Hola, les agradezco pasarse a leer y dejar reviews ¡muchas gracias de verdad!. Y disculpen la demora pero tengo muchas cosa que hacer, y escribir jeje..en fin. Espero lo disfruten!. Saludos y besos.

Capítulo 4. Bajo Observación.

-Es muy feo-dijo con la mirada perdida al horizonte-

-¿El qué?-preguntó su acompañante enarcando las cejas-

-Sentir decepción de sí mismo-

Y fue que el cantar de los grillos se hizo más pronunciado. Las estrellas bailaron al compás del crepúsculo mientras que la luna asomó lentamente su tiesa sonrisa.

-¿Por qué tan sentimental Canuto?-con calma tiró el cigarrillo al lodo en el suelo y le pisó de un movimiento imperioso. Se giró medianamente para que la luz de la luna le permitiera ver el vago reflejo de su amigo-

-Nunca me han gustado tus afiches Lunático-amplió la sonrisa sarcástica mostrando los dientes e hizo lo propio con su cigarrillo-

-No ignores mi pregunta-

Sirius Black se encogió en hombros, miró al cielo por enésima vez y se perdió en la penumbrosa entrada de su nuevo hogar. Remus Lupin le siguió. La sala de estar, estaba apenas alumbrada a vela, los sillones tenían un brillo acusando al polvo, las paredes manchas de moho y grietas adornadas por raíces. Lupin suspiró al ver aquello. Era cierto que requería extenso trabajo, si fuere hacerse sólo con las manos pero conociendo a Sirius eso estaría bien antes de entrada la madrugada con un movimiento de la varita.

-Sabes a lo que me refiero, siempre lo has sabido-

-Para ya eso Canuto, no puedes renegar toda la vida por haber nacido en la cuna Black-

Sirius le miró amenazador, no estaba de ánimos para sermones. Lupin sonrió al ver los gestos de disgusto que conocía tan bien. Era cierto que su amigo odiaba le dijeran cuales eran las soluciones obvias a sus problemas. En efecto, Sirius dejó salir el destello azulado de su varita, que como un velo cubrió cada parte de la casa restaurando con parsimonia.

-El departamento de regulación de la magia querrá una explicación de esto-Remus perdió la mirada en los destellos del velo que cubrían de a poco el techo. Desde el día que pudo hacer magia no hubo momento en que no se maravillase con ella, dicen que se va perdiendo con el tiempo la capacidad de sorprenderse con las cosas. Sobre todo las ya muy bien conocidas, pero para Lupin era como redescubrirlo diariamente ¡simplemente fantástico! Y no imaginaba ya su vida sin ello-

Sirius sonrió ante la cara atolondrada de su amigo, realmente le agradaba su compañía. Y se paró a pensar ¿Dónde estaría el en estos momentos? Si no fuera por él. Lupin era uno de sus pilares en la vida, además de Harry Potter.

-El departamento de regulación de la magia puede venir a besarme el culo-dijo Sirius antes de terminar la chimenea-

Ramus soltó una carcajada sonora que hizo eco en las paredes desteñidas. Luego alzó su varita y terminó por darle color a las paredes, un verde olivo. Sirius arrugó el ceño.

-Muy de acuerdo a tu edad-se burló-

-No estoy tan anciano-movió la varita una, dos, tres veces para conseguir el color verde botella algo brillante y algunas tonalidades de beige- esto definitivamente no es lo mío, para estas cosas están las mujeres-

Ambos rieron a carcajadas.

-Que no te escuche Thonks-balbuceó Lupin secándose las lágrimas-

-Vale, vale dejémosle por el momento así. Ya veré como lo arreglo después. Sinceramente tengo ganas de ir a la cama-

-En verdad que es tarde. Debo marcharme, la lluvia no va amainar-miró por la ventana las gotas gruesas que se aplastaban en el vidrio-

Sirius asintió enérgicamente y le alentó con la mano para que entrase a la chimenea.

-Que descanses-

-Igual tú-

Tras la última sonrisa de la noche, Lupin desapareció en medio de una cortina verde. Sirius se recostó pesadamente en el sillón, abrazando sin conciencia uno de los cojines. Su mirada se perdió en el color de las llamas y su mente en la necesidad de buscar un contador. Realmente le sería de vital importancia saber cómo estaba la finca y porque razones llegó a tales grados. Tenía sus sospechas y sobre todo sabía que algo de ello incluía el apellido Malfoy. Tomó un trago de la botella de Wisky que tenía en la mesilla a la derecha del sillón y siguió pensando en ¿Cómo demonios le haría para levantar semejante lugar? Requería manos, y no específicamente manos mágicas. Ya años antes se comprobó que la cebada crecía mejor con los cuidados naturales que con el uso e implemento de cosas artificiales (magia). Era como si las plantas consideraran de vital importancia mantener contacto con el humano ¿Por qué no sucedía lo mismo en los invernaderos de Howgarts? él realmente recordaba poco de herbología.

Dio un salto que casi lo envía al suelo. La puerta grande de la entrada resonó. No pudo evitar mirar asustado la madera prieta. ¿Por qué debiera tener miedo? Quizá eran los rezagos de todos esos años que pasó como fugitivo. Se levantó lentamente preguntándose ¿Quién rayos llamaría a la puerta casi a las 12:00 de la madrugada? No era Lupin, porque hubiere regresado por donde se marchó. Aquello era sospechoso. Sacó lentamente su varita conforme más se acercaba a la puerta, tragó saliva inconscientemente y el corazón inicio un tucutú exacerbado.

La puerta volvió a sonar y él volvió a dar un salto.

-¡Joder!-murmuró para sí. Enfurruñado se acomodó las ropas, alzó la varita en posición de esgrima-¿Quién llama?-

-Bu-buenas noches Señor Black-una voz grave tartamudeó-

¿Era una mujer? ¡No! Eso no podía está sucediendo ¿Qué haría una mujer a esas horas en el confín más recóndito de Escocia? Definitivamente esa era una trampa.

-¡Identifíquese!-exigió-

Un patronus en forma de nutria apareció casi sobre su nariz. Sirius frunció el ceño, lo conocía bastante bien y como es sabido no son fáciles de replicar. Solo un mago muy avanzado podría. Definitivamente una trampa. Estaba a punto de lanzar un encantamiento ..

-Soy Hermione señor, Hermione Granger. Vengo de parte del ministerio-soltó con la voz temblorosa-

Sirius Black se lo pensó un instante. Abrió la puerta lentamente no sin bajar la barita. Pronto divisó el cuerpo menudo y empapado de Hermione bajo la lámpara en el corredor de entrada. La chica tiritaba. Él la estudió minuciosamente y aun dudoso le hizo una mueca permitiéndole el paso.

Ella asió las manos más contra si buscando darse calor, y sin siquiera pedir permiso se acercó a la sala buscando el calor de la chimenea. El hombre la seguía estudiando desde la distancia, si bien, conocía a Hermione por las convivencias en la madriguera pero no lo suficiente como para aseverar que se trataba de ella.

-¿Y qué te trae por aquí a estas horas?-asestó acercándose lentamente. Estudio las ropas de la chica, parecía bastante formal con el saco ancho y largo, zapatillas qué con el clima se convirtieron en presas del lodazal y los cabellos alborotados. ¿Los rasgos le cambiaron en los últimos meses o eran sus ideas? Parecían menos infantiles…más..-

-¡Oh! Lo siento, he sido muy descortés- Los pensamientos de Sirius se vieron interrumpidos cuando ella, de su pequeño bolso sacó un papel pulcro y se lo tendió-

-¿Qué es?-Sirius alzó una ceja, temiendo que se tratara de un hechizo-

Hermione sonrió ¡vaya que era desconfiado! Nunca le creyó a Harry lo que contaba de las actitudes recelosas de Sirius ante las personas que eran un tanto ajenas a su derredor.

-Bueno, creo que ha sido un atrevimiento de mi parte venir hasta aquí sin dar aviso-Sirius alzó una ceja y asintió levemente como confirmando sus palabras- Pero es que el pub del pueblo más cercano ya no tiene habitaciones, de hecho ningún lugar a la redonda-se abrazó nerviosa, empezaba a sentir los estragos de la lluvia y su inoportuna visita-y bueno, yo tengo asuntos que tratar con usted sobre la finca…y pues..-

-..Ya...-le interrumpió no evitando mostrar su irritación. Odiaba ver a Hermione tiritando de pies a cabeza como un polluelo mojado en el agua - ¡mejor vamos por té a la cocina y en lo que tomas calor me cuentas-

Ella boqueó como pez dos o tres veces para luego limitarse a seguirlo. El hombre ni espero a que Hermione aceptase.

Los ojos de Sirius Black podían llegar a ser muy temibles. Con ese iris plateado, que destellaba de vez en cuando una dureza implacable y tan fijos como una pantera que observa a distancia la presa. Hermione trató de evitar ponerse nerviosa ¿Por qué se pondría nerviosa? Es que quizá la mirada del hombre si daba miedo. Alguna vez Harry le contó que quizá se había vuelto un poco loco tras los muros de Azkaban, y quizá esa era la imagen que le estaba causando miedo. No debió escuchar a Harry.

-¿Y? ¿Me dirás o no?-cortó de pronto Sirius sin dejar de mirarla. Ella casi escupió el té, y se llevó la servilleta inmediatamente para limpiar los rastros. Sirius casi se echa a reír por el gesto meramente infantil pero siguió inmutable-

-Bueno, Señor Black..-tenía las ideas claras de como comenzar pero por alguna razón las palabras se le atrancaron en la boca. Sería el frío. El condenado frío. O su depresión. Hizo apelación a su entereza y carraspeó la garganta-

-Llámame Sirius-dijo restándole importancia a las formalidades. Tomó la botella de Wisky y se sirvió otro trago-

-Vengo de parte del ministerio-dijo con seriedad, Volvió a tenderle el pergamino qué con lentitud él tomó y abrió-

-Ahí dice, Señor Black, es decir..Sirius.. el porqué de mi presencia. He venido a prestarle mis servicios como contador del lugar-

Sirius enarcó una ceja ¿Por qué el ministerio le estaba otorgando un contador?

-Verá, el ministro está un poco preocupado por los asuntos de las fincas nuevas. De los negocios nuevos en general. Después del robo en Gringotts muchas propiedades están en peligro por la pérdida de dinero. Y es necesario llevar las cuentas de todas para verificar que no haya cualesquier cosa anormal-

-¿A qué viene esto?-estaba empezando a enfurecerse-¿a que no soy confiable?-

-¡No! ¡no! El ministerio no piensa en eso. Es solo cuestión de movimientos hacendarios, para llevar la correcta regulación de la magia. Usted sabe que, cuando un mago empieza a levantar un negocio el ministerio se preocupa por guardar apariencias para que dicho levantamiento no sea demasiado rápido y evidencié "situaciones" ante los muggles-dijo Hermione, apretando la taza de té con fuerza sin tomar conciencia de ello-

-Eso no me lo creo niña..mejor dime la verdad ¿es que acaso el ministerio no está satisfecho con la demostración de mi inocencia y seguirán cazándome?-

-No es eso Señor…Sirius-tragó saliva, esto se estaba viniendo abajo. Sirius la miraba tan fijo y duro que de momento pensó le pegaría en la frente con un hechizo-..no es la única finca que debo revisar, también están las de los Malfoy, McLaggen, entre otras-terminó por confesar Hermione-

Sirius destensó los hombros al percatarse que no sería el único en revisión. Y que a decir verdad había un gran listado de negocios que serían revisados, no solo relacionados con la producción de bebidas alcohólicas. Hasta el negocio de los gemelos Weasley estaba en la lista que Hermione le mostró. El hombre lanzó un gruñido, y se desparramó en la silla sin dejar de mirarla.

-¿Cuánto tiempo?-

-El que usted me necesite-

Sirius frunció el ceño.

-¿Y tú salario?-

-Es algo por lo que no debe preocuparse Señor..Sirius..de eso se encargará el ministerio. Yo realmente estaré complacida de cumplir mi trabajo lo mejor posible. Si usted está de acuerdo, claro-Hermione cruzó los dedos por debajo de la mesa, los gestos de aquel hombre le estaban dejando en claro que no estaba del todo cómodo con su llegada y mucho menos la intromisión del ministerio con su nuevo negocio-

Por su parte Sirius pensaba que aquello no era del todo normal, pero de todos modos no podría negarse. Venía una orden del alto mando-ministro de magia- para que le dejase a Hermione manejar las bitácoras del lugar a diestra y siniestra-al menos eso decía el pergamino que ella le entregó, con palabras más diplomáticas claro- y no acatar una regla era una declaratoria de guerra. No necesitaba eso en este momento. Ya con el tiempo saldría la verdad. Si algo sabía hacer bien él, era desconfiar. Hermione no dejaba de mirarlo, tratando de analizar sus gestos, pero aquel hombre era tan impredecible.

-Muy bien-soltó tan de pronto que casi le saca un respingo a la muchacha- Eres libre de hacer lo que necesites hacer, y como dices que no hay otro lugar donde puedas ir…-miró a derredor no muy complacido con lo que diría a continuación ¿pero que podía hacer? ¿Echar a la calle a la mejor amiga de su ahijado solo porque le daba rabia lo que tenía por hacer en su finca? Pues eso sería infantil –diría Remus-.

Sirius se levantó de su asiento lentamente y comenzó a irse. Hermione lo siguió con la mirada anonadada ¿le dejaría ahí con una conversación a medias?

-La casa tiene muchas habitaciones, escoge la que gustes. Aunque no esperes mucho confort. Este lugar se está cayendo a pedazos-y sin más salió de la cocina perdiéndose en las penumbras-

Hermione frunció el ceño. ¡Vaya modales!


Draco Malfoy se paseaba de aquí a allá como una serpiente rabiada. Frunció el ceño en el momento que percibió "ese perfume". Tan peculiar, tan inolvidable. Aquel que percibía desde que tenía memoria, como un hedor llenándole los pulmones. En algún momento de su vida, llegó a pensar que quizá ese perfume hasta podría ser veneno para quien lo aspirase. Se giró medianamente para ver al sujeto.

-Has tardado-dijo Draco sin ocultar su molestia. Había esperado más de media hora en aquella incómoda silla de la sala de visitas en Azkaban-

-He debido hacer algunas investigaciones-se quitó uno a uno los guantes de los dedos-

-¿Investigaciones?-

-Aún conservo algunos contactos, hijo mío-

-No lo dudo-respondió con sarcasmo. Realmente no le gustaba estar allí-

Su padre, Lucius Malfoy seguiría pagando su condena a cadena perpetua. No le agradaba para nada tener que ir a Azkaban, pero no acudir a sus llamados implicaría a fastidiosas conversaciones con algunos lacayos que el "señor" aún conservaba. Si bien, sus padres se habían divorciado al año de la sentencia, pero seguían en contacto. Más por costumbre que por afecto. Y él, por razones incomprensibles aun lo visitaba. Tal vez por lástima o porque quizá al final de cuentas, su padre era un Malfoy.

-¿Para qué me has solicitado esta vez?- sus ojos grises miraban a derredor. Sobre todo a los dementores que aguardaban en las orillas de los barrotes. Cómo le disgustaban esas criaturas, cada vez que iba allí debía salir corriendo a un jodido lugar muggle donde vendían chocolate caliente extra dulce para poder amedrentar el horror que significaba el robo de la felicidad. La poca que él podía contener gracias al trabajo. Eso era él ahora Draco, una máquina de los negocios-

-¿Te has enterado de Gringotts? ¿la bóveda familiar..?-murmuró Lucius-

-Está intacta-le miró a los ojos firme-

-¡Eso lo sé!-

-¿Cómo te has enterado?-Draco se arrepintió de la pregunta boba al ver la sonrisilla socarrona de su padre. Levantó una ceja con irritación. Le conocía tan bien. Él tuvo algo que ver en ello, eso era seguro-¿Qué has hecho esta vez?-farfulló colérico-¡padre, he hecho miles de sacrificios para poder limpiar nuestro apellido! ¡para que madre y yo podamos tener una vida digna! ¡espero que no hayas hecho algo…-

-¡No te atrevas a amenazarme!-gruño por lo bajo Lucius, miró por sobre sus hombros verificando si alguien los escuchaba-..lo que yo haga o deje de hacer no..-

-¡Claro que me incumbe! ¡he hecho hasta lo imposible ¡lo humillante! ¡Para levantarnos del hoyo donde nos metiste y no permitiré que nos hundas de nuevo!-Draco se levantó de su asiento, se acomodó el saco y no dejó de mirar a su padre con rabia- Lo que hayas hecho, no quiero saberlo. No quiero estar inmiscuido en tus "asuntos" ¡ya no más!-

-Te convendría escucharme-murmuró Lucius- porque tus "negocitos" están en peligro..el ministerio..-

-¡Cállate! ¡no quiero saber nada! ¡no quiero escucharte! ¡Guardia!-

Lucius se levantó de su asiento a duras penas, ayudándose por su bastón dificultosamente. Con su otra mano apunto a Draco.

-Ten cuidado Draco, el ministerio te vigila-

-No tengo nada que ocultar, en cambio tú..-hizo una mueca con desprecio-

-¡Ten cuidado de cómo le hablas a tu padre!-

-Dejaste de serlo en el momento que entregaste nuestras cabezas al Señor tenebroso, por lo que a mi concierne somos solo conocidos. Ahórrate tus sermones y ridiculeces-el guardia- Auror apareció y abrió paso a Draco-

-Solo ten cuidado-murmuró Lucius también colérico, pero a la vez preocupado-