Les agradezco pasarse a leer. Me ha llamado la atención que he conseguido bastantes seguidores, pero muy pocos reviews. Bueno, espero que se animen a dejarme alguno. Es muy satisfactorio para un escritor de fanfics saber de sus opiniones al respecto del fic.

Espero que les guste el cap..

Enjoy!

Saludos!

Capítulo 6. Curiosidad.

Narcissa Malfoy observaba con detenimiento el pecho de la joven, asegurando que la respiración volviera a su ritmo y se acompasara al corazón. Tomó lentamente la muñeca de la chica, y tocó el pulso. Se levantó y quitó la compresa tibia de su frente, y volvió a mojarlo. Ordenó en un susurro a su elfo doméstico, la criatura desapareció y casi en un parpadeo estaba de vuelta con una pequeña botellita en sus manos. Los dedos delgados de la mujer se posaron en las clavículas de Hermione Granger lentamente, esparciendo aquella sustancia que contenía la botellita. Por todo el pecho. La chica no tardó en fruncir el ceño y aspirar profundamente. El cuarto se inundó con un olor a mentol.

-Draco, querido-llamó la mujer con un tono dulzón. Su mano se alzó en los aires haciendo alusión a su proximidad-

El muchacho permanecía quieto en una esquina de la cama, observando con detenimiento los cuidados de su madre; recordó cuando niño realizó algo parecido. Una noche lluviosa de otoño, él ardía en fiebre por jugar bajo la lluvia. Su padre se encargó de hacerle saber que si eso volvía a ocurrir, la parte trasera de su anatomía no viviría de nuevo para contarlo. Frunció el entrecejo al recordar la azotada. El movimiento flemático de la mano delgada y femenina de su madre le regresó a la realidad. Draco se acercó a ella y le tendió su mano también. Narcissa colocó los dedos de su hijo en el pulso de Hermione.

-Su ritmo cardiaco está regresando a la normalidad, pronto estará mejor. Pero, mucho me temo que se ha resfriado. Con lo que ha llovido en este lugar, seguro no ha tenido las precauciones necesarias. No puede marcharse así, debes informar al ministerio de inmediato-

El muchacho parecía escuchar en un eco lejano la voz de su madre. Su concentración por entero estaba en ese tucutu lento que sus yemas podrían discernir. Le resultaba bastante extraño, toda su vida pensó que los muggles eran tan distintos a ellos. Pero esa situación no hacía más que aseverar lo que sospechó varias veces. Eran tan parecidos. A fin de cuentas, tenían un corazón, con sangre corriendo por él, huesos, carne y respiración. Seguramente sentimientos, ¿Qué clase de sentimientos? ¿Rabia? ¿Dolor? ¿Ira? ¿Cómo él?. Draco quitó la mano en un movimiento estrepitoso.

-Informaré de inmediato-dijo con la voz ronca. Estaba por salir de la habitación cuando el llamado de Narcissa lo hizo detenerse-

-Hijo, teniendo en consideración esta oportunidad. Deberías considerar, denotar tu cortesía y educación-el perfil anguloso de Narcissa denotó una sonrisilla solapada al igual que su voz-

Se hizo el silencio un minuto, Draco apretó el pomo de la puerta. Todo su cuerpo se volvió una masa de cólera. Eso era más que común en su madre, siempre tan "suspicaz". Suspiró pesadamente.

-¡Ve al grano madre, no tengo tiempo para tus acertijos!-dijo sin siquiera voltearse a mirarla. Apretó la mandíbula, no era estúpido. Sabía a lo que se refería-

-Debemos mostrar nuestros modales, no podemos echar a la chica en este estado. Se ha enfermado estando aquí y es nuestro deber cuidar de ella-

-No es nuestro deber, ¡por merlín! No estamos en el siglo pasado-respondió con un arrebato. Sus ojos grises parecieron obscurecerse-

-Draco, no debo explicarte porqué es necesario quedar bien ante el ministerio ¿cierto?-dijo Narcissa. Su voz dulce se quedó atrás. Ahora sonaba autoritaria-

El chico chascó la lengua, para luego salir tras de un portazo.


Sirius Black soltó una imperiosa maldición cuando el chico que atendía Olivander´s le dijo el precio por reparar su varita. Le resultaba increíble que después de todo lo sucedido aquel hombre no se hubiese doblegado un poco a la causa. Todo lo contrario, como en aquellos instantes hubo demasiadas pérdidas en especie, se tuvo que hacer de nuevo desde los cimientos. Sirius sabía que era difícil pero de eso a cobrar quinientas libras ¡por merlín!

-Le estaría mejor comprarse una nueva-dijo el muchacho tragando saliva por el miedo que le estaba produciendo ver la cara desencajada de su cliente. Creyó que de un momento a otro se le vendría encima a golpes-

-¡Esto es un robo! ¿Lo sabes? ¿Cierto?-le dijo por quinta vez luego de negar con la cabeza. Suspiró casi igual que un caballo corrido-

-Bueno, señor. Los precios no son impuestos por mi..el señor Olivander…-

-¡Si! ¡Lo sé! ¡Lo sé! ¡No tienes que repetírmelo!-le respondió-

Sirius sacó un bolsito con monedas a regañadientes y murmurando palabras impronunciables, lo colocó en aparador y vio al muchacho con reprimenda. Él chico se puso colorado completamente.

-Dame otra varita, porque en algo tienes razón. Me sale menos caro y en estos momentos no estoy para despilfarrar dinero-dicho esto, el muchacho asintió enérgicamente se giró de inmediato al almacén detrás suyo. Sirius suspiró y se llevó una mano a las sienes-


Hermione abrió los ojos lentamente. Lo primero que sus ojos lograron enfocar fue una mesita de noche a su costado y que sobre esta descansaba un libro: Charles Dickens alcanzó a leer. Frunció el ceño ¿Qué hacia ese libro tan de muggles ahí? Se levantó con dificultad de entre las enormes almohadas echas a pluma de ganso y estudió el sitio. Esa no era la finca de Sirius Black. Y cuanto más viajaron sus ojos por entre los muebles más se fueron ensanchando estos. Se abrazó a si misma al mismo tiempo que dio un respingo. Una criatura pequeña la observaba desde el borde de la cama. Se parecía mucho al elfo Dobby. Con sus ojos grandes, nariz pronunciada y dedos largos.

-¡En-en d-dónde estoy?-realmente preguntó por inercia, su consiente y subconsciente lo sabían de antemano-

El elfo abrió la boca para responder pero, justo en ese momento la puerta se abrió. La pequeña criatura se agazapó y quedó rígido como una estatua. Hermione viró la vista encontrándose con unos ojos grises que la estudiaban a distancia. Draco malfoy ya no era el pelagatos que le produjo lastima en el pasado. Ahora era todo un hombre con aquel porte de hombre fatal, embebido en un traje negro. Su rigidez distaba de ser egocéntrica y mal encarada, ahora le estaba bien. Parecía un hombre educado, formal. Podría apostar que en el siglo pasado muchas chicas hubiesen querido desposar a alguien como él. El Draco del presente, no del pasado. Hermione arrugó la nariz ante el pensamiento ¿Quién querría casarse con Draco Malfoy?

-Veo que se siente mejor-soltó cortando el silencio. Su voz, lejos de ser irónica, parecía prudente. El crío que antes conocía, no tardaría en jactarse de presenciar su pavoroso estado-

-¡Oh! ¡Por merlín Malfoy! Deja de hablarme así-dijo ella sin saber porque le enfurecía que fuera cortés-

-¿Cómo?-el rostro de Draco se volvió concéntrico de irritación, hasta ladeó el rostro irónicamente fingiendo no haber oído aquello-

-No es necesario tanto formalismo, me conociste en el colegio. El que me hables de usted cambia poco las cosas. ¡Solo tutéame y ya!-dijo abrazando más la sábana contra sí. Los ojos de Draco no dejaban de estudiarla por completo. Sintió de pronto como si pudiera leerle la mente-

Draco enfureció con el solo pensamiento que obtuvo a legeremancia ¿Quién no querría casarse con él? ¡Todas las mujeres del mundo! Si lo conocieran. El simple hecho de su petulante forma le hacía enfurecer, sin duda ella tampoco era la Hermione Granger que conoció alguna vez. A decir verdad, parecía todo lo contrario. Una Hermione Granger del pasado no se hubiese permitido el lujo de enfermar, hubiera tomado todas las medidas necesarias para no adquirir un resfrió. No era descuidada, ni arrogante. Tampoco estallaba a la menor de las provocaciones. ¿Qué escondía tras esos ojos marrones? ¿Qué escondía la salvadora del mundo mágico?

-Solo quiero ser cortes-dijo al fin de un largo silencio incómodo. Sólo se miraron a los ojos tratando de saber qué pasaba por la cabeza de cada cual-

-Lo sé, y lo siento. No quise gritarte. Has sido muy amable por acogerme, después de todo..-dijo bajando la vista. Los ojos de Draco comenzaron a intimidarle. Nunca logró eso, hasta ahora-

Hermione sólo pensó en su mirada, aparte del color litio había en ella algo diferente que en el pasado: Curiosidad.


Traspasó los umbrales verdes de la chimenea a grandes zancadas, suspiró pon encontrar sola la sala y echó el fuego a andar con su nueva varita. Ciertamente le costó bastante encontrar una nueva, pero esta le confería aún más confianza que la anterior: pelo de unicornio en el interior, de roble y 12 centímetros. Realmente inigualable. La observó a contra luz y pasó sus dedos por ella. Empezaría una nueva vida, inclusive hasta con una nueva varita. Lo que aquello implicaba de repente le hizo nacer una chispa de esperanza. Se sentó en el sillón largo, y comenzó a quitarse las botas.

-Esos no son buenos modales querido primo-Sirius dio un respingo y se levantó del sillón. Apuntó la varita en pose de esgrima-

-¿Desde cuándo estas ahí? ¿Cómo has entrado? Y sobre todo ¿Qué haces aquí?-cuestionó estudiando a la mujer que se acercaba desde la salita de estar-

-¡Oh! ¡Qué falta de cortesía la tuya! Sin siquiera invitarme a pasar-su rostro se colocó pronto cerca del sillón dejando a ver su rostro blanco y sus cabellos largos-baja eso, que te harás daño-su dedo índice se colocó en la punta de la varita de Sirius y lentamente la bajó-

-¡Responde!-dijo este al borde del cólera-

-Bueno, si estas de tan agrio humor te visito en otra ocasión-su sonrisa se amplió. Se echó el chal tras de la espalda y comenzó a caminar-

-¿A qué has venido?-le gritó antes de que tomara el pomo de la puerta-

-¿Para qué he de decírtelo? Si no deseas una conversación conmigo. Y el que responda esa pregunta requiere de ello-le soltó de manera ladina-

-Está bien-dijo ofreciendo con la mano asiento en la sala-

La mujer chascó la lengua de manera reprobatoria.

-Querido, esos no son los modales que la tía nos enseñó- negaba con el dedo índice, socarron mismo tiempo suponiendo reprensión-

-¿Gustas sentarte, querida prima?-dijo Sirius haciendo una reverencia exagerada y burlona-

La mujer suspiró, el dramatismo le estuvo pesado. Su rostro dejó la diversión para traspasar un gesto de verdadera molestia. Traspasó el salón con su andar calmado y se sentó en el sillón ancho de la sala.

-¿Y bien Narcissa? No tengo toda la noche. Por si no te has dado cuenta, hay mucho que hacer por aquí-dijo Sirius viéndola fijamente-

-Bueno, querido. Es bien sabido que la contable del ministro se quedaba en tu casa. Todos los hacendados de las fincas a los alrededores lo sabemos-

-¿Y que con eso?-

-Pues, que la chica está ahora en la mía. Digamos que vivirá allá-

Sirius frunció el ceño. Hermione mencionó que haría la contabilidad para todas las fincas, incluyendo la Malfoy. Lo que no mencionó esa tarde en la merienda es que se mudaría allí. Suspiro de alivio, quizá la muchacha hubiere encontrado aquel sitio más confortable para estar durante los meses de trabajo y haya decidido moverse allí. Después una vocecilla le dijo que, por voluntad propia no sería capaz de hacer tal cosa ¿Cómo regresaría un subyugado a su lugar de tortura por simple voluntad?

-¿Qué has hecho con ella?-asestó sin mediar más-¿Qué es lo que pretendes?-

-Querido siempre pensando mal de los demás -Narcissa frunció el ceño-

-Tú no dejas para más. Te conozco lo suficiente-

-Y no puedo negártelo-dijo con algo de sorna en sus palabras. Y vaya que se habían conocido bastante bien en el pasado. Por ese resultado casi le cuesta su matrimonio. En sus tiempos aún se consideraba primordial que una mujer conservara su integridad. Eran reglas estúpidas del siglo pasado. Pero el asuntito casi le cuesta el matrimonio de conveniencia que sus padres habían arreglado desde niña con los Malfoy. Narcissa Ladeó la cabeza estudiando a su primo con detenimiento-¿realmente has dejado todo atrás? ¿Cierto?-

-No cambies el tema de la conversación por asuntos que ya no tienen trascendencia. ¿Dime porque está Hermione Granger allá?-

Narcissa enderezó la espalda y toda dulzura se borró de su rostro. Pareció desagradarle el tono cansino de Sirius. Desdobló su vestido con cuidado sobre sus piernas como si este fuera a revelarle algo muy importante.

-Considerando el horrible sitio donde ha estado la pobre-miró a los alrededores con cara de asco- no dudaría que tuviera hasta difteria. Pero me he asegurado que se trata solo de un resfrío-

-¿Un resfrío?-Sirius le miró fijamente. Él también tenía sus trucos para sacar las verdades sin necesidad de veritaserum-

-Sí, la pobre chica se ha desplomado en nuestra sala esta mañana. También parece algo desnutrida-le miró por un momento a los ojos, luego los desvió. No debía sostenerle por mucho tiempo la mirada para permitirle traspasar sus pensamientos. Ese truco lo aprendió muy bien con Draco-

-¿Han avisado al ministerio?-dijo y se levantó para colocarse frente a la chimenea-

-Si ya lo ha hecho Draco-

-¿Entonces a que has venido a decírmelo?-dijo el hombre con desinterés, perdiendo la vista en el fuego-

-Creí que te sería importante, como la muchacha es la mejor amiga de tu ahijado-dijo ella sin la menor importancia jugando con el dobladillo de su manga-

En algo tenía razón. Seguramente al principio ni se percataría de su ausencia, estaba tan acostumbrado al silencio y la soledad. Pero conforme pasaran los días se extrañaría de no verla revoloteando cerca de él con preguntas tontas o cuestionamiento de los libros rojos. Sin embargo, la visita de su prima tenía trasfondo.

-Dime la verdad, ¿a qué has venido?-

-A solidarizarme contigo-le dijo, se giró medio cuerpo del sillón para ver al hombre que yacía a su costado-..Sé que es muy difícil iniciar un negocio como este, y si me permites ser uno de tus inversionistas podemos levantar piedras negras en un par de meses-

Sirius estudió el rostro parsimonioso de Narcissa. Esa mujer podía tener miles de caras. Sonrió con ironía, recordando que ese mismo rostro lo metió en semejantes problemas en el pasado. Su sonrisa sobre todo.

Le tomó ambas mejillas y la atrajo hacia él. La besó posesivamente y con euforia contenida. Ella era todo y nada al mismo tiempo. Le hacía temblar, gemir, querer, amar, desmoronarse y unir cada partícula de su cuerpo con solo tenerla cerca. ¿Por qué? No lograba esclarecerlo. Para ser sinceros hubiera preferido que Paty Serviere siguiera como "amiga con beneficios" así socavar esos instintos de adolecente.

-Esto no me es suficiente Sirius-le dijo Paty después de un arrebate de celos porque no la miró en toda la noche en la cena de navidad, a ella que le daba "todo". Y también estaba el hecho de que no quería formalizar- ¡lo nuestro se acabó! ¡Sea lo que fuere!-la chica subió a su escoba y se marchó -

Sirius pensaba que era solo un capricho, al principio. Pero comprobó una noche de invierno, después de la cena de navidad que "ella" era más que un deseo de puberto. Y traspasaba cualesquier desplaye afectivo que pudiere tener Paty u otra chica. Quien sea. Nadie le hacía sentir lo que ella.

Narcissa Black.

¡Joder! ¡Su prima por todos los magos! Eso era tan del siglo pasado. Antes eso estaba permitido, incluso en el mundo muggle, pero al verificar la mezcla consanguínea tan cercana esto confería problemas a las descendencias. Punto importante, aunque considerar el linaje puro importante, era preferible que fueran consientes y pensantes. Por tal razón, se hizo un decreto la prohibición de uniones intrafamiliares.

Esa noche, en navidad Narcissa le sonrió con amplitud. No la timidez regular con que se le daba. Creyó en algún momento, que ella le temía, pero solo bastó una sonrisa y su mirada para saber que ella solo tenía miedo. El mismo miedo que él. Dejar que todo fluyera ¡Permitirse sentir! Y fue el rose de su mano bajo la mesa que le hizo confirmarlo todo. Pero ahí estaban los estándares familiares y los hechor reales. Eso estaba prohibido. A lo mejor eso fue lo que le confirió un regusto mejor a todo. El destino era caprichoso, ¡si señor! ¡Lo era! E injusto ¿Por qué enamorarse de una mujer que no podía amar abiertamente?

Si no fuere por ello, probablemente se hubiese desposado con ella. Probablemente tuviera una familia grande, probablemente no estaría tan endemoniadamente solo. Pero, el destino fue más fuerte. De todos modos, dicen por ahí que las cosas suceden por algo, o por algo no.

Ese día, en que todos se marcharon a la cama. Muy a su pesar y sobre todo muy a modo de su madre Walburga, Él salió de su habitación rumbo al baño entrada la madrugada y una mano delgada, tiró de él haciéndolo entrar a un armario.

-Shht-le oyó decir para después, la dueña de ese sonido se abalanzara sobre sus labios. Fue cuestión de menos de un segundo para percatarse de quien era. Su perfume era inigualable en el mundo. SU piel. Ella en sí-

La besó con hambre, con desenfreno. Quería aliviar sus ansias contenidas, las ganas de abrazarla y tenerla un minuto para sí. Ella por igual. Narcissa tampoco supo en qué momento dejó florecer ese sentimiento, porque eso era. Un sentimiento. No un simple arrebate de adolecente. Y ahí en medio de la obscuridad se dejaron llevar, desprendiendo el pudor de su cuerpo así como sus prendas y consumaron el amor que mantenían encerrado en sus corazones.

-¿Sirius?-le oyó llamar con la voz trémula tras de su espalda-

-¡Será mejor que te vayas!-le dijo. Narcissa observó como la espalda de Sirius se convulsionaba de rabia-

-¿Pensaras en lo que te he dicho?-recordó su conversación anterior con tenacidad. Dejando la voz dulzona y ahora la precavida le hacia una mordaz advertencia de bajar el tono-

-No es necesario que considere nada. NO aceptaré ayuda tuya o de tu familia. ¡Ahora márchate!-la voz de Sirius estaba comenzando a alzarse. Él se giró para mirarla. Automáticamente Narcissa dio un paso atrás. Definitivamente ese no era el Sirius que conoció en el pasado-

Ella hizo desaparición sin mediar mas. Sirius Black se quedó pasmado mirando el sillón dónde ella estuvo antes. Preguntándose con gran escepticismo que la razón de su presencia fuere informarle sobre el contable del ministro, había algo mas de tras. Su ofrecimiento de "ayuda" por ejemplo. Si esa mujer no se dignó a hablarle desde el primer día que pisó Azkaban hasta el día de hoy ¿porqué ahora?. Eso despertó su curiosidad.

No dudó en servirse Wishky en las rocas y sopesar esos pensamientos..