Al fin mía, solamente mía, después de tanto dolor, tanta soledad y tantas noches y días oscuras el sol ha salido en mi vida- pensaba el duque mientras de lejos miraba fijamente a su ya esposa. – No sé como pude vivir estos años sin la luz de tus ojos Candy, sin tu sonrisa y sin esa manera que tienes de hablarme que me vuelve loco.

- Tierra llamando a Terry.. Dijo Richard feliz de ver a su hijo riendo

- Disculpen – Dijo Terry volviendo a ver a aquel grupo de hombres compuesto por Stear, George y su padre

- Definitivamente estas enamorado Terry – Dijo Richard haciendo que el joven duque se sonrojara

- Toda la vida he estado enamorado de ella – afirmo volviéndose para verla una vez más

- Lo sé… Creo que todos en el colegio sabíamos que ambos estaban enamorados, pero no queríamos verlo. – Dijo Stear haciendo que Terry volviera su mirada y por segundos volviera al pasado

- Lo dices por tu hermano – Dijo Terry mirando el liquido amarillo en su copa

- Si, mi hermano, estuvo, al igual que muchos enamorado de ella, creo que por eso nunca simpatizó contigo.

- Lo sé. Y cuando comprendí que la amaba, entonces entendí al Elegante… Cuando uno ama a alguien no quiere que nadie le aleje, que nadie la toque y mucho menos la mire.

- Te entiendo, yo siento lo mismo por Patty, ahora que tengo la posibilidad de estar con ella y ser feliz haré hasta lo imposible para lograrlo

- Sabes que cuentas conmigo Stear, cualquier cosa que necesites estoy a tu orden, tengo algunos proyectos en los necesitaré tu ayuda

- Gracias, me gustaría mucho

- Sin embargo joven creo que existen algunos asuntos de su familia que requerirán de su presencia ya que su hermano opto por renunciar a los deberes de ser un Ardley. – Dijo George cortando en su tono suave y sin emoción alguna

- Aún no entiendo la actitud de mi hermano. Lo que le hizo a Candy, entiendo a Annie, ella siempre tuvo algo contra ella, pero Archie sabe que familia es familia y eso es primero, y Candy es nuestra familia quiera o no.

- Yo tampoco entiendo al elegante, siempre pensé que la protegería sobre todas las cosas… Pero me equivoqué

- Creo que todos Terry…

La celebración pasó de lo más amena, la joven pareja bailó todo lo que pudo y se disfrutaron el uno al otro en aquellos bailes. La felicidad de los recién casados se podía ver desde lejos, las murmuraciones y comentarios cesaron al verlos tan felices y ver se no se trataba de un matrimonio impuesto, como se pensó desde el comienzo.

Mientras bailaban, los ojos de Terry se oscurecieron al ver los labios de su ya esposa, el no dejaba de pensar en todo lo que pasaría esa noche y como desde el momento que la conoció hubo deseado hacerla suya, muy a pesar de su temprana edad, él sabía que la joven era la tentación hecha realidad y que su belleza, tanto interna como externa superaba a cualquiera. Desde lejos Eleonor entendía lo que pasaba y al terminar el vals se acercó a la pareja y susurrándole algo suavemente para que sólo ellos pudiesen escuchar tomó la joven y se la llevó.

- ¿Qué sucede Eleonor?

- Candy tu esposo ya se quiere retirar, le he pedido a tu doncella que te ayude a prepararte, te compré un ajuar para esta noche. Está sobre la cama de Terry. El subirá en media hora, así que ven y date prisa.

- Oh, está bien

Al llegar a la puerta su respiración se cortó por unos segundos, toco suavemente la puerta y su mucama le abrió para que ella entrase. La habitación del duque sería el lugar donde pasarían su primera noche, era la primera vez que ella entraba a dicha habitación. Cada detalle de ella era un reflejo de su ahora esposo, el color azul y dorado característico de aquel lugar, los muebles estilo Luis XV y sus altas y elegantes cortinas. El gran librero con todas las obras de teatro, que ella bien sabía el duque se las sabía de memoria, la elegancia y exuberancia de aquella habitación, nunca había visto habitación igual. Si bien podía pasar por la misma habitación de un rey, su rey. Camino y tocó cada detalle, cada objeto… Sus ojos resplandecían ante la idea de que ahora compartiría habitación con él.

Terry quería llevarla de viaje de bodas, pero debido a su trabajo y todo lo que conllevaba tener a cargo el ducado y el parlamento le fue imposible poder alejarse de sus ocupaciones, más sin embargo, se irían de viaje a Paris, pues él tenía varios negocios pendientes en dicha ciudad que requerían su presencia. Ellos sabían, que a pesar de todo debían estar más que agradecido por poder estar al fin juntos sin importar el lugar que fuese.

Y para ella, su dicha, la dicha que le daba el estar con él le llenaba al 100%, estaba preocupada, sería su noche, la noche en que se convertiría en su mujer, más sin embargo y a pesar de la edad de la joven sus conocimientos en el área eran tan vagos como se lo permitía aquella época. Hubo deseado preguntarle a alguien, pero como lo hacía, el sólo hecho de pensar en hablar la llenaba de vergüenza. Por minutos quiso preguntarle a su mucama, pero no pudo simplemente no pudo…

La joven ayudó a Candy a vestirse luego que ella se refrescara, notó el nerviosismo de la joven y sonrió ante ello. Candy se encontraba vestida con su ajuar de novia, un corsé de tela blanco transparente con encajes alrededor cubrían la pare superior de aquel que era su vestimenta para la noche de boda. Esta hubo sido el regalo de su suegra y ella no se atrevía a decirle que no se lo pondría por lo revelador del mismo. A través de el se podía ver mucho más de lo que ella podía siquiera imaginarse mostrar. La parte inferior blanca, hasta las rodillas y de encajes que hacían juego con el corsé.

- ¿El señor está aún con sus amigos Claribeth?

- Ya se fueron todos, sólo está el señor Richard… ¿Se le ofrece algo más?

- No gra… gracias…

- Buenas noches

Candy estaba muy nerviosa, si bien era cierto que tenia una idea de lo que sucedía en la noche de bodas, esta se limitabas a hechos no precisos ya que durante las clases en la escuela de enfermería sólo se hablaba lo necesario basado en el campo médico. Nunca tuvo una madre que le explicara pues sus madres ya no estaban y nunca le iban hablar de lo que nunca vivieron. Por otro lado le daba mucho vergüenza preguntarle a Eleonor, sentía que era algo muy privado como para hacerlo.

La joven tocó el borde de las sábanas blancas, su imaginación comenzó a volar y sin saber por que se llenó de miedo ante aquello que no entendía… Candy se encontraba de espalda a la puerta cuando esta de repente se abrió, sabía que era él, su perfume, su presencia le decía sin tener siquiera que voltear a mirar.

Ante aquella presencia su respiración comenzó a agitarse, el entro callado y suavemente cerró la puerta, poco a poco se acercó a la joven quien sin saber que hacer sólo cubrió su pecho con sus manos, bajó la cabeza y cerró los ojos. El sabia que debía de ser cortes, sea o no su primera vez, a él no le importase, la quería a ella, a Candy a su esposa y pronto su mujer. Terry la conocía demasiado, sabia que ella estaba asustada y que al estar vestida así de la forma en que el siempre la soñó, era para ella muy incomodo. Tenía que relajarla y decidió darle un poco de espacio caminado hacia el mueble que estaba al otro extremo de la habitación, allí se quitó su saco, la corbata y las botas.

Ella no podía mirar, simplemente se limitó a escuchar cada sonido, cada movimiento lo podía imaginar. Terry decidió romper el hielo para así poder calmarla.

- ¿Qué te pareció la fiesta?

- Bien… - Respondió la joven sin poder articular ninguna otra palabra

- ¿Hubieses preferido algo diferente, no sé algo más intimo?

- No

- ¿Pareces asustada? ¿Tienes miedo?– Dijo el joven colocándose frente a ella

- Si

- ¿De qué? – Dijo él acercándose un poco más a ella, pero sin llega a tocarla, parecía un felino tras su presa

- No sé mucho de esto… - Ella seguía cubriendo la pare superior de su pecho y con su respiración agitada…

- Creo que estamos en iguales condición… - Al decir estás palabras la joven le miró a los ojos de forma interrogativa ante aquella respuesta – Quiero decir, es la primera vez que me caso, la primera vez que hago el amor con la mujer que amo… - Poco a poco se acercó a ella, tomó sus manos que estaban en su pecho y la besó.

- No tengas miedo – Le dijo mientras comenzaba a depositar pequeños y sensuales besos en toda su cara - ¿Te gusta?

- Si…

Suavemente tomó su barbilla y comenzó a besarla suavemente, no quería asustarla, pero quería que ella sintiese todo el amor que él tenia para darle. Sus besos continuaron suaves por un rato donde el sintió que ella estaba menos estresada.

- No sé cuanto sepas de los deberes de esposa, ni cuanto te han dicho… - Otro beso de Terry llenaba los labios de la joven que la hicieron sentirse en el cielo - Quiero que olvides todo y que sólo sientas como te amo… - Continuo besándola suavemente haciendo que de los labios de la joven salieran suaves gemidos… - Quiero que, esta nuestra primera vez sea hermosa, quiero demostrarte con mis besos cuanto te amo– Le dijo el joven mientras comenzaba a bajar suavemente las manga de aquel corsé y con la otra en su espalda desataba aquellos lazos que le impedían tocarla a su antojo.

Eres tan dulce, tan tierna… Quisiera que olvidáramos todo y que a partir de este momento comenzáramos una nueva vida para nosotros…

Las manos de Terry tuvieron vida propia en aquel arduo trabajo del corsé, su boca besaba la joven, misma que comenzó a dejar un rastro de besos desde sus labios hasta aquel blanco cuello que él joven moría por probar… Los gemidos de la joven le dejaban saber que disfrutaba cada caricia otorgada por aquel que era dueño de su corazón. Aún así deseaba avanzar con todo el amor y la ternura inimaginable para que este momento fuese el más especial para Candy.

Candy estaba embriagada ante aquellas sensaciones que le daba el joven ante el toque de sus labios sobre sus senos, la necesidad del joven era tan obvia y el deseo de ofrecerle su cuerpo a su esposo; ella sentía que él era el dueño de su cuerpo y alma. Terry logro que la joven llegará al éxtasis ante aquella caricias.

Poco a poco Terry logró poseer cada poro de aquella mujer que hubo amado desde la primera vez que conoció, ella por su parte se dejó llevar por aquel hombre que con sus besos y caricias hubo logrado hacerla perder en un éxtasis nunca ante vivido. El joven disfrutó el cuerpo de Candy, donde depositó los besos que tanto hubo soñado, las caricias que ella nunca imaginó y las palabras que nunca antes hubo dicho. Candy respondió con suaves caricias en sus brazos y cabellera, deleitándose con aquel aroma el joven.

El momento tan esperado por él llegó y entonces entendió que a partir de ahora ella sería suya para siempre. Con suavidad extrema se fue hincando dentro de la joven, a él no le importaban sus dudas sobre si era el primero o no, sólo le importaba saberla suya para siempre.

El momento llegó y entonces el joven sintió aquella barrera virginal que tanto deseaba y que le dejaba saber que él era el primero en aquel cuerpo que tanto amaba y con el mayor de los deseos de ser el único y el último. A pesar de aquella satisfacción sabía que debía ir lento y suavemente hasta poder cruzar la barrera, dejando que ella se fuera acostumbrando al de él.

Candy abrió sus verdes ojos esmeralda y encajó sus uñas en la espalda del joven mientras Terry lograba sentirla totalmente suya, el permaneció unido a la joven sin moverse y sólo besándola tratando de relajarla, con suaves besos y palabras cortantes le decía cuanto la amaba, ella por su parte quiso corresponderle con palabras similares, pero no pudo, ya no era dueña de su cuerpo, simplemente se encontraba en un mundo donde no podía más que sentirlo y desearlo cada minuto más.

Poco a poco susmovimientos comenzaron a subir de ritmo logrando volver a llevarla a aquel lugar que la llenaba de inmensas sensaciones nunca antes vivida, juntos llegaron al éxtasis luego él se vertió en ella dejándola felizmente llena de vida; donde el amor fue el protagonista de este encuentro entre los jóvenes esposos. Luego de un rato, los jóvenes se desplomaron en la cama, ella con su cabeza sobre el pecho del joven y este abrazándola y tocándola, feliz aún por lo que hubo vivido y por saberla totalmente suya.

Los primeros rayos del sol entraron por la ventana, acariciando suavemente el rostro de la joven, ella despertó, miró a su alrededor y se dio cuenta que lo vivido no fue un sueño, que realmente estaba en la habitación de Terry. Intentó moverse, pero una larga pierna entrelazada a la suya se lo impedía, una mano sobre su seno por igual la hacía presa de aquel hombre que descansaba abrazado a ella. La joven volteó a mirarle y detenidamente estudió cada detalle de su cara, tocó su pelo y sonrió, sonrió como hacía mucho no lo hacía.

- Veo que mi cara te causa risa

- Disculpa no quise despertarte

- No, te preocupes… - Y apretándola más la atrajo hacia sí besándola en la mejilla y cerrando sus ojos le dijo- Sabes tus pecas se notan mucho más en la mañana

- Terry… Vas a comenzar con eso… Deja a mis pecas tranquilas

- Nunca las dejaré tranquila, me fascinan simplemente me gustan demasiado

- No te creo

- No te diría mentiras, ¿Acaso no sabes que por ellas es que he estado sufriendo todos estos años?

- ¿Sólo por ellas?

- A veces por ti… jajajaja… No hagas puchero, mejor levantémonos que tenemos que salir temprano a nuestro viaje.

- Si, es mejor

- Candy, amor disculpa no poder darte un viaje de bodas como toda novia

- Terry, mi mejor regalo eres tu, estar contigo sin importar donde

- Te amo pecosa

- Te amo engreído