Cinco años habían pasados de aquel asesinato, pues la policía pudo determinar que la duquesa fue asesinada y gracias a las investigaciones pudieron llegar a la autora intelectual y su compañera. La señora Marlowe fue sentenciada a cadena perpetua mientras que debido al mal estado en que se encontraba Susana fue llevada a un hospital para mujeres con cargos criminales.

Ahora a sus casis 27 años Terry recordaba toda su pasada vida como una mala obra de teatro donde el era el protagonista y antagonista al mismo tiempo. A pesar de estar en paz luego de la muerte de Susana, Terry se dedicó 100% a los negocios de su padre olvidándose de su vida personal. Se decía a sí mismo que eso no era prioridad y que no había nacido la mujer que aguantará su forma de ser. Sus amigos, servidumbres y familiares están en total acuerdo con eso ya que el carácter y el genio de nuevo Duque de Granchester era tan seco, rudo y muy poco amigable.

En el Parlamento ganó desde temprana edad el respeto de sus mayores y la atención de muchos que lo veían desde ya como la futura máxima autoridad del mismo. Cosa que logró a sus 26 años, siendo el presidente del Parlamento Inglés más joven de la historia del mismo. Su dedicación y altas horas de trabajo lograban una labor presidencial al 100%.

La satisfacción de su padre era inmensa pero sabía que a pesar de todo su hijo no era feliz. Le faltaba algo o mejor dicho alguien que pudiese llenar esos espacios de soledad que habitaban es su corazón. Mucha mujeres fueron las que intentaron llegar a ser parte de la vida de Terry, pero ninguna obtuvo tan lugar.

Su vida actual era siempre igual, reuniones, cenas, citas de trabajo y reuniones con su padre; era una monotonía a la cual se había acostumbrado.

Ya pasaban de las 10:30, el lobby del hotel en Georgia donde Eleonor era el huésped especial estaba desolado, en el frente del mostrador se encontraba el señor Borton quien miraba la joven con curiosidad.

-¿Que haces a esta ahora aquí? Hasta donde sé este no es su horario

- No, no lo es. Tengo una cita

- Ya veo, hay que tener dinero para ganar tus favores

- ¿Que está insinuando?

- No lo estoy insinuando... Simplemente es lo que veo. - Los celos segaron a aquel hombre que hubo hecho varias invitaciones a la joven rubia sin lograr tener fruto alguno. El saberla a estas horas de la noche le llevó a la conclusión de que ella era igual que las demás y que durante todo este tiempo sólo fingió.

- Está muy...

- Candy disculpa te hice esperar

- No se preocupe Eleonor acabo de llegar, disculpe señor Borton mi cita llegó

Las damas se dirigieron hacia el restaurante del hotel; aunque hubo sido un día muy pesado para Candy no podía perder la oportunidad de compartir con alguien De esa antigua vida que aún añoraba.

- Estoy tan feliz de volverte a ver

- Igual yo...

- Cuéntame de ti. ¿Qué haces aquí en Georgia?

- Han sido tantas cosas Eleonor tantas que no sabría por dónde comenzar...

La joven le contó todo lo sucedido a Eleonor desde la pérdida de la fortuna Ardley, la muerte de Stear, las precariedades que ella y Albert vivieron, la dolorosa muerte de Albert y como fue despojada de todo.

Lágrimas caían de ambas mujeres, Candy por recordar el dolor del ayer y Eleonor por saber todo lo que ella hubo sufrido durante todos estos años.

- Tuve que dejar todo, mi tierra, mi hogar... Mi carrera.

- ¿Pero Candy por qué no trataste aquí?

- Uno de los culpables de la pérdida de la fortuna Ardley fue el Señor Leagan. Con ella lograron convertirse en una de las familias más ricas del país. Y colocarme en la lista negra de todos los hospitales. Me dolió dejar mi pasión, pero era eso o dejar que Neal hiciera de mi lo que le plazca.

- No puedo creer todo lo que pasaste... Mi niña, no quiero que sufras más.

Eleonor abrazó la joven de la forma más maternal que existía. Para Candy aquel abrazo fue un recuerdo de otros brazos, los de su madre la señorita Pony. Hacía años que no sentía ese calor que tanto necesitaba.

- Candy quiero que te vengas conmigo...

- Yo... Yo no podría

- Claro que puedes ¿o a caso te ata alguien aquí?

- No, no es eso. Es solo que no podría ser una carga para usted.

- ¿Que tal si vienes como asistente de María? Ella ya está algo vieja y necesita mucha ayuda. La paga es buena y estaríamos juntas. Ya no estarías sola y yo tendría la hija que siempre quise.

- La oferta es buena, pero yo...

- Tienes hasta el sábado para darme una Respuesta. Si acepta partiremos a Nuestro siguiente destino el domingo en el tren de las 7:00am. No me gustaría dejarte aquí tan Sola. Piénsalo... Será divertido viajaremos todo el país juntas.

- Está bien prometo pensarlo...

La cena continuó su curso con historias y recuerdos de ambas mujeres. Ya pasada las 12 de la noche se despidieron no sin antes Eleonor recordarle su oferta de trabajo y que espera una respuesta positiva.

El chofer de la actriz llevó a Candy a su pequeño apartamento y espero hasta que ella entrara para retirarse. Candy le dio las gracias y comenzó su camino a su hogar. Escalón por escalón iba recordando la cena, las historias y sobre todo la propuesta. ¿Que debía hacer? Si le preguntase a Lucy le diría que no lo pensará, pero ella sabía que estar junto a Eleonor aumentaban las posibilidades de verlo y no sabía si estaba lista para ello.

- Veo que ahora andas con choferes de 4ta.

- Neal...

- ¿Así saludas a tu ex prometido? Deberé enseñarte cómo hacerlo

- No te acerques, no te atrevas

- ¿Que vas hacer? ¿Llamar la policía? Es tu palabra contra la mía y yo soy el hijo del hombre más rico de Chicago y tú una simple mucama.

- Estúpido...

- Creíste escaparías de mi... tú eres mía. Debes de entender que eres mía

- Suéltame, no me toques, suéltame

- Deje a la señorita en paz

- No se meta, mejor vuelva a su pocilga

- Quizás sea pobre, pero mis puños pueden que le enseñen a respetar una dama

Y de un sólo golpe el señor Bright derivó a Neal dejándolo tirado en el piso. Candy se ubicó detrás del señor y este a su vez se mantenía listo para ofrecerle otro golpe.

- Se va a arrepentir

- El que se a arrepentir es usted si vuelve por aquí

- ¿Vamos a ver Candy cuanto te dura este viejo decrépito? Y esto me las pagarás tú Candy...

- Vete, lárgate

- Jajaja me voy, pero ya te tengo en la mira... Recuérdalo eres mía

Y con estas últimas palabras el castaño partió de aquel lugar con su boca ensangrentada y pensando en lo que haría mañana para hacerla pagar

- ¿Candy estás bien?

- Si gracias señor Bright.

- Candy no te quedes sola hoy. Ve a casa de algún familiar o amiga ese joven no es bueno y sus intenciones contigo tampoco lo son.

- No sé que hacer... Señor Bright sería mucho pedirle me llevará a un lugar. Sé que es tarde pero antes las circunstancias no quiero estar sola.

- Por supuesto!

- Recogeré algunas cosas y estaré lista en 15 minutos. Gracias

- Te esperaré aquí.

Candy entro rápidamente a su departamento, buscó su vieja maleta y en ella comenzó a colocar aquellas cosas que pensaba eran sus tesoros. Su ropa no era mucha y por ende caveria a la perfección. Sus viejos libros lo colocó en uña bolso de piel y mirando tristemente aquel lugar partió dejando caer unas lágrimas.

- ¿A donde te llevo hija?

- Al hotel, por favor

- ¿A tu trabajo?

- Díganos que a partir de este momento es mi ex trabajo. Una vieja amiga me ofreció trabajar con ella el día de hoy. No pensaba tomarlo, pero ante las circunstancias es lo mejor, mañana le enviaré una nota a la señora rosa para que sepa que el apartamento está disponible y con la paga del último sueldo le saldaré este mes.

- Se que estarás bien... Siento que lo estarás

- Yo también

Candy llego al hotel y sin que nadie del Lobby le viese subió hacia la habitación de Eleonor. Era tarde en la noche, pero era la única persona a quien podía acudir. Llego frente a la puerta y respiró profundamente antes de tocar. Para su sorpresa aún estaba despierta.

- Candy...

- Disculpe Eleonor

- Ven pasa...

- Es que al llegar a casa Neal estaba esperándome, me amenazó, el señor Bright salió en mi defensa y le pegó y gracias a el se fue, pero me prometió volver y no sabía que hacer y sólo pensé en usted.

- Fue lo mejor que hiciste mi niña. Ven voy a pedir que suban otra cama y te quedarás conmigo.

- Si Eleonor me quedo y aceptó su propuesta.

- Ven a descansar mañana es otro día. No temas yo te cuidaré.

- Gracias

La noche pasó sin más inconveniencias, Candy al fin pudo descansar sintiéndose segura y tranquila. Sabía que estando con Eleonor sería muy difícil para Neal acercarse a ella. A las 9 de la mañana las rubias mujeres se encontraban ya en sala de la habitación principal junto a María quien escuchaba toda la historia se Candy como si fuese una novela de terror.

- Entonces le explique a Candy que necesitabas una ayudante. Alguien que te de la mano en todas tus tareas diarias y te recuerde las cosas que ya por tu edad se olvidan.

- Así es Candy ya habíamos hablado de buscar a alguien mucho antes de venir a Georgia. Serías una especie de asistente y dama de compañía.

- Muchas gracias. Aprecio mucho esta oportunidad y haré todo lo posible por que sea de su gusto. Eleonor debo ir a la administración a poner por escrito mi renuncia.

- Aún no. Estoy en espera de alguien.

- Está bien

Candy sabía que ahora Eleonor no sólo era su amiga, sino que también su jefa. Sabía que tendría una relación un poco difícil de entender para muchos pues Eleonor la trataba como hija y ahora sería su dama de compañía.

La puerta sonó y María le abrió a un alto y fuerte hombre que con su porte intimidaba a cualquiera. Estaba vestido de traje negro, zapatos de charol negro, camisa blanca y corbata negra con rayas blancas. Al verlo la joven tragó en seco y se asustó; más sin embargo Eleonor le saludó con mucho afecto.

- Adolfo, le presento a la señorita Candice White. Ella es mi protegida y requiero la cuides como si fuese a mi que me cuidase.

- Será un verdadero placer Eleonor. Señorita un placer

- El placer es mío. Pero Eleonor no era necesario...

- Claro que si Candy, ADOLFO y yo sabemos cómo tratar este tipo de hombres y no te dejará en paz a menos que te vea imposible.

- Gracias Eleonor, gracias

- Bueno... Mejor llamamos para que nos traigan el desayuno que Eleonor y yo no estamos acostumbradas a levantarnos tan temprano y tengo hambre.

- jajaja... Yo me encargo Señora María

- Ya comenzamos mal, ¿Señora?. Te voy a explicar las reglas: 1ero. Nada de señora y 2nd. La hora de despertarse es la 10:am no antes...

- Si María... lo intentaré, pero no lo prometo...

- ya verás que si lo harás