Sus ojos verdes miraban tímidamente a aquel que ahora era su esposo mientras este se levantaba de la cama totalmente desnudo, su ancha y bien trabajada espalda hizo que ella se sonrojara al ver rastros de sus uñas en el. No podía creer que ella hubo sido la causante de aquellas marcas en la espalda de su esposo… Sabía que las emociones antes vividas fueron fuertes, pero jamás se imaginó que ella le causaría daños a su esposo.

Aún con la sabana como escudo, la subió mucho más hasta tacar su boca con ella, ya que escenas de la anterior noche comenzaron a cruzar por su mente; ¿Cómo pasó todo aquello? ¿Por qué aún sentía aquellas sensaciones en su vientre? – Pensaba cuando se dio cuenta que Terry le miraba fijamente con las manos en sus pecho.

- Espero ser yo el dueño de tus pensamiento… - Dijo el joven mientras de forma felina se acercaba a su esposa sin dejar de mirala.

- Mmmm… No sé… Quizás… - Dijo ella de forma muy sensual logrando que el joven comenzará a subir en busca de los rosados labios de su esposa

- Vamos Candy ¿Dime en que o quien piensas?… - susurró mientras besaba su cuello y oído

- Terry…

- ¡Dímelo! Dime quien es el dueño de tus pensamientos, quien ocupa toda tu mente… - Seguía besándola, acariciándola, buscando una respuesta entre la cortada respiración de su mujer

- Tu, Terry… Ahhh… ¡Sólo tu! – Dijo ella entre suaves gemidos

- Dime que eres mía… Dímelo… Necesito escucharlo – Pidió él entre besos y caricias

- Soy tuya Terry… Sola tuya… Terryyyy – Grito la mujer al sentir como se convertían en uno, un solo ser y un solo cuerpo. El dejó en ese momento dejar en el olvido todo el dolor, toda duda y todo mal recuerdo del pasado, su vida hubo cambiado y ya no estaría más sólo, ahora ella era su mitad, su familia, su mujer.

Un beso suave fue el cierre un de un noche y mañana de amor inolvidable para ambos jóvenes, él simplemente se sentía el hombre más feliz del mundo mientras tomaba la suave y pequeña mano de su ahora esposa para bajar las escaleras de aquel enorme castillo y dirigirse a desayunar donde sus padres les esperaban para darle una calurosa despedida. Besó suavemente los nudillos de su mano y al llegar al último escalón, la miró fijamente a los ojos y simplemente pudo dejar caer de sus labios de forma suave las palabras que su alma necesita expresar:
- Te amo Candy

- Y yo a ti Terry, te amo, desde siempre…

Continuaron su caminar por aquel pasillo, para ella era como si fuese la primera vez que le visitaba, estaban tan feliz que todo lo sentía nuevo, los colores de la decoración la veía con nuevos matices; matices que nunca antes hubo visto y que ahora simplemente le emocionaban el ver.

Al entrar al comedor el recién matrimonio pudo notar que ya sus padres se encontraban sentados esperando por ellos, sabían que era muy temprano, pero morían de la ansiedad de ver a sus hijos, como de ahora en adelante le llamaba Eleonor y Richard a ambos, felices y dichosos. Por su parte una pequeña duda estaba implantada en el corazón del ex duque quien aunque sabía de sobre manera que cualquier situación anterior su hijo simplemente la borraría, esperaba que esta no existiese.

Al entrar ellos se levantaron y se dirigieron a saludar cariñosamente a nuevo matrimonio, Eleonor abrazó a su hijo y luego se dirigió a hablar con Candy, quería saber que estaba bien y feliz, que ya no existía ninguna razón para la tristeza que antes cubría su corazón.

- Hija, te ves feliz – Dijo la mujer mientras tomaba las manos de la joven y le miraba felizmente

- Lo estoy Eleonor, soy la mujer más feliz del mundo – Dijo ella sonriente

- ME alegro tanto por ti, por ustedes. Mi hijo es feliz nuevamente y te lo debo a ti. Gracias hija por darme el placer de verlo feliz y realizado como hombre

- Eleonor gracias a ti, nunca tendré como agradecerte lo que has hecho por mi desde que nos volvimos a encontrar, en todo esto yo soy la ganadora, tengo al hombre de mi vida y sé que la felicidad que me espera junto a él será para siempre… Nunca tendré como pagarte…

- Bueno hija… Yo si sé como puedes pagarme…

- ¿Cómo?

- De la forma en que toda buena suegra desea… Con muchos nietos, quiero una docena de minis Terry y Candy corriendo de un lado al otro.

- Creo que no tanto como una docena; pero si varios…

- Jajajaja, me conformo con 5

- ¿Cinco?

- Si, cinco…

- Necesitaré muchas manos para ellos

- Tendrás todas las niñeras y a mi para ayudarte..

- Creo que me la pasaré los siguientes 10 años cambiando pañales

- Eso espero hija… jajajaja

En el otro extremo del comedor Terry y su padre compartían un fraternal saludo y miradas hacia ambas damas…

- Bueno hijo al parecer tu madre ya quiere nietos

- ¿Y tu no?

- Si por mi fuese ya Candy estuviera de más de un mes de encargo

- ¿Padre?

- No me vas a decir que no lo pensaste más de una vez

- Sí, pero…

- Pero nada… Si hubiese sido por mí ya tendría a Eleonor tejiendo pequeños zapatitos azules a mi primer nieto

- ¿Estas seguro que será varón?

- Todo primogénito Granchester es varón, ya lo verás… Y honestamente espero que sea pronto

- Jajajaj, al parecer tu y madre ya quieres retirarse a cuidar nietos

- Claro…. – El duque luego de un breve silencio, respiro hondo y decidió salir de aquello que tanto le molestaba- Terrence – Dijo haciendo que el joven duque le mirase y cambiará el semblante ya que su padre le llamaba de esta forma cuando se trataba de algo muy importante – Dijo, disculpa pero deseo… -

- Neil mintió padre, el mintió – Dijo Terry adelantándose a aquello que su padre quería preguntarle; pero que no se atrevía. Richard tocó el hombre de su hijo y una sonrisa de esas que es características de los Granchester surgió en su rostro. Saber que nada empañaría la felicidad de su hijo le llenaba de mucha alegría

- Bueno chicos vamos a desayunar que tienen un largo viaje – dijo Richard y todos prosiguieron a sentarse a la mesa.

Era aún temprano para ella, pero su noche fue la mejor de todas, increíblemente pasó de estar sola y sin ilusión en el plano amoroso, a tener ahora la alegría de saber que aquel que tanto amó desde los tiempos del colegio San Pablo ahora estaba a su lado. Volvió a abrasar su almohada y suavemente tocar sus labios al recordar que por primera vez sus labios fueron besados. Sabía que ya no era la jovencita de 15 años, que mucho hubo pasado antes de volver a verlo, pero ella siempre le fue fiel a su recuerdo, su memoria, su amor y ahora la vida le brindaba la oportunidad de estar nuevamente junto a su Stear.

Recordó como luego de que los novios se desaparecieron de la fiesta y los demás invitados comenzaron a marcharse, las manos agiles del joven tomaron la suyas haciendo que ella voltease a verle, sus oscuros ojos le mostraban todo el amor que el aún sentía por ella; mientras que ella aún no podía creer lo que vivía.

- Patty… ¿Crees podamos hablar unos minutos? – Pregunto el joven mirándola fijamente a los ojos

- Claro

Ella se dejó guiar por el joven hasta llegar a un pequeño jardín de Dulces Candy y dos bancas blancas que se perdían ante la belleza y blancura de chicas rosas, ese lugar él lo había descubierto temprano, ya que al llegar a aquel lugar y mientras esperaba al joven duque decidió husmear y conocer aquel fascinante lugar.

Sabía que necesitaría fuerzas para poder contar todo aquello que vivió y que aún le atormentaba en las noches. Por mucho tiempo estuvo perdido, sin nombre, sin pasado y sin ella. Pero siempre en su interior sentía la fuerza de un amor ya que en sus sueños podía ver aquella mujer sin rostro que él sabía amaba.

- Ha pasado mucho tiempo Patricia – Dijo él soltado la mano de la joven y haciendo seña para que se sentara

- Sí – Dijo ella mientras se sentaba lentamente y le miraba. Aún estaba en shock ante la presencia de aquel hombre

- Patricia, la vida me hada una segunda oportunidad y voy a vivirla al máximo. Espero que entiendas que cualquier cosas que yo haga es por que deseo ser feliz

- Entiendo – Dijo ella al interpretando lo que el joven decía… -Me imagino que querrás volver a América y rehacer tu vida

- Si, tengo que volver a América… Debo limpiar el nombre de los Ardley y volver a unir la familia. Ahora soy la cabeza de la familia, es mi deber velar por que mi apellido vuelva hacer el que era antes y sobre todo aclarar la muerte de mi tío abuelo Williams. Debo recuperar todo lo que nos han robado y George me ayudará a que nuestros negocios florezcan como antes.

La jovencita bajó la cabeza; la vida de él cambiaría y al parecer ella no sería parte de la misma. En los planes antes contado él no la mencionaba y eso le dolía, era volver a perderlo, volver a pasar por todo aquel dolor que le desgarró el alma. Una solitaria lagrima bajo por su mejilla la cual limpió antes de que este se diese cuenta.

- La lógica me dice que tener una relación contigo en este momento sería una decisión muy mala y poco acertada ante todo lo que me espera en América. Será como volver a la guerra, pero esta vez sin armas. Tendré excesivas tandas de trabajo y quizás tenga que viajar demasiado. No creo que una mujer pueda aguantar lo que me espera. – Dijo el joven dándole la espalda a la joven tratando de llenarse de valor para seguir hablando. – Luego de la guerra fui atrapado por el enemigo, recibí castigos que no se los deseo a ningún ser humano, se lo que es padecer hambre, vivir en la calle y ser menos que cualquier basura. – Continúo hablando el joven sin siquiera mirarla.

- Los primeros meses mi vida será un desastre y si a ello le añades mi estado de salud mental y físico…

- Yo… - Intentó hablar ella, pero las lagrimas no la dejaron. El la estaba alejando de su vida, él a quien aún amaba más que a ella misma la estaba alejando. Prefería sus negocios, el nombre de su familia y todo lo demás. Entonces entendió que él nunca le amó. Que sólo ella le amaba y que hubo perdido el tiempo llorando por quien no la quería. Sus lagrimas se intensificaron, entonces sintió como el tomaba su barbilla y le levantaba la cabeza.

- Patty lo que me espera no será fácil. Lo que he vivido no lo ha sido, tengo muchas secuela de la guerra que aún están a flor de piel… Pero Patty si me aceptas y te atreves a compartir junto a mi todo lo que me espera, te prometo que daré lo mejor de mi, que intentaré pasar el mayor tiempo que pueda junto a ti y que me esforzaré para ser mejor de quien soy…

- Stear… Yo… - Dijo ella entre lagrimas y con la alegría de saber que el la quería junto a él

- Patricia no tengo un anillo, no tengo dinero aún para comprarlo, pero si me aceptas te prometo que las cosas cambiarán y desde que pueda te haré mi esposa… Patty yo te amo – La joven comenzó a llorar desenfrenadamente, intentó detenerse; pero era demasiado. Sus sentimientos, saberle vivo, tenerlo frente a ella y ahora escuchar de sus labios que la amaba…

- Patty… No deseo perder más el tiempo... ¿Quieres ser mi esposa?