En el jardín un joven llevaba de las manos lo que el consideraba su mayor tesoro: las manos de su pecosa. Juntos sin decir una palabra caminaban hacía una zona del jardín donde un gazebo era alumbrado por pequeñas luces. Esa noche la luz de la luna parecía estar de parte de ellos, alumbrado todo y dándole un brillo especial a las flores alrededor del mismo.
Al llegar Candy tomó asiento y Terry de pie contemplaba como las manos de la joven eran un mar de nervios que jugaban con su vestido.
- La noche está hermosa, ¿no te parece?
- Si lo está... Terry... Yo
- ¿Si?
- deseo pedirte disculpas por la forma en que actúe hoy. Todo este tiempo pensé que Susana estaba aún contigo y que existía un compromiso entre ambos.
- La historia de Susana terminó de una forma muy trágica y triste. Nunca llegamos a formalizar nuestra relación... Nunca pasé de ser el mejor proveedor que pudieran conseguir
- Tu madre me contó todo lo que hicieron
- La duquesa llevó la de perder en esta historia
- Siento mucho que hayas pasado por tanto
- No fue tu culpa. Ambos desde el principio por nuestra falta de madurez tomamos decisiones que no fuesen las correctas.
- Las cosas hubo sido tan diferente si...
- Las cosas ya son diferentes. Candy esta vez nada nos separará. Voy a dar todo por nosotros, quiero que esta felicidad dure para siempre... Candy, tú eres mi tesoro más preciado... Yo estuve muerto todos estos años, sin vida y tú has vuelto a devolverme la vida que hace tanto tiempo perdí.
- Terry... Tu eres la mía
Terry se acercó a ella, acercó su mano a la joven y con el mudo lenguaje que ambos poseían ella entendió que el quería que ella se pisiera de pie, cosa que ella hizo y acercándose a él poco a poco comenzó a cerrar sus ojos. Terry estaba feliz de la respuesta de su pecosa. La acercó cada vez más a él hasta sentir toda y completamente su cuerpo junto al suyo.
Poco a poco sus labios tocaron los de ell, una lluvia de suaves besos caían sobre los labios de la joven, los cuales habían que cada poro de su cuerpo pidiera más y más de el. Las manos de Terry acariciaban la espalda de la joven deseando poder sentir la suave piel de la mujer. Terry siguió besando suavemente la boca de la joven hasta lograr escuchar suaves gemidos de placer que salían de ella. Su lengua se hizo dueña de la de Candy, deseaba con todo su ser que ese momento nunca terminara, que fuese eterno la sensación de tenerla en sus brazos.
De la dulce boca de su amada bajo al cuello, logrando estremecer cada centímetro de Candy, el cuerpo de la joven ya no le pertenecía, su voluntad había dejado aquel cuerpo femenino para dejar que su nuevo dueño, Terry, hiciese con él lo que le plazca.
Los gemidos de la joven se intensificaron, hasta lograr que uno profundo y ronco saliese de sus labios, contrayendo todo su cuerpo y su ser. En ese momento el joven entendió lo que sus caricias le hubo provocado a la joven y a pesar de estar en lo que era su momento de gloria, sabía debía de ser un caballero con la mujer a quien amaba. Terry bajó la intensidad de los besos, sus manos tomaron conciencia de donde estaban y volvieron al lugar apropiado, su cuerpo demandaba más, pero su mente le aseguraba que no era el lugar.
Candy volvió en sí, sin entender que hubo pasado. Hubo sentido cosas que jamás pensó existían. Su cuerpo por instantes no obedeció a más nada que no fuese los deseos de Terry y más aún "eso" que la hizo olvidarse por unos instantes de si misma y hacerla volar en las nubes.
- Disculpa mi amor. Sé que debo ser un caballero y cuidarte sobre toda las cosas, pero mi deseo por ti es tan grande como mi amor
- No tienes que pedir disculpas, ambos nos dejamos llevar
- Te amo Candy; si pudiera expresar todo lo que está sintiendo mi corazón con palabras, pero incluso las palabras quedarían cortas ante mis sentimientos por ti.
Terry volvió a hacerse dueño de aquellos labios que le volvían loco y que necesitaba más que el aire. Sentí estremecer a Candy y con ello su deseo de sentirla más, tocar su piel y beber del rico manantial de vida de su boca era mucho más intenso. La joven entendió que ya no podría parar si dejaba que las cosas pasaran a más y muy despacio sin hacerle sentir mal comenzó a retirar sus labios de los de Terry.
- Terry es tarde y es mejor que nos retiremos a dormir, mañana es la fiesta y estaremos hasta muy tarde despierto.
- Tienes razón amor, sí vamos, te acompaño a tus aposentos
- Gracias
La joven tomó la mano de aquel que ya era el dueño de su vida y se dirigieron juntos hacia el castillo. Al llegar a la habitación de Candy, él la despidió dándole un beso en la mano y mirándola con todo el deseo que jamás pudo concebir hacia otro ser humano. Candy entro a su recamara invadida por un deseo similar al que Terry le demostraba con su mirada. Se dejo caer en la cama, mientras se envolvía en sus pensamientos.
Si hace unos meses me hubieran contado todo lo que en este momento estoy viviendo no lo creería. Terry me ama, no puedo creer que aún a pesar del tiempo, de la distancia, él me ame. Me siento viva junto a él. Me ha devuelto la vida, la luz a esta vida tan vacía.
Temo tanto que suceda algo que dañe la felicidad que ahora se adueña de mi vida. No, Candy debes ser positiva, has pasado mucho y esta es la recompensa que la vida te da, Terry… Te amo, te amo y lucharé por que estemos juntos por siempre mi amor…
La mañana siguiente llegó y para muchos un sábado cualquiera, para otros un nuevo renacer a la vida que tanto había deseado, una vida junto a ella. Temprano en la mañana Terry hubo dado la orden de que todas las mañanas de ahora en adelante se le llevase temprano un ramo de narcisos amarillos y dulces Candy a la habitación de aquella quien fue la musa inspiradora de las flores y jardines de aquel palacio.
- Buenos señora Juana
- Buenos días señor Duncan. ¿Y ese hermoso arreglo de flores? – Asombrada la cocinera por aquel bello arreglo que llevaba el jardinero consigo
- Me las pidió el duque; me pidió le hiciera todas las mañanas un arreglo de las flores más hermosas que tuviese el jardín – Decía el jardinero mientras continuaba arreglándolas dentro de un hermoso jarrón de cristal cortado
- Me imagino que son para su madre… Dicen que buen hijo, buen marido – Fueron las palabras de Cristina quien se hizo parte de aquella conversación sin ser previamente invitada
- Eso es verdad – Dijo el jardinero – Sin embargo estas flores son para una dama que al parecer se ha robado el corazón del duque
- Para la señorita Candy – Dijo Juana terminando la frase y mirando como el rostro de Cristina cambiaba a uno donde la envidia era notoria.
- ¿No entiendo que tiene esa? Todos la tratan con familiaridad, la cuidan con esmero y ahora me imagino que con sus "FAVORES" ha logrado llamar la atención del duque – Dijo Cristina molesta ante aquel detalle del duque
- Cristina no creo que la joven Candy sea de las que andan dando sus favores como dices, al contrario veo una joven muy madura y educada, más bien todo una dama.- Dijo Juana, a quién ya le molestaba la actitud de la joven sirvienta
- Juana, podrías enviar a alguien a subirle las flores a la joven Candice – Dijo Duncan con ganas de que se terminara la conversación con Cristina
- Claro que sí. Claribeth por favor encárgate de subirle las flores a Candice y de ahora en delante de ser su dama, te encargarás sólo de ella.
- Yo puedo hacerlo, tengo más experiencia que ella- Dijo Cristina con aura de altura y de superioridad ante la joven sirvienta.
- No, ya he tomado la decisión de que Claribeth se encargue de la joven Candice y tu sigas aquí como mi ayudante, al lado mío. – Dijo Juana, quien tenía sus dudas sobre el comportamiento de la joven y prefería tenerla cerca vigilada.
Claribeth tomó el arregló, se excusó y se dirigió a la habitación de Candy, al llegar tocó y una suave y dulce voz le dijo que pasará. Al llegar Candy ya se encontraba vestida y lista para bajar a desayunar, debido a su condición económica de los últimos años la joven hubo olvidado que era tener dama de compañía, para ella eso eran cosas de su pasado.
- Buenos día señorita Candice. Soy Claribeth su dama de compañía
- Buenos días Claribeth. ¿Dama de compañía? Pero…
- El Duque dio la orden de que yo fuese asignada a usted como su dama, además de que le envía estas flores
Candy se paró rápidamente y se dirigió sin pensarlo hacia las flores que Claribeth llevaba en sus manos. Las tomó, las olió y luego las colocó sobre una pequeña mesa que se encontraba al lado de la ventana de su habitación. Candy no podía creerlo, flores, flores de parte de Terry. Dentro de las flores una pequeña nota que la joven tomó con manos temblorosas ante la espera de lo que aquel pequeño pedazo de papel pudiese decir.
"Te cojo la palabra, Julieta. Dime tan solo: ¡Amado mío!, dame ese nuevo bautismo, y nunca, ¡oh!, nunca volveré a ser Romeo."
Candy al leer la breve nota, cerró los ojos, abrazo la nota y por un momento volví a vivir aquellos momentos cuando jóvenes él le leía su obra favorita: Romeo y Julieta. Una sonrisa picara apareció en su rostro al recordar aquellos momentos en que fue tan feliz junto a él y que ahora eran aún mayores, pues estaba la certeza de que él la amaba, se lo había dicho varias veces, se lo había demostrado y ahora sí podía ver un futuro junto a Terry.
Claribeth miraba como el amor de la joven brotaba, entendió que lo que sucedía entre su patrón y la joven no era algo nuevo, sino que al parecer tenía historia y que no sólo él estaba enamorado, pues ya todos se hubo dado cuenta en el palacio, sino que ella también.
Candy volvió a leer la nota y entonces entendió el mensaje entre líneas que Terry le hubo enviado. Ella le conocía como la palma de su mano, a pesar del tiempo le conocía y entendía más que a nadie más en todo el mundo.
Terry Amor mío, te entiendo… Tu mensaje está bien claro.
Pensó para sí misma y junto a su dama de compañía terminó de arreglarse para bajar a desayunar junto a Eleonor, María, Richard y su amado Terry. Llevaba consigo un vestido color azul mar que le llegaba mucho más debajo de las rodillas, su pelo lo llevaba como ya acostumbraba recogido en un rodete y sin maquillaje.
Al llegar al comedor ya todos estaban sentados hablando y compartiendo en familia. Era el cuadro que Richard siempre quiso tener, su familia, la de verdad junto a la mujer que amaba y su hijo. Al llegar Candy los hombres se pusieron de pie y Terry le ayudó a sentarse junto a él.
- Buenos días
- Buenos días Candice… - Dijeron todos al mismo tiempo y notando como las manos de los joven se mantenían unidas. Y con el dedo Terry hacia pequeños círculos sobre la mano de la joven
- ¿Espero hayas descansado Candy?
- Sí, gracias por preguntar… ¿Y tu Terry?
- Es la primera vez en mucho tiempo que duermo mejor que el mismo rey de Inglaterra.
- El problema Terry es que tu tío casi no duerme… jajajaja
El desayuno continuó de forma muy amena -Era increíble cómo esta jovencita hubo cambiado el temperamento y mal humor de mi hijo, es verdad que el amor todo lo hace posible- pensaba Richard; quien disfrutaba al máximo de ver la sonrisa y picardía entre aquella joven pareja. Por un momento miró hacia Eleonor y entendió que ella también disfrutaba de ver a su hijo feliz y que al igual que él los recuerdos de aquella vida juntos aún seguían latente en ambos.
Terry se levantó de la mesa excusándose pues tenia unos pendientes en su oficina del parlamento y era necesario que fuese hoy a terminarlos. Al levantarse le extendió la mano a Candy para que esta le acompañara hasta montarse en el auto que le llevaría a sus destino.
Al llegar el duque a la entrada principal del castillo, el chofer ya le esperaba con la puerta abierta del elegante coche negro para que este accediera. Sin embargo al ver la seña que le hizo el duque el chofer con un breve gesto de cabeza se dirigió hacia su asiento y allí espero hasta que el duque subiera al coche.
- Entendí el mensaje en la nota
- Sabía que lo harías… - Respondió Terry feliz al darse cuenta de que esa conexión aún existía entre ambos, sólo ella sabía su forma de expresar sus más íntimos sentimientos, sólo ella le entendía sin necesidad de explicaciones. En su forma más simple y natural ella se convertía en su alma gemela.
- La repuesta la sabes
- Pero quiero oírla de tus labios…
- Esta, esta noche luego del baile… Creo que este no es el lugar indicado, hay muchas personas mirando
- Sabes que a mi no me importa nadie, más que tu y yo
- Lo sé…
- Dímelo, pues no podré concentrarme si no escucho de tus labios aquello que muero por oír. Sólo tus palabras pueden liberarme de todo este peso que he llevado por tanto tiempo, sólo tus palabras pueden darle vida a mi vida.
Candy se acercó al oído de Terry, cosa que lo tomó de sorpresa, pues nunca se imaginó que ella fuese capaz de tomar la iniciativa de acercarse de esa forma ante todos los que estaban cerca del castillo. Suavemente como la brisa de primavera se acercó a su oído, y con palabras que sólo él pudiese escuchar le dijo aquello que tanto deseaba.
- Terry, yo… Yo te amo, siempre… Yo te he amado desde aquel 31 de diciembre que te conocí hasta el día de hoy y te aseguro que más allá de esta eternidad te amaré.
- Candy, has extasiado mi alma. No creo poder esperar hasta la noche para poder verte.
Y de la forma más inesperada se acercó a la joven robándole un suave beso que la dejó en trance y totalmente roja, pues más de unos de sus sirvientes estaban cerca de aquel lugar donde se encontraban despidiéndose.
- Te veo a las 6:00
- Estaré lista…
- Hasta luego mi amor
- Hasta luego amor…
