Los ojos de las mujeres que conocían desde años atrás la familia Ardley quedaron petrificada al ver aquella figura caminar por el altar. Lucia mucho mayor que desde la última vez que lo vieron, estaba delgado y mucho más alto, pero igual sus facciones denotaban que seguía siendo aquel de dulce mirada y ojos amables.

Su caminar era seguro, aunque lento; a simple vista se entendía que hubo sido lastimado de alguna forma y que se encontraba aún sin haberse recuperado 100%. Patty se quitó los lentes para poder enfocar lo veía, se juraba a sí misma que era un espejismo, un invento de su imaginación. Candy puso dos manos en su boca tratando de dejar dentro de sí un grito de dolor al verle. Sin embargo sus lágrimas fueron mas fuertes y comenzaron a salir de forma incontrolable.

Ella, quien juraba era un espejismo fruto de su deseo inmenso de volverle a ver, no pudo con tanto, sus ojos como cascada dejaban caer en forma de lagrimas años de dolor y soledad, verle era volver a recordar que aunque no quisiese, el era dueño de su corazón, no recordaba cómo, cuándo o donde, pero sí que él luego de tantas cosas se convirtió en su mejor amigo, su amor y su alma gemela.

El ramo cayó de sus manos, mientras varios pares de ojo la veían caminar hacia él; nadie interrumpió sus paso, ni el mismo Duque que solo miraba curioso la actitud de ella. El, al verla recordó tantos momentos que vivieron juntos, cada palabra que habían intercambiado, las cartas, las tímidas caricias y sobre todo aquella primera vez que se mostraban que existía más que una simple amistad entre ambos. Con cada paso que ella daba, su sonrisa más agrandaba, era su amor, su príncipe azul y aquel que un día pensó hubo muerto y dejado sola. Ahora sus ojos lo veían; no era uno mas de sus sueños.

Al llegar frente a él, ella colocó su mano en las mejillas de aquel que ya hubo dejado de ser un joven y se convirtió en un hombre, el cual notaba facciones de madurez. Y aunque a pesar de que su cara estaba marcada por una cicatriz en la frente, ella acarició cada centímetro de la misma lentamente, queriendo con sus dedos grabarse la suavidad de su piel. Misma acción repetía el joven, quien en ese momento sintió que su mundo regresaba a él.

En el interior, él vivía una explosión de sentimientos, volver a verla, ella a quien de noche veía en sus sueños y a quien deseaba volver a ver, ella cuya fragancia a rosas de verano le hacían sentir vivo. Era ella por quien hubo luchado en sus peores momentos por mantenerse en vida a pesar de la forma tan trágica de aquel accidente que no sólo marcó cara, sino que también su vida. A pesar de haber perdido la memoria, el recuerdo de sus ojos le hubo seguido durante todo este tiempo.

Las manos del joven tocaron la barbilla para poder reflejarse en esos ojos que fueron su tormento durante esos años en que no hubo forma de volverle a ver, al igual que ella acarició su cara y lentamente comenzó a acercase a ella hasta lograr aquello que era su más anhelado deseo, besar los labios rosa de la joven. Mientras aquella intensa y sutil muestra de amor ocurría, más de uno miró hacía el duque en espera de que este pusiera un alto a aquello que se calificaba de una ofensa a la presencia del mismo; sin embargo éste no hizo más que mirar y sonreír tristemente de lado.

Como detener el amor entre aquella pareja, si el mismo sabía lo que significaba estar lejos del ser amado, como decirle que se detuvieran sí al ver los ojos de ella entendió que el amor hacía él aún vivía en ella y que todo este tiempo fue sólo una mascara para cubrir aquello que el corazón deseaba gritar a mil voces.

El joven lentamente se separó de ella, besó su frente y con suave voz le dijo – Eres y siempre serás la razón de mi vida- Ella le abrazó al escuchar aquellas palabras que sólo en sueño imaginó. El la separó y tomándola de la mano comenzaron a caminar al altar de aquella boda detenida ante la presencia del hombre.

Terry lo miró y ambos intercambiaron una breve sonrisa, pues ya se habían entrevistado unas horas antes y por pedido del Duque esté se convertiría en el invitado especial del día. Terry entonces posó sus ojos en Candy, quién se encontraba aún en shock ante aquella visión y entonces el recordó lo que hubo sucedido la mañana temprano.

Flash back

Terry se levanto mucho más temprano, a decir verdad no pudo dormir durante toda la noche, el solo hecho de saber que faltaban pocas horas para convertir a Candy en su esposa le llenaba de alegría y al mismo tiempo de ansiedad. Sus ojos brillaban ante el hecho de por fin ver cumplido su más ferviente deseo desde la juventud, ser el esposo de su pecosa.

Sumergido en sus recuerdos se encontraba cuando escucho un toque en la puerta, al darle paso se encontró con la cara de su ama de llaves, quién de forma apenada le informaba de una visita.

- ¿Visitas? Tan temprano…

- Sí señoría, dice conocerle de hace tiempo y se identificó como pariente de la señorita Candice

- Debe ser alguna burla o treta, Candy no tiene ningún pariente vivo, a menos que no sea el elegante… No ese jamás se atrevería a venir a mi casa. En unos minutos bajo, por favor nos llevan el té al estudio

- Si señor…

Con toda prisa se arregló, pues la curiosidad y el miedo de que algo nuevo sucediera que importunara este, su gran día, le acusaba miedo. Rápidamente bajó las escaleras y a paso doble bajo al estudio. Al llegar al gran portón tomó aire y de forma rápida pidió a los cielos que quien fuese se encontrara en este momento no les trajera problemas en este día.

Lentamente abrió la puerta y comenzó a acceder al estudio. Al entrar una esbelta figura masculina se encontraba de espalda a él mirando por el inmenso ventanal hacía el jardín.

- Buenos día… ¿Deseaba verme? – Dijo Terry para llamar la atención de aquel hombre, quien lentamente se quitó el sombrero que traía puesto y comenzó a dar vuelta sobre su eje para quedar frente a frente al duque.

- Buenos día Terry, o debo decir Duque de Granchester

- ¿Tu?... Pero… Estabas muerto – Los grandes ojos zafiros del hombre querían brotar, era ver algo imposible, realmente estaba despierto o era un sueño

- Ese fue el error número uno de toda mi familia, pensar y asumir lo que se dijo de mí, sin siquiera investigar.

- Todos te creíamos muerto…

- No, estuve con amnesia todo este tiempo, hasta hace dos día que llegó a mis manos una foto tuya y de ella, nuestra Candy… Verla me hizo recordar tantas cosas de mi pasado.

- ¿Candy?

- Si, ella siempre fue muy especial para mí, no te miento que estuve enamorado de ella, pero ella te prefirió a ti y entonces decidí alejarme y poner mi corazón en otros ojos.

- Ella es muy especial… Ella te cree muerto.

- Lo sé…

- Está aquí, hoy es un día muy especial para nosotros…

- Fue gracias al anuncio de tu boda que recobré mi memoria… Pero creo que deberíamos saludarnos propiamente, con un abrazo, siempre fuimos amigos y sabes de mi gran estima hacia ti.

- Claro, es que me tomaste por sorpresa…

Y con un cálido abrazo el duque le dio la bienvenida a la vida a este hombre quien fue parte de su juventud y que ahora volvía a traerle tantos recuerdos y felicidad a ella. Por largo rato hablaron de todo lo sucedido, la perdidas familiares, la vida de ella, de Candy, en fin de todos. Entonces fue cuando Terry pensó que sería el mejor regalo para su pecosa el volver a verlo en este día y de esa forma se pusieron de acuerdo para quien sería el invitado de honor.

Fin flash back

El joven acercó su mano a Candy para que esta le tocara y viese que no era un espejismo, sino una realidad. Candy lloraba de alegría, poco a poco posó su enguantada mano sobre la suya; la joven pecosa al sentir que era de verdad, que estaba vivo, cerró sus ojos y dejó que este le halara hacía el más dulce de los abrazos, el abrazo que extraño durante todo estos años. Todos allí presente se preguntaba que sucedía, al ver la novia llorar de esa forma, entonces entre llorosos pudieron entender las frases que salían de sus rojos labios.

- ¡Estas vivo, estas vivo!

- Sí, y no te dejaré nunca más sola

- Stear, estás vivo, Stear…

- Sí Candy nuestro Stear está vivo – dijo Patty quien seguía abrazada al joven. Candy se separó de él y volvió su vista a Terry

- Terry dime que esto no es un sueño, por favor – Candy se acercó al su prometido con sus ojos llenos de lagrimas, esté al verla sacó un pañuelo y entonces colocó su mano bajo el velo y limpió suavemente sus mejillas

- No mi vida, no es un sueño.

- Su señoría podemos continuar la boda, dijo el sacerdote, quien al igual que los demás entendía muy poco lo que sucedía.

- Sí, ya podemos, el padrino ha llegado. – Entonces Stear dio otro beso leve a su novia y le acompañó a su lugar para luego colocarse al lado del novio.

La boda continúo su cause tranquilamente y sin más contratiempo, la felicidad que rodeaba la joven pareja era notada por todos los allí presentes; si antes ella estaba feliz, el día de hoy no tenía forma de explicar como se sentía.

- Yo, Terrence Graham Granchester, duque de Granchester, te tomo Candice White Ardley como mi esposa – Dijo Terry mirando directamente a los ojos a Candy mientras poco a poco colocaba en su dedo la argolla de matrimonio. Candy, no ha sido fácil que llegara este momento porque hemos pasado por muchas pruebas que en lugar de alejarnos nos hicieron una pareja más sólida y jamás hemos perdido la esencia de nuestro amor. Por mucho tiempo pensé que jamás sería feliz. Acepto vivir el resto de mi vida al lado de una persona tan maravillosa como tú. Con una promesa de amor delante de los aquí presentes hago mis votos de amor eterno. Te amo y eres la persona que mi corazón, mi alma y mi mente ha elegido para formar un hogar y nunca me separaré de tu lado. ¡Te amo!

- Yo Candice White Ardley, te tomo Terrence Graham Granchester como mi esposo. Terry, prometo amarte, en todas las formas ahora y para siempre, prometo nunca olvidar que este es un amor para toda la vida y saber siempre que, en lo profundo de mi alma, no importa qué nos pueda separar, siempre nos volveremos a encontrar el uno al otro, el camino para volver a ti fue duro, pero tu amor vale cualquier sacrificio en el mundo. Te amo desde el primer momento en que te vi aquella noche. Te amo más que mi propia vida.

- Por el poder que me da la Santa Iglesia Católica y romana les declare marido y mujer, puede besar a la novia.

Suavemente levantó el velo de su ya esposa, le miró a los ojos detenidamente queriendo guardar ese momento para siempre en su memoria. Por fin lo que tanto anheló se hubo hecho realidad, ella su pecosa, la señorita pecas, quien desde la primera vez que la vio quedó clavada en su corazón, ahora era su esposa, suya, ya nadie ni nada los separaría. Se acercó a ella y posó sus labios sobre los de la joven, quien dejó caer más de una lagrima de felicidad en ese momento.