Bueno, espero les guste.
Capítulo 7. Semillas.
Hermione sonrío por enésima vez al elfo domestico que la observaba enigmáticamente llevarse a la boca todas y cada una de las cucharadas de sopa que él mismo le trajo. Como si estudiara el mecanismo de sus acciones o al mismo tiempo le pareció a la chica que su análisis meticuloso tenía más que ver con una orden directa.
-No tienes por qué cuidarme, estoy bien ahora-le dijo a la criatura con cariño. Éste dio un respingo y se agazapo más contra el suelo. Sus ojos enormes le miraban con sorpresa. Nunca en su vida le hablaban de tal modo- ..Estoy satisfecha-colocó con cuidado el platón sobre la mesilla de noche- ¿Sabes dónde están mis ropas?-quiso saber, sus anfitriones le colocaron una bata para dormir fina y evidentemente costosa-
El elfo iba a abrir la boca, pero como algunas horas antes, simplemente se tensó al notar el chirrido de la puerta. Hermione volvió la vista a los gélidos ojos grises que la miraban a distancia, luego de permanecer unos segundos en silencio desvió la mirada. Era sumamente mala en Oclumancia, para su pesar. Ella nunca era mala en nada. Ese era lo único que le costaba de más y aunque Harry la instruyó, y era un espectacular maestro, no pudo nunca sustentar la distancia. Le era difícil, ella era un libro abierto siempre.
La mirada fija de Draco Malfoy comenzó a impacientarle ¿se quedaría ahí observándola con tal apremio igual que horas antes? ¿Estaba loco acaso? Luego miró el satén de la bata y enrojeció de repente con el libre pensamiento o más bien deseo de que haya sido al menos un elfo el que colocara tales prendas. No podría haber sido él, ni su madre ¿cierto? Esas eran labores de un sirviente.
-Puedes marcharte Argorn-dijo Draco al elfo sin ninguna cortesía, éste tomó el platón de la mesita de noche y se marchó sin más. Hermione le miró por el rabillo y frunció el ceño. Luego se acomodó enfáticamente en la cama-
-No tienes por qué hablarle así, él sólo ha sido amable-dijo de tono mordaz y las fosas nasales se le abrieron un poco por el enfurruñamiento que le producía la altanería con que hablaba Draco-
-Lo ha sido porque yo se lo ordene-dijo al cabo de sentarse en un sillón orejero en un rincón de la habitación. Sus manos se entrelazaron al borde de su mentón y su mirada lejos de ser despectiva estaba postrada en ella con análisis. Sus labios gruesos se ladearon en una sonrisa-
-Ya veo-murmuró Hermione y no pudo retener más las ganas de toser. Se enderezó recobrando compostura e innecesariamente tocó su cabello para aplacar la maraña en que se convirtió ante el reposo ¿se preguntó de momento porque le interesó su aspecto y porque le preocupaba estar desaliñada frente a él? Eso nunca le interesó antes, ni con el mismo Ron. Tal vez, lo único que quería era no darle una razón para que se burlara de ella cómo cuando en la escuela. Hermione trató de enderezar el cuerpo un poco y sintió vértigo-
-No deberías levantarte, necesitas reposar-dijo Draco con parsimonia al cabo de unos minutos de observarla removerse incomoda en aquella cama gigantesca con doseles azul marino-
-Estoy perfecta, gracias-dijo molesta por los modos de Draco y la reticencia con qué le observaba. Y como para contradecirse, una oleada de nuevas toses la ungieron-..debo..necesito..irme de aquí e informar…- dijo esto último en un hilillo pues empezó a enronquecer-
-He informado ya al mismo ministro de tu estado de salud-soltó Draco sin la mínima importancia- y ha estado de acuerdo conmigo-analizó lo dicho y se maldijo internamente, aquello no fue nunca una idea placentera para él, todo lo contrario, esto eran obras legitimas de su madre por lo que corrigió-..con mi madre..de que descanses aquí hasta haberte recuperado-
Hermione frunció las cejas y apretó los labios en una dura curva blanquecina, toda ella más bien estaba pálida de pronto. Apretó las manos entre las sábanas ¿quién se creía para decidir por ella? Si desde que llegó a la Finca Malfoy no había deseado otra cosa más que salir a grandes zancadas de ahí. La risa estridente de Bellatrix Lastrenge volvió a resonarle en la cabeza, y la sacudió para ver si de este modo podía dejar de escucharla ¿se estaba volviendo loca? O ¿la fiebre le estaba causando alucinaciones? Se llevó una mano al pecho encontrándolo frío y pegajoso. Tanteó con sus dedos.
-¿Qué es esto?-dijo alarmada, llevó las yemas de sus dedos a su nariz comprobando sus sospechas. Podía reconocer Alcanfor, pero algo más... su nariz no estaba tan suspicaz esa mañana por el resfrío. Draco sonrió con autosuficiencia. Le pareció gracioso que no lo reconociera ¿no se suponía una sabelotodo?-
-Una mezcla particular de mi madre- los ojos de Hermione se abrieron de par en par para mirarle asustada-..no te preocupes, es solo a base de alcanfor. Deberías estar agradecida, eso sirve para que las vías respiratorias no se cierren-
-Ah..-se limitó a decir después de volver a pasarse las yemas de los dedos por las clavículas, movimientos que no pasaban desapercibidos por Draco. Hermione paró el tacto al notar como él le miraba con un brillo extraño en los ojos, esa misma mirada que le retuvo horas antes. La curiosidad velada en sus ojos grises y que inevitablemente se posaban e ella-¿ y dime Draco Malfoy? ¿no tienes cosas más importantes que hacer? Digo, vigilar el estado de salud de una "sangre sucia" –carraspeó la garganta-..quiero decir, de la ayudante del ministro ¿no sugiere para ti un pérdida de tiempo?-
Fue el turno de Draco para fruncir las rubias cejas, y sus ojos volvieron a su estado natural. Frialdad. Apretó las mandíbulas y se incorporó más en un estado rígido, colocando ambos brazos sobre los descansaderos del sillón. Levantó la barbilla con ímpetu y le sonrió altanero.
-Claro, un hombre de negocios como yo siempre tiene cosas mejores que hacer. Pero he tenido la maldita suerte de que una sangr..-se corrigió-de que la contable del ministro se haya desmayado casi sobre mis pies y que no conforme con eso mi madre se encaprichó en ayudarle cuando podría ..simplemente llevarle a San Mungo-
Hermione entre cerró los ojos ¿y si tanto le molestaba su presencia? Ya fuere por ser ella una sangre sucia o por el trabajo que ahí tenía que hacer ¿Por qué no hizo lo que antes dijo? Era mucho más sencillo deshacerse de la "molestia". Ahí había algo raro, los Malfoy eran conocidos por su buena educación y galantería pero no con personas como ella. Solo con los que llevaban sangre pura en las venas.
-¿Y? ¿Qué haces aquí entonces?-aguijoneó con suspicacia-
-Mi madre me lo ha pedido-soltó con evidente desgano restándole importancia a la reacción de Hermione, que evidentemente se molestó. Así que ella era sólo una orden a seguir, pensó la chica y por alguna razón eso le enfureció. No necesitaba de cuidados y mucho menos provenientes de los Malfoy-
-Oh vaya, no has cambiado nada-Draco le miró cuestionando sus palabras con los ojos grises. Hermione tomó aire pesadamente, aquilatando a Malfoy por el rabillo y lo que dijo a continuación ni siquiera lo pensó-..no has madurado en nada, sigues acatando las ordenes de tus padres como un simple crio de 15 años-
Hermione le miró a los ojos con evidente resentimiento. No pasaría por alto nunca quien era Draco ahora y quien fue en el pasado. Sus ojos igual al color de las avellanas traslucían el reproche en un brillo profundo señalando a Draco como el ser más despreciable del mundo por haber estado dentro de las filas del señor tenebroso. No hacían falta palabras para que el muchacho comprendiera el trasfondo de esa mirada acusadora. De pronto la furia se adueñó de él y el ardoroso y viejo sentimiento de odio hacia ella- que creyó muerto- le llenó el cuerpo nuevamente unido a una cascada de sensaciones: la adrenalina que se disparó por su cuerpo, el impulso de salir tras su cuello y las ganas de apretarlo sin discreción.
Draco se levantó del asiento con brusquedad ¿Quién se creía para juzgarle? Debía estar agradecida por la ayuda que le estaba prestando, si no más, la intromisión a su casa era otra de las cuestiones que se le permitió sólo por cortesía. Si bien hubiera podido negarse, importándole un bledo si ella estaba allí por parte del ministerio. Acatar las reglas no era uno de sus más profusos caracteres, pero Draco Malfoy sopesó la idea de enfurecer a Shacklebolt. Además estaba el hecho de que en su juicio salió bien parado por declaraciones de Potter. No se sentía nada cómodo con deberle al menos un agradecimiento al estúpido Harry Potter pero, a final de cuentas fue lo que le mantuvo lejos de las rejas de Azkaban. Y ella era la mejor amiga del "San Potter" ¿no?
La miró desde lo alto con desdén. Le daban unas enormes ganas de sacarle de la cama y echarla de su casa tan rápido como dieran sus agiles movimientos de la varita. No es que le odiara de nuevo como cuando las épocas de colegio, quizá ese sentimiento sólo disminuyó unas cuantas líneas, lo suficiente como para hacérsele tolerable estar cerca de ella. Luego la analizó y pudo ver que Hermione también estaba furiosa, apretando los bordes de las sábanas con fuerza. Uso la legerenmancia. ¡La guerra le había hecho añicos! Percibió su amargura, el dolor, y el deseo de desaparecer de la faz de la tierra. Le dio un pinchazo de temor enterarse de más ¿Por qué? No lo supo con exactitud. O era que quizá el saberse tan semejante a un muggle le daba miedo. Sobre todo parecerse a Hermione Granger.
Draco dejó de leerle la mente para contemplar su mirada, percatándose de que no era temerosa, como antes en el colegio cuando él la atacaba; ahora era afilada, firme, con la destreza de un león que analiza a la presa ¿desde cuándo Hermione Granger se permitía la amargura? ¿no había defendido al mundo mágico ella y sus dos bobalicones amigos? ¡Debía estar feliz! Además podía cuidarse por sí misma evidentemente ¿entonces?
Se maldijo internamente por siquiera valorar esos sentimientos que ella tenía: Odio, rencor, dolor, lo que fuera referente a los sucesos compartidos en el pasado ¿acaso su alma estaba igual de atormentada como la de él? ¿Acaso la guerra plantó una semilla de complejos, insatisfacción y angustia como le sucedió a él? La presencia de Hermione no había hecho más que exasperarle conforme las horas pasaban y no sabía con certeza si era por verla ahí con aires de autosuficiencia como si el mundo no le importara.
¿No debería estar regodeándose de ser la salvadora del mundo mágico? Y vivir de lo que esos beneficios conferían. Para su gusto, ella no debía estar ahí fungiendo en un trabajo tan deplorable y vistiendo tan "sencillamente". Todo lo contrario. Tendría una vida de lujo si lo deseaba.
Pero claro, era también como "San Potter". La "Santa Hermione Granger" salvadora de los pobres y desvalidos ¡por merlín como le odió! Por mucho tiempo. Le odió por tener el valor de haber defendido sus ideales, de estar elogiada por el mundo entero, de ser una sabelotodo, de tener beneficios que no tomaba por la "presunción y falsa humildad" ¿Quién no querría esas cosas? ¿Quién no querría ser vanagloriado y reconocido por el mundo entero?
Al parecer Hermione Granger, no. Bufó para sí mismo en el interior de su cabeza.
Hermione observó cómo poco a poco las facciones de Draco pasaron de ser parsimoniosas e indiferentes hasta rayar en la cólera contenida. Ya reconocía bastante bien ese rostro, de años atrás cuando la furia le escurría hasta por las mismas puntas perfectas de sus cabellos platinos. De momento se asustó al ver que la respiración del muchacho se volvió tan eufórica como si se tratase de un toro rabioso a punto de volcarse contra ella.
-No deberías ser tan hipócrita Hermione Granger-arrastró su nombre con rabia-..pretendiendo que vas por el mundo defendiendo ideales y falseando sonrisas cuando en realidad lo único que quisieras es morirte ¿ o no?-apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron más de lo normal. Le enojaba que a pesar de todas las palmaditas en la espalda que recibió de los medios, personas y altos mandos ella se postrara como una insufrible y encima de ello le juzgase abiertamente-
-¿De qué hablas?-le dijo asustada, abrazando la sábana contra su pecho como si esta fuera un escudo protector. Él apostilló algo en su interior, ¿Cómo sabía que era endemoniadamente desdichada?-
-¿Por qué te atreves a juzgarme? -le soltó Draco con cólera. Era verdad, ella no sabía nada de él. Ahora es que Hermione se arrepintió de su comentario que fuera de ser mal intencionado salió de su boca por inercia. Ahora su amargura solo le daba para eso. Realmente la guerra la había cambiado. A todos, pensó-
-..Yo no..-trató de comenzar una disculpa, dándose cuenta del error que cometió. No debía juzgar. Draco tenía razón. Ya era demasiado tarde, la voz de Draco se alzó con cólera-
- Es evidente que estas aquí para buscar algo turbio, pues quiero que sepas ¡yo no soy como mi padre!-se maldijo al haber dicho aquello, era demasiada vulnerabilidad mostrada. Nadie, ni siquiera su madre sabían que en su interior guardaba tanto rencor-..y en cuanto puedas levantarte de esa maldita cama, eres libre de hacer solo lo que te incumbe y marcharte en cuanto termines-le espetó esto último después de un portazo-
El sol se asomó tan legendario como siempre, bañando de oro las altiplanicies de la finca de piedras negras. Toda aquella llanura amplia y basta se coloreaba por las yerbas verdes y frondosas. Sirius Black observaba el horizonte pensando en ¿Cómo carajos desyerbar todos aquellos acres para poder plantar? Eso requería de mano de obra, porque para colmo debía hacerse sin magia. ¡Por merlín! Que imposición tan idiota, eso le tomaría como mínimo un par de meses.
Se rascó la nunca y se desperezó para irse rumbo a la cocina. Mas valía tomar un buen desayuno antes de empezar lo evidentemente urgente y necesario. Contratar a la dichosa mano de obra. Una semana antes, colocó avisos en los pueblos cercanos sobre los requerimientos que tenía para la plantación por lo que esperaba que los trabajadores de los alrededores al menos dieran alguna respuesta. En todo caso, esperaba que al menos algún alma se presentase esa mañana para la entrevista de trabajo. No es que tuviera muchos requerimientos para los puestos, pero como mínimo si debía saber quién andaría pisando los suelos de su finca y si era de confiar.
Remus Lupin no tardó en salir por la llamarada verde de la chimenea y darle una de sus típicas sonrisas abiertas y enigmáticas. Como si él estuviera consiente de algo que él no. Le devolvió la sonrisa y señaló rumbo a la cocina en una invitación muda a desayunar.
-¿Y cuántos han acudido?-dijo Lupin después de sorber un poco de té-
-Bueno, eso lo sabremos Remus, aun no llega nadie-
Lupin asintió lentamente y volvió a sorber de su té-
-Canuto, espero que no vayas a decepcionarte. Esto puede llevar tiempo, además ten en cuenta que las fincas aledañas también han iniciado plantación. Es posible que, los trabajadores estén ya contratados-
-Bueno, Remus-dijo Sirius picoteando enérgicamente con el tenedor los huevos revueltos y luego mascarlos a prisa-..no he convocado solo en el mundo de los magos-dicho esto Lupin alzó tanto las cejas que parecían dos aves con las alas extendidas-
-¿Cómo?-
-Bueno, si los estúpidos del ministerio me han dado la imposición de no usar magia, pues evidentemente los trabajadores con varita no son tan necesarios. Ya tomando en cuenta esto, se me ha ocurrido que los muggles también son buenos en eso de los cultivos-
-Ya-soltó Lupin mirándolo con incredulidad y suspicacia al mismo tiempo. ¿Desde cuando Sirius era tan benevolente? -
-Además-volvió a introducir una gran cantidad de comida en la boca a toda prisa y masticó por igual. Después dio un gran sorbo a su te para no atragantarse. Lupin impaciente le esperaba-..no te ofendas amigo mío, ni quisiera sonar peyorativo pero, los muggles cobran menos-
Lupin negó con la cabeza a modo de reprobación. Abrió la boca para protestar pero Sirius no se lo permitió.
-No me lo tomes a mal Lupin, yo también me sorprendí de ello. De hecho me parece injusto. Pero podría ser para esta primera plantación el que aproveche de la situación. Una vez iniciado el negocio, y de sus frutos, los trabajadores recibirán las regalías que les competen. No seré como el típico hacendado que se aprovecha de la mano de obra barata. Y para la segunda plantación el sueldo será diferente, claro, esperando que haya recuperado para entonces la inversión-soltó perorata de pronto, y a Remus casi se le cae la boca hasta la mesa. Realmente Sirius estaba considerando a los trabajadores como parte importante de la empresa ¿o eran sus ideas?-
-Me parece bien Canuto -balbuceó Lupin impactado-
Sirius asintió y le sonrió.
-Ahora, querido amigo. Apresúrate porque debo hace entrevistas y comprar las semillas-
Sirius improvisó una oficina al costado de lo que alguna vez fueron las caballerizas. Lupin se sorprendió al ver que había al menos una docena de personas esperando en el rellano. Luego miro a Sirius por el rabillo comprobando que este observaba con aire taciturno a los presentes. Lo que Remus Lupin no sabía era que, Sirius Black observaba los costales de semillas que estaban en la camioneta del proveedor. Y que en su alma guardaba una profundo anhelo o esperanza de que esas pequeñas y diminutas semillas fueran su salvación, no solo de la banca rota si no en esa taciturna soledad de la que no sabía salir por sí mismo.
-Andando-Dijo Sirius yendo rumbo a las personas. Lupin se quedó mirándolo por un instante y le siguió con una sonrisa de satisfacción. Le gustaba ver al nuevo Sirius. O lo que parecía una actitud nueva-
