Saudade: Nostalgia o añoranza.
Número de palabras:1065
Él ha estado soñando con este día desde siempre.
La voz del juez es nítida y clara, a pesar de encontrarse en un espacioso jardín, uno que parecía que milagrosamente había resistido el irremediable paso del tiempo y el cambio del mundo a su alrededor.
Crowley lo miraba como si en este momento él fuera lo único que importaba en su mundo, la misma expresión en su rostro tenía el día que miró a Aziraphale con un anillo en su mano y con las palabras "¿Te casarías conmigo?" saliendo trémulas y nerviosas de sus labios. Aziraphale todavía recuerda ese momento siente su rostro enrojecer y a las mariposas revoloteando en su estómago.
Aunque cubiertos por aquellas inseparables gafas oscuras, los ojos del demonio pelirrojo brillan con un entusiasmo tal, que Aziraphale, a pesar de haber convivido con él por la nada despreciable cantidad de 6000 años jamás había visto ni percibido en la mirada del demonio.
Está bastante seguro de que está llorando un poco, no podía evitarlo, él ha soñado con este día desde siempre.
—No puedes hablar en serio— recuerda haberle dicho al pelirrojo cuando lo vio arrodillado frente a él mientras Crowley le mostraba un pequeño pero resplandeciente anillo. Podía ser un principado y uno de los más valientes y fieles ángeles de la todopoderosa, pero todavía se siente débil ante la sonrisa nerviosa de Crowley y la banda simple y reluciente que se encuentra en su mano.
—Si no fuera así, no estaría arrodillado aquí manchándome los pantalones, ¿Verdad? —había dicho Crowley con falsa irritación y un sarcasmo tan típico de él.
Aziraphale se calla y Crowley suelta una risa temblorosa. —Me estás poniendo bastante nervioso, ángel.
Él no dice nada, pero sus rodillas chocan contra el suelo al caer él, halando a Crowley hacia él para abrazarlo lo más fuerte que puede. Él entierra su rostro en el hombro del otro y siente el tacto delicado y cariñoso del demonio acariciando su cabello.
Aziraphale exhala temblorosamente, porque él sabe que a pesar del peligro que aquello conllevaba, la posibilidad de no volver a tener ninguna otra oportunidad como aquella es real y aterradora. Él lo sabe y, sin embargo, se aferra a Crowley con más fuerza, como siempre lo ha hecho, y dice: —Por supuesto que sí, demonio tonto.
Permanecen así durante minutos que a ellos les parece siglos, tratando de recuperar el tiempo perdido de 6000 años de temores antes de que la realidad los despierte y tengan que separarse pretendiendo que todo estaba bien y nada había cambiado, aunque sus corazones latían desesperadamente en un baile que mezclaba el nerviosismo y la felicidad entre sí.
Avancemos rápidamente hacia un futuro cercano y ahí están ellos, con el mismo recelo y peligro pendiendo peligrosamente sobre sus cabezas, recitando los votos que crearon en medio del riesgo y la incertidumbre. Aziraphale dice "Sí" sin darse cuenta, tan atrapado en los recuerdos. Crowley hace lo mismo, y se besan antes de que el juez pueda declararlos legalmente casado, pero no importa porque finalmente está sucediendo, han llegado tan lejos, a pesar de todo.
—Lo siento, pero he estado esperando esto durante mucho tiempo —es la única pobre excusa que el pelirrojo da. La mano de Crowley se enrosca alrededor de su cintura y Aziraphale se siente que ha vuelto a casa, aunque muy en el fondo sabe, que nunca se había ido de ahí, el demonio, las candorosas miradas que le brindaba, el dulce toque contra su piel y la delicadeza de sus labios chocando contra los propios le hace saber que mientras tuviera al demonio en su vida, jamás estaría solo.
Y es entonces cuando Aziraphale se despierta sobresaltado, sacudiendo la cama. Mira a su alrededor todavía desorientado por el sueño, las manos buscando en la cama un segundo cuerpo, la escena en su cabeza era tan real que podría haber jurado que realmente estaba sucediendo.
Se esfuerza por ver en la oscuridad, tratando de dilucidar entre la penumbra el rojo cabello y los brillantes ojos ambarinos de su amante, pero no hay nada. Está solo y el otro lado de la cama está frío, sin nada que pareciera indicar la presencia de una segunda persona.
Todo está mal, su demonio se ha ido y la habitación parece anormalmente vacía. No es hasta que grita su nombre que se da cuenta. Cuando lo hace, se sienta allí en el colchón, la mano que atraían a Crowley por un beso hace apenas unos ayeres cubre su boca mientras los sollozos nacen desde lo más profundo de su garganta. Es como si estuviera llorando por primera vez de nuevo, de regreso al campo de batalla y con sus gritos entremezclándose macabramente con el aire helado de la muerte y el sufrimiento.
Después de terminar con sus sollozos nocturnos, se queda acurrucado en la cama, aún conmocionado por la forma en que el dolor lo desgarra. Una nueva ola de lágrimas agita su cuerpo cuando siente el peso del anillo en su dedo. En algún lugar, en un campo gris que atestiguó la milenaria y sangrienta batalla entre el cielo y el infierno, hay una banda idéntica en la fría mano del cadáver de Crowley. Es un recordatorio de lo que nunca fue, lo que nunca podría ser, y Aziraphale cierra los ojos, luchando contra los recuerdos reales y los que su mente inventó para tratar con la verdad.
Él ha estado teniendo este "recuerdo" particular desde que terminó la guerra, con el cielo coronándose como vencedores, recuerdos donde él y Crowley cumplieron felizmente sus compromisos de hace mucho tiempo. Con incertidumbre del futuro y de lo que podía ser, pero estaban vivos y al lado del otro. Lo más parecido a un final de cuento de hadas que podían lograr juntos.
Siempre despierta con la misma sensación de vacío en su pecho, aferrándose a las sábanas mientras se ve obligado a regresar al presente, desesperado por tratar de vivir una fantasía que, en algún momento, Crowley le había propuesto.
Por supuesto, nunca sucedió, y la comprensión de aquello todavía mata a Aziraphale cada vez que se despierta y busca el cuerpo que no está allí, que nunca fue encontrado entre la sangre de sus congéneres. El demonio con el que nunca se casó en una boda que era solo un cuento de hadas.
Él ha estado soñando con ese día desde siempre.
