Disclaimer: Los personajes no son míos, les pertenecen a sus respectivos dueños.

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Capítulo 8: Confesión

Owen Burnett se sintió aliviado en ver a su jefe y a los jóvenes sanos y salvos. No todos. Gogo se estaba poniendo pálida. Ir al hospital seria riesgoso y no querían llamar demasiado la atención de las autoridades de la ley. Harían demasiadas preguntas de como la chica consiguió ese tremendo tajo en su pecho. Fueron a un área privada de la Torre Xanatos, donde podrían salvarla. Fue el mismísimo David quien pararía la hemorragia y la sanaría.

-¡Owen! Saca a los chicos de aquí y prepárate para operar. – Xanatos se sacó su traje de combate para poder hacer ese trabajo.

-Si señor, chicos por favor, tienen que dejar la habitación. El señor Xanatos la salvará.

-¡Déjame Owen! ¡Suéltame!

Hiro Hamada se escapó de sus manos. Fue corriendo hacia Gogo que aún permanecía despierta, ella sólo lo miró. Xanatos se lavó sus manos y brazos, preparándose para la operación. Owen le colocó un sedante, para también ayudar en este momento de vida y muerte. Gogo se sintió débil, entre sueño y dolor, miró como David Xanatos sacaba a Hiro a la fuerza, para que no vea más de la cuenta. Wasabi, Honey Lemon y Fred tuvieron que intervenir como Emi Ogasawara. Al ser un asistente médico, Baymax también participaría en la operación. Lo último que vio Gogo Tomago, antes de que sus ojos se cerraran, como los labios de Hiro pronunciaban una palabra corta pero muy directa. Después vino la oscuridad.

Un mes después…

Hospital de San Fransokio.

13:45 PM

Lentamente Gogo abrió los ojos. La cama era cómoda. Se dio cuenta de que ya no estaba en la Torre Xanatos y sospechaba de que ya no se encontraba en Manhattan. Miró por la ventana y vio los dirigibles característicos de San Fransokio, su hogar. Recalculando lo que pasó ¿Todo lo que vio era verdad? ¿Jedah Dohma era real? Al tocar su pecho con puntos, si, todo lo que vivió en Manhattan fue de verdad. ¿Cuánto tiempo pasó? Sus piernas no respondían muy bien. Su figura femenina seguía intacta. Lo que le llamó la atención fue que, Owen Burnett se encontraba sentado en una silla, mirando la pantalla de su celular.

-¿Señor Burnett?

-Oh despertó, buenas tardes Gogo. – Dijo con respeto.

-¿Cómo llegamos aquí? – Preguntó ella levantando su torso. Aún le dolía la herida.

-El señor Xanatos vio que el trabajo ya término. Y con usted de ese modo, trasladarla aquí era mejor para sus seres queridos. – Owen guardó su celular, para ayudar a Gogo a tomar agua. – Sus amigos hace media hora salieron de la universidad, se encuentran en el restaurante de Cass. El señor Xanatos me pidió que la llevara si despertaba. Le acercaré esa silla de ruedas. Su ropa está en esas bolsas. Me encargué de lavarlas y perfumarlas.

-¿Desde cuando te volviste amable? – Gogo acercó la bolsa.

-Siempre lo fui, excepto que no lo viste… descuida, cuando estés lista, te ayudaré a sentarte en la silla de ruedas y…

-Puedo sola, señor Burnett. Pero gracias de todas formas.

Owen no la culpaba de ser así. Sólo sonrió y asentó, para luego salir de la habitación. Pasaron diez minutos y la chica pidió ayuda, no llegaba a alcanzar la silla. Con cuidado, la levantó y la sentó. Juntos, bajaron por el ascensor, hasta llegar al estacionamiento. La limusina tenía una rampa mecánica, facilitando el acceso. Ya dentro, Owen se limitó a llevarla al restaurante de la tía de Hiro.

-Ehh Owen.

-¿Si? – Dijo el rubio sin sacar los ojos de la calle.

-¿Todo está en orden? Me refiero a Jedah… aún no puedo creerlo.

-Una de las facultades que tiene el señor Xanatos, es que siempre está alerta. Desde el escape de Makai, nunca bajó la guardia. Esperaba que Jedah Dohma apareciera para vengarse pero no fue así. Probablemente lo debilitaron al derrotarlo, y espero que así se mantenga.

-Si también quiero eso. – Dijo Gogo mirando hacia la calle. – Esperemos no volverlo a ver.

Al estar el semáforo en rojo, Owen Burnett miró por instantes a la chica, desde el espejo retrovisor. Los demonios son difíciles de vencer, más si se trata de erradicarlo para siempre. La luz del semáforo cambió a verde. El sujeto continuó el viaje.

David Xanatos notó que su celular vibró, miró la pantalla para leer el mensaje. Owen ya venía junto con Gogo. Después de leerlo, informó al resto.

-Genial viejo, nuestra chica seguirá con nosotros. – Fred alzó el vaso en celebración.

-¿Quién la trae? – Preguntó Honey Lemon.

-Owen. – Dijo Xanatos. – No se preocupe, está en buenas manos.

-En verdad muchas gracias por lo que hizo. – Hiro sonrió.

-No tienes que agradecer muchacho, hicieron mucho estando en Manhattan.

-Estoy de acuerdo con usted señor Xanatos. – Dijo la tía Cass. – Hiro es muy responsable con los estudios.

-Si, estudios. – Murmuró Wasabi y Emi sentada a su lado, le codeó la costillas.

La charla prosiguió, hasta que la limusina frenó frente a la puerta del restaurante. Owen bajó y ayudó a Gogo a descender junto con la silla de ruedas. Sus amigos fueron hasta ella, para recibirla con todo el amor del mundo. Era parte de una familia.

Gogo se sentía viva de nuevo.

Ya eran mas de las nueve de a noche. Lamentablemente no había mucho lugar, Hiro optó por invitar a Gogo a quedarse a dormir. Sus amigos se despidieron. Del lado de afuera, Honey Lemon, Fred y Wasabi levantaron sus pulgares de ambas manos a Hiro Hamada, sabiendo lo que sucederá luego. David Xanatos antes de entrar a la limusina, asentó la cabeza, saludándolo con respeto como Owen haciendo lo mismo. Emi Ogasawara le guiñó el ojo, para luego entrar en el vehículo junto con el empresario. Ya dentro ambos, el señor Burnett prendió el motor, y se alejaba.

Cass con la ayuda de su sobrino, la subió al segundo de la casa. Sin mas que hacer, les deseó las buenas noches, ya que ella se tenía que levantar temprano. Ahora se encontraban solos. Pasó un mes desde que revelaron sus sentimientos, sería difícil empezar una charla sobre ese tema.

-Y bien Hiro ¿Qué hicieron mientras yo dormía? – Gogo sin la ayuda de nadie mide Baymax, se acostó a la cama.

- La primer semana nos quedamos contigo en el hospital de Manhattan. David dijo que nos relajemos un poco… oye, no todos los días peleamos contra un demonio de miles de años ¿No?

-Si tienes razón ¡Ja! Eso queda para la historia. – La chica se sacó su campera, quedando solo con la remera y el pantalón. - ¿Y que hicieron?

-Emi nos recomendó un restaurante. Era un poco más grande que el de mi tía. Los empleados hasta los dueños parecían gansters. No voy a mentir, pero ese cocinero mudo nos preparó un desayuno espectacular.

-¿Mudo?

-Si, nos dimos cuenta cuando Honey Lemon le preguntó donde quedaba el baño. El que me cayó bien fue el mozo, parecía de nuestra edad. Emi nos dijo que vio a Pie Grande. Nosotros podemos creer en Jedah pero ¿Ese simio peludo? Ahí nos aguantamos la risa.

-Por lo menos se divirtieron… Oye ¿Te vas a quedar ahí parado, o no tienes sueño?

-Bueno es que… la cama es para uno… - Hiro se tornó nervioso.

-Detecto un aumento de ritmo cardíaco. – Baymax lo analizó, haciendo reír a Gogo.

-¡Okey! Amigo, ya puedes descansar ¿Si? Estoy satisfecho con tus servicios.

El robot al escuchar eso, caminó hasta su cápsula. Al colocar sus adorables patas, se apagó, mostrando un símbolo de carga en el pecho. Los chicos podían estar tranquilos sin la presencia de Baymax. Hiro quería dormir en el piso, pero por la insistencia de Gogo, se acostó junto a ella, quedando cara a cara.

-Hiro… - Fue la chica que rompió la tensión. – Ya que estamos solos puedo decirlo, cuando entraste a la universidad, pensé que eras un tonto pero, me equivoqué. Tenías algo que me atraía, fue tu madurez, a pesar de ser mas chico que yo. Y viviendo de corazón, te digo… te amo tonto.

-Eres ruda, un poco machona, pero eso no deja de lado que eres una chica, una gran chica. Yo también te amo Gogo.

Ella acarició la mejilla del colorado chico, y lentamente, se acercó a él. Sintiéndose los labios, iniciaron una relación. Hiro se quedó dormido, apoyando su cabeza en el pecho de Gogo, mientras ella lo tenía abrazado del cuello.

Pasaron de ser, algo más que amigos.

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Epílogo…

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Un mes después…

El grupo se encontraba en las afueras del edificio universitario, compartiendo un bocadillo de media mañana. Honey Lemon trajo muffins bañados en chocolate, mientras bebían té. El aperitivo era delicioso, se notó eso ya que Fred fue el que más comió.

-Oye gordo, deja un poco para todos. – Wasabi rescató uno a tiempo.

-No tengo la culpa de que ESTO esté delicioso. – El chico comió el último.

-Para la próxima traigo mas. – Dijo la amable Honey Lemon entre risas.

-Oigan ¿Han visto a Karmi? – Preguntó Hiro.

-No aún… ahí viene pero ¿Ella quien es? – Gogo miró a la morena junto con otra chica, más alta que ella, acercándose.

La acompañante de la estudiante Karmi era también de tés morena, con pelo corto, a un lado y teñido de morado en las puntas. Tenía encima una mochila y prendas deportivas.

-Chicos. – Dijo Karmi a sus amigos. – Les presento a nuestra nueva compañera de clases.

La chica se aclaró la voz antes de hablar. – Ehh hola, soy Olivia Colomar.

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Makai.

Los escombros eran removidos por una fuerza oscura. Debajo de las rocas no había señales de Jedah. Segundos después, comenzó a materializarse desde el suelo junto con su sustancia morada en otra parte del suelo. Dohma se molestó en ver a sus aliados luego de la batalla.

-Creí que éramos un equipo. – Protestó el demonio a la sensual súcubo Evelynn, el serio Padre Balder y al hechicero oscuro Dormammu.

-Lo somos, pero te concentraste más en pelear contra niños en vez de la verdadera meta. – Dijo Balder mirándolo directo a los ojos.

-No sean malos con mi Jedah. – Evelynn se apoyó en el demonio, luciendo sus piernas femeninas, rodándolas contra los muslos. – Ya pronto te encargarás de ellos. – Ella con sus garras, le acariciaba el pecho y la mandíbula.

-Ni siquiera con los Parademomios pudiste matarlos. – Dormammu se veía molestó, las llamas que rodeaban su calaverico rostro se intensificaron.

-La muerte les llegará a todos. – Dijo Jedah disfrutando de las caderas de Evelynn.

-Hablando de Llegada. – Continuó hablando el siniestro hechicero. – Steppenwolf encontró las Arenas del Tiempo. – Invocando un portal con su magia oscura, Dormammu se preparó para traspasarla. – Tenemos que ayudarlo.

Jedah Dohma lamentaba no tener en su poder el Ojo de Odin. Su insurgencia fue el precio. Junto a Evelynn con Balder y al hechicero, pasaron el portal dimensional.

-Es hora de nuestra jugada. – Dormammu estaba decidido a todo.

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Fin.

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Y aquí está el final de este HiroGo. Ambos chicos declararon lo que sienten, iniciando una relación, me encanta esta pareja. Ahora se preguntarán como Olivia Colomar (Sombra) de Overwatch terminó ahí, eso se responderá más adelante, como la alianza de Jedah con Evelynn (LoL) Balder (Bayonetta) y Dormammu (Marvel comics) con Steppenwolf (DC) es una sorpresa para un evento que tengo preparado para futuro. Espero que hayan captado a los personajes que se mencionó en este fic. Bueno chicos, gracias por esperar hasta último momento y nos estamos leyendo en otros fics! Buen fin de semana!