Loki no estaba seguro de porque ese día los migardianos se encontraban tan exaltados y efusivos. Corriendo desde muy temprano en la mañana con flores, dulces, globos y chocolates en las manos, observaba a miles de ellos en las mismas circunstancias desde que había permanecido en ese mínimo instante en una de las esquinas del Time Square. Si no mal recordaba ese día era catorce de febrero del 2017, una fecha muy normal para él ya que representaba otra rotación de la tierra dentro de su propio eje, pero tal parecía que para los seres humanos era algo así como una fecha patria. Vagamente recordaba comentarios de Tony Stark al respecto, algo relacionado a un tal San Valentin, al amor y la amistad y de cómo se regalaría a sí mismo como regalo para el capitán, quien al escucharlo, se lo llevo muy avergonzado de la habitación.

Para el dios eso era algo muy vago, innecesario e incluso estúpido, no le veía sentido y era casi como una excusa estúpida para tener sexo entre los migardianos. No imaginaba como la gente podía ser tan estúpida para caer ante semejante ridiculeces sin sentido. Pero entonces observo al mayor estúpido de Asgard aproximarse ante él.

Casi provocándole pena ajena, observo como Thor traía consigo una gran cantidad objetos semejantes a los vistos hace un momento. Esbozando una mala cara se preguntó qué es lo que haría este con todo eso, si eran un regalo para alguien o de alguien, cualquiera de las opciones le daba asco y quería sacar sus cuchillos en ese mismo instante para apuñarlo, hasta que todos esos objetos fueron dejados sobre sus manos de golpe y explicación alguna.

— ¿Qué es todo esto? —pregunta viendo todo el contenido que cargaban las manos de Thor. No había escatimado en flores, dulces, e incluso varias cajas de bombones y chocolate.

—Es un regalo —puntualizo el dios, que muy a diferencia de otras ocasiones, parecía más tímido, incluso un poco avergonzado.

—Si me los estas entregando de este modo significa que son para mi ¿No es así? —pregunta, recibe un mudo asentimiento.

Era algo gracioso, Loki observaba como su hermano esperaba una respuesta ante aquellos obsequios entregados, expectante como un adolescente hormonal y vistiendo como un migardiano más, con jeans rasgados y franelas de cuadros sin mangas. Siquiera había tenido la consideración de otros caballeros de acicalar sus ropas o cabellos.

—Oh, entonces has buscado asemejarte a las prácticas migardianas para buscar conquistarme —ironizo Loki ciertamente complacido y un poco divertido. Había esperado muchas cosas de "su hermano", pero esta sin duda, era algo curiosa y podría sacar mucho provecho de ella—. No las quiero —índico lanzando nuevamente todas las cajas a los brazos de Thor, quien apenas pudo tomarlas nuevamente.

— ¿Qué?

El dios se veía sorprendido y casi alarmado ante la posibilidad de haber cometido un gran error, por su parte Loki solo reía internamente ante sus expresiones. Por eso, continuo.

—Es vergonzoso ¿Por qué yo, un dios, debo recibir este tipo de obsequios migardianos? Me ofendes

—Stark me comento que este día era especial en Migard y era para demostrar cuanto amabas a una persona sin importar tu género o edad. Además Loki verdaderamente es un dios, no sabía que entregarte y busque todo aquello que pudiera hacerte sentir complacido —índico.

Uy, eso había sido una patada directa a su estómago y a su conciencia de manera certera. Las palabras de Thor habían surtido una mella total en la cabeza de Loki, quien no pudo más que desviar la mirada con un tenue sonrojo, casi como un cachorro, Thor había demostrado su amor nuevamente hacia él, pero con una singularidad tan inusual que hacía que el dios de las travesuras no pudiera más que simplemente aceptarlo. Estaba complacido, eso no era mentira, Thor no solo había pensado en como complacerlo sino también como glorificarlo, ambos aspectos que el apreciaba demasiado, le gustaba que le idolatraran y el dios del trueno en los últimos años, en los que habían comenzado una especie de romance, había comenzado a tomar el don de las palabras para encenderlo.

Viéndolo bien, con aquella mirada gacha, las manos repletas de obsequios y chocolates y aquella intrépida vestimenta que dejaba ver su sexi musculatura. Loki simplemente sonrió divertido, una idea surcaba su cabeza y no iba a desaprovechar la oportunidad.

—Bien. Creo que por esta vez puedo aceptarlos —expreso observando como la faz de Thor se iluminaba y casi un par de orejas salían felices junto al movimiento de una cola, apenas pudo contener una carcajada—, pero con una sola condición —este lo miró con atención—. Deberás derretir todo este chocolate y echártelo encima, disfrutare el postre sobre ti.

Ante la directa insinuación, una sonrisa se formó en los labios y los ojos se oscurecieron por la lujuria contenida, el pequeño cachorro ahora un feroz lobo.

—Como órdenes.

Su corazón se aceleró complacido y retomando su camino, se dirigieron a donde era su residencia, en el centro de la metrópolis. La noche apenas comenzaba y ya se sentía hambriento, esa noche iba a disfrutar como nunca.