Ella miraba a su cara como tratando de descifrar un misterio en la pieza faltante de su máscara de
media luna. Era irrisorio. No había forma de confundir ese rostro. Pero por un momento lo dudó.
Vaya tontería, y, sin embargo, aún no podía saber el porqué de sus acciones.
No había puesto atención a la música, en aquel largo minuto que se la vivió divagando. Sus pasos habían estado siendo dirigidos a voluntad ajena. Tanto que esa vuelta la tomó por sorpresa. Un jadeo se le escapó. Estuvo a punto de soltarse cuando él tomó una posición muy cercana, casi quedando sus frentes contrayendo la mano que estaba en su cintura. La manipuló como una muñeca, pensamiento que hizo que frunciera el ceño con la mirada directa.
Pero una estaba llena de dudas...
Él miraba en su rostro las inmensas ganas de decirle algo, pero mutismo absoluto.
—¿Qué pasa? ¿Olvidaste como hablar?
—¿Disculpa? — La chica reaccionó. Sufriendo una especie de desencanto.
Cayó en cuenta también del escrutinio alrededor de ellos. Pero a él parecía no importarle en lo mínimo ese hecho, sí es que lo notaba. Y así era por momento.
—No entiendo que quiere decir. — Aclaró la joven gótica, hablando de forma cordial para establecer una brecha de desconocidos, como sí no se hubiera percatado o aun no pudiera aceptar de lo que se percató. Su mirada violacea se volvió más rígida.
Y sí era una farsa, esperaría a que se desenmascara él mismo. Por más que quisiera arrancarle cosa que adornaba su rostro ella misma.
Él le hizo dar una vuelta más. Seguía el ritmo de la música a pesar del momento.
Pudo ver la pequeña multitud de gente que los miraba, distinguiendo a sus amigos, y a alguien más.
Pero inmediatamente volvió a él.
—Conmigo no finjas, Sam.
La nombrada frunció el ceño, aunque por un momento la sorpresa le hizo temblar los músculos del rostro.
—Demasiado lista. — Comentó el joven. Lo que a ella le sonó a burla. No pudo notar la sinceridad de sus palabras en medio de esa arrogante sonrisa. —Eres demasiado lista, siempre lo has sido.
En ese momento la pieza termino de encajar. Ella frenó, obligándolo a parar.
—¿Enserio? ¿Es una maldita broma? — Mantuvo sus reclamos en voz baja, y, aun así, temió ser escuchada. No quería volverse el centro de miradas más de lo que ya había sido un rato.
Por fortuna, la gente había dejado de mirarlos, y algunas parejas también habían hecho gala en la pista.
—Sorpresa. —Mencionó el enmascarado, que por un momento había bajado las defensas ante la respuesta agresiva.
Pero había esperado una reacción así, definitivamente. Y ahora no podía parar, ya había hecho las cosas tal cual.
Sam se veía arremolinada por sus emociones. No podía evitar estar feliz, realmente esperó mucho por tener una señal, un ligero contacto. Volver a ver a su amigo. Pero ¿Qué clase de teatro era ese?
Máscaras y trajes elegantes sólo para hacer su aparición de forma teatral, en vez de mandar un maldito texto o hacer una estúpida llamada. La chica bajó la mirada abrumada por lo que fuera pasar.
Así que lo único que atinó a hacer, fue bajar los brazos con cierta furia y dar media vuelta.
Quería salir de esa falsa bienvenida, de ese planeado reencuentro sin sabor.
Y más aún, quería reprocharse un rato, aun sí realmente no había razón para hacerlo.
Él fue detrás de ella. Y tras ellos alguien más que al principio sólo les seguía con la mirada.
Ella pisoteaba, molesta, agarrándose de su vestido, y arrugando sus faldas.
—Sam, espera. — Le llamó, una vez los cubrió el frío de afuera. Cuando la música dejó de sonar de manera clara.
—¿Es en serio? — Reclamó la chica.
—¿Qué? ¿No estás feliz de verme? Han pasado años y sólo huyes como si fuera un fantasma del pasado al que no deseas ver.
—¡No te hagas el tonto! ¿Por qué ahora? ¿Por qué de esta manera? A este punto de tu vida pensé que ya te habrías olvidado de nosotros, y me consolaba el hecho de que estuvieras feliz. ¿D.J. Masters? No sé cómo no lo imagine, aunque claro que pensé en Vlad, no habría razón para que hiciera esto, y ni me imagine que tú estuvieras detrás. — Declaró.
Y en algún momento si llegó a pensarlo, pero no era lógico e imaginó que su mente sólo jugaba con la posibilidad por el anhelo de saber algo de él. Lo descartó para no hacerse ilusiones.
Pero la ilusión no era tan bonita traída a la realidad.
—Ni siquiera logro entender el porqué de tus acciones. Tú lo has dicho, pasaron años, años sin una llamada, un mensaje o anuncio y de pronto apareces así. — Continuó la pelinegra, extendió sus manos; señalándolo y casi anunciándolo.
Daniel sólo escuchaba. Y cuando estuvo a punto de contestar, escuchó pasos venir.
Miró el rostro de Sam relajarse, pero no lo suficiente como para parecer serena.
—¿Sam? ¿Todo bien? — Escucharon ambos.
Daniel dio la vuelta, mirando con cierto desagrado a la personalidad que se había aparecido de momento.
Lo conocía. Era el hijo de un socio de Vlad, y en algún momento trataron de juntarlos para ser algo así como mejores amigos y la fructífera sociedad fuera intergeneracional. Pero jamás pudieron llevarse bien. No es que le cayera mal, ese chico Ian era un gran chico. Pero no era un gran momento para amistades cuando estaba tan lejos de las verdaderas y viejas amistades que ya tenía.
Daniel se paró erguido, pues había perdido la postura en algún momento entre los reclamos de su vieja mejor amiga. Y él estar la mirando tanto, era simplemente imposible quedar rígido ante eso.
Lo que le había desagradado era la irrupción, y el desconcertante hecho de que llamara a Sam por su nombre.
—Escuché gritos. — Dijo el recién llegado.
—Ian... T- todo bien. — Respondió Sam. Que realmente no se esperaba que él estuviera ahí.
No lo veía desde la graduación.
Daniel estuvo por preguntar lo que ya era obvio.
Carraspeó ligeramente para obtener la atención, algo suave para no parecer tan demandante a exigir la atención. Conocía a Sam y eso terminaría por molestarla mucho más.
—Todo está bien como ya te dijo la señorita, pero estamos en algo y lo interrumpes. — Dijo, con la intención de correrlo.
Recibió un ceño fruncido. Pero el ajeno volvió a la conectar con los ojos violetas de Sam. Intentaba saber por medio de este contacto visual si aquello era verdad.
El brillo era insistente en la mirada del chico nuevo.
La chica parpadeó con una mirada condescendiente. Y no muy seguro, tuvo que aceptar el hecho.
—De acuerdo…— Respondió. —Voy a estar cerca por si acaso. — Le hizo saber a ambos antes de retirarse que la chica supiera que no estaba sola y el otro entendiera aquello para que no se le ocurriera nada.
Daniel Masters, hijo adoptivo del millonario socio de su padre. Un sujeto muy sospechoso a su parecer. No esperaba que el mundo fuera tan ridículamente pequeño y malicioso como para que la adorable chica que le llamaba la atención, desde la primera vez que platicó con ella, tras esa clase que compartían. Conociera de una manera tan aparentemente intima con el rígido hijo del extraño Masters.
Los dos que se quedaron en el sitio, solo esperaron a que estuviera lo suficientemente lejos. Sam suspiró, aunque más que eso, sonó como un ligero bufido que exhalaba para liberar un enojo que se arremolinaba en su cabeza por lo confuso que era. Le dirigió la mirada directa. Si tenía que enfrentar eso ya, lo haría.
—Muy bien, te escucho.
—Después de tantos años, fue la única manera que encontré de acercarme a ustedes.
—¿Con mentiras?
—¿De verdad piensas que fue mi intención mentirles?
Sam lo pensó un poco, y era verdad que el Danny que conocía no era ningún mentiroso. Y, sin embargo, tampoco montaría un show como ese.
—No. — Respondió Sam de forma escueta, quedando pensativa. —¿Por qué nunca llamaste?
—Sam… sé que debo muchas explicaciones, pero nos estamos volviendo a ver tras mucho tiempo, ¿Podría al menos recibir una bienvenida?
Sam cayo en cuenta de cierta ingratitud de su parte en cuanto escuchó aquello. Si bien tenía razón en sentirse así, y el cómo se sentía importaba de verdad, también importaba que Danny estaba ahí justo ahora.
¿Porque tenía que ser así? Era mejor eso que no volver a verse jamás.
—Lo siento, bienvenido de nuevo. — Dijo simplemente. —Seguro tienes mucho que contar. Me encantaría oírlo, cuanto esta impresión me pase…
Danny decidió bajar la máscara, mostrando el gesto en su rostro. No estaba muy a gusto.
—¿Te vas a ir? Preparé esto para ustedes.
—Exactamente. No todas las sorpresas son agradables. Adentro están Tucker y Valerie, por ahora en verdad disfrutan de todo esto. – Mencionó, así sabría que de menos su sorpresa no sería un desperdicio.
—Oh Valerie, había escuchado de eso. Si, supe que ahora era su líder. – Soltó una risita corta, totalmente fuera de lugar. Sam enarcó una ceja, con claros síntomas de irritación adjuntándose al resto de emociones que le hacían padecer de un gradual dolor en la cien.
—No es nuestra líder, somos un equipo. — Contestó.
—¿Cómo éramos nosotros? — Aun después de que aquello era una burla, se le vino en contra puesto que el pasado era algo a lo que no le gustaba volteara mirar.
Sam percibió el cómo se aclaró la garganta y toco su cuello. No sabía como, pero se puso incómodo.
—¿Dije algo malo?
—No más que la verdad, dura y franca como sueles ser.
—Después de tanto sigues fingiendo que me conoces. Aun cuando armaste todo esto que, con un poco de sentido común habrías notado como iba a reaccionar. Nos expusiste justo allá ¿Desde cuándo te volviste un showman?
—Tal vez estás exagerando un poco. — Respondió el chico a su ofuscación, irritado de igual manera.
Y esa forma de responder no era precisamente la correcta en ninguna situación.
A Sam le saltó el parpado.
Podría haber estallado, pero la voluntad fue mayor sabiendo que un escándalo ahí lo presenciaría una pequeña multitud.
—¿Te parece que exagero? — Cruzó los brazos sobre el pecho.
—Justo eso acabo de decir. — Respondió, sutilmente retador. Y ese había sido el colmo.
Sí Sam ya estaba superando el enojo, ahora había vuelto al mismo punto. De ahí paso pellizcar el puente de su nariz.
—¿Por qué estás actuando como un idiota? — Preguntó con unas severas ganas de entrar en su mente para saber el porqué de esa actitud desagradable. Luego de haber fingido que le importaba su reacción ante la situación. Era una contradicción de pies a cabeza en esos momentos.
—No lo sé, Sam. Quizá sólo respondo a tu actitud en primer lugar.
—Ah, ¿Eso es lo que crees? — Dijo irritada. —Estoy harta, me largo de aquí.
—Te veo el lunes en tu oficina, querida. — Mencionó al verla dar la vuelta, en la dirección errónea para rematar.
Sam volteó lentamente a mirarlo, incrédula a más no poder. Al ver que al parecer hablaba en serio, puso un gesto burlón.
—¿En serio crees que voy a trabajar aquí después de tremenda mentira? — Le cuestionó con una remarcada ironía en ello.
—Según tu contrato así será. Los próximos dos años al menos— Le tiró un balde de agua con hielos, o al menos así es como se sintió para ella. Se estremeció ante ello, y recordó que ya había firmado.
—¡¿Y tratas de hacerme creer que no nos estabas manipulando?! ¿Enserio no era tu intención mentirnos? — Se desesperó y gritó un poco, a pesar de todo el refrenamiento. -Esperaste a que firmáramos para revelarte, porque sabes claramente lo que estás haciendo.
—Eso ultimo te lo puedo asegurar, sé lo que hago. —Le aseguró, siendo ahora él que da la vuelta para abandonar ahí la plática.
—Oye, oye, espera un momento. — Quiso retenerle, pero así termino. No pudo decir mucho más en cuanto Ian apareció nuevamente.
—¿Todo bien, Sam? – Él la había escuchado subir el tono, y claramente Sam se sintió tonta por ello.
De momento, ya se encontraban sentados en uno de los banquillos del jardín. Ella tenía los codos recargados en sus piernas y así mismo reposaba su cabeza en sus manos. Mientras él le observaba atento.
—Entonces, un amigo de la infancia. Me sorprende, nunca me pareció alguien muy amigable.
—Tal vez porque no lo conociste en las mismas épocas. Él sólo no la ha pasado muy bien. — Respondió en su defensa. Sam estaba desconcertada, pero Daniel seguía siendo su amigo, o eso esperaba.
Se desconectó del tiempo y el lugar, adentrándose en su mente para poder ordenar las cosas un poco ahí dentro. Hasta que se dio cuenta que Ian le seguía hablando y ella no había escuchado nada.
—Perdona, me quedé pensando, ¿Qué fue lo último que dijiste?
Ian la notó introspectiva, y ya había notado que para nada lo había escuchado. Le sonrió calmadamente.
—Piensas mucho en Masters, ¿verdad? — Preguntó el chico.
La chica gótica tuvo un repelús al escuchar que se refería a Danny como Masters.
Pero al final terminó simplemente mirando hacia abajo.
La boca de Ian formó una fina línea en cuanto vio ese rubor cubrir sus mejillas. Y si el silencio no decía ya mucho, esa reacción terminó por aclararlo. Finalmente. Sonrió, y comprensivamente, colocó la mano en su hombro.
