Minific Un loco relato. Escrito por Yuleni Paredes con los personajes de Mizuki e Igarashi: Candy y Albert (el verdadero príncipe de la colina) protagonistas de la serie animada Candy Candy.
Capítulo 2
"Dios, por favor, que mi príncipe cara de ángel no esté aquí, ¡Qué vergüenza sería mirarle a los ojos!". Pensé que mi aventurilla de anoche, se quedaría en una noche. El karma me persigue. La tía abuela ha tintineado su copa de champaña, hará el tan esperado anunció.
─Hoy es un día especial por dos motivos ─se aclaró la garganta─ El tío abuelo William ha llegado del Reino Unido para bendecir los esponsales de mis sobrinos: Candy White Ardlay y Neal Lagan. Démosle la bienvenida.
Noooooooooo mis ojos se habían desorbitados ante la presencia de aquel hombre, ¡no puede ser! Perdí el aliento.
─¡Candy, Candy! ¿Te sientes bien? ¡Responde! ─inquirió mi odioso prometido.
No puede ser, me acosté con mi tutor legal. Me levanté e hice como si no lo conociera.
─Tío abuelo, al fin le conozco… ¡Que alegría! ─Él nos sonrió de medio lado.
─Hola, mi hermosísima sobrina. Al fin la conozco en persona.
─Sí, mi prometida es hermosa. Por eso, me casaré con ella.
─Estoy seguro que será una buena esposa en todos los sentidos ─Desvié la mirada, me era imposible mirarle a los ojos.
─Gracias, tío. Ahora, danos tu bendición.
─Por supuesto. Antes, déjame cruzar unas palabras con tu prometida.
─Está bien ─Neal nos dejó a solas.
─Qué casualidad de la vida. ¿No cree, señorita? Tanto dinero invertido en su educación.
─Lo de anoche…
─Los hombres no tenemos memoria… Quién diría que la mujer que hice mía anoche en la limosina, resultaría ser mi protegida ─expresó recostándose del marco de la puerta que daba hacia el vestíbulo de su despacho.
─¡Si quiere le puede contar a todos! ─le ataqué, enojada por sus comentarios─. Al fin y al cabo, ni me interesa casarme con su sobrino. Lo hago por sus órdenes. Usted piensa que soy su muñeca.
─Ahora, ¿somos distantes? Me tratas de usted, cuando anoche me gemías al oído suplicándome más caricias y besos.
─Piense lo que guste. ¡Adiós!
─Detente ─me sujetó por el brazo─. ¿Estás segura de tu decisión?
─Sí, estoy segura. No lo amo. Simplemente, cumplo órdenes de conveniencia.
─¿Conveniencia?
─Usted lo ordenó. Es un requisito para seguir auspiciando el hogar de Pony. De lo contrario, varios niños dejaran de percibir el beneficio.
─Escucha, nunca obligaría a nadie a casarse y menos en contra de su voluntad. Te propongo algo.
─¿Qué?
─Huir. Demostraste ser complaciente, te quiero conmigo. Sí, aceptas no tendrás que casarte con el imbécil de Neal.
─Pero…y, ¿la tía abuela?
─Espérame en el jardín, mientras hablo con los invitados. Aclararé este embrollo. Diré que la boda se canceló.
─¿En serio? ─se me había dibujado una sonrisa en el rostro.
─Sí.
Alegre, le hice caso. En aquel momento, me pareció descabellado su ofrecimiento. Sin embargo, ¿qué más da? Ya me había acostado con él.
El tiempo transcurrió, disfrutábamos de nuevas situaciones del día a día. El convivir varios meses juntos, nos hizo caer en cuenta de que nos necesitábamos el uno al otro; así que la próxima vez que me subí a su limusina fue para ir rumbo al aeropuerto para subirme en su jet privado y así trasladarnos a una isla paradisiaca, donde nos casamos.
Tras enterarse de nuestro casamiento, la tía abuela casi se infartó; pero al conocer a nuestro hermoso hijo, se llenó de alegría.
Neal se sintió burlado, ¿quién le mando a mentir? Decir que era una orden del tío abuelo William. Para colmo, había manipulado a la tía Elroy.
Albert es un excelente esposo y padre. Siempre, me dice:
─Candy, debes ser más paciente con los niños ─¡Qué lindo!
Fin.
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