Terry esperaba ansiosamente la respuesta de Candy, sus ojos la miraban fijamente buscando alguna respuesta a su pregunta, pero sólo podía ver como las lagrimas bajaban por sus mejillas, la joven se encontraba en un trance, no sabía si brincar de la emoción, gritar o sólo arrojarse a sus brazos y decirle cuanto hubo deseado desde siempre, desde aquella noche 31 de diciembre en que lo vio por primera vez.

- Candy… ¿Aceptarías ser mi esposa? – Dijo Terry por segunda vez asustado ante la actitud de la joven, ahora era ella que no decía nada.

- Terry – Dijo ella como un suspiro leve que salió de sus labios sin pedir permiso – Desde siempre mi corazón ha sido tuyo, mi vida, mi alma y lo más que deseo es compartir contigo cada segundo que me reste de vida…

- ¿Entonces eso es un sí?

- Si, Terry quiero ser tu esposa…

Terry se levantó, colocó el anillo en su dedo, la tomó entre sus brazos y olvidando que sus padres estaban presente la besó. Un beso no apropiado en aquellos tiempos, pero que para unos rebeldes como lo eran Candy y Terry era la muestra de amor más sutil que podían darse en aquel momento.

- Bueno chicos dejen algo para la noche de bodas – Dijo Eleonor feliz y abrasando a la joven pareja – Tenemos tanto que organizar, creo no poder dormir esta noche, necesitaré papel y lápiz…

- Felicidades hijo… - Dijo Richard abrasando a su hijo, feliz de que por fin este pronto estaría junto a la única mujer que hubo amado toda su vida

- Gracias padre, estoy tan feliz que no creo poder dormir tampoco… Y cómo siempre hiciste de las tuyas...

- ¿Bueno hijo si quieres podemos amanecer haciendo los preparativos? - Dijo una feliz Eleonor

- Al parecer he recobrado el sueño madre…

- Jajaja

- ¿Candy… Estás bien?

- Yo… Creo que estoy viviendo un sueño… - Dijo Candy quien permanecía junto a Eleonor, hasta el momento la joven no hubo hablado nada y sólo se limitaba a mirar a Terry

- No mi amor no lo estas – Dijo Terry acercándose a ella, tomando su mano y dándole un beso que la llenos de sensaciones que sólo él podía crear en ella.

- Es mejor que vallan a dormir, mañana nos espera un día muy agitado, necesito que estén listos a las 8:30 de la mañana, el registro civil habré a las 9:00am, luego tenemos que ir con el obispo para las amonestaciones y luego…

- Pensé que sólo mi madre nos tendría corriendo de un lado a otro, pero veo que ya tu tenias la agenda lista…jajaja

- Terry no sabes todo lo que conlleva una boda y más si se trata de un noble, muchas de las veces los preparativos tardan hasta dos años, nosotros la haremos en dos semanas…

- Tranquilos, todo saldrá bien. No me importaría casarme hasta en el registro civil con tal de casarme con Candy…

- A mi tampoco me importaría Terry…

- Saben que con esta boda tan rápida mucho será lo que se comenten sobre ustedes, en especial de ti Candy… - Los jóvenes miraron, intercambiaron sonrisas y luego de unos segundos los rieron mirando a Richard quien no entendía aquella reacción

- Señor Granchester nunca me ha importado el que dirán y a Terry mucho menos, creo que ya estamos acostumbrados a que siempre se hable de nosotros

- Ustedes son tal para cual… Mejor descansen mañana tendremos un largo día… - Les dijo un sonriente Richard ante aquella respuesta y actitud de la joven

- Hasta mañana

Se despidieron los jóvenes, Terry sostenía la mano de su prometida mientras caminaban hacia los aposentos, este sentía que caminaba entre nubes al saber que la mujer que le acompañaba pronto sería su esposa. Ya nada los separaría, nada ni nadie podría alejarlos y el podría cuidarla como la flor más hermosa de su jardín…

Mientras caminaban sus padres le miraban felices ante la reacción del joven y el futuro enlace de los mismos. Richard cambió la mirada hacia Eleonor, le ofreció su mano cosa que ella aceptó sin dudar dos veces y entonces mirándola fijamente, la tomó por la cintura y la besó como hubo deseado por tanto tiempo, como sólo él sabía besarla y como tanto ella deseaba.

- Creo que la próxima historia por escribirse es la nuestra – Dijo Richard luego de haber bebido de los labios de aquella mujer que tanto amaba.

- Ya es tiempo de que la escribamos como debe ser…

- Te amo Eleonor, ver a mi hijo luchar por Candy me dio a entender que debo luchar por ti, él está haciendo todo lo que por cobardía yo no hice por ti y quiero reparar esa falta.

El nuevo día llegó y con ello una serie de actividades y preparativos para aquella que sería la boda más hablada del año. Luego de un rápido y corto desayuno las dos parejas se encaminaron a realizar una serie de tareas que eran necesarias para que dicha boda fue todo un éxito, a pesar del corto tiempo.

La joven pareja se le vio del brazo en todo momento, cosa que hizo surgir miles de comentarios, si ya con el beso público de Terry se había desatado una ola de comentarios aún mucho mayor al verlos entrar a distintas tiendas relacionadas con detalles para matrimonio. Las mujeres mayores hablaban incansablemente de este hecho, mientras que las jóvenes suspiraban y envidiaban a la rubia que hubo robado el corazón del duque.

- Está es la última parada nuestra caballeros, así que ustedes hagan algo productivo y vallan al sastre, mientras nosotras entramos al diseñador a preparar el traje de Candy.

- Madre creo que en este caso necesitaras de nuestra humilde opinión para el vestido.

- Ni lo sueñes hijo…

- Jajajaja debí intentarlo al menos…

- Terry… Es de mal suerte ver el vestido de la novia antes de…

- ¿Candy no me digas que crees en supersticiones?

- Con tantas cosas que nos han pasado Terry prefiero no tentar a la suerte

- Tienes toda la razón, nos vemos en una hora aquí mismo…

- Perfecto!

Las damas entraron al taller del diseñador, en este lugar se podía ver el excelente gusto por la moda del dueño del mismo, su taller estaba entre los mejores de toda Europa y sus diseños eran utilizados por lo mejor de lo mejor de todo el viejo continente. La Joven quedó asombrada al notar la elegante combinación de muebles en color negro, rojo y blanco. Un enorme candelabro de color negro colgaba sobre el centro de aquel lugar y sobre este en el techo espejos que hacían de la visita a aquel lugar un evento único. La joven nunca en su vida hubo visto algo similar, si bien Eleonor le hubo contado del excéntrico gusto del diseñador, jamás se imagino que fuese a este punto.

El diseñador al ver una de sus mejores clientas salió corriendo a atenderla personalmente, este se encontraba fascinado al ver que la dama se encontraba con la misma belleza y elegancia de siempre; sin embargo al ver a Candy entendió que los rumores del cual ya estaba enterado eran verdad. – Habría boda pronto – Pensó el diseñador, lo que nunca se imaginaba que fuese tan pronto. Eleonor le explico la situación la rapidez con que necesitaban que se realizará todo, cosa que dejo asombrado al diseñador.

- ¿Mi querida Eleonor me estás pidiendo que haga en menos de dos semanas un traje de boda, que mayormente me toma tres meses?

- Exactamente mi querido Françoise

- Pero… ¿Acaso tendremos un futuro heredero pronto? – Preguntó el diseñador, quien se caracterizaba por hablar sin pelos en la lengua, cosa que sonrojó a Candy y dejo salir una sonrisa divertida a Eleonor.

- No, aún mi hijo no me da esa dicha… Pero espero que suceda pronto.

- ¿Entonces…?

- Entonces nada, te necesito amigo, eres el único que puede hacer realidad esto y en quién confió sin dudar siquiera.

- Esta bien, pero me debes unos tickets en el parco de tu obra…

- Lo que me pidas querido…

- Entonces jovencita vamos a tomarte las medidas y… Wow la verdad es que entiendo el por qué la prisa, mírate eres una preciosidad… Si me gustaran las mujeres creo que estarías en mi lista para esposa… Claro después de ti Eleonor…

- Jajaja…

- Si te gustaran las mujeres no serias el excelente artista que eres querido… jajaja

- Eso seria una pesadilla…

- ¿Dejar de ser artista? – Pregunto Candy quien por fin habló

- No querida, que me gusten la mujeres… - Candy nunca hubo escuchado algo como esto… Cómo era posible que existieran hombres, así pero al ver a Eleonor entendió que no era momento para preguntas, sino para hechos.

Las horas pasaron corriendo ya devuelta en el castillo todos se encontraban muy cansados ante el largo y ajetreado día que tuvieron. Luego de una alborotada cena, pues los cuentos del diseñador no se hicieron esperar y una María moría de risa ante la cara que ponía Candy cuando hablaba sobre el mismo.

Al terminar, padre e hijo se excusaron y se dirigieron al estudio donde debían organizar algunos asuntos de trabajo que tenían pendientes; tanto Eleonor como Candy se excusaron también y se dirigieron a sus aposentos, estaban agotadas y necesitaban recargar energía para todo lo que faltaba. Por su parte María se quedó en la sala de estar bordando parte del regalo que deseaba hacerle a los novios.

Claribeth hubo ayudado a Candy a quitarse parte de sus vestuario, en especial el odioso corsé que odiaba tanto. La joven rubia le pidió a su dama de compañía que le despertase en una hora y media para reunirse nuevamente con Eleonor y así poder continuar con los preparativos. Claribeth quien en poco tiempo no sólo se hubo convertido en una excelente dama de compañía, también se convirtió en amiga de la joven. La joven doncella de ojos grises y pelo castaño admiraba la humildad de la futura duquesa y la forma tan amable que siempre le trataba.

Luego del tiempo pedido por Candy, la joven doncella se encontraba en ayudando nuevamente a la rubia a prepararse para reunirse con su suegra. La joven miraba y escuchaba con mucha alegría todo lo que la joven rubia le decía sobre los detalles de la próxima boda. Esta entendió el por qué de la prontitud de la misma y mientras conocía más la historia de la joven y del duque sentía más admiración por ella. Candy estaba ya lista cuando escuchó unos toques en la puerta, Claribeth se dirigió a abrirla cuando el asombro al ver quien era la dejó inmóvil por unos segundos.

- Salte de mi camino – Dijo en forma que sólo Calribeth le escuchase

- ¿Qué quieres Cristina? – Le respondió la joven de igual forma

- Señorita Candy tengo un mensaje privado del duque para usted… - Haciendo señas para que le pidiese a Claribeth que saliese de la habitación

- Muchas gracias Claribeth, puedes retirarte – Dijo Candy curiosa por saber sobre aquel mensaje del dueño de su corazón

- Señora yo…

- Creo que la señorita te pidió te retiraras. – Dijo Cristina mirando con odio a la joven doncella

- Con su permiso señorita

Claribeth sentía que algo estaba mal, si bien sabía que al igual que ella Cristina era empleada de la casa, también sabía que el duque la usaba a ella para enviarle cualquier cosa que necesitara a su prometida. Una corazonada de que algo estaba mal le hizo hacer algo que jamás pensó realizar; por primera vez se colocó y puso su oído en la puerta de aquella habitación para escuchar la conversación.

- Señorita el duque le pide verla a solas en la colina, me pidió que fuese lo antes posible que era muy importante lo que tenía que hablar con usted y que por favor no le comentase a nadie.

Candy s encontró extraña aquella petición, pero entendía que Terry al igual que ella deseaba estar en su compañía sin terceros, sin nadie, sin tener que frenar aquello que sentían.

- Gracias Cristina, iré enseguida…

- Señorita el duque ya partió a la colina…

- Entonces yo iré en este momento, gracias…