Naru nunca supo que la oficina estaba fría. Hasta que la llegada de Mai, la calentó. Cada palabra que pronunciaba era fuego que enardecía su corazón. Incluso sin ellas, las acciones, eran iguales de fuertes para brindar calidez.

Su sonrisa era un rayo de sol.

—Aquí traigo su té —espetó dejando la taza sobre la mesa—. ¿Necesita algo más?

Su compañía lo calentó como el té que le dio. Con un sorbo (con una mirada) podía sentir como esa tibia emoción recorría su cuerpo. Ella era la llama que descongeló su congelado corazón y término derritiéndolo hasta que cayó en las manos de ella.

—Mai.

Sus ojos grandes del color del chocolate (y ella era dulce como uno), lo observaron fijamente.

—Tengo frío —pronunció. Mai al oírlo, fue dispuesta a resolverlo.

—Enseguida enciendo el calefactor —espetó, dirigiéndose hacia el aparato—. ¿Quee? ¿Q-Que h-hace? —preguntó, con sus mejillas ardiendo, sin poder formular bien las preguntas. Al sentir que su jefe la abrazó por detrás.

—Calentándome —Fue su simple y corta respuesta.

En sus brazos, Naru nunca sentía frio.