Las oscuras calles de Amity Park se encontraban desiertas, nubladas por aquella neblina de un tono verde bastante espeso.
Los fantasmas habían aparecido prácticamente en masa, saqueando algunos lugares y apropiándose de otros. Era todo un caos para antes de que llegara la policía, y siguió siéndolo después.
Valerie Gray se apresuraba tras el llamado de sus colegas pidiendo refuerzos. Tras saber la situación no esperó un momento.
En el camino pudo ver la ciudad infestada de aquellos seres.
Sacó su teléfono, alertando a su amigo y compañero Tucker para esto. Después de eso, localizaría a Sam. Por suerte, se encontraba cerca de su casa, por lo que había sido innecesario llamarle. Algunas piedras a su ventana serían suficiente, pues sabía que sus padres odiaban su trabajo, y no quería incomodar a los Manson.
La joven gótica se encontraba despierta para su fortuna.
Sam no era asustadiza, pero no pudo evitar alertarse al escuchar el golpecillo en la ventana. Hacía unos momentos la había cerrado tras haber creído ver pasar algo.
Se asomó dudosa, encontrándose con el rostro de su amiga. Por cómo estaba vestida, tenían trabajo que hacer.
Le hizo una pequeña seña que esta fácilmente entendió, por lo que esperó a que bajara.
Afortunadamente, Sam no era una chica que tardara en estas cosas, por la que bajó antes de lo que se esperaba. En sigilo, para no enfrentar a sus padres.
—¿Situación? — Susurró, estaba aún en la entrada de su casa. Pasaron rápidamente a el auto de la morena, mientras hablaban para evitar perder tiempo.
—Ataque fantasma.
—¿Quién podría ser para que te llamaran?
—Es masivo, nunca había visto que los fantasmas actuaran así. — Respondió ella, completamente apurada. Insertó las llaves en la ranura y arrancó. Seguramente con eso los Manson sí se habían despertado. Odiaba ese auto, pero no había de otra.
—¿Iremos por Tucker?
—No hay tiempo, él nos verá allá.
—¡Cuidado con el árbol! — Se vio interrumpida.
Quiso rodear aquel enorme tronco con el cual casi se estampa, y termino derrapando. Las ventanas abiertas sólo lograban enmarañar sus cabelleras.
—¡El gato! — Con esto, el chillido de las llantas vino acompañado con el grito gatuno típico.
La chica Manson miraba hacia atrás, viendo al pequeñín correr.
—¡Dime que no lo atropellé! — Habló la voz mortificada de la pobre oficial Gray.
—Está bien, está bien ¡CUIDADO!
Una más.
Aquella chatarra que conducía llego en una pieza, a diferencia de sus peinados.
La cara de Tucker al llegar, se convirtió la escena en un chiste que se contaba por sí sólo.
Con el gesto duro y el entrecejo abajo, ambas jóvenes bajaron del vehículo que ahora lucía una nueva y bonita abolladura en el parachoques.
—Chicas... — Habló el muchacho del grupo, aguantando una carcajada, por miedo a ese par. Pero eso nunca lo detuvo de jugarles bromas.
—Ni una palabra, Foley... — Advirtió la morena.
—Pff... Iba a decir que se ven encantadoras, ¿A qué salón de belleza van?
¡Auch! — Un buen golpe en el brazo detuvo su carcajada incluso antes de empezar a sonar.
Los seres espectrales sobrevolaban la ciudad y era tiempo de averiguar la razón. Aquello no pudo más que recordarle la vez que los fantasmas huyeron de Pariah. Debía haber una muy buena razón para que los fantasmas actuaran de ese modo nuevamente.
La pelinegra alzo su mirada violeta hacia el cielo oscuro, teñido de un rastro verde debido a la estela que algunos fantasmas dejaban al pasar por ahí. Los veía en apuros, algunos no se detenían siquiera a mirar.
—Huyen...
—¿Huyendo? — Inquirió la morena, líder de aquel equipo. —¿De qué podrían estar huyendo, y por qué hacer este alboroto?
Un recuerdo vino hacia ellos, cuando aquel rey había despertado, pero no podía ser Pariah nuevamente.
—Eso vamos a averiguar. — Proclamó Val, mientras daba la orden a los oficiales que se encontraban en el lugar, de despejar el lugar.
Observó a aquel fantasma que parecía liderar, Skulker. Aquel sería el que les brindaría información, según Valerie.
—Tuck, mis guantes. — Dijo de forma seria.
—¡A la orden! — Exclamó, pasándole con ello un maletín con su más reciente logro.
De ahí, extrajo unos guantes mecánicos que había perfeccionado desde la tecnología Fenton para ser más ligeros.
Valerie se ajustó los guantes, para luego ir tras aquel fantasma.
—¡Oye, hojalata! — Aquel apenas pudo voltear cuando ya tenía a la chica zarandeándolo.
La oficial Valerie, el chico extraño y la ex novia del chico fantasma, como los conocía.
Acababa de detenerse a asaltar un sitió, y aquella ya lo tenía aprisionado contra el piso de un sólo golpe.
Realmente odiaba a esos chicos. Eran un dolor de cabeza casi tan parecido a como lo era el chico Phantom en sus tiempos.
Y sí trataba de hacer algo, aquellos artefactos en las manos de la joven le proporcionaban descargas nada divertidas. Retorcerse le hacía lucir más vulnerable.
Después de eso, sólo supo que tenía una chica neurótica gritándole a la cara y preguntándole cosas de las que definitivamente no podía hablar.
Tenía una luz cegadora dirigida a los ojos y se encontraba aprisionado con esposas especiales para fantasmas.
Negando todo y afirmando nada.
Mientras la chica entraba en una exasperación más grande a cada minuto. A tal punto que había comenzado a golpearlo.
—Oficial Gray... Ya le dije que por más que desgaste sus guantes no se más de lo que usted sabe. — Insistía en lo mismo, cosa que le tomaba por mentira una y otra vez.
—Aggggh... — La joven levanto sus puños, sin embargo, su compañera rápidamente intercedió.
—¡Valerie! — Sin más, presionó aquel botón que dejaba libre la armadura que ya estaba semidestruida.
Aquella maquina se levantó con dificultad, le dio una mirada a la joven gótica, casi un agradecimiento.
—Sí quieren saber algo, nosotros no somos los indicados. — Dijo por última vez, antes de aprovechar su libertad y volar de ahí a toda velocidad.
La frustrada chica volteó a mirar a su compañera. Sam conocía esa mirada colérica. Valerie era así cuando se trataba de fantasmas.
—¡¿Por qué hiciste eso?! — Sin fijarse en lo que hacía, golpeo una de las paredes, destrozando un poco de esta puesto que aun usaba esos guantes.
—¡Val, por más que abollaras a esa hojalata, no iba a hablar! Llevabas una hora masacrándolo, y si conozco a Skulker, hubiese hablado mucho antes si supiera algo relevante. — Aclaró.
Tucker se encontraba más atrás, casi huyendo a la ira de Valerie. Podía jurar que sólo Sam tenía el valor de enfrentarla.
Mientras tanto, en los confines de su laboratorio, Vlad sujetaba a aquel pequeño incompetente que se había dejado capturar. El hombre parecía furioso por aquella fuga de fantasmas que se le salió de las manos.
Pero algo era seguro, aquel fantasma con la cabeza vacía de poco lo iba a servir.
—¡Soy el fantasma de las cajas! — Trató de intimidarlo. Logrando que la vena en la frente y cuello del mitad fantasma casi quisieran escaparse.
—PEQUEÑO PEDAZO DE... — A mitad de aquello que prometía ser un sin fin de insultos, se detuvo al sentir la presencia tan conocida del menor.
Sonrió ampliamente, para luego soltar al fantasma que amenazaba entre sus manos.
—Volviste rápido...
Volteó a mirar a aquel que se encontraba envuelto entre sombras. Este abrió los ojos, dejando ver un par de puntos rojos brillando entre toda esa negrura.
El joven dejo ver un artefacto entre sus manos. Lo que parecía ser la pieza de una maquina arrancada a la fuerza por esos cables sobresalientes.
La sonrisa del mayor se ensancho a niveles anormales. Estaba complacido.
—Buen trabajo... Hijo.
