Había algo muy extraño en esa empresa y no era sólo cosa suya.

Era extraño como de pronto apareció y tan sólo en unos años ya es un poco importante en la industria sin generar tema de conversación en el medio; Es extraño un jefe que no se deja ver y no aparece en ningún sitio, no genere sospecha alguna; pero, sobre todo, era extraño que Paulina, la más popular y comunicativa, labore como secretaria.

Y ahora querían recibirlos propiamente, a sus palabras, con una fiesta de bienvenida.

No tenía mucha experiencia, pero nunca escuchó de una empresa que hiciera aquello.

Organización FMasters era un misterio.

D.J. Masters, ese era el nombre del misterioso jefe. No sabía sí sentir alivio o decepción al respecto, pero al menos le alegraba que aquello no tuviese que ver con Vlad, aunque al final él terminó por no ser el villano, de lo cual había fungido más de una vez cuando eran niños en esas aventuras que jamás podría olvidar.

Sí tan sólo no hubiesen terminado tan mal.

Realmente no esperaba que su mejor amigo tuviera que ver en eso, pero lo deseaba. Le encantaría pensar que tal vez por eso había aceptado sin mucha protesta.

Al menos Valerie era feliz.

Por su parte, no tenía gran interés en esa fiesta.

No era por amargura, simplemente no veía el encanto en estar rodeada de empresarios y empleados pretendiendo.

Y sus padres estaban aún menos felices de que se haya unido a una organización que se especializa en cacería de fantasmas.

Su teléfono timbro. Generalmente no contestaba al momento, pero ese sonidito era aquel que había personalizado la misma Valerie para cuando recibiera sus mensajes.

"Estoy pegada a la ventana de tu casa, sal antes de que tus padres llamen a la policía"

Sonrió, negando con la cabeza.

Inmediatamente fue a comprobar que efectivamente Valerie parecía estrella de mar pegada al acuario.

—¡Manson, te dije que saldríamos! ¿Por qué rayos sigues en pijama? — No hubo siquiera un buenos dias, en cuanto le abrió comenzó con aquello.

—Sabes que las mañanas no son lo mío. — Bostezó, estirando sus brazos. Era buena idea omitir la buena parte de la mañana en la que estuvo conspirando. —Y buenos días para ti también Valerie.

—Entonces sube a cambiarte pronto, tenemos una larga lista de cosas por hacer.

—¿Tenemos?

—¡Sí! Tenemos.

—¿Tengo opción?

—De ninguna manera.

—¡Agh!— Exclamó, subiendo a su habitación.

La otra chica se río por su actitud. Había sido mucho más fácil que otras veces que la arrastraba a ir al mall.

O a cualquier sitio por las mañanas.

Sam tardo una eternidad. Más bien eso le parecía a su amiga.

Valerie podía parecer ruda, pero su lado delicado aparecía en el mall.

Sí había un sólo par de zapatos o conjunto que le gustara en un aparador, entraban a observar cada cosa existente en la tienda.

Para las once de la mañana habían recorrido medio lugar, hasta que Sam le pidió un descanso.

—He salido sin desayunar, o me das tregua o tendrás que regresárme cargando.

—Que poco aguante. — Gray se burló. Se detuvieron en una cafetería donde ella pidió un expreso americano bien cargado y un croissant, y Sam un cappuccino con leche de almendras, sin mucha opción en cuanto a la comida debido a su dieta vegetariana.

—Podrías cortar un par hojas de aquella macera, seguro lo entenderán.

—Ja, muy graciosa Val. — Entrecerró los ojos que se posaron muy fijos en ella.

—Ya, está bien, no te molestes. Iré a comprar una ensalada, no tardo. Cuida las cosas. — Dijo Valerie mientras se retiraba. Ella estaba más eufórica de lo normal y Sam lo notaba.

Le dio un sorbo a su café, sacando ligeramente la lengua luego de hacer esto, producto de que estaba realmente caliente.

Bajó el vaso, enfocando la vista.

A lo lejos vio un rostro y silueta conocida. Trató de enfocar mejor, creyó estar en lo correcto, porque el sujeto en cuestión parecía haber saludado y venir hacia ella.

—No puede ser, es...

Pero en ese momento sintió un agarre en su brazo. Se vio alertada cuando este comenzó a jalarla.

—¡Sam, ven a ver esto tienes que ver esto! — Comenzó a guiarla a quien sabe dónde.

—¡¿Valerie, que diablos?! ¡Las cosas!

—No les pasara nada, ven. — La hizo correr hacia una enorme tienda y casi chocar contra el cristal del aparador.

—¿Esto es tan importante como para traerme casi cargando de verdad? — Lo único que veía ahí eran más vestidos, pero al parecer la otra veía algo más interesante que ella no podía captar.

Valerie señaló uno entre tantos, de un color violeta tan exacto que no pudo evitar ver la cara de su gótica amiga reflejada sobre la cara en blanco del delicado maniquí que lo portaba en esos momentos. Hacía gran juego con sus ojos.

Estaba completamente abierto de la espalda y sus largas faldas caían delicadamente en contraste a lo ajustado que parecía de arriba.

—¡Es completamente para ti, y ahora tenemos la ocasión ideal!

—Oh... Sobre eso, no estoy muy segura de querer asistir. Es decir, de seguro no notaran mi presencia.

—Yo la notaré. Oh por favor, Sam. No puedes faltar. Es como faltar a tu primer día de trabajo, no es buena impresión.

Sam la observo con esos ojos engrandecidos y chantajistas. Frunció el ceño porque sabia que no tenía alternativa desde un principio. Ademas, podía darle gusto a su amiga.

—De acuerdo, pero antes vamos por las cosas ¿Quieres? — Suspiró hondo, bajando los hombros.

—¡Sí! — Celebro Valerie.

—Definitivamente volveremos, necesitas probarte ese vestido.

—Sí, sí... — Respondió. —No te basta una victoria el día de hoy.

Por suerte sus cosas seguían intactas.

Mientras recogía sus bolsas, Sam miro alrededor para ver si se topaba con el chico. Pero en definitiva ya no estaba. Quizás sólo le había parecido.

—¿Qué pasa? ¿Qué buscas?

—No nada... Vamos por ese vestido.

Y como era de esperarse. Valerie no sólo le hizo probarse esa cortina elegante, si no que comprarla también. Ella todavía tardó dos horas y media en escogerse un vestido y probarse al menos siete de ellos. Mucho menos tiempo del que solía tardar, a decir verdad.

Sam se tiró en la cama, completamente muerta. Sus pies la estaban matando por completo. No tardo en quedarse dormida aun sí su celular sonaba una y otra vez como loco. Ella no despertaba.

Del otro lado de la línea, Tucker Foley colgaba de nuevo tras parar en el buzón de su amiga por quinta vez seguida.

—¿Como es qué no lo pensamos antes? — Se preguntó, tomando los papeles que eran simples copias de los contratos que ya habían firmado.

—D.J. Masters y una compañía caza fantasmas. — Frunció el ceño. Sabía que algo no andaba muy bien, su amiga no era la única en sospecharlo. Tanta maravilla ya no era confiable, algo debían querer de ellos, y eso lo iba a averiguar por sus medios. Aunque nunca le gustó preocupar a sus compañeras. Sobre todo, porque Valerie realmente estaba de mejor humor que nunca.

Pero en esos momentos sus sospechas se apaciguaron un poco, dejando de ser tan rotundamente negativas.

No había podido hackear el sistema de la empresa aún. Tenían algoritmos bastante complejos debía admitir. Pero había podido extraer cierta información.

Había varias compañías y organizaciones afiliadas a la susodicha, y el único factor común que tenían todos, era una alianza con Vlad Masters. Por sí el apellido ya era mucha coincidencia.

Quizás su amigo sólo estaba tratando de sorprenderlos con esto de la sagrada fiesta.

Negó un par de veces con la cabeza. No entendía lo que estaba pretendiendo por más que le diera vueltas.

Sí era él, ¿por qué hasta ahora?

Estaba por volver a marcar a su amiga, pero se arrepintió en el último momento.

Al día siguiente debían asistir a esa reunión y realmente no se había preocupado en que ponerse.

Buscó entre sus cosas, pero tenía pocas cosas elegantes para usar.

Encontró un traje arrumbado y con ese olor que despiden los objetos que llevan guardados mucho tiempo. Definitivamente no.

Al día siguiente tuvo que pararse muy temprano para conseguir un traje.

Consiguió algo sencillo, pero apropiado. Pero lamentablemente, gracias a eso no pudo ver a Sam. Ambas chicas se habían ido antes, pues el mismo le aviso a Valerie que llegaría tarde porque tenía que conseguir que ponerse.

Recibió un regaño por irresponsable.

Y ahí estaba, parado afuera del salón. Suspiró tratando de recordar cómo le diría sus sospechas a Sam, lamentablemente había olvidado las cosas.

—Ya como sea. — Dijo, determinado a entrar.

No esperaba que hubiera tanta gente y mucho menos que muchos ya se habrían animado a bailar.

Sacó su teléfono para llamar a cualquiera de las dos chicas, pero antes de hacerlo, vio una cabellera negra a lo lejos.

—Ahí estas. — Se apresuró a ella, chocando con un camarero. Pero logró tomar el hombro de la chica con el vestido violeta.

Pero lo que recibió fue una mirada con el entrecejo fruncido, completamente extrañada.

—Oh, lo siento...— Miró de un lado a otro, pero luego se dirigió a la barra para llamar, y claro que esta le hacía ojitos desde lejos.

La luz y la música era sumamente tenue.

La gente seguía llegando, en unos minutos más empezaría la verdadera fiesta.

Ambas chicas se encontraban entrelazadas del brazo, hasta el momento en el que el teléfono de Valerie sonó.

Ella contestó al ver el nombre de Tucker en su pantalla y caminó a una esquina, donde pudiese escuchar mejor.

—Tuck, ¿Do-

—Tengo algo importante, necesito hablar con Sam. Estoy en la barra de alimentos. — Le interrumpió abrupto, y aparentemente con la boca medio llena. Estaba por regañarlo, pero le colgó.

—Agh, ese Tucker... Sam, tenemos que... ¿Sam? — Al voltear, la gente había comenzado a cubrirle la vista. Aun podía ver su vestido y las perfectas ondas en su cabello que le había hecho ella misma. Se detuvo de ir hacia ella al verla con alguien más que no lograba distinguir a la perfección.

La luz y la música era sumamente tenue.

La gente seguía llegando, en unos minutos más daría comienzo a la reunión como debe ser.

Mientras tanto, el pelinegro observó la decoración, su secretaria si tenía buen gusto. Ser la más popular en su tiempo sí que la había ayudado.

Comenzó a buscarla con la mirada entre la gente. No había rastro de ella.

Sin embargo, pudo divisar algo mucho mejor.

Evitó acercarse mucho, no quería presentarse en esos momentos. El salón tenía tres pisos, pero siempre se veía hacia abajo, pues ahí estaba la pista de baile.

Había restringido la parte alta, y limitado la fiesta a los primeros dos pisos, por lo que podría estar observando desde arriba sin problema. Como un fantasma, riéndose de la ironía.

Había conseguido el traje perfecto. Una especie de frac moderno, apto para la ocasión. Y una máscara de media luna.

Observó entre vestidos y antifaces, una silueta perfecta, vestida en color violeta, y su cabello caía en el escote de su espalda.

La chica había sentido su insistente mirada, ya que había volteado para buscarla. Entonces pudo ver su rostro y corroborar que era Samantha.

Se dio la vuelta en cuanto notó a Valerie Gray a su lado. Dispuesto a bajar para dar la bienvenida.

Los músicos comenzaron a tocar exactamente la música que había pedido a su secretaria programar. Y era perfecto para esos momentos.

Tras dar vueltas alrededor de la chica, pudo encontrar por fin a su secretaria en un vestido rosa muy llamativo.

Tenía tan buen ojo, y tan buena percepción que incluso divisó a Tucker Foley.

Sonrió por la extraña reunión de secundaria que se había dado, ya que no eran los únicos ahí.

Pero sus ojos estaban sobre la chica, Sam, su mejor amiga cuando era un preadolescente.

Ella apenas lo vio llegar y perdió los colores del rostro. Él le tendió su mano, que, sin decir palabra, ella no tuvo la opción de negar debido a la sorpresa.

Al obtener su mano, comenzó a guiarla hacia adentro de la pista.

Tomó posición, posando la mano en su cintura y comenzó a marcar el paso.

—¿Qué pasa, querida? ¿has visto un fantasma?

Ella continuaba atónita, y es que con la máscara podía pasar desapercibido si no lo mirabas muy de frente, pero la voz, aunque muy cambiada era inconfundible.

No sabía qué hacer en esos momentos...