Te quiero, Ben Solo, pero tendrás que esperar a que derrotemos a Hux y sus locos.
Era la primera vez en mucho tiempo que Ben Solo sentía la gran necesidad de volver a la senda Jedi. No era porque de pronto tuviera la llamada de la fuerza ni nada por el estilo, solo que la razón de que su corazón latiera, Rey, ansiaba derrotar cuanto antes a la primera orden. Si lo hacían sabía que ella caería a sus brazos. Se sentía un poco cruel, no lo podía negar, pero no había otra forma de convencerla. También lo podía comprender, amor en periodo de guerra y con una estrella de la muerte gigante se sentía bastante absurdo y fuera de lugar, pero tantas aventuras con su padre entre pecho y espalda todo el resto se notaba normal. Aun ni su madre podía saber que fue del KanjiKlub.
Con cierta celosía vio como Poe y Finn, el famoso traidor que no tardó en hacer amigos en la resistencia, hacían manitas en la nave que el experto piloto estaba trucando para tener más velocidad. Ya era oficial, gracias a unos buenos ánimos de la jedi, por razones que aun quería desconocer, Poe había empezado a salir con ese chico que tan poco habían interactuado. Según el piloto, era un amor del tamaño de un destructor imperial. Sabía que se sentía pero, intentando imitar a su padre, intentó burlarse de su viejo amigo. A lo lejos, vio como Rey jugaba con BB-8. Vestida de blanco como una novia a punto de casarse, vio como el droide caía ante los juegos de fuerza. Se imaginaba que BB-8 era de ellos, en una casa en Naboo, una lejana casa al lado del lago, viendo el atardecer abrazado a su pequeño cuerpo. ¿Embarazada? De mellizos. La niña se llamaría Star y el niño Lando, como su preciado tío. Siempre podrían tener más, tantos como un pequeño equipo de futbol, para poder poner tantos nombres como querían, como el nombre de su padre, Irina, Elizabeth, Owen o Bail. Y juntos llevar una tienda donde venderían cosas varias que el habría conseguido del contrabando o se buscarían una vida más honrada y alejada donde todas las noches verían las estrellas antes de dormir o cualquier otra cosa.
- ¿Estás bien, Solo? - preguntó Dameron al ver que no decía nada y los miraba de una forma casi acosadora
- Pensaba en la nueva misión. Conducir solo el Halcón es mucha responsabilidad.
- Mentiroso – la voz cantarina de Rey a su espalda, haciendo saltar al contrabandista - he hablado con el maestro, Chewbacca y yo vamos contigo, Solo
- Nadie me ha dicho nada – intentó mantener la calma, ocultando su gran alegría de pasar tiempo con la jedi y su segundo tío favorito.
- Si, mi última misión antes de marcharme a terminar el entrenamiento sola con el maestro- dijo ella con una naturalidad que rompió el corazón de los presentes. - ¿Qué?
- No puedes abandonarnos ahora, Rey – suplicó Finn mostrando una amistad que llenaba de celos a Ben – Estamos cerca de reventar la tercera estrella de la muerte. ¿Quieres dejar huérfano a nuestro BB-8? ¡¿no piensas en nuestro hijo?!
Los tres chicos miraron, bastante extrañados, como el traidor Finn había actuado de una forma bastante llevada al límite. Rey no pudo aguantar la risa, cayendo al suelo al lado del droide, quien le había dado su redonda espalda de la vergüenza.
- Aun tienes que mejorar la ironía, Finn – le dio unas palmadas en la espalda a su novio.
Aquello no quitaba la nueva preocupación de Ben Solo. Era su última oportunidad para anclarla a él. Sonaba a egoísta, pero a cada hora que pasaba sentía como si fuera la última, por lo que su necesidad de guapa y sexy jedi a su lado por toda la eternidad era cada vez más grande. Cada vez costaba más disimular la ansiedad que le provocaba estar al lado de ella y reprimir sus ganas de besarla.
Se despidió de sus compañeros con la excusa de tener que hablar con su padre. Era falso, pero así aclaraba un poco su turbia mente. Entre voces de oscuridad diciendo mil tonterías, podía recordar las sabias y raras palabras de su padre: insistencia con una cosa mona al lado para la bendición de la unión. Lo de picaresca de contrabandista debía salir natural. Sobre todas las cosas, si tenía algo feo, guardarlo para que ya cuando estuviera embarazada darle la gran sorpresa.
- ¿No deberías estar preparando el Halcón para la misión? - preguntó su madre al verlo dar vueltas por los pasillos sin rumbo fijo y con la mirada completamente perdida.
- No sabía que era la última misión que iba a tener con Rey – le respondió. Miró a todos lados para ver que se habían quedado solos. Momento perfecto para poder ser sincero con ella – Es mi última oportunidad con Rey
- Es una aprendiz, Ben – le recordó su madre con cara de cansancio – Aunque Luke haya cambiado las normas, ella puede decidirse entregarse por completo a la fuerza
- Pero ha dicho que me quiere – el infantil puchero de Ben hizo que a su madre le saliera una gran sonrisa, recordando que tan mono había sido siempre su hijo. Había heredado mucho de Han Solo y se podía ver a simple vista. Suspiró y acarició la melena negra de su hijo.
- Es ella quien decide, pequeño pícaro
No sabía porque, aquello le había dado fuerzas. Con una energía renovada, Ben volvió al hangar después de dar un gran abrazo a su madre. Con paso ligero, buscó a su fiel compañero Chewbacca y ambos fueron al hangar. El no dejaba de gruñir en su idioma de wookie que debían cambiar de nuevo de la nave y varias cosas que la nave iba a necesitar para no quedarse colgados en el espacio una vez más, pero Ben solo se centraba en la imagen de Rey. Debía impresionarla para que de una vez dejara de pensar tanto en derrotar al enemigo y un poco más en ellos. Le había dicho que si, lo más difícil estaba hecho, ahora solo faltaba dar el gran paso.
Al entrar en el hangar se fijo de que sus amigos ya no estaba ahí. Los droides hacían su trabajo y podía ver un par de rezagados, pero nada más. Estarían el wookie y él solos con aquella chatarra voladora que tanto apreciaba. Mando a que llamara al fiel R2 para poder terminar de arreglarlo todo y que, con Rey, completaran la misión. Ya después vendría la situación con el yoga y los niños que iban a tener. Se centró en revisar que llevaran más que lo suficiente, de no olvidarse del mapa ni nada por el estilo. Al ir con la pequeña aprendiz, debían llevar mucha más comida de la que de normal ya que ella comía por cinco personas y no terminaba de engordar.
- Este compresor está para tirarlo, Solo – escuchó por parte de Rey de pronto. No sabía en que momento se había acercado, pero lo agradecía.
- Pues tírame - dijo de forma inconsciente.
- ¿Eh?
- ¿Eh?
- Hablaba del compresor, no de ti, contrabandista
- ¿Solo del compresor? - con una sonrisa, intentó tentar a la padawan, quien se sonrojo de una forma adolescente, completamente mona. Rió y se sentó en el asiento del piloto, dejando lo que estaba haciendo de forma despreocupada, pero ganando un gruñido desaprovatorio por parte de Chewbacca. Rey se acercó a él con paso decidido y le dio un beso en la mejilla, haciendo que los colores de Ben Solo saltaran como las chispas que saltaban en la placa negativa.
- Conduce bien, Solo – dijo ella antes de dejar su pesado fardo en el asiento del copiloto para poder prestar atención al trabajo medio hecho de Ben – Por cierto, así no se usa la llave tres bocas
Con más manos pudieron terminar de arreglar la nave para salir de inmediato. Rey quitó su fardo y dejó que el wookie fuera el copiloto. Se sentó detrás y se abrazó al droide, dando un poco de envidia a Solo. Si bien el despegue fue correcto, no tardó en dar problemas después. La joven jedi no tardó en ir a arreglarlos con aquel don innato que tenía sobre las maquinas. Sus, a primera vista, delicadas manos se llenaban de grasa y chispazos pero a ella no le importaba. Aquello lo enamoraba más, pues no era como aquellas delicadas o brutas chicas que poblaban su vida. No. Era una noble trabajadora a la que no le importaba hacer cualquier trabajo sonriendo con aquellos perfectos dientes que tenía a pesar de haber vivido en un sitio horrible como Jakku.
Nada más llegar al planeta, vieron que estaba lloviendo. Como una niña pequeña, ella se asomó sin la parca para mojarse un poco. Sonreía y no dejaba de jugar con las gotas de agua entre sus manos. Ben no tardó en abrazarla por a espalda y susurrar bonitas palabras en sus oídos, a lo que Rey se sonrojó e intento quitárselo de encima sin éxito alguno. Al escuchar disparos de blaster se separaron y se pusieron manos a la obra. La pareja siguió los sonidos de las armas con suma cautela.
- Entonces… ¿Vamos a por ellos? - preguntó Rey al ver los disparos habían sido a modo de advertencia
- Espera, Jedi, algo no está bien aquí… ¿Qué les están obligando a hacer?
- Algo malo
- Muy bien, vale, ¿ Pero qué cosa mala? Tenemos que colar a R2 en el puesto de mando y robar información. En lo que ya tengamos la información puedes hacer tus cosas de jedi salvadora
Si bien el plan era sencillo, con un Solo en medio todo lo sencillo pasaba a ser complejo y extraño. Nada más que R2-D2 se colara en lo que parecía la base saltaron las alarmas y ambos tuvieron que pelear contra los soldados. Tenían un poco de ventaja y era la primera vez que veía a Rey hacer ciertos saltos y cabriolas con las que lograba auténticas maravillas. Su nuevo entrenamiento la había hecho una persona muy capaz de todo y aquello lo enamoraba mucho más. No sentía envidia ni nada por el estilo, sabía que si él hubiera entrenado bien y no dedicado al contrabando con su padre podía ser mejor que ella, pero no quería ser un lord oscuro que dominara la galaxia con un sable rojo sangre. Viendo a Rey sabía que podía ser la mejor de todas sin necesidad de caer en nada.
Aunque él había caído ante sus encantos naturales.
Al ver la gente libre y como el droide conseguía la información, sintió que todo había sido demasiado fácil. Los obreros explicaron que solo sabían coger materiales primos para ese nuevo gran proyecto que no comprendía ni querían terminar de comprender. Volvieron a la nave para saber nuevas órdenes de la general, quien les pidió que volvieran con la información para saber que hacer.
- Lástima que no lo vaya a verlo - dijo Rey – Tengo que terminar mi entrenamiento cuanto antes
- ¿Volverás? - preguntó ansioso Ben
- Siempre vuelvo. La resistencia es mi hogar.
- ¿Dónde quedo yo en todo eso? - se atrevió a preguntar.
Rey agarró su mano y lo arrastró al exterior. Seguía lloviendo, algo que siempre alegraba a la aprendiz. Decidida, alzó sus manos hasta el pelo del contrabandista. Ambas miradas chocaron y poco a poco se fueron acercando hasta que fue ella quien dio ese tan ansiado beso. Ben empezó a sonreír como un niño al separarse, bajo la tierna y brillante mirada de Rey.
- Como has robado mi corazón, tendré que recuperarlo – dijo ella en un tono un tanto bajo, avergonzada. -. Te amo, Ben Solo
- Lo se
