde está Regina Mills? ¿Esa periodista que quería conquistar el mundo? Has cambiado, y no sabría decir si para bien o para mal.
―…
―Creo que estoy muy poco acostumbrada a que pongas sobre la mesa tus sentimientos…Te has enamorado, pocas veces he tenido la ocasión de presenciar esto
―¡Cierra el pico, Lena!
―Oh, no me estoy burlando, al contrario. Empezaba a preguntarme si eras humana…
―Mira que eres idiota, ¿lo sabías? Y encima te presentas aquí y te metes donde no te llaman.
―Hey, ¿cómo iba a saber que no le habías dicho nada?
Regina apretó la mandíbula y los puños: ella sabía que había cometido un error, un único error fatal.
―Tengo que marcharme
―¿Qué? Pero, ¿y tu reportaje?
―De todas maneras, ya no pinto nada…Peter se hará cargo el tiempo que queda. Emma ya no querrá que me quede. Ya la veo viendo las emisiones pasadas y maldiciéndome…
―Eso no lo sabes
―Lo sé bastante bien
―Regina…
―Para. Ya has hecho suficiente, creo…
Regina la invitó a dejar su habitación, cosa que Lena comprendió. Suspiró y desapareció, dejando a Regina frustrada y sola. Habría querido, en un ataque de rabia, poner la habitación patas arriba…Pero, por otro lado, ¿no se lo había buscado ella? Había aplazado la conversación y ahora era demasiado tarde. ¿Podría ahora hacerse perdonar?
Emma tenía la mente zumbando: ¿cómo las cosas habían podido dar tal giro? Estaba feliz y todo había saltado por los aires. Pero no debía asombrarse: llevaba la maldición con ella, en cuanto la felicidad golpeaba a su puerta, aquella huía en cuanto la puerta era abierta.
Regina era demasiado perfecta, demasiado educada, demasiado amable. Ahora comprendía por qué: ¡todo por ese maldito programa! Todo por la audiencia. Y, al final, habrá conseguido la celebridad buscada, pero ha perdido toda credibilidad ante ella. Estaba igual de desilusionada como encolerizada y no podía imaginarse la decepción que su hijo sentiría cuando él se enterara. Es más…¿Cómo iba a decírselo? A él, que literalmente la idolatraba, ¿cómo confesarle que solo era una manipuladora al servicio de la audiencia? Se sentiría desilusionado, furioso y probablemente se hundiría en una tristeza inconsolable. Tendría que estar ahí para él, rodearlo y llenar el vacío que dejaría Regina, pues ella se marcharía, eso estaba seguro.
―¿Emma? ¿Puedo?
La joven se había refugiado en el único sitio donde se sentía en seguridad: su silla en la comisaría. Evidentemente, su padre lo sabía, evidentemente tendría noticias. No se sorprendió entonces al verlo aparecerle, discretamente.
―¿Tú qué crees?
―Cariño, las cosas quizás no sean tan malas como tú piensas…
―¿Tú crees? Ni siquiera me atrevo a mirar…
―Romper la promesa no es…
―…No tiene nada que ver con la promesa…―cortó ella ―Tengo miedo de ver hasta qué punto se ha reído de mí
―¿Al menos estás segura de eso? Quiero decir…La he visto estos últimos días…No parecía estar fingiendo: te tiene cariño.
―No, le tiene cariño a su celebridad. Consiguió lo que quería…Y pensar que he sido tan idiota como para acostarme con ella…―ante esa confesión espontanea delante de su padre, Emma se tensó, sin atreverse a mirarlo a la cara, por miedo a su juicio, que ya sería demasiado para ella. En lugar de eso, suspiró y sonrió
―Eres una chica grande. Haces lo que quieres―la tranquilizó él ―Y además, ella no te ha forzado…En fin, eso espero
―No, no, nada de eso…Pero…Si estaba lista a llegar hasta eso para logar sus objetivos…Se lo puse en bandeja. Al final, debí seguir mis instintos…Ella no tramaba nada bueno…Tendría que haberlo sabido.
―No hagas juicios a la ligera. Quizás deberías hablar con ella
―¿Para decirle qué? Creo que sé todo lo que hay que saber. Se ha burlado de mí. ¿Y sabes lo que es peor? Ha metido a Henry en su delirio. Le ha hecho creer…―Ella suspiró, empezaba a sentir una migraña ―Se va a sentir tan decepcionado―desorbitó los ojos y se levantó ―No debe enterarse. Le diré que hemos discutido, que la distancia era demasiado complicada…Ella no volverá jamás y él acabará por pasar a otra cosa.
David escuchó a su hija, desesperado viendo hasta qué punto ella sacaba conclusiones a la ligera. Siempre había sido así, y siempre lo lamentaba después. Otra vez, él sabía que su hija estaba juzgando muy deprisa y que Regina se le escaparía…Un error más en su lista, un error que la perseguiría durante un tiempo antes de que pasara página. Evidentemente, ella no tenía ni idea.
¿Qué debía hacer ahora? ¿Acaso podía pretender seguir paseándose por las calles sin que las miradas suspicaces no se giraran hacia ella? ¿Podría enfrentarse a la de Emma?
Lo había estropeado todo, era consciente de ello. ¿Lo había perdido todo definitivamente?
―¿Regina?
La joven estaba encerrada en su habitación, ensimismada. La voz de Peter resonó. Era al que menos deseaba ver en ese momento.
―Ahora no, Peter
―Yo…Miss Swan me ha llamado
Regina se levantó, desorbitando los ojos, antes de correr hacia la puerta y abrirla violentamente.
―¿Perdón?
―Me ha llamado para…
―¿Para qué?
―Para que le dé un link donde ver todas las emisiones
Regina empalideció.
―¿Se lo has dado?
―¿Qué otra cosa podía hacer? Las habría encontrado de otra manera
―…
―Y además…No es tan grave. Usted misma ha visto los ruhs, no hay nada escandaloso.
―Eso es lo que tú dices…
―¿Y qué sigue?
―¿Cómo que qué sigue?
―Nos queda por filmar el baile de Navidad…No podemos abandonar la emisión. Storybrooke ha firmado un contrato.
―Sinceramente, no creo que Emma quiera que yo me quede. Y no se la puede culpar.
―Intentémoslo al menos
―…
Peter entonces suspiró
―Bueno, me voy…La mantengo al corriente
Regina se quedó ahí: Emma, lógicamente, había pedido ver los programas. Durante un corto instante, había creído que las cosas no eran tan graves y que Emma iba a darse cuenta de que había montado una montaña por un grano de arena.
Y durante la hora que siguió, mantuvo su teléfono en sus manos, rezando para que Emma la llamara para excusarse, para decirle que no había nada tan grave…Esperó, y esperó.
Emma sostenía el mando como este pudiera escapársele de las manos. Estaba ahí, delante de la pantalla de la tele apagada. Peter le había dado los links para el visionado, y ahora, dudaba. ¿Tenía miedo de ver la verdad? ¿O esperaba haberse equivocado? Al cabo de unos diez minutos dándole vueltas, inhaló y encendió la pantalla.
Las imágenes desfilaron, sus ojos se desorbitaban por momentos…Pasaron algunas horas antes de terminar de ver todos los episodios de la emisión…Y cuando hubo acabado, apagó la tele, y suspiró antes de coger el teléfono.
Regina daba vueltas como león en su jaula. ¿Emma había renunciado a ver los programas? Y cuando ya lo creía todo perdido, su teléfono, en sus manos, sonó sorprendiéndola tanto que casi lo dejó caer. Cuando vio quién la llamaba, se estremeció antes de descolgar.
―¿Di…Diga?
―Regina, soy yo
―Sí, yo…―rio de incomodidad ―Sale en la pantalla
―…
Perdió entonces su sonrisa
―¿Quie…Quieres algo?
―He visto el programa
―Oh…
―Lo siento
El corazón de Regina iba a estallar en su pecho.
―Ah…¿Sí?
―Lo siento porque…Vas a tener que abandonar Storybrooke
Entonces, de repente, su corazón se rompió en mil pedazos y su sangre se heló en sus venas.
―¿Perdón?
―Regina…¡Me has utilizado! En serio, la emisión gira alrededor de mí y de nuestro acercamiento…y debo estar feliz de que a Henry solo se le vea de espaldas…
―¡Emma, no estaba al corriente de lo que Peter filmaba, te lo prometo!
―Pero después te enteraste
―…
―¿Viste los montajes? Sabías sobre quién giraban
―Emma…
―Que las emisiones fueran hechas y difundidas ya está mal, pero que encima no te hayas tomado la molestia de hablarme de ello. Dime…¿Lo sabías antes de acostarnos?
―¿Cambia algo?
―Solo para saber hasta dónde puedes llegar para asegurarte una buena audiencia
―Emma…Bien, ¿quieres que te sea sincera?
―Para lo que sirve ahora
―Es verdad, mi objetivo, al llegar aquí, era filmar el día a día de los habitantes, las fiestas. Pero también quería encontrar algo que enganchara al espectador, que lo mantuviera en vilo. Y qué mejor que un romance de Navidad.
―…
―Entonces…Busqué potenciales candidatos, y me centré en ti y Killian
―No hay nada entre Killian y yo
―Sí, lo sé, y lo comprendí más tarde. Entonces abandoné esa idea y fue en ese momento…que me di cuenta de que me sentía atraída por ti.
―Qué buena sincronía
―Solo providencial. No busqué seducirte para montar una telenovela. Emma, te aprecio, aprecio a Henry.
Ella escuchó risas al otro lado de la línea.
―¿En serio? ¡Has usado a un chico que te idolatraba!
―¡Jamás haría eso!
―Y ahora que ya has hecho lo que querías, me vas dejar en la mierda para explicarle qué mujer eres.
―No, Emma…
―Pero, quizás puedas salir de esta de una forma honorable.
―…
―Te marchas. Hoy mismo. Yo explicaré a Henry que te han llamado de Nueva York y que has tenido que marcharte de urgencia.
―Emma…
―Porque mi hijo se sentirá muy decepcionado si le digo la verdad, no pasarás a ser la malvada. Solo quiero ahorrárselo, no creas que lo hago por ti.
―…
―Todo aclarado
―Emma, perdóname si te he herido, pero…
―Lo que me jode es que no me dijeras nada…No sé qué pensabas de mí: ¿la pobre pueblerina que no se entera de nada?
―Sabes muy bien que eso no es verdad, en absoluto pienso eso.
―Ese es el problema, Regina, no lo sé, ya no sé lo que piensas, dado que me escondes las cosas…Ya no tenemos nada que decirnos…
―Emma…
―Stop. Que sigas adelante
Regina ya no pudo decir nada más, el sonido, señal de que la joven había colgado era lo único que se escuchaba, la bella morena ya no tenía posibilidad de defenderse. Estaba llorando y su corazón estaba tan encogido que un lacerante dolor la envolvió. Se quedó en su cama, postrada, humedeciendo su almohada con sus saladas lágrimas, no haciendo sino dar golpecitos al teléfono. Corrió las cortinas e intentó dormir…Pero no tuvo en cuenta a Peter, que tocó a su puerta ya de noche.
―¿Regina? ¿Regina, está ahí?
La joven había pensado en no responder, y fingir que dormía, pero sabía que su asistente era insistente. Así que reunió fuerza y se levantó para abrirle la puerta al joven. Cuando él vio sus ojos enrojecidos por las lágrimas, sintió pena, pero se abstuvo de cualquier comentario.
―Regina, yo…Euh, ¿todo bien?
―¿Qué quieres?
―Yo…Como sabe, el baile tiene lugar pasado mañana y…
―Olvídalo
―¿Perdón?
―Regreso mañana mismo a Nueva York, lo que tarde en hacer la maleta. He reservado un billete de tren para mañana por la mañana.
―Pero…¿Y la emisión?
―Para lo que he hecho estos últimos días. Y parece que tú solo te desenvuelves muy bien.
―…
―Ya es tarde y mañana, yo…
―Regina, perdón, ¿ok? Debería habérselo contado, enseñarle los ruhs y…
―Stop―dijo ella alzando la mano ―Es mi culpa. Era mi idea, aunque tomó un giro diferente…La idea estaba ahí. Aunque no hubiera habido nada entre Emma y yo, yo tuve la idea de servirme de ella y de sus sentimientos…
―…
Ella sonrió tristemente
―No te preocupes, sé que tú continuarás adelante y harás un buen trabajo
―Pero sin usted…
―Seamos realistas: estos últimos días no he hecho nada para ayudarte. Tú solo lo has hecho todo…
―Pero…¿Y las entrevistas? ¿Los reportajes?
―Lo haremos todo en post-producción y añadiremos voces en off.
―¿Está segura de que es lo que desea?
Ella rió más de nervios que de otra cosa.
―No, no lo deseo, pero Emma, sí. Y lo menos que puedo hacer es respetar su decisión.
―Ok…
―Buenas noches, Peter, nos vemos en tres días.
Él ya no sabía qué decir para convencerla de que se quedara. Se echaba la culpa, pero tenía una sensación increíble de impotencia.
―Sí…Hasta dentro de tres días
Regina volvió a cerrar la puerta y pegó en ella su frente. Suspiró y se echó en la cama, mirando hacia el techo. Su mente estaba turbada por miles y miles de preguntas, hipótesis, pero muy pocas soluciones. La única que parecía lógica era que se fuera. Le costó conciliar el sueño. Pero lo que nunca supo, es que por su parte, Emma tampoco consiguió pegar ojo.
―¿Mamá? ¿Duermes?
Emma leía una revista en su cama, al menos lo intentaba. Hacía algunos minutos que leía el mismo párrafo sin en realidad entenderlo. La cena había sido movida: había tenido que anunciarle a su hijo que Regina se marcharía al día siguiente. La incomprensión tomó lugar a la cólera y al final, el pequeño se marchó a su habitación sin terminar de cenar. Emma le había dejado tiempo y espacio necesario para que lo asimilara y calmara. Ella había subido y tocado a su puerta deseándole un tímido "Buenas noches", al que él no respondió.
Ahora, él llamaba a su puerta y Emma estaba lista a responder sus preguntas.
―Entra, cariño
El muchacho trepó a su cama para instalarse al lado de su madre. Se deslizó bajo el edredón y la miró. Al sentir su persistente mirada sobre ella, ella cerró la revista, suspiró y se giró hacia él.
―¿Qué?
―¿Por qué?
―¿Por qué, qué? ¿Por qué se marcha? Por su trabajo, te lo he dicho
―Pero…Ella va a volver, ¿eh? En cuanto acabe lo que tenga allí
―La emisión habrá acabado, ya no tendrá motivos para regresar acá
―¿Y nosotros entonces?
Emma se quedó estática.
―Pero a veces, eso no es suficiente
―¿Os habéis peleado?―preguntó incorporándose ―¿O he hecho yo algo mal?
―¡Por Dios, Henry, jamás! En absoluto es tu culpa. Cuando se es adulto…―ella suspiró ―Cuando se es adulto, uno se da cuenta de muchas cosas. Cuando se es un niño, la vida es más sencilla, hay menos responsabilidades, menos obstáculos.
―¡He hecho la carroza!―dijo exaltado
Emma rió.
―Sí, perdón. Pero hablaba más bien en el terreno…emocional
―¿Emocional?
―Tus sentimientos. Tú aprecias a Regina, y ciertamente ella también. Pero tú no tienes responsabilidades como el trabajo, las facturas que hay que pagar…
―Hm…Pero entonces, ¿ella ya no volverá nunca?
El corazón de Emma se encogió. Si le decía la verdad, su hijo se decepcionaría, pero si le mentía, una esperanza que nunca satisfaría lo llenaría. ¿Valía más la esperanza vana o la cruel verdad?
―Yo…No lo sé…
El rostro del pequeño se entristeció, pero no dijo nada. Se hundió bajo el edredón, seguido por Emma, y se acurrucó pegado a ella, y así acabó durmiéndose. A Emma, por su parte, le costó pegar ojo. Pensó en más de una ocasión que los latidos de su corazón despertarían a su hijo de lo tanto que tamborileaba en su pecho.
Pues, en su interior, tenía que confesarlo, Regina, aunque fuera en poco tiempo, había impactado en su vida ofreciéndole lo que ya no imaginaba nunca tener: la esperanza de amar de nuevo.
―¿Es una broma? ¿Yo llego y tú te vas?
―Nunca te pedí que vinieras―respondió Regina a su hermana
―Pero…
―Y mirándolo bien, toda la culpa es tuya.
―No vamos a sacar ese tema otra vez. Te podría dar cien argumentos para contrarrestar tus reproches.
―…
―¿Cuándo te marchas?
―He sacado un billete para el tren express de mañana por la mañana
―¿Y yo qué voy a hacer aquí? ¡Eso es el culo del mundo!
Regina sonrió
―Ya verás, esta ciudad tiene muchos atractivos.
―Oh, sí, me lo imagino―bromeó Lena ―Pero de todas maneras, acortaré mi estancia
―Quédate al menos hasta el baile de Navidad, y me cuentas.
Lena agarró a su hermana por los hombros.
―O…Puedes volver para ese acontecimiento
―O no. Haz como yo, toma un tren o un avión
―…
―Mientras, yo, me voy. Me hará bien, creo, alejarme de aquí
―Si tú lo dices…
Regina esperaba su taxi. Por miedo a cruzarse con alguien y que la lincharan en público, había preferido quedarse en su habitación hasta que su teléfono vibró, señal de un mensaje del chófer. Peter se había empeñado en despedirla y cuando pensaba que había acabado con Storybrooke, tocaron a su puerta. Cuál no fue su sorpresa cuando al abrirla, vio a Mary Margaret y a David Nolan.
―Pero…
―Buenos días, Regina. Yo…Lo siento, puede parecer atrevido pero Peter nos ha avisado de que se marcha esta mañana
―Cómo no…―suspiró Regina ―Efectivamente
―Supongo que su marcha anticipada tiene relación con Emma…
―…
―Eso no nos incumbe, y David me ha convencido para que no me meta…Pero…Lamento su marcha, de verdad.
―Creo que es mucho mejor para todo el mundo
―Oh, no lo creo―sonrió la alcaldesa ―Emma es impulsiva, pero después del pronto, lo lamenta
―Puede ser. Pero es mejor que me aleje.
―Espero que vuelva para el baile
Regina sonrió
―Me habría gustado, pero…
―…Lo comprendemos―cortó David ―Pero si cambia de opinión, estamos dispuestos a acogerla de nuevo.
―Definitivamente la gente no me querrá aquí
―Hemos visto el programa
―¿Ah sí?
―Y si se mira desde un punto de vista imparcial, le hace usted un bonito homenaje a la ciudad.
―Pero con Emma…
―Bueno…Para ser sinceros…Parece una hermosa historia de amor puesta en la pantalla.
―…
―Regina, se lo suplico, reconsidere su decisión…
En ese preciso momento, el teléfono de la bella morena sonó.
―Es el taxi―respondió mirando a los Nolan ―Sí, voy enseguida―después colgó, ante la cara de abatimiento de la pareja que entendió todo por la respuesta ―Bueno…Les agradezco su acogida
―Quizás nos volvamos a ver un día―sonrió tímidamente Mary Margaret
―Quizás sí
Pero las dos sabían que esa promesa era solamente por educación y que Regina probablemente no volvería a poner nunca los pies en la ciudad. David era algo más optimista, pero no lo demostró.
―Por cierto…Podría darle esto a Henry. No tendré tiempo de despedirme así que…
―Por supuesto.
―No es que no tenga confianza en Emma, pero…Quiero decirle a Henry cuánto ha impactado él en mi vida, piense lo que piense Emma.
―Lo comprendemos y se lo daremos, tiene mi palabra―sonrió Mary Margaret.
Regina se lo agradeció con una sonrisa antes de ponerse el abrigo, coger su maleta y su bolso. La acompañaron afuera y, por un breve instante, tuvo la esperanza de ver a Emma y Henry esperándola, aunque fuera de lejos. Pero, tras una rápida ojeada a los alrededores, tuvo que rendirse a la evidencia: Emma no ha sido más que una breve, pero intensa relación que le ha permitido retomar confianza en ella misma y en sus sentimientos. Les dio una última sonrisa antes de subir al taxi, dirección a la estación.
―¿Dónde estabas?―preguntó Emma, llevaba más de media hora esperando en la comisaría.
―Queríamos, tu madre y yo, ir a despedir a Regina
Emma se estremeció al escuchar ese nombre e intentó, más mal que bien, disimularlo.
―¿Ah sí? ¿Ya se ha ido?
David esbozó una sonrisa
―Ella parecía…apurada…En fin, parecía que en realidad no tenía elección
―…
David suspiró
―¿Cómo se lo ha tomado Henry?
―Se lo ha tomado como un niño de diez años: no muy bien. Está decepcionado y algo enfadado…En realidad, comprende a media las cosas, pero eso es suficiente.
David suspiró
―Las cosas, poco a poco, volverán a la normalidad…¿No es verdad?
Emma sonrió: sí, todo volvería a la normalidad, eso seguro. Así que, ¿por qué su corazón se encogía ante la idea de que Regina se había ido de Storybrooke? Después de todo, era lo mejor, ¿no?
―¡Bienvenida Regina!―exclamó Glass cuando la joven atravesó las puertas del despacho de la cadena de la televisión.
―Gracias, jefe…
―Lamento su marcha anticipada…Sé que Peter es capaz de encargarse de todo, pero estaría más seguro con usted allí para echarle un ojo a todo.
―Sí, los giros de la vida
―¿Cómo se porta Storybrooke?
―Se porta bien. La gente se merece, de verdad, la atención que los espectadores le están dando.
―Lamento sus desavenencias con Miss Swan
―…
―En pantalla, han transmitido ser una verdadera pareja
―Y eso es lo que me ha perjudicado
―Lo siento
―Lo hecho, hecho está
―Los telespectadores se pondrán tristes
―No se preocupe por su audiencia…―dijo ella amargamente ―Su emisión es un éxito
―Regina, no lo decía en ese sentido
―Da igual. Yo…Me gustaría tomarme unos días libres y descansar
―Por supuesto
―Gracias
Y cuando se disponía a abandonar el despacho, Glass la llamó.
―¡Regina!―ella se giró ―De nuevo, gracias
Su corazón se encogió: sí, según la audiencia, había hecho un buen trabajo. Era una buena periodista, pero como novia, habría que ver.
El día de Emma fue igual de largo como de penoso. Las cosas se encadenaron con una morosidad regular: estuvo casi todo el día encerrada en su despacho para poner al día el papeleo de los últimos preparativos antes del baile: la seguridad, los diferentes proveedores, y otras minucias.
―Emma, hay que echar un ojo al sitio antes de colocar la decoración para mañana.
―Sí, lo sé, voy a ir
―Si eso te aburre…
―No, al contrario, así tomo el aire―dijo ella mientras se levantaba y cogía su chaqueta
Su padre vio cómo se marchaba y suspiró: él lo sabía, su hija jamás iba a confesar que echaba de menos a Regina. Sin embargo, era evidente.
―¡Emma!
La bella rubia se giró antes de bajar las escaleras.
―¿Qué?
―¿Vienes a cenar esta noche a casa con Henry?
―¿Por qué no?
―Ok, hasta la noche. ¿A las siete?
―Bien―sonrió ella ―Henry se pondrá contento
Emma abandonó la idea de coger el coche y se echó a andar y, en el camino, se cruzó con Ruby y Lena, que parecían estar enfrascadas en una gran conversación delante de Granny's. Dudó antes de cambiar de acera, rezando para que ellas no la hubiesen visto.
―Oh…Está cambiando de acera, un asco―rió Ruby
―¿No deberíamos llamarla?
―Oh, créeme, si cambia de dirección es que no le apetece para nada charlar, y mucho menos con la hermanita de su ex
―Cierto
―Por cierto, es extraño, no os parecéis en nada. Quiero decir: ella es morena, tez mate, tú eres pelirroja de ojos verdes…
―No tenemos el mismo padre
―Ohhhh, ok. Espero que no sea un tema tabú. Soy la reina de las meteduras de pata.
―Oh no, hace mucho tiempo que ya no lo es―sonrió Lena
―No me imaginaba a Regina con una hermana tan diferente
―¿Y eso que quiere decir? ¿Más guapa? ¿Más divertida?
―Más pelirroja―bromeó Ruby―No sé si Regina te lo ha dicho, pero…Coqueteé algo con ella
―Ah…Definitivamente, es muy cortejada
―Emma ha perdido su oportunidad, en serio…Soy su mejor amiga y a menudo estoy a su favor, pero en esto…
―Son las cosas de la vida. Si de verdad están hechas la una para la otra, volverán a estar juntas.
―Eso es muy idealista
―A veces hay que tener algo de esperanza. Conozco bien a mi hermana y está muy tocada con todo esto.
―Ya…¿Te quedas hasta el baile?
―¿Francamente? No lo sé. Todos esos reportajes sobre la ciudad me dieron ganas de quedarme para descubrir más―sonrió ella
De repente, Ruby cambió de expresión.
―¿Ruby? ¿Algún problema?
―Acabo de tener una idea
Intercambiaron una mirada, una de ellas suspicaz, la otra cargada de esperanza.
Henry siempre era feliz cuando iba a ver a sus abuelos. Mucho más hoy, necesitaba a alguien que pudiera comprenderlo.
―Entonces Henry, ¿tienes listo el traje?
―¡Oh, sí, parece todo un caballero con él puesto!―dijo Emma entusiasmada.
Henry se mantuvo en silencio durante toda la cena antes de que Mary Margaret entablara de nuevo la conversación.
―Por cierto, ¿has encontrado pareja?
―No…
Los adultos se miraron entonces antes de que David hiciera un discreto movimiento de cabeza a su hija.
―Bueno, yo…Voy a lavar la loza, ya vuelvo
Emma se levantó y recogió la mesa mirando tristemente a su hijo, después desapareció en la cocina.
―Henry, ¿todo bien?―preguntó David
―Sí…
―Pensaba que estarías más entusiasmado de cara al baile
―Yo…Es porque…Regina me había prometido su primer baile…
David y Mary Margaret se miraron antes de que el hombre se levantara y sacará algo del bolsillo de su chaqueta. Después volvió a la mesa y dejó la carta sobre el plato de Henry.
―¿Qué es?
―Antes de marcharse, Regina nos dio esta carta para ti. Lamentaba tener que irse tan rápido y no poder despedirse de ti.
Henry cogió el sobre y lo acarició con sus yemas.
―¿Para mí?
―Quería de corazón explicarte ciertas cosas.
Henry esbozó una pequeña sonrisa y metió el sobre en su bolsillo.
―Gracias.
Emma volvió entonces y encontró a su hijo más sereno, más ligero. No tenía idea del porqué de ese cambio y sus padres no le habían dado ni una pista. El resto de la noche se pasó en calma hasta que Emma y Henry se marcharon. En el coche, Emma no se atrevió a abordar el tema, sintiendo que aún estaba todo muy sensible. Pero, al contrario de lo esperado, fue Henry quien tomó la palabra.
―No es contra ti…―suspiró él
―No tengo la sensación de que estés super entusiasmado por el baile…
―Ya…Hubiera sido mejor con Regina
Emma se congeló, era lo que ella se temía: su hijo se había encariñado tanto con Regina que el desapego sería complicado y largo.
―Henry, te he explicado que…
―Ya, lo sé, me habías advertido…
―…Pero eso no impide que estés decepcionado―concluyó Emma ―Lo comprendo.
Henry agachó la cabeza y se llevó la mano al bolsillo de su chaqueta. Cuando llegaron, él subió directamente a su habitación lanzando un vago "Buenas noches" a su madre. Cuando esta escuchó la puerta cerrarse, supo que no sacaría mucho más de él.
Henry se puso rápidamente el pijama antes de meterse bajo las sábanas y coger la carta. No dudó un cuarto de segundo antes de abrirla y leer las primeras líneas. A medida que avanzaba en su lectura, sus ojos se llenaban de lágrimas, alternando con sonrisas. Cuando terminó de leerla, la escondió en su mesilla de noche y se durmió con la sonrisa en los labios.
Regina sentía dificultades para dormir y eso era un eufemismo. A veces, la noche traía consejos, y a veces, podía ser también tan cruel como dulce.
A pesar de sus buenos intentos de pasar página, de tomar aire, de pensar en otra cosa, sus sueños solo estuvieron poblados por imágenes de Emma, de Henry, pero también de la pequeña ciudad portuaria de Storybrooke. Más de una vez, había vacilado en coger el teléfono y llamar a Emma…Pero no podría soportar un nuevo fracaso, un nuevo rechazo, no lo soportaría. Puede ser que con el tiempo y una vez terminado el programa, las cosas se suavizarían…Pero ¿cuánto tiempo?
Emma acabaría probablemente por pasar página, quizás incluso con ese Killian…Henry crecería y la olvidaría dando paso a las penas adolescentes: las chicas, la pubertad, el instituto…
Cosas que Regina soñaba que iba a tratar con Emma en el futuro. Ella, que nunca había planeado fundar una familia, tener hijos, ahora lo imaginaba posible. Sencillamente habría esperado que fuera con una bella rubia y su hijo.
Navidad sería dentro de tres días y en su casa no había puesto ningún adorno. Normalmente, ponía algunas guirnaldas discretas y un pequeño árbol artificial…Pero pensando en el de Emma, su corazón se encogió. Y mientras pensaba en procrastinar todo para el día siguiente, su teléfono sonó. Cuando vio quién era, desorbitó los ojos. Dudó antes de descolgar.
―¿La gente está rara, no?―dijo Emma antes de beber un sorbo de su café sentada en la barra del Granny's mientras Ruby secaba algunos vasos.
―¡No me digas!―rió Ruby
―En serio, desde esta mañana tengo la impresión de que la gente está…amigable. Quiero decir: me sonríen, me dicen buenos días…No es que antes no lo hicieran, eh…Pero lo encuentro…Raro
―Quizás sea la cercanía del baile…
―Ya, eso los vuelve…No sé…
―Raros―Ruby sonrió
―Sí, eso
―O quizás eso no tenga nada que ver
―¿Cómo?
―Quizás haya pasado algo entre ayer y hoy
―¿Cómo?
―Cierta persona podría haberles sugerido que…echaran un ojeada al programa
Emma se enderezó.
―¿Perdón? Tú…No habrás…
―En realidad, ha sido mi idea, pero no fui yo quien hizo saltar la liebre.
―¿Quién entonces?
―Lena
―Definitivamente, esta familia…O esconden cosas o se abren demasiado
―Para, es algo bueno. La mayoría de la gente ha visto el replay y están encantados. Y tras un rápido sondeo, todos lamentan la marcha de Regina.
―No conocen toda la verdad
―La conocen y, créeme, para nada culpan a Regina
―¿Entonces qué? ¿Soy yo la mala de la película?
―No has entendido nada: no hay malos en esta película
―…
―He llamado a Regina
―¿QUÉ?
―La he llamado para que pedirle que viniera al baile. Le he explicado la situación diciéndole que la gente ya estaba al corriente.
―¿Y?
Ruby notó en su voz y su mirada una débil esperanza, ella sonrió débilmente.
―Se negó
El rostro de la bella rubia pareció empalidecer y sus hombros flaquear.
―Oh…Es…Ya, no me sorprende…―suspiró ella
―Claro. Visto cómo la echaste de la ciudad y de tu vida
―…
―Realmente es una pena…Si te hubieras molestado en hablar…
Emma entonces se calló: ¿Regina habría vuelto pasara lo que pasara?
―Pero, quizás si eres tú quien se lo pida…
―No
―¡Cómete tu orgullo, joder! ¿Vas a perderte la historia de tu vida por culpa de tu ego? ¡En serio!
―Killian me ha pedido que salga con él, le he dicho que sí
―Eres patética
―¡Y tú una pesada! Métete en tus cosas
―…
Emma se levantó de repente, casi tirando el resto de su café, y se marchó deprisa del restaurante, dejando a una Ruby tan abatida como desesperada.
En la calle, Emma echaba sapos por la boca, lanzando a la vez miradas a todos lados para no pasar por una loca de cara a los demás. ¿Regina se había negado a volver? De qué asombrarse…Emma había sido odiosa con ella. Y mientras estaba hundida en sus pensamientos, chocó de frente con Granny.
―¡Ops, lo siento!
―No, no, lo siento yo, no estaba atenta
―Preocupada por el baile de esta noche, supongo.
―Sí, se puede decir eso…―sonrió educadamente Emma
―Por cierto, he visto la emisión. ¡Parece que vamos a ganar! Estoy contenta, Storybrooke se lo merece. Es una pena que Regina se haya ido, debería celebrarlo con todos nosotros.
―Sí…Es una pena…
―¡Hey, Emma!―las dos mujeres se giraron para ver a Killian acercarse.
―Bueno, os dejo, hasta la noche
―¡Hey, salud belleza! Entonces, ¿lista para esta noche? Imagino que ya tienes vestido. Yo acabo de ir a recoger mi traje.
―Ya, no…Aún no he tenido tiempo…
―¿Piensas ponerte tu vestido rosa pálido del año pasado?
―No, yo…Voy a cambiar, creo
―¡Genial! ¿Paso a recogeros a las cinco?
―Perfecto…
Él se inclinó y le dio un beso en la mejilla.
―Hasta esta tarde.
Emma se sintió de repente incómoda ante esa proximidad. Aún recordaba los labios de Regina sobre su piel, sus manos acariciando su rostro, sus cabellos cosquilleándole la espalda…Entonces, imaginar a Killian hacer lo mismo casi le daban nauseas. Incluso era impensable que pudiera construir algo con él. ¿Tenía que cortar rápido y hacerle comprender? ¿O debía esperar al final del baile, que las cosas se pararan por sí solas?
Todas esas preguntas ahora mismo no las necesitaba. Imagina a Ruby pidiéndole a Regina que volviera y esta última rechazando por miedo a encontrarse con ella…Ella había tenido miedo de la repercusión del programa, pero parece que la gente ha respondido bastante bien. ¿Acaso se habría precipitado? No, Regina le había mentido, al menos, le había ocultado el verdadero devenir del reportaje…Había estado en su derecho, ¡ella tenía razón! Así que, ¿por qué sentía un agudo dolor en su estómago?
―Estás magnífica, Emma
La bella rubia estaba delante de su espejo, ajustándose el vestido escarlata de casto escote. Se había recogido su cabello en un moño de trenzas y su maquillaje era discreto, pero eficaz.
―…
Mary Margaret se acercó a su hija y posó sus manos en sus hombros, ajustando su collar.
―Estás sublime. Esta noche será un éxito.
Emma sonrió antes de que alguien llamara a la puerta de la habitación.
―Mamá, ¿estás lista?
Henry acababa de entrar, ya vestido con su traje y su pajarita.
―Dios mío, Henry, ¡qué elegante estás!―exclamó su abuela haciendo aspavientos con sus manos
―Gracias. ¡Mamá, estás muy guapa!
―¡Ven aquí, cariño!
Henry se acercó y Emma se agachó para arreglarle la pajarita.
―Perfecto
Se sonrieron.
―¿Listo?
―Nos vemos en el baile…―dijo Mary Margaret
Entonces se escuchó el timbre, señal de que Killian acababa de llegar. Bajaron todos, uniéndose a David.
―Estáis increíbles…
―Gracias cariño
Emma abrió la puerta y Killian, había que reconocerlo, estaba muy elegante.
―Wow, Swan…
―Imagino que es un cumplido―dijo divertida Emma. Ella se giró hacia sus padres ―Nos vemos allá
―Os seguimos
Durante el viaje, Emma se mantuvo en silencio, mientras que Henry que parecía haber recuperado el ánimo, no dejaba de hablar del baile.
―Y bien, Henry, pareces entusiasmado
―Pronto será Navidad. ¡El baile es la última etapa!
Emma esbozó una ligera sonrisa, sabiendo qué regalos iba a recibir su hijo y la felicidad que lo embargaría. Al final, Navidad quizás ayudaría a sanar las heridas que había dejado la marcha de Regina.
Cuando llegaron, globos rojos y verdes de helio decoraban la entrada. La música ya se escuchaba y en la mente de Emma aparecieron viejos regustos del baile de promoción. En el interior, inmensos drapeados estaban suspendidos del techo, globos flotaban por centenares, se había colocado un escenario y una orquesta tocaba melodías atrayendo a algunos convidados a la pista.
―¡Voy a elegir una mesa!―dijo Henry
―¿Quieres beber algo?
―No por ahora…
―Ok, ya vuelvo
Emma estaba feliz de que todo estuviera bien, pero su corazón no estaba tranquilo. A lo lejos, pudo ver a Peter filmando el buffet y la orquesta, y un poco más al fondo, en una mesa a Ruby y a Lena, que parecían charlar animadamente con Marco y Granny. Suspiró y vio, de repente, que su hijo se acercaba a una compañera de clase. Ella sonrió: estaba creciendo tan rápido…
―Hey, ¡tu hijo va por el buen camino!―bromeó Killian
―Sí…
―Y hay que decir que tiene un gran encanto…Como su madre
Emma respondió con una educada sonrisa.
―Killian…Yo…Me gustaría…
―¿Bailar? ¡Venga, vamos!
Él le tendió la mano. Después de todo, quizás no era el momento oportuno. Asintió y se dejó arrastrar a la pista de baile para un vals. La velada continuó, pero la mente de Emma definitivamente no estaba ahí, y Killian lo notó. Así que, tras el cuarto baile, y cuando se sentaron a la mesa, él le tomó la mano.
―¿Sabes? No estabas obligada a aceptar mi propuesta
―¿Perdón?
―Venir de mi brazo
―Killian…
―Sospecho que todo tiene relación con ella…
―¿Ella?
―No soy tonto, ¿ok? He visto la emisión, los reportajes…Lo he pillado, ¿sabes? Pero me he dicho "¿por qué no intentarlo?" y tú aceptaste y yo estaba asombrado. Pero visiblemente…Tu cabeza no está aquí
―…
―No pasa nada, lo entiendo
―Killian, no quería ofenderte…
―No hay ofensa alguna. Me habría gustado que hubieras puesto las cartas sobre la mesa. Pero todo está ok. Jamás he forzado a nadie.
―Gracias…―dijo ella con una sonrisa ―Yo…Voy a buscar algo para picar en el buffet. ¿Quieres algo?
―No, voy a…buscar una nueva compañera de baile.
Él le sonrió antes de levantarse de la mesa. Ella se reunió con Mary Margaret y Henry en el buffet.
―Entones, es un éxito la velada, ¿no?
―Sí, bastante
―Killian parece haber…desertado, ¿no?
Emma se giró y sonrió: él bailaba ya con Lena.
―Ningún problema. Estamos bien.
―Ah…¿Un canapé?
―Sí…Me voy a vengar lanzándome a la comida
―Grace está muy bonita esta noche, Henry―dijo su abuela
―Sí…―después él levantó la cabeza y sonrió de oreja a oreja ―Mamá…
―¿Hm, sí?
―Mira
Emma siguió el dedo de su hijo y se dio la vuelta. De repente su corazón se embaló, parecía que la sangre había dejado de circular en sus venas, que el suelo se había vuelto gelatinoso.
―Pero…
―Deberías acercarte, ¿no?
Emma estaba clavada en el sitio, pues ante ella, con un vestido negro y plateado…
―¿Regina?
