Los ojos de Terry mostraban un amor que aunque ella quería no mirar, no entender; era demasiado fuerte para no hacerlo. El joven deslizó sus manos por la cintura de Candy acercándola más a él.

- Candy…

- Terry…

Decir que veía el cielo sus ojos era poco para lo que estaba sintiendo en este momento, suavemente con sus manos colocadas en la diminuta cintura de la mujer acarició su espalda haciendo que cada poro de la joven vibrará al sentir tan sutil caricia. Terry no pensaba, no miraba más que aquellos carnosos labios rosas que podían pedirle el universo y con gusto se lo daría. Se sabía preso de un sentimiento que sólo ella podía crear en él. Su más ferviente deseo era volver a besarla, moría por volver a sentir el sabor de sus labios; pero también sabía que era muy pronto y sí antes le ocasionó dos cachetadas; estaba más que seguro que está vez si lo hacia podría ser peor.

- Candy, vamos a merendar, ya es tarde y debes estar hambrienta

- Si… Mucho

- Veo que no has cambiado en ese aspecto

- Y tu sigues siendo el mismo mal educado ante una dama

Estaban tan unidos, mirándose a los ojos, sonriendo que ella no se percató en que momento la nariz de Terry jugaba con la suya, suavemente de un lado a otro, acariciándola, ella sólo cerró sus ojos y se dejó llevar por aquellas simples caricias que la estaban volviendo loca. Terry al notar como la joven cedía comenzó a acercar sus labios tímidamente a los de ella, rozó suavemente varias veces esperando que esta hiciese algún gesto o que lo alejara ; sin embargo lo que sintió fue el estremecimiento de Candy ante cada roce de los labios. Poco a poco comenzó a darles suaves y tiernos besos que bien podía confundirse con caricias, pero cuando la joven no pudo más ante aquellas sensaciones y ante la falta de aire un gemido suave hizo que sus labios se abriesen el cual fue aprovechado por Terry para besarla como siempre hubo soñado.

Candy no supo en que momento sus manos se colocaron alrededor del cuello del joven, tampoco supo en que momento la lengua de Terry se hubo hecho dueña de su boca y mucho menos supo en que momento este la hubo acercado al árbol aprisionándola en una caricia que jamás imagino existiese. La inexperiencia de la joven fue más que obvia para Terry quien se sintió feliz de saber que el le estaba enseñando y que ella le respondía copiando cada movimiento y detalle que el hacia.

No supo si fue un segundo o un minuto o una hora, pero él no hubo tiempo, ni espacio, ni nada más que este momento que por tanto tiempo pensó imposible y que de un momento a otro se hubo hecho realidad. Terry siguió besándola, la deseaba como nunca en su vida imaginó; estaba en total éxtasis. Nunca ningún estreno, ninguna obra, mucho menos ningún nuevo logro en su actual carrera podría compararse con lo que el sólo roce de los labios de la mujer que tanto amaba le produjo.

Por su parte Candy no podía describir las miles emociones que sentía, desde el momento en que el tocó sus labios la joven perdió total capacidad de entendimiento, de dirección y peor aún de su cuerpo. Se dejó llevar por el mar de besos y las caricias nunca antes sentidas…

Sin embargo la una pequeña voz le volvió a su realidad, estaba con Terry, estaba con un hombre prohibido, ajeno… ¡Susana!

- ¡No!, no debemos…

- ¿Qué sucede Candy?

- ¡No!, esto está mal…

Terry no entendía el por qué de su actitud. Estaba aún mirándola fijamente lleno de preguntas sin respuestas… Y sin más rompió el abrazo, y se alejó corriendo, Candy no quería pensar en lo hubo acabado de hacer, se sentía mal al romper aquella promesa que hubo hecho hace tiempo atrás. Y aunque la vida le brindó unos minutos de gloria en los brazos de Terry, sabia que estaba mal, que no debió dejarse llevar por los sentimiento que aún existían en su corazón hacia el joven duque.

Por un minuto Terry se quedó en shock ante la actitud de Candy, no entendió que le sucedió, el por que ella se alejó de esa forma. Al reaccionar la vio correr alejándose de él y por instinto comenzó a seguirla. Ella corría con sus ojos llenos de lagrimas, mientras que él le llamaba, pero ella no miraba hacia atrás.

Al llegar al castillo entro corriendo pasándole por el lado a Eleonor y María que se percataron del estado de la joven, pero las mujeres al darse cuenta que ella era perseguida por Terry, Eleonor le detuvo agarrándole del brazo.

- Terry, espera…

- Madre, debo hablarle

- Espera hijo, yo me encargo…

- Pero

- Pero nada, ve con María…

- Está bien, por favor dile que… Cuando quiera hablar yo estaré aquí para ella.

La madre con un gesto de afirmación se retiró y comenzó a subir las escaleras dirigiéndose a la recamara de la joven. Cualquier cosa que hubo pasado entre ellos, se sentía culpable y responsable, pues ella hubo llevado a Candy a esta situación. Su mayor temor mientras subía era que la joven decidiese marcharse y alejarse. No sabía que hubo pasado, pero al ver la cara Candy al llegar debió ser algo muy grande y muy malo.

Terry se dirigió a su estudio junto a María quien lo miraba con mucha pena al ver la cara de dolor que este poseía, el joven se sentó en la silla de su escritorio, colocó sus codos sobre el mismo y puso su cabeza entre sus manos. Estaba perdido, si por descuido y desesperación la volvía a perder, esta vez no se lo perdonaría, tenia la cabeza llena de preguntas y sin la posibilidad de una respuesta que le calmará los latidos de su corazón.

- Disculpe su gracia tiene visita. – Sin levantar siquiera un poco el rostro le respondió de forma enfadada al su sirviente.

- No estoy para nadie en estos momentos

- Ni siquiera para tu padre – Al escuchar la voz de aquel hombre Terry se levantó rápidamente y se dirigió a él. No sabía por que en tantos años era la primera vez que necesitaba el abrazo de su padre; quien se hubo convertido en un gran amigo y aliado.

- ¡Padre!

- Terry… ¿Qué te sucede hijo?

- Nada discúlpame, fue sólo…

- Háblame hijo, sabes que tienes un amigo en mí… Vamos habla

María vio aquella escena y entendió que era el momento de retirarse y dejar que aquel hombre de fuerte carácter por primera vez se comportaran como lo que era un hombre locamente enamorado. El duque se dirigió al pequeño bar y sirvió dos coñac para de esta forma darle la fuerzas que su hijo necesitaba para desahogarse. Nunca, ni siquiera con la muerte de Susana le hubo visto de esta forma. Por intuición sabía que debía deberse a una mujer, pero nunca se imaginaría a que mujer.

- Vamos hijo, se que te ha emocionado verme, nunca me habías recibido de esta forma en todo los años que te conozco…

- Tu sarcasmos es casi tan bueno como el mío

- ¿Una mujer?

- No una mujer, la mujer… Aquella que se aferró a mi corazón un 31 de diciembre y que aún con los años no ha logrado salir.

- Ya veo, Candy White Ardley… La muchachita rubia de ojos esmeralda que con su risa cautiva hasta el más difícil de los hombres

- ¿Conoces a Candy?

- Si hijo, digamos que ella fue pieza importante en el desarrollo de tu carrera en New York.

- No te entiendo

- ¿Sabes por qué no te busqué y te hice volver a Inglaterra?

- ¿Estabas cansado de tener un hijo rebelde?

- Bueno en parte, pero esa jovencita fue capaz de persuadirme para que te dejara libre de seguir tu camino.

- Toda mi vida siempre ha sido ella… Ella que es capaz de devolverme la vida que creía perdida y de quitármela en segundos.

- El amor hijo… ¿Pero le ha pasado algo? Pareces estar muy afectado por ella

- La volvía a ver, no pensé jamás volver a verla, mucho menos luego de que supuestamente se hubo casado. Me sentí morir ese día, no sabes como me sentí. Luego al morir Albert, su padre adoptivo y quedar todas las propiedades de ellos en venta no hice más que comprarlas, apoderarme de algo que una vez fue parte de ella. ¡Que patético soy! No me importaba el costo, ni las condiciones de las compras, sólo quería tener aquello que me la recordase.

Cuando compré la propiedad de Lakewood y vi aquellas flores que llevaban su nombre, tuve la necesidad de traerlas conmigo. Deseaba que el aroma de Candy estuviese cerca de mi, El jardinero y yo hicimos de todo hasta que logramos que las rosas florecieran en este clima tan diferente.

- Te entiendo hijo, eso es amar… Lo sé, yo mismo lo he vivido

- Padre, ella está aquí…

- ¿en Londres?

- En el castillo… Llegó junto a mi madre hace unos días, ella es la asistente de Eleonor y padre no te imaginas lo que sentí al volver a verla. Está más bella que nunca, se ha convertido en toda una mujer…

- ¿Vino con su esposo?

- Nunca se ha casado…

- Ahora entiendo como te sientes…

- No, no entiendes, padre… La mujer de mi vida está en cerca de mi, soltera y hasta hace unos minutos pude ver la gloria al permitirme besarla…

- ¿entonces…?

- Se alejó y no quiso hablarme

- ¿Quizás tiene algún compromiso?

- Ninguno, la vida le ha tratado con mucho dolor, todos la han dejado sola… Y durante estos años ha estado sola, padre sola y yo muriéndome pensándola de otro.

- Entonces nada te detiene…

- Ella… Ella que salió corriendo cuando la besé…

- Hijo, deja de pensar. Hablaran en su momento y verás que las cosas no son tan malas como piensas en este momento.

Mientras se llevaba esta conversación en la cocina del castillo otra conversación no tan agradable se llevaba a cabo entre las servidumbres de aquel lugar.

- ¿Cómo es posible que ella, que es como nosotros obtenga toda la atención del duque?

- Cristina, ya hablamos sobre el tema… Deja de meterte en la vida de los patrones

- ¿Tu también estas de su parte? Pero con el padre aquí, se que la pondrá en su sitio, en la cocina junto a nosotros que es donde ella debe de estar… A él no le va a gustar que una asistente esté compartiendo con su hijo que es un noble.

- mejor ayúdame a preparar la cena, deja ya de meterte en lo que no te importa.

- Candy… ¿Me permite pasar por favor?

- Si Eleonor, por supuesto

- ¿Candy que sucedió?... Mi niña, confía en mi… ¿Dime por favor Candy, estoy preocupada por ti?

- Es que… - Candy no encontraba las palabras exactas para decirle a Eleonor lo que hubo hecho. Se sentía culpable…

- Confía en mi Candy… No voy a juzgarte por nada que haya pasado

- Es que… Eleonor… Es que… Terry y yo nos besamos… - La cara de Eleonor se transformó y una sonrisa brotó en su rostro.

- ¿De verdad? Que felicidad… Candy…

- Eleonor… No… Esta mal…

- ¿Por qué esta mal? ¿A caso no te gustó el beso?

- Si, si me gustó, mucho, pero… Susana…

- ¿Susana qué Candy?

- Ella es su prometida, yo no debería ni siquiera pensar en él.

- Candy… Susana murió hace unos años

- ¿Murió? ¿Cuándo?

- Su madre y ella cometieron un horroroso crimen… Ellas asesinaron a la duquesa. La madre de Susana esta pagando condena de por vida y Susana hace unos años debido a su enfermedad murió… La avaricia de ambas fue demasiado grande…

- No lo puedo creer…

- No tienes por que sentirte mal. Terry nunca se casó con ella, ni con nadie, todos estos años al igual que tu ha estado solo. Y si no me equivoco el aún sigue tan enamorado de ti como antes.

- Eleonor… Salí corriendo, le rechacé, le deje y…

- Tranquila Candy, tienen que hablar mucho… Así que cámbiate, bajemos a cenar y luego hablan. El está muy confundido y la única que le puede ayudar eres tu. Candy… ¿Tu sientes algo por mi hijo?

- Yo… Yo amo a Terry como nunca jamás he amado, todos estos años le he amado, le he soñado, le imaginé con ella tantas veces que me dolía el corazón. Desde ese frio invierno no he vuelto jamás a tener vida, pues el es mi vida.

- Entonces Candy, lucha por él… Este es el momento que la vida te está reglando, se feliz y hazlo feliz.

- Gracias Eleonor…

- Ahora prepárate y te veo en el comedor…

Eleonor dejó sola a una nueva Candy, una mujer que ahora estaba llena de esperanzas y de sueños, no podía creer que él nunca se hubo casado con ella, que sus peores pesadillas donde lo veía felizmente casado junto a Susana nunca se hicieron realidad. Se limpió las lagrimas, se levantó, entro al baño, refrescó y decidió por fin darse la oportunidad de estar al lado de aquel que amaba con todo su corazón.

Al bajar las escaleras Eleonor se encontró con aquel que era el dueño de su corazón y a quien nunca hubo olvidado. El se acercó a ella y le besó la mano, mirándola directamente a los ojos y mostrándole en ellos todo el amor que el hubo guardado para ella desde el momento en que la conoció.

Por su lado, Terry miraba como su padre y su madre se envolvían en una burbuja que hacía que todos los demás desaparecieran, entonces él entendió que su padre al igual que él mismo estaba locamente enamorado y que ella tenia el control sobre él.

Por más de un minuto se quedaron mirándose como si sus ojos le dijera al otro las palabras que sus labios eran imposible de decir. Al escuchar a Terry toser dos veces hizo que la mágica burbuja se rompiera y volvieran a la realidad.

- Madre…. Padre… ¿Están bien?

- Si hijo disculpa… Eleonor estás tan bella como siempre.

- Gracias Richard igualmente tu

- La cena está lista señor…

- Gracias, vamos a cenar hijo, pero demos unos momentos ya Candy baja…

Y al decir esto Candy comenzó a bajar las escaleras, miraba directamente a Terry, sabía que tenia que hablar con él, sabía que lo había lastimado y necesitaba que el supiera que todo estaba bien. El joven la mira y descubre que ella le dedica una de sus más bellas sonrisa y para él es como si el sol volviese a salir en ese momento. Poco a poco se acerca a la escalera y le dirige su mano para ayudarla a bajar y una vez más sentirla cerca de él. Candy toma su mano le mira y con sus ojos le dice que todo está bien y el le devolvió la sonrisa dándole a entender que hubo entendido.

- ¿Candy White Ardley?... Niña como has crecido…

- Duque que placer volverle a ver

- El placer es mio… Pero permíteme saludarte como es debido… - El duque tomó la mano de Candy y le besó

- Padre… Creo que tu dama es mi madre y que esta es mía…

- Jajajaja, Terry… Hijo, deja tus celos…. Yo bien podría ser el padre de esta belleza

- Pero no lo eres…

- Richard deja tranquilo a Terry que está como niño con juguete nuevo… Mejor pasemos al comedor antes que la cena se enfríe…

- Si vamos Eleonor…

Terry esperó que sus padres se adelantaran, tomo la mano de Candy y la volvió a besar sin dejar de mirarla…

- ¿Todo bien Candy?

- Si Terry… Disculpa como me porté…

- No te preocupes, luego de la cena hablamos

- Si.

Y atrayéndola hacia él por la cintura la miró a los ojos y le dio un dulce y suave beso que aunque duró unos segundos la hizo sentirse en el cielo.

- Ven vamos a cenar, que me imagino que debes tener mucha hambre

- Bastante…

- Pues demos prisa, no quiero termines comiéndome…

- Terry, nunca vas a cambiar…

- ¿Así te enamoraste de mi?

- Eres tan engreído…

La cena pasó entre sonrisas, comentarios y bromas entre ellos. Todo el tiempo que duró la cena las miradas entre Terry y Candy fueron bien notorias, lo que hizo que la joven estuviese sonrojada la mayor parte del tiempo. Eleonor, Richard y María miraban aquella escena felices de por fin ver a su hijo sonreír de la forma en que lo hacia…

Al terminar la cena, Terry se excuso con los demás y tomando la mano de Candy se dirigió al jardín, sabía que tenían una conversación pendiente y era hora de salir de ella, además de que no podía resistir estar tanto tiempo sin probar aquellos labios que le estaban volviendo loco.

María también se excusó y se retiro dejando a Eleonor y a Richard en el estudio. Por unos minutos ninguno de los dos dijo nada, el duque simplemente miraba la joven pareja que agarrados de la mano caminaban en el jardín frontal del castillo. Al cabo de unos minutos volvió la mirada a Eleonor y ella pudo notar su preocupación.

- Te conozco Richard… ¿Qué sucede?

- Ahora Terry es el duque de Granchester, ya no es el joven sin ningún titulo nobiliario…

- ¿Qué quieres decir con eso?

- Según lo que entendí la familia de Candy quedó en la ruinas… Y quizás ella ya no posea el apellido Ardley.'

- Correcto… Oh no… Richard, ¿No me digas?

- Si, Eleonor… Pueden que no cedan el permiso para que ellos estén juntos, tal como nos pasó a nosotros dos. Temo que nuestra historia se repita en ellos. Y no deseo que nuestro hijo sufra todo lo que yo he sufrido al no tenerte a mi lado. Al haber elegido un título que sólo me trajo amarguras… Mi peor decisión fue la de dejarte… He vivido el infierno en vida y no deseo eso para mi hijo…

- ¿Qué podemos hacer? Ahora que se han encontrado, has visto lo feliz que se ve… Por primera vez en tanto tiempo tiene ese brillo en sus ojos…

- Necesito que me acompañes el lunes a primera hora… No hagas ninguna pregunta. Confía en mí.

- Sí, está bien…

Sin embargo la preocupación era evidente en ambos...

Hola chicas espero les haya gustado... Añadí el beso pues era necesario que ellos se mostrarán el amor que hay entre ambos. Soy Territana de corazón y debo de confesarlo, mi favorito es Terry, aunque entiendo por que muchas desean que Candy se quede con Albert. Sin embargo no puedo ni imaginarlo como pareja de ella pues el amor entre ambos siempre fue como hermanos.

Muchos clavos han quedados sueltos en la historia, especialmente el parecido de Candy con la hermana de Albert… Aunque debo confesar que tuve en mi vida un Terry, que debí dejar ir y que ahora 14 años después lo lamento con todo el corazón.

Es difícil luego de 14 años volver a encontrarlo, a él mi primer amor y saber que aún me ama, pero la vida nos ha cambiado tanto que aunque mis sentimientos por él sigan intactos, ya hay otra persona en mi vida a quien quiero, no con la misma pasión de aquel joven amor, pero a quien jamás le faltaría o dejaría. El me dá la paz, la seguridad y el apoyo que con mi Terry no conseguí y conseguiría, pues luego que lo DEJE (Si al igual que Candy lo dejé…) se envolvió en las drogas y nunca más ha vuelto hacer aquel hombre que conocí. Juntos tuvimos una hija, que ahora tiene 16 años y quien no supo de él por más de 7 años…

Mejor no sigo… Me hizo mucho daño volver hablar con él, saber que yo pude haber hecho las cosas diferentes y no haberle dejado aquel día y las cosas hubiesen sido diferentes para ambos… El pasó por tantas cosas que aún me duele recordar sus lagrimas por el teléfono contándome toda su vida desde la última vez que hablamos.

Y sí a pesar de todo soy Terrytana, por que el amor que él tiene por su pecosa es un amor que no muere con el tiempo… ¡Yo sé de eso!

Hasta la próxima…