Habían estado en espera ya un buen rato. Sin embargo, la felicidad de Valerie no parecía opacarse por el tiempo de espera.

Tuck mataba el tiempo con su tableta sin problema. Y Sam continuaba maldiciendo el asiento, pues tenía al menos media hora que ya dolía el permanecer sentada.

—Esto sigue sin pasarme, Val. — Comentó, sintiendo como los segundos se volvían más tensos. Y esa maldita música de espera que no parecía acabar.

—Bueno, es una persona importante. Las personas importantes tienen cosas que hacer.

—¡No me refiero a eso!— Exclamó. —¿Enserio no se te hace sospechoso? Sueles tener más sentido común que eso.

—Sam, Sam, Sammy. — Chascó la lengua mientras negaba. —Claro que sí se tratara de algo desconocido estaría en duda, pero esta es una gran y conocida empresa. No hay porque temer.

Sam rodó los ojos. Realmente no la convencía de ese modo.

—A ver, ¿Podrías explicarme de nuevo como te contactó ese hombre?

—Amm, pues esa noche después de entrenar. Recibí la llamada. Dijo que había escuchado de nosotros, lo cual es lógico, ¿no? Creo que estas sólo un poco paranoica, Sam.

Sam jadeó haciéndose a un lado tras esa acusación. Pero antes de poder contestarle, alguien se había dignado a llamarles para hacerlos pasar.

—¡Al fin! — Exclamó la voz de Tucker, él que era ajeno a toda la conversación de las chicas. Y por supuesto, también fue el primero en pararse y andar.

—Dale el beneficio de la duda al menos.

Sam suspiró completamente vencida. Tal vez si estaba exagerando esta vez.

—Está bien Gray, ganaste esta vez. — Le contestó, recibiendo una sonrisa por parte de su amiga.

Ambas caminaron por el pasillo por el cual las guiaban, una detrás de la otra. Hasta llegar a la oficina principal.

Una gran puerta de madera, que seguido fue abierta por esa trabajadora. Esperaban a un hombre viejo y elegante de tras de la puerta.

Así que ese gesto que se les plasmó, no podía ser otro al encontrarse con una señorita de larga cabellera negra, dándoles la espalda.

Y no era grosería, más parecía revisar algunas cosas en el escritorio que tenía enfrente.

—Cielos, hola. — Saludó el único chico con una enorme sonrisa y brillo en los ojos, que fueron apagados por un buen golpe en la cabeza de parte de Valerie.

—Auch, Val ¿Porqué... ?— Decidió mantener la boca cerrada cuando vio su cara, y esa mirada que lo enterraba completamente vivo.

Inmediatamente la mujer dio la vuelta, con unos cuantos papeles. Y a decir verdad no era para nada una extraña.

Tras reconocer sus rostros hubo un momento de silencio tan tenso que se podía formar una cuerda para colgarse de las lámparas.

Era como si sus mentes hubieran quedado pausadas y en espera para cargar y seguir reproduciendo.

—Ah, eres tú murciélago. — Fue lo primero que atinó a decir. Y es que su atención se había clavado fijamente en la muchacha gótica desde el inicio.

—¡¿Paulina?! — Las voces de Tucker y Valerie sonaron juntas.

—Creí que lo de la secretaria bonita y sin cerebro era sólo un estereotipo... — Comentó la joven Manson, sin ninguno tipo de malicia o afán, salió casualmente de su sarcástica boca.

La otra frunció su pequeña y respingada naricita por el comentario de la caza fantasmas.

De pronto la oficina era el lugar de un nostálgico confrontamiento entre ese par.

Los otros dos jóvenes se sintieron a años luz de distancia del mundo donde esas dos habían tenido su reencuentro. Totalmente desplazados por una línea de frívola indiferencia.

—Ejem. — Valerie quiso llamar su atención. Obteniendo sólo la de su amiga Sam.

—Oh, esperábamos ver a tu jefe.

—El señor Masters no se encuentra, tuvo que salir de emergencia y me dejo a mí a cargo. Es un hombre ocupado. — Habló, con cierta superioridad en el tono.

Las miradas de Tucker y Samantha se conectaron con cierto estupor.

Valerie nunca menciono el nombre o apellido.

—No podría ser el mismo. — Habló el moreno, sin pensar muy bien. Su tableta paso a segundo plano.

Valerie los miró chocar miradas, preguntándose seriamente que mosca les había picado a sus amigos.

—Entonces supongo que nos vamos. — Se adelantó la chica gótica, impaciente por salir de ahí.

Paulina no paraba de mirarla de arriba a abajo, como juzgándola con una mirada sumamente inquisidora.

Además. era la oportunidad de salir de esta situación.

—El Sr. Masters no es ningún grosero. Si los citó fue por algo, y yo los atenderé. — Tomó algunos papeles para acercárselos a la otra chica. Por alguna razón Tucker y Valerie eran invisibles para ella.

La morena sabía la razón. Y es que, desde que comenzó a ser amiga de Samantha y Tucker, luego del accidente con Daniel Fenton, sus anteriores amigos comenzaron a tildarla de traidora, etiquetándola de fracasada.

Aunque no volvieron a meterse con aquellos que llamaban fracasados. Incluso ellos sintieron esa tragedia en la que murieron los padres de Fenton.

—Podrán hablar con el Sr. Masters otro día, por ahora solo tienen que dejar su currículum y llenar esta hoja. Es un examen de actitud, y es por mero protocolo. Él está convencido de que ustedes son los indicados para este puesto. — Indicó la muchacha, justo como se lo habían dicho.

—De acuerdo... ¿Y eso sería todo?

—Por ahora. — Respondió.

Dicho esto, leyeron aquella hoja. Era el mismo examen que hacían para cualquier trabajo.

Nada sospechoso.

Sin embargo, aun Tucker y Sam tenían dudas sobre aquel Sr. Masters. Y claro que había posibilidad de que fuera el mismísimo Vlad Masters.

—Me dijeron que el jefe era joven, dudo que sea el mismo. —Les contradijo, abrumándose por esa charla.

—¿Qué dices, Tuck?

El chico suspiró.

—Hay que intentarlo. Sólo para salir de duda, y si no es él podría ser beneficioso para nosotros como equipo.

Sam no objetó, podían tener razón, pero aún no se quitaba esa sospecha.

Tras resolver ese examen volvieron con Paulina. Esta fingió revisarlo y luego lo guardó en un folder y archivo.

—Les agendaré otra cita. — Dijo, tecleando en la computadora de su propia oficina.

Esperaron por otro rato. Hasta que por fin aquella muchacha terminó de teclear y fotocopiar algunas hojas que tenía que entregarles.

Ya de por sí era extraño que Paulina estuviera ahí, sería mucho más bizarro que Vlad Masters fuese su próximo jefe.

—Técnicamente están contratados. — Mencionó sin real interés, sólo decía aquello como se lo habían ordenado. —Sólo falta que ustedes acepten, aunque supongo que tendrán que hablar con él antes. — Les entregó los papeles, para luego volver a sentarse, esperando a que se retiraran.

—Bien, eso es todo. — Insinuó.

Los tres entendieron esa indirecta.

Ambas chicas salieron una tras otra con el ceño igual de caído.

—Adiós. — Se despidió Tucker con un tono amistoso, moviendo suavemente su mano antes de ser tirado hacia afuera por la joven Gray.

—Vámonos, Capitán Hormona.

Paulina rodó los ojos.

Las cosas aun no cambiaban tanto.

La silla giratoria rodó suavemente.

Había sido un día largo, y su secretaria había cometido varios errores que se tuvo que encargar de corregir.

Pero al menos había hecho algo bien.

Era divertido el sólo pensar que había sido ella a quien tuvo que asignar esa tarea.

Pasó su mano por su cabello negro, alborotándolo un poco más.

El joven Masters dio un suspiro pesado.

—Deberíamos celebrar esto. — Comentó mirando los papeles.