Minific Un loco relato. Escrito por Yuleni Paredes con los personajes de Mizuki e Igarashi: Candy y Albert (el verdadero príncipe de la colina) protagonistas de la serie animada Candy Candy.

Capítulo 1

Fue en una fiesta de disfraces en la que conocí aquel hombre alto, rubio, de ojos azules claros como el cielo despejado en una mañana primaveral, de mirada penetrante. Yo vestía como la reina egipcia: Cleopatra, un traje exageradamente provocativo, me puse unas sandalias doradas, de tacón semi-alto descubiertas y ¡qué casualidad, él se vistió como el gran César!

Nadie nos presentó. En vez en cuando nos mirábamos. Era una forma de decir:

Hey, conóceme, soy la chica de tus sueños.

Tomé mi copa de vino, saboreé la orilla con la punta de mi lengua; él no perdió detalle de esa pequeña insinuación, fijó sus ojos en mí. Decidida, caminé seductoramente hasta él, quien estaba parado cerca de la mesa de bocadillos, agarré un canapé y me lo llevé a la boca para degustarlo en mi paladar. Al fin se atrevió a hablarme.

─¿Están deliciosos?

─Sí, pruébalos ─él, al tomar el bocadillo que le ofrecí, me agarró la muñeca y con su lengua lamió una pequeña migaja que había quedado en mi dedo pulgar. Esa lamida me estremeció, apuesto que su lengua haría grandes maravillas en otra parte de mi cuerpo.

─¿Cómo te llamas?

─Por hoy soy Cleopatra.

─Interesante, una Cleopatra rubia de ojos verdes, excelente combinación, creía que las egipcias tenían los cabellos lisos oscuros.

─No, ya ves, también pueden ser ondulados y rubios ─Annie distrajo mi atención con sus señas─. Disculpa, ya vuelvo.

─Estaré aquí, como estatua, esperándote para bailar la siguiente pieza.

─Encantada, bailaré contigo.

Me acerqué a Annie, quien estaba histérica.

─Candy, ¿con quién conversabas?

─Con un amigo.

─Recuerda que debes casarte con Neal Legan. Son ordenes de la tía abuela Elroy. No nos dejes mal; de lo contrario, puede afectar mi compromiso con Archie.

─Despreocúpate, si llego a tener algo con ese magnífico prospecto masculino, será cosa de una noche.

─Espero que así sea. Divierte todo lo que quieras, pero sin ir más allá de una noche. Archie me ha llamado, me iré con él. ¿Te llevamos a casa?

─No. Encontré quien me lleve.

─¡Cierto! Por favor, asiste mañana a la villa de los Ardlay. En la tarde, harán público el compromiso de ustedes. Estará presente el tío abuelo William, a quien nadie conoce.

─¡Qué aburrido!

─Su unión ayudará a la manutención de varios niños del hogar de Pony. Tenlo en cuenta. Ahora, sí, me voy.

Despidiéndome de mi amiga, volví hacia donde mi príncipe me aguardaba. Lamentablemente, sería mío por una noche.

─¿Me tardé?

─Las estatuas no miden el tiempo.

─Si lo dice el emperador de Roma.

─¿Bailamos, mi bellísima reina egipcia?

─¿Cómo negarme al gran César?

Como un buen domador de fieras, me tomó por la cintura, pegándome cada vez más y más a su pelvis. Bajo las luces de múltiples colores, recorrimos nuestras pieles con movimientos guiados por la fabulosa canción de Rihanna: Rockstar.

─Eres buena con tus caderas.

─Tú no te quedas atrás.

─Sabes, puedo mostrarte que otras partes de mi anatomía se mueven a la perfección ─dijo rozándome sus labios por mi oído derecho, sentí su ligero olor a madera fresca. ¡Es increíble, me tiene prendida desde que lo vi! No aguanté más y le respondí:

─Vamos a otro lugar… Uno más privado, para que me enseñes tus habilidades ─No esperó una segunda invitación para sujetarme de la cintura y encaminarme hasta afuera, sin darme oportunidad a arrepentimiento alguno. De inmediato, una lujosa limosina se paró frente a nosotros.

─Súbete ─le obedecí. Al entrar me miró a los ojos, aproximó sus labios a los míos, con fervor los tomó y succionó mi lengua cada vez más y más.

Me estremecí ante las variadas sensaciones experimentadas en mi cuerpo. Detuvo sus besos por un instante para recorrer mi piel con sus labios y lengua, esta vez succionó mis pezones y ombligo con frenesí, deteniéndose en mi vientre para descender su boca hasta mi panty de seda arruchada.

Lúbrico, descendió hasta mi área más sensible. Al estar ahí, entretenido, causó en mí jadeos de placer: "¡Este hombre es genial!", pensé ante el efecto producido por sus caricias. Sin poder aguantarme, gemí como loca.

─¡Oh, Dios, alguien tocó la ventana! ─"espero no sea la policía", me había dicho angustiada.

Por suerte, mi César puso su dedo índice en su boca para que, yo, guardase silencio. Nos acomodamos las vestiduras y él presionó un botón para bajar la ventana.

─Georges, ¿a qué se debe tu presencia?

─Le marqué reiteradas veces a su celular. Al no responderme, opté por buscarle. Se requiere de usted para la firma de unos documentos.

─Diles que esperen. Iré, a penas culmine lo que inicié.

─Muy bien, señor. Comprendo. No tarde más de treinta minutos, por favor.

El hombre antes de irse, echó un vistazo a la parte interna del ostentoso vehículo, al mirarme semi desnuda: supuso lo que estábamos e íbamos a terminar de hacer.

─Os ruego, mi bella dama, me disculpe por inoportuna visita.

─Despreocúpese ─una vez, se marchó, aquel hombre, pregunté a mi rubio─: ¿podemos continuar?

Sonriéndole, nuevamente, le abrí mis piernas para que continuara su labor. Obtuve como obsequio un maravilloso viaje al placer. Él se alzó su atuendo inferior para bajarse su bóxer negro y así liberar su fabulosa dotación que me sorprendió.

Supuse: es normal en los hombres altos y delgados como él. Nunca había tenido ¡algo tan enorme entre mis muslos! Mi novio lo tiene de tamaño normal; pero, este hombre es un semental. Como lo tiene ancho, le costó introducirse en mí. Sin embargo, lo logró. A medida que se movía, aumentaba la lubricidad; así como nuestra fogosidad.

─Mi amor, así, así, ¡embísteme sin piedad! ─le supliqué.

─¿Segura? ─se detuvo por un instante─. No quiero lastimarte.

─Segura, quiero disfrutar al máximo de este encuentro casual ─él, sumiso, obedeció y se hundió en lo más profundo de mis entrañas.

─¿Así? ¿Te sientes bieeeen?

─Sí, amor. No te detengas.

De esta manera, viví la mejor de las experiencias que alguien hubiese podido imaginar. Él, al sentir mis contracciones intimas, lo extrajo de mi ser, para esparcir ese divino liquido viscoso, blanco, de olor a ciruela en mi vientre.

Por suerte, en su limusina tenía toallas y agua mineral con el que nos pudimos asear. Seguidamente, nos arreglamos para volver a la fiesta. Él me dio su tarjeta de presentación, en ese momento, no la leí; sino que la metí en mi bolso. Bostecé e inmediato me tapé la boca, un tanto, avergonzada.

─Es normal que te dé sueño. Te puedo hospedar en uno de mis hoteles.

─¿Eres multimillonario?

─Algo parecido.

─No te preocupes. Mejor, será vernos otro día. Mañana asistiré a una fiesta de compromiso.

─¿Quién se compromete?

─William, te necesitamos ─le reprochó su hombre de confianza por haber tardado más de los famosos treinta minutos.

─Nos vemos otro día. Ve a cumplir con tus compromisos, luego te llamo ─le dije.

Él no se fue sin antes darme un beso en los labios ¡Y, qué beso me dio! Si seguíamos así, de seguro nos metíamos otra vez a la limusina.

Al día siguiente, en la mañana, desperté recordando la mágica noche que viví con mi príncipe cara de ángel y cuerpo pecador.

Estiré mis brazos y piernas, meditando sobre el atuendo adecuado para el compromiso.

─Me pondré algo sencillo. Tampoco es que este feliz de casarme con ese odioso, con el que he sido obligada a contraer nupcias por órdenes del tío abuelo William. Casualmente, así se llama mi galán de una noche, ¡¿será una señal divina?! Lás tima que no volveré a mirarle. Alguien toca la bocina, ha de ser Annie y Archie ─me asomé a la ventana y, en efecto, eran ellos. ¿Pensarán que voy a huir? Bueno, ganas no me faltan.

─¡Candy, sal de una vez, es tarde!

─¡Ya bajo! ─grité desde mi habitación.

En la fiesta de compromiso, Neal se acercó a reclamarme.

─¿Por qué llegas tarde? ¿Quieres dejarme en ridículo? El tío abuelo es un hombre ocupado. Hoy por primera vez, hará su aparición ante todos. Se dice que es un hombre excéntrico. ¿Entendiste?

─Neal, ya deja de quejarte. En realidad, no me quiero casar contigo. Si me caso, es por el agradecimiento que le tengo a la familia Ardlay.

─Cuando te cases conmigo, te quitaré lo altanera. Entremos a la sala ─Neal sonreía a los invitados.

Me sorprendí cuando vi al mismo señor que se asomó por la ventana de la limusina.

Continuará.

Gracias por seguir este canal, recuerden suscribirse ¡Es gratis y ayuda a tener más contenido de calidad! Seguimos recibiendo más fic navideños para que te ganes una corrección literaria gratuita hecha por mi persona, gracias. Dios nos bendiga. Ah, una cosa, este minific lo titulé: Un loco relato, pero editando me di cuenta que es mejor llamarlo Encuentro casual ¡¿Qué opinan?! Espero sus comentarios.