Catarsis: Purificación y liberación mental mediante las emociones que provoca la contemplación de algo.

Número de palabras: 671


Un ángel rebelde que había desobedecido en pos del bien de la humanidad y un demonio lo suficientemente bueno como para ser un demonio jamás en su vida debieron haberse encontrado, pero la vida, tan caprichosa como era, se había encargado de cruzar sus caminos más de una vez, sin dar razón o motivo.

Y ellos, dejándose llevar por la cotidianidad que otorgaban sus encuentros, se habían acostumbrado tanto a la presencia del otro que hace mucho que habían dejado de llamarse enemigos para convertirse en amigos.

Aunque sus almas anhelan ser más que eso.

Dicen que hay cosas que, inevitablemente, cambian el rumbo de las cosas. Y evitar el fin del mundo es una de ellas.

El detener un inminente fin del mundo, yendo en contra de sus principios y obligaciones, es algo digno de festejar, y como alguien decía por ahí, una prosaica frase: "Entre más alcohol, mejor."

Beben vino como se bebe el agua, sin temor ni pena, dejándose llevar por el alcohol que recorre sus venas sin preocuparse por el mañana. Una escena, que para ellos ya era bastante común en sus vidas, pero como se dijo antes, estaba destinada a cambiar por las fuerzas de las circunstancias.

—Dicen que el alcohol expía todos tus pecados —musita Aziraphale sin razón alguna y bebe de su copa.

Crowley ríe y alza su copa con dramatismo. La contempla por unos minutos como si en la observación del choque del vino contra la copa se encontrarán todos los secretos del universo antes de volver a reír amargamente y llevarse la copa hacia sus labios, tomándose de un solo trago el líquido color sangre.

—Creo que ni todo el alcohol será capaz de purgar todos los pecados que llevo a cuestas —se lamenta burlonamente.

El ángel, sin saber sinceramente cómo reaccionar, ríe nerviosamente tratando de disolver la tensión que el comentario del demonio había creado en el ambiente. —Entonces, ¿Dónde encontrarás tu perdón divino?

El pelirrojo lo piensa por un segundo antes de responder —Yo no necesito el perdón de nadie —y la seguridad con que lo dice hace sentir una especie de envidia a Aziraphale.

—Crowley... —lo reprende sin saber en realidad como sentirse al respecto. Se lleva su copa a los labios antes de caer en cuenta de que se encuentra vacía. —Todos necesitan del perdón en esta vida.

Crowley niega con la cabeza —Yo no. —responde insolente —He sido un demonio por bastante tiempo y jamás he necesitado del perdón de ellos.

El tono con el que habla está lleno de tal rencor que a Aziraphale le da escalofríos —Querido... —lo llama intentando conciliar.

—El perdón divino no existe, y tu deberías saberlo mejor que nadie, ángel. —susurra con aflicción.

—Yo...

—No los necesito —contempla la copa vacía ante él y juega con ella —Tengo cosas más importantes de las cuales encargarme aquí en la tierra.

—Ah, ¿Sí? ¿Cómo cuáles? —y Crowley lo mira a él, con los ojos brillantes, pero no responde

En cambio, se abalanza sobre él, como león hacia su presa, besando sus labios con una fiera necesidad que 6000 años de anhelo han traído consigo.

No miente, no necesita ningún perdón divino en su vida, pero besando los labios del ángel con una chocante mezcla de pasión y ternura, siente que la todopoderosa ha condonado todos sus pecados y se vuelve tan puro con un arcángel.

Una catarsis en forma de un beso sabor vino, amor y lujuria.

Se separa, no por gusto sino por necesidad, porque la mundana falta de respiración hace mella en él junto a una intensa chispa de remordimiento que recorre su cuerpo.

Pero cuando ve al rubio, quien fue víctima de sus impulsos más libidinosos, lo ve sorprendido más no disgustado, y más sorprendido se siente él cuando la primera reacción del ángel es pasar su mano por su cuello y acariciarlo, con ternura, cariño… lujuria. Crowley solo sonríe sagaz.

—¿Aquí o en mi apartamento? —pregunta con voz entrecortada.

Y Aziraphale, dejándose caer por la tentación, responde simplemente —Aquí.