- Madre, que placer volver a verte. Disculpa no pude ir al puerto me surgió un inconveniente, pero ya está todo solucionado, tengo toda la tarde libre para nosotros
- Hijo mío no sabes cuanto te he extrañado…
- ¿Y a mi no me saludas hijo?
- Claro que sí nana María, sabes que eres mi nana favorita..
- Será por que soy la única que has tenido…
- Jajajaja
Desde la primera palabra Candy perdió el aire en sus pulmones, era el su voz, estaba ahí cerca de ella, Terry. No sabía que hacer o como reaccionar, ¿Qué decir? Se hubo preparado para ver el duque de Granchester no a Terry. Su corazón latía a mil por segundo, como detenerlo y estar tranquila si hubo despertado después de tantos años dormido.
Sabía que tarde o temprano llegaría este día, pero no se imaginó que fuese hoy, Sí sólo pensar en él le afectaba los sentidos, mi vida sin él no ha tenido sentido, sin él no ha sido vida.
¿Cómo le pido vida? Si él es mi vida… ¿Cómo pedirle luz? Si sólo habita en mí está oscuridad. Todos estos años en desvelo por falta de ti, mi vida…¡
¡Mi Terry!
- Hijo, disculpa no te avisé, pero traje una de mis nuevas asistentes conmigo
- No hay ningún problema madre, sabes que puedes hacer y deshacer cuanto quieras
Terry dirigió la mirada hacia la joven que de espalda le pareció familiar, un dulce olor a rosas embriagó sus sentidos y entonces su corazón comenzó a latir tan fuerte que le dolía. Poco a poco la joven comenzó a voltearse hacia Terry, dejándolo aún más confundido que antes. Al verla sus pupilas se abrieron de tal forma que parecían salirse, no podía creer que era ella, debía ser un espejismo, un juego de su imaginación.
Candy, mi Candy, estás frente a mi… Debo estar soñando y si es un sueño no quiero despertar… ¿Qué no sea un sueño?, que sea verdad…
_ ¿Candy?... ¿Eres tu?
- Hola… Hola, Terry…
- Pero…
- Hijo Candy es mi nueva asistente, espero no te moleste que se quede con nosotros. Es tan eficiente que no creo ya poder estar sin ella y sin su ayuda.
Terry no dejaba de mirarla, para él era la visión de un sueño en su realidad, allí estaba aquella que desde siempre ocupó todos sus desvelos y la dueña de su corazón. La mujer que por tanto tiempo quiso olvidar, pero el amor era cada día más y más fuerte que su voluntad. ¿Cómo controlarse si ella era la dueña de cada poro de su piel? ¿Cómo actuar normal? Si lo normal era ella… Poniendo todas sus fuerzas pudo tomar control de su cuerpo y evitar salir corriendo a abrazarla.
- Por supuesto que no hay ningún problema madre, sabes que tu y todo tu equipo son bienvenidos. Señora Ardley es bienvenida, está en su casa – Al ver la reacción tan seca y distante que adquirió Terry, Candy decidió optar por tratarlo de igual forma. Se imaginó que seguro era por Susana, su esposa y a quién debía guardarle respeto. Mientras que Terry se imaginaba que ella estaba casada o se hubo casado anteriormente.
- Muchas gracias… Señor Granchester.
- Madre el servicio le ayudará a acomodarse en sus aposentos, yo tengo algo importante que hacer en el despacho, no vemos a la hora de la comida.
- Pero hijo pensé tendrías la tarde libre para nosotros…
- Lo siento madre, pero tengo algo importante que hacer.
- Esta bien hijo…
- Con su permiso señoras…
Y haciendo la correspondida despedida, se alejó de las mujeres dejando a una Candy más confundida y llenas de dudas que antes. Era él a quién sus ojos acababan de ver después de tanto tiempo. Estaba tan cambiado, más alto, más flaco, pero igual de apuesto y varonil. Su pelo largo hasta los hombros y esos ojos azul zafiro que podían decirle tanto sin palabras. Pero debía evitar míralo, era ajeno, No era de ella y no debía pensarlo.
- Candy, vamos…
- Si Eleonor, disculpe
- Por favor asignen el cuarto violeta a la señorita Ardley.
- Si señora Eleonor
- Vamos tenemos que refrescarnos para luego almorzar
Si el castillo por fuera era majestuoso e imponente, por dentro lo era aún mucho más. Caminar hacia la que seria su recamara fue un trayecto en el cual ella estuvo en las nubes; acababa de volver a verlo y no podía cree que fuese él. Le dolía su frialdad, la forma en que le llamó señora, la lejanía. "No me miró como antes… Ahora somos dos extraños" – Fue su más penoso pensamiento durante el largo camino a su alcoba; por otro lado Terry se encontraba en el mismo trance, acababa de hacerse posible su sueño más imposible: Volver a verla. "Mi Candy, mi pecosa… Estás tan bella, has madurado tanto, hasta creciste… Estas más alta, más delgada que como te recordaba… Y tus pecas, casi se han borrado… Mi tarzan pecoso… Ahora la señora de alguien más, me imagino que debes tener hijos, ¿y tu esposo le extrañaras? En este momento no sé si soy feliz por volverte a ver o desdichado por verte y saberte ajena… Mi Candy, no te imaginas cuanto diese por volver a tenerte junto a mí…
Candy, todos estos años se resumen en 5 palabras… Nada ha cambiado en mi…
- ¿No entiendo por que si ella es una empleada como nosotras le dan la habitación violeta?
- Cristina, ¿cuantas veces te he dicho que no te involucres en las decisiones de los patrones?
- Es que ella es una empleada… Y le dan la habitación junto al duque…
- Nosotros somos solos simplemente
- Yo no lo soy, el me mira diferente y te has dado cuenta
- El te mira como al resto de nosotros, solo para darnos ordenes, Cristina deja de ilusionarte con lo que no va a pasar, él es un noble y tu no lo eres, nunca te va a ver como lo que eres una simple sirvienta.
- Ya verás que no será así…
Cristina era una de las tantas servidumbres que poseía el castillo, a pesar de sus 22 años ya había vivido mucho más que cualquier jovencita de su época, de ser la amante en turno de su pasado jefe hasta desaparecerse por días con diferentes anteriores parejas. Al momento de aceptar su nuevo empleo en la casa de los Granchester fijó sus ojos en aquel joven y solitario hombre, para aquel entonces Márquez, en quien vio una puerta a una vida de la cual se creía merecedora por poseer una belleza que muchos admiraban, sien embargo por más que quiso usarla para atraer la atención de Terry, le fue imposible. Lo único que lograba era un simple saludo y nada más.
Luego de haber acomodado todo su equipaje en su respectivo lugar, Candy prosiguió a refrescarse y arreglarse para la comida, sin embargo estaba muy estresada no sólo por que sabia que iba a estar ante la presencia de Terry, sino que tendría que estar ante la presencia de ella, Susana, quizás su esposa para este tiempo.
Un toque en la puerta hizo que ella saliera de sus pensamientos, volviendo a una realidad donde debía de mostrarse fuerte aunque por dentro estuviese muriendo. Tomando un largo y fuerte respiro se levantó y junto a María se dirigieron al comedor principal; en el ya estaba Eleonor y Terry esperándolas. Candy miró a todos lados disimuladamente buscando a más personas, pero sólo ellos estaban.
Dos días hubo pasado desde su llegada a Londres, dos días donde sólo lo hubo visto a la hora de las comidas, ausente y silencioso cómo antes, como cuando le conoció; sabía que la presencia de ella le molestaba; pero lo peor era esa sensación de no saber si al llegar al comedor se encontraría con ella, Susana. Otra comida más y con cada paso que daba más se agitaba su corazón "Sé que nunca será mío, pero verlo una vez más es lo único que pido", aunque está vez Eleonor jugaría sus cartas para acercar un poco más a la joven pareja.
Al mirar a la gran mesa pudo distinguir que sólo estaban colocados 4 puestos, en la cabeza se encontraba sentado Terry, a su mano izquierda Eleonor y luego dos puestos más vacíos. Al ver que el lugar junto a Eleonor estaba libre Candy quiso dirigirse hacia el, pero María se le adelantó dejándole como única alternativa sentarse a la derecha de Terry. "Ese debe ser el lugar de ella, yo... yo no debería sentarme en el". Sin embargo no le quedó de otra al ver como Eleonor le hacia señas para que se sentará.
- Hijo, ¿Cuéntame de ti? ¿Cómo te va como nuevo presidente del parlamento?
- Muy bien madre, estoy en una etapa donde no sólo debo hacer mi trabajo lo mejor posible, sino demostrar que soy el indicado para el puesto.
- ¿Por tu edad?
- Si madre, ganarme el respeto de los mayores ha sido un arduo trabajo. Pero si continuo como voy, creo que pronto todo estará corriendo sólo.
De una forma u otra Eleonor entendía la incomodidad de Candy, la joven sabia muy poco sobre los últimos años de Terry, al igual que él de ella. También recordaba que para su hijo ella estaba casada, pues cuando se encontraba en los Estados Unidos recibió el periódico donde daban la noticia del compromiso de la heredera de la fortuna de los Ardley. La tarea de aclarar la situación entre su hijo y la mujer que ella quería para su nuera estaba más complicada de lo que pensó. Pero debía encontrar la forma, los dos además de rebeldes eran demasiado tercos y sobre todo orgullosos… Tal para cual.
- Y ¿Cómo te ha ido con el hecho de que a tu edad no te has casado y estas como presidente de una de la instituciones más respetables de Londres? –
Al escuchar estas palabras Candy levantó la mirada la cual demostraba la necesidad de que les respondieras una inmensidad de presuntas que surgieron ante la idea de que él siguiese soltero… ¿Y entonces Susana? ¿Susana, la boda? ¿Qué pasó? ¿Dónde está ella?; estas y otras más surgieron ante la joven quien quiso preguntar, pero no se atrevía.
- Creo que ya se han acostumbrado a eso, conocen mi carácter y creo que entienden el por qué…
- ¡Ay Terry! Si te conocieran bien sabrían que no eres ni la mitad de lo que quieres que crean.
- Madre mejor háblame del papel que desempeñaras en el Teatro Shakespeare…
- Sólo serán 4 meses, un papel protagónico pequeño, pero que atraerá mucha audiencia. Este sábado es la gala de apertura de la obra y habrá una fiesta junto a todos los actores, gente importantes y los medios. ¿Me imagino que has sido invitado?
- Si, no pensaba asistir, pero al enterarme que eres una de las estrellas por supuesto que estaré presente.
- Gracias hijo. A María ya le molestan estos eventos, así que Candy asistirá conmigo como mi acompañante.
- ¿Yo?
- Si Candy, a mi edad me cansó mucho… Esos eventos ya no son para mi hija. Te daré más tardes todas las pautas a seguir
- Si señora María…
Fuera de la conversación de madre e hijo, el almuerzo pasó sin ninguna otra sorpresa para la joven rubia. Durante toda la comida ambos jóvenes luchaban por no mirarse, por ni siquiera prestar atención al hecho de que estaban a pocos centímetros, con tan sólo mover su mano unos centímetros el podría tocar aquella piel tan blanca como la nieve, tan suave como el aire de primavera, pero ajena. El joven disimuladamente la miraba y contemplaba cada nueva línea de ella, cada gesto, cada movimiento. Y aunque ella tuviese su pelo en una roca, el podía ver pequeños risos rebeldes que salían alrededor de su cuello y frente, seguían tan rubios como los rayos del sol y tan rebeldes como una vez ambos fuesen.
- Candy, María y yo nos vamos a retirar a descansar ha sido un muy largo viaje. Tienes la tarde libre para ti. Nos veremos para la cena.
- Gracias Eleonor
- Tengo unos asuntos que atender, Madre, Nana… Señora Ardley
Todos se retiraron y Candy se acordó de una cita con ciertas rosas que debía de ver. Por un momento su alma se alegró al saber que estaría ante aquellas rosas que significaban tanto para ella. Saliendo apresuradamente se dirigió hacia el jardín frontal del castillo sin saber que ciertos ojos color zafiro desde la ventana principal de su estudio la seguían con el mayor de los anhelos.
Cada paso de ella, cada movimiento, cada gesto, cada saludo que ofrecía a los empleados eran seguido por aquel que daba la vida por recibir una sonrisa de ella. "Sus ojos, por más que he querido no he logrado perderme en esa mirada que me embriagaba como la más dulce y fuerte de las bebidas… Candy, mi Candy"
- Hijo, disculpa te interrumpa, pero necesito enviar esta carta a New York, podrías dársela a tus empleados por favor.
- Sabes madre eres la mejor de las actrices de teatro…
- Gracias hijo, pero ¿A qué viene eso?
- Eres una excelente actriz de teatro, pero no en la vida real
- No te entiendo Terry
- Madre… ¿Por qué no me dijiste que ella venía contigo?
- No te lo dije pues sabía que te ibas a predisponer cuando la vieses.
- ¿Me imagino querías ver mi cara de tonto?
- Los enamorados tienen cara de tonto cada vez que ven al amor de su vida, ¿O me vas a negar que ella lo es?
- Eso nunca te lo negaría, tú más que nadie sabes lo que ella es para mi.
- Y por que lo sé es que la traje conmigo.
- Habla claro Eleonor. ¿Por qué ella es tu asistente? ¿Por qué su esposo la dejó venir contigo a otro continente sin él?
- Encontré a Candy en Georgia, era la mucama del hotel en el que me hospedaba.
- ¿En Georgia? ¿Mucama?
- Si hijo, Candy ha pasado tantas cosas que no te imaginas, estaba tan sola, triste y sin vida. Para nada la Candy que conocíamos hijo, ella simplemente se convirtió en la sombra de aquella alegre y vivaz jovencita que nos hacia reír todo el tiempo.
- ¿Y su familia? ¿Su esposo?
- Hijo… Candy nunca se ha casado, ella al igual que tú está sola.
- ¿Está Soltera? ¿Madre estás segura?…
- Sí hijo, lo estoy… No sabes las carencias económicas que ha pasado, las humillaciones y el tener que esconderse para no ser abusada por Neil. Cuando sepas toda su historia luego de la separación de ustedes dos entenderás el por que me he atrevido hacer lo que hice. Terry, tu la amas, ahora la tienes aquí, en tu casa lucha por ella, lucha por tu felicidad y devuélvele la vida que ella ha perdido.
Yo sé que la amas, lo vi desde el momento en que llegamos, lucha hijo, es tu oportunidad de ser feliz
- ¿Y si ella ya me olvidó?
- Entonces vuelve a enamorarla, has que se vuelva a fijar en ti. Estoy segura que con un poco de tu parte puedes lograrlo.
- Todos estos años la imaginé ajena, imposible, de otro. La imaginé con familia y feliz. Ahora no sé ni por donde comenzar… Es como si tuviese una nueva oportunidad de hacer las cosas bien, pero me muero de miedo de volver a sufrir.
- Terry, en está historia ambos han sufrido. Hijo mírala, es la mujer que amas… Juega todas tus cartas está vez, pero juégalas pensando en que vas a ganar y que tu premio es esa felicidad junto a ella.
- Madre… No sé que haría sin ti… Gracias…
- Me lo agradecerás el día de la boda.
- Veo que ya has preparado todo en tu mente… jajaja
- Hasta los nombres de mis primeros tres nietos…
- Eres peor de lo que nunca imaginé…
- Una madre hace lo que sea por su hijo… Sólo recuerda que en 4 meses tenemos que volver a New York. De ti depende si vuelvo sólo con María o si vuelvo con Ambas. Me retiro hijo.
- Espera mi bella Celestina se me olvidaba decirte que tendremos compañía durante estos días…
- Sí ¿Quién?
- El duque… Mi padre… ¿Me imagino no te predispondrás para recibirlo?
- Tu padre y yo somos amigos y nada más
- Madre ya no soy un niño…
Eleonor salió de aquel estudio feliz de poder haber hablado con su hijo sobre el tema de Candy, ahora quedaba en él hacer las cosas como debían ser y por supuesto que ella seguiría ayudando a que esa relación creciera. Además de que debía arreglarse para recibir a Richard, ya hacia más de un año que no lo veía y su luto hubo pasado y sobre todo en su última visita el le expresó la devoción y sentimientos existentes aún por la actriz. Quien con un leve beso respondió al hecho de que aún existía amor para él en ella.
Llegar al jardín y ver las rosas y los narcisos fue volver a sus juventud, volver otra vez a estar en Lakewood, volver a la segunda colina de Ponis y volver a ser feliz. Con la suavidad de un ángel tocó aquellas flores deseando cortarlas para poseerlas, pero se recordó que era mejor que estuviesen vivas, además no sabía como la dueña de aquellas rosas se pondría al saber que ella las hubo cortado.
¿Por qué Terry tenía las Dulces Candy en su castillo? ¿Cómo lograría conseguirlas?
Mientras más preguntas sin repuestas llegaban más se desconectaba del mundo reviviendo cada dulce recuerdo de su pasado. Sentándose en una de las bancas junto a las flores logró perderse entre el olor, los recuerdos y la sensación de saber que su corazón aún latía por aquel joven de cabellera oscura y ojos zafiros.
- ¡Veo que te han gustado mis rosas!
Candy dio un salto al escuchar aquella voz que detrás de ella le hablaba. ¿Cómo reaccionaría? ¿Estaba justo detrás de ella?... Su Terry, aquel que era ahora el duque de Granchester, aquel cuyos ojos era su perdición y quién hubo amado desde que le conoció en el Mauritana aquella noche. Dando la vuelta con su mirada en el suelo hizo una breve inclinación y se dispuso a salir.
- Duque disculpe… Me retiro…
- No te vallas Candy
- No quiero importunarle
- ¿Quién ha dicho que lo haces?
- Su actitud de los últimos días ha dejado en claro eso
- ¿Mi actitud? Simplemente me he encontrado muy ocupado con el nuevo puesto y la verdad nunca pensé verte aquí
- Pensé su madre le hubo notificado
- ¿Y por que me llamas duque? ¿A caso no somos amigos?
- Disculpe creo que somos muy diferentes ahora para poder ser amigos
- ¿Desde cuando los títulos son importantes para ti? Siempre fuimos amigos sin importar mis títulos
- Esa fue otra época señor, ahora como puede darse cuenta solo soy una empleada más
- Tú nunca serás una más. ¿Pero dime te han gustado mis flores?
- Son dulces Candy y narcisos. ¿Cómo pudo obtener las dulces Candy? Esas flores fueron hechas por…
- Anthony… Sí lo sé, las traje hace más de 4 años cuando compré la casa de Lakewood. Viajar hasta allá se me hace muy difícil por mi trabajo, por eso preferí traerlas aquí. Se nos hizo difícil al principio lograr que se mantuviesen con vida, pero lo logramos.
- ¿Compraste la casa de Lakewood?
- Si, hace unos años me enteré que la iban a subastar y decidí comprarla, era algo que tenía que hacer en honor al único amigo que tuve en mi adolescencia, Albert.
- Albert… Gracias… Me tranquiliza saber que al menos Lakewood está en buenas manos
- También compré otras de sus propiedades, pero ese tema creo que es poco aburrido.
- Gracias, por haberlo hecho. Saber que algo de Albert está aun vigente me hace sentir bien
- Tengo la tarde libre al igual que tú, ¿Qué tal si me permites mostrarte la propiedad? Tenemos unos lugares hermosos al igual que una colina que al verla sé te gustará... ¿Qué dices me acompañas?
