Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to aspire2write. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de aspire2write, solo nos adjudicamos la traducción.
Stolen Heart
By: aspire2write
Traducción: Yanina Barboza
Beta: Melina Aragón
Capítulo 27
Bajé del avión y entrecerré los ojos ante la brillante luz del sol. Era un hermoso día en Virginia. Aunque estábamos justo en la cúspide de la primavera, el aire todavía era fresco mientras giraba. Miré a mi alrededor sin saber a dónde ir desde aquí. El mayor Yorkie me había subido a un avión de carga que volaba hacia la base naval de Norfolk, así no tendría que viajar demasiado lejos para llegar a Bella. Había estado en esta base varias veces, pero no estaba completamente seguro de dónde estaba el hospital en relación con la pista de aterrizaje. Paré al primer soldado que vi para pedir direcciones.
—Ese transporte se dirige al centro médico para entregar suministros —dijo mientras señalaba un camión a nuestra derecha—. Pueden tener un asiento adicional en el que puedes subirte. —Le agradecí y me acerqué a los hombres que cargaban suministros.
—¿Tienes espacio para darme un aventón al centro médico? —pregunté. Cuando el soldado se giró hacia mí, me presenté—. Capitán Edward Cullen, Fuerzas Especiales del Ejército.
—Capitán —saludó, lo que le devolví—. Tenemos un asiento adicional, pero es posible que deba sostener una caja o dos.
—Eso no es un problema. —Ayudé a cargar las cajas restantes y me deslicé dentro con mi bolso de lona y una caja en mi regazo. Estacionamos en el muelle de entrega del centro médico en poco tiempo, lo cual era algo bueno ya que mi ansiedad estaba sacando lo mejor de mí—. Aprecio el aventón.
—Por supuesto. Gracias por ayudar. Estaremos aquí durante al menos una hora antes de regresar a la pista de aterrizaje. Si necesita otro aventón durante ese tiempo, venga a buscarnos.
—Gracias. —Extendí mi mano y estreché las de ellos antes de salir corriendo.
Rápidamente encontré un elevador adentro y me dirigí al tercer piso. Desde allí, deambulé por los pasillos hasta que encontré la habitación 303. Toqué levemente porque me preocupaba despertarla si estaba dormida. Cuando no recibí respuesta, abrí la puerta lentamente, eché un vistazo al interior y sentí lo último de mi tensión escaparse de mis hombros. Allí en la cama, estaba sentada Bella. Llevaba una camiseta de entrenamiento y sospechaba que los pantalones de entrenamiento estaban debajo de la manta que cubría sus piernas. Ella sostenía un iPod en sus manos con auriculares en sus orejas. Eso explicaba la falta de respuesta. Entré y el movimiento debió llamar su atención. Levantó la vista con confusión antes de que una sonrisa brillante se extendiera por su rostro. Se sacó los auriculares y me saludó con entusiasmo.
—Dichosos los ojos que te ven —dijo. Dejé caer el bolso de lona y me moví para acercarla a mis brazos, disfrutando la sensación de ella contra mí. Ella estaba aquí. Ella estaba bien. Ella iba a estar bien. Después de unos segundos, me aparté y presioné mis labios contra los de ella. Ella me devolvió el beso, envolviendo sus brazos a mi alrededor. Apoyé mi frente contra la de ella, respirando su aroma.
—Estoy tan contento de finalmente verte con mis propios ojos —le dije.
—Realmente voy a estar bien, Edward. —La atraje a mis brazos nuevamente, contento con solo abrazarla.
Me senté a su lado durante las siguientes tres horas. Alternamos entre hablar, mirar televisión y simplemente abrazarnos. Y besarnos por supuesto. Ella había recibido fisioterapia antes de que yo llegara, así que estaba libre por el resto del día, aparte de ver al médico cuando él hacía su ronda, que según ella sería alrededor de las 1600. En televisión había un especial sobre las cualificaciones de los Navy Seals. Ella silenció el sonido y se giró a su costado para mirarme.
—¿Has tomado una decisión? —preguntó en voz baja. Asentí. Había pensado mucho en lo que ella había sugerido.
—Hablé con el comandante —le dije—. Dijo que había presentado su recomendación. —Me reí del recuerdo—. Quería saber qué me llevó tanto tiempo. —Ella se rio y me dio una palmada en el pecho.
—¡Te lo dije! —Tomé su mano, acercándola a mí para besar su palma—. Entonces eso significa que pronto estarás en los Estados Unidos.
—En unos meses. —Me reacomodé en la silla para estar más cómodo—. Eso significa que estaré en Fort Bragg al menos durante los próximos cuatro años. Eso es solo cuatro horas al sur de mi familia. —Ella sonrió, sinceramente feliz por mí.
—Tu mamá va a estar eufórica. ¿Ya les has dicho? —Negué con la cabeza.
—Los veré pronto. Pensé que era mejor dar la noticia en persona. —Aparté la vista para reunir algo de valor—. Esperaba poder decirle que tú también estarías allí. —Ella frunció el ceño.
—Yo... Edward, estoy bajo contrato. —Sentí que mi ira aumentaba. Ella no le debía nada a nadie después de lo que le había sucedido—. Todavía tengo otros ocho meses allí. Quién sabe qué pasará después de eso.
—Bella, no puedes volver allí. —Ella me miró compasiva, lo que solo me enfureció aún más—. No. No puedes volver. Mira lo que te pasó esta vez.
—Eso no significa que va a suceder...
—¡No lo sabes! —Me puse de pie para caminar por la habitación. La idea de que ella volviera me asustaba y eso solo alimentaba más mi ira. No me asustaba mucho, pero esta mujer tenía la capacidad de ponerme de rodillas.
—Voy a terminar mi contrato. No me echo atrás en mi palabra. —Fue pronunciado en un tono suave, pero pude escuchar el acero en su voz. Conocía ese tono. No habría razonamiento con ella. Como la razón no funcionaría, probé otra cosa.
—No puedo perderte. —Mi voz era suplicante. Ella suspiró, sus hombros desplomándose.
—No me vas a perder. Ven aquí. —Me moví para sentarme a su lado en la cama, y ella tomó mis dos manos entre las suyas—. No me vas a perder, Edward. Lo que pasó... fue muy desafortunado. Sin embargo, fue el resultado de una serie de fenómenos extraños. No tienes que preocuparte por eso…
—Siempre me preocuparé por ti. Te amo; significas todo para mí. —Se inclinó hacia adelante y presionó sus labios contra los míos, pero fuimos rápidamente interrumpidos por una garganta aclarándose. Me alejé esperando al médico, pero el saludo emocionado de Bella envió hielo por mis venas.
—¡Papi!
¡Hola!
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