Los ojos de la joven no pestañaban ante la posibilidad de que alguien más de su pasado volviese a ella. Colocó sus manos junto a su pecho sintiendo que el corazón iba a salirse de tantas emociones que tenia en este momento. La ansiedad se hacía dueña de todo su ser y ella sentía que no iba a poder mantenerse en pie, el sentimiento ante la presencia de esa persona la tenía completamente en shock.
Pos su parte Terry sólo deseaba hacerla inmensamente feliz y sabía que él haría todo por ella. El joven duque abrió lentamente sin dejar de mirarla, adoraba ver su cara de felicidad, siempre se fijaba que sus pecas sobresalían cuando ella estaba alegre o molesta. El haría hasta lo imposible porque siempre fuese así, feliz, feliz junto a él, ya que en pocas horas ella sería su esposa, la mujer que desde la secundaría su corazón la eligió para que lo fuese, quizás nunca le dijo cuanto la amaba en la adolescencia, nunca abrió su corazón ante ella, pero el sabia muy bien que ella era la única mujer en todo el mundo que podía bregar con sus demonios, su carácter, su sarcasmo y sobre todo la única que podría cambiarle la vida.
Al abrir la puerta él le pidió a la persona que entrase y esta lentamente con las manos de la misma forma que Candy apareció frente a ella. Al verla Candy quiso llorar, sus piernas simplemente no se movían y el bello vestido se encontraba todo mojado ante el río de lagrimas que ella dejo caer. Cómo era posible que con tan sólo pocos días de estar junto a Terry su vida que estaba muerta volviera a la vida, nunca tendría palabras para agradecerle todo lo que él mi Terry hace por mí. Pensó la joven en breves segundos que le parecieron una eternidad.
- Candy, mi niña…
- Hermana María… Mamá… - Dijo la joven saliendo corriendo a llorar en sus brazos, el reencuentro estuvo cargado de mucho sentimiento y dolor, las lagrimas sellaban y contaban cada día, cada hora que hubo pasado sola Candy sin el amor, ni los brazos de sus madres. Ser huérfana siempre fue una etiqueta que llevó sobre su frente, pero realmente sintió el peso de ella el día que ya no pudo volver a ver a sus madres. Sin la señorita Pony y la hermana María se consideraba huérfana por completo, no hubo ni habrá dolor más fuerte que el de perder a una madre, pero perder dos fue aún peor para la joven de risada cabellera
- Mi niña, no sabes como he orado por ti todo este tiempo – Decía la monja mientras acariciaba la rubia melena de la joven quién se encontraba abrazada a ella con sus rodillas en el piso ya que sus fuerzas no le daban para mantener sus piernas de pie.
- Gracias a sus oraciones es que estoy aquí. Hoy soy la mujer más feliz del mundo… Gracias Terry… No sabes lo feliz que me has hecho… - Decía la joven rubia mirando a sus prometidos mientras la lágrimas, esta vez de felicidad caían por sus mejillas.
- La misión de mi vida es vivir para ti y hacerte feliz Candy – Dijo el joven quien le agarro y beso su mano de forma suave depositando en ese beso la afirmación de un amor verdadero
- ¿Cómo lograste todo esto? La hermana María estaba recluida, sin permiso de ver a nadie…
- No hay nada que una carta de la Reina y unas cuantas libras no puedan lograr. Además, creo que la Hermana María sería la indicada para entregarte mañana, sé que no es convencional que una mujer y sobre todo una monja lo haga, ¿Pero cuando tú y yo lo hemos sido?
- Si, quiero que sea usted Hermana María quien me entregue mañana. – Dijo Candy mientras miraba a su madre llena de amor
- Mi pequeña por supuesto que lo haré muy feliz, yo deseo lo mejor para ti y para tu prometido
- Gracias – Contestaron los dos al mismo tiempo, se miraron y comenzaron a reírse de ellos mismo como cuando eran jóvenes.
Candy le miró a los ojos y en su mirar le daba la gracias en el lenguaje único que ambos compartían, sin darse cuenta por unos segundos se envolvieron en aquella mágica burbuja que los cubría cuando se miraban de esa forma.
Las emociones durante todo el día antes de la boda estuvieron al 100% en el castillo de los Granchester; desde lagrimas y lamentos por historias del pasado que hicieron más de uno de los presentes llorar por aquellos tiempos en que Candy vivió sola, sin nadie más que sus recuerdos, la joven le contó de todo lo que la familia Leagan le hubo hecho para comprometerla a casarse con Neil, la dolorosa muerte de Albert y cómo tuvo que dejar su carrera y mudarse a otro estado para poder ser libre.
Luego de dolorosos relatos, las risas se hicieron escuchar en aquel lugar, las emociones al ver a la futura pareja actuar como si ya fuesen un viejo matrimonio hizo que más de uno se mofara de ellos. Los jóvenes eran capaces de comenzar uno y terminar la frase el otro de forma tan natural, adivinar lo que el otro quería con sólo una mirada y sobre todo encerrarse por micro segundos en esa burbuja que ya todos comenzaban a apreciar – Sí ya parecemos un matrimonio viejo – pensó la joven llena de felicidad ante estos comentarios.
Al llegar la hora de retirarse a dormir, Terry acompañó a Candy hasta la puerta de su habitación, el joven tomó la mano de su prometida, la besó y en un movimiento rápido la atrajo hacia a él besándola apasionadamente.
- Terry nos pueden ver – dijo entre besos que la dejaban sin respiración
- Lo sé y créeme que en este momento no me importa
- La hermana María está aquí y nos puede ver – Dijo Candy y Terry aprovechó para dejar de besarla entendiendo el miedo de la joven de ser vista por su madre
- Me muero por que llegué el día de mañana amor.
- Yo también Terry
- Ni en mis más remotos sueños imaginé que llegaría el día en que fueses mi esposa, la vida me ha recompensado con traerte a mi lado, soy el hombre más feliz del mundo Candy
- Y yo la mujer más feliz del mundo entero…
- Buenas noches señora Granchester – Dándole un casto beso en los labios
- Buenas noches señor Granchester -
Candy entro a su habitación, se miró al espejo y estaba toda ruborizada. – Cómo es posible que el logre ponerme de esta manera, el tumba todas mis defensas con sus besos. En pocas horas seré su esposa; la esposa del amor de mi vida, de aquel que un 31 de diciembre me miró a los ojos y desde ese momento supe que no habría nadie más que él en mi vida. Hoy se hace realidad un sueño que se truncó hace tanto tiempo, mi vida fue tan oscura y triste sin él y ahora el hace que todo sea a colores, no sé como dormiré esta noche, no creo poder hacerlo.
Estoy viviendo un sueño y no quiero despertar, no quiero… Mañana seré su esposa, recuerdo antes del viaje a New York como soñé con ello, recuerdo verme despedirlo y verlo irse a trabajar, recuerdo cómo deseaba ese invierno quedarme con él, nunca lo dijo, pero sabía que ese sólo boleto representaba eso, que me quedara con él para siempre.
Albert, Señorita Pony… Soy feliz… Inmensamente feliz, por primera vez en tantos años mi corazón late de felicidad. Ya no estoy sola, ahora lo tengo a él, mi vida florece como las Dulces Candys en primavera… ¡Lo amo!
El sonido de la puerta hizo que ella abriese sus ojos, aún se encontraba en su cómoda cama, su pelo regado por todos lados y sin el más mínimo deseo de levantarse, la noche fue larga y a pesar de estar cansada no pudo dormir bien, temía despertar y que todo fuese un sueño.
La puerta se abrió y varias mujeres entraron a la habitación, varias mujeres entraron en ella, abrieron las cortinas y comenzaron a despertar a quien se hubo arropado de pies a cabeza para no ver la luz del día.
- Vamos bella durmiente despierta – Dijo Patty al notar como su amiga se volvía a dormir
- No… Es muy temprano aún – Dijo bajo las sabanas la joven novia
- Vamos Candy hoy es tu gran día – Decía una sonriente Eleonor al ver como la joven se comportaba como una niña y halando las sabanas para que se levantase
- Aún es temprano… - Dijo la joven volviéndose a cubrir con las sabanas
- Candice White Ardley levántate ahora mismo de la cama
Dijo la hermana María con voz fuerte y colocando sus brazos en forma de jarra, por instante la joven se sintió que el tiempo hubo vuelto atrás y que estaba en el hogar de Pony, en su hogar junto a sus madres. Sin más que decir se paró corriendo y en dos pasos largos llegó al baño donde su dama la siguió para ayudarle a prepararse para este día tan especial.
Todas al ver la actitud de Candy comenzaron de reír a carcajadas, mientras al mismo tiempo admiraban el vestido blanco que en pocos momentos la novia iba a lucir para su boda, era un sueño hecho realidad el vestido que hoy luciría la futura duquesa de Granchester, su larga cola y elegante bordados a mano con fino hilo de oro hacían que este brillara al compás de la luz que le asome. Poseedor de una muy larga cola, aquel vestido parecía diseñado para la misma reina de Inglaterra; todo en cuanto al diseño del vestido fue realizado con miras a hacerse inolvidable ante aquel público noble. Su diseñador así lo quiso y así dejo Eleonor que fuese. El velo al igual que el vestido fue bordado a mano con una tiara en oro y diamantes que era clásica decoración para la que sería la futura duquesa de Granchester.
Patty estaba vestida de rosa, el color que se hubo elegido para única la dama que llevaría Candy en su boda, su gran amiga, aquella que estuvo buscándola por tanto tiempo, quién siempre le demostró amor sin ningún interés más que ser su amiga. El largo vestido de Patty poseía los mismos bordados del vestido de novia e Candy, el ramo de la dama era las flores favoritas de la Joven, Dulces Candy y Narcisos, al igual que el enorme ramo de la novia.
En otra habitación el joven duque se encontraba súper nervioso intentando colocarse los botones de la camisa, los cuales ya tenia mas de 10 minutos y aún intentaba frustrado hacer.
- Veo que necesitas un poco de ayuda hijo – Dijo Richard riendo ante el espectáculo de ver a Terry quien siempre ha sido tan ecuánime estaba totalmente fuera de sí
- No entiendo por que justamente hoy no puedo, desde que tengo uso de razón esto lo he hecho – Dijo Terry quien dejo que su padre se ocupase de aquello que lo mantenía intranquilo.
- Lo que sucede hijo que hoy la razón no manda, sino el corazón…
- Desde que andas enamorando mi madre te ha salido lo poeta
- No entiendo de que hablas…
- Padre, los he visto y escuchado más de una vez…
- Nosotros nos merecemos ser felices
- Y hoy te digo que tienen todo mi apoyo, quiero que sean tan felices como lo soy yo.
- Gracias hijo, listo camisa lista…
El día parecía más reluciente que de costumbre, el cielo pintado de un azul que increíblemente bañaba el firmamento hacía que el sol se viese en su apogeo total al brillar como si el también compartiera el momento de amor que se estaba viviendo en aquel lugar. Todo parecía estar en su más perfecto orden, aunque en el interior del castillo la servidumbre viviese un caos, ya que el mayordomo junto a la encargada de la planificación del evento hacían a todos correr de un lado a otro para que todo saliese perfecto.
Los jardines del castillo fueron el escenario para el evento ya considerado el evento del siglo. Si antes la belleza de este lugar era admirable, hoy con la decoración realizada para quienes pronto serían los dueños de dicho lugar era un espectáculo increíble. Adornados de Dulces Candy entrelazadas con Narcisos se encontraba aquel que servía de altar para dicho encuentro.
El camino destinado a la novia estaba cubierto por bellos pétalos de Dulces Candy que el jardinero personalmente se encargó de seleccionar para la joven que hubo cambiado la tristeza de su patrono en sonrisas. El sabía que ella era lo que el joven duque necesitaba para dejar esa amargura que era su sombra y compañera. La larga hilera de sillas blancas con decoraciones rosas estaban completadas en su totalidad por aquellos nobles que ni siquiera dirigían su mirada a él, desde lejos se reía el jardinero al pensar que el chisme no sólo era parte de la clase trabajadora, sino que también los nobles se morían por ello. Para él era más que obvio que todos los asistentes buscaban ser parte de este tan preciado evento y en especial conocer las causas de tan precipitada boda. Todos incluyendo la servidumbre apostaban por embarazo ya que conocían a jefe y sabían que no existía dama que le engatusara de forma tradicional, sin embargo él había visto la inocencia en los ojos de su futura jefa y pudo darse cuenta que ella no era como las demás.
"Hasta yo con unos años menos y con una joven así de bella me casaría antes de tiempo", pensó el jardinero quién desde lejos veía como daba comienzo la tan llamada boda del siglo.
Elegante novio, cuya vestimenta negra hacía contraste con la decoración de dicho lugar se encontraba, su pelo peinado en una pequeña coleta totalmente recogido, sus insignias en el pecho y sus manos en los bolsillos tratando de disimular sus nervios se encontraba acompañado de su padre, orgulloso mostrando todas sus insignias nobles en la banda colocada sobre su pecho, a pesar de la edad, el duque era un hombre que hacía soñar a las damas presentes.
El lugar se encontraba lleno, la elegancia de los allí presente era un espectáculo que digno de la ocasión. Si hubiese sido por los novios la boda hubo sido exclusivamente de amigos y familiares cercanos, pero al haberse empoderado la futura suegra, quien ese día lucía la sonrisa más bella de su repertorio se realizó un evento digno de un rey, según las palabras de la misma.
Richard y Eleonor le explicaron a Terry y Candy que sí se iban a casar tan rápido era necesario que más de media Inglaterra lo supiese y que a los ojos de los reyes este debe ser el evento que todos recuerden para que si surgiera algún comentario sobre el pasado de Candy fuese considerado un simple chisme.
Su madre, quien vestía de azul cielo lucía radiante con aquel vestido que más de una miraba con envía y otros tantos con admiración, la larga cola del vestido se encontraba bordada con delicadas flores de un tono mas oscuro del azul del vestido, contractando con pequeñas flores de color rosa, el escote en forma de corazón atrajo la vista de más de uno durante la caminata de madre hacía su hijo.
La destacada actriz sentía que la vida le devolvía a su hijo toda la felicidad que este merecía y que a partir de este momento ella sabía que la vida que hasta hace poco vivió jamás volvería a él. La tristeza y la soledad ya no serían parte de su diario vivir; ella sabía que esto que él hacía hoy era la realización de un sueño de juventud junto a la joven pecosa.
