El día pasó muy largo para la joven, en el que no hubo un momento en que dejase de pensar en Terry, aunque la mayor parte la pasó conversando junto a Eleonor y María, no dejaba de mirar hacia la ventana, con la esperanza de que el llegase y poderlo ver, pero no sucedió.
La hora de arreglarse para la fiesta de grupo de teatro junto a los nobles hubo llegado, las mujeres se dirigieron al aposento de Candy para ayudarla a elegir lo que se pondría esa noche. Eleonor quería que ella estuviese espléndidamente bella para su hijo esa noche. Ella sabía lo importante que eran las actividades sociales para los nobles y fríos ingleses, su hijo ocupaba uno de los puestos más importantes para esta clase que presumía de ser tan distinguida. Gracias a la misma señora Marlowe, el problema sobre el nacimiento quedo en la luz pública, aclarado y sobre todo aceptado por los reyes. Sabía bien que aquella aceptación fue gracias a la amistad que existía entre Eleonor y la reina, pero sobre todo por ser Terry el sobrino y ahijado favorito del rey.
Las mujeres entraron a la habitación como jovencitas, maría fue corriendo y abrió el closet de Candy buscando cual seria el vestido apropiado para la ocasión. Sacó más de 5 diferentes trajes que Eleonor le hubo comprado en América, pero los ojos todas quedaron iluminados ante aquel vestido rojo de pequeñas lentejuelas, con un escote en forma de corazón, apretado en las caderas, pero amplio en la falda y con un amplio escote en la espalda. La elección era obvia, así que sin más que hacer las mujeres decidieron dejar a Candy sola para que se bañara y lo mismo haría Eleonor, quien hubo decidido vestirse de azul cielo, un vestido que le hubo regalado su hijo en el último viaje que hicieron a Francia. Fue hecho exclusivamente para ella y sabía que su hijo se alegraría al verlo.
Al terminar de arreglarse Eleonor se dirigió a la habitación de Candy, quería verla. Su asombro fue tan que ella misma quedo boca abierta. María le ayudo a maquillarse, cosas que ella ya ni se acordaba como hacer, le pinto sus labios de rosa, colocó un poco de colorete en sus mejillas, que de por sí ya lo poseían y terminó haciéndole una trenza francesa al lado derecho de su cuello. El vestido se ajustó a su cuerpo haciendo relucir sus caderas y el nacimiento de sus senos, al dar la vuela la espalda blanca y desnuda de Candy quedaba a la vista. Era la primera vez que ella vestía de forma tan reveladora, se sentía intranquila y no le gustaba mucho, pero Eleonor se sentía tan complacida ante la imagen de la joven, quien sabía pronto se convertiría en su nuera.
- Estas bellísima Candy
- Gracias Eleonor, usted por igual. Aunque… ¿No cree usted que está muy revelador?
- Para nada Candy, te ves bellísima y eres joven, debes lucir ahora, ya luego querrás y será muy tarde.
- Oh, ok…
- Te espero abajo…
- Si
El rojo de las mejillas aumentaba cada vez que se miraba al espejo, veía en el una mujer que definitivamente no era ella, sentía pena y a la vez alegría de verse por primera vez diferente, en conclusión feliz.
Se miró por última vez , eran las 5:58pm, sabía de la puntualidad que caracterizaba a Terry, tomo su pequeña bolsa y decidió bajar. Ya al pie de las escaleras se encontraban Terry, Richard, Eleonor y María, quien a pesar de no asistir se dijo a sí misma que no dejaría pasar la oportunidad de verle la cara a Terry cuando viese a Candy.
Candy comenzó a bajar las escaleras, Terry, quien lucia un traje negro, el pelo recogido hacia atrás y la banda con los colores característico de los Granchester y todas las insignias del mismo sobre sí, la miraba, para él la visión más bella jamás antes vista, sus ojos no podían siquiera pestañar y entre sí se preguntaba ¿Cómo podré subsistir esta noche?, No creo ser tan fuerte viéndote como estás.
Sus padres junto a María disfrutaron de la cara de embobado del joven, se reían entre sí, pues la felicidad del Joven duque brotaba sobre su ropa, Eleonor supo que su trabajo estaba más que cumplido y eso le tenía muy feliz.
Terry comenzó a caminar hacia la joven, extendiéndole su mano para ayudarle a bajar. Mientras más se acercaba a él su corazón más latía. Ya que de la misma forma en que el joven se hubo embrujado ante aquella imagen de Candy, la muchacha por igual al verlo.
Candy llegó hasta donde él se encontraba y éste besó su mano sobre el guante que poseía la joven, pero sin despegar su mirada de ella ni un segundo.
- Estas hermosa pecosas – Le dijo dulcemente, sin que nadie más escuchase
- Tu por igual – Le respondió
- Bueno vámonos, ya estamos todos… ¿Eleonor me harías el honor de ser mi pareja esta noche?
- Es un honor su gracia… - Dijo Eleonor dándole una mirada que le demostró todo el amor que aún ella guardaba para él
- El honor es mío – Dijo Richard tomando su mano, dándole un beso y colocándose junto a ella comenzaron a caminar hacia el automóvil.
Por su parte los jóvenes aún seguían en su burbuja de amor, sin decirse nada sus ojos habían dicho todo. Terry volvió a verla de arriba a abajo, haciendo una pequeña parada sobre su escote. Esta sorprendido del cambio que hubo dado aquella pequeña que por mucho tiempo la recordó llenita, más bajita y sus llamativas pecas, las cuales estaban casi inexistentes. Tocó su frente junto a la de la joven y hablando suave, sólo para que ella le escuchase.
- Estas hermosa Candy, nunca me imagine que pudiese existir una diosa en la tierra que me hiciera sentir todo esto.
- Tu por igual me haces sentir bien
- Esta noche sólo podrás bailar conmigo. Es una orden y no voy a discutirla…
- No sabía que fueses tan celoso
- Celo lo que es mío, y tu lo eres…
- Vamos, estamos tarde ya
- ¿Eres mía? Dímelo, quiero escucharlo
- Yo… Si Terry soy tuya, desde el momento en que te conocí
- Estoy loco por ti… Mejor vámonos, estoy a punto de que no asistamos a la fiesta
- Debemos ir, es la fiesta de tu madre
- Sí vamos…
Entonces el joven duque puso su mano para que ella colocara la suya y la otra la colocó en su espalda, al sentir la piel desnuda de la joven, un corriente subió por todo sus cuerpos, hasta el momento el no hubo visto el traje por completo y entonces agarró la joven le dio una vuela sobre su eje y entonces volvió a acercársele.
- No te imaginas lo difícil que será para mi esta noche. – Entonces comenzaron a caminar hacia el automóvil donde se encontraban sus padres, mientras jugueteaba con la espalda de la joven haciendo pequeños círculos con sus dedos.
Todo el Camino se la pasaron tocándose las manos, jugando con sus dedos, pero Terry sin dejar de tocar la espalda de la joven. Era lo más atrevido que hubo siquiera pensado haber hecho con ella y menos frente a sus padres, pero era tanta la tentación y tan grata la oportunidad que no la dejaría pasar por nada.
Al llegar al elegante lugar, fueron dirigidos por los servidumbres hacia el lugar donde se efectuaría la fiesta. Al llegar tuvieron que seguir el protocolo de aquella corte inglés y el antiguo duque de Granchester junto a Eleonor fueron presentados primero. Muchos fueron los sorprendidos al darse cuenta de que Eleonor, la madre del hijo de Granchester estaba nada más ni nada menos acompañada por su antiguo amor. De inmediato los comentarios fueron parte de aquella entrada.
El duque bajo las amplias escaleras de mano de la mujer que una vez le robó el corazón y que ahora volvía a entregárselo. Sabía desde el principio que traerían muchos comentarios, pero ya no le importaba ya que a duro golpes entendió que el amor es quien manda. Y a su edad sólo quería ser feliz, quería sentirse amado y amar como sólo lo hacia con ella.
- Mañana seremos primera plana en toda Inglaterra – Le dijo Eleonor mientras se acercaba a él, hablándole discretamente
- ¿Te preocupa Eleonor?
- Por supuesto que no…
- Esta noche los Granchester daremos mucho que hablar, ya veras sus caras cuando vean a Terry. Mañana pediré todos los diarios del país
- Eres un caso
- Un caso que se muere por ti…
- No tienes que morirte, ya me tienes
- ¿Sabes que tenemos que hablar?
- Si, esta noche luego de la fiesta
- Perfecto
Richard y Eleonor llegaron al último escalón, se dirigieron hacia un espacio y volvieron a mirar las escaleras para cuando anunciaran a su hijo y a Candy. Parecían dos niños que realizaban una travesura, estaban felices por su hijo, por Candy y por ellos mismos.
- Ven Candy, ya nos van a anunciar, no estés asustada
- ¿Estas seguro que quieres entrar conmigo?
- Es lo más seguro que tengo en este momento. Quiero que todos sepan que eres mía.
- ¿Y?...
- Nada, vamos
Terry la tomó de la mano de la forma en que el protocolo requería, se colocó frente a la enorme puerta de madera bañada en oro dorado con detalles de rosas en oro blanco.
- Su Gracia el Duque de Granchester, Marques de Lexington, Barón de Tendels, Monarca de Wales y Presidente del Parlamento Terrence Granchester – Candy lo miró sorprendida por tantos títulos, Terry sólo le guiño un ojo y le sonrió
- Junto a la Señorita Candice White Ardley
Al escuchar que Terry venía acompañado todos los allí presente miraron hacia las enormes puertas que se abrían para dar paso a la joven pareja. El silencio al principio fue quien dominó, para luego dar la bienvenida a un sin fin de comentarios entre los nobles allí presentes.
Candy estaba bien nerviosa y Terry lo sintió, tomó su mano de forma que ella sintiese que él sería su soporte y la miró de la forma más amorosa que podía existir.
- ¿Bajamos?
- Si… Disculpa… Es que todos nos miran
- Es normal, tengo a la mujer más bella de toda Inglaterra, también… es la primera vez que vengo acompañado por una mujer a un evento – Decía el joven mientras poco a poco bajaban las largas escaleras
- Pensé que…
- Además pecosa, esta noche estas acompañada del soltero más codiciado de todo el país
- ¿Nunca vas a dejar de ser engreído?
- ¿A caso no fue eso lo que te enamoró de mí? – Las mejillas de Candy se pusieron rojas ante aquel comentario y prefirió dejar de hablar y concentrarse en las escaleras. Sabia el poder que tenia Terry sobre ella y como sus palabras podían fácilmente hacerla perder la concentración que requería bajar esas escaleras.
Al bajar se dirigieron hacia sus padres, quienes estaban muy complacidos por como todos los miraban y hablan de ellos.
- Como siempre padre los Granchester dando que hablar – Dijo Terry feliz, sin soltar la mano de Candy y con la otra aún tocando parte de su espalda
- Sí lo hiciéramos dejaríamos de ser Granchester
- Tienes toda la razón, jajajaja, Ahora si me permiten quiero bailar con la dama más bella de toda la fiesta
- Nadie esta bailando aún Terry – Dijo Candy al darse cuenta que nadie más estaba en la pista de baile y que al parecer nadie hubo iniciado el baile aún
- Entonces seremos los primeros
- Pero…
- Vamos…
La fiesta volvió a su cause y los jóvenes decidieron comenzar el baile. Para ella no fue fácil ser la primera en la pista, pero para el era un gusto lucirla ante todos los allí presente. Terry disfrutó poder estar tan cerca de ella, tocar su espalda y sobre todo poder verse en esas verdes lagunas que moría por besar. Todos miraban asombrados la forma en que bailaban, la gracia de la joven y como el caballero se desenvolvía en la pista, ya que llegaron a pensar que no sabia bailar. Ninguna de las antiguas reuniones se le vio bailar, dirigirse a alguna dama de la forma en que hoy lo hacia o reír como reía en estos momentos.
Muchas jóvenes que soñaban con llamar la atención se sentían celosa ante aquella que hubo logrado lo que ellas intentaron por tanto tiempo y no sucedió. Los caballeros miraban aquella mujer, no era su vestir, no era su hermoso pelo, era algo más que todo junto. Era simplemente ella, quien relucía entre las demás, era ella quien esa noche despertó la curiosidad de muchos y el deseo aún más apasionado de unos ojos cafés que miraban desde lejos.
- ¡Bingo! Te encontré Candy…
