Claribeth se quitó rápido de la puerta y se alejó donde no fuese vista por ninguna de las dos, vio como Candy se alejaba y luego como Cristina sonreía de forma malévola y esto último no le agradó. Entonces siguiendo su corazonada decidió dirigirse al estudio a confirmar que el duque no se encontraba en el castillo. Bajó la larga escalera y corrió por los pasillos, nunca se imaginó que fuesen tantos escalones y que la distancia al estudio fuese tan larga. Su respiración se sentía agotada y sus pulsaciones estaban al 100%.

La joven llegó al estudió y de una abrió la puerta del mismo; sus ojos no entendían lo que veían, le tomó unos segundos tomar aire y ponerse en sus cabales. Tanto Terry como su padre miraban la insolencia con la que la joven hubo entrado como algo inaudito para una servidumbre, pero cuando Richard iba a decir algo la joven corrió hacía el duque tomó su mano le jaló. El asombro fue enorme para ambos, inclusive para ella misma quién nunca se imaginó siquiera tocando ni la sombra de su jefe.

- Disculpe duque corra por favor, creo que le han tendido una trampa a Candy

- ¿Qué estás diciendo?

- Corra por favor valla a la colina… Valla…

Terry salió corriendo, sus largas piernas daban pasos que para ojos normales parecían que volaban, Richard por otro lado salió al lugar opuesto en búsqueda de los guardias de seguridad de aquel castillo. Claribeth por primera vez se sentó en aquellos muebles de sus jefes ante el agotamiento y cansancio.

Candy se encontraba feliz iba a estar aunque fuera por una hora junto a su amado, sus pasos eran largos ante la desesperación de verle. Al llegar se encontró con un hombre de espalda vistiendo un abrigo de cuello alto y con sombreo. Ella no entendió el por que Terry estaba vestido de esa forma y por unos minutos le pareció que no estaba bien, entonces comenzó a dar marcha atrás, pero aquel hombre se volteó y de una la tomó por las manos latinándola y haciendo fuerza para acercarla a él.

- ¿Pensaste que te iba a dejar en paz?

- Suéltame

- Eres mía y ni ese duquecito de pacotilla ni nadie te van a apartar de mi… ¿Entiendes?

- Déjame ir, suéltame Neil.. Es que nunca vas a entender que no te quiero, que me das asco– Candy luchaba por soltarse mientras Neil al ser mucha más fuerte que ella le obligaba a permanecer junto a él. Neil intentó probar los labios de Candy, pero está le escupió en señal de asco y odio.

- Te odio, nunca pensé poder odiar a alguien, déjame, suéltame…

- Nunca, no me importa que me odies, tu serás mía aunque sea aquí

Neal tiró la joven al piso y se lanzó sobre ella rompiendo y desgarrando su vestido, Candy forcejeaba y este le abofeteó intentando inmovilizarla, pero lo que logró fue dejarla inconsciente. – Serás toda mía y de esta forma será mucho mejor – Pensó, pero en el momento en que pensaba tocar los labios de la joven sintió como una mano le halaba por el cuello de la camisa y entonces un puño se colocaba en su mandíbula, luego en su estomago y por último en su mejilla. Neal cayó al piso adolorido, pero para su mala suerte aquel seguía pegándole hasta que unas manos le detuviesen. Terry no recordaba nada más que la imagen de Neal tratando de tomar ventajas de Candy, su furia era enorme y deseaba desquitarse hasta sacar de sí toda la rabia que contenía.

- Tranquilo Terry, ya lo has dejado bastante mal – Dijo Richard mientras sujetaba a su hijo. Neil intentaba ponerse de pie con la ayuda de dos guardias de seguridad, mientras Candy seguía en el piso inconsciente.

- Jajajaja, te desquita conmigo; sin embargo me daré el gusto que el día de tu boda sepas que yo estuve primero en ella, Candy siempre ha sido mía, entiéndelo bien mía y me di el gusto de ser el primero.

Dijo el joven mientras un puño de la mano de Terry le volvía a tumbar al suelo rompiéndole toda la boca y haciéndolo sangrar por la nariz. Richard volvió a agarrar a su hijo y les pidió a los guardias de seguridad que so llevaran y que lo entregaran a la policía por agredir a un noble e infringir en el castillo agrediendo a Candy. A pesar de estar muy adolorido, Neal se encontraba feliz ya que hubo depositado uno de los peores males del ser humano; la duda. Sabía que con esto que acababa de decir le hubo hecho un gran daño a ambos, saber que el joven duque tendría la duda sobre la doncellez de su prometida y que quizás esto sirva para el no casarse con ella…

Terry seguí a muy molesto, pero se zafó de su padre y se dirigió hacia Candy, quien se encontraba tirada inconsciente en el piso. Este la tomó en sus brazos y se dirigió hacia el castillo, Richard le siguió adolorido al ver tan afectado a su hijo por lo que le sucedió a su prometida.

Al llegar al castillo Claribeth se encontraba en la entraba esperando desesperada por noticias, al ver el estado en el que traían a Candy salió corriendo a su lado y junto al duque la colocaron en su habitación. Luego de depositar a Candy, Claribeth se acercó a Richard, le hizo una reverencia y se acercó a este.

- Señor por favor, pídale a seguridad que no deje salir a Cristina, ella es responsable por esto…

Al escuchar estas palabras, Richard salió corriendo hacia el lugar donde estaban los guardias dándole orden de apresar a la joven doncella. Pidió la llevasen a unos de las cárceles existentes en el castillo hasta que este diera orden de lo que se haría con ella.

El médico llego de inmediato, pidiéndole a Terry, María y a Eleonor el salirse de la recamara de la joven. Este se quedó junto a su enfermera mientras la examinaban y determinaban que tan grande hubo sido el daño causado a la prometida del duque.

Los minutos en que esperaban noticias parecieron horas para aquel hombre de ojos zafiros que se sentía que todo era un mal sueño. – ¿Cómo podía existir alguien tan cruel que siguiese haciéndole tanto daño a alguien tan dulce como lo es Candy? – Terry no decía nada, simplemente se limitaba a mirar el piso, sus pies tenían vida propia y sus manos simplemente se mantuviesen apretadas.

- ¿Alguna noticia? – Preguntó Richard al volver a reunirse con su familia, luego de haberse hecho cargo de encerrar a aquella sirvienta que se hubo hecho cómplice de tan macabro evento. Al llegar Richard a la cocina encontró a la joven sentada felizmente celebrando con una copa de vino en sus manos.

- Veo que esta celebrando… ¿Acaso hay algún motivo para ello? – Cristina miró al exduque toda angustiada y asustada al darse cuenta de que este la hubo visto de una forma muy inadecuada.

- Disculpe su gracias.. Yo…

- No tiene nada que decir… Llévense esta mujer y enciérrenla hasta que venga la policía y hagan con ella lo que merece..

- No por favor yo no tuve nada que ver... A mi me obligaron… Soy inocente…

Recordó Richard aquella escena que hubo pasado minutos antes de que estuviese de vuelta con su familia. Al igual que su hijo estaba muy molesto, pero debía guardar la calma, uno de los dos debía tener la cabeza fría en este asunto y al parecer le tocaba a él.

- No Richard, nada aún… Ese hombre no ha dejado de seguirla, la pobre llegó una noche desesperada cuando estábamos en Georgia; al parecer este intentó abusar de ella

- ¿Por qué no me lo dijiste madre?

- Hijo… No pensé que él la siguiera hasta aquí…

- Terry este no es el momento de…

Pero Richard fue interrumpido al ver Terry que se abría la puerta de la habitación de Candy y que de este salía el doctor junto a la enfermera. El joven duque se paró de inmediato y se acercó a este a espera de que ella estuviese bien.

- La señorita está bien, la he sedado para que se calme, pues estaba muy nerviosa.

- ¿Doctor ella…? – Llegó a decir Terry asustado por la respuesta que le diese el doctor

- La joven no tiene nada mayor que el golpe en la cara el cual se le bajará en unos días, fuera de eso no tiene nada más – Le dijo el doctor quien pudo entender las palabras del joven duque. - No llegó a hacerle nada más – Volvió a recalcar el doctor para dejar claro que no hubo ningún acto que dejase algún repercusión en la joven.

- Gracias doctor. ¿Puedo verla?

- Sí su gracias, pero por favor no la despierten déjenla dormir la noche entera, si es posible que alguien se que de haciéndole compañía por si se despierta, el efecto del sedante hace que pierda la noción de donde está y puede que esto le genere un momento de angustia.

- Yo me quedaré con ella

- No madre, yo la acompañaré…

- Terry no está bien que…

- No me importa lo que piensen los demás, no pienso volver a dejarla sola nunca…

- Está bien hijo, pero Claribeth estará junto a ustedes

- Como quieras…

Terry entró a la habitación de la joven, la vio dormida, indefensa y el dolor en el pecho fue tan hondo que una lagrima rodó por su mejilla; se acercó a la cama y tomó una mano de la joven .

- Candy mi amor, me duele tanto saber todo lo has sufrido, todo lo que has pasado. Yo… no sé que haría si te pierdo, eres mi todo, me siento tan impotente, no estuve cuando más me necesitaste, yo nunca me imaginé las cosas que has tenido que vivir… Candy, mi pecosa, mi amor, mi único amor, nunca me alejaré de ti… Nunca… Te amo por sobre todas las cosas y no hay fuerza humana que logre mermar este amor que siento por ti.

Candy me imagino todo el dolor que llevas en tu pecho, todos tus sufrimientos y angustias… Y yo no estuve para estar ahí cuidándote, apoyándote y brindándote todo mi amor… Deja que con mi amor borré cada mal recuerdo, cada dolor, cada desamor…

- Hijo, tu padre necesita hablar contigo, es muy importante… Ve tranquilo María y yo nos quedaremos con ella, luego tu y Claribeth le harán compañía.

- Está bien madre… Madre discúlpame por…

- No hay nada que disculpar hijo, sé como te sientes… - Dijo Eleonor acariciando la cara de su hijo en señal de que todo estaba bien

Terry bajó al estudio, allí su padre le contó todo los pormenores de lo que hubo hecho con Neal y con Cristina, además del apresamiento de alguien más, un hombre que fue el encargado de comunicar a Cristina y a Neal.

- Padre haré todo lo necesario para que Neal pague todo lo que le ha hecho a Candy

- Así será, ya que Candy al ser tu prometida tiene un rango elevado y esto hace que él no que bien parado antes las leyes de este país. Además del hecho de haber infringido en el castillo. Créeme la justicia no será nada piadosa con él.

- Eso espero…

- Hijo, escuche lo que él dijo con respecto a Candy

- Padre, yo amo a Candy por encima de su cuerpo, por encima inclusive de mi mismo, si algo pasó antes de mí créeme eso no será motivo para que yo deje de amarla o que decida terminar mi relación con ella.

- ¿Le preguntarás?

- No… No lo haré, la conozco y si pasó sería muy doloroso para ella y si no entonces sería vergonzoso. No te miento que me hubiese gustado ser el primero y el único en su vida, pero si ese no fuese el caso yo amo a Candy y estoy seguro que si algo sucedió no fue con su consentimiento.

- ¿Podrás con la duda?

- Mi amor por ella debe ser mayor que cualquier duda…

- Estoy muy orgulloso de ti hijo, has madurado y te has convertido en un gran hombre.

- Gracias padre…

- Hijo, sinceramente no creo en las palabras de ese hombre, tu prometida no es de las que esconden las cosas, sus ojos la delatarían…

- Lo sé padre, pero sea lo que sea, yo sólo deseo ser feliz y hacerla muy feliz…