Bueno, chicas, llegamos al último capítulo de este mini fic navideño (tendría que haberlo traducido antes, pero no fue posible). Espero que os haya gustado.
Capítulo 6
Emma estaba estática en el sitio. Y solo cuando sintió que su hijo la empujaba, sacudió la cabeza antes de darse la vuelta hacia su madre e hijo
―¿Co…Cómo?
―¡Ve mamá!―ordenó el pequeño con una gran sonrisa
Emma tomó aire antes de girarse de nuevo y dirigirse lentamente hacia Regina, que estaba de quitar el aliento con su largo vestido negro con algunos adornos plateados que partían de su hombro izquierdo para pasar por la cintura y descender a lo largo de su pierna derecha.
―¿Re…Regina? Pero…¿Qué haces aquí?
―Yo…Si deseas que me vaya, lo haré
―Pero…Ruby me dijo que te habías negado
―¿Ruby? Ella nunca me ha llamado
―¿Qué? Pero, ¿quién entonces?
―Henry
―¿Henry? Pero…
―Me ha llamado esta mañana…
―Entonces, ¿has vuelto porque él te ha llamado?
―Adujo buenos argumentos―sonrió discretamente la bella morena ―Pero, te lo repito, si deseas que me vaya…
―No, no…Quédate
―¿De verdad?
―De verdad―sonrió Emma ―Creo que te debo unas disculpas
―No, tú tenías razón y…
―No, espera. Quizás…Quizás no es el mejor momento para hablar, pero…Creo que…Me sobrepasé. Quizás es porque es mi sistema de defensa…Siempre he tenido miedo a la traición, porque la he vivido demasiado…
―No tienes por qué justificarte, cometí mis errores.
Ellas se miraron entonces y sonrieron a la vez.
―Ok, un empate entonces
Se hizo un corto silencio antes de que Emma sonriera
―Estoy contenta de que estés aquí
―¿De verdad?
―Creo…Creo que lamento tu partida, aunque fuera yo la instigadora…Pero lo importante es que estás aquí, ¿no?
―Tenemos cosas de las que hablar, pero…Sí, también estoy feliz de estar aquí.
Emma le tendió la mano y su corazón estalló en su pecho cuando Regina deslizó la suya y entrelazó sus dedos a los suyos. Emma la condujo entonces cerca del buffet donde estaban Henry, David y Mary Margaret.
―¡Regina!―gritó el muchacho antes de correr hacia ella y abrazarla.
―Estamos felices de verla de nuevo, Regina―admitió David.
―Yo también
―Entonces, ¿has vuelto? ¿De verdad?
Regina sonrió y posó una rodilla en el suelo para estar a la altura del muchacho.
―No voy a mentirte…He vuelto porque tú me lo has pedido. Tengo que hablar con tu madre, pero…Por esta noche, me quedo.
―¡Guay!
Emma estaba feliz de ver el rostro de su hijo iluminarse de alegría. Ver a Regina en ese baile era algo que ella tampoco se lo esperaba. Pero antes de poder invitar a Regina a sentarse a la mesa, la bella morena fue acaparada por el gentío: algunos querían darle las gracias por el programa, otros para tener noticias de ella.
―Vaya, vaya…Miren quién está de vuelta―ironizó Lena ―¿Me echabas tanto de menos?
―Oh, sí, eso seguro. Veo que tú también te diviertes por tu cuenta.
―Ese Killian tiene un efecto encantador―bromeó la bella pelirroja
Regina reviró los ojos
―Nada de tonterías, eh…
―Oh, no me conoces. Y tú entonces, ¿de vuelta entre nosotros?
―Eso parece. En todo caso, por esta noche.
―Oh, por favor, si no te plantearas nada más, no habrías vuelto.
―…
―Mereces ser feliz, de verdad
―¿Regina?
Las dos jóvenes se dieron la vuelta y vieron a Henry.
―¿Sí?
―Yo…Me habías prometido un baile
―¡Oh, por supuesto!
Henry, todo orgulloso, le tendió la mano, que ella aceptó, y la condujo a la pista bajo las miradas atentas y enternecidas de sus abuelos y madre.
―Yo…Nunca he bailado.
―Déjate guiar por la música―le aconsejó Regina
Henry le tomó una mano antes de posar la otra en su cadera y, a las notas de un vals, empezar unos torpes pasos.
―Pareces un perfecto caballero esta noche.
―Gracias. Mamá eligió mi traje.
―Y ha acertado.
―Estoy contento de que hayas venido.
―Tú me llamaste diciéndome que las cosas iban mejor aquí, que me necesitabas, y tu madre también.
―Te he echado de menos
―Solo he estado fuera dos días apenas―sonrió la bella morena
―Pero, ahora ya no te vas, ¿no?
―Ya veremos, Henry, ya veremos
―Si tus ojos fueran colmillos, ya te la hubieras comido enterita―bromeó Ruby uniéndose a Emma en la mesa.
―Cierra el pico…
―Confiesa que estás feliz
―¿Acaso tengo derecho? Quiero decir: no hace ni dos días le eché de Storybrooke como si fuera la peste.
―Pero ha vuelto. Ha vuelto por ti, por vosotros
Emma entonces la miró fijamente.
―Me mentiste. Nunca llamaste a Regina
―Hm, nop… Pero tuve la idea. Para ser sincera, una vez que sugerí a la mayoría de la gente que viera el programa, supe que era un argumento imparable. Cuando Henry lo supo, eso lo motivó a contactar con Regina.
Emma lanzó una ojeada a su hijo y a Regina que parecían de verdad cómplices en ese momento. Entonces sonrió y un sentimiento de serenidad la invadió.
―Estás completamente enganchada… Es igual de mono que de desesperante.
―Dices eso porque está celosa…He visto que te habías acercado en serio a Lena.
―Oh, ella es simpática, pero creo que Killian es más su tipo…Ella se lo pierde―bromeó Ruby
Emma rió.
―Tenemos aún muchas cosas que solucionar…
―Y se hará, a su tiempo. No seas impaciente. Ella ha vuelto, es lo esencial.
Sí, era lo esencial, aunque el camino sería largo y las heridas que curar, dolorosas.
―He leído tu carta, ¿sabes?
―¿Y por eso me llamaste?
―Algo así. Es muy bonito lo que me dices
―Era verdad. No sé lo que tú has entendido, lo que tu madre te ha dicho, pero…Te aprecio y me sentí conmovida de la manera en que te has acercado a mí.
―Mi madre dice que tengo un don para conocer a la gente. No lo entiendo siempre, pero ella dice que soy imán para los buenos.
Regina rió
―No pretendo ser buena, pero, claramente, me has atraído hacia ti.
Henry la estrechó en sus brazos.
―Gracias por haber vuelto
Regina le acarició la parte alta de la cabeza antes de que Henry le pidiera bailar otros dos bailes. Algo incómoda, Regina le murmuró
―¿No tienes pareja esta noche?
―Sí. Bueno…No sé. Invité a una persona, pero…Es Grace y…
―¿Grace?
―La hija del zapatero. Está en mi clase, pero…Es demasiado bonita y popular para mí
―Oh, Henry, no te minusvalore. Eres un caballero, inteligente y con un encanto tremendo. Deberías tentar a la suerte.
―¿Y si me rechaza?
―Bueno…Al menos lo habrías intentado. Pero estoy segura de que no dirá que no.
―Pero si así fuera, sería muy vergonzoso.
―Henry, ahora te parecerá la cosa más importante de tu vida, pero un día te darás cuenta de que no era más que una etapa en tu vida y la próxima será mucho mejor.
―¿Quieres decir que hay chicas más bonitas que Grace?―preguntó asombrado el muchacho
Regina no pudo ocultar que se estaba divirtiendo y soltó una carcajada que resonó en toda la sala, llegando incluso a las orejas de Emma que se dio la vuelta hacia ella. Ellas intercambiaron una rápida mirada antes de que la bella morena pidiera permiso a Henry. Tras unos minutos y aún siendo acaparada por algunos habitantes, Emma buscó a Regina con la mirada, pero no la encontró.
―¡Henry! ¡Henry! Dime, ¿has visto a Regina?
―Sí, me ha dicho que quería tomar un poco de aire.
―¿Dónde?
―Subió
―Gracias, cariño
Emma atravesó a la gente y salió del hall para subir los primeros escalones. Entonces divisó la silueta de la joven en el balcón. Abrió la puerta discretamente.
―¿Regina?
La bella morena se sobresaltó antes de sonreír.
―Hola…
―¿Todo bien?
―Sí. Solo quería tomar el fresco. El viaje más esta velada…
―Oh, si quieres estar sola…
―No, no, quédate―sonrió Regina
―¿Tienes frío?
―No, estoy bien
Emma se acercó a ella y la imitó, acodándose en la barandilla. Se quedaron en silencio, la cara hacia el viento, algunos minutos antes de que Emma rompiera el silencio.
―Estoy feliz de que estés aquí
―También yo estoy feliz de estar aquí. Tenía miedo de aparecer por aquí y que tú…Bueno, que no estuvieras…Entusiasmada ante la idea.
―Al contrario. Solo que tengo un orgullo de mierda…Soy yo quien debió llamarte, no Henry.
―…
―Regina, escucha…Estuve odiosa contigo, dije cosas que no pensaba y enseguida lamenté. Pero mi ego hizo que…Ya no sabía cómo dar marcha atrás.
―Yo también cometí mis errores.
―Creo que debemos esclarecer muchas cosas, eh…
―Si queremos partir de cero, sí, yo también lo creo.
―Es…A ti…¿A ti te gustaría? Quiero decir…¿Partir de cero conmigo?
―¿Por qué no?―Regina se giró hacia ella ―Te aprecio, eso es verdad, y siempre ha sido así
―Lo sé…
―Me he comportado torpemente, pero…Trabajaré en mí y en mi falta de confianza―sonrió ella
―Regina…Yo…Aunque funcione lo nuestro, y quiero que funcione…Queda un gran problema.
―¿Cuál?
―Tu trabajo
―…
―Vives y curras en Nueva York…Sinceramente, y haciendo todos los esfuerzos del mundo…No me imagino abandonar Storybrooke. Cierto, es un pequeño pueblo perdido, pero…
―No tendrás que hacerlo
―¿Cómo?
―He dimitido
Emma la miró, con asombro
―¿Tú…Tú qué?
―Esta mañana. Cuando recibí la llamada de Henry, cuando me pidió que volviera. Era una señal. Y, te confesaré que, cuando pasé los límites de la ciudad, supe que había tomado la decisión correcta.
―Pero…Tu trabajo…Eres una periodista brillante, te ganas bien la vida. Tú…¿Lo has abandonada todo por…Storybrooke?
―No he abandonado nada, solo he…Cambiado de dirección―dijo ella
―No tenemos nada que ofrecerte que esté a la altura de lo que tenías allá…
―Al contrario
Emma se acercó y posó sus manos en las de ella.
―Sé que tenemos muchas cosas que solucionar…Pero…
―Tenemos tiempo, Emma…
―Te he echado de menos, mucho más de lo que te imaginas, y sin embargo, estaba enfadada contigo. Pero no podía evitarlo: pensaba constantemente en ti― A pesar de la penumbra, Emma parecía tener las mejillas ligeramente sonrojadas ―Ahora, estoy muy enfadada conmigo misma, por haber reaccionado tan violentamente, por haberte echado.
Sintiendo que Emma estaba a punto de estallar en cólera, Regina estrechó sus manos.
―Todo va bien.
―No, no, nada va bien. Te dije cosas horribles…
―Y nos encargaremos de arreglarlo todo, a su debido tiempo. Pero nada vale revivir eso ahora. Disfrutemos de las cosas que la vida nos ofrece para reparar y sanar, como este baile.
Emma entonces sonrió
―Como este baile
―¿Vas a invitarme a bailar o debo contar para ello con tu hijo?
Emma le tomó la mano.
―Ven―y la arrastró de nuevo hacia el hall.
Su entrada no pasó desapercibida y mientras se dirigían al centro de la pista, la gente les iba dejando paso, formando una rueda alrededor de ellas.
―Tengo la impresión de que nos miran…―murmuró con una sonrisa Regina
―Mierda, yo tengo la impresión de que es el primer baile de mi boda.
Regina la pegó a ella.
―¿Quién sabe…? ¿Un día…?
Emma la miró fijamente y se quedó sin palabras. Regina aprovechó ese lapsus para empezar el baile que la bella rubia no pudo sino seguir…Y durante unos diez minutos, nada contó para ellas. Ni se dieron cuenta de que la gente se había unido a ellas en la pista y pronto, se vieron rodeadas por la muchedumbre.
El baile se transformó lentamente en un show cuando Regina soltó la mano de Emma para deslizarla por su cintura, pegándola a ella. Emma, por su parte, posó sus brazos sobre los hombros de la bella morena, acercándose a su rostro.
Con sus ojos clavados los unos en los otros, se quedaron así durante un largo rato hasta que Emma llevó a cabo un gesto tierno, agarrando entre sus dedos un mechón de los cabellos de Regina, poniéndolo tras la oreja. Después ella le acarició la mejilla.
―Tengo ganas de besarte…
―Sería un modo como cualquier otro para comenzar la curación, ¿no?―sonrió Regina
Aliviada, Emma acercó su rostro, deslizó su mano por su nuca para acercar sus labios a los suyos y comenzar un casto beso. Ahora recordaba la suavidad de sus labios, también su perfume. Notó el brillo de labios de sabor frambuesa, después pidió permiso para comenzar un beso más apasionado acariciando con la punta de su lengua el labio inferior de su compañera. Petición a la que Regina respondió favorablemente. Solo un gemido por parte de Emma cortó el beso algunos segundos más tarde.
―Hay alguien hambriento por aquí, ¿no?
Emma estalló en risas.
―Lo siento…Es solo que…Me he dado cuenta de que he estado a punto de perder esto para siempre.
―Ya no pensemos en eso
―Dime, soy curiosa. ¿Por qué Henry te llamó?
―¿Él no te ha dicho nada?
―Ni siquiera sabía que lo había hecho antes de verte.
―No, quiero decir, ¿no te ha dicho por qué me había llamado?
―No
―Yo…Le escribí una carta
―¿Una carta?
―Se la dejé a tus padres para que se la dieran. No pensé que me llamaría.
―¿Qué decías en esa carta?
―Si Henry quiere que tú la leas, es cosa suya.
―Ok…
―Emma…La única razón por la que se la dejé a tus padres es porque tenía miedo de que tú, en un ataque de rabia, la rompieras. Sencillamente quería decirle a Henry hasta qué punto contaba en mi vida, hasta qué punto me había abierto los ojos tan solo con sus diez años.
―Probablemente tienes razón: la habría roto…No te puedo culpar porque hoy estás aquí, en mis brazos…Así que poco importa lo que decía esa carta, por lo que se ve ha salvado nuestra relación―sonrió ella
Al cabo de unos quince minutos, se sentaron a la mesa, uniéndose a los padres de Emma.
―¿Dónde está Henry?
―Está ligando…―dijo divertido David haciendo una señal con la cabeza hacia el buffet.
Emma y Regina se giraron entonces y vieron a Henry charlando animadamente con una pequeña niña rubia, de rostro angelical.
―Grace, supongo
―Exacto
―Henry tiene razón, es muy bonita
―Es lo menos que se merece mi hijo―dijo con orgullo Emma
Regina lo miró, en silencio, rezando para que todo funcionara. Y cuando el pequeño condujo a Grace hacia la pista de baile, ella soltó el aire, aliviada. Después, sintió la mano de Emma en su muslo, captando su mirada.
―¿Quieres algo del buffet?
―Una copa de champán, ¿por qué no?
―¡Ya vuelvo!
Emma entonces desapareció, dejando a Regina con los Nolan.
―Entonces…¿Todo bien con Emma?
―¡David!―exclamó Mary Margaret ―¿No puedes ser menos curioso?
―Bah, ¿qué? Todo el mundo las ha visto besarse.
―…
Regina sonrió
―Sí, eso parece. Aún tenemos cosas que solucionar, pero…Vamos por el buen camino
―Estoy contenta, de verdad
―Mañana es la víspera de Navidad, necesitaré su ayuda para regalarles a Emma y a Henry.
―Oh, creo que ya les ha dado una bella sorpresa.
―Lo sé, pero…Navidad siempre es Navidad: regalos a los pies del árbol, ponche y villancicos.
―Tenemos la costumbre de pasar la víspera juntos, pero comprendemos perfectamente que, este año, deseéis…
―…No, al contrario. Respetaré vuestra tradición, incluso estaré feliz de estar incluida.
―Y con gran placer la acogeremos en la familia
―¿Hay algo más y de lo que no estoy al corriente?―dijo Emma al regresar y escuchar la última frase de su madre.
―Tus padres me han invitado para la víspera de Navidad.
―¡Oh, pues claro!―ella se recompuso ―Si ella no lo hubiera hecho, lo habría hecho yo―sonrió ―Por cierto…Has llegado hoy y…¿dónde piensas hospedarte?
―He cogido una habitación en el hostal
―Oh…Pues…Si quieres ahorrarte unos gastos inútiles y…En fin, ya sabes, hay sitio en nuestra casa.
Regina sonrió
―Con mucho gusto
Emma estaba en las nubes y estrechó tan fuertemente la mano de Regina que tuvo miedo de rompérsela.
El resto de la velada pasó entre alegrías y diversión. Regina se relajó a medida que las personas venían a felicitarla o a decirle lo alegre que estaban por su regreso al pueblo. Ella compartió algunos bailes, sobre todo con Marco o una vez más con Henry, que le susurró al oído la alegría que sentía por haber compartido algunos momentos con Grace.
Cuando las señales de cansancio se hicieron notar en el muchacho, Emma se excusó ante sus padres e invitados, y, acompañada de Regina, se marcharon, con sus ojos brillando de felicidad.
Evidentemente, Henry se quedó dormido durante el trayecto, mientras que Regina se quedó, extrañamente, en silencio, lo que inquietó a Emma.
―¿Todo bien?
―¿Hm? ¿Decías algo?
―No, yo…Estás muy callada
―Oh…No te preocupes. Creo que es el efecto del viaje, mezclado con todas esas emociones…Yo…No logro creer que esté de vuelta aquí, contigo, con vosotros.
―Pero…Es positivo, ¿no? En fin, quiero decir, tu vuelta
―Sí, por supuesto. Es solo que…Era impensable hacía solo un día
―Como has dicho: haremos las cosas poco a poco, sin precipitaciones.
―Entonces esta noche, y estamos de acuerdo en esto, me quedaré en la habitación de invitados.
―¿Qué?
―Chut, Henry duerme…
Emma lanzó una rápida ojeada por el retrovisor para asegurarse que su hijo dormía antes de volver a prestar atención a Regina
―¿En serio?
―Y tú por lo que parece tienes una idea muy precisa de cómo acabar la noche, por lo que veo…
―Sí, no, bueno…Yo…No solo pienso en eso, pero…Pensaba…Solo…
―Emma, te estaba picando
―En serio, parezco una salida…
―Lo siento, no pude evitarlo.
―Entonces…¿Duermes conmigo? ¿En mi habitación?
―Iba a decirte "si quieres", pero creo que sería "no hay nada más claro"
Emma enrojeció y cuando detuvo el coche ante su garaje, no tuvo tiempo ni de salir que ya Regina cogía a Henry en sus brazos.
―Yo lo cojo
―No, deja, yo lo hago
Emma le abrió la puerta y se sorprendió ante la destreza y agilidad de la joven que, en tacones, cargaba sin dificultad al muchacho. Ella la siguió hasta la habitación de Henry donde la bella morena lo depositó. Juntas, lo desvistieron, él se dejaba hacer completamente. Una vez hecho, y seguras de que estaba durmiendo, salieron del cuarto.
―Yo…Voy a dejar tu bolsa en la habitación
―Gracias
Entraron en la habitación y Emma dejó la bolsa a los pies de la cama.
―Puedes tomar un ducha, si quieres
―Sí, me gusta este vestido, pero es terriblemente ceñido.
Emma sonrió y se acercó
―¿Puedo?
Regina asintió y se giró de espaldas a ella. La bella rubia dudó unos segundos antes de bajar la cremallera hasta la parte baja de su espalda. Ella la contempló un instante antes de que Regina se girara, sujetando el vestido con un brazo.
―Gracias
―De nada…
Después, Regina desapareció tras la puerta y Emma se dio prisa, a su vez, para quitarse su vestido escarlata, que dejó delicadamente en una percha. Unos diez minutos más tarde, Regina salió, con los cabellos húmedos cayéndole por los hombros, vestida con un pijama de satén gris oscuro.
―¡Me toca!―dijo Emma, con su albornoz puesto. Pasando por su lado, le dio a Regina un beso en la mejilla ―Mi lado es el derecho―después desapareció en el baño.
Regina abrió su bolsa y sacó un libro y algunas otras cosas antes de echarse, esperando pacientemente el regreso de la bella rubia. Esta última volvió algunos minutos más tarde vestida con un top blanco y un pantalón de pijama a rayas negras y grises. De repente, se instaló un malestar: no se habían encontrado solas en una habitación sino una sola vez…
Emma, entonces, se acostó y de repente, sintió los pies fríos de Regina contra sus pantorrillas.
―Esta noche solo quiero estar a tu lado, solo sentir tu presencia junto a mí…―murmuró Regina
Emma sonrió y abrió los brazos para que la joven se deslizara en ellos y apoyara su cabeza contra su clavícula. Las dos se sintieron invadidas por una plenitud. Ninguna tuvo que verbalizar la felicidad en la que se encontraban actualmente, era inútil, sus corazones latiendo al unísono hablaban por ellas.
Se quedaron dormidas así, una en los brazos de la otra. Por la noche, Henry se levantó. Ante el miedo de que todo hubiera sido un sueño, abrió discretamente la puerta de la habitación de su madre y divisó una cabellera morena mezclada con la rubia de su madre, sonrió entonces y volvió a cerrar. Así que no había sido un sueño: Regina había vuelto, y se quedaría para Navidad, y los días, las semanas y los años que vendrían.
―¡MAMÁ, HAY REGALOS POR TODOS LADOS!―gritó el pequeño dando saltitos a los pies de la cama de su madre.
―Calma, calma…¿Sabes qué hora es?
―Bah, es la hora de los regalos, ¿no?
Emma rió
―Ok, ya voy, pequeño monstruo
―¡Yes!
Emma se peinó los cabellos y lanzó un vistazo al despertador: 08:34, maldijo a su hijo, de verdad. Suspiró y posó su mano en la almohada fría de su lado, sonrió moviendo la cabeza. "Regina, en serio…"
Se puso su albornoz y bajó a la cocina donde un dulce olor a tortitas flotaba en el aire.
―Hm…¿No me digas que te has levantado al alba para hacerlas?
―Buenos días a ti también―respondió Regina, con un delantal alrededor de su cintura.
―Buenos días, mujer de mi vida…―Emma la abrazó antes de darle un tierno beso ―El pequeño monstruo vino a sacarme de la cama…Imagino que tú lo mandaste
―En absoluto. Veía que tardabas. Te conoce lo suficiente para saber que eres una verdadera marmota.
―¡Hey!―Regina le mandó un mirada de juicio ―Vale, ok, ok, lo confieso.
Regina estalló en una carcajada.
―Termino las últimas tortitas y me uno a vosotros en el salón
―Date prisa o va a arrasar con todo antes de que hayas soltado la espátula.
Regina asintió y se dio prisa para unirse a Emma.
―¿Dónde está Henry?
―Oh, tal madre…Tal hijo…Debe estar durmiendo…
Ante esas palabras, el pequeño de tres años se incorporó
―¡Yo voy a buscarlo!
Corrió hacia las escaleras casi chocándose con Regina.
―¡Hey, despacio, James!―Emma se giró hacia Regina y posó su mano sobre su vientre redondo ―¿Todo bien?
―Deja de pensar que soy de cristal. Todo va bien.
―Lo sé, lo sé…Pero me estreso. Das a luz en algunas semanas…
―Y estoy perfectamente bien. ¿Estaba yo tan estresada cuando tú estabas embarazada?
―No, en realidad no…No lo sé…
Regina sonrió
―Todo está bien, ¿ok?
Algunos segundos más tarde, el pequeño James bajó con un Henry completamente dormido.
―Entonces, ¿esa marmota?
―¡Henry, es Navidad!―dijo entusiasmado
―Ya, ya…
―Joder, ¿tengo yo esa cara cuando estoy recién levantada?
―Un poco, sí―confirmó Regina
―Bah…Felizmente nuestra hija va a heredar tu natural frescura mañanera―dijo ella acariciando el vientre de la bella morena
Regina se sentó en el mullido sillón delante del árbol mientras James, Emma y Henry comenzaron a abrir con entusiasmo y ardor los regalos. Y mientras James se extasiaba con sus nuevos camiones de bombero y helicópteros, Emma y Regina querían darle juntas el regalo a Henry.
―Toma, cariño, Feliz Navidad.
―¿Qué es?
―Bah, abre, renacuajo
―¡Emma!
Henry sonrió y abrió el pequeño paquete cuadrado. Al ver su contenido, desorbitó los ojos.
―No…
―Pronto tendrás la edad, así que…
―¿En serio?
―Solo si vas con cuidado con…
―¡Prometido! ¿Dónde está?
―Delante del garaje
―¿Puedo?
Ellas asintieron y Henry dio un salto.
―¡No olvides tu chaqueta!―exclamó Regina
La cogió y salió gritando de alegría ante su nuevo coche.
―¿No crees que aún es muy joven?―se crispó Emma
―Pronto cumplirá los 17. Ya es hora―respondió Regina
―Ya…―vio que Regina fruncía el ceño―Cariño, ¿todo bien?
―Sí, sí, yo…Creo que tengo hambre
―Vamos a comer. Este mediodía vamos a casa de mis padres, y recuerda, siempre hacen de comer como para 20.
Regina sonrió, pero se agarró de repente el vientre.
―Auch…
―Hey, hey, ¿todo bien?
―Yo…Emma…
―¿Qué? ¿Qué?
―Creo que acabo de romper aguas…
Emma dio un paso atrás y vio las señales en el suelo.
―¡Oh, mierda!
―¿Mamá?―dijo Henry volviendo a entrar en la casa
―¡Regina va a dar luz!―dijo temblando la bella rubia
―¿Qué? Pero, ¡estaba previsto para dentro de tres semanas!
―¡Lo sé, lo sé!
―Vosotros dos, nada de pánico. Henry, ve a buscar mi bolsa bajo la cama, la que está lista para el hospital. Emma, viste rápidamente a James.
―¡No voy a dejarte!
―¿Qué quieres que me pase aquí? Venga, date prisa
Emma entonces cogió a James y subió. Algunos segundos más tarde, Henry bajó, con la bolsa en la mano.
―¿Y ahora?
―Llévame al coche
―¿Al mío?
―No, no. No es que no tenga fe en ti, pero en estos momentos de estrés…
―Sí, comprendo
―Ayúdame a instalarme
Y mientras que Henry cerraba la puerta, una vez Regina sentada, Emma apareció, arrastrando a James que aún tenía puestas sus babuchas.
―Emma, ¿en serio?
―Bah, ¿qué? ¡Da igual! Venga, dirección al hospital
―Sé prudente
―No te preocupes, no voy a poner en riesgo vuestras vidas. ¿Preparados, chicos?
Ellos asintieron y Emma inspiró hondo antes de llevarlos a todos al hospital, llegando en diez minutos.
―¡Por favor! ¡Ayudadla!
―Siempre has tenido arte para el drama―resopló Regina
―Ya nos encargamos nosotros
El parto fue rápido: apenas fue puesta bajo vigilancia que las contracciones se intensificaron. Desafortunadamente para ella, no tuvo tiempo para la epidural y solo con el apoyo de Emma, presente en la sala, dio a luz a su pequeña hija.
Cuando Emma salió de la sala, estaba como ida.
―¿Y? ―preguntó con aprehensión Henry
―Ella…Ya está, está hecho
―¿Están las dos bien?
―Yo…Sí, creo…
―Mamá, ¿todo bien?
―Yo…He tenido tanto miedo. Es lo más aterrador, pero a la vez tan bello que he visto.
―¡Emma!
A lo lejos, sus padres corrían hacia ella.
―Los llamé yo―respondió Henry ante la mirada de asombro de su madre.
―¿Y?
―Yo…Están bien, ha sido rápido, muy rápido. No recuerdo que hubiera sido tan rápido con vosotros dos.
―Es bien conocido, las niñas son más rápidas―bromeó David
―Están…Están cuidando de la pequeña…Y Regina descansa
―Pues bien, hay que dar las felicidades. Esa pequeña princesa nos ha hecho el mayor regalo de Navidad que podía hacernos―sonrió David
Una hora más tarde, Emma tuvo por fin derecho a entrar en la habitación de su mujer.
―Hey, hola…
―Hey…
Regina tenía cara de cansada, pero feliz y serena. Emma se acercó despacio y se inclinó sobre la pequeña cuna.
―Dios mío, es tan pequeña…¿Estaba yo tan serena cuando James?
―No―rió Regina―Estabas estresada
Emma se inclinó y besó a su mujer en la frente antes de darle un tierno beso en los labios.
―Te amo…Si supieras cuánto te amo
―Yo también
―Es magnífica…Es perfecta. No estaba yo hecha para engendrar una niña, has tenido que llevar al tercero para tener una.
―Una verdadera princesa
―Somos de nuevo mayoría en casa―bromeó Emma ―Por cierto…Dos caballeretes quieren verte
Ella se levantó y abrió la puerta para dejar pasar a Henry y James, cabizbajos.
―Mamá, ¿ella está bien?
―Todo va bien, cariño, acércate―aseguró Regina desde la cama. Los dos muchachos se sentaron cerca del bebé ―Os presento a vuestra hermanita
Henry sonrió y James esbozó una mueca.
―¡Es demasiado pequeña!
―Ahora te toca, a ti y a tu hermano, proteger y guiar a vuestra hermana. Como hermanos mayores, seréis sus protectores, sus modelos. Ella recurrirá a vosotros para que la ayudéis a avanzar en la vida. Y sin que os deis cuenta, haciendo eso, también vosotros avanzareis.
James bebía las palabras de su madre y de repente se giró hacia la bebé.
―¡No te preocupes, yo estoy aquí!―dijo él con orgullo, haciendo sonreír a Emma y a Regina.
―¿Cómo la vamos a llamar?―preguntó Henry
―Vuestra madre y yo hemos pensado en Elizabeth, pero…Lo encontramos muy largo. Así que hemos pensado en…
―Lya―completó Regina
―¿Lya? ¡Es guay!―exclamó Henry ―Bienvenida Lya Swan Mills
Emma y Regina intercambiaron una mirada cómplice y apasionada, conmovidas de ver a sus hijos tan atentos con su pequeña hermanita.
Emma sabía, sabía que ese momento era único. Sabía que un día de diciembre, una periodista neoyorquina había llegado a poner patas arriba para siempre su vida. Ella lo había abandonado todo: su vida, su carrera, para venir al Maine profundo a encontrar una nueva vida, una familia.
Hoy, tenían tres hijos, una vida cómoda, sencillamente estaba feliz.
Regina estaba agotada, pero por primera vez en su vida, se sentía completa, en su sitio. ¿Quién lo hubiera creído seis años antes? Había llegado con sus prejuicios y sus ambiciones de periodista, pero había encontrado la paz en el seno de una familia a la que ella finalmente había completado. Recordaba a ese pequeño muchacho que se le había metido en el corazón, con sus brillantes ojos…
También recordaba ese pedido de matrimonio que le había hecho Emma en la playa en pleno verano. En un primer momento, se había sorprendido ante la rapidez de la petición, pero al final, siempre lo había sabido: Emma era la buena, ella había atravesado la costa este y se había instalado en ese pueblo perdido por una razón. Así que, naturalmente aceptó. La ceremonia se celebró en la playa, después la fiesta en Granny's. Todos estaban ahí, incluida su hermana que había vuelto a Nueva York, llevándose consigo a Killian. Se había alegrado por ella, se merecía tanto como ella la felicidad. Pues, claramente, Regina vivía una felicidad completa. Y cuando, varios meses más tarde Emma mencionó el hecho de tener otro hijo, Regina estaba en las nubes. Aceptó y juntas comenzaron el proceso. Y cuando Emma le anunció la buena nueva, deslizando en su cupcake un mensaje anunciando su embarazo, el corazón de la bella morena casi estalló en su pecho.
Después había nacido James. Pura felicidad para Regina que jamás había vivido un embarazo y que siempre había lamentado no haber visto crecer a Henry. Ahora podía experimentar los biberones, los pañales, pero también los primeros balbuceos, las primeras palabras, los primeros pasos…El primer día de cole, el primer dibujo que trajo a casa y que estaba con un imán en la nevera.
Regina estaba completa, pero al cabo de dos años, algo le faltaba. Parecía que daba vueltas en una jaula…Emma también lo vio y finalmente fue Henry quien les dio la solución: Quizás deseas también tú un bebé. Y esa sencilla frase desencadenó un nuevo proceso en el que, esta vez, fue Regina la principal interesada. Tras un intento infructuoso, anunció su embarazo a su mujer con una nube de globos colgados a la entrada de la casa. Y helas aquí, ahora, a los cinco, juntos.
Ella sonrió
―Os acordáis…Había venido acá para encontrar el espíritu de la Navidad.
―Sí, lo recuerdo―sonrió Henry
―Nos acordamos todos―añadió Emma
―Creo que lo he encontrado…
―¿Antes no?―dijo asombrada Emma
―Creo en el Destino, y finalmente, no ha sido quizás el azar si nuestra pequeña princesa ha llegado el día de Navidad.
―…―Emma frunció el ceño
―Es esto, eso es el espíritu de la Navidad.
Los cuatro se giraron hacia Lya, que acababa de bostezar. Emma la tomó en sus brazos y la dejó en los de Regina. Despacio, la pequeña abrió un poco sus ojitos y de repente, un ligero rictus de sonrisa se dibujó en su rostro angelical mirando a su madre.
―Sí, esto es definitivamente el espíritu de la Navidad.
FIN
